DEAR MY FRIEND | Min Yoongi

Summary

"La gente siempre pensó que esa canción la escribí para un amigo. ‎Supongo que nunca quise aclararlo. Tal vez era más fácil dejarlo así... más fácil esconderme detrás de la palabra "amigo" que admitir lo que en realidad eras para mí, Song Haneul".

Genre
Romance
Author
Kally
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

1 | Querido amigo mío...

El cursor parpadea en la pantalla en blanco como si me retara a escribir algo que valga la pena. Han pasado tres horas desde que me senté aquí, con los dedos suspendidos sobre el teclado del piano, esperando a que las palabras lleguen solas. Pero no es tan simple cuando se trata de ella.

Querido amigo mío...

Las primeras líneas salen casi sin pensarlo, como si las hubiera estado ensayando durante años en mi cabeza. Tal vez sea porque es cierto. Tal vez porque he querido escribir esta carta, esta canción, esta confesión disfrazada, desde hace mucho tiempo.

¿Cómo estás?

Una pregunta tan simple, tan común, pero que carga con el peso de todos los años de silencio. ¿Cómo contestarías tú, Haneul? ¿Con una sonrisa forzada como siempre hacías cuando algo te dolía? ¿O finalmente me dirías la verdad?

Bueno, estoy bien, como puedes ver.

Miento incluso en las canciones. No estoy bien. No he estado bien desde que dejaste de formar parte de mi mundo. Pero eso es algo que nunca supe decirte cuando podía, cuando estabas aquí, sentada en este mismo lugar donde ahora solo queda el eco de tu risa.

Aparto la mirada de la pantalla y la dirijo hacia la caja que está sobre mi escritorio. Una caja de zapatos desgastada que he movido conmigo a cada nuevo apartamento, a cada nuevo estudio. Dentro están las pruebas de que una vez fuimos reales: fotos, cartas que nunca envié, entradas de cine, pequeños tesoros que guardé como un tonto enamorado.

Saco la primera foto y ahí estás, con doce años, utilizabas frenillos pero aún así estabas sonriendo como si el mundo entero te perteneciera. Yo estoy a tu lado, más serio incluso entonces, pero mis ojos te miran con una devoción que ahora me resulta embarazosa.

¿Cómo no se dio cuenta nadie? ¿Cómo no te diste cuenta tú?

Daegu, primavera del 2005.

Acabábamos de conocernos en el parque cerca de mi casa. Tú estabas sola en los columpios, balanceándote suavemente mientras tarareabas una canción que no reconocí. Me acerqué porque algo en tu voz me llamó la atención, aunque en ese entonces era demasiado joven para entender que era el sonido de mi futuro rompiéndose en pedazos hermosos.

—¿Cómo te llamas? —te pregunté, con las manos en los bolsillos porque no sabía qué hacer con ellas.

— Song Haneul —respondiste, deteniéndote para mirarme— Como el cielo.

Y desde ese momento supe que eras exactamente eso: algo hermoso e inalcanzable, algo que podía admirar desde lejos pero que nunca realmente me pertenecería.

Todavía recuerdo los días que pasamos juntos.

Los dedos se mueven solos sobre el teclado, siguiendo una melodía que ha estado en mi cabeza durante años. Es triste y esperanzadora a la vez, como todos mis recuerdos de nosotros.

Recuerdo el verano cuando cumplimos catorce. Habíamos planeado pasar todo el día explorando Daegu, fingiendo ser adultos aventureros. Terminamos en la cima de una colina, compartiendo un helado que se derretía más rápido de lo que podíamos comerlo, viendo nuestra ciudad extenderse bajo nuestros pies.

—Algún día voy a irme de aquí —dijiste de repente, con la mirada perdida en el horizonte. —Voy a conocer el mundo entero.

—¿Y yo qué? —pregunté, tratando de que sonara como una broma pero sintiéndome terriblemente vulnerable.

Te giraste hacia mí y sonreíste con esa sonrisa que podía arreglar cualquier día malo.

—Tú vienes conmigo, obvio. Somos un equipo, ¿no?

Si somos los dos, juntos, incluso el mundo no da miedo.

Eso dijiste, con tanta convicción que te creí completamente. Y durante años viví aferrado a esa promesa, como si fuera un contrato sagrado entre nosotros. Como si las palabras de dos adolescentes pudieran detener el paso del tiempo y las decisiones que todavía no sabíamos que tendríamos que tomar.

La siguiente foto que saco es de cuando teníamos dieciséis.

Estamos en mi cuarto, tú sentada en el suelo con la guitarra entre las manos, tratando de tocar los acordes que te estaba enseñando. Tenías el ceño fruncido en concentración y yo estaba detrás de ti, mis manos guiando las tuyas sobre las cuerdas. En la foto parece un momento inocente, pero yo recuerdo el calor de tu piel bajo mis dedos, el olor de tu champú, la manera en que mi corazón se aceleraba cada vez que te inclinabas hacia atrás y tu cabeza casi tocaba mi hombro.

—No sirvo para esto —dijiste después de desafinar por décima vez consecutiva.

—Solo necesitas práctica —te animé, aunque secretamente me encantaba que necesitaras mi ayuda. Era la única manera en que podía tenerte cerca sin que pareciera extraño.

—¿Tú crees que algún día serás famoso? —me preguntaste de repente, dejando la guitarra a un lado para mirarme.

Me encogí de hombros, tratando de parecer indiferente.

—Tal vez. ¿Por qué?

—Porque cuando lo seas, quiero estar ahí para decirle a todo el mundo que te conocí primero.

Tu fe en mí era tan absoluta, tan ciega, que me daba miedo decepcionarte. Pero también me daba fuerza. Cada sonido que creaba, cada letra que escribía, tenía tu aprobación en mente. Quería ser el tipo de persona de la que tú pudieras estar orgullosa.

Los momentos y días cuando fuimos a Daegu juntos.

Aunque nunca nos fuimos realmente.

Daegu era nuestro mundo entero durante tanto tiempo que no podía imaginar que existiera algo más allá de sus límites. Pero dentro de esa ciudad encontramos universos completos: el café donde hacíamos la tarea después de clases, el puente donde veíamos las puestas de sol, el parque donde nos conocimos y al que volvíamos cada vez que uno de los dos necesitaba hablar.

Cierro los ojos y puedo escuchar tu voz con tanta claridad como si estuvieras aquí conmigo.

—Yoongi-ah, ¿alguna vez tienes miedo de crecer?

Era una noche de invierno, teníamos diecisiete años y estábamos caminando de regreso de la biblioteca. Había estado nevando suavemente y tú tenías copos en el cabello que brillaban bajo las luces de la calle.

—A veces —admití, porque contigo siempre podía ser honesto. —¿Tú?

—Todo el tiempo —susurraste, deteniéndote para mirarme. —Tengo miedo de que cuando seamos adultos, todo cambie. Que tú te olvides de mí.

Me reí, pero no porque fuera gracioso.

—Eso nunca va a pasar, Haneul-ah. Tú y yo estaremos para siempre, ¿recuerdas?

Asentiste, pero había algo en tu mirada que no pude descifrar entonces. Una tristeza que parecía demasiado grande para alguien de diecisiete años. Ahora me pregunto si ya sabías algo que yo no sabía.

Guardo las fotos de vuelta en la caja, pero mis dedos se quedan en la última. Es de nuestro último día bueno, aunque ninguno de los dos lo sabía entonces. Teníamos diecinueve años, acababa de conseguir mi primer contrato discográfico y habíamos ido a celebrar. En la foto estamos riendo, tus brazos alrededor de mi cuello, mi cara sonrojada por el alcohol y la felicidad. Pareceríamos una pareja para cualquiera que nos viera, pero yo sabía la verdad: que tú me querías como un hermano, como un mejor amigo, como todo excepto lo que yo realmente quería ser.

Eso es lo que dijimos...

Las últimas palabras del verso salen como un suspiro. Ahora sé que las promesas de los adolescentes son como castillos de arena: hermosos mientras duran, pero destinados a derrumbarse con la primera tormenta.

El estudio está en silencio excepto por el zumbido del aire acondicionado. Son las tres de la mañana y Seúl duerme a mi alrededor, pero yo no puedo parar. Esta canción ha estado creciendo dentro de mí durante meses como algo que necesita salir o me va a matar desde adentro.

Porque la verdad es que nunca fuiste solo mi amiga, Haneul.

Fuiste mi primer amor, mi único amor, la medida contra la que comparo a todas las demás. Fuiste la inspiración detrás de cada canción de amor que escribí, aunque cambié los pronombres para que nadie sospechara.

Pero algunos secretos se vuelven demasiado pesados para cargarlos, y algunos amores duelen tanto que es más fácil llamarlos amistad.

Querido amigo mío...

Vuelvo a escribir las primeras líneas, pero esta vez las palabras fluyen diferente. Esta vez no estoy mintiendo del todo. Porque aunque fuiste mucho más que mi amiga, también fuiste exactamente eso: la mejor amiga que alguien podría tener, hasta que dejaste de serlo.

Hasta que todo se desmoronó y me quedé aquí, escribiéndote cartas en forma de canciones, preguntándome si alguna vez las escucharás.

La melodía está casi completa, pero sé que necesito más que recuerdos para terminarla. Necesito valor para escribir sobre lo que viene después: sobre Seúl, sobre los sueños que compartimos, sobre la noche que todo cambió.

Sobre el momento en que me di cuenta de que perderte como amiga dolía casi tanto como nunca haberte tenido como algo más.

Guardo el archivo con el nombre Dear my friend - borrador 1 y apago la computadora. Mañana seguiré escribiendo, mañana me adentraré más profundo en los recuerdos que duelen tanto como sanan.

Pero por ahora, al menos, he comenzado. He comenzado a decirte adiós de la única manera que sé cómo: con música, con palabras, con toda la honestidad que nunca tuve el valor de darte cuando podía.