El viaje
Un enorme chorro de semen salió de la punta de mi pija y fue a parar en la carita de una chica rubia de unos recién cumplidos 18 años. Unos segundos después, salió el segundo chorro de mi pija y terminó en la cara de su madre. Ambas, un par de chupapijas adictas a mi virilidad.
Hija: Joder, qué rica que es tu lechita, Cristian.
Madre: Cómo vamos a extrañar este alimento tan rico.
Yo: Yo sé que si, mis putitas.
Mi nombre era Cristian. Nací en Buenos aires y me vine con mi tío a vivir a España. Nunca fui un chico aplicado, siempre me dediqué a la joda y a la partuza. Mi tío me enseñó bien: “cojételas a todas, Cristian, no dejes a ni una sola sin voltearte” fue una de las pocas frases que recuerdo del viejo antes de morir de tanto fumar y se habían convertido en mi ideal de vida. Era adicto a la concha: no perdía oportunidad en levantarme la mina que fuera. Para mí, una semana en la que no garchara mínimo con tres mujeres distintas era una semana desperdiciada. Un claro ejemplo eran estas dos bandidas que, luego de tragarse mi lechita, empezaron a vestirse.
Hija: Por favor, Cristian, juradme que volveré a probar vuestra polla dentro de poco.
Yo: Sacá turno, gallega, vos sabés que tengo mucha concha por probar todavía.
Cuando estaba por terminar de ponerme los pantalones, escuchamos una puerta que se abría en el fondo.
Mauricio: ¡Hola ma! ¡ya estoy en casa!
Me dí vuelta todavía con el cierre bajo.
Mauricio: Cristian ¿qué haceis aquí tan temprano?
Yo: Eh, nada, pasaba por acá y dije... voy a pasar a despedirme de tu hermana y tu madre que ya son casi como una segunda familia para mí.
Les dí un abrazo a las dos putitas y ambas sonrieron. Aproveché para tocarle el culo a la madre.
Yo: Ah, cojonudo, espera que voy a cambiarme y ya saldremos a por unas cañas.
El imbécil no podría sospechar que me estaba garchando a su familia ni en un millón de años.
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Unas horas después estábamos en el bar los tres amigos. A Mauricio y a mí se sumó Julio.
Julio: No puedo creer que finalmente decidas irte de España, habiendo tantas oportunidades acá.
Julio era un amigo de mi tío más grande que nosotros, de unos 40 años. Estaba de visita por España y fascinado con el viejo continente. Otro día les contaré su historia.
Yo: Ya se los conté mil veces, no estoy consiguiendo nada acá. La promesa de España como el primer mundo es una mentira y yo voy a donde me lleve la brújula.
Julio: Mejor dicho, a donde te lleve el olor a concha ¿no es cierto?
Yo: Ey ¿qué tiene de malo intentar garcharse a todas las minas del planeta? las que no me den bola, se las dejo a ustedes.
Mauricio: Lo que no entiendo es porqué eligiste esta isla que nadie conoce: Leche Negra.
Yo: ¿Qué querés que te diga, Mauri? es lo que te conté por mensaje. Una gurisa me contó de esta isla en donde hay mucho trabajo y me vinieron ganas de ir a probar suerte a otro lado.
Julio: Igual yo te recomiendo a que no te cierres a un sólo lugar. Si ves que aparecen oportunidades en otros lados, viajá sin preocuparte. El mundo es tuyo.
Yo: Si, de una, Julito.
Mauricio: Venga, brindemos por nuestra amistad.
Nuestras copas chocar y los tres tragamos nuestras últimas cervezas que beberíamos juntos en muchos años. En ese momento, entró al bar un hombre trans. No era muy femenino: tenía sobre peso, su manzana de adán estaba muy marcada y era bastante fea. Prácticamente parecía un hombre con maquillaje.
Julio: Che, Cristian ¿le entrarías hasta a esa mina, por ejemplo?
Yo: Boludo, no me jodas, pasaré hambre pero tampoco voy a caer a ese nivel. Antes de volverme puto me pego un tiro en el bolero.
Mauricio: Venga, Cristian ¿en serio lo dices?
Yo: Claro, ni en pedo me cojería un traba. Son un asco. Dejáte de joder.
Julio: Ayer leí una noticia que hablaba que la discriminación de género que tienen estas mujeres trans es mucho más grande en países hispanos que Estados Unidos.
Cristian: ¿Vos creés en esas mierdas, Julio? no me jodas. Ser travesti no es un género. O naciste con concha o naciste con pija. Listo. No hay más historia. Ponéle que sos tortillera o que sos un trolazo pero no podés decirme que por vestirte con disfraz de mujer ahora todos tenemos que llamarte Roberta. Eso es un transtorno mental, no me rompas las pelotas y todos estos progres y feminazis nos quieren hacer creer de lo contrario. Ya te digo, si pudiera, los cagaría a trompadas a todos estos travesaños. Me dan tremendo asco.
Me tomé mi cerveza en silencio. Mis amigos no respondieron, se quedaron callados. Sabía que mis ideas tal vez fueran un poco polémicas y no muchos lo compartieran pero era lo que realmente sentía.
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Finalmente llegó el día de mi partida. Me despedí de mis amigos pero no respondí el mensaje de ninguna de las minas llorando por mí. Al ganado hay que saber cortarlo en el momento justo. No era un vuelo directo: Antes de llegar a Leche Negra mi avión iba a hacer conexión en una isla cercana llamada Futanari. En ese entonces no sabía lo que significaba esa palabra, yo sólo estaba concentrado en las enormes tetas de mi compañera de viaje. Evidentemente traté varias de mis clásicas maniobras en ese vuelo de 8 horas. Cuando el avión aterrizó, esta joven rubia de 22 años y un metro ochenta accedió a darme su contacto: su nombre era Jazmín. Era un ángel caído del cielo: ojos celestes, labios carnosos, unas tetas de la concha de la mother, parecía salida de una película. Volvía a la Isla Futanari después de estudiar no sé que mierda por no sé que tiempo. Mis huevos no podían aguantar más tiempo en mi pantalón, tenía que cojerme a esta mina sea como sea.
Su destino final, sin embargo, no era el mismo que el mío y yo, por supuesto, le dije que me bajaba con ella. Según la ley: en una conección de vuelos uno no podría salirse del aeropuerto, hay una sección especial para quienes esperan su próximo vuelo. Sin embargo, empecé a seguir a una azafata que se metió por un pasillo y, cuando me paró una mujer de seguridad, me hice el ofendido haciéndome pasar como el hijo de un importante piloto que estaba queriendo pasar a buscar su identidad.
Yo ¿vos sabés quién soy yo, piba? en una llamada y 5 minutos puedo hacer que la directiva de este aeropuerto te empiece una causa por neglicencia.
Mujer de seguridad: Ok, no es necesario que se ponga así señor Pijudo (el apellido que le inventé), vaya a buscar su identificación y yo le esperaré aquí en 10 minutos. Es lo máximo que puedo hacer por usted.
El argentino no conquista el mundo porque no quiere.
De pronto, estaba en otro país que no pensaba visitar. No tenía mi equipaje pero tenía unos dólares y un objetivo en concreto: Jazmín. Tenía que encontrarla entre todo el quilombo típico de un aeropuerto. Algo que me llamó la atención de este lugar era su gente: prácticamente no habían hombres. No estoy seguro de haber visto algún niño o anciano pero algo seguro es que no ví a nadie de mi sexo cercano a mi edad. Prácticamente habían muchas mujeres: viejas, jóvenes, gordas, flacas, petisas, altas, feas y... divinas. Suuuuuper-cojibles, muchas pibas que me cojería hasta que se me caiga la pija. Más de lo esperado y todas más altas que yo. De hecho, creo que todas las mujeres en ese lugar eran más altas que yo. De pronto, pude dislumbrar a lo lejos mi objetivo.
Yo: ¡Jazmín!
Ella se dió vuelta y me miró sorprendida. Estaba a punto de subirse a un taxi.
Jazmín: ¡Ah! Hola Cristian.
Yo: No me digas que vos también vas para el centro.
Jazmín: Bueno... si, voy a buscar un lugar para comer.
Yo: Justo no sabés el hambre que tengo yo ¿te jode si te acompaño? estoy seguro que sabés de un lugar perfecto vos que sos local acá.
Me pareció una frase medio traída de los pelos pero, a los efectos, funcionó. Ella se rió y me dejó subirme con ella al taxi. Unos minutos después estábamos en el centro de una ciudad que no conocía en un país que ni sabía de su existencia. En ese momento, no tenía idea que mi estadía se extendería mucho más de lo que me podría imaginar. Yo en ese momento no estaba pensando ninguna consecuencia, estaba pensando con la pija. Por eso, cuando entramos a un restorant, ní me fijé en el nombre del lugar.
Jazmín: creo que te va a molar este lugar.
Yo: ¿Ah, sí? ¿porqué?
Jazmín: No lo sé, es... diferente ¿conoces la famosa franquicia de comida Hooters?
Yo: Claro que si.
No tenía idea de qué era.
Jazmín: Bueno, esto es parecido pero con una diferencia... particular...
Enseguida, alguien vino a atendernos. Volteé mi mirada y mi sonrisa se desvaneció inmediatamente. A la derecha de la mesa, una mesera de lentes, camisa y pantaloncito ajustado nos miraba con una sonrisa de oreja a oreja. Parecía una chica hermosa, sin embargo, había algo en su entrepierna que me llamaba la atención.
Mesera: Bienvenidos a Femboy hooters ¿en qué les puedo servir?
En ese momento, entendí que estaba en un lugar diferente...