Bunny | HYUNHO

Summary

Detrás de esa máscara solo eres un mocoso que ama que se lo follen bien. →Smut →Daddy kink →Hyunjin Top | Minho Bottom Créditos de la historia original a @jeonfrutilla en Wattpad.

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Complete
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1
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4.5 2 reviews
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18+

Unique

Luego de un bostezo leve, Lee Minho se coloca la típica y macabra máscara que siempre cubre su rostro.

En lo que camina una de sus manos toma el cuchillo metido en uno de los bolsillos traseros de su pantalón, agarrando el mango con fuerza mientras observa el gran edificio en el que se encuentra, aquel que estaba jodidamente abandonado y el cuál le costó un siglo encontrar.

Se relame los labios detrás de la máscara con un poco de nervios, sus ojos no paran de mirar hacia todos lados buscando el objetivo por el cual estaba metido alli adentro.

Porque sí, él estaba ahí por algo, o mejor dicho, por alguien. Por alguien al cual destrozaría hasta que su cuerpo deje de chorrear aquel atrayente flujo rojo, ese que tanto le encanta y el cual moría por ver otra vez escurrir de algún cuerpo que fuera torturado por él.

Está un poco oscuro, lo cual dificulta un poco poder caminar sin tropezarse con algún que otro resto de algo. En realidad, no le afecta mucho, por supuesto que no ve, pero lo que él cree que necesita en este momento es escuchar, no ver.

Oh, conejito, si supieras que ahora también necesitas ver.

Suspirando, a Minho no le queda de otro que abrir la boca, a pesar de que su vista esté nublada de negro.

—¿No piensas salir, bastardo? —aprieta el cuchillo con más fuerza, un gruñido apoderándose de su boca al no recibir la respuesta que quiere —Cobarde, no te tengo miedo, sal de dónde quiera que estés, cabrón.

El silencio seguía siendo la única respuesta a los llamados del asesino, por lo que seguía caminando aún alzando la voz para que aquel chico de cabellos azabaches se decida a aparecer.

Todo estaba hecho una ruina y Minho comenzaba a creer que estaba perdiendo el tiempo metido en ese lugar; ninguna señal del imbécil y poco a poco la paciencia que estaba teniendo se iba yendo.

Una risa burlona de pronto lo detiene, y Minho empuña su cuchillo rápidamente, sus oídos atentos a cada sonido que sea capaz de captar, obteniendo sólo palabras en susurros que no entendía y risas leves y juguetonas que lo confundían todavía más.

Gruñó y presionó el mango del arma que siempre le acompañaba, harto de estar ahí y no ver una mierda.

—¿El pequeño conejito está perdido? —aquella voz que le susurraba de repente se tornó grave y profunda, se oía como un jodido satoori, que le provocó un escalofrío en todo el cuerpo.

—Tu puta madre está perdida, hijo de perra —Minho se aleja, sus oídos atentos a cualquier cosa. —¿Tienes miedo? ¿Eh? —Lee ríe con burla —Vamos, no voy a hacerte daño, sólo quiero que pruebes el filo de mi cuchillo.

—¿Un cuchillo? —ahora la voz vuelve a burlarse de él —Vamos, Bunny, ¿sólo eso? ¿Me estás jodiendo? —una risa ronca proviene de algún lugar del pasillo, dejando un tanto nervioso al de cabellos castaños —Qué básico, ¿cómo es que los policías aún no te han atrapado siendo que sólo utiliza un cuchillo de juguete? Se nota que no sirven para nada.

—¿Quieres ver si es de juguete, príncipe? —desafía el portador de la máscara, una sonrisa espeluznante detrás de esta —Vamos, ¿no te parece bien?

—No puedes ver, ¿de verdad quieres intentarlo, conejito?

Minho emite un gruñido otra vez, su lengua pasando ansioso sobre sus propios labios, caminando lentamente buscando sentir al enemigo que se esconde entre toda la ruina y la oscuridad del edificio.

Escucha risas a su alrededor que lo alarman y causan que empuñe con más fuerza el cuchillo grande que sostiene entre sus dedos, sus piernas tratando de ponerse lo más firme posible y su cuerpo posicionándose correctamente para recibir algún ataque o darlo.

Sabe que el cabrón que se esconde de él es ágil y veloz, rápido en atacar e inteligente como para darle en el punto exacto, y tiembla levemente cuando se imagina perder contra una escoria como Prince.

Nunca ha perdido, y no lo hará ahora... ¿Verdad?

La luz se deja ver por una ventana grande que adorna el edificio, dándole a Minho la oportunidad de poder divisar una habitación pequeña, a la que él se mete sin darse cuenta del tiempo de pensarlo bien; pateando escombros y piedras es que logra llegar a él, empujando la puerta hacia adentro para ingresar alli.

Con fuerza aprieta su cuchillo, un poco de luz de la pequeña ventana en la habitación le permite ver un escritorio que, para su sorpresa, está extrañamente bien cuidado y limpio. ¿Qué demonios hace este imbécil con un escritorio en buen estado?

Minho camina dentro de la habitación, notando que no solamente está aquel escritorio, sino que delante de él hay un mueble alto, un poco sucio y gastado, raramente aún conservaba las puertas bien y no lo esperado.

La curiosidad mató al conejo, y Minho tomó las puertas de ese mueble, que parecían ser un armario, y las abrió con brusquedad. Dentro de este sus ojos se iluminaban por pequeñas pistolas de distintos colores, algunas adornadas con brillos en ellas, dejándolo un poco confundido.

Al bajar la guardia, sus manos, en un abrir y cerrar de ojos, están detrás de su espalda y su rostro se encuentra contra el mismo ropero, las puertas de este cerrándose fuertemente; Forcejea para librarse del agarre que sostiene sus inquietas manos, pero sólo consigue que el adversario apriete y suba todavía más la intensidad con la que lo apresa.

—Pequeño conejito, las cosas ajenas no deben tocarse, ¿no te han enseñado eso? —la voz rasposa que antes no hallaba, ahora le susurraba aquellas cosas en el oído, poniendo sus nervios a flor de piel —Quizás deba enseñarte adecuadamente lo que es respeto, ¿no crees?

—Q-Quita tus manos de mí, bastardo —Minho busca patear al contrario, sin éxito alguno, porque Hyunjin esquiva mucho antes —¡Suéltame! —Minho se ve atrapado y comienza a moverse para tratar de escaparse.

Hyunjin presiona todavía más mientras una sonrisa se dibuja en su precioso rostro, jodidamente encantado de tener a uno de los asesinos más buscados de Corea justo como siempre lo había querido.

Su lengua se desliza y moja sus belfos antes de que estos se acerquen todavía más al oído de Minho, donde sus perfectos (y algo puntiagudos) dientes se permiten morder. Siente a Minho temblar luego de eso y una extraña vibración llega hasta sus pantalones.

—Eres tan patético —murmura, arrinconando a Minho todavía más contra aquel mueble —Indefenso como un niño. ¿Acaso no eres tú eso? —chasquea la lengua, quitando de las manos del castaño el cuchillo que llevaba y lanzándolo por la ventana —¿Quién mierda te dijo que podías contra mí? ¿Ah? ¿Quién te dijo que tú, un niño, un chiquillo latoso y fastidioso, puedes contra mí? —las manos de Hyunjin jalan violentamente los cabellos castaños ajenos, sintiéndose superior al escuchar que un gemido se escapa detrás de aquella máscara —¿Acaso quieres que te enseñe quién manda? Tal parece que quieres que te diga cuál es tu posición —con pasos lentos acercándose al escritorio y aún sosteniendo las hebras contrarias, continúa Hyunjin —Bien, mocoso, eso es lo que haré.

Inclina a Minho en el escritorio, posicionándose sobre él, impidiéndole cualquier movimiento que pueda hacer. El chico de cabellos castaños forcejea todavía más y las manos de Hyunjin lo sostienen con más rudeza, riéndose de lo débil que se muestra Minho, amando cómo busca zafarse de su agarre y la manera en la que tiembla, notándose nervioso.

Una de las manos del mayor se dirige al pantalón contrario, divirtiéndose y echando una carcajada cuando ve que Minho se da cuenta de lo que quiere hacer; Sin embargo, el cabrón no se detiene y juega con la paciencia del conejito adentrando una de sus grandes manos en la camiseta suelta que lleva puesta.

Hyunjin sonríe otra vez con una expresión burlona y sostiene con una de sus manos las del molesto conejito antes de con su mano libre, tomar el arma de tonos rosas que guarda en la parte trasera de su pantalón. Lleva aquella arma a la cabeza del portador de la máscara y luego habla con diversión.

—Shh. Estás siendo muy ruidoso, ¿no lo crees, pequeño? —la lengua del mayor se desliza por sus tentadores labios y Minho traga duro, nervioso —Esto está cargado, y con sólo apretar el gatillo tus sesos pueden volar y la sangre puede llegar a manchar la pared. No creo que quieras ese destino, ¿verdad?

Minho tiembla y se ve obligado a negar a las palabras del azabache.

Hyunjin desliza sus manos por la pequeña cintura del menor, luego toca su pecho, abdomen, juega levemente con los pezones ajenos y se siente jodidamente bien.

Minho se siente perdido entre aquellos toques leves, por lo que no se queja y deja que el criminal detrás de él haga lo que quiera con él; Está mal. Está malditamente mal, pero no quiere decir nada ahora, le gusta y mañana tendrá tiempo de arrepentirse.

Claro, si es que Hyunjin no le pega un tiro primero.

Maldita seas, Minho. ¿En qué mierda te has metido?

Minho suspira y siente una de las grandes manos de Hyunjin dejarse ir por su cara, directamente a la máscara que cubre el rostro del asesino. El menor no se preocupa por esto, sabe que es lindo, y siempre saca ventaja de eso para conseguir lo que desea.

Su máscara está tirada al suelo y su cuello está tomado completamente por una de las grandes manos de Hyunjin. Minho gime y se deja hacer, levantando su rostro hasta ya no poder más y tener los brillantes ojos del azabache sobre él.

—Pequeño conejito —en un tono dulce y burlón, Hyunjin decide joder la paciencia del castaño —es tan patético que hayas venido hasta aquí a intentar enfrentarte conmigo. Es tan ridículo y estúpido, por Dios, ¿de verdad pensaste que podrías hacerlo?

Hyunjin se acerca al oído de Minho, suspirando sobre este a propósito sólo para poner nervioso al otro.

—No eres más que un chiquillo. Uno molesto, lujurioso y caliente chiquillo.

Hyunjin finalmente da vuelta a Minho y toma los cabellos de este de manera ruda. Recibe un gemido doloroso por parte del menor y es lo que menos puede importarle; se encima sobre él para tirar todavía más sus cabellos y tenerlo débil y sin ninguna escapada.

—Vas a tragar todo lo que te voy a dar. ¿Entendiste, cachorro? —el pelo de Minho es tirado de nuevo. Hyunjin lo arrastra un poco más hasta ponerlo de rodillas delante de él —Sé un buen chico para papi.

Minho observa los ojos hambrientos de Hyunjin destellar con brillos de superioridad, sus manos temblando cuando se siente tan jodidamente diminuto; traga duro y con nervios sube sus manos por las largas piernas del mayor.

Minho posa sus manos sobre el cinturón que está alrededor de la cintura de Hyunjin, desabrochándolo y dándose el lujo de hacerlo lentamente para jugar con la cordura del criminal, aún observándolo cuando los dientes de Hyunjin muerden sus labios, ansioso.

Cuando los pantalones y bóxer ya no son un problema, la polla de Hyunjin se alza delante de los ojos de Minho. Es largo, es grueso, palpitante y con venas que sobresalen de él, caliente y cálido, delicioso a los ojos juguetones de Minho.

Joder, sí.

Finalmente, los pomposos labios de Minho besan el glande, chupetones leves y chasqueos de sus labios contra la piel cálida hacen que el cuerpo de Hyunjin se tense, sacando de los belfos contrarios suspiros de satisfacción pura.

Los dedos largos de Hyunjin se enredan en los cabellos ajenos y los jalan con un poco de fuerza, tratando de mantenerse estable ante la placentera sensación que le recorre el cuerpo entero, llevando su cabeza hacia atrás por lo mareado que lo tienen los labios del menor, los cuales aún no han cubierto su polla como es debido.

Minho desliza su lengua por el largo del miembro, cazando con esta las pequeñas gotas de pre semen que se dejan caer de la punta del falo. Las atrapa y las saborea, algunos restos quedando en sus belfos rosáceos para el deleite de los ojos de Hyunjin.

Minho es descarado y finalmente toma la polla ajena con sus suaves pétalos, chupando la punta del pene y adentrando un poco de este a su estrecha, pero húmeda boca, intentando tomar todo lo que le sea posible. Lo que no alcanza a meterse sólo es acariciado por las manos del pequeño asesino.

Hyunjin se encuentra en un trance. La boca de Minho toma tan bien su falo, bajando y subiendo levemente por él, masajeando lo que no alcanza a llenar su cavidad bucal.

Maldito niño caliente.

Se siente en el cielo cuando Minho gime sobre su pene, una vibración exquisita se pasa en segundos por el cuerpo delicioso del criminal; sus manos toman los cabellos castaños ajenos y los tiran sin mucha fuerza, dejando que por sus suaves labios se deslice un gemido ronco de satisfacción notoria.

Con fuerza, la cabeza de Minho se desliza hacia abajo, así logrando que la polla que atrapa su boca se permita ir más allá de sólo sus labios, tocando su garganta y provocando una leve arcada por parte del pequeño asesino.

Minho gime, sintiéndose raramente bien aquella sensación. Hyunjin se permite reír, tomando con más fuerza los cabellos ajenos.

Poco a poco el ritmo aumenta, y Hyunjin alza sus caderas contra la garganta de Minho, más firme, más duro. El cuerpo del asesino tiembla fuertemente, sus ojos cristalinos con lágrimas que caen a los costados de estos.

Su boca es embestida con rudeza, sus hebras son jaladas con mucha más firmeza, impidiéndole salir de aquella situación, obligándolo a soportar aquella sensación y haciendo que se pierdan por completo cada uno de sus sentidos.

Minho ahora ya no piensa.

Minho ya no es rudo.

Minho sólo recibirá órdenes.

Minho sólo seguirá las órdenes.

Minho es un maldito muñeco, y Hyunjin es quien jugará con él como tanto le plazca.

—Mirate... —el de hebras azabaches moja sus labios, apretando un poco más los cabellos castaños ajenos. Su cadera se mece poco a poco, su polla se desliza lentamente por aquella estrecha garganta, provocando escalofríos en su cuerpo —Eres el mocoso más desastroso del mundo —Minho gime, sus ojos se cierran con lágrimas que se deslizan por sus calientes mejillas, sus belfos, rosas, brillantes y llenos de saliva, todavía rodean la punta de aquel falo —Bah. ¿Este eres tú?

—M-Mgghh... —escapa de Minho, apenas pudiendo gemir por lo levemente asfixiado que lo tiene la polla que está metida en su boca —M-Mgghh... ¡Mgh! —sus ojos por fin se abren para mirar a Hyunjin con sus orbes totalmente cristalizados.

—Qué patético —Hyunjin por fin decide que es suficiente, quitando su falo de la boca contraria. Sin embargo, sus manos aún se encargan de tirar fuertemente el cabello de Minho —Todo hecho un desastre. Te ves tan mal, cachorro.

El rostro de Hyunjin vuelve a acercarse al de Minho. Una sonrisa burlesca en sus labios rojos, sus ojos mirando con superioridad al mocoso destruido arrodillado delante de él.

—Pequeño conejito, voy a follarte tan bien.

[...]

Las piernas del pequeño conejito se enredan alrededor de las caderas de Hyunjin, las manos contrarias pronto ejercen fuerza sobre los hombros de los cabellos azabaches y el cuerpo de Minho se mueve con desesperación.

No hay lugar para el cansancio ahora. No cuando Minho gime firmemente frente a él, temblando, completamente débil, tan dócil a sus órdenes, obediente como un buen cachorro.

Hyunjin estaba seguro de que se estaba poniendo duro de nuevo, incluso aún estando dentro del mocoso, sentía que todo el cuerpo le ardía y las ansias por follar y probar cada vez más de Minho parecía no tener fin.

Hyunjin se volvió adicto, poco a poco más insaciable.

El cuerpo tembloroso de Minho se aferra al suyo mientras las caderas de Hyunjin se mecen en un ritmo rápido y profundo, la punta de su polla aplastando la próstata del asesino, totalmente rudo y desordenado.

Minho comienza a perder el aire y la cabeza le da vueltas, envuelta en el remolino de emociones que tiene en ese momento, cuando el falo de Hyunjin entra y sale de él, jodiendo su cordura, encargándose totalmente de volverlo un desastre.

Es inevitable que un grito se escape de él cuando Hyunjin aplasta con fervor su punto P, destruyéndolo totalmente, haciendo explotar su boca en un sollozo lastimero, pero jodidamente delicioso, que enloquece las ganas de Hyunjin de seguir arremetiendo contra su sensible cuerpo.

Los ojos de Minho están llenos de lágrimas, sus manos se sostienen a los hombros del otro duramente y con toda la fuerza que tiene que, vaya, no es mucha, se dedica a llevar su anatomía mucho más allá de aquel gran falo que se adentra en él, buscando sentir más del otro.

Hyunjin sostiene sus caderas firmemente y por impulso su rostro se acerca al otro, que está totalmente teñido de rojo. Sus labios, gruesos y calientes, atrapan los de Minho en un beso que lleva saliva, lenguas y suspiros entrecortados por parte de los dos.

Hyunjin se estaba volviendo loco.

Minho no puede asimilarlo y, sin pensarlo dos veces, por la calentura y la necesidad de ese momento, corresponde sin rechistar. Sus dedos, temblorosos, toman los cabellos azabaches del mayor que lo folla sin remordimiento, obligando al otro a intensificar el tacto entre sus labios, metiendo lenguas y saliva de por medio.

El escritorio hace ruido, las piernas del menor son separadas y la polla del chico de cabellos azabaches logra abrirse más paso a su estrecho conducto, rompiendo todo allí, tocando lugares que Minho nunca había sido capaz de experimentar, aun si antes de toda esta mierda había follado con algún compañero de su clase.

Se sentía tan jodidamente bien.

Quería sentirme así siempre.

Quería que esa sensación no se fuera nunca.

Quería sentirlo todo el tiempo, quería... quería que se lo follen así siempre.

—¡Y-yo! ¡A-Ah! —espasmos y espasmos, temblores y temblores, tartamudeos y tartamudeos. El cuerpo de Minho estaba tan jodido que no podía controlar ninguna parte de él —¡D-Demasia- ¡Ah! D-Demasiado, demasiado..! ¡M-Mucho! ¡Y-Yo no creo-¡P-papi! —Vaya.

Oh... Eso había sido... Eso le había gustado.

Mucho. Demasiado.

—Otra vez —pidió entre suspiros, su voz entrecortada y ronca y sus cabellos sudados. Sus manos a cada lado de las piernas del menor, empujando sus caderas más allá del cuerpo ajeno —Llámame así otra vez, bastardo.

Minho sintió su rostro arder como nunca antes.

Aquello se había escuchado tan bien...

Tan malditamente caliente y excitante.

Tan jodidamente adictivo y seguramente repetitivo para su perversa mente.

Su voz se entrecortó y no se tragó un gemido agudo cuando la punta del falo de Hyunjin golpeó tan repentina y deliciosamente su punto dulce, por momentos su vista se nubló, el cuerpo le tembló más de lo habitual, sus ojos en blanco y su lengua se dejó salir de entre sus labios rosas.

Hyunjin se encontró a sí misma observando aquella actitud, siendo esta la clave para ser mucho más rudo con el cuerpo frágil del menor, sosteniendo las caderas de este con tanta fuerza que sus dedos se marcaron hermosamente sobre la piel blanca y suave del chico.

Minho no podía ver absolutamente nada, sus ojos se cerraban con tanta fuerza y desorden cada vez que se animaba a abrirlos ni siquiera un poco. Su rostro ardía como el infierno y para colmo no podía controlar sus ansias de más, llevando su cadera de atrás hacia adelante con frenesí, buscando más.

El de cabellos negros lo observa por unos minutos antes de enredar su lengua otra vez con el del contrario, chupando de más el belfo inferior, tomando con ahínco aquello que se le hacía tan apetecible en ese momento. Tal vez era demasiado posesivo alli, en ese instante, o tal vez se volvería adicto, o le gustaba en demasia, pero eso no era algo que le preocuparía. No ahora.

Minho comienza a sollozar cuando su cuerpo es golpeado con tanta fuerza, cansado y agotado, lo suficientemente destrozado como para rogar por piedad a su débil cuerpo, pero no tiene ni la voz ni la fuerza para pedir por aquello que deseas. Incluso podía decir que, a pesar de doler, era un dolor que sin dudas era exquisito.

Nadie la había jodido de aquella manera antes, su anatomía nunca había dolido tanto, su cabeza no había llegado a ese punto en el que no sabe en dónde se encuentra ni tampoco había delirado hasta el punto en el que su boca suelta balbuceos por sí sola., sin el más mínimo control suyo.

No había experimentado algo así, claro que no.

—O-Oh, Dios... Y-Yo- n-no voy... —apenas dice, perdido, su cabeza dando vueltas y él sin poder controlarse a sí mismo.

Hyunjin se acerca con burla hacia él, levantando las piernas del "aterrador" conejito debajo suyo, acariciando los muslos de este a su antojo, apretándolos mientras los coloca sobre sus propios hombros. Hyunjin sonríe, observando burlesco los ojos destellantes del más pequeño.

Minho siente vergüenza y en un intento de alzar su voz, sus caderas se mueven sin algún aviso. La polla de Hyunjin se entierra rudamente en su punto, lo que lo hace temblar y gemir más alto de lo que espera, alterando su respiración más si es posible.

Hyunjin ocupa sus dedos para jugar con el pene del asesino, su dedo pulgar posándose sobre la punta de este, presionando allí con firmeza. Siente las piernas de Minho retorcerse sobre sus hombros, temblando mientras la respiración del otro se va y vuelve con pesadez.

—¡E-Espera-¡No! —ruega, buscando algún lugar en el escritorio para sostenerse. Sus manos no encuentran absolutamente nada, y Minho lanza un gemido lastimero bastante alto —¡Qui-Quiero- ¡Lo necesito..! —habla entre bocanadas de aire, temblando cuando el otro parece hacer oídos sordos a sus pedidos —¡Qui-Quiero correrme..! ¡U-Ughh..! —tiembla, buscando alejarse.

Su única respuesta son embestidas con más velocidad, ahora el falo de Hyunjin buscando aplastar con toda destreza su punto, sus brazos abrazando las piernas de Minho para sostenerse y así poder golpear su punto dulce con facilidad.

Minho siente que no puede más, trata de llamar la atención de su acompañante aparentemente sordo, pero es inútil, nada parece funcionar, y el de cabellos castaños comienza a creer que hizo mal en entrar a ese jodido lugar.

Hyunjin lo observa con una de sus cejas levantadas, como riéndose de él, pues sostiene todavía su maldita sonrisa fanfarrona. Sabe que lo está jodiendo de la mejor manera, sabe que está provocando todo lo que los demás no pudieron en el cuerpo de Minho, sabe que lo está haciendo sentir tan extasiado al punto en el que nada parece ser real.

Hyunjin lo mira, sus ojos captando cada una de las expresiones del lindo conejo allí arriba, mostrando en él tanto placer y gozo que Hyunjin puede asegurar que no será la última vez que se encuentre con este pequeño y rebelde chico.

Claramente, él se encargaría de que no sea la última.

Una de sus manos, ansiosa, grande y de un buen largo, se cierra alrededor del cuello ajeno, en el que yacen marcas de colores violáceos, como también de colores rojo intensos. Hyunjin está seguro de que hay que dejar más, y no se detiene cuando sus dientes ansiosos se clavan en la piel pálida y suave, sin ningún indicio de querer dejarlo ir.

Aprieta el cuello ajeno y va más rápido, su lengua se pasea por el cuello del pequeño asesino, sus caderas se alzan para demoler su agujero un poco más, la mano que sostiene el falo de Minho intensifica más su agarre y un sollozo se desliza por los maltratados y rojos labios del castaño.

—¡P-Por favor! ¡P-papi! ¡Dé-Déjame..! —pide desesperadamente, su cuerpo teniendo espasmos sin fin. Minho estaba tan jodido que no podía razonar nada.

Hyunjin no piensa parar hasta que a ese lindo y vulgar chico se le quede grabado en la cabeza, lo tan equivocado que estaba al meterse con él.

Follaría tan bien a ese conejito, que ninguna otra polla podrá reemplazar la de él.

Iba a follar tan bien a ese mocoso, que lo único que querrá será la polla de Prince dentro de él todo el jodido tiempo.

"Maldito chiquillo, detrás de esa máscara sólo eres un mocoso cachondo que ama que se lo follen bien. "