Sufriendo por amor

Summary

Katsuki nunca creyó que llegaría a enamorarse y menos de alguien como Izuku. Tampoco sabía que podría sufrir tanto con el amor… Esta historia también la consideró algo triste. Como siempre digo y no me cansare de repetirlo si no les gusta el shipp DekuBaku, absténganse de leer, así como de escribir comentarios negativos. Si les llama la atención adelante y sigan leyendo la historia, ya que siempre me esfuerzo en que sean interesantes cada una de mis historias para que lleguen a gustarles. Los personajes no me perteneces sino al mangaka Kōhei Horikoshi. Doy sus respectivos créditos. La imagen de la portada tampoco me pertenece, doy créditos a quien pertenezca.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

💚ℂ𝕒𝕡𝕚́𝕥𝕦𝕝𝕠 𝕦𝕟𝕠🧡

«¿Es posible morir de amor?»

En lo que a mí respecta con esta pregunta, diré que suena algo tonta.

No comprendía por qué las personas tienden a enamorarse. Pasa un deliberado tiempo y se separan por cualquier razón. Creen firmemente que se morirán por no estar cerca de aquella persona que posiblemente les rompió el corazón.

A mi parecer, aquellas personas son simplemente estúpidas… pero ahora formo parte de ese grupo.


Me sentía cansado luego de un largo día en la universidad. Reprobé por primera vez; algo que jamás creí que fuera a pasarme. Pero tenía una buena escusa, mi mente estaba en otro lado.

Lo siguiente fue recibir regaños por parte de los profesores por no prestar atención durante sus clases. Algo que claramente no hacía antes.

Todo esto es tu maldita culpa infeliz.

Había llegado a mi departamento maldiciendo a ese imbécil. Seguía siendo su culpa. Molesto por recordarlo, saque las llaves del bolsillo del pantalón para abrir la puerta. Al ingresar, las dejé sobre el recibidor antes de cerrar la puerta detrás de mí.

Me detuve de dar un paso para observar por un momento el apagado y frío lugar. Cuando tú estabas, era cálido y alegre. Recordé. Rápidamente, negué ante aquellos pensamientos para alejarlos de inmediato. No era el momento de estas tonterías.

Coloqué mi bolso junto al mueble antes de dirigirme hacia la cocina. No era un lugar muy espacioso, pero era aceptable. Pase junto a la mesa del comedor hasta llegar al mostrador. Sin perder el tiempo, abrí el refrigerador, notando lo vacío que estaba.

—¿Cuándo fue la última vez que compré algo?— cuestioné soltando una queja. —Como sea. —Cerré la puerta y me dirigí a mi habitación.

Haber dejado como siempre abierto, me fue de gran ayuda cuando me lancé directamente a la cama.

Había pensado que al estar demasiado cansado me dormiría de inmediato. Qué equivocado estuve. —Ahora ni dormir puedo. —Suspirando fuertemente, me giré para fijar la mirada en el techo.

Pase algunos minutos mirando el blanco techo, hasta que me decidí por levantarme y hacer las dichosas compras. Si se le ocurría venir a los odiosos, probablemente me regañen por no tener nada, seguido de que me arrastrarían con ellos para ir de compras. Debía de evitarlo.

Camine nuevamente hasta el pasillo, tome mis llaves, abrí la puerta y cerré.


Intente tomar supuestamente lo necesario, al no prestar demasiada atención a lo que arrojaba dentro del carro de compras. Tomaba cosas de aquí y de allá.

La mayoría del tiempo pasaba por los pasillos del supermercado, sin detenerme a ver algo que me llamara la atención. Por esa razón no me había dado cuenta de que había chocado contra el carro de compras de alguien más, hasta que oí el impacto.

—En verdad lo lamento, yo… ¿Katsuki?

Al observar al hombre frente a mí, sinceramente no lo recordaba. Cabello morado, ojos púrpuras; no venían a mi mente. Un completo desconocido.

Él pareció darse cuenta de que no lo reconocía, provocando que me mostrara una pequeña sonrisa—. No me recuerdas, ¿cierto?— Sin esperar respuesta de mi parte, continuó: —Es imposible que lo hicieras cuando solo nos hemos visto algunas veces. Soy Hitoshi. Hitoshi Shinso; uno de los amigos de Izuku.

Con solo escuchar su nombre ser pronunciado, inevitablemente me tensé y apreté el mango del carro. Debía de sostenerme de algo—. ¿Y cómo has estado?, no nos hemos visto desde aquella fiesta.

—Bien. —Fue lo único que logré responder.

—Es bueno escuchar eso— me dice antes de guardar silencio por un momento, dándome a entender que parecía querer mencionar algo más. —Por cierto, antes de que me olvide de ello, déjame disculparme en nombre de mi amigo por si no has recibido un mensaje o llamada de su parte. Ha estado demasiado ocupado en el trabajo. Shoto y yo le hemos dicho que descanse un poco, pero ya sabes como es.

—Lo sé— contesté. Poco a poco sentía que volvía aquella opresión en el pecho que me impedía respirar con normalidad. Debía de apresurarme e irme de inmediato, no sabía cuánto tiempo podría seguir resistiendo actuar con normalidad. —Lo siento, tengo que irme. —Retire el carro de compras hacia atrás. Con el suficiente espacio que había entre el otro carro y el estante, logre pasar sin tantas dificultades.

—… Está bien. Cuando pueda le diré a Izuku que te vi— comentó a mis espaldas.

—Ok— repliqué. Apresúrate, hay que salir de aquí. Me dije a mí mismo. Mis pasos fueron largos para ir más rápido. Estaba impaciente cuando llegue a la caja donde podría sentir varías miradas sobre mí. Evitaba prestarles mucha atención para no hacer peor mi situación.

Cuando todo estuvo pagado, tome las bolsas y salí casi corriendo de ahí. Tuve suerte de que el guardia de seguridad no me detuviera por mi actitud que le haría pensar que había robado algo. Estaba agradecido por ello.

El camino hacia mi departamento, lo sentí demasiado largo por más que me apresuraba. Tenía que apretar fuertemente las asas de las bolsas al percibir mis manos temblar. Sería una desgracia si dejó caer todo lo que había comprado.

Me sentía un poco aliviado al ver el edificio donde vivía, sin perder el tiempo, me di prisa para subir las escaleras hasta el tercer piso. Al estar frente a la puerta, baje por un momento las bolsas de mi mano derecha para sacar mis llaves y abrir. Recogiéndolas, me adentré.

Cerrando detrás de mí, apoye mi espalda contra la puerta. Las bolsas habían resbalado de mi mano cuando deje de ejercer fuerza. Escuché el sonido de estas al caer al suelo, junto con el tintineo de las llaves.

Nuevamente, el dolor sofocante vino a mi pecho. El nudo que se alojó en mi garganta que era tan molesto. Las lágrimas que no logré retener, bajaron sobre mis mejillas. La debilidad en mis piernas me impidió quedarme de pie; no hice más que deslizarme hasta sentarme en el suelo.

—Basta, deja de pensar en él— me reprendí a mí mismo, apenas en un hilo de voz.

Uno a uno, los momentos que había pasado con él, volvían a mí cuál tornado destruyendo toda barrera que quisiera construir—. Ya basta. —Continúe rogando como si en verdad pudiera frenar aquellos recuerdos.

«Kacchan»

—Para.

«¿Qué tal si tenemos una cita?»

—Detente.

«¿Estás seguro de que quieres que vaya?».

—No— respondí como si él todavía siguiera frente a mí. Llevé mis piernas hacia mi pecho antes de abrazarlas. Necesitaba reconfortarme de alguna manera.

«Por supuesto, es tu trabajo». Le respondí. Qué imbécil fui.

«Pero no quiero dejarte solo».

«Estaré bien».

—No lo estoy.

«¿Y no me vas a extrañar?».

—Te extraño tanto— confesé dejando ir un sollozo.

«No… bueno, tal vez un poco. Como sea, ya vete».

—No te vayas— supliqué tontamente recargando la frente contra mis rodillas. No había manera de que me pudiera ocultar de este terrible sufrimiento.

«Bien, me voy, pero regresaré. Lo prometo».

—Deku regresa… no me dejes solo. —Sin tener las fuerzas para levantarme siquiera, permanecí ahí, llorando completamente en la oscuridad. Mi única compañía.

Sufriendo nuevamente aquella ausencia que yo mismo había provocado. Ahora estaba tan arrepentido por haber dejado que se fuera.

Los recuerdos que pertenecen a él, solo aparecen para torturarme.

Intento parecer indiferente ante lo sucedido. A veces era tan fácil engañarme, sin embargo, olvidarlo es imposible.

Llevó esperando a que regrese desde hace medio año.

El tipo con el que me topé, tenía razón. No he recibido una llamada de su parte o un corto mensaje.

En un principio llegaban constantemente que provocaban que me molestara. Siempre le reclamé que tenía que concentrarse únicamente en su trabajo —lo cual al parecer hizo—, y evitara contactarme por cualquier tontería.

Poco a poco, sus llamadas y mensajes fueron disminuyendo hasta que un día, habían dejado de llegar. Actualmente, solo deseaba que llegara un corto mensaje o escuchar su melodiosa voz una vez más.


Permanecí llorando por bastante tiempo antes de limpiar la humedad en mi rostro —a causa de aquellas lágrimas—, con la manga de mi sudadera.

Con seguridad me levanté, y tanteando la pared, encendí el interruptor para que lograra ver mejor.

Me incliné para tomar las llaves y colocarlas en su sitio, después tomé las bolsas para encargarme de acomodar las compras en el lugar que le correspondían. No estaba de ánimo como para fijarme si había colocado todo correctamente en su sitio.

Las ganas de comer nunca se presentaron, por lo que decidí regresar a mi habitación. Sinceramente, dudaba que pudiera ingerir algo.

Recostándome de nuevo contra la cama, saque del bolsillo del pantalón mi celular. Me acosté de lado para comenzar a revisar los únicos mensajes que pudieron haberme enviado.

Como era de costumbre, el grupo nombrado tontamente: Bakuscuad —nombrado por los odiosos—, contaba con varios mensajes que no me moleste en revisar.

También llegué a encontrar algunos mensajes de mi madre, tampoco estaba de humor para verlos, por lo que seguí bajando.

Únicamente me detuve cuando leí aquel chat que estaba nombrado como ‹Deku›. Sintiendo temor, lo presionó para abrirlo. Lentamente, comencé a subir pasando todos los mensajes que una vez me envió, hasta encontrar el primero.

Hola. No sé si me recuerdes, soy Izuku Midoriya por si lo olvidaste.

Aquel día me enfadé bastante, ya que Deku estuvo insistiéndome en que le diera mi número de celular. Llegó a hartarme con sus insistencias que tuve que dárselo. Habían pasado cerca de 2 minutos cuando me envió ese mensaje.

Empezar desde este, provocó que comenzara a leer los demás, hasta llegar al último.

Te extraño Kacchan. Te veo pronto.

De eso, hace seis meses.

En un principio no le di tanta importancia como debía de haberlo hecho. Poco a poco —y sin que me diera cuenta—, fui preocupándome.

Llegué incluso algunas veces a llamarlo, aunque nunca contestaba. Los mensajes que una vez envíe, tampoco fueron leídos.

El único número que recordaba, era de su otro amigo. Todoroki.

Me intenté contactar con él. Había imaginado que también me evitaría, lo cual no fue el caso.

Al contestar, rápidamente le pregunté si a Deku le habría ocurrido algo. Solo esperaba que no haya sucedido.

Su respuesta había sido concreta; Deku se encontraba perfectamente bien. Sin embargo, su trabajo era demasiado y estaba tan ocupado con este.

Constantemente me comuniqué con él para preguntarle cómo seguía Deku. Una y otra vez me decía lo mismo: Sigue ocupado, está trabajando, se fue a un viaje de negocios, se encuentra en una reunión muy importante. Conociendo de memoria todas estas contestaciones, dejé de llamarlo para no seguir molestándolo.

Presione aquella foto que Deku eligio como imagen de contacto para el chat. Ese día él me había dicho que no debía de eliminarlo o de lo contrario lloraría. Muy infantil de su parte, pero aun así seguí conservándola.

La fotografía era de cuando tuvimos nuestra primera cita. Me estuvo insistiendo en que tenía que haber un recuerdo de aquella noche y de esta manera jamás lo olvidaríamos.

Observé de nuevo la sonrisa radiante que Deku siempre me mostraba, sus ojos verdosos brillaban de alegría. Mirando directamente a la cámara. De mi parte, me encontraba molesto, con el ceño fruncido, cruzado de brazos y con el rostro desviado a un costado.

Alcé mi mano derecha para golpear con mi dedo índice justo contra mi rostro en la foto. —Tonto, ¿por qué no sonreíste? —Una lágrima escapó deslizándose hasta mi almohada. Aparte mi mano para limpiar su húmedo rastro antes de buscar en la galería, una imagen en específico. Aquella donde se encontraba únicamente él, sonriendo nuevamente.

(La imagen no me pertenece, doy créditos a quien pertenezca)

Aquella foto me había sido enviada al siguiente día, luego de haber tenido la primera cita. Incluyendo después un mensaje:

Ayer fue una gran noche, espero que haya muchas más. Ten un lindo día Kacchan.

Jamás comprendí el porqué me había enviado aquella imagen, y tampoco me lo dijo alguna vez. Por otro lado, ahora estaba agradecido de que ahora la tenga.

—Buenas noches, Deku. —Coloqué el celular sobre el lado derecho —justo donde él durmió en varias ocasiones. Le di un último vistazo a la pantalla y posteriormente cerré los ojos.

La foto se había vuelto tan especial para mí, que incluso me ayudaba a conciliar el sueño. De esa forma engañaba a mi mente. Por desgracia, si no lograba admirarla, comenzaría sufrir de insomnio nuevamente. Culpaba de esto a Deku al haberme acostumbrado a ver su rostro antes de dormir.

En varias ocasiones me preguntaba qué hubiera pasado si no me encontraba con él aquel día. Que él se rindiera cuando lo rechace por priera vez. ¿A caso mi vida hubiera cambiado? ¿Dejaría de sufrir por su ausencia?, quizás si no me hubiera enamorado tan perdidamente de él ¿Seguiría siendo el mismo de antes?