Futanari Stories I

Summary

Historias cortas de shipps que mezclan lo atrevido, melancólico y erótico. Con temáticas interesantes y transgresoras, espero les guste ;P

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Castígame Duro, Porrista (Jenlisa)

Tras tantas bambalinas y pasos lentos intencionadamente, Lisa estaba a pocos metros de llegar a casa de Jennie para el “castigo decisivo” que obtendría. La sola idea de aceptar cualquier acto humillante que tendría preparada provocaba que echará humos y su expresión de enojo estuviese bien marcada.

La razón, un tonto accidente que Lisa tuvo que aceptar enmendar a como fuera de lugar.

La situación pudo ser lo más cliché y reciclado posible, Lisa era una cerebrito con los estudios y confesa ermitaña que apenas tenía amistades en la escuela. Mientras que Jennie, la “ganadora” en ambos sentidos, destacaba por un trabajado cuerpo curvilíneo tras años de ser porrista líder.

Ambas, de mundos separados y nula interacción más allá de las menciones, tropezaron en otro momento típico de novelas. Lisa, enfocada en los próximos exámenes, sin querer termino chocando la espalda de Jennie. La escena fue un estallido, Jennie cubierta de su comida y bebida, manchando su traje apenas recién lavado.

Las risas y murmullos no faltaron, lo cual intento aprovechar Lisa para escapar de todo, pero una mano pegajosa y dulce la detuvo.

– Ni creas que saldrás librada de esto, cerebrito Manoban –la sonrisa cínica de Jennie fue suficiente para que todo se mantuviera en silencio.

– Je-Jennie, mira… Lo lamento, ¿si?... –como sea, Lisa trataba de apaciguar la evidente metida de pata, sabía que Jennie se la tendría jurada como enemiga y le haría la vida imposible. Un sudor frío calo en su cuerpo de pensarlo–. Pagaré lo que ensucie o haré tus tare…

– Ja, ¿crees que eso será suficiente para borrar la vergüenza que me causaste? –su mano apretaba lo necesario, el rostro de Kim también podía causar un efecto de miedo sutil.

Acercándose bien al lóbulo de su oreja, susurró que “debe venir el sábado por la tarde a su casa o lo lamentaría mucho”.

Así sin más, terminó yéndose con la camarada de fieles seguidoras. Los demás alumnos decidieron volver a sus asientos, con dudas sobre la amenaza a Manoban.

Y ahora estamos en la actualidad, con Lisa cumpliendo la palabra de ir a su casa. Con algo de duda sobre tocar el timbre, disipada por la puerta abriéndose y mostrando a una Jennie con un atuendo más sexy de lo normal.

– Eres bastante puntual, justo a tiempo para el castigo que tendrás, Manoban.

Subiendo las escaleras, Lisa no pudo evitar contemplar aquellas piernas delicadas al estar detrás de Jennie. Esos muslos suyos se veían tentadores para cualquier pensamiento pervertido.

– ¿Te gusta lo que ves?

Lisa pretendió desviar la mirada al sentir la propia de Jennie, quien en un gesto de diva en su mano señalaba el cuarto semi-abierto. Manoban quedó bastante tonta al pensar que era otra cosa, y lamentándose el llevar un jean.

– Ya estamos en tu cuarto, Kim. Empecemos con esto –ya estaba con la idea mentalizada de la humillación, aunque obvió el hecho de que fuese en su cuarto.

– Lo que quiero primero es que te sientes en esa silla, Manoban. Así podré empezar mejor con tu castigo –sus pupilas estaban demasiado dilatadas, en cualquier segundo iba a estallar de las ideas.

Lisa obedeció, sin esperar a que Jennie tomaría sus manos por atrás y la amarraría con alguna cuerda. Esto empezaba a tonarse bastante raro.

– Je-Jennie… ¿Qué es esto?

– Quiero cerciorarme de un mito que se ha estado diciendo mucho de ti, Manoban –Lisa sabía a lo que se refería, y antes de hacer algo, Kim bajó con algo de dificultad su pantalón y bóxer–. ¡Vaya, vaya! Al parecer no mentían esas ñoñas con llamarte una semental. Se ve bien grande y grueso.

Lisa Manoban era intersexual, un tema que le provocaba vergüenza mencionar y trataba de mantenerlo un secreto. Pero un día, un desliz de confianza al creer estar sola en un cubículo, terminó en que unas compañeras la espiaran y quedaran asombradas.

Los rumores se esparcieron, pero Lisa buscó ignorarlo o decir que era una mentira exagerada. Sabía que si no le daba importancia al hecho, este tarde o temprano empezaría a desaparecer y quedaría como un simple mal recuerdo.

– Veamos que tan bien responde tu pene a mis caricias, Manoban –sin saber que Jennie estaba obsesionada con eso y buscó aprovechar un momento para saciar su curiosidad. Y justo fue hace días, como terminó suponiendo Lisa.

Antes de deleitarse con la sumisión de su compañera, Jennie Kim metió toda la longitud de ese miembro a su boca. Lisa soltó unos quejidos, jamás había experimentado una sensación como esa.

La lengua traviesa de Kim llenaba de saliva todo, buscando asfixiarse de placer al mamársela toda a Manoban. Sus uñas coloridas de cereza apretujaban con delicadeza sus testículos, los gemidos de Lisa eran buena señal de su trabajo.

Por dentro, Jennie empezaba a enviciarse con este momento. Amaba la simple idea de chupársela todo el tiempo a Lisa, su pene era una deliciosa paleta que no descansaría en degustar. Su hedor suspiraba en sus fosas nasales, llegando a sentir una mancha viscosa por debajo de su corta faldita.

– Así como la tienes erecta, me encanta –la mirada encantadora de Jennie al ver aquel rostro hermoso tan sonrojado de Manoban, su mano empezaba a masturbar despacio el falo y los sentimientos empezaban a ser confusos–. Segura de que debes tener muchas chicas adictas a ti, ¿verdad? No las culparía, se ve que eres una semental de mujer.

Lisa no sabía que responder, estaba en un mar de ideas sobre qué responder.

Y con facilidad, Jennie desabrochó su falda y se quitó con lentitud sus bragas untadas de esencia femenina. Manoban no podía pensar en otra cosa más que cogérsela ahora mismo.

– Quiero que degustes este manantial por resistir a la primera fase del castigo, debes estar muy sedienta… De mí –aquella voz seductora pudo haber causado que Lisa terminará por venirse, pero quería demostrar sus fuerzas.

Un pie de Jennie se posó sobre la pelvis desnuda de Manoban, enseñando su vagina escurrida e hinchada que esperaba una lengua juguetona para absorber sus puntos sensibles.

Lisa no la hizo esperar y llevó su rostro directo a esa flor, tan impecable. Su lengua fue tan rápida en arrastrarse por todos los rincones de su vulva y en adentrarse con estocadas en ese sitio celestial.

Jennie gemía tan fuerte, sintiéndose bendecida de encontrar a aquella “cerebrito” que si sabía cómo satisfacerla. Su mano se posó en ese cabello lacio, acariciando con dulzura por tan buen uso de esa lengua.

Lisa, por su parte, no dejaba de beber de esos fluidos exquisitos. Ya encontró un delicioso brebaje que sólo aquella porrista podía ofrecerle.

– Suficiente de esto, Manoban. Ahora viene tu peor castigo, y espero que me lleves al mejor orgasmo, ¿entendiste?

– No tengas dudas de que lo haré, Jennie Kim.

Ambas se susurraban, con claro cansancio al recibir las mejores emociones de la otra. Y un beso morboso las hizo suspirar, mezclando sus lenguas con los brebajes antes saboreados de ellas mismas.

Jennie le dio la espalda, dando una mejor vista de su precioso culo a merced de Lisa. Posándose adelante suyo, sujeto la base del pene y empezó a restregar aquel glande rojo entre sus pliegues necesitados.

La vista era hermosa, follarse a una hermosura de chica no tenía precio, pero en un momento la razón le gano a Lisa al darse cuenta de que no tenía protección.

Pero fue tarde, toda la longitud de su miembro se enterró por completo en Jennie, causándole gemidos aún más fuertes. Manoban ignoró el detalle de la protección, valdría completamente la pena el tal vez embarazarla si es que le permitía escuchar esos hermosos gritos de placer y la sensación de su piel.

Kim empezó a saltar por encima de ese pene erecto, poniendo más fuerza en cada estocada para sentir esos golpes duros. Lisa Manoban se retorcía de gozo al sentirla por dentro, lamiendo y besando esa espalda encantadora.

Ambas gemían, ninguna quería suavizarse para evitar que el orgasmo viniera. Estaban en frenesí, golpeaban con rudeza sus intimidades y gritaban un montón de alaridos sin sentido alguno.

– ¡Vamos, Lisa! No quiero que te detengas… Cógeme más fuerte… Por favor… Hasta que sienta que ya no puedo más…

– Me encanta sentirte… Por completo… No quiero parar de follarte… Más…

Aquel momento placentero termino cuando Lisa llegó al clímax y se corrió dentro de la vagina de Jennie. Jamás en su vida había terminado de esa forma, aún restos de semen chorreaban sin parar.

Minutos después, ambas terminaron ordenando todo el cuarto y dejándolo como si no hubiese sucedido un acto salvaje de sexo.

Lisa no sabía que decir, supuso que no tenía más nada que hacer y se dirigió a salir. Pero una vez más, una mano detuvo su paso.

– ¿No vas a despedirte como se debe, Manoban? –y los labios de Jennie se acapararon en ella, siendo esta vez un beso dulce–. ¿Te gustó?

– S-si… Me gustó mucho, Jennie.

– La próxima semana te castigaré nuevamente, quiero que no dejes de pensar en mí ahora –con un abrazo cálido, la acompaño directo a la puerta y se despidió de ella con total tranquilidad.

“No pienso dejarte libre de mis castigos, querida Manoban”.