Prólogo
Desde que tengo memoria, hay partes de mi vida que... no tengo.
Lo sé, suena contradictorio. Pero es así.
Hay días que no sé si realmente fui una niña feliz o si simplemente alguien me lo dijo tantas veces que terminé creyéndolo. A veces mi mente se apaga cuando intento recordar más allá de los catorce años, como si un velo grueso cubriera mi infancia y solo me permitiera ver lo justo para no hacer preguntas.
Pero yo siempre las hice.
Siempre...
Siempre fui esa niña molesta que quería saber por qué el cielo era azul, por qué nadie hablaba de mi padre, por qué había páginas arrancadas en los álbumes de fotos. Me decían que era imaginativa. Que tenía sueños vívidos. Que dejara de escarbar donde no debía.
Y sin embargo,algodentro de mí insistia en que faltaba una parte. Como una canción que reconozco, pero que nunca la escuché antes. Como un recuerdo prestado de otra persona.
Lo raro es que todos parecen saber más de mí que yo misma.
Mi madre dice que soy sensible. Los profesores creen que soy inteligente, aunque distraída a veces. Mis amigos piensan que soy la típica chica que se encierra demasiado en su mundo, como si estuviera esperando a que algo pasara.
Y quizás tienen razón.
Porquesí, estoy esperando.
A él.
Kael...
Mi vecino. El chico del fondo de la calle. El que no habla con nadie, que siempre lleva el pelo hacia detrás, él que tiene un lunar debajo de los labios, él que me mira con esos ojos negros como ningunos otros. Él no pertenece a este pueblo. No como los demás. Y por eso no dejo de observarlo. Porque él también parece fuera de lugar... como yo.
No habla con nadie, nunca. No tiene redes sociales, no va a fiestas. No sonríe.
Y yo no dejo de mirarlo.
No sé si me gusta o si simplemente estoy obsesionada.
Solo sé que cuando lo miro, siento que hay una parte de mí que quiere gritarle que me diga la verdad. Aunque no sé cuál. Ni por qué me tiembla el pecho cuando nuestras miradas se cruzan.
Una vez, cuando teníamos quince años, en la clase, lo escuché decir mi nombre en voz baja. No me habló. Solo lo susurró. Como si probara cómo sonaba en su boca. Lo recuerdo con una claridad que me da miedo. Desde entonces, no dejo de pensar en él.
Tal vez esté obsesionada.
Tal vez esté desesperada por encontrar algo real.Porque últimamente todo en mi vida se siente como una mentira bien contada.
A veces sueño que soy otra. Que me llamo distinto. Que huyo de algo. Que corro, me escondo, grito nombres que no conozco. Y cuando despierto... mi reflejo parece esperar que lo recuerde.
Nadie me cree cuando hablo de eso. Así que dejé de contarlo.
Pero lo pienso todos los días.
Sé que algo se acerca. Algo que va a cambiarlo todo.Lo siento en los huesos, en la piel.
Y cuando pase...
Cuando las piezas se caigan, cuando las voces regresen, cuando el espejo ya no refleje solo a Elara.
Tendré esas respuestas que tanto quiero saber.