El encuentro
La realidad era, que alguien como él jamás habría pisado ese sitio de no ser el último lugar donde los hombres de su padre y su futuro prometido irían para buscarlo, aunque encontrarlo solo era cuestión de tiempo; no pudo evadir a todas las cámaras de la ciudad y la forma en que había conducido como un poseso tampoco es que fuera demasiado discreta, agradecía que las luces de neón bailaran solo sobre la pista, porque así sería más sencillo que nadie lo reconociera. Las manos no dejaban de temblarle, a pesar de los tragos, su cuerpo estaba tenso, la respiración se le escapaba entrecortada y estaba seguro que alguien pronto notaría sospechoso que no dejara de mirar constantemente hacia la entrada. Las salidas de emergencia estaban selladas y era claro que había gente importante haciendo negocios en la parte de arriba. Suspiró cansado y antes de ceder a otro trago del amargo brebaje en el vaso entre sus manos que dudaba bastante del porcentaje de su limpieza, una bomba de feromonas pestilentes le contrajo los gestos.
—¿Estás solo, cariño? Yo con mucho gusto puedo ayudarte con eso —Lucian afiló la mirada y lo vio de reojo, acomodándose a sus anchas junto a su asiento y tocando con su asquerosa mano sudorosa el dorso de su mano. Apretó los ojos y tensó aún más los dientes, e hizo gala de todo su autocontrol para no sacar su arma y desquitar con el pobre diablo todo el coraje acumulado que se agolpaba en su pecho. Ignoró al patético hombrecillo de alopecia prematura con complejo de John Travolta y pidió un whisky doble apoyando los codos sobre la barra, haciéndose el desentendido ante los incesantes balbuceos. Sus ojos se pasearon por toda la pista intentando reconocer un verdadero peligro, la noticia le llegó apenas entrar a la casa y había gastado casi todos sus cartuchos tan solo para llegar a su auto, la voz estridente de Andreas golpeando su mente, no aminoraba sus malestares.
Los sentidos los tenía crispados y solo hacían que quisiera bautizarle los zapatos al idiota a su a lado con lo que fuera que quedara de comida en su estómago.
—Vamos primor, no te hagas el difícil, ambos sabemos que si estás aquí es porque quieres que te cojan duro —el aliento pestilente se estampó contra su oído y fue suficiente para colmar su paciencia; antes de que el sujeto se atreviera a darle un beso, Lucian lo empuñó del cuello y lo estampó contra la barra, encajándole las uñas con una nada sutil intención de desangrarlo allí mismo. Se alegró de que nadie intentara detenerlo, los que estaban a su alrededor e incluso el bar tender solo desviaron la mirada y le dieron luz verde para hacerle lo que quisiera.
La imagen de su padre, aun fresca, haciéndole lo mismo mientras Andreas lo jalaba para llevarlo a su carro solo le sirvió de incentivo.
—Si sabes lo que te conviene vas a largarte de aquí, pero si tienes tantas ganas de morir esta noche, créeme, estaré más que encantado de cumplir tu deseo —al soltarlo, el tipo cayó inconsciente junto al taburete en el que estaba sentado, el ruido fue consumido por el incesante ritmo de la música electrónica que le parecía había subido más de lo soportable, y nadie, al menos ante su visión, pareció notar el pequeño altercado, lo que no supo, fue que bajo el influjo de su ira, sus feromonas se desbordaron a tal grado, que todos los que no eran betas comenzaron a caer al suelo, mareados y temblando a merced de la presión en el aire.
Cuando se dio cuenta, maldijo al tipejo, ya harto y cansado de que idiotas como él, siempre encontraran la manera de arruinarle la vida, el jamás había pedido nacer omega, de hecho, el jamás había pedido venir a este mundo, pero ahora que estaba aquí y con las copas ya haciendo su efecto, repentinamente, todas sus preocupaciones parecían drenarse al hecho de que matando a unos cuantos podrían desaparecer como por arte de magia.
Y mientras tanto, recargado sobre la barandilla del segundo piso, el dueño del sitio encendía su puro con una gran sonrisa, siguiendo los pasos decididos del fascinante omega, que parecía tan hermoso como arrogante, y esos eran, a su parecer, los más divertidos de domesticar.
—Que lindo gatito —murmuró para sí—. ¿Cómo se llama?
Su asistente de inmediato lo identificó, era el hijo único de Trover, que de hecho, acababa de enterarse minutos antes a través de los reportes de la seguridad externa, estaba escapando del orgullo herido de su prometido, el próximo heredero del legado Riscoldi
—Se llama Lucian señor, es el hijo de Trover, por lo que sé, no está en los mejores términos con su padre, está buscando dónde esconderse —a Liam no le sorprendió la noticia. Al contrario, algo efervescente y chispeante le calentó la sangre de una forma placentera, su sonrisa se ensancho lo suficiente para dejar a la vista uno de sus afilados colmillos, inclinando su cabeza para observarlo mejor, y le instruyó a su asistente se encargarse de ello.
En la parte de abajo, las cosas se descontrolaron cuando el omega intentó irse por las buenas y no lo dejaron, había un par de cuerpos tumbados y el piso se había manchado rápidamente de un rojo intenso, cuando las balas se le agotaron, nadie, ni siquiera Liam, (que ya estaba dispuesto a bajar y terminar con todo eso por su cuenta) en absoluto esperaba que su lindo gatito saliera por detrás de la barra, con apenas algunos arañazos, con ese lindo y esbelto pecho semi descubierto, sin ningún tipo de protección, lanzándose a puño limpio contra todos los hombres que le doblaban el tamaño.
El imponente alfa se dejó impresionar por aquello, soltó un pequeño silbido admirando la ágil figura, que con todo y todo, hasta parecía divertirse, este no lo admitiría, pero ese gesto ya le había valido todo su respeto. no parecía importarle ensuciarse las manos y su delicada apariencia solo era eso, una fachada perfecta que seguro que usaba muy seguido, pensó el alfa, para obtener lo que quería, era un mimado, se le notaba a lo lejos, sobre todo en los detalles de su pulcro traje que sabía perfecto a manos de quién estaba hecho, su sedoso pelo y esa tez tan resplandeciente seguro que no eran por pasar horas limpiando establos o en luchas clandestinas, pero debía admitirlo, el chico tenía algo en esa mirada filosa que le ponía demasiado y quería confirmar de propia mano que tan bien sabría esa electricidad entre sus piernas.
—Señor, los hombres de Andreas están afuera, exigen entrar para buscar al omega.—si bien podría librarse fácilmente de ellos, Liam no era bien conocido por ser lo que se diría diplomático, le encantaba la idea de buscarse conflictos para afianzar su posición, así que a su asistente y a ninguno de sus hombres le sorprendió la orden de que los dejaran entrar sin ninguna resistencia después de que el club se hubiese vaciado, de todas maneras ya estaba hecho un desastre y a alguien tendría que cobrarle por los platos rotos.
Mientras tanto, encerrado en los baños, Lucian se debatía, mirando su desastroso reflejo en los grandes espejos, si tenía algún sentido seguir luchando contra lo inevitable o si acaso, habría otra forma de escapar de ese sitio. Había intentado salir corriendo por la parte trasera, pero rápidamente tuvo que esconderse tras el bote de basura y volver hacia adentro cuando los carros de la seguridad de Andreas comenzaron a rodear el edificio.
—¡Carajo! —se quejó para sí, recargándose sobre el lavabo, tratando de aclarar sus ideas, descansando su rostro entre sus manos, con sus largos dedos entrelazados, listos para disparar a quien sea.
—Oye, más te vale tener para pagar todo lo que rompiste allá afuera—la voz profunda y ronca lo electrizó, llenando todos sus sentidos como una descarga revitalizada de adrenalina, de inmediato, el omega se puso a la defensiva y sus miradas se encontraron en un choque electrizante que de forma inconciente provocó que el alfa sonriera satisfecho ante el escaneo del contrario, porque en absoluto parecía molestarle lo que estaba viendo y sus feromonas lo terminaron delatando.
La verdad era innegable, el omega, a pesar del recelo que sentía hacia la extraña figura, más alta y fornida que la suya, con esos músculos marcados incluso a través del lujoso saco y con esa sonrisa arrogante que le mostraba coqueta un filoso colmillo, ocasionaba en él una confusa atracción magnética, ninguno cedía, pero el alfa no intentaba imponerse con sus feromonas, algo que le hizo bajar las defensas y permitirse concebir la idea de que quizá no era del todo su enemigo. Quizá de su padre, pero él no era su padre.
—En mi defensa diré, que traté de salir por las buenas, pero esos tipos empezaron a fastidiarme, deberías cobrarles a ellos lo que me hicieron romper—se jactó de forma altiva, casi cínica, lo que divirtió al alfa, que resopló al ver el casi imperceptible brinco que había dado el omega cuando la voz al otro lado de la puerta reclamaba su presencia.
—Sabes, tengo unos amigos allá afuera que no están muy contentos, creo que te buscan, pero...—los pasos resonaron y a su ritmo, el corazón de Lucian retumbó con más fuerza sobre sus oídos, la expectación en su rostro tenso detuvo los pasos del hombre que ahora a unos cuantos centímetros, se recargó despreocupadamente de espaldas sobre el mismo lavamanos, que ahora, el omega sentía lo tenía acorralado.
A esa distancia ya era muy tarde para saltar por las ventanas, que por seguro igual estarían bardeadas por sus hombres y los guardias de su insufrible prometido, lo miró de nuevo, pero cuando el alfa se desabrochó el chaleco y se arremangó las mangas de su ajustada camisa hasta los codos, como si él ni siquiera existiera, el marcado pecho del alfa se le antojó ridículamente acogedor, casi hipnótico, se repitió a sí mismo en un mantra mental que debía mantenerse calmo y en lugar de salivar por un completo extraño demasiado su tipo, idear una buena justificación para que este quisiera ayudarlo a salir del lío en el que estaba metido, se veía como alguien poderoso, su porte no era el de cualquier empleado o incluso el de un secretario que estuviera acostumbrado a esconder la cabeza, el arma en su cinto era de oro puro, cuando miró un poco más...
—Si tanto te gusta puedo darte una foto—sus palabras escurrieron hacia sus manos, que enmarcaron sus atributos de una forma que el omega catalogó como lo más vulgar y excitante que le había visto hacer a alguien.
Sus grandes manos se recargaron sobre el cuerpo sobresaliente del arma y Lucian no pudo evitar comparar los tamaños, la carne que sobresalía, a cada instante más notoria, pasaba por varios centímetros a la punta metálica, donde uno de los largos y gruesos dedos del alfa la acariciaba, propiciando una inesperada carga eléctrica en la entrada del omega, que se había perdido por completo en esos roces alevosos—vaya, no eres tan mustio como aparentas, pero no te preocupes, yo no tengo ningún problema si me la quieres chupar aquí mismo—la burla lo tomó de sorpresa y trató de ocultar el bochorno en su rostro girando la vista hacia cualquier otro lado, se recordó de golpe que no podía permitirse ser tan imprudente como en las últimas veinticuatro horas y decidió que si debía lamerle las bolas a alguien, prefería hacerlo con este sujeto que hasta disfrutaría de fóllarselo, que hacerlo pidiendo disculpas a su padre o con el idiota de Andy.
—No, no lo soy. Y te aseguro que puedo sorprenderte con lo que no pongo en mi curricúlum, en especial si me sacas de este sitio sin que esos idiotas me vean—se permitió acercarse demasiado, insinuándose al contario como normalmente consideraría relajante, pero este era un caso especial y este hombre, al parecer, ameritaba el sacrificio
—¿Ah, sí? —el alfa lo sujetó apenas superficialmente por debajo de sus caderas, disfrutando del embriagante aroma del omega, era dulce, sí, como el de todos, pero a diferencia de los otros, para su sorpresa, este no lo empalagaba, de hecho, hasta podría decir que lo estaba relajando.
La cereza del pastel fue, que el alfa no se permitía usar sus feromonas a menos que fuese en combate, porque normalmente sus parejas casuales se quejaban de que resultaban demasiado densas y asfixiantes, algunos incluso lo habían fastidiado en mitad del acto desmayándose por ello, pero después de perderse en la seductora y gatuna mirada del omega, prácticamente pintado sobre él, con los brazos ya rodeándole y casi ronroneando sobre su pecho, el ¨gatito¨ parecía mucho más que extasiado y ambos aromas estaban tan entrelazados que el pequeño lugar ahora parecia un sauna donde el vapor comenzaba a emitirse de sus propios cuerpos, la erección del omega se frotaba contra la suya sin ningún reparo y cuando lo alzó en brazos, el contrario no dudó en enrollar sus piernas sobre sus caderas y ceder ante la demanda de sus labios, no supo en qué momento se dejó llevar por la necesidad de tomarlo del cuello y fundirlo hacia él, aún más de ser posible, Lucian no había dudado ni un segundo en demostrarle esas maravillosas habilidades de las que le había presumido, ni en deleitarlo con ese exquisito sonido que salía desde el fondo de su garganta cuando pasaba su húmeda lengua sobre su fino cuello, latiendo expectante por una marca que hasta ahora, para ambos, era algo repudiable.
Los colmillos salieron sin pedirle permiso, los jadeos aumentaron y había algo en el pecho del alfa que tenía unas ganas insanas de gruñir como loco, marcando territorio, ante la idea de que alguien más pudiera poseer a ese lindo omega, enfureciéndolo a tope, cuando unos golpes estridentes lo interrumpieron de su tarea de preparar la lubricada entrada que tanto lo ansiaba.
—P-por favor... sigue—la embriagada voz suplicante logró distraerlo y menguarlo, inhaló profundo del cabello ajeno y cuando le mordió el hombro, su hermoso gatito, cubierto por su cuerpo y resguardado en sus brazos, soltó un grito ahogado que hizo que le bajara los pantalones de una forma poco amable, rasgando algo en el proceso y posicionando su miembro con una urgencia desquiciante.
—No quiero lastimarte, necesito que te relajes—soltó, con una calma estrangulada, con la voz aún más ronca y grave, casi entrecortada, cerrando los ojos para que la impúdica imagen lo dejara hacer acopio de todo su autocontrol y de verdad no lastimarlo, porque si bien no era de los que eran delicados, ni pedía permiso para las obviedades, también quería que lo disfrutara, por el contrario a lo habitual, una fuerte necesidad dentro suyo, tan desconocida como ese imperante deseo por marcarlo y tomarlo, lo asaltó a tal grado que resultaba doloroso.
Y no como le gustaba.
—Mggh....—la voz se rompió tan pronto como el gran miembro se deslizó en el infierno de su interior. Lucian, a pesar de no ser virgen, no recordaba cómo seguir respirando al sentirse tan lleno. Todo su cuerpo se encontraba luchando para soportarlo, luchaba en vano para que las lágrimas no rodaran por sus ojos y que fuera a decepcionar al alfa, pero no contaba con que ese gesto tan adorable, solo lo provocara para meterlo más profundo.
—Joder... ¿no me dirás que eres virgen, cierto?—le susurró al oído, sus feromonas se hicieron más fuertes y el omega respondió obedientemente a sus deseos, con una facilidad que lo complació mucho más de lo que él se esperaba.—buen chico, ahora tómalo completo—y aquello parecía mucho más una orden que una sedosa petición, pero el extasiado omega solo pudo asentir con el rostro perlado en delicioso sudor.
Cuando comenzó a moverse, Lucian se aferró a los hombros ajenos, enterrando sus uñas y refugiando su rostro en el hueco perfecto, que parecía hecho especialmente para él, en el cuello de su extraño favorito.
—Demonios gatito... —gruñó Liam, ahogado en placer. —estás demasiado apretado...
En respuesta Lucian le mordió el hombro con fuerza. Liam en respuesta soltó una risa fresca y suelta, afianzando al omega de las piernas, abriendo sus muslos con sus dedos, haciéndolo gritar al enterrarse por completo.
—Bueno, princesa... —lo provocó, acentuando la última palabra, pero menguando la resistencia del omega lamiendo y vaporizando su oído, disociándolo por completo. —si eres un buen chico... —convino. Sosteniendo su rostro con sus dedos enterrados en su cabello, obligándolo a verlo con sus ojitos apenas entre abiertos y los labios hinchados, temblando por anticipado, al beso que creía que recibiría —voy a sacarte de aquí, pero será con una correa, ¿estás de acuerdo con eso?—a ese punto Lucian era incapaz de entender nada, la voz de Liam entraba enredada a través de sus oídos y le subían en un calor sofocante hasta llenarlo por completo, era temblores y hormigueos, una pluma a merced del impetuoso agarre. Las estocada se hicieron cada vez más constantes y rudas después de eso, rozando un punto frágil que deshacía a los gritos a un casi inconsciente omega ya a punto de correrse en un orgasmo explosivo.
Cuando el momento llegó, el placer quedó opacado bajo el grito ahogado y arremolinado en la garganta de Lucian ante la inesperada mordida tan cerca de su nuca, seguida de un sudor frío recorriendo su cuerpo bajo la húmeda lengua que repasaba la marca, el omega tardó un par de segundos en recuperar la razón, parpadeó un par de veces mirando hacia todos lados claramente desconcertado y luego se hizo consciente de su sobreprotegido cuerpo entre las manos del alfa. >>¿Cómo es posible que lo haya olvidado?<< se recriminó. llevando una mano por reflejo hasta la piel desnuda de su nuca, donde debería estar su collar de contención. ,Clavó sus filosos orbes sobre los del alfa y este solo le encarcó una ceja mientras una sonrisa ladina le trepaba por la mejilla.
-Qué cara..
—¿No creerás que iba a marcarte, cierto? es solo que no me estabas prestando atención—Ante la evidente burla, el cuerpo de Lucian se relajó, soltando todo el aire retenido en sus pulmones a causa del susto.
—Pudiste esperar a que terminara y con mucho gusto hubiera escuchado cualquier tontería que quisieras decirme —sus manos se soltaron del cuello del alfa y se recargó sobre la fría superficie del lavamanos detrás de sí, escociendo al contacto de su piel aun ardiendo, ayudándolo a pensar con mayor claridad.
—Bueno, era importante y necesitaba estar seguro, por lo que he visto no es que seas muy ortodoxo y cumplido cuando das tu palabra —se burló con saña, mientras a jalones diestros, sin dejar de mirarse, se terminó de quitar el saco, posicionándolo debajo de Lucian sin soltarlo en ningún momento, lo recargándolo sobre este, listo para sacar su miembro si el chico decidía negarse, aunque era obvio que ya no tenía ninguna intención de soltarlo; pero la cacería nunca era divertida si la presa no sentía que tenía posibilidades de salir corriendo.
Lucian entonces lo notó de golpe, las feromonas de ambos estaban concentradas en el pequeño espacio y no se sentía mareado o con náuseas como le pasaba con la mayoría de los alfas, en especial con las feromonas de Andreas, que por cierto, ya no podía percibirlo al otro lado de la puerta. El ruido de los gritos y las balas habían parado por completo y no creía que ni siquiera se percatase de ello. Regresó la mirada hacia el alfa, con una expresión demasiado calmada para las circunstancias y rápidamente dedujo porqué.
—Déjame adivinar... —entrecerró los ojos, se forzó una media sonrisa que le supo amarga e inclinó ligeramente la cabeza, como hacen los gatos cuando están curiosos o analizando el peligro. —Liam Corbett —soltó seco y con cero sorpresa.
—El mismo. —la sonrisa sinvergüenza enojó al omega aún más. ¿Por qué de entre todos debía siempre atraer a los más locos? ¿Acaso era algo hereditario? Resopló resignado al escenario y recargó su frente sobre el amplio y cálido pecho. Pensó que por lo menos, este sujeto, por muy peligroso que fuera, estaba tratándolo, por primera vez en toda su vida, como una persona y no como un objeto cualquiera. otro cabrón, sin duda alguna, no hubiera desaprovechado el pode marcarlo.
Antes de hablar, el calor subió de golpe a su rostro cuando obvió el hecho de que era él el único desnudo, en una posición tan bochornosa y aun con el miembro ajeno, erecto y dispuesto —para su sorpresa— dentro de él; aclarándose la garganta quiso ignorar esos hechos, pero la risa del alfa lo puso de los nervios, como si hubiese adivinado lo que estaba pensando.
—¿Te molesto? —le acusó, clavando sobre él su mirada más seria, pero la respuesta del más alto le robó por completo sus escudos, también haciéndolo reír.
—No, en absoluto, por mí podríamos quedarnos así todo el día —y acorralándolo entre sus brazos, añadió seductor —la verdad se siente increíble estar dentro de ti, aunque dudo mucho que sea el primero en decírtelo —la última palabra se coló casi como un susurro embriagador en la mente y el cuerpo del omega, que retuvo un jadeo mordiendo el interior de su labio. Lucian lo meditó por algunos segundos, y antes de poder decir nada acerca del frío que comenzaba a calar en su piel cada vez más templada, el alfa solo lo liberó por completo para quitarse la camisa y cubrirlo con ella, lo que disipó toda duda en el omega.
—Bueno, me queda más que claro que no puedes ser peor que esos idiotas que vinieron por mí — y en efecto, ese hombre no era ni de chiste, siquiera parecido a todos los alfas que había conocido hasta el momento —comencemos entonces por las letras pequeñas. —cedió finalmente, con una sonrisa cómplice, rosando sus labios hinchados contra los del alfa, que en respuesta decidió seguirle el juego capturando su piel en besos lentos y profundos que volvieron a dejarlos sin aliento durante algunos segundos.
—¿Qué te parece si lo hablamos en mi oficina? —Lucian no pudo evitar sentirse decepcionado cuando el alfa lo despojó de la camisa sobre sus hombros, lo que no le sentó en absoluto a su ofuscado ego, haciéndolo sentir escéptico de las verdaderas intenciones del misterioso alfa, pero a ese punto, se dijo, ya sería ridículo no saber lo que querría, le restó importancia y lo tomó como lo que era, una salida arriesgada y muy peligrosa, pero suya, a final de cuentas.
—Bueno, vamos a ello.
Cuando Liam lo cargó en brazos como a una princesa y lo cubrió con su saco, no lo molestó en absoluto, al contrario, una ligera sonrisa que no pasó desapercibida para el territorial alfa, los acompaño bajo la atenta y sorprendida mirada de todos los presentes, hasta que llegaron a la oficina del segundo piso.
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Chan, Chan, chaaaaan!!! Adivinen quién se está trabajando su bloqueo escritor escribiendo otra historia? 🤣🤣🤣No sé ustedes, pero yo amo la imagen de un blitz todo grandote y siendo top consentidor y un stolas más alzado, atrevido y sinvergüenza dejándose querer, y como wattpad está para saciar deseos como estos, pueeees... Aunque bueno, la verdad también tenía muchas ganas de hacer una historia propia con lore y toda la cosa, así que vamos a fingir que estos chicos son nuestros chicos en un mundo paralelo 🤭💜