La Cabaña
Anne y Jessie siempre habían sido inseparables. No solo eran mejores amigas, también eran hermanas, dos almas que parecían entenderse sin palabras. Tras un año complicado, decidieron regalarse un fin de semana lejos de todo: una cabaña perdida entre los abedules del norte, donde solo se escuchaba el viento y el crujir del bosque.
Llegaron con música alta en el coche, rieron recordando historias de la infancia, prepararon chocolate caliente y se sentaron frente a la chimenea. Por la noche, mientras la leña chisporroteaba, charlaban sobre proyectos, amores y miedos. Todo era cálido, simple, bonito.
Hasta que la electricidad parpadeó.
Primero fue apenas un tic. Luego otro.
Jessie frunció el ceño.
*¿Viste eso?*
*Debe ser el viento -respondió Anne, aunque algo en su voz de miedo.*
La luz se apagó por completo.
La cabaña quedó a oscuras. Solo la chimenea iluminaba los rostros tensos de las hermanas. Jessie fue a buscar una linterna, pero cuando abrió el cajón, la madera hizo un crujido tan agudo que ambas saltaron. *del susto*
*Relájate -intentó bromear Anne. Es una cabaña vieja.*
Pero incluso ella empezaba a sentir ese nudo en el estómago que aparece cuando el silencio parece demasiado silencioso.
Esa noche no lograron dormir bien. Jessie despertó a las tres de la madrugada, segura de haber escuchado pasos afuera. Anne la tranquilizó, aunque también había oído algo.
*Mañana será mejor, prometido*








