Los hijos de los elementos 1

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Summary

Antes de que la historia comenzara a escribirse, los elementos caminaban libres por la Tierra y el equilibrio era un juego entre gigantes. Pero incluso en un mundo sin reglas, un solo instante puede cambiarlo todo. Un microrrelato mítico sobre la inocencia primordial, la pérdida y la fuerza que despierta cuando el orden se rompe.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

1° Parte

Hace muchos, muchos años, antes incluso de la época de los dinosaurios, los cuatro elementos vagaban libres por la Tierra.

El agua, feliz, besaba la orilla de la tierra en un bucle eterno.La tierra,ayudada ,por la lluvia,daba a luz a sus hijos; las raíces y plantas.

El fuego y el aire jugaban al escondite: quien ganaba envolvía al otro hasta hacerlo desaparecer, aunque el perdedor siempre regresaba a su forma natural y la partida comenzaba de nuevo.

A veces jugaban los cuatro juntos, aunque con cautela: el agua podía engullir al fuego para siempre, y la Tierra temblaba ante el fuego y el aire, capaces de devorar a sus hijos —raíces y plantas— sin querer.

Pero aun así eran felices. No respondían ante nadie; su mundo era simple, libre y pleno.

Hasta que llegó la desgracia.

En uno de sus juegos, el fuego quedó atrapado en las fauces del mar.

El agua hizo lo imposible por rescatarlo, pero no bastó: el fuego se evaporó entre sus manos.

Los elementos quedaron incompletos, como cojos.

El aire, que más lo recordaba, lloraba sin descanso, y el agua acogía sus lágrimas y las extendía por el mar

La tierra lloraba tanto que ya ni necesitaba a la lluvia para que nacieran sus hijos.

El desequilibrio dio paso a una nueva era: la de los dinosaurios.

Depredadores sin razón, criaturas que vivían solo para el instinto, se destrozaban entre ellos.

La Tierra fue la que más sufrió: los herbívoros devoraban a sus hijos, pero ella, siempre bondadosa, perdonaba porque sabía que lo hacían para sobrevivir.

Hasta que un día todo terminó.

Un cuerpo frío, enorme y silencioso cayó del cielo y chocó contra el planeta.

Del impacto surgió el fuego de nuevo, pero ya no el niño inocente de antaño, sino un ser virulento, desatado, que arrasó cuanto encontró.

El aire y el agua se desvanecieron, y la Tierra quedó uraña, desnuda y estéril.