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❖◦ Perfume y Aceite ◦❖「One-shot Cream」

Summary

En la ciudad de Amberforge, donde las maquinas de todo tipo inundan las calles y se respira el olor al aceite que se usan para su funcionamiento en el aire, Cross Jakrys, un artífice del cobre y más metales, inventor y reparador a la vez, conoce a Dream Jokewyn, una de las maquinas mitad humano más hermosa que haya podido ver, y para su suerte, sería en él que recaería la misión de "repararlo".

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

“Los días han sido tan calurosos últimamente. Y el olor que jamás se va.”

Pensó Cross Jakrys, un “engranjero” lastimosamente apenas conocido, la manera en la que maniobraba los metales y les daba una nueva vida era más que impresionante, ciertamente era un tipo con talento.

Trabajaba dentro de su pequeño local, que en realidad era el departamento donde vivía. No tenía problema en llevar lo que necesitaba ser reparado a su hogar, siempre hallaba espacio para acomodarse y trabajar.

Él tenía rasgos suaves, aún así se podía ver la edad y el agotamiento marcado en su rostro, las ojeras que tenía, aunque poco marcadas, ciertamente eran notorias, y sus ojos castaños, siempre tenían una mirada un tanto optimista. De cabello oscuro y corto, desarreglado como de costumbre por el poco tiempo que tenía para sí mismo. Vestía siempre con camisas oscuras y holgadas acompañadas de un chaleco que le permitía cargar con varias herramientas al mismo tiempo.

Había pasado años trabajando en lo que tanto amaba, reparar engranajes, darle nueva vida a la “chatarra”, quizás inventar una que otra cosa en el proceso, siempre siendo proyectos sin pies ni cabeza que terminaban en el olvido. Él conocía todos los tipos de metales habidos, sabía manejarlos a la perfección, sin embargo, aquellos talentos no tenían aún el reconocimiento que se merecía.

Últimamente había estado enfocado en hacer relojes, era lo que mejor sabía crear y arreglar. Siempre tratando de innovar, un engranaje de más para mejorar su funcionamiento, quizás uno de menos para mantenerlos pequeños, siempre había algo nuevo que intentar.

Fue durante una tarde, un tanto ajetreada para él, que alguien llamó a la puerta. Ya era costumbre que sus clientes fueran a buscarlo en vez de quedar en cierto lugar, no tenía problemas en que la gente supiera donde residía, lo creía mejor, ya no tenía que ir de un lado al otro por la ciudad con tal de entregar un encargo.

Un poco atontado por pensar en lo que debía seguir haciendo, se dirigió a la puerta esperando encontrarse a uno de sus clientes habituales con los mismos problemas de siempre, sin embargo, esta vez sería completamente diferente. Al abrir la puerta no solo vio a un hombre desconocido, sino que no venía solo.

Un hombre viejo y con porte elegante, con traje marrón adornado de joyas y mueca soberbia esperaba fuera de su departamento, tras este, un joven apenas cubierto por un gran abrigo de piel y felpa beige, cubría sus manos con guantes blancos, cabello rubio que le llegaba a los hombros, y lo llevaba igual de desordenado que el inventor, poseyendo un mirar preocupado, esperaba a su lado.

—Escuché que eres de los mejores y pocos mecánicos que se mantienen con perfil bajo.

Habló aquel hombre bajo el pórtico, Cross asintió, estaba a punto de preguntar para qué necesitaba su ayuda, pero sin esperarlo, el desconocido se abrió paso llevando de la mano al jovencito.

—Si, adelante, pasen...

Susurró Cross con aires de sarcasmo antes de devolverse y cerrar la puerta tras ello.

Ahora los miraba mejor, bajo la luz del pórtico apenas podía notarlos, pero dentro, los detalles eran más notorios, el mayor se veía del barrio más rico de Amberforge, mientras que el más joven parecía ser su acompañante quizás pareja. Ambos miraban a detalle el hogar de Cross, era casi un museo de baratijas de cobre y plata, algo de no extrañarse.

—¿Qué puedo hacer por usted?

Cuestionó el artífice ante tanto misterio, no parecían llevar algo que reparar, así que no sabía si sería capaz de repararlo.

—Bueno, mi mejor creación ha estado sufriendo fallas, parece estar desgastándose más rápido de lo que creía, así que necesito que lo arregles a la brevedad, no importa el precio que pongas, eso no será problema—dijo lleno de soberbia—Lo único que pido es que se mantenga entre nosotros.

Susurró esa ultima parte mientras lanzaba una mirada amenazadora, Cross solo asintió y pidió ver dicha creación. Esperaba que alguno de ellos sacara un pequeño artefacto de sus bolsillos, algo sencillo por fuera pero complejo por dentro, sin embargo no se imaginó que aquel chico tendría más que ver que cualquier otra cosa.

El hombre mayor, aún de nombre desconocido, tomó a su acompañante por el mentón y lo jaló hasta estar frente a frente a Cross. Él se mantenía preocupado, pero trataba de esconderlo tras una mueca temple, una pequeña sonrisa pintada sobre sus labios rosados, y sus ojos color miel dejaban entrever una mirada que intentaba ser calmada.

—Enséñale.

Le dijo dejando por fin libre al chico, éste tímidamente se acercó más a Cross parándose frente a él y finalmente deshaciéndose de su abrigo. Apenas quitárselo, y por la cercanía, Cross inhaló el olor a perfume caro tratando de enmascarar al del aceite que también desprendía, podía reconocerlo a kilómetros, o incluso siendo mezclado con otros olores, era ya inconfundible para él.

La ropa de aquel temeroso joven apenas lo cubría, con un pantalón de vestir para abajo, y para arriba, una camisa color vino que tenía abertura en el pecho, espalda y hombros que dejaba entrever lo que Cross ya se veía venir.

Su cuerpo era completamente el de una maquina, de metales raros y posiblemente finos, seguramente con una ingeniería interna que lo volvería loco, con un brillo sin igual en el cobre que imitaba su piel, de un color casi carmesí con tonalidades aún naranjas adornado de patrones preciosos color dorado, ciertamente estaba maravillado, no era común ver esa clase de “creaciones”.

Se preguntó un segundo si aquel joven parado frente a él era completamente una maquina o aún quedaba humanidad dentro de ese latón. Estaba seguro de que aún podía notar la suavidad de la piel en su rostro, el rosado en sus mejillas, o su tranquila respiración algo que, para ser honesto, replicar con tanto detalle era imposible.

Lo miró con tanto asombro, que comenzaba a incomodar al joven, eso sería rápidamente notado por el hombre mayor, quien interrumpió a Cross mientras seguía admirando aquella enigmática obra de arte.

—Miras mucho, pero poco haces. Quiero un diagnostico ¿Qué es lo que le ocurre?

—No puedo saberlo aún, el metal que lo recubre parece estar bien, pero es difícil mirar más allá de su ropa...—se interrumpió al instante, temió sonar como un degenerado, así que rápidamente trató de enmendar sus palabras—Lo siento, no lo tomes a mal.

El jovencito que no había dicho palabra alguna desde que llegó solo asintió levemente ruborizado. Miró una vez más a su acompañante esperando indicaciones, pero él solo le regresó una mueca de disgusto antes de presionarlo aún más.

—¿Qué esperas? Desnúdate, él tiene que verte.

Le increpó. El chico se vio incomodo, pero sabía que no debía desobedecer, así que, más pronto que nada, intentó quitar sus prendas, pero sería rápidamente detenido por Cross alegando que podría hacerlo con más privacidad en la habitación continua, tomar una manta que encontrara y volver al salón donde prepararía un pequeño espacio para analizarlo.

Tras una ida de unos minutos donde dejó al hombre que lo acompañaba y al inventor en el salón sumidos en un completo silencio, regresó cubierto de apenas una delgada sabana blanca. La sostenía con sus manos heladas y temblorosas por culpa del mismo metal, y mantenía la mirada baja, como si no quisiera estar en esa situación. Se cubría con tanto recelo que le dio mala espina a Cross, imaginó que quizás sería un problema para poder examinarlo a fondo.

—Ven, acompáñame.

Guio Cross al jovencito a su escritorio, movió todo lo que tenía encima e invitó al contrario a sentarse sobre él. Por el momento no contaba con algo como una camilla, o una mesa grande para pedirle que se acomodara sobre ella, aún así podía ingeniárselas y revisar un poco mientras el chico estaba sentado.

Finalmente, dejó que la sabana cayera de su cuerpo mostrándose completamente desnudo.

Cross por fin pudo ver a detalle aquel cuerpo, una maravilla de la ingeniería para ser exactos.

Era un cuerpo escultural, con dotes femeninos muy marcados, pero aún conservaba detalles masculinos en él, como carecer de pechos, manos grandes y espalda apenas ancha, aunque era de admitirse que aquello quedaba en segundo plano apenas ver sus piernas y caderas. Con un nudo en el estomago, intuyó para que era “usado” el joven que estaba frente a él. Habían tantos detalles, tantos relieves y patrones preciosos sobre el metal, que era imposible no querer examinar todo de él.

El chico giró el rostro incomodo apenas sentir la mirada tan profunda de Cross sobre él. Éste por su lado, tenía la tentación de tocar el metal, sentir si era igual de tibio que la piel común, o se encontraba completamente frio, sin embargo, no se atrevió a hacerlo sin preguntar.

—Necesito tocar para saber si algo anda mal, si te hago sentir incomodo, o si algo duele, dime.

—Claro, gracias...

Respondió con voz clara y suave.

Recorrió con sus dedos el frio cobre de sus piernas, miraba con detalle los puntos de unión entre las extremidades buscando si había alguna falla o algo que no estuviera del todo bien, pero nada parecía estar fuera de lo normal, quizás unas leves abolladuras en el torso, muñecas y piernas, fuera de eso, todo parecía estar en orden.

—¿Hay alguna inconformidad que tengas? ¿Algo que moleste?

El chico asintió, seguido miró a su acompañante, como si esperara algún permiso para hablar, y tras un ademán de aprobación, comenzó a describir que era lo que sentía.

—Siento que todo está tan rígido. Cuando camino, o muevo mis manos, algo rechina y termina por doler, también siento ese frio desde lo profundo de mi pecho. ¿Cree que sea algo grave?

Cross miró nuevamente a detalle, enfocándose más en el pecho. Apenas habían pequeños huecos entre el metal que dejaban mirar el interior del chico, cables, engranajes, algo que parecía bombear aire, era impresionante, no dejaba de maravillarse con cada cosa nueva que notaba en él.

—No, no parece. Tus piezas internas están un poco desgastadas, tendría que reemplazarlas, cambiar el metal de fuera, quizás engrasar tus partes un poco, no será complicado, pero llevará su tiempo.

Cross se regresó al hombre viejo, él se miraba un poco frustrado tras escuchar el diagnostico, no pretendía esperar más, tenía planes que concretar con el joven, y el tiempo para él era crucial

—¿Y qué esperas que haga? ¿Cuánto es lo menos que puedes tardarte?

—Puede venir diario hasta terminarlo, me llevará horas adelantar el trabajo, pero si lo quieres pronto, debo comenzar de inmediato, así que puede quedarse aquí hoy. Te daré mi numero y puedes llamar cuando lo creas necesario.

El mayor giró los ojos, pero terminó por aceptar lo que Cross le proponía, así que, pagó la mitad por adelantado para que consiguiera las piezas que necesitara a la brevedad, y tras despedirse a medias de los presentes, el mayor de los tres desapareció del departamento.

—Y dime... ¿Cuál es tu nombre?

—Dream Jokewyn, un gusto.


Encontrar un lugar para acomodarse y poder trabajar fue difícil, hacer espacio cerca de la ventana que más luz recibía fue cansado, pero sin duda valdría completamente la pena, quería apreciar la belleza mecánica que tenía frente a él, descifrar hasta el ultimo secreto de ésta, y finalmente entenderla.

Su primer día de trabajo no fue complicado, más que nada trató de convivir un poco con el joven, pero él era de pocas palabras, se limitaba a contestar con un “si” o un “no” a cada pregunta que Cross le hacía. No quería aceptarlo, pero estar junto a él se sentía tan incomodo.

“Solo será un tiempo.” Se prometió internamente tratando de darse consuelo, no quería pasar tanto tiempo trabajando en completo silencio, porque ese no era su estilo.

Los varios relojes de sus paredes dieron exactamente las seis en punto al unísono. Apenas llevaba poco, sino que nada de avance, solo mirar, notar detalle tras detalle. Ahora se enfocaba en su espalda curveada, tocaba con fuerza ciertas partes preguntando al hacerlo si dolía o incomodaba, nuevamente apenas recibía respuesta.

—Dream, debo preguntarte. ¿Cómo es posible?

—¿Posible? ¿A que te refieres?

—Ya sabes, que puedas sentir. Eres solo metal y engranajes funcionando entre sí en un rítmico ciclo que imita a la vida. Suena casi imposible. ¿Un hombre maquina capaz de sentir el toque ajeno, o el toque propio?

Espetó con sus preguntas. Dream suspiró aún boca abajo sobre el escritorio.

—Soy más que solo metal. Y hay más como yo, si te das un paseo por Rosecoil, podrás notarlo. El mundo avanza más rápido de lo que imaginas.

“¿Rosecoil?” Pensó. Sabía qué clase de lugar era aquel, tan parecido al famoso distrito rojo, donde la ciudad duerme durante el día, y vive con locura por las noches. Nunca había ido, pero si había escuchado rumores, incluso le habían recomendado sitios los cuales visitar cuando se atreviera a ir, sin embargo no terminaba de llamarle la atención, no tenía tiempo de todas maneras.

—¿Trabajas en ese lugar?

Dream calló. Cross era un desconocido aún, no podía tener esa confianza aún con él a pesar de mostrarse desnudo, una cosa era vulnerarse por necesidad, y otra por decisión propia.

—Lo siento, mis preguntas deben estarte agobiando.

—No lo hacen, solo no veo razones para hablar de mi con un desconocido.

—Bueno, míralo desde este punto—respondió optimista—pasaremos demasiado tiempo juntos, no estaría mal tener platicas durante ese periodo. ¿No lo crees?

El chico asintió.

—Quizás...

Tras ello, no volvieron a cruzar palabras. Nuevamente la incomodidad se apoderó de Cross, pero eso no le impidió hacer su trabajo.

Mientras examinaba con tanto fervor al joven, tomaba breves descansos, que más que descansos como tal, solo eran momentos en los que se dedicaba a anotar todo en una libreta, cambios, correcciones y mejoras. Quería darlo todo en este nuevo proyecto que se le proponía, así que no podía fallar.

—Creo que para ser el primer día, pude examinar todo de fuera...—suspiró agotado mientras limpiaba el sudor de su frente con la manga—Aún falta dentro. ¿Tienes problema si retiro un poco del metal que te recubre para mirar?

—Si es necesario, hazlo.

Con esa afirmación, tuvo una nueva oleada de entusiasmo, ya deseaba ver cómo se componía el interior, cuáles eran los secretos que estaban detrás de la aparente vitalidad que tenía Dream, y estudiarlos con detalle, quizás usarlos en un futuro y crear algo propio.

Tomando un desarmador fino, se acercó a la espalda del joven contando los tornillos que tenía que aflojar, pues no quería perder ninguno hasta no saber realmente cuales eran las mejoras que iba a hacerle al joven.

Sus manos temblorosas por la emoción, y un poco por el cansancio quitaron el par de tornillos que tenía a cerca de los hombros, pero antes de quitar el siguiente, pudo notar como Dream se aferraba levemente a la mesa.

—¿Duele?

Dream asintió, las palabras no salían de su boca. Cross temió que el dolor le imposibilitara hablar sin quebrarse al hacerlo, así que se detuvo.

—Podemos tomar un descanso si quieres... Umh...—rascó su nuca incomodo y temeroso—¿Te gusta el té de canela?

El chico que ya estaba recomponiéndose afirmó levemente. Se sentó al filo del escritorio y se cubrió nuevamente por la sabana.

Tras eso, Cross lo dejó solo en el salón para irse un rato a la cocina, ciertamente el descanso le sentaría bien a ambos.

La noche finalmente cayó, el descanso, como ya lo había anticipado, fue de lo mejor para ambos, y apenas el reloj marcó las nueve, dejó que Dream se vistiera y se preparara para irse.

Cross miraba con detalle las anotaciones que había hecho, jugaba con su lápiz, eso era un tanto gracioso, pues terminaba por ayudarlo en la concentración.

Ojeaba con cuidado mientras dejaba a su imaginación volar, ya estaba planeando qué nuevas piezas comprar, los tornillos y cobres que iba a usar, y el diseño que le daría, quería que llevara un toque de él, pero antes de cumplir con ese sueño, debía preguntarle al joven si estaba de acuerdo con eso.

Fue éste mismo, que tras salir de la habitación ya vestido y listo, sacó a Cross de sus pensamientos.

—¿Nos veremos mañana?

Preguntó Dream. El contrario asintió alegando que a la misma hora estaría bien, sino un poco después, aún debía ir a ver algunos materiales que planeaba usar, así que quizás por ello le llevaría más tiempo.

—Bueno... Nos vemos, entonces.

Se despidió el chico antes de tomar su abrigo, cobijarse con él y salir por la puerta sin decir más palabras.

Cross pensaba un poco en la actitud del chico, parecía ser muy recatado, algo que era fácil de descifrar apenas mirando su rostro, siempre tímido y perfecto.

Él suspiró imaginado el arduo trabajo que tenía de ahora en adelante, solo pensar en ello le agotaba en lo más profundo, pero debía admitir que el sentimiento de entusiasmo era mayor, le emocionaba tanto ser participe de ello, de ese proyecto tan alocado, algo poco visto a las afueras de Rosecoil.

Imaginó el reconocimiento que ello le traería, ser nombrado como aquel artífice que colaboró en un proyecto tan ambicioso, y quizás ser recordado por su trabajo, por fin ganando el reconocimiento por su trabajo y labor.

Suspiró con una mueca boba en su cara, se vio embriagado por las posibilidades, aunque solo eran eso, posibilidades que aún no se cumplían, sin embargo, ya podía tocarlo, ya podía sentirlo, su futuro estaba más cerca de lo que jamás imaginó.


Un par de ajetreados días pasaron, días donde tenía que atender a Dream, y asimismo conseguir todo lo que necesitaría antes de que se agotaran las piezas.

Apenas había conseguido el suficiente cobre de berilio para forjar nuevas piezas que recubrirían las piernas de Dream, no era mucho, era obvio que tendría que volver por más eventualmente, pero por el momento podría terminar de estudiar al chico y al mismo tiempo, darle forma a las piezas que ocuparía.

Esa tarde, el chico reposaba donde mismo, sentado sobre el escritorio ahora carecía de las partes de enfrente, precisamente del torso, finalmente tenía acceso a ver aquello que tanto anheló explorar en un principio.

Dentro parecía que sus órganos, o lo que alguna vez lo fueron, estaba recubiertos, como si solo los hubieran forrado, pero Dream afirmó que no era así, que eran nuevos, y cien porciento de metal.

Dejó a un lado su estómago, para subir la vista a sus pulmones, esa parte parecía estar diseñada para arden con fuego, pero ahora se miraba tan apagada. Lo que alguna vez pudo ser una “caldera”, ahora estaba tan fría y gris que le preocupaba. Y finalmente su corazón.

Tan pequeña estructura, intuyó apenas cabía entre sus dos manos, aún más brillante que el metal que cubría por fuera, y con pequeñas tuercas que imitaban el sonido del latido al moverse. Un mecanismo todavía más único y hermoso que todo su ser.

Embelesado por los nuevos descubrimientos, su mente divagó en sí misma imaginando que hubiera cambiado o mejorado desde el principio si tan solo Dream fuera creación suya.

Ya no quiso prestar atención en nada más, solo tomaba apuntes aún maravillado por lo que sus ojos veía. Cada día se reafirmaba más y más que Dream era el mecanismo más complejo y humano que haya podido ver nunca.

Incluso se sintió celoso de su creador. ¿Cómo era siquiera que lo había creado? ¿Fue completamente desde cero? ¿O quizás no lo fue?

Con sus manos recorrió el interior del chico encontrándose con aparatos que parecían imposibles, cables que iban de aquí hasta allá, que se conectaban con todo y que, de manera caótica, le daban completo sentido a la creación.

—Eres tan increíble... Tu estructura es imposible de recrear, y eso la vuelve tan hermosa y compleja. La gente se sentiría maravillada de ver lo que hay dentro de ti.

El chico se ruborizó. A pesar de estar halagando el trabajo de su creador, debía admitir que esas palabras le habían llegado, pues no siempre le daban cumplidos sinceros sin segundas intenciones.

—Ojalá fuese así... Pero ellos no serían capaces de comprenderlo con tanta simpleza como tú.

Dijo intentando regresarle el cumplido.

—Bueno, las personas siempre subestiman lo que no conocen, lo tachan e incluso maldicen, pero vale la pena intentar entenderlo por ti.

Dijo Cross devolviéndose para tomar un descanso, y sentando frente al chico, pudo ofrecerle una calmada mueca llena de confianza.

Quizás, y por primera vez en el tiempo que llevaba conviviendo, Cross jamás le había visto esbozar una sonrisa al contrario, y agradecía por fin hacerlo, ciertamente era lindo. Dream era más atractivo cuando denotaba un poco más de seguridad o confianza.


Era una noche helada.

Dream caminó por las calles en búsqueda del hogar de Cross, había tardando tanto en llegar ese día, y se sintió culpable por no poder avisar antes, tampoco había tenido la oportunidad de hacerlo.

Una parte de él se sentía terrible, la otra trataba desesperadamente de encubrirlo, la impotencia se albergó en su pecho y las lagrimas amenazaban con salir, pero no podía simplemente quebrarse a mitad de la calle, quizás estando en casa, pero antes debía pasar con Cross, ver que nuevas cosas tenía preparadas.

“Planeo venderte cuando estés listo, al fin dejarás de ser mi problema.”

Repitió esas palabras en su cabeza, le revolvían el estomago en asco. Al final de cuentas, después de tanto tiempo, esa era la manera en la que todos lo veían, un objeto más, ya no como una persona.

Apretó los puños, aún no era momento para vulnerarse, pues ya estaba parado frente al departamento de Cross. Tomando aliento intentando alejar esa presión dentro de él, llamó a la puerta un par de veces.

—Pase.

Dijo desde dentro. Al oír la afirmación, el joven entró encontrando a Cross como siempre centrado en su libreta.

Por un lado tenía sus apuntes, por el otro trataba de moldear unas partes de cobre, se le veía concentrado, y lo estaba, había aprovechado por completo el tiempo que estuvo solo para terminar las primeras piezas que necesitaría.

—Lamento haber tardado.

Se disculpó el chico mientras tomaba asiento sobre el escritorio y comenzaba a deshacerse de su ropa, ya tenía un poco más de confianza respecto a ello, ya no le importaba o le avergonzaba, sabía que Cross no lo miraba con esos ojos.

—No hay problema, Dream. Comenzaba a preocuparme.

Dijo devolviéndose al chico. Éste ya lo esperaba desnudo postrado siempre en el mismo lugar.

Según lo que Cross le había explicado con anterioridad, esa tarde habría de cambiar el recubrimiento de sus piernas, ya había engrasado el interior de estas un día antes y reparado unos cuantos cables que se notaban deteriorados, ahora solo cambiaría el cobre de fuera, trabajo simple para él.

Una vez con todas las partes listas, quitó el metal viejo con un destornillador, y fue acoplando pieza por pieza.

Tardó más de lo esperado, hacer que cada parte encajara y luego atornillarlo era complicado, más considerando que, extrañamente, cada que un tuerca entraba o salía del chico, le causaba molestias, y no quería agobiarlo con el dolor.

Por minutos miraba al chico, miraba como reaccionaba ante el cambio de partes. Dream por su lado miraba atento, otras solo apartaba el rostro intentando guardar el quejido de malestar, pero por dentro ciertamente estaba contento, desde que el trabajo con Cross comenzó, las molestias se habían reducido considerablemente, y a pesar de aún tener algunas más, ya no pesaban tanto como antes.

Hora a hora había pasado, los relojes marcaron más allá de la media noche, y por fin, una tercera parte del trabajo estaba completa.

El chico se levantó del escritorio y comenzó a sentir las mejoras de inmediato. El dolor al caminar había desaparecido, y el extraño rechinido que antes tenía también se había esfumado junto a la incomodidad. No solo eso había notado, desde antes Cross le había prometido que haría un grabado sobre el cobre, algo más decorativo, y él estuvo de acuerdo, sin embargo, no se le había permitido ver a detalle hasta por fin estar terminados. Finalmente al mirarlos pudo percatarse de que se trataba. Eran soles, relieves delgados en espirales dorados imitando su figura, tan finos y que brillaban con la luz de una manera fascinante, se sintió por primera vez asombrado de su propio ser.

—¿Qué te parece? Si quieres que cambie algo, puedo hacerlo, tardará quizás un poco, pero sé que el vejete lo entenderá.

Dijo arrancándole pequeñas risitas al joven. Desde hace rato había notado que la relación entre Dream y aquel hombre no era la mejor, sino que, quizás solo era unión por poder y nada más, algo tan vacío.

—No, todo está perfecto, gracias.

Agradeció mientras se miraba en un espejo de cuerpo completo cercano, intentaba apreciar a detalle todo lo nuevo, amaba tanto como con solo poca luz, los patrones parecían brillar como el mismo fuego. Miró todo con particularidad, sin notar que a sus espaldas Cross también miraba nuevamente embelesado por lo que sus ojos alcanzaban a ver.

Una mueca entre orgullosa y contenta se asentó en el rostro de Cross, amaba lo que veía, ver su trabajo cobrar vida, siendo modelado por el chico más hermoso que haya conocido, sin duda le llenaba el corazón.

Dream apenas notarlo se giró avergonzado, anunció que sería momento para irse aún lo mucho que le pesara volver a caminar solo por las calles, y más por la hora, la ciudad no se caracterizaba por ser la más segura por las noches.

—Ya es muy tarde ¿Alguien vendrá a recogerte?

Cuestionó Cross siendo negado por el contrario, eso lo preocupo un poco.

—Escucha, si no hay problema en ello, puedes quedarte esta noche.

—No quiero ser una molestia, Cross. Ya has hecho mucho por mi.

—¿Y qué importa hacer algo más? Quédate, insisto. Puedo prepararte algo de cenar, y puedes quedarte con mi cama, no me molesta dormir en el sofá.

Ante la insistencia, y el temor de que algo pudiera pasarle en la oscuridad de la noche terminó aceptando.

Cross se sintió contento, quizás podía ser lo que necesitaba para terminar de desvelar todos los secretos de Dream, no precisamente de él, sino de su cuerpo. Aún habían tantas incógnitas rondando por su mente, necesitaba verlo en un ambiente tan natural, donde no se sintiera presionado a comportarse como una maquina, donde no necesitara hablar de los cables rotos o los desprolijos sobre su metal, donde pudiera ser humano.

Tras prestarle ropa cómoda y tibia, dejó que el joven merodeara por su departamento mientras él preparaba algo ligero para cenar, algo simple, quizás un poco de pan con mantequilla y café, tal vez un poco de té para el chico.

Dream en su breve exploración por el lugar notó tantos relojes, unos silenciosos, otros no tanto, pequeños artefactos que no sabía para que servían, y uno que otro metal tratando de imitar a algún animal.

Curioso por esto ultimo, tomó un pequeño conejo de latón, estaba frío y pesado, parecía no tener vida, ser solo un objeto más. Rápidamente se vio reflejado en él, y su mente dejó que las comparaciones aparecieran.

¿Era así como la gente lo veía?

A pesar de aún mantener la sensibilidad en su ser, de aún poder respirar, y escuchar el latido de su corazón, se sentía tan muerto y vacío por dentro, justo como el pequeño animal que tenía entre manos.

—¿Te gusta?

Preguntó Cross a sus espaldas, sostenía un plato con pan en una mano y en la otra llevaba una taza de té caliente.

—¿Tú lo hiciste? ¿Por qué se ve tan apagado?

—Intenté que se viera con tanta vitalidad, como si fuera de carne y hueso, pero fallé en el intento, y bueno, no había vuelto a verlo desde entonces. Es solo una muestra más de mi fracaso constante.

Sonrió resignado, y el contrario bajó la mirada. Él no creía que Cross estuviera fracasando, aún en ese momento, ya lo había casi “curado”, y sentía que eso era un logro tan grande, haber podido comprender con facilidad un mecanismo que, a sus palabras, era imposible, tenía gran mérito.

—No importa, quizás gracias a ti pueda conocer la manera de traerlo a la vida, que no solo sea una maquina más del montón, y en caso de lograrlo, prometo darte parte de crédito.—suspiró—He de admitir que me inspiras, Dream.

Un sonrojo apenas notorio apareció en el rostro del mencionado, no sabía como tomarse aquellas sinceras palabras, solo pudo esbozar una sonrisa en lo bajo.

El rato pasó, ambos ya habían cenado, y el más joven se disponía a ir a dormir, mientras que Cross aún se quedaría repasando sus planes, quizás adelantando el trabajo que habría de hacer mañana.

—Descansa y ten dulces sueños, Dream.

—Igualmente, hasta mañana.

Respondió el chico antes de encerrarse en la habitación dejando a Cross solo en la sala.

Hora a hora pasó, y ninguno de los que se encontraban en ese departamento había podido conciliar el sueño.

Dream daba vueltas en la cama, su mente no le dejaba descansar siempre repitiendo esas palabras que tanto le estaban calando.

“Voy a venderte.” Aparecía en bucle la voz de ese hombre.

Se preguntó a sí mismo una y mil veces, cómo y en qué momento había caído tan bajo, tanto para ser considerado como una simple pertenencia, rebajándolo a un objeto, a algo sin sentimientos, sin voz.

Apretó las sabanas bajo él, el sentimiento escalaba haciéndolo sentirse agobiado, tan encerrado y sin escapatoria, necesitaba con creces salir a dar un respiro.

Cross por su lado, hacía rato que ya había parado con sus labores, ahora solo reposaba en el balcón mientras miraba el manto estrellado que la noche le ofrecía, se sintió decaído al ver que apenas era visible.

Estuvo pensando en lo que últimamente había ocurrido, en qué habría de dejarle luego de que este momento se terminara, quizás quedaría con nuevos y mejores conocimientos.

¿Qué habría de cambiar para él ahora? ¿Por fin podría convertirse en el inventor que siempre quiso ser? ¿Al fin sería reconocido?

Todos esos pensamientos los dejó ir tras un suspiro, no iba a angustiarse por eso en esos momentos, no cuando necesitaba tener la mente libre.

Se quedó ahí un buen rato, y cuando ya planeaba volver adentro para dormir, suaves pasos metálicos lo alertaron por la espalda.

Al girarse, ahí estaba de nuevo, aquella mirada tímida, esos labios apretados y ese esquivo al caminar.

—¿No puedes dormir?—preguntó y el chico negó de inmediato—Pfff, no te culpo, yo tampoco.

Agregó mientras tallaba su rostro y se recargaba nuevamente, ahora de espaldas, al barandal del balcón. Dejó que Dream se acercara a él hasta finalmente tomar lugar a su lado, recargándose de igual manera.

—¿Qué es lo que te mantiene tan despierto, Dream?

—No es nada...—suspiró, y cuando Cross creyó que no diría nada más, continuó—¿Alguna vez has sentido que no puedes huir de tu destino? Aunque lo intentes, siempre llegas a la misma conclusión, al mismo callejón...

—Ciertamente no, siempre he creído que todos tenemos más caminos que el obvio. Aún así, si quieres hablar de ello, te escucharé.

—No es serio, solo que algunas veces pienso que no puedo escapar de quien soy, de cómo me ven, y de lo que se supone que debo hacer. Ahora tengo que cumplir con un rol, o una tarea que yo jamás quise, solo por la naturaleza de mi ser. Aunque, ya que lo pienso—se detuvo envuelto en duda—no sé por qué te lo digo a ti, no son las platicas que los desconocidos deberían tener.

Dijo desahogándose por un momento, aunque no lo creía correcto, ya lo había hecho.

Tocó el metal de sus propias manos, como si odiara que estuviera ahí, como si extrañara lo que solía ser.

—Ya no somos desconocidos, Dream. Te considero un cercano, y ciertamente me entristece que tú no me consideres de la misma manera, aunque sé que tendrás tus razones. No quiero que me veas solo como tu “médico”, puedes considerarme como un amigo. Hemos pasado tiempo juntos, he visto todo lo que he podido de ti, así que no te sientas mal al intentar formar un lazo conmigo.—alegó—Y respecto a tu problema, tú mismo me lo dijiste alguna vez, eres más que solo metal, demuestra qué es lo que realmente tienes dentro, no solo esos engranajes, yo sé que eres más que eso, no estás obligado a cumplir un rol que no quieres, siempre puedes negarte a ello.

—Es más difícil de lo que imaginas...

—¿Es por él?

Dream giró el rostro, no había hablado del tema desde que todo el martirio comenzó, no había tenido la seguridad de hacerlo, y tampoco nadie nunca quiso escucharlo.

—Puede ser.

Respondió murmurando, no debía hablar de ello, podía meterse en problemas de hacerlo, aquel hombre era su dueño, si quería podía acabar con él, o podía darle una mejor posición, siempre y cuando Dream se mantuviera a raya.

—Es tarde, Cross... Es mejor que vaya a dormir, y tú deberías hacer lo mismo, trabajaste muy duro hoy, te mereces descansar.

Alegó mientras se separaba de su lado y emprendía camino hacia a habitación, no dejo que las palabras de Cross lo hicieran retroceder, no tenía palabras ya que decir.

El contrario por su lado, aún con dudas respecto a la situación del joven, solo dejó que él se fuera, quizás después habría de tenerle la confianza, o al menos eso esperaba.


Las tardes en Rosecoil se sentían tan vacías, pero nunca hacía falta aquel que iba en búsqueda de los servicios de aquellos que trabajan ahí.

Ese mismo día, Dream yacía desnudo debajo de las frías sábanas de seda, no aportaban nada de calor, incluso las consideró inútiles. A su lado, reposaba un hombre que no conocía, y que esperaba no volver a ver jamás, pero a pesar de ello, de los sentimientos guardados en su interior, se dejó consentir por él. Dejó besos cortos, vacíos, y tan carentes de afecto, que solo lo hacían sentir mucho peor.

El joven quería salir de ahí, aún le esperaba la sesión de trabajo con Cross, y no quería retrasarse como la última vez.

Algo atontado por el alcohol, se removió de la cama y buscó su ropa, no fue difícil encontrarla, desentonada con el frío color azul de las luces.

A su lado, aquel hombre copió sus actos, y comenzó a arreglarse para también irse.Ninguno de los dos compartió más palabras que las necesarias.

—¿Cuánto voy a pagarte?

—Solo cien.

Respondió desganado. Aún sin darle la cara, el hombre dejó el dinero frente al chico y finalmente salió de la habitación dejándolo solo.

De no ser por el compromiso que ya tenía con Cross, se hubiera echado ahí mismo a llorar de lo tan muerto que lo hacía sentir cada persona que pasaba junto a él, pero no podía, ya iba tarde.

Una vez pudo recomponerse y alejar todo sentimiento negativo de sí, salió de la habitación escuchando a lo lejos la voz de su eterno acompañante.

—Al fin decides salir.—alegó con tono fastidiado—¿Se te olvida que todavía tenemos que ir con aquel mecánico?

El joven negó.

—Bueno, pues date prisa.

Agregó mientras tomaba al joven del brazo y lo sacaba a rastras del local.

Subieron al auto caro del hombre, que ya los esperaba junto a su chófer, y partieron.

Durante todo el camino, Dream tuvo que escuchar los recurrentes alardeos del hombre, siempre recriminándole su actitud, defendiendo su perpetua postura de que el joven le debía todo.

Él apenas prestaba atención, ya había aprendido a fingir escucharlo y en realidad no hacerlo, habían pasado años donde tuvo el tiempo suficiente para perfeccionar aquello.

Los minutos pasaron, todo ese rato se contuvo, pues era constantemente bombardeado con regaños, ya no tenía las fuerzas para defenderse. Ya había aprendido que el silencio era su mayor virtud.

Finalmente el viaje había terminado, y juntos subieron al departamento de Cross, quién ya los esperaba entusiasmado.

Abrió la puerta emocionado por continuar el trabajo, pero al ver qué Dream estaba acompañado, cierta parte de esa emoción se esfumó.

Debía admitir que lo desmotivaba un poco, cuando eran solo ellos dos las cosas fluían mejor, y aquel tipo que lo acompañaba no hacía más que meter presión e incomodidad en los otros presentes.

—Adelante.

Dream como siempre repitió la misma rutina, desnudarse y sentarse sobre el escritorio en espera de las mejoras que Cross habría de instalarle.

El mencionado, por otro lado buscaba nuevamente sus apuntes viendo que era lo que tenía por hacer hoy. Leía con tanta calma aquella libreta que comenzaba a frustrar al compañero de Dream.

—Hoy comenzaremos con tu torso, arreglaré unas cuantas cosas de dentro, y trataré de darme prisa para cubrirte con el nuevo metal. ¿Está bien?

El joven asintió.

—Solo iré a buscar unas cosas, así que los dejo solos por unos minutos.

Agregó Cross para luego irse de la habitación a buscar unas cuantas partes que integraría.

Él ya había pensado claramente en qué haría, le devolvería si o sí el calor que tanto alegó el chico que ya no sentía dentro de si. Las calderas grises en su pecho volverían a tornarse de un rojizo intenso.

Mientras eso, los otros dos parecían charlar, no quiso prestar atención, no eran asuntos suyos, pero igualmente la curiosidad le hizo querer fisgonear entre sus asuntos.

—¿Comenzará apenas con el torso? ¿Cree que tenemos su tiempo?—refunfuñó molesto—Espero que ya le hayas dicho que necesitas que se dé prisa, tu comprador ya espera impaciente, te quiere a su lado lo más pronto posible, y no podemos dejarlo esperando, ya pagó por adelantado.

—Lo siento, olvide mencionárselo, solo pienso que él hace bien su trabajo a su propio ritmo, apurarlo quizás podría arruinar su arduo esfuerzo.

—¿Y desde cuándo tienes permiso de pensar? Esas nimiedades no me interesan, el trato está hecho, y más te vale cumplirlo.

Dream se tragó las palabras, no iba a discutir, no iba a alegar por si mismo ni por Cross, quizás eso haría enfurecerlo más, y sabía de las cosas que ese hombre era capaz de hacer molesto. No quería meterlo en problemas por su insolencia.

Una vez que las cosas se escucharon más tranquilas fuera, Cross salió de la habitación cargando una caja mediana con cosas que utilizaría.

Se acercó a ambos sintiéndose terrible de lo apenas escuchado. Solo se topó con la mirada baja y desolada del joven, él desprendía un hedor apenas perceptible a alcohol, pero lo dejo pasar, mientras tanto, su acompañante tenía la ira adornando su demacrado rostro.

En silencio comenzó su trabajo, terminó por desatornillar al joven de nuevo, midiendo unas cuantas piezas para saber si había hecho bien los cálculos, y finalmente intercambiándolas por las nuevas.

Ese trabajo duró horas, el hombre viejo se había tenido que marchar por asuntos de trabajo, así que el ambiente se había aliviado un poco, sin embargo, aún existiría una pequeña aura de incomodidad, creyó que era por el silencio del joven, ya se había acostumbrado a sostener pequeñas platicas con él mientras hacia su trabajo.

—Tomemos un descanso ¿Te parece bien?

Ofreció Cross mientras dejaba que el chico se cobijara con una bata que había comprado precisamente para él, Dream apreciaba el detalle.

—Si, gracias...

El joven se quedó un rato más sentado en el escritorio, estaba sumido en sus pensamientos, específicamente en aquel trato que su acompañante hizo con él, y el como ni siquiera se había tomado el tiempo de preguntarle si lo que hizo le parecía correcto.

—¿Está todo bien? Te ves particularmente más decaído que otras veces.

Pregunto Cross a sus espaldas, este preparaba un poco de té, ya le era costumbre, sabía que a Dream le gustaba, y luego de empezar a beberlo por él, comenzaba a tomarle gusto por igual.

—Si, lo está, no te preocupes.

—¿Enserio? ¿O prefieres no hablar de ello?

—Prefiero no hacerlo, Cross, lo siento.

El mencionado lo entendió y dejó de insistir, pero ciertamente le preocupaba verlo así, quizás jamás lo había visto tan serio.

Dejó que aquello pasara, y para cuando estuvo listo, ambos bebieron té en silencio, silencio que nuevamente tuvo que verse interrumpido por Cross.

—Respecto al trabajo, me temo que tendré que reemplazar unas partes de tu espalda baja, parece que el metal de ahí se ha doblado de más. ¿No has tenido molestias con eso?

Dream negó, al menos no se había dado cuenta de que efectivamente las tenía, quizás solo si pensaba en ello dolía un poco.

—Entonces hay que darnos prisa.

Mencionó el nombrado terminado de su sorbo su té y recostándose de nuevo en el escritorio.

Cross le siguió y retomó su posición frente al chico. Con desarmador en mano, se dedicó a quitar uno a uno los tornillos que mantenían el metal unido entre si, ya lo había hecho tantas veces, ya estaba maniobrando mejor la herramienta para causarle el menor dolor al chico, pero eso no habría de ser suficiente, al menos no esa vez.

Entre el silencio que se había formado, suaves quejidos acompañados de lamentos comenzaron a escucharse, Cross paró de inmediato y se aseguró que Dream estuviera bien, pero no, no parecía estarlo como él había prometido.

Con los ojos llorosos, el chico se dejó sentar y cobijar rápidamente por el contrario, a ello le siguieron sinfín de disculpas por ser tan brusco.

—De verdad lo siento, no esperaba lastimarte así, definitivamente pararé por hoy.

—No, no lo hagas—sollozó escondía un poco el rostro, no estaba acostumbrado a mostrarse así ante nadie—tienes que terminar el trabajo, yo estoy bien.

—No lo parece, Dream. Si necesitas que pare lo haré.

El mencionado esquivó la mirada preocupada del contrario, no era que realmente doliera lo que hacía, sino que había aprovechado ese pequeño dolor físico para finalmente desahogarse. Ahora tenía una manera de encubrir la verdadera razón de su llanto.

—Lo siento... Solo tuve una tarde difícil.

Recompuso mientras secaba las lágrimas que bajaban por sus pómulos, Cross quería ofrecerle confort, pero no se sentía tan correcto abrazarlo de la nada, solo tomó la fría mano metálica del chico y lo ayudó a bajar del escritorio.

Ambos terminaron sentados en el sofá, el llanto en Dream no parecía querer desaparecer, pero tampoco se agravaba, solo se mantuvo constante y casi silencioso.

—¿Quieres más té?—preguntó a falta de mejores palabras, pero el menor se negó—¿Escuchar un poco de música en la radio te haría sentir mejor?

Contrario a lo anterior, esta vez afirmó y tomó más cercanía con Cross, dejó que su brazo rozara el del ajeno. Quizás por dentro lo único que quería sentir era un poco de calidez.

La música leve y lenta sonó, ambos dejaron que la melodía reinará, no hubo más preguntas, no hubo más alegatos, solo suaves notas que internamente ayudaban al menor a sentirse un poco mejor.

Sin embargo, el vacío no desaparecía, y le agobiaba sentirse así, odiaba tener que soportarlo con la boca cerrada, sin decirle nada a nadie, sin pedirle nada a nadie. Aunque esta vez dejaría que sus impulsos le ganarán un poco, al final de cuentas, las bebidas que había tomado antes podían servir como una buena excusa para su repentina cercanía.

Con la cabeza llena de palabras que solo hacían más que herirlo, y los ojos lagrimeando aún más, se giró un poco, y dejó caer su frente sobre el hombro de Cross. Él se sorprendió por la cercanía entre ambos, pero no sabía cómo corresponder sin incomodarlo. Así que, una de sus manos solo fue a parar a la cabeza del joven, y la otra al hombro, ahora dejando que el chico se acomodara sobre su pecho y se aferrara levemente a sus ropas

Minuto a minuto pasó donde intentó reconfortarlo a través de suaves caricias, y al parecer, estaba funcionando, el llanto progresivamente se calmó hasta solo ser imperceptibles jadeos de aire.

Finalmente, tras casi diez minutos abrazados, Dream se separó, su mueca era más calmada, a pesar de tener las mejillas y la punta de la nariz más rosadas de lo habitual por el llanto, ya no parecía preocupado. Quizás eso le faltaba para sentirse mejor, algo de desahogo.

—¿Quieres ir a casa? Podemos seguir mañana.

—No... Si no tienes inconveniente, prefiero quedarme aquí un poco más.

—Para nada, puedes quedarte la noche entera incluso.

El chico asintió aceptando la oferta de quedarse por la noche, no quería verle más la cara a aquel hombre que le había arrebatado todo por simple capricho, no ahora.

—Gracias, Cross...


Los días que le siguieron al desahogo de Dream fueron mejores, ya tenían más confianza el uno del otro, aunque siempre permaneciendo con secretos entre ambos.

Esa misma noche, ambos estaban centrados en el trabajo. Cross había retomado aquella misión de cambiar los resortes en su espalda, ya estaba un poco más confiado de hacerlo, así que mantenía al chico recostado sobre la fría madera. El joven solo se mantenía atento a su alrededor, todo con tal de no pensar en la incomodidad que tenía al sentir cómo cambiaban y removían cosas dentro de él.

—Dream... ¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro, dime.

—Quizás sea demasiado entrometido, pero no pude evitar notar que tienes partes... ¿privadas? Y quería preguntarte si querías que las removiera.

Aquel cuestionamiento lo tomó por sorpresa. Era obvio que Cross habría de notar que él no solo era un cuerpo mecánico únicamente para decoración, sino que tenía ciertos usos, unos más sucios que otros, y ver qué el mayor se preocupaba al respecto, le hacía sentir un poco mejor.

—Oh, eso... Lo siento, no puedes, me quitarías el empleo.

Dijo esbozando una pequeña sonrisita, como si la broma le causara gracia, y aunque a Cross no le parecía tan graciosa, terminó por reírse envuelto en nervios.

—¿Entonces si eres uno de esos?

—¿De esos?

—Ya sabes, dedicados a satisfacer y servir.

Esas palabras le calaron, la sonrisa que tenía se le esfumó, le dolía que Cross tuviera la razón, era de esos, de aquellos que no servían más que para tener una cara bonita y estar a la disposición de quién pagara bien.

—Lo siento, no quería que mis palabras sonaran tan golpeadas.

—No, no importa. Está bien, de igual forma, tienes razón, lo soy, lo he sido desde hace años, y bueno, ya me he acostumbrado.

Respondió con una sonrisa apagada, no tenía nada más que decir de su empleo, más que era agotador.

—Lamento escuchar eso, imagino que una vida así no debe ser sencilla.

Recompuso girando el rostro, sentía que había incomodado al contrario, y ciertamente, le avergonzaba a si mismo la clase de preguntas que ahora tenía, aunque solo una se atrevió a dejar salir.

—Una última cuestión... ¿En verdad eres capaz de sentir... Placer? ¿No tienes que fingirlo, o autoconvencerte de que lo sientes?

—Estás muy interesando en mi esta tarde, eh.—dijo arrebatándole un sonrojo apenas perceptible a Cross, quién aún esquivando la mirada ajena, solo río en lo bajo intentando encubrir sus nervios—Si, puedo sentirlo, aunque es extraño, dejó de ser un sentimiento casi inexplicable, a ser una corriente eléctrica que llena de satisfacción. Tal vez no está tan alejado de lo que una persona normal siente, pero es muy distinto, estoy seguro.

—Vaya, si que eres interesante...

Respondió en tono quedo y ciertamente intrigado.

—¿Por qué esa voz? ¿No querías saberlo?

—Si, lo que pasa es que, con cada día que pasa, con cada cosa que me cuentas, no paro de pensar en lo maravilloso de tu ser. Eres más que una pieza mecánica, eres una obra de arte imposible. Creo que ya había dicho esas palabras, pero simplemente pienso que eres tan asombroso y fantástico a la vez...Quizás suene atrevido, pero daría la vida para que te quedarás a mi lado, y descubrir absolutamente todo de ti.

Un rostro ruborizado y un tanto avergonzado lo miraba decir todos aquellos halago, por primera vez en todo ese tiempo, sintió que alguien finalmente lo apreciaba como un todo, no solo como una máquina de satisfacción, no como una persona rota y sin reparo.

Se miraron unos segundos a los ojos, Cross sentía que le faltaba aire al respirar, y podía escuchar su propio corazón latiendo con fuerza en sus oídos, quizás estaba siendo demasiado sincero, pero tras convivir tanto tiempo junto al joven, admirando su belleza metálica, tanto como la humana, debía admitir que tenía sentimientos encontrados, y más fuertes de lo que imaginaba.

Dream por su lado, sentía como las palabras del contrario estaban rompiendo muros internos que había creado para protegerse. Por su trabajo, no podía permitirse sentir, al menos no por el miedo de encariñarse con alguien y este finalmente terminara por abandonarlo tras haber tomado todo lo necesario de él.

—A mi también me gustaría quedarme... Solo tú sabes verme por quien soy, y no sabes cuánto lo aprecio.

Respondió mientras le devolvía la sonrisa, quizás ya era difícil negar lo que crecía dentro de cada uno.


El trabajo era cada vez menos, quizás ya solo faltaban unos cuantos detalles antes de terminar con el chico.

Cross estaba parado frente al chico, mirándolo a detalle desde lejos, mirando lo bien que se veía el cobre sobre él, el brillo que irradiaba, y los patrones preciosos que ya iban desde sus brazos y pecho, hasta sus pies. Estaba tan orgulloso de lo que tenía enfrente, de lo que había logrado, y de ver la sonrisa de Dream al mirarse a sí mismo, algo que no había notado desde que llegó. Parecía por fin apreciarse, y vaya que lo hacía.

“Jamás me había visto tan bien...”

Pensó el joven mientras se observaba con tanta atención, dejaba que la luz le diera directo a él, amaba el reflejo tan claro, y los relieves tan bellos que se habían marcado en el metal.

Levantó el rostro, se chocó con la mirada fascinada de Cross, ambos se sonrieron, Dream tembló. Amaba el trabajo que había hecho con él a pesar de no estar aún terminado.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, esta vez no por algún pesar, sino que, se sentía tan bien consigo mismo, algo que llegó a considerar imposible con anterioridad, ahora era una realidad, y no podía creerlo.

Cross se acercó a él, y tomó su rostro entre sus manos, acarició levemente las mejillas con los pulgares arrebatándole risitas al joven.

Conforme el tiempo había pasado, ambos se hicieron m[as unidos, ya podían compartir su calor el uno con el otro, Dream siempre siendo el que buscaba aquella calidez, y Cross no habría de negársela.

—Te ves tan... Único.

Halagó el mayor mientras dejaba sus manos recorrer los brazos ajenos, el frío del metal dejó de existir, ahora su ser bombeaba tibio aire desde dentro que le ayudaba a calentar cada parte de sí. El chico agradeció internamente la atención del mayor.

—Gracias.

Río mientras se acomodaba para lo último que faltaba, dejaría que cambiará las partes de su cuello y hombros. Alzó el rostro y se dedicó a mirar al techo mientras sentía el frío metal del destornillador recorriendo cerca de lo que serían sus clavículas, dejaban cierto cosquilleo difícil de explicar, pero podía sentirlo, y de haber tenido piel, sin duda se habría erizado.

Cross quitaba con cuidado los tornillos, uno a uno fueron cayendo hasta finalmente dejar solo los alambres que lo sostenían, los cables que mantenían juntas las partes y el leve aire tibio que subía desde de su pecho.

El tiempo pasó tan lento, pero ninguno sintió el peso de las horas, solo siguieron el trabajo. Los movimientos que Cross hacia, el cómo manipulaba el metal, cómo hacia su trabajo perfectamente era tan armonioso, Dream por primera vez se vio cautivado por lo que las manos del contrario eran capaces.

Finalmente, cuando Cross puso la última pieza, tras la nuca del joven, dejó la mano reposando ahí, libero el aire que su pecho guardaba y se sintió orgulloso de finalmente haber terminado su más grande y ambicioso proyecto.

Se alejó levemente sin quitarle las manos de encima, apreció cada detalle de su trabajo, tan prolijo, tan perfecto, a pesar de manejar piezas tan pequeñas, no lo había hecho mal.

Dream por su parte, bajó solo un poco la mirada, aún manteniendo el mentón alzado, dejando ver unos ojos tiernos, y su mueca tan temple, ya no había rastro de aquel rostro tímido, solo una sonrisa cálida.

Había un toque de picardía en su mirar, quizás en realidad era emoción, no lo sabía a ciencia cierta, solo estaba seguro de tener una maraña de sentimientos envolviéndolo, sin saber exactamente cual era el mejor entre ellos.

Pero era verdaderamente llamativa para Cross, amaba lo que sus ojos veían, amaba ver semejante pieza de arte frente a él, ver lo tan vivo que se notaba, ver que lo imposible era posible.

El silencio reinó entre ambos, las palabras se sentían de más en ese momento, sin embargo, se sentían obligados a romperlo, como si al no hacerlo, las cosas quizás terminaran por apuntar a otra situación, pues ciertamente la cercanía entre ambos parecía acortarse sin que pudieran notarlo.

—Entonces... ¿El trabajo está por fin completo?

Cross asintió mientras caía en cuenta de lo tan cerca que ahora tenía al joven, podía sentir la cálida respiración chocar y encontrarse con la propia, y nuevamente respiró su olor, al que ya se había acostumbrado con anterioridad. Un perfume tan suave y a la vez embriagador, con notas a lavanda, y ese olor tan característico del aceite que había usado Cross.

—Supongo que es momento de que le llame y me vaya. Él te pagará la otra mitad apenas se entere de que estoy listo.

Dijo Dream mientras buscaba su ropa para vestirse. Cross lo miró desanimado, no quería que el chico se fuera, al menos ya no. Tantas cosas habían cambiado desde que lo vio por primera vez. Ya no se sentía incomodo a su lado, las cosas junto a él fluían tan fácilmente, quizás de una manera que jamás había experimentado con ningún otro, sentía la obvia conexión con el chico, sin embargo no sabía si era reciproco, o si solo era gratitud lo que Dream sentía por él.

—¿Planeas irte tan pronto?

—Bueno, ya he sido una carga durante un buen tiempo, imagino que ya esperas volver a tu vida habitual junto al dinero que ganaste por esto.

—No, en realidad, ya no quiero eso. Agradezco el dinero, si, pero no quiero que esto sea solo un trabajo más, al menos para mi, fue más que eso.—se sinceró arrebatándole el aliento y las palabras al chico—Si no tienes inconveniente, quédate esta noche, quizás sea la ultima vez que pueda verte de nuevo. Para serte sincero, no quiero dejarte ir así como así. Celebremos esto, por tu nuevo ser y por mis nuevos aprendizajes ¿Qué dices?

Un pequeño festejo, algo solo de ambos, algo pequeño e intimo, no podía negarse a ello, no considerando que era la primera vez que alguien hacía algo así por él.

Tras asentir, dejó que el chico se vistiera y juntos comenzaron a pensar que hacer. Una pequeña cena, algo más preparado, no solo los típicos refrigerios a los que estaban acostumbrados a comer juntos, quizás un poco de vino, música y sobre todo, descanso.

Nuevamente el tiempo pasó, ésta vez con velocidad. Mientras Cross cocinaba algunas cosas que encontró en su refrigerador, y esperaba a que la botella vieja de vino terminara de enfriarse, Dream lo miraba desde la sala.

Pensaba en tantas cosas, ante todo en el trato al que estaba atado y debía cumplir. En pocos días habría de marcharse de Amberforge, y no sabía si regresaría, eso le hizo temer, era su ultima oportunidad para escapar de aquel abusivo hombre, pero si no estaba con él, no tenía a nadie más. Sin embargo, en su mente apareció Cross, él siempre estaba cuando nadie más lo hacía, aún incluso que su lazo comenzara como un simple servicio nada más.

Se sintió terrible ante la idea de no volverlo a ver, fue quien más consuelo y ayuda le brindó aún a pesar de apenas conocerse, y no habían palabras suficientes para agradecérselo. Solo esperaba haberle sido de igual ayuda a él, ya fuera de una forma diferente, expandiendo sus conocimientos, ayudándolo a mejorar sus capacidades, un apoyo distinto al recibido pero que no era menos importante.

No quería irse, no quería perderse de todas esas cosas que jamás había experimentado, no quería someterse a la voluntad de nadie más, y más que nada, no quería dejar a Cross.

Su rostro se adornó nuevamente de un semblante decaído, pero no debía dejar que aquellos pensamientos arruinaran su noche, debía disfrutar lo poco bueno que al fin estaba teniendo en su vida.

Finalmente pudo despejar su mente tras apercibir el aroma tan delicioso que la comida de Cross desprendía, parecía hacer cocinado algo de carne, y un poco de pasta con mantequilla, olía más que estupendo.

—Ya está todo listo, acércate para comer, Dream.

Con sonrisita en el rostro se acercó al contrario quien ya estaba sirviendo todo, y se sentó frente a él.

El olor apenas tener el plato de frente le inundó las fosas, y de inmediato abrió su apetito ¿Cómo? Ni él mismo podía explicárselo, quizás extrañaba la comida verdaderamente casera, Cross parecía tener también un don para la cocina.

Tras agradecerle por la comida, tomó un bocado con el tenedor y no dudó antes de comerlo.

Impresionado por la explosión de sabores en su boca, siguió comiendo con más emoción, Cross lo miró con una mueca entretenida viendo como el chico disfrutaba cada pedazo de comida y cada sorbo de vino que probaba.

Durante eso, pese que ambos no acostumbraban a las platicas durante las comidas, más que nada por la constante soledad en sus vidas, no los detuvo de intercambiar una que otra palabra durante la cena.

—Esto está delicioso ¿Dónde aprendiste a cocinar así?

—Bueno, mi hermano me enseñó un poco de ello, él es un genio en la cocina, desafortunadamente no comparto el don, aunque soy bueno en otras cosas, como ya debiste verlo.

—Si, eres talentoso en lo que haces, me sorprende demasiado que, a pesar de ello, no estés en un lugar más alto, definitivamente lo mereces.

—En realidad no creo merecerlo, es decir, tantos años intentando crear algo que valga la pena, algo nuevo, y siempre fallo en el intento. En caso de ascender, de tener una mejor posición, sería cuestión de tiempo para volver al lugar de donde empecé.

Habló en tono abatido mientras miraba todas las baratijas de su hogar, nada parecía convencerlo del gran potencial que tenía, y ese siempre había su más grande complejo, subestimarse a sí mismo.

—Creo que tienes un gran futuro esperándote, lo tienes todo, talento, carisma, pasión... Si sirve de algo, Cross, háblales de mi, ignora lo que él te dijo, cuéntales lo que fuiste capaz de hacer conmigo, quizás pueda ayudarte a construir un mejor camino para ti.

Con sonrisa en rostro, dejó que una de sus manos se enredara con la de Cross, este lo miró sonrojado, una mueca llena de sorpresa, y quizás uno que otro sentimiento mezclado.

Consideró todo lo que había cambiado ya nuevamente, esa confianza que había creado con el chico, y el como le dolía tan profundamente saber que en cualquier momento se iría. Quiso preguntarle, saber qué sería de él, si haría algo al respecto, pero no quiso agobiarlo con ello, tampoco quería arruinar el tan tranquilo ambiente que se había formado.

—Lo haré, Dream, gracias.


La madrugada había golpeado con tanta rapidez que dejó a los presentes algo atontados, el paso de las horas les resultaba indiferente, al menos, ya con media botella de vino encima, era lo de menos.

Las calles anunciaron un gélido clima y silencio sepulcral, pero dentro del departamento las cosas eran tan distintas, bajo la luz cálida de dentro, lo tibio del aire dentro de este, y la música un tanto animada, los presentes se divertían como hace tanto no lo habían hecho.

Cross bailaba entre pasos atolondrados que lo hacían verse gracioso, Dream lo miraba entre risas acurrucado en el sofá mientras seguía bebiendo de su copa de vino. Lo animaba a seguir haciéndolo, y fue en una de esas porras, que Cross tomó al chico por las manos y lo atrajo a sí mismo.

Un abrazo los unió al principio, eso por los pasos torpes que habían hecho tropezar al joven, afortunadamente no tuvo ni siquiera la preocupación de caer, Cross no iba a dejar que lo hiciera.

Sentía sus mejillas arder producto del alcohol, y sus manos temblaban levemente mientras se sujetaban de los hombros ajenos. Sentía las ajenas ir por su cintura sosteniéndolo con seguridad, mientras que a la vez lo guiaban siguiendo la melodía, que ahora, convenientemente, era un poco más lenta.

Dream se dejó mecer de izquierda a derecha tratando de seguir a Cross, cosa que le era difícil, los tragos ya habían adormecido un poco de sí, y mantenerse firme era una tarea complicada, así que solo se acercó más a él, sino que completamente se pegó, recargando su cabeza sobre el hombro de Cross con tal de mantenerse estable.

Así pasaron unos pocos minutos envueltos en risas, los pasos dejaron de tener sentido en cierto momento, ambos estaban igual de tomados, y ambos eran pésimos para beber, ninguno de los dos estaba acostumbrado a hacerlo.

Cuando la música por fin paró, Cross alegó necesitar un poco de aire, y aquello terminó por llevarlos al balcón. Apenas abrir la puerta a este, el frio caló rápidamente en el cuerpo de ambos, siendo Dream el más afectado por ello. Rápido buscó calidez en su cercano.

Nuevamente sujetaba el cuerpo del chico entre sí, sentía la suave respiración de Dream a su costado, y los brazos ajenos lo envolvieron suavemente mientras se sujetaban a su espalda, las manos propias también estaban sobre el otro, una acariciando el tan sedoso cabello rubio del chico, y la otra en su cintura tocando por momentos el cobre que sobresalía de su holgada ropa.

“¿Por cuánto más tiempo estaremos así?” Se preguntó Cross para sus adentros, no en tono de que le desagradara, sino, con temor de que el tiempo no fuera el suficiente para tenerlo un poco más a su lado.

Apenas recordar aquella charla que había escuchado entre el acompañante de Dream y éste mismo, había estado temiendo el momento en el que tuviera que irse.

—La luna está particularmente más bella esta noche ¿No lo crees? Me recuerda un poco a ti.

—¿Por qué?

—Es tan brillante, e inspiradora. Hermosa en pocas palabras.

El rubor en el rostro del chico se hizo todavía peor, pero el mayor no podía verlo, solo rio para sus adentros apenas sentir el latido más fuerte y constante del chico, inconscientemente lo había puesto nervioso.

—Luego de esta noche, Dream... ¿Qué será de ti?

Esa pregunta tomó a Dream por sorpresa, no había querido tocar el tema con él, más que nada porque saber que se iría ya le causaba bastante agobio a sí mismo, no quería preocupar a Cross con esa clase de temas, aún sabiendo que ni él, ni el contrario podrían hacer algo para evitarlo.

—Seguiré con mi rutina... Estaré bien.

—No suenas muy convencido. ¿Cómo puedo confiar en que verdaderamente lo estarás?

El menor suspiró, tal vez ya era momento de abrirse al respecto, hablar con alguien de confianza como Cross, que siempre le ofrecía el consuelo que tanto necesitaba, quizás era lo que le hacía falta para sentirse un poco mejor.

—Cross, ni siquiera yo estoy seguro de que lo estaré... Él hizo un trato con alguien, y ahora le pertenezco, quizás de por vida. Ya no puedo huir aún lo mucho que lo desee, él me encontraría eventualmente.

Explicó separándose de él.

Con mirada baja se acercó hasta el barandal y apreció la ciudad desde lo alto, por dentro sentía como la libertad se le escapaba por entre los dedos, no había mucho que hacer, corrección, no había nada que hacer por él.

—A pesar de ello, siento que algo bueno me trajo esto. Él ya planeaba hacerlo, pero por mis desprolijos no había podido concretar trato alguno. Es por eso que te buscó, no porque realmente le importara si yo me sentía mal, sino solo para arreglar la mercancía rota. Ahora puedo decir que estoy reluciente, vuelvo a sentirme vivo, vuelvo a apreciarme, y todo gracias a ti. Tú eres lo único bueno que he tenido en años.

Las palabras tan dulces y a la vez crudas de Dream le habían llegado hasta lo más profundo de él, no podía imaginar el infierno que seguro le deparaba sin querer sacarlo de ahí, aún ofreciéndole un buen trato al hombre que le hizo eso, sabia que no había manera de quedarse con Dream, de salvarlo, sin embargo, aún podía intentarlo.

—Yo... Cuando dije que daría todo por ti, no mentía. Quizás si hablo con él podría cambiar algo-

Dream interrumpió.

—No funcionará. Lo conozco, nunca se retracta, si el trato está hecho, pues lo está. No hay algo que podamos hacer.

Agregó mientras se giraba hacia Cross, lo miró calmadamente, como si lo que fuera a pasar no le estuviera afectando desde hace ya tanto tiempo.

—Entonces prométeme una cosa—el chico ladeó la cabeza en señal de duda—Si algo sucede, si necesitas a alguien, estaré para ti, quiero que estés seguro, y me apena tanto no poder hacer más por ti, así que, no dudes en volver, o buscarme. Siempre serás bien recibido en mi hogar.

Sintió los ojos llorosos nuevamente, no quería dejarse ganar por el sentimiento, no ahora que la estaba pasando tan bien, pero debía admitir que sus palabras estaban llegando más profundo de lo que esperaba.

Pocas veces alguien se preocupó así por él, no muchos habrían de tenerle la misma consideración siendo una maquina, ni siquiera imaginpaban que pudiera tener sentimientos en primer lugar, pero no era así, los tenía.

—Ven...

Susurró a sus espaldas, y apenas notar a Dream girándose hacia él, extendió sus brazos esperando sentirlo cerca una vez más. Y así fue, el chico con lagrimas corriendo por sus mejillas se lanzó a Cross.

Las manos del mayor acunaron el rostro ajeno, y con los pulgares limpió las gotas que caían, Dream intentaba con fuerzas aguantar el llanto, pero la dulzura de Cross siempre podía más con él, apenas podía dedicarle una mirada tranquila, sabiendo que por dentro, todo estaba desmoronándose.

Sin embargo, Cross le transmitía una calma única, con una mueca temple, y suaves caricias en el rostro pudo reincorporarse, sabía que a su lado, por el poco tiempo que le quedaba cerca de éste, todo estaría bien, y tendría un momento de paz.

El silencio los comió vivos, así como los segundos que pasaban tan lentamente, Dream reía un poco por las atenciones, eso era lo que Cross quería lograr, que dejara atrás ese sentimiento de tristeza, y afortunadamente lo había conseguido.

Una vez mejor, el chico levantó el rostro que con tanto recelo escondió en una mirada baja, miró el rostro de Cross unos segundos y el mencionado correspondió el vistazo.

“Bajo la luz de la luna, él se ve tan hermoso.”

Pensó Cross mirando el brillo que emanaban los ojos de Dream, y el leve destello de las partes de metal que sobresalían de su cuello, amaba el color marrón del cobre y como contrastaba con el pálido de su suave carne. Admiró el rosado de sus mejillas, o sus labios semiabiertos, y una sensación le recorrió la espalda, ahora lo tenía claro, verlo así, siendo tan abierto, ser el único en ver ese lado que Dream mantuvo oculto por años, le hizo tener sentimientos por el chico, pero no se atrevía a decírselo, no por temor a ser rechazado, sino que, no quería ser correspondido para que luego aquel chico se fuera. No podría lidiar con ello.

Aún así, se sintió tentado a demostrarle el cariño que le tenía, esta vez no con palabras, no con abrazos, quizás eso no era suficiente, pero proceder con la idea que tenía en mente era un tanto arriesgado, un acercamiento como el que tanto anhelaba podía poner incomodo al chico.

Dream lo notó, claro que podía hacerlo, pues Cross no solo no despegaba las manos de su rostro, sino que bajaron lentamente a su cuello, y no podía faltar ese leve acercamiento. Imaginó lo que estaba a punto de pasar, y no podía negarse, más bien, no quería hacerlo, pues en su pecho, albergaba el mismo sentimiento que Cross escondía, ambos lo hacían.

Una respiración suave y cálida lo atrapó al instante, estaba tan cerca, podía sentir la mirada de Cross sobre su boca, así que, preparándose para lo que siguiera, cerró los ojos esperando el calor de los labios ajenos sobre los suyos.

Pero eso no pasó.

Un nudo se albergó en su estomago apenas sentir que el pequeño beso, que esperaba fuera a parar a su boca, terminó sobre su frente. Aunque se lamentó un poco no poder besarlo, porque moría de ganas por hacerlo, aquel dulce roce lo había llenado por completo. Nunca imaginó tal gentileza, nunca nadie se la había ofrecido, y esto solo hacía que se reafirmara que Cross no era cualquiera.

—Creo que ya es muy tarde... Deberíamos ir a dormir, estoy muy ebrio y me está costando un poco seguir despierto.

Dijo Cross mientras por fin se separaba del chico, y tomaba camino hacia la sala dejándolo detrás de sí. Dream no pudo alegar, no podía hacerlo, pero deseaba con tanto ardor decirle algo.

—¿Vienes? Hace frío afuera.

Aún en silencio, caminó hacia dentro, sus manos cosquillearon apenas sentir la necesidad de detener a Cross, de decirle que no quería irse así, no con las cosas aún dentro, sin poder externarlas, o sin saber qué era lo que él opinaría. Pero creyó que no era lo mejor, no al verlo tomando su lugar en el sofá.

—Espero que no te moleste si no te acompaño a la habitación, Dream, estoy cansado, así que, descansa, y espero verte aún por la mañana.

Él asintió con la mirada baja, algo desanimado solo optó por despedirse e ir a la habitación. Quizás solo le hacía falta descansar.


Habría pasado ya su tiempo desde que ambos fueron a dormir, pero parecía coincidencia que ninguno de los dos pudiera conciliar el sueño.

Cross estaba inquieto, pensando en lo que pudo ser aquel roce, en lo que pudo haber terminado, y en lo que pudo haber dicho sin siquiera hablar, pero se había acobardado al ultimo segundo. Más que nada, temió que Dream pensara que, al final, lo único que quería como recompensa de su arduo trabajo, fuera él, y los placeres que pudiera hacerle descubrir, convirtiéndose en todos aquellos que pasaban por las habitaciones de Rosecoil junto al joven, así que solo se decidió por algo más simple, y tal vez críptico.

Aún, a pesar de querer ser gentil con él, una parte de sí le pedía con fuerza que fuera hasta la habitación y lo besara, al fin y al cabo, sería la primera y única vez que podría hacerlo. Pero nuevamente se acobardaba apenas pensarlo.

Temió estar así toda la noche, sin poder descansar, porque temía que el chico se fuera sin siquiera despedirse, solo para hacer las cosas más llevaderas entre ambos, y aunque quizás eso pudiera ayudarlos a desprenderse más rápido el uno del otro, no quería que las cosas fueran así.

Su cabeza daba vueltas entre escenarios varios, unos un tanto más felices, otros que si por alguna razón sucedían, no podría superarlo jamás. Estaba tan sumido en sus pensamientos, en la figura mental de Dream estando dentro de todos ellos, que apenas se percato que él realmente estaba en la sala.

—¿Cross, aún estás despierto?

Susurró el chico, su voz suave inundó rápidamente los oídos de Cross haciendo que por instinto volteara.

Apenas mirar a Dream, intentar averiguar qué pasaba, su corazón se contrajo, las entrañas le ardieron en nervios y su cabeza terminó por aclararse.

Sobre el pasillo, aquel chico yacía parado, completamente desnudo como siempre lo estaba, su pelo suelto le cubría apenas los hombros, y la mueca tan calmada que poseía atrajo al contrario. Había algo diferente ahí, Cross lo notaba, no era algo físico, algo que literalmente pudiera verse, sino que, podía sentirlo.

Se quedó en silencio, ninguno de los dos podía dejar salir las palabras, sin embargo, una lenta caminata comenzó por parte de Dream, quien se acercaba, casi provocativamente, hacía Cross.

“¿Qué está intentando?” Pensó, pero no podía decir nada, no al verlo parado frente a él, tan cerca que era tentador ponerle las manos encima, y tocar lo tibio del cobre, o llevar los dedos entre los surcos de los soles grabados en él.

—Creo que es justo... Que goces de tu creación.

Masculló, y con ternura tomó las manos libres de Cross solo para terminar poniéndolas sobre sí mismo.

Eran obvias sus intenciones, quería que Cross lo tocara, quería que fuera él quien le hiciera sentirse vivo durante el acto, no como un simple juguete vacío. En realidad, quería que Cross fuera su todo en ese momento.

El contrario no tenía palabras, no sabía ni siquiera como reaccionar, aún el alcohol lo tenía demasiado adormecido, pero el ardor estaba presente, era como una sensación que necesitaba ser saciada, pero no quería caer en sus bajos instintos, aún lo mucho que Dream le incitara a hacerlo.

Sin embargo, ahí estaba esa sonrisa, esa mueca temple y calmada que tan bien lo hacía lucir. Cross estaba tan cerca de su límite, solo hacía falta tan poco para que se dejará llevar.

—Hazlo, te lo pido.

Susurró aún más cerca, las palabras chocaron en los labios de Cross, aún podía percibir el aroma del alcohol que bebieron sobre su boca, y era tan adictivo.

Quizás fue ese incentivo, quizás fue el vino en su sistema, pero finalmente dio rienda suelta a sus impulsos.

Con rapidez, acortó la ya mínima distancia entre él y el chico, besó con ardor los suaves labios ajenos, y éste no se negó ante tanto entusiasmo, al contrario, terminó por quedar a la altura de Cross, y ágilmente se dejó caer sobre el sofá, solo para que el mayor pudiera estar sobre él.

Así le siguieron minutos llenos de besos feroces, jadeos y murmullos perdidos en el silencio, y manos inquietas que no podían mantenerse en un solo lugar.

Pero había algo más.

Cross comenzaba a retractarse de la situación en la que se encontraban. Se repitió mentalmente, y cada vez con más fuerza que él no sería como todos aquellos que usaron a Dream para sentirse mejor, llenar un vacío, o solo mera diversión. Pero le costaba tanto despegarse de él, más ahora que se complacía de la cercanía ajena, de su tibieza, de su ser. Había que admitir, que había estado sintiéndose solo desde hace ya un tiempo, y ésta clase de roces lo estaban llevando al desespero.

—Lo siento... No puedo.

Susurró apenas tuvo la oportunidad. Dream no le insistió, dejó que nuevamente se alejara aún lo triste que le ponía aquello.

Imaginó que tenías sus razones para negarse, pero no quería que las cosas pararan simplemente ahí.

—¿Qué pasa? ¿No quieres hacerlo?—cuestionó, y Cross negó, aún estaba aquel dilema taladrándole la mente, y no quería hacer las cosas más incómodas—¿Hay algo de malo en mi? ¿Es por mi trabajo? ¿Te desagrado?

—¿Qué? No, Dream, nada de eso. Es solo que, no tenemos por qué hacerlo, no quiero hacerte esto. Imagino que debes estar cansado de acostarte con alguien, para no volver a verlo después, y no me gustaría ser parte de ello. Te deseo, eso está claro, pero hay tantas formas de demostrarte lo que siento, y esto, no es algo que quiera que recuerdes de mi.

El rubio giró el rostro, parte de sus palabras tenían razón, y no había podido pensar en ello antes, solo quería saciar ese sentimiento reprimido, y sentirse amado en el proceso.

—Claro, lo siento... Supongo que iré a vestirme.

Decaído intentó levantarse, esperaba que Cross se quitará de encima, pero al parecer, no iba a hacerlo.

—Quédate así, tu desnudez me resulta tan poética, que esconderte debajo de esas prendas, es casi como un insulto, así que, déjame apreciarte más tiempo, solo si estás cómodo con ello.

Sonrió, acarició el metal liso y tibio de sus hombros, dejo que sus yemas bajaran entre caricias por sus brazos hasta finalmente sostener sus manos. No pudo evitar llevarlas hasta su boca, donde fue dejando cortos besos por sobre éstas.

Dream ruborizado solo asintió levemente a la petición del contrario, no le incomodaba en lo mínimo mostrarse así, no cuando él ya había visto todo de sí con anterioridad, y jamás lo miró con otros ojos que no fueran de admiración.

—Si no quieres que lo hagamos... ¿Aún podemos besarnos?

Preguntó tímidamente con la mirada baja, deseaba más de la calidez que los labios de Cross le hacían sentir.

No hubo respuesta con palabras para ello, solo de nuevo aquel acercamiento, ésta vez fue lento, quizás con menos desespero, menos pasional, aún así, existía ese sentimiento de deseo atorado en la garganta de cada uno, si sería una sesión de solo besos, seguro tardarían en disipar dicha sensación.

Nuevamente el tiempo los consumió, no podían saber si habían pasado horas, o solo pocos minutos, tampoco les importaba aquello, pues recostados, y apenas pobremente cobijados uno frente al otro, se arrebataban dulcemente los suspiros.

Dream reía por momentos, sin duda amaba la dulzura de Cross, este por su parte, iba lento con cada caricia que dejaba, ya fuera uno que otro desliz con sus dedos sobre la cintura del chico, subiendo y bajando hasta donde sus brazos pudieran llegar, abarcando todo el cobre que pudiera, y siguiendo los espirales sobre el metal.

—Cross. ¿Qué es lo que sientes por mi?

Aquella pregunta tomó por sorpresa al artífice, no esperaba que se le fuera a cuestionar nada al respecto, al menos no tras intentar ser lo más directo con sus actos.

—Demasiadas cosas... Te admiro en gran medida, te quiero como si nos conociéramos de toda la vida, te anhelo como si jamás te hubiera tenido, te deseo tanto que siento que mi cuerpo arde por completo cuando estoy a tu lado, y creo que te amo sin razón aparente.

Una oleada de sentimientos envolvieron a Dream, los ojos nuevamente se llenaron de lágrimas. ¿Cuántas veces más habría de llorar esa noche?

Se sujetó con aún más fuerza al contrario. Ya lo tenía claro, quería que fueran él y Cross por toda la vida, y le desalentaba tanto tener que marcharse imaginando que no habría de volver.

—Quiero que te quedes conmigo durante toda la noche, hasta que no pueda olvidar la sensación de tu piel sobre mi cobre, por favor...

—Lo que tú me pidas, Dream.


Los rayos de luz del alba finalmente traspasaban las cortinas blancas del balcón, y terminaban su trayecto justo en el rostro de Dream. Él fue el primero en despertar.

Con un ligero dolor de cabeza, imaginó que por el alcohol, se removió sobre el sofá sintiendo que detrás de él estaba Cross, abrazándolo como si no quisiera dejarlo ir.

El chico pensó que era lindo, como a pesar de estar dormido, aquel deseo permanecía en él.

Con lentitud, sin querer despertar al contrario se levantó del sofá, aún se sentía adormilado, probablemente ni siquiera había podido dormir bien por pensar en lo sucedido anoche, pero no se quejaba. La había pasado más que bien.

Sus pasos resonaron levemente entre el silencio matutino, ahora solo buscaba su ropa por la habitación que no había utilizado, estaba desperdigada por todo el suelo anunciando que había quitado cada prenda con desespero.

La tomó esperando vestirse rápido, porque ciertamente planeaba irse ya.

Las despedidas nunca fueron lo suyo, y no quería comenzar con ésta, no quería lidiar con el desapego ni mucho menos con el dolor que éste traía, así que, irse en completo silencio era su mejor opción. Quizás solo dejaría una nota sobre la mesa, y esperaría que tras su venta, el hombre que tanto odiaba terminara de saldar su cuenta con Cross.

Suspiró una vez listo, no quería irse, de verdad que no quería hacerlo, pero debía hacerlo, antes de que las cosas se pusieran más difíciles, ya tenía suficiente con la terrible sensación en el pecho.

Con un pequeño papel en mano, y un bolígrafo que encontró por ahí, apenas escribió.

“Gracias por todo, te lo debo.

Con amor: Dream.”

En realidad, él no era bueno en muchas cosas, hablar tampoco se le daba bien estando sobrio, así que no tenía las palabras correctas para comunicarle su gratitud, solo habría de estar eternamente en deuda con Cross, y con eso le bastaba a sí mismo.

Una vez dejó la pequeña nota sobre la cama ya hecha, caminó con lentitud por el pasillo y luego por la sala, solo para darse cuenta que Cross ya no estaba sobre el sofá, y parecía estarlo buscando con la mirada.

—¿Planeabas irte sin decírmelo?

—Lo siento...

—No te culpo, las despedidas tampoco no son lo mío.

Sonrió como manera de despejarlo de su pena. Terminó por acercarse al chico y lo envolvió con sus brazos solo un breve instante.

Los recuerdos de la noche anterior los atacaron a ambos apenas estar de nuevo cerca, Dream se sentía tan abatido por tener que irse, Cross aún esperaba poder compartir una última taza de té con él.

—¿Quieres desayunar?

El contrario negó. Consideraba que ya era tarde, hacía rato no sabía del hombre que siempre lo seguía como su sombra, y temía que hubieran represalias por haber desaparecido un día entero.

—Perdón, aún no sé cómo hacer que te quedes un poco más.

Declaró Cross consternado. Tras lo de anoche, tras sentirse así de cerca con el chico, ahora no quería dejarlo ir nunca, pero de tener que hacerlo, quería disfrutar cada último segundo que tuviera a su lado.

Lo miró con el mismo semblante decaído que ya poseía Cross. No sabían exactamente como proceder, y el joven comenzaba a dudar de si irse en ese momento era lo mejor.

—Aunque, si quieres que te deje ir, adelante, la puerta está abierta.

Sonrió en un intento desesperado de alejar la tristeza que lo estaba consumiendo. No podía dejar de pensar en lo que le deparaba al chico, ni menos en lo tan poco que podía hacer para liberarlo de ese trato.

—Creo que puedo quedarme un rato más. ¿Puedes preparar un poco de té?

Con una sonrisa aún más sincera asintió y fue la cocina acompañado del chico. No se le despegaría ahora que podía no hacerlo.

El agua rápidamente hirvió, pero entre leves arrumacos apenas podían notar la tetera chillando. Hubieron besos cortos y un poco más animados que los de anoche, ya no se sentían tan cansados después de todo, y ciertamente, una vez que Cross probó lo dulce de los labios ajenos, no quería dejarlos descansar ni un minuto más.

Una vez el té servido, tras haber tenido que interrumpir sus mimos, comenzaron a beberlo.

Siempre hubo algo reconfortante en tomar el té a su lado, no sabía el por qué, si era por la calidez del líquido, por el sabor tan bueno de éste, o quizás ninguna de las dos opciones, tal vez podría ser por el simple hecho de tomarlo acompañado.

—Cross, anoche no tuve el tiempo para hablar de ello, pero agradezco mucho tus palabras. Me resulta curioso cómo siempre sabes que decir, o cómo hacerme sentir mejor, y creo que no había tenido algo así desde que me convertí en esto.

—No es nada. No tenías por que lidiar con aquello solo, simplemente creí que un poco de palabras reconfortantes te harían bien, finalmente, todos siempre necesitamos escucharlas.

—Gracias por eso...

Envueltos en un abrazo tras haber bebido todo el té, dejaron que el tiempo pasara, sin preocuparse por ello, sin pensar en las consecuencias de dejarlo correr, ahora solo eran ellos.

Hasta que el destino terminó por alcanzarlos.

El timbre sonó varias veces, ambos imaginaban quién podría ser, y tras escuchar murmullos molestos con tono senil, se convencieron de que era aquel hombre.

—Supongo que es todo... Es una lástima, Dream. Abriré la puerta mientras tú puedes traer tu abrigo.

Indicó Cross mientras se separaba del joven y tomaba camino hacia la puerta que era golpeada incesantemente, estaba cansándole un poco el repetido sonar de ésta.

Sin embargo, las manos de Dream lo detuvieron.

—Espera... Aún no lo hagas, no quiero que él nos vea así.

—¿Así cómo?

Trató de cuestionar Cross sin imaginar que el chico no le daría ni tiempo ni una respuesta, pues más que rápido, tomó al mayor por las mejillas y lo besó.

Fue algo agresivo, si, pero podía notar porqué, estaba desesperado. No quería marcharse así como así, quería sentirlo una última vez y ser claro con él de una vez por todas.

—Te amo tanto, Cross, y probablemente jamás dejaré de hacerlo. Así que, dímelo una última vez, te lo ruego.

Murmuró agobiado, aún con las manos clavadas en el rostro ajeno, tenía ya los ojos llorosos, y solo esperaba aquellas palabras para poder marcharse.

—Te amo con la misma intensidad, Dream. Prometo hacerlo hasta que muera.

Con el llanto atorado y haciéndole sentir un terrible nudo en la garganta, se alejó de Cross. Estaba listo para irse, aún lo mucho que le doliera hacerlo ahora.

—Abre...

Dijo para luego ir a buscar el abrigo, servía que podía dejar escapar esas lágrimas que amenazaban con caer a mares, quizás así podría guardar las apariencias frente a quien iba a venderlo.

—¡Ugh, maldita sea! ¿¡No sabes reconocer un timbre cuando suena!?

Gruñó molesto aquel hombre, y Cross terminó por disculparse enseguida, no quería problemas ahora, no por él, sino porque temía que pudiera desquitarse con Dream.

—¿Dónde está él?

—En la habitación, fue por su abrigo, pero volverá en cualquier momento.

Pero tardó lo suyo en hacerlo, intentar calmar el llanto que salía de él parecía imposible, genuinamente le estaba costando, y era justamente ese sentimiento el que quería evitar desde un principio, pero ya debía dejarlo pasar.

Con un gran respiro, y secando las lágrimas de sus ojos, salió de la habitación con la mirada baja.

Los demás presentes lo miraron, uno molesto, el otro, muriendo por dentro por su partida, pero al igual que el joven, intentaba que no se le notara.

—Bien, si ya está todo listo, vámonos.

Se dirigió al joven, con una mano tomó el brazo del chico, y con el otro extendió un cheque hacia Cross. Era lo último que restaba de su pago.

—Buen trabajo... Ahora Dream, dale las gracias para que podamos irnos.

El chico asintió, temía que la voz se le quebrara apenas empezar a hablar, pero afortunadamente eso no pasó.

—Muchas gracias, Cross...

Murmuró en lo bajo apretando los puños, esperando una respuesta, esperando que la tierra se tragara a aquel hombre y finalmente liberarlo de su martirio.

—Fue todo un honor.

Sonrió falsamente, y tras esas palabras, su departamento quedó en silencio, apenas podían escucharse los pasos ya lejanos del par que se marchaba.

Solo en ese momento, dejó que los sentimientos lo envolvieran, y un llanto, tal como el que aquejaba a Dream, lo alcanzó.

Pudo escuchar sus propios sollozos, cada vez con más fuerza. Le dolía, le dolía dejarlo ir, pero sabía que no podía hacer nada, y eso era todavía peor.

Con una mano en el pecho, y la otra escondiendo su rostro, lloró amargamente por un muy buen rato.

En el proceso, recordó todo acerca de l rubio, lo haría diariamente para jamás olvidarlo, ya lo extrañaba como si lo hubiera perdido hace tanto tiempo.


Los días pasaron, Cross comenzaba a recuperarse, muy lentamente, pero al menos el llanto empezaba a desaparecer.

Las cosas habían sido mejores en cuanto a su trabajo.

Al fin parecía lograr lo que alguna vez se propuso, darle vida a sus máquinas.

Ya tenía varios pequeños animales de latón rondando su hogar, tal y como si fueran animales de verdad, le alegraba un poco ver qué de algo había servido su tiempo con Dream pero solo una pequeña máquina le interesaba más que otras.

El conejo de latón que alguna vez el joven sostuvo.

Apenas terminaba de ensamblar algunas piezas, atornillaba recordando el tibio metal del cuerpo del joven, hasta que finalmente terminó su proyecto.

Tras darle un poco de cuerda, dejó que el conejo cobrara vida por si solo.

Parecía mirarlo, los pequeños cristales rojos enfocaron a Cross y lo reflejaron al instante. El animal recorrió su escritorio entre saltos animados, y el artífice por fin estaba satisfecho de lo conseguido.

Había algo similar entre el conejo y Dream, o eso pensó Cross. Ambos le llenaban el corazón de una extraña alegría, y le hacían sentirse completo, ambos eran sus obras más codiciosa, y seguramente serían el inicio de algo más grande.

Suspiró echándose para atrás sobre su silla, tallo su rostro cansado, y a pesar de estar contento por lo que sus nuevos conocimientos habían conseguido, le habría encantado compartirlo con él.

Siendo sincero, le habría encantado compartir su vida entera con el chico, pero el tiempo le jugó en contra, ahora no podía hacer más que esperar que Dream estuviera bien, y de no ser así, esperar su regreso con los brazos abiertos.

Por el momento, solo seguiría su vida como normalmente lo hacía antes de conocerlo, pero no se olvidaría jamás de los sentimientos que le hizo descubrir porque lo amaba, y lo amaba como jamás había amado a nadie nunca.

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