MI LUGAR DESTINADO
Su respiración disminuía poco a poco. Extendió su mano casi sin fuerza y tomó la mía. El veneno había hecho efecto en ambas, pero como se lo prometí, estaría con ella hasta el final. Como pude ajusté en la cabeza de mi reina su diadema, aquel símbolo de poder.
Vi entrar a uno de los hombres de Octavio que entre gritos reprochaba lo que habíamos hecho, lo miré a los ojos y casi balbuceante le contesté que esta acción era propia de una descendiente de reyes que jamás se permitiría caer en manos enemigas. Lo último que mis ojos vieron antes de cerrarse por siempre fue la cara de aquella hermosa mujer que desde que tenía uso de razón había amado.
Antes de nacer ya estaba destinado mi lugar en la vida de la mujer de la que me enamoré perdidamente.
Aún no lanzaba mis primeros llantos para anunciarle al mundo que estaba viva y sin embargo mi lugar al lado de Cleopatra ya estaba escrito. Mi familia desde muchas generaciones atrás, se había dedicado al servicio y cuidado de la familia del Faraón Ptolomeo XII Neo Dioniso y desde que tengo uso de razón, siempre estuve al lado de Cleopatra.
Nos separaban solo unos cuantos años de diferencia.
Y al ser su sirvienta de confianza crecimos juntas. Aprendí gracias a ella de muchos temas de relevancia.
A comportarme, aprender idiomas, política, diplomacia y todas las artes en las que fué instruida Cleopatra.
El Faraón tenía la idea de que si yo aprendía junto con Cleopatra podría crecer siendo no solo su leal sirvienta. Sino alguien con quien ella pudiera ampliar sus conocimientos a través de pláticas y ser su consejera en caso de ser necesario.








