đȘ Capitulo 1 đȘ
La lluvia golpeaba con suavidad la tierra embarrada de la trinchera, como si el cielo tambiĂ©n llorarĂĄ por los que ya no estĂĄn. Jimin se sentaba con la espalda apoyada en la pared hĂșmeda de madera, la cabeza gacha, el fusil entre las piernas. El olor a pĂłlvora y humedad lo envolvĂa, mezclĂĄndose con el persistente sabor metĂĄlico de la sangre seca en sus labios. El barro se colaba por las botas, y por el alma.ï»ż
CerrĂł los ojos por un momento, dejando que el sonido lejano de los cañones se fundiera con los recuerdos que no podĂan escapar.
PensĂł en Jungkook.
No solo era el nombre de un hombre, sino la marca indeleble de su juventud, el latido mĂĄs profundo de su corazĂłn que, aunque ahora parecĂa apagarse, seguĂa latiendo en la memoria como un eco inextinguible.
Entre los sonidos de las bombas, los gritos de sus compañeros, y los disparos que estallaban como truenos a distancia, pensó en la primera vez que lo vio. Lo recordaba todo con una claridad casi dolorosa.
El viento se colĂł entre las ramas de los ĂĄrboles cercanos y trajo consigo el olor del musgo y la tierra mojada, como si la naturaleza misma quisiera arrastrarlo a ese otro dĂa, años atrĂĄs. Aquel en que todo comenzĂł.
Era un dĂa gris, parecido a este.
El instituto no era un lugar para soñadores, y menos para dos chicos como ellos.
Jimin tenĂa diecisiete años y era su primer dĂa en aquella escuela nueva, la tercera en menos de dos años. Su padre, un funcionario del gobierno, tenĂa la habilidad de arrancarlo de cada ciudad justo cuando empezaba a asentarse. PrometĂa que cada traslado serĂa el Ășltimo, pero despuĂ©s de tantas veces, esas palabras ya eran solo eso: palabras.
Aquella mañana, Jimin se habĂa vestido con el uniforme protocolario. Una camisa blanca reciĂ©n planchada, unos pantalones de pinza beige y el pelo cuidadosamente repeinado hacia atrĂĄs, como su padre insistĂa. CruzĂł la calle frente al edificio de ladrillo rojizo del instituto, con la mochila colgando flojamente del hombro, y el corazĂłn pesĂĄndole mĂĄs que los libros que sostenĂa en su pecho.
No era buen haciendo amigos. HabĂa aprendido a no intentarlo. De todos modos, no se quedarĂa el tiempo suficiente.
Avanzó hacia la puerta principal con la mirada baja, mordiéndose nerviosamente los labios, cuando una carcajada masculina cortó el aire. Instintivamente levantó la cabeza.
Y lo vio.
Estaba apoyado contra la verja, riĂ©ndose con un grupo de chicos. El uniforme le sentaba con una naturalidad molesta. TenĂa el pelo negro, peinado con cuidado, aunque un mechĂłn rebelde caĂa sobre su frente. La mandĂbula bien marcada, los ojos grandes y brillantes, como de un ciervo sorprendido por la luz. Pero no era solo su aspecto. Era su aura. HabĂa algo en Ă©l, una calma segura, una calidez que no se podĂa explicar. Una forma de estar que se sentĂa como hogar.
QuizĂĄs, Jimin lo habĂa mirado demasiado tiempo, porque en algĂșn momento, esos ojos lo encontraron. Jungkook sostuvo la mirada apenas un instante. Jimin sintiĂł una corriente elĂ©ctrica recorrerle el pecho. Se obligĂł a esbozar una tĂmida sonrisa, bajĂł la cabeza, y siguiĂł su camino hacia el interior.
Su corazĂłn se habĂa acelerado.
Y eso... eso no estaba bien.
âÂĄSOLDADO PARK! âescuchĂł.
La voz del capitĂĄn lo sacĂł de golpe del recuerdo. Jimin se enderezĂł. El hombre le hacĂa señas con el brazo, gritĂĄndole que se preparara, que alzara el arma.
AsintiĂł sin pensar, su cuerpo reaccionando por costumbre.
Pero su mente seguĂa allĂ, en aquella verja, en aquellos ojos.
Por la noche â se dijo, mientras se ponĂa en pie con esfuerzo â, por la noche podrĂa volver a pensar en Ă©l.








