Capítulo 1
La fría y oscura noche debía ser silenciosa y acogedora para el vecindario Zenith y sus habitantes, pero las calles eran invadidas por fuerzas policiacas tratando de aliviar el temor generado por una serie de robos por toda el área.
Desde principios de octubre las casas habían empezado a ser saqueadas, por más que tuvieran buen sistema de seguridad los robos sucedían, habitualmente en las horas de la mañana, cuando nadie se encontraba en las casas, aunque había excepciones en las horas de la noche.
La policía estaba al tanto de la situación, pero era la fecha y no estaban ni cerca de encontrar a los perpetradores de los robos, era encrucijadas sin salidas. Primero revisaron todas las casas del vecindario, coartadas y quien sabe Dios si realizaron algún trato con el mismo diablo para acabar con este problema.
Una pareja de agentes pasaron por una de las casas más lujosas del área en la que vivía una pareja de hombres, uno de ellos un agente inmobiliario y el otro que se dedicaba a cuidar la casa.
Al ver que no había nada fuera de lo usual, los agentes continuaron con su camino, pero en medio de los arbustos una figura vestida de negro con una pasamontañas en la cara salió de estos, el momento perfecto para realizar su cometido.
El ladrón había puesto su ojo en el lugar desde el inicio. Camino de forma apresurada hasta la entrada de la casa para sacar de uno de sus bolsillos una tarjeta, pasándola por el sensor de seguridad.
Por eso es que las casas eran robadas de forma tan fácil, sin alertar a los dueños. La tarjeta generaba un leve congelamiento en el sistema de seguridad para que la alarma no fuera activada.
Ya estando dentro, su vista recorrió el interior del lugar, un sin fin de artículos de alto valor, repasando todo fue caminando hasta el segundo piso. Sabía que los únicos que vivían allí era la pareja, sin niños, sin padres o cualquier otro familiar.
Trataba de ser lo más silencioso posible para no ser escuchado por los residentes. Ya estando arriba camino directo a la habitación principal, la cual se encontraba con la puerta sin cerrar, entreabierta.
Antes de entrar a la habitación sacó una botella y un pañuelo, para mojarlo con dos gotas del líquido que haría dormir a quien sea que lo oliera. Desde la puerta vio una sola figura acostada en aquella enorme cama lo que hacía que su trabajo fuera más sencillo.
Se acercó a pasos silenciosos, deteniéndose al ver que la persona durmiendo no tenía nada de ropa, estaba desnuda de pies a cabeza, la sábana que debía cubrir el cuerpo esparcida por toda la cama, pero sin cubrir al hombre allí.
No pudo evitar ver el redondo culo, y que gracias a la luz que entraba por la ventana se podía ver a la perfección la figura. Un cuerpo en forma, pero hermoso, tanto que sintió un fuerte impulso por tocar aquella zona, conteniendose para continuar con su cometido.
Estaba por poner el pañuelo directo en la nariz del hombre, pero sintió un fuerte tirón en su mano y luego fue tirado en la cama. Una oleada de miedo recorrió su cuerpo al verse descubierto, estaba completamente jodido. El chico se acercó hasta hablarle al oído.
—Una jodida semana he esperado a que te dignes a venir aquí —se podía notar la emoción en su voz—. Y ahora no voy a dejar pasar esta oportunidad.
Eso lo dejó confundido, pero lo que lo hizo quedar perplejo y sin reacción fue ver como aquél sujeto lo soltó para bajar hasta sus pantalones y bajarlos junto con sus boxers.
Como tenía una sudadera no tuvo problemas en bajarlos, viendo como aquella verga y bolas peludas salían a la vista. Era un manjar para su vista. Sin perder más tiempo lo tomo entre sus manos y lo llevó directo a su boca, con ayuda de una mano agarró la base, ya con la otra acariciaba las bolas y así generar fricción, despertando ese buen pedazo de carne.
Al encapuchado se le voltearon los ojos por la estimulación que la boca y manos del sujeto le estaba otorgando, como si ese fuera su premio por entrar a su casa a robarle.
Chupaba la verga como si tratara de saciar su hambre de varios días. En ocasiones se daba leves golpes en la mejilla, llenándola de los fluidos preseminales y su propia saliva. Restregando también su cara en las gordas y peludas huevas del enmascarado.
—¿Qué te tomó tanto tiempo en venir? —continuaba chupando y lamiendo—. La espera me estaba matando.
—¿Qué?
Esa confesión le resultaba tan extraña, sin sentido, era la primera vez que alguien esperaba que le robaran.
—Te vi saliendo de la casa de los Murrai hace semanas y no tienes idea lo que me calentaste.
—¡Estás loco! —gimió de gozo—. Nadie espera ser robado.
Soltó una leve risa por lo último que dijo el enmascarado.
—Pero yo sí —llenó de saliva su verga—. Tu no me notaste, pero te detalle de pies a cabeza y tu verga marcándose en tus pantalones llamó más mi atención.
El sonido generado por sus manos en el miembro gracias a la gran cantidad de saliva que lo cubría era sin duda tan obsceno, tan caliente, tan sucio. Ni siquiera podía rodearlo por completo de lo grueso que era.
No volvió a hablar, en su caso lo que hizo fue continuar chupando, su boca pedía a gritos sentir ese pedazo de carne, saborearlo, ahogarse y tragar su semilla.
Aceleró sus succiones, viendo como el abdomen se contraría por la sobre estimulación, dando como significado que estaba por correrse.
—Espera, detente —trato de quitarlo—. ¡Para!
Gritó por el orgasmo, llenando la boca del otro con su espesa carga, a pesar de tenerlo enterrado hasta la base y con la cara roja por el esfuerzo de tenerlo tan profundo no le impedían tragar todo.
Se alejó y unas cuantas gotas de semen empaparon su cara, además de lo que ya salía de su boca. El enmascarado se sostenía con sus codos en la cama.
Levantándose del piso y quedando sobre el enmascarado pegó sus labios para dar paso a un sucio beso, lleno de pasión y lujuria que había intentado evitar, pero sentir aquella boca con la suya logró dominarlo.
Ahora estaban de pie junto a la cama, devorándose la boca el uno al otro, saboreando su propia esencia en los labios del chico.
Se separaron y ahora aquel castaño se sentaba al borde de la cama, sosteniendo sus piernas por detrás de sus rodillas para quedar expuesto. Su agujero se expandía y cerraba, con ayuda de una de sus manos que había dejado de sostener una de sus piernas empezó a frotar dicha zona.
Era imposible dejar de ver ese agujero abrir y cerrarse, además los dedos que ingresaban, haciendo que soltara gemidos por su propia autoestimulación.
Su verga volvía a levantarse, pero ahora lo que quería era pegar su boca y comerle el culo y eso fue exactamente lo que hizo, se arrodilló justo en el borde de la cama y levantando un poco el pasamontañas en la parte de su boca la pegó en el agujero del hombre en la cama.
Aquel tipo nada más sentir aquella boca chuparle con hambre y de paso notar el recorrido de la lengua alrededor y en su interior no hacía otra cosa más que gemir en lo alto con sus ojos girando por el placer, abriéndose más las piernas y con una de sus manos pego la cabeza de enmascarado, el raspe de la barba del hombre le hormigueaba.
—Chupame más, chupame más.
Rogaba por la boca de ese desconocido ladrón, la poca cordura que tenía era nada más para pensar en lo bien que le estaba haciendo sentir.
El enmascarado procedió a pasar sus manos con los guantes en su cadera para luego llevarlas a su abdomen y acariciarla esa zona. Sus piernas le temblaban y podía sentir que estaba a punto de sufrir un orgasmo seco.
—¡Me corro, me corro! —grito y justo en ese momento soltó su carga en su abdomen y parte del pecho.
Aún un poco atontado por el orgasmo tomó al enmascarado de la camiseta negra y lo hizo pegarse a él para proceder a besarlo de la forma más caliente posible. Todo su semen quedó pegado en la camiseta del otro, pero eso no le importó.
Se separaron de aquel candente beso, frotando su mejilla contra el pasamontañas y frotando sus caderas con el otro.
—Eres tan jodidamente caliente y ya extraño.
Le dijo pasando su una mano por el cuello, haciendo una leve presión.
—¿Quién putas le chupa la polla a un ladrón?
Recibió cómo respuesta un pico en sus labios.
—Uno que tiene un esposo que no lo atienden bien y tiene que buscar un macho —continuó frotando sus caderas con el otro—. Follame, papi, follame.
—¿Qué?
Agarró una de las manos del otro y lo hizo pasar sobre su agujero.
—Follame el culo, papi —actuaba tan malditamente sumiso—. Quiero tu verga bien profundo. Lléname, por favor.
El pasamontañas no dejaba que de notará, pero tenía toda su cara roja por lo que le estaba pidiendo, pero no del nervio, más bien de la potente descarga de lujuria que estaba yendo directo a su verga.
El espaldar de la cama golpeaba de forma fuerte por las potentes embestidas que aquel macho moreno le estaba dando. Sus cuerpos sudados por el calor producido por la pasión, besos jodidamente calientes que provocaba que la saliva se escapará y los dejara ensalivados.
—Si, si, jodeme más.
Su verga entraba y salía con tanta facilidad, pero en ocasiones daba embestidas lentas y profundas para sentir como su verga era recibida con tanto gusto por el calor de su interior y la presión que sentía cada que esté apretaba.
Los sonidos que producían el golpe entre la pelvis y el culo del castaño hacían que la atmósfera fuera más ardiente. Los pechos y culo de este se movían rebotaban con cada estocada.
Sacó su polla de aquel rico espacio y de forma impaciente lo hizo girar, dejándolo acostado de pecho a la cama y tumbarse encima suyo.
—Tienes un culito tan rico… —se detuvo un momento—. ¿Cómo mierda te llamas?
—St…Stiles.
—Bien, Stiles —frotó su verga entre la línea de sus nalgas—. Te voy a llenar ese culo de tanta leche, que te dejare chorreando por semanas.
Y tal como prometió se metió de una en el agujero ya rojo e hinchado.
—¡Sí! —sus ojos se voltearon—. ¡Déjame tu carga de macho!
Y volvió a darle al pequeño espacio que se expandía con cada intromisión. Como ya se había corrido una primera vez su semen manchó su verga y alrededor del ano, así que el sonido de los golpes y el chapoteo por el fluido ahora eran más calientes.
—Llename más —llevo una mano al cabello del otro.
Después de la primera corrida el ladrón se quitó el pasamontañas y Stiles pudo ver el hermoso rostro del tipo.
—¿No te preocupa tu marido? —le pregunta, pero aún sigue entrando una y otra vez.
—Hazle saber que mi macho me da lo que él no —su voz se escuchaba ronca—. Déjale saber que es un cornudo.
Pasaron unos diez minutos y el tipo sintió un cosquilleo en sus bolas, así que se movió más rápido, apretó su mano en el cuello de Stiles y baño su interior de su semilla, al mismo tiempo Stiles sintió que este golpeó en su punto y terminó manchado las sábanas de la cama con la suya.
Respiraban de forma agitada, con su mano aún en el cuello del le hizo girar la cabeza y pegar sus labios en otro beso un poco más lento, sin duda un buen polvo habían tenido los dos.
—¿Por qué mierda tardas tanto, Derek?
Y justo otro encapuchado vestido de la misma forma en que había estado el ahora nombrado Derek, entró a la habitación, para quedarse de piedra y ver como su compañero estaba metido entre las nalgas del tipo al que se suponía que iban a robar.
—¿Pero qué mierda es esto?








