Bunny Teeth || Wonton by emovere96 at Inkitt
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Bunny Teeth || Wonton

Summary

A él le encanta llamarme de esa manera.

Genre
Erotica
Author
emovere96
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Tener padres separados, siempre se me hizo una odisea, incluso si ellos eran los mejores padres. Nunca tenia estabilidad para nada, iba de una casa a otra. Mientras se decidía de quien sería la custodia, yo me convertí en una especie de pelota de ping pong. Ellos decidieron regirse por el grueso de sus cheques y mi madre termino ganando por unos dólares de más. Desde el primer día de saberlo, supe que no tendría una vida regular. Ella era una empresaria muy reconocida, que solía viajar constantemente.

Me llevo consigo a todo lugar y me educo con profesores privados. Yo odiaba la idea de no tener una rutina, ni un círculo social. Ella alegaba que todo era mejor así y que podría volver cuando cumpliese la mayoría de edad. Estudiar mi carrera en Corea del Sur y quedarme a vivir con mi padre. Espere por años aquella época de universidad, pensando en que todo sería como antes. Llegué a esa esperada mayoría de edad y finalmente pude pasar más tiempo con mi padre.

El hombre seguía viviendo en la casa que le heredaron mis abuelos, esa en la que habíamos tratado de formar una familia. Mi padre nunca había tenido las suficientes ganas, como para tener algo más. Sus padres le habían dejado tanto, que mi padre nunca se tuvo que preocupar por el dinero. Mantenía todo su patrimonio en un perfecto estado, la casa seguía siendo la misma que en mi infancia.

Mi infancia había ido bien debido a ambos, mi padre no se quedó atrás en criarme. Especialmente después de que mi madre, tuviese que volver a la empresa. Él era un padre permisivo y de a tantos me dejaba ir a jugar a parque. En el que me encontraba con más niños de mi edad y de otras diferentes edades. Solía jugar con todos muy bien, especialmente emocionado de jugar con uno.

Nos solíamos quedar hasta tarde en los trapecios, jugando a quien era el que daba más vueltas en estos. Yo siempre terminaba mareándome y vomitaba todos los pasteles que este me regalaba. El recuerdo de vomitar los pasteles era asqueroso, a mí ni siquiera me gustaban las zanahorias, hasta solas me hacían querer vomitar. Solo los comía porque me los daba él, no quería matarle su ilusión de dármelos. Con esa expresión de inocencia en su rostro, siempre preguntándome como estaban. Llamándome conejito, en ese idioma que hablaba. Para entonces, no lo entendía bien.

Ya habían pasado muchos años desde entonces, yo era un chico universitario ahora. Igual me emocionaba volver, poder re-encontrarme con todos mis viejos amigos. Al verles me costó reconocerles, pero seguían siendo tan divertidos como en el pasado. Todos menos Anton, el había cambiado tanto. Lo supe desde que me acerque a él, su mirada de asco desde el momento en que me acerque. Le costó trabajo aceptar que era yo, su mejor amigo de infancia. Al que le regalaba pasteles de zanahoria y le contaba sus sueños.

Yo no entendía como alguien, podía odiarme tanto por existir, siempre buscando hacer de mi vida una mierda. Malas miradas al encontrarnos en los pasillos, murmurando mierda sobre mí aspecto, para que los demás escuchasen. Estuve bien, con que no se metiera directamente conmigo, pero la confianza de Anton, aumento con el tiempo. Enfrentándome constantemente en la entrada, solo para decirme lo graciosos que le parecían mis dientes al verme sonreír. En la salida era prácticamente lo mismo, solo con la variante de decir, que mis dientes eran como los de un conejo.

Había escuchado eso antes, pero no de esa manara tan despreciable hacia mí. Me cale todos sus insultos por semanas, pensando que las cosas se quedarían así. Temiendo responderle algo en específico y provocar que me estrangulase. Anton me doblegaba en tamaño y condiciones físicas también. Imposible no notar como se empezó a sentar a mi lado, en cada clase a la que coincidíamos en la facultad. Cuando la clase iba avanzada, ese se encargaba de picarme constantemente.

Sus manos pinchando mis mejillas, desordenándome el cabello largo. Ahuecando mis costillas, regocijándose de arrancarme quejidos. Metiéndome los dedos a la boca, para tentar mis dientes. Me deje hacer todo eso pensando, que no era para tanto tampoco. Al menos ya no estaba insultándome, solo picándome el cuerpo de vez en cuando. Incluso si sus piquetes se volvían cada vez más inapropiados, llevando sus manos a zonas más íntimas.

Lo vi apretar mis muslos, como método de relajación o eso era lo que él susurraba en mi oído. Pensé que debía estar muy estresado, cuando sus manos llegaron a apretarme el culo. A manos llenas me apretaba, una mirada oscura en sus ojos. Se alimentaba de mis reacciones, el como el nerviosismo me paralizaba. Dejándome hacer de él, empecé a notar como mi cuerpo reaccionaba. Ansioso ante el próximo toque, mi cuerpo temblaba.

Anton había eliminado sus insultos, pero aumentando su toque. Ya no sabía cómo interpretar nuestras interacciones, que se habían duplicado con los meses. Anton se había encargado de ganarse a mi padre, con la falsa excusa de ser mi compañero de estudios. Ahora lo tenía en mi habitación constantemente, con todo menos ganas de estudiar algo.

Siempre desinteresado hacia sus estudios, me obligaba a hacer su tarea. Si por casualidad algo llegaba a estar mal, me estrellaba las hojas en la cara. No pasaba muy a menudo, pero se notaba que disfrutaba tirármelas. Mi cara se reducía en lágrimas debido a ello y el solo se entretenía tomándome fotos. Tenía una galería de estas en su celular, solía mirarlas como si fuesen alguna especie de tesoro.

Anton seguía con su juego de picarme, con esa mirada oscura puesta en mí. Pasando sus manos en mi cuerpo, el cual no parecía importarle aquel toque. Me costaba alertarle a mi cuerpo las condiciones, en las que ese toque estaba siendo dado. Eso no impedía que mi cuerpo se emocionara, anhelara un poco más de ese toque. Casi propiciando las cosas entre nosotros, lo deje entrar una vez más a mi habitación. Con un solo detalle de diferencia, esta vez estábamos completamente solos.

Necesitaba hablar con él, sobre lo que se estaba diciendo de nosotros. Un rumor molesto, sobre que estábamos saliendo. Todo el mundo decía que el mismísimo Anton, me había reclamado ante todos. Yo solo pensaba en que era una gran mentira, Anton nunca me vería de esa manera. Cuando mucho era solo, una de sus formas de colmarme la paciencia. Sabía perfectamente que estaba quedando con alguien, un alguien que se había alejado. Terminándome sin siquiera estar juntos, con la cara llena de misteriosos golpes.

_ ¡Para de llamarme tu conejito! _Advertí reacio.

_ ¡Come on bunny! _ A Anton le importo toda una mierda.

Lleva ya su buen tiempo llamándome así, alegando que solía hacerlo cuando chicos. Todo el cuento de los pasteles, las zanahorias me hacían vomitar. Llegue a escuchar un par de veces aquel apodo, pero siempre había odiado como se escuchaba en sus labios. Incluso antes de hacerlo de manera despectiva, había algo turbio en todo aquello. Peor ahora, que lo usaba para molestarme, burlándose constantemente de mi mayor inseguridad. Esas que él mismo había generado, Anton era un idiota.

_No me toques. _ Taje ante Anton.

Le hice la cobra para evitar que sus manos, terminaran apretando mis mejillas. Lo vi morderse el labio inferior, dándome una sonrisa chirriante. Anton no se guardó el agarrarme por el cuello, apretando sus dígitos con sorna. Plantándome contra la puerta del cuarto, haciendo que el golpe de mi cuerpo la trancase. Sentí la perilla acribillarme los nervios de la espalda, paralizándome ante sus acciones.

_ ¡Que no se te olvide a quien le estás hablando! _ Anton tajo.

Le di una mirada a Anton. _Por que le dijiste a Eunseok que estábamos saliendo. _

Anton se me quedo mirando a lo largo del rostro, como si no le importase lo que le había dicho. Su agarre no aflojaba en mi cuello, pero tampoco me dejaba sin habla. Una sonrisa le condenso los labios tan de repente, con una sátira aparente. Un proxeneta recordando su desastre, del cual se enorgullecía. La mente de Anton era oscura y llena de retorcidos pensamientos. Solía decirlos frente a mí, sin importarle que lo juzgase.

_No le dije a Eunseok que estábamos saliendo, le dije que eras de mi propiedad. Creo que le quedo bastante claro, después de que lo reventara frente a todos. _ Anton dijo como si nada.

_Eres un enfermo. _Deje ir en un hilillo de voz.

_Me conoces bien. _Anton me dio una mirada.

Me removí ante su agarre, este me tenía acorralado en la puerta. Su cuerpo me doblegaba en tamaño, aplastándome hasta casi desaparecer. Me sentía tan pequeño ante él, pero eso no me hizo bajar la guardia. Ya estaba acostumbrado a ese tipo de acercamientos, que solo tenían como objetivo asustarme. Siempre tratándome como su presa, actuando él como un hambriento depredador. Siempre queriendo un pedazo de mí, si es que no se atrevía a devorarme por completo.

_ ¿Porque estás haciendo todo esto? _Le sostuve la mirada de repente.

_Tengo mis razones. _Anton musito.

_ Estas obsesionado conmigo. _Mordí con tal rabia.

_Más de lo que debería. _ Anton confeso con descaro.

Una sonrisa retorcida al acercarse a mí y aspirar una bocanada de mi aroma directamente de mi cabellera. Me retorcí ante su cercanía, mi corazón yendo a mil por hora. Lo llegue a sentir justo ahí, su gran erección creciendo contra mí. No era la primera vez que la conocía, pero si en la que no la ignoraba. A Anton no solía importarle mostrarse así ante mí, cualquier cosa que me quitase la clama, era buena.

Su objetivo era claro, quería envolverme en su juego. Tenerme bajo manipulación aparente y lo estaba logrando. Cayendo poco a poco en su juego retorcido, cada vez deseándolo más. Anton con toda su corrupción, me había condicionado a ello. Las reacciones de mi cuerpo hacia sus abusos, solo significaban una cosa. Yo era exactamente igual a él, un complemento que había estado buscando.

_Anton. _ Llame su nombre.

_Me estás haciendo perder la cabeza, quiero saber qué es lo que hay en ti, que me hace sentir como si no pudiese existir, sin estar detrás de ti todo el maldito tiempo. Si es que no te has dado cuenta aún, he estado actuando como un perro para ti. Cualquier cosa que me digas ahora, yo la hare sin refutar. _Anton puso aquellos puntos sobre la mesa.

_Harías cualquier cosa por mí ¿Eso es lo que estas tratando de decir? _Le mire fijo a los ojos.

_Haría cualquier cosa. _Anton trago hondo ante mí.

La mirada de Anton se tinto de un brillo especial, ese que solía ver cada que lo rechazaba. Cuando golpeaba su mano fuera de mi o la forma en como le gritaba en medio de los pasillos. Ahora que lo pensaba él, acoplaba mi nivel de respuesta. Con una boba sonrisa en sus labios y un creciente empalme en sus pantalones. No solo le gustaba degradar, sino también ser degradado.



Todo este tiempo había sido el, el encargándose de ser malo. Me costaba tomar mi realidad ahora, con Anton completamente para mí. Se había arrodillado entre mis piernas, pegando su cara hasta topar mi mediana erección. Deslizo su nariz a lo largo de esta, lo hizo hasta que esta se despertó por completo. Dándole de caricias por sobre la ropa, besos con boca abierta sobre la tela. Empuje contra su cara perdido en ello, enredando mi diestra entre sus cabellos. Dirigiéndolo mas hasta mi hombría, mientras intentaba comérsela en vano. Lo escuche gimotear en descontento, por no tenerme en su boca.

_Mírate ahora mismo Anton, estas tan desesperado por chuparme. ¿En serio puedes hacerlo bien? ¿Me la vas a chupar como se debe? _Lo tente desde donde estaba, mirándolo tal escoria.

Anton relamió sus labios ante mí. _Lo hare bien para ti. _

_Buen chico. _Arrulle vicioso.

Acaricie su cabellera mientras se encargaba de mis pantalones, revelando poco a poco mi erección. Esta relució contra mi bóxer, parte de este ya estaba arruinada. De un tirón Anton se llevó mi pantalón, mientras que yo me deshice de mi camiseta. Dejándome tan solo en ropa interior, me contemplo por un rato. Mientras se encargaba de desnudarse ante mí, su mirada jamás me abandono. Yo por mi parte, no deje de mirar como su cuerpo se revelaba ante mí. Dispuesto a todo, para poder complacerme por fin.

Grande en figura, musculatura notoria. Podía ver el detalle de su gran verga, golpeando empalmada contra sus boxers. Me quede mirando la forma de esta, que se dibujaba perfecta en el blanco de la tela. Mi corazón se aceleró al verle acercarse, ansiando envolverme en su cuello y que me clavara a estocadas contra la cama. Se me había olvidado mi puesto ese día, pero lo recordé apenas lo tuve contra mí.

Rebuscando en mis boxers, jugando con el elástico de estos. Me miraba divertido ante la acción, acariciaba sin querer mis bolas. Me retorcí ansioso ante el calor de su boca, que soplo curioso por sobre la punta de mi pene. Había descubierto solo está de la tela, la probo a boca abierta. Chupo esta de apoco, lamiendo despacio la cabeza. Me moví del placer mismo, dejando ir un gemido grueso. Anton dejo ir un hilo de saliva sobre lo que tenía, mi roja cabeza contra sus labios.

Bajo lo que restaba del bóxer, para usar su mano entonces. Agarro mi verga a mano llena, dándole de estocadas duras. Me volví una mar de barbaridades y gemidos que se fueron sin querer de mis labios. Me deje hacer mientras miraba el espectáculo, de su mano comiéndose mi pene. La manera en como apretaba la punta, haciéndome gotear de vez en cuando. Respire desequilibrado ante la acción, temblando ante lo que presenciaba.

Quito todo el bóxer con una mano y yo me retorcí hasta que salió de mí. Anhelando lo que venía, su bonita boca en mi pene. Me chupo como si quisiese devorarlo, pero en un movimiento tortuosamente lento. Me quito suspiros en ese vaivén, que contenía una que otra lamida a mis bolas. Me deshice en ese movimiento, de tenerle trabajando en mí. Cuando volvía a tenerme en su boca, no podía evitar follarla. Estocadas certeras que lo hicieron perder el ritmo y contenerse un par de arcadas. Anton me deja después de comerse una arcada, su respiración contra mi verga me inquieta.

_Te gusta tanto usarme, follarme la boca. ¿No es así? _ Anton me tentó.

Responder era una opción, pero era una difícil acción. Anton había vuelto a mí, tomándome por completo. Cabeceando contra mí, llevándose mi pene entre sus bonitos labios. Me saboreo como nunca, como si lo hubiese estado anhelando. Sus manos brindándole caricias a la base, masturbándome a la par de su boca. Siguió ese exquisito movimiento, en busca de que mis labios expresaran una respuesta. Algún preciado alago, a su boca. Deje ir un profundo gemido, estaba yéndose profundo hasta topar su garganta. Mis piernas temblaban, mi piel se sentía mantequilla.

_Se siente tan bien, como me comes la verga. Mierda, estoy tan cerca. _Mi voz tembló.

_Dámelo. _Anton hablo rápidamente.

_ ¡Chanyoung, Chanyoung, Chanyoung! _ Su nombre se repetía en mi mente hasta que termine diciéndolo en voz alta. _ Voy a correrme. _ Gemí entre ese hilillo de palabras.

Anton apretó una mano en mi estómago, acelerando su movimiento en mi contra. El cosquilleo que se había generado, se duplico con su agarre. Mis ojos se redujeron a lágrimas, demasiado bueno. Le di varias estocadas a esa boca, seguí gimiendo su nombre, sin algún sentido aparente. Más que recordar a quien, estaba usando para satisfacerme.

El parecía estarlo disfrutando, por la forma en como gemía contra mi pene. Cuando me deje correr en su boca, la abrió haciendo un desastre. Bañando mi pene en fluidos, para luego masturbarme en un constante chapoteo. El sonido obsceno hizo que me sonrojase, me masturbo haciendo que me sobre estimulase. En busca de sacar cada gota, que le ofrecía mi orgasmo.

_Eres tan bueno. _Anton se le escapó de los labios.

_ ¿Te gusta esto? _Me deje llevar de sus palabras.

_Me tienes loco Wonbin. _Anton lo dijo casi sin aliento.

Él se estaba llevando los dedos a la boca, agasajándose con el sabor de mi semilla. Sus labios rojos de chuparme, se veían especialmente apetecibles. Anton ocupo mis labios con los suyos, repasándolos en un casto beso. A este le siguió otro parecido, pero con más profundidad. Abrí mi boca para recibir más de lo que tenía para mí, metiendo mi lengua en su boca. Lo bese sin cuidado de incomodarle, prácticamente abusando de su cavidad. Anton tomo todo de mi sin chistar, siguiéndome el beso sin problemas.

Cuando me di de cuenta, estaba justo sobre su pierna. El beso se rompió cuando tuve esa necesidad, de moverme contra su muslo. Dando estocadas sobre este, apartando sus manos de mi cadera. No necesitaba que marcara el paso, solo quería usarlo para satisfacerme. Acelere mi trote montando su pierna, mientras este se me quedaba mirando. Perdido en la moción de mis caderas, que aceleraban para follarse contra su piel.

_Córrete sobre mi cuanto quieras, luces demasiado bien haciéndolo. _Anton rompió el silencio en medio de aquel acto.

_Voy a arruinarte. _ Advertí. _Por favor. _Anton casi rogo aquello.

Lo tome a por un beso mientras me remecía, tomando de su boca los besos que me dio la gana de tomar. Anton solo se dejaba, con su cabeza tirada contra el respaldar de la cama. Yo seguía haciéndome saltar contra su muslo, pequeños quejidos mientras le miraba lascivo. Me quede en el debido a ello, perdido en su mirada hambrienta hacia mí. Me volví puros quejidos al llevar mis manos hacia mis pezones, halándolos de a poco.

Anton relamió sus labios perdido en mí, en mis movimientos. Salte como un conejo en calor sobre él, persiguiendo mi orgasmo en desesperación. Viendo las cosas desde aquel punto, si tenía algo de conejo en mí. Me gustaba saltar en él, me gustaba mucho.Bajo su intensa mirada, hasta correrme caliente contra su muslo. El chapoteo lleno el cuarto de un sonido obsceno, que pareció marear a ambos. El ultimo choque de mi cuerpo contra el de Anton, me hizo volver en sí, después de casi llegar nuevamente a la sobre estimulación.

Cuando volví a verle con conciencia, seguía ahí esa dolorosa erección. Él había estado en todo mi placer, me sentí mal por dejarle, por tanto. Eso no significaba que no lo iba a seguir usando, solo significaba que le daría un poco de mí. Esta vez lo lleve hasta clavarlo en la cama, posicionándome sobre su entrepierna. Frotando la mía a la par de la suya, nos quedamos entre gemidos por un rato. Perdiéndonos en la sensación de contacto, entre nuestros cuerpos.

Anton estaba hecho un desastre solo con la fricción de ambos y se colocó aún más caliente, cuando logro meter dos de sus dígitos en mí. Los metió y saco frenético. Desesperado en prepararme, mientras yo me abalanzaba contra sus dedos. El suficiente largo como para llegar a ese punto dulce, que me saco varios gritos agudos. La casa estaba sola, pero estaba seguro que los vecinos escucharían. Era demasiado vocal de parte de ambos, una bonita armonía de gemidos. Lo suyos tan dulces, los míos tan afanados.

_Vamos a hacer que te corras duro. _Advertí rotundo.

_Solo para ti. _La voz de Anton tembló.

De un sentón me fui en su extensión, permitiéndome ajustarme. Calentando su verga y apretándola de a tantos. Anton mantenía los ojos cerrados, sus manos apretando las sabanas. Estaba controlándose para no tocarme, ni intentar dominarme en lo que quedaba del acto. Me dedique a relajarlo, dándole cariño a sus pezones, besos de boca abierta a cada uno de ellos. Los lamí con delicadeza hasta hacerlo temblar, podía sentir como su extensión se retorcía en mí.

_¡It hurts bunny! _Anton se quejó por lo bajito.

_Estas tan duro que creo que podrías hasta llorar ¿Eso es lo que quieres? ¿Por qué te comportas tan patético? _Me burle de a tantos.

_Hazme llorar. _Anton suplico.

Me moví entonces sobre él, rodando mis caderas contra su base. Anton se dejó hacer. sin moverse demasiado, controlando sus caderas casi a la perfección. Me quede en ese movimiento por lo que parecieron siglos, reduciendo en lamentos a Anton. A ese punto, yo también lo sentía, el como el calor se alojaba en mí. Acariciando el tope de su miembro en mi estómago, me motive finalmente a saltar sobre él.

Las estocadas dieron en ese punto dulce que me des-configuro, haciendo que mis siguientes sentones fuesen más precavidos. Dándome poco a poco, hasta encontrar un equilibrio, gemí su nombre como de costumbre. Pensando en lo bien que se sentía en mí, me folle con su verga, como un tierno conejito en calor. Desesperado de placer contra él, lo use una y otra vez, hasta que logre llegar a mi orgasmo.

_Tan apretado. _Anton maldijo por lo bajo.

Fue lo que salió de los labios de Anton, antes de seguirme, rodando sus ojos llorosos en blanco, dejo su cabeza caer a la almohada. Ahogándose en esta, refugiándose también. Como una princesa de almohada para mí, se había comportado como debía. Cambiando los roles al fin, de todo este juego. En un juego retorcido, en el que ambos suponíamos ganar algo. Me quede viéndole desde donde estaba, sabiendo lo que se habían significado, todas sus actitudes contra mí. Quería mi atención y finalmente la había conseguido.

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