Capítulo 1
En la vida cada quien escoge a sus amigos con naturalidad, conociéndolos en círculos sociales varios. Me lo medite un día cualquiera de mi vida, mientras veía de lejos a mis compañerillos de secundaria. Con mis lentes de pasta gruesa, que me caían en la nariz. Esa era la manera más sencilla de lograr tener amigos, pero yo parecía no entender muy bien acerca de ello. Me mantenía alejado de todos siempre, entretenido viendo sus conductas. Me costaba acercarme de buenas a primeras, me hacía sentir vulnerable. Tenía que estudiarlos primero, saber que mascara debía usar con ellos.
Al principio pensé que era por ser muy tímido, pero luego me di cuenta de más detalles. Lo selectivo que solía ser con las personas, círculos sociales en general. Me interesaba que todos fuesen atractivos ante mis ojos, así no me interesase tenerles de alguna u otra manera. Mi círculo de amistades se fue reduciendo debido a esto, cada año más obsesionado con encontrar ese perfecto circulo de personas. Ese del cual supiese cada una de sus conductas, poderme combinar con ellos hasta ser indetectable. Nunca quise llamar demasiado la atención, me causaba un escozor extraño en el cuerpo.
Estaba bien con aquellos amigos que tenía, hasta que repentinamente mi familia tuvo que mudarse. Pasamos a estar de una ciudad llena de personas despampanantes, a un cutre pueblo lleno de personas regulares. No importaba por donde mirase, nadie era merecedor de mi atención por mucho tiempo. Eso hasta aquel primer día de clases, primer año de universidad. En el que aquel chico ofreció que me sentase a su lado, en aquella clase de cálculo avanzado. Recuerdo haber contemplado la idea por demasiado tiempo, podía escuchar a detalle las manecillas en contra mía.
En un salón medio lleno medio vacío, había sido el único en ofrecer su puesto. Pude ver como lo hizo sin segundas intenciones, una persona muy agradable a primera vista. Mientras todos estaban intimidados por mi presencia, por ser demasiado joven para aquella clase avanzada. Era un tanto inteligente, un IQ mayor al de una persona regular. Mis gafas tampoco ayudaban, me veía algo piloncillo. Wonbin pareció ser el único que paso del prejuicio, por supuesto era el mejor de la clase. Me hablo sobre esa gran universidad, la cual parecía ser su completa vida. Incluso me llevo a dar una vuelta por esta, enseñándome cada recóndito lugar.
El parecía estar tan sumido en explicármelo todo, cuando yo solo quería saber la razón de su belleza. Era talvez su progenitora, su madre debía ser muy hermosa. Todo el mundo lo decía, la madre debía ser bonita, así los hijos varones heredarían aquella belleza. Su belleza me encapsulo de una, desde entonces no salía de mis pensamientos. Había pasado un largo tiempo e interacciones, todas las hice posibles por supuesto. Me encargaba de pasar por donde Wonbin pasaba, acomode el resto de mis horarios casi exactamente como los suyos. Incluso me encargue de manipular el orden de los pisos estudiantiles compartidos, para que este se convirtiese en mi compañero.
_Estoy obsesionado contigo, Park Wonbin. _Hable en voz alta aquella vez.
Había cometido una locura al manipularlo todo, pero no siquiera me había dado cuenta en el proceso. Cegado por mi obsesión ante aquel chico, que no lograba salir de mis pensamientos. Colándose incluso en mis sueños, la personificación de cada incubo atacante. Mis parálisis de sueño se volvieron algo divertidas, ahora que él estaba en estas. Asediándome con su sensualidad, llevándome al borde de la locura. La primera vez que desperté de estas, un bulto entre mis piernas me recibió burlesco.
_Perfecto. _ Resguarde entre labios.
Ahora yo tenía esa excelente vista de él, desnudándose de espaldas hacia mí. Me tenía la suficiente confianza, ahora que éramos mejores amigos. Se suponía que yo también debía cambiarme, pero no podía proseguir con él frente a mí. Si me quitaba la sudadera, evidenciaría mi clara erección. Preferí seguir viéndolo desnudarse, mientras sentía como mi miembro, se sacudía de vez en cuando en mis pantalones. Ansiando estar entre esas largas piernas, dejar cada gota de mí en él.
Wonbin siguió deslizando cada prenda fuera de su cuerpo, mostrando su piel dorada para mí. Lleve mi mirada a lo largo de su cuerpo, brazos levemente tonificados. Las manos detalladas en finas venas, que se mostraban de un verde esmeralda. Recorrí su espalda marcada como la de un adonis. Mi vista llego a caer en los pequeños hoyuelos de ángel, que se alojaban en sus caderas. Me fije en la curva rebuscada de su redondo trasero, me quede ahí más de lo que debía.
_ ¿Estas escuchándome Anton? _ Wonbin pico dejando ir de una.
Le sonreí embobado. _Cada palabra hyung. _
El seguía conversándome sobre como su día había sido tan estresante, como si yo no hubiese estado justo a su lado, en la mitad de las clases de ese día. Igual no prestaba demasiada atención, siempre colado en sus lindos labios y en como mordisqueaba su querido plumón favorito de a tantos. Wonbin había estado evidentemente estresado toda la clase, desee poder drenar todo ese estrés, dándole el orgasmo de su vida. Algunas veces tentado a proponerlo, pero las miradas que me daba Wonbin, eran todo menos las que quería. Él siempre me miraba como si fuese, alguien al que tenía que proteger. Acomodando mis lentes de a tantos, llamándome lindo. Odiaba ocuparlos, obligado a usarlos durante mis clases.
_Estoy hasta el cuello de tareas por hacer, no sé cómo puedes estar tan tranquilo Anton. Tomare un baño rápido ahora mismo, tendrás que esperar hasta tu turno. Al menos que quieras meterte conmigo, igual los dos somos chicos. _ Wonbin me tentó con aquella ultima oración.
Wonbin se giró a encararme, mientras yo seguía sentado en el piso. A la altura de mi rostro se alzaba su bonito pene, la punta de este balanceándose ante mí. Lucia de un rosa vibrante y apetitoso. Casi pude saborearla desde donde estaba, condenado a solo anhelarla en mi boca. Quería tomarla por completo, hasta llegar a la base. Chuparla hasta que no quedase nada, tragar todo lo que podía darme. Trague hondo desviando mi vista de esta, una mirada había sido suficiente. Mi mente estaba volando, asediado de sucias imágenes visuales. Acomode mis lentes que caían en el puente de mi nariz, como si nada.
Sonreí casto para Wonbin. _Preferiría tomar el baño por separado, pero agradezco tu invitación. Ve a bañarte lo más rápido posible, yo mismo te ayudare con todo lo que necesites hacer. Igual yo ya di esas materias, por eso estoy tan tranquilo. _
Wonbin rodo los ojos en blanco. _No debí darte cuerda muñeco, para que me lo restregases en la cara. Seré rápido en el baño entonces, me interesa esa ayuda que me acabas de ofrecer. Ayúdame también con la ropa que deje en el piso, déjala en el cesto de la esquina por favor. Se buen chico para mí, recuerda que eres mi doesang. _
Asentí embobado, no había más que asentimientos para Wonbin. Me tenía comiendo de su mano, de una manera retorcida. Lo vi salir de la habitación, mi vista viajo con él hasta que la puerta se cerró. Comiéndome con la vista su perfecto culo, era claramente ese amigo pervertido. Uno que secretamente te deseaba, fantaseando constantemente con tenerte. Demasiado obsesionado como para siquiera confesarlo, había hecho un par de cosas de las que no me enorgullecía. Confesarlas me dejaría, me dejaría con una orden de alejamiento de su parte.
_Tengo que controlarme. _Pensé en voz alta.
Escuche como el agua empezaba a correr, mientras recogía la ropa de Wonbin. Lleve cada pieza a el cesto de la esquina, hasta que llegue a tomar su sudadera. Apestaba a su perfume, me la lleve al rostro cubriéndome completamente. Desacomode mis lentes en el gesto, pero no me pudo valer menos. Respire aquel embriagante perfume, combinado con su olor corporal. Vainilla quemada y ese almizcle de su sudor. Mi erección se marcó divina contra mis pantalones de chándal, me llegue a preguntar que podía ser más patético que eso.
En realidad, había algo más, mi perversión me cegó otra vez. Secuestre aquella pieza encerrándola en mi habitación, no era la primera vez que caía en aquellas prácticas. Wonbin solía perder sus prendas de a tiempos, pero no parecía darle la importancia que debía. De ninguna forma pensaría algo malo sobre las desapariciones, probablemente nunca se le pasaría por la mente. Para Wonbin yo era el ser más inofensivo del mundo, alguien con el que podía bajar su guardia por completo. Yo solía aprovecharme mucho de eso, más de lo que debía.
Una vez ambos estábamos listos en nuestras ropas de dormir, nos dedicamos a hacer las tareas en conjunto. Yo me enfoque en explicarle a detalle cada cosa a Wonbin y este tomo bien todas mis explicaciones. El chico era bastante inteligente, pero se volvía un manojo de estrés cuando veía demasiado que hacer. Ahora Wonbin estaba haciendo sus tareas en automático, después de agarrarle el hilo a cada cosa. Con esa sonrisilla casta en sus pomposos labios, que mordisqueaba de vez en cuando. Se giró hacia mi todo risueño, sus ojos brillando al verme.
_Creo que terminaremos antes de la media noche Ton. _Wonbin me dio la más ingenua de las miradas.
_Si. _ Mi voz tembló como la de un desgraciado.
Wonbin parecía no darle importancia, como si escuchase ese tono en mi muy a menudo. Siguió en su hacer de tareas, con una sonrisita tierna en sus labios. Yo volví a hacer mi tarea a la par, pero no podía estar tan enfocado como él. Tenía mis cuatro ojos puestos en la abertura de su pijama, había dejado un par de botones sueltos. Hacía un calor de infierno aquella noche, abrir las ventanas no había sido suficiente. Pude ver como una gota de sudor se pasaba a lo largo de su pecho, me dejé llevar por esta hasta que desapareció por completo. Me sentí sediento por ella, quería el sabor de esta en mi lengua.
_ ¿Estoy haciendo algo mal? _Wonbin se dirigió a mí.
_No _A penas salió justo aquella respuesta de mis labios.
_Es que me estabas mirando Ton. _ Wonbin replico de una.
_Solo estaba apreciándote. _Fui sincero esta vez.
Wonbin se me quedo mirando. _Eres muy lindo Anton. _
Wonbin mordisqueo su labio inferior, mantuve esa atención en sus acciones. Se sonrió todo dientes, acercándose a mi rostro. Plantando su mirada en la mía, como queriendo analizarme. Use todo mi autocontrol, en no romper la delgada línea entre nuestros labios. Sus labios se ocuparon entonces en mi mejilla, dejando un sonoro beso. Este resonó por todo el lugar, deleitando mis oídos. Me vi tentado a pedirle otro, talvez le pediría otro en esos momentos. Era tan patético, pero ya estaba.
_ ¿Podría tener otro más hyung? _ Dije en un hilillo de voz.
Wonbin me sonrió divino. _Los que quieras mi niño. _
Sonreí como un tonto, colado en un ardor en mi rostro. Era obvio que estaba totalmente rojo, editado por recibir un simple beso. Wonbin tomo mi rostro con ambas manos, acariciando mis mejillas a su gusto. Se agasajó dejando pequeños besitos en mi rostro, uno detrás del otro. Como siempre solía hacer, cuando me encontraba adorable. Generalmente odiaba esa percepción de él hacia mí, pero me gustaba tanto recibir sus besos.
_Por favor. _Se me escapo aquello en la más débil de las voces.
Una risa de parte de Wonbin. _ ¿Quieres que siga supongo? _
_Si. _Sentí pena de mí mismo.
Seguía batido en aquellos besos, en lo bien que se sentían. Wonbin siguió con sus besos, justo como empezó. Uno en cada una de mis mejillas, bajo mi atenta mirada. Dejo uno más en mi frente, dejándome una linda vista al acercar su cuello a mí. Luego bajo a mi nariz, besando la punta de esta también. Acomodando entonces mis gafas, como siempre le gustaba hacer. Relamí mi labio inferior ansioso, mirada fija en el objetivo. A este punto ya me había alejado, me le quede mirando oscuro. Sin moverme de donde estaba, desconfiando de mis futuros movimientos.
Mi mirada no combinaba para nada con la suya, la de él era de total ternura. Dejo un último beso en la comisura de mis labios, suspire ante este como si me hubiese quedado sin aire. Era demasiado para mi talvez, tenerle tan cerca de mí. Wonbin estaba casi encima de mí, para él no existía el espacio personal. Siempre se acercaba de más a mí, a darme de mimos a cada rato. Mimos que me dejaban duro, justo como en esos momentos.
_Te ves lindo cuando te sonrojas Ton. _Wonbin se me quedo mirando fijo.
Una caricia vaga, de la mano de Wonbin hacia mi rostro, me aferre a esta hasta que me dejo. Mis mejillas ardían fervientes, ante cada caricia del chico. Como si anhelaran su toque, sin tener suficiente de este. Mi mirada se desvió de la de este, recordando mi realidad. Aquellas caricias, no eran lo que mi cuerpo pensaba. Solo estaba sintiendo de más ante Wonbin, cada vez más difícil de controlar. Ya llevaba mi buen par de meses en aquella universidad, compartiendo con Wonbin. Mi cuerpo ya no le quedaba nada de aquella inocencia, mi obsesión por Wonbin se lo había llevado todo.
_Tengo algo de calor. _Dije sin más.
Volví a a mis cosas después de eso, para entonces Wonbin ya estaba en lo mismo. Bueno de saber porque, necesitaría quince minutos para volver a siquiera levantarme. Agradecía que la mesa cubriese mi regazo, porque no estaba para dar explicaciones. El gran bulto de mis pantalones, la humedad de mi goteante erección. Pensé varias veces en excusarme, pero Wonbin solía quejarse cuando le dejaba tirado en el estudio.
El calor nunca me abandono, incluso después de que se fue Wonbin se fue a dormir a su habitación. Seguía con una media erección en mis pantalones, una que había decidido agravarse. Estaba a solas ahora, con ella torturándome. Mi mente tampoco colaboraba, seguía creando esas tontas fantasías. Las imágenes de Wonbin dándome mimos, me tenían la mente descolocada. Fantasee con que este iba más allá de esos mimos, que sus besos se colaban en mis labios. Sus pomposos labios sobre los míos, lo suaves que estos se sentían contra ellos. Un par de mordidas para hacerlos ceder y poder saborear su lengua contra la mía. Eso sería bueno para mí, me deje llevar por todo aquello.
_Wonbin. _Se me escapo de los labios.
Mis manos ajustándose en su usada sudadera, me la lleve a la cara para tomar de su olor. Desordenando mis lentes, una vez más. Aspire su embriagante aroma, podía sentirlo aquí conmigo. Era lo que tenía ahora mismo y iba a aprovecharlo hasta saciarme. Deslice mis manos hasta el elástico de mi pantalón de pijama, acariciando el empalme evidente en este. Mis labios temblaron dejando ir un ahogado gemido. No deseaba recurrir a esto otra vez, pero estaba demasiado ido.
Me baje todo de un solo tiro, pijama e interiores de una sola vez. Mi erección topándose contra mi abdomen, dura como una roca. Dolía como mil demonios, necesitaba cuidar de ella. Cuando la tome a mano llena, está casi se retorció en expectativa. Empecé mi vaivén de manera suave, mientras con la otra seguía sosteniendo la prenda contra la mitad de mi rostro. Sirvió para acallar mis lastimeros gemidos, que se escapaban aclamando el nombre de Wonbin.
Seguía imaginando por sobre sus lindos labios, que combinaban perfectamente con su boca. Imaginando que estos me tomaban bien, toda mi extensión resguardado en su caliente boca. Chupándome con ansias de mi semilla, que sin querer remojaba la curvatura de sus labios. Me lo imagine escupiéndola punta, dejando que la saliva bañase a gusto. Para entonces ya mi frente estaba pegoteada de sudor, hebras desordenándose en esta. Lentes ridículamente desenfocados, recorriendo el largo de mi nariz. Me veía hecho un desastre, contra el espejo de mi habitación.
Me mantuve imaginándomelo volviendo a mí de manera sucia, desordenado sin parar de tomarme. Las arcadas al llegar al fondo de su garganta, volándome los sesos con aquella sensación. Para entonces su boca sería un total desastre de fluidos, sus labios brillosos impregnados en mi sabor. El estaría totalmente borracho en mi pene, rogándome porque me deje ir en su boca. Tragándome hasta la última gota, relamiendo el resto de sus labios. La sola imagen hizo mi pene retorcerse en mi agarre, un torniquete de dolor que gustaba.
_Mierda. _Dejo ir una grosería desordenada.
Acelero mis movimientos, el sonido del choque de fluidos contra mi piel. Se escucha de eco en toda la habitación, muerdo la maldita sudadera acallando mis constantes lloriqueos. Que se empezaron a escuchar ahogados, desesperados por escaparse entre las hebras de la tela. Mis ojos llenos de lágrimas, me fascina lo que mi mente me está ofreciendo. Jodo mi derecha, brusco, pensando en que es él. Chocando mi mano duro contra mis bolas, cuando logro bajar. Mi boca formando una perfecta o, aún ahogada en la tela.
Acaricio la punta que se riega y vuelve a regarse a gotas. Respiración entrecortada, de mi parte. Junto con el cosquilleo en mi estómago, que se reparte deliciosamente en mí. Me vengo a la par de un pequeño gritillo, que se quiebra a la par que veo aquel liquido transparentado seguir. Mis sonidos son tan lastimeros, tan erráticos. Sucio y desordenado, ante todo.
Me siento tan sacado de mi realidad, destrozado en mi propia fantasía sexual. Soy tan débil ante todo esto, me he vuelto un ser retorcido. Me sigo frotando hasta llevarme a aquella esquina del placer, como si no tuviese suficiente de aquel borde. El debería llevarme ahí algún día, he sido un buen chico.