Micro-Relatos Aeltrion - Universo del Eco del Alma

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Summary

Aquí se subirán historias paralelas, spin-offs, historias sobre algún personaje o historias que no saldrían en la saga principal para enriquecer más el mundo y sus personajes.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Bajó las Brasas del Viento

Fragmento del Archivo de Aeltrion — Universo de El Eco del Alma

El fuego todavía respiraba entre las colinas.

Las brasas pintaban el cielo con un resplandor dorado, y el viento traía el olor de la tierra húmeda mezclado con la ceniza.

Él caminaba entre los restos, con la ropa aún manchada de hollín.

Los niños lo seguían a distancia, con los ojos brillando.

—¡Lo hizo otra vez! —gritó uno—. ¡Nos salvó!

Las risas se mezclaron con los pasos.

—¡Venció a la bestia, la hizo volar! —añadió otro.

Una anciana se acercó y le tomó la mano, temblando. —Te lastimaste, hijo.

—¿Ah, esto? No es nada, tía Luz. La vieja Ruth me deja heridas peores cuando quemo el pan —respondió él con una sonrisa, apartando la mirada—. Ya todo está bien.

Los hombres del pueblo descargaban carros de agua, apagando los últimos fuegos.

La bestia había derrumbado el pequeño faro, y gracias a eso se prendió fuego y estuvo como loca… hasta que el viento se la llevó.

Cada mirada que le dirigían era distinta: admiración, temor, gratitud. Pero ninguna de odio. Allí, nadie lo llamaba monstruo.

Aquí, seguía siendo el muchacho que cargaba leña, el que reparaba techos, el que contaba historias bajo el árbol del pozo.

Y eso bastaba. Cuando el sol cayó, subió al techo del mercado. Desde allí vio las torres lejanas del centro del continente, donde los sabios y soldados hablaban de justicia y pureza.

Allá, su nombre era una maldición. Decían que servía a un monstruo, que había acabado con familias nobles, que su alma estaba corrompida. Y tal vez todo eso era verdad.

Sonrió. Porque si el mundo le dio la espalda a los únicos que lo quisieron, él le daría la espalda al mundo para proteger a los suyos.

—¡Oye, oye! —lo llamó un niño desde abajo—. ¿Puedes hacer las luces otra vez? Tras él, un grupo de pequeños lo observaba con ojos de esperanza. Él sonrió, alzó la mano y su marca brilló.

De su palma comenzaron a salir pequeños animales de fuego, danzando en la noche. Las risas llenaron la plaza. Él contempló las sonrisas y lo confirmó.

Esto… es lo único que importa.