El Primer Día
Jeongin:
Jeongin era un joven universitario que se la pasaba encerrado en casa estudiando. Estaba a punto de terminar su carrera y tenía que salir bien, sí o sí; por ello era considerado un nerd.
Sin embargo, tenía unos amigos que eran todo lo contrario a él: salían de fiesta y dejaban sus trabajos para última hora. Ellos eran Changbin, Jisung y Félix. Aun así, Jeongin los quería mucho.
Unas horas antes del suceso:
Sus amigos habían ido a su casa para invitarlo a salir a una discoteca. Jeongin iba a negarse, pero lograron convencerlo. No era de salir mucho, pero un relajo se lo merecía, ¿verdad?
Llegaron juntos y planeaban irse juntos. Jeongin bebió un poco y bailó, buscando divertirse un rato, ya que después tendría que volver a casa a estudiar.
Fue entonces cuando se cruzó con un chico muy lindo y tierno, que parecía un cachorrito. Quién hubiera imaginado que ese chico no era lo que aparentaba.
Sus amigos también lo vieron y apenas conversaron con él. Aquel chico, llamado Seungmin, les cayó bien… sobre todo por su físico.
Al notar lo sonrojado que estaba Jeongin por su presencia, lo dejaron solo, pensando que se divertiría con él y que quizás se harían amigos. Qué ilusos fueron.
Jeongin había bebido poco, pero se sentía demasiado abrumado. Ya estaba sin sus amigos; ellos se habían ido antes porque tenían que hacer un trabajo de la universidad, algo que Jeongin ya había terminado.
Aun así, no estaba solo: estaba acompañado de ese lindo chico, Seungmin, quien le había ofrecido una copa antes.
Jeongin no quería pensar que aquel chico pudiera haberle puesto algo a su bebida. Mientras estaba distraído, se negaba a creerlo.
Poco a poco perdió el conocimiento. Pobre Jeongin, no sabía lo que le pasaría.
. . .
Despertó en un lugar muy oscuro y vacío, con un olor desagradable. No sabía dónde estaba. Intentó gritar y escapar, pero no pudo: tenía la boca amordazada y las manos y piernas atadas.
Lloró y se culpó a sí mismo por haber salido con sus amigos, cuando había tenido ese pequeño presentimiento de que no debía hacerlo.
Ahora solo quería que ellos estuvieran bien… y que lo buscaran. Estaba asustado, sin saber dónde se encontraba.
Vio a alguien acercarse en ese lugar tan oscuro, y el miedo se apoderó de él.
Era Seungmin. Aquel lindo chico que se había acercado a él y a sus amigos.
Había sido quien le ofreció la copa, y después de eso no recordaba nada. Solo sabía que había despertado ahí.
Pero… ¿por qué Seungmin estaba allí, mirándolo con esa sonrisa tétrica?
—Hola, pequeño. ¿Por qué tan asustado? —habló Seungmin, con una sonrisa que se extendía de lado a lado.
Al ver que Jeongin no respondía, comenzó a reírse al darse cuenta de que estaba amordazado.
—Oh, perdón, no sabía que estabas así —rió escandalosamente.
Jeongin sentía las lágrimas caer y el miedo a flor de piel. Solo quería estar en su casa, seguir estudiando, despertar de aquello.
Deseaba que todo fuera un sueño… un terrible sueño.
Seungmin se acercó y retiró el trapo que le amordazaba la boca. Jeongin aprovechó para gritar. Qué tonto fue.
—¡Auxilio! —gritó, escuchando el eco de su propia voz mientras veía a Seungmin reír.
—Pequeño, nadie va a escucharte. Estamos muy lejos y bajo tierra. ¿Crees que soy tan tonto como tú? —habló con una serenidad que hizo que Jeongin quisiera llorar aún más.
—Por favor… déjame salir. Juro que no le diré a nadie, pero por favor, déjame salir… —suplicó Jeongin entre sollozos.
—Pequeño, eso es imposible. ¿Por qué te dejaría salir?
¿Qué gano con eso? ¿En serio no dirás nada? No te creo —respondió firmemente, sin borrar la sonrisa de su rostro al ver a Jeongin tan vulnerable.
Jeongin volvió a suplicar, pero Seungmin no cedió. En cambio, se burló de lo tonto y lamentable que se veía.
Luego salió del lugar y lo dejó solo… esta vez sin amordazarlo.
Jeongin lloró y gritó, pero tal como Seungmin había dicho, nadie podía escucharlo.








