El bárbaro y el príncipe
Las pesadas botas resuenan en el pasillo de piedra. El rey bárbaro avanza con decisión hacia la sala del trono del castillo. Fuera se siguen escuchando los gritos de guerra, el chocar de las espadas, el relinchar de los caballos y los sollozos de los inocentes. No por nada se le conoce como el azote de Dios, el conquistador, el bárbaro cruel o también como Katsuki la Bestia Sanguinaria.
Ya no quedan guardias en los pasillos y los que encuentra están desangrándose en el suelo. Katsuki avanza en soledad, con su espada -Furiosa- aferrada en su mano derecha, su capa roja ondea tras él y solamente escucha cómo sus guerreros están ganando la guerra fuera de esas paredes.
Una gran puerta de madera aparece ante él. Al fin ha llegado a la sala del trono. Ingresa empujando con fuerza la puerta y lo que encuentra no es para nada lo que esperaba.
La sala es iluminada por candelabros con velas, en las paredes enormes pinturas de los antiguos reyes lo observan con desdén. Al fondo de la sala, guiada por una larga alfombra roja desgastada se encuentra el trono, uno bastante sencillo para las personas ostentosas que se habían sentado en él.
En el trono hay un hombre viejo, con ojos cansados y un cuerpo desgastado, sobre su cabeza hay una pesada corona de oro que en su día fue reluciente. Su ropa se encuentra manchada de sangre y en su mano temblorosa sujeta una daga. En su otra mano está sujetando a un muchacho asustado. En el suelo a sus pies se haya una mujer de largo cabello verde totalmente inmóvil, rodeada de un charco de sangre. Katsuki supone que se trata de la reina.
-¿Interrumpo algo? -Pregunta Katsuki sonriendo divertido- Viejo rey ¿Acaso pensabas en acabar con tu familia para que no tengan que pasar por mis manos?
-¡Maldito bastardo! -La voz del rey suena desgarradora y ronca, se mueve con nerviosismo causando que el muchacho solloce ante el roce de la daga en su delgado cuello blanco- tu… bárbaro… ¡No dejaré que acabes con mi familia, no dejaré que te lleves la gloria de tener una victoria!
-¿Por eso prefieres matarlos tú mismo? -Katsuki observa a la mujer desangrada, con los ojos llenos de puro horror, y después dirige su mirada al muchacho que sigue atrapado en las garras de su padre- Qué gran plan. Te aplaudo. -Su voz está cargado de sarcasmo, pero en sus ojos hay un brillo peligroso-
-¡NO VOY A DEJAR QUE PONGAS LAS MANOS ENCIMA DE LA FAMILIA REAL MIDORIYA! -El rey está totalmente fuera de sí, poseído por la rabia y la tristeza, la desesperación de ver a su pueblo caer y su reinado acabar-
-¡Padre, no…! -El muchacho cierra los ojos al ver cómo su padre alza la mano y lo apunta con la daga, esperando el dolor y la muerte que nunca llegan-
Cuando el muchacho abre sus ojos lentamente lo primero que ve es a su padre con una enorme espada atravesándole el pecho.
-¡Oh, dios! -Exclama horrorizado, se suelta de su mano inerte, el rey sigue en su trono desangrándose con la boca abierta y los ojos mirando a la nada- ¡Padre…! -Empieza a llorar sin control, todo su cuerpo tiembla-
El bárbaro se acerca a grandes zancadas, saca su espada del cuerpo del rey logrando que la sangre empiece a salir sin control, limpia la espada en su capa roja y la enfunda en su cinto. Observa al muchacho que llora de rodillas al lado del trono, un príncipe que ya no tiene poder ni tierras, que con suerte podría tener una muerte rápida por su espada. Ya que si permanece con vida podría ser el esclavo de sus guerreros o de otro reino enemigo.
-Tú… -Lo llama con voz grave. El chico alza la cabeza, sus grandes ojos verdes brillan por las lágrimas y sus mejillas pecosas se encuentran rojas. Se le hace tierno verlo tan indefenso, le recuerda a un cervatillo desamparado- …eres mío.
…
El príncipe es llevado como un saco de patatas sobre el hombro del bárbaro, al principio ha pataleado y se ha resistido, pero su fuerza no tiene nada que ver con la del bárbaro y enseguida se ha rendido ante él. Para Katsuki el joven príncipe apenas pesa, es pequeño y delgado, fácilmente una de sus grandes manos puede rodear su cadera y con la otra agarra sus dos piernas. Ni si quiere ha utilizado toda su fuerza para cargarlo, es tan enclenque y débil que ha sido pan comido.
Sus guerreros lo observan confundidos, pero nadie se atreve a decirle nada. Excepto su mano derecha, su fiel y preciado amigo.
-Hermano ¿Quién es la chica?
-Es un chico. Es el príncipe Midoriya. -Informa Katsuki- es mi botín de guerra. -Una sonrisa cruza su rostro. El guerrero no le dice nada- Vosotros ¿Habéis terminado ya?
-Si, ya no quedan soldados con vida. Hay algunos campesinos que han logrado huir, los demás no han sobrevivido. -Katsuki escucha con atención, también puede oír como el príncipe solloza en silencio al oír las noticias- Supongo que el rey esta…
-Muerto. -Termina la frase el bárbaro- solamente queda este pequeño ratoncito de la dinastía de los Midoriya.
-Hermano ¿Qué hacemos con el castillo y el pueblo?
-Quemadlo todo. -Ordena con firmeza, ni si quiera dirige la mirada a su suboficial, sabe que su orden se va a cumplir. Camina directamente hacia su caballo-
-¡QUEMÁDLO TODO! ¡QUE NO QUEDE NADA! -Eijiro grita a los guerreros siguiendo las órdenes de su rey-
Katsuki sujeta al príncipe y lo sube a su caballo, se tambalea y casi no se puede mantener sobre él, seguidamente monta él también y sujeta entre sus brazos al príncipe a la vez que agarra las riendas con fuerza. El hombre que sujetaba su caballo lo suelta y sigue a los demás guerreros a prender fuego a todo. El joven príncipe observa cómo todo empieza a arder.
-¡ARRE! -Katsuki ordena, con sus talones da un ligero golpe a los costados del caballo y este enseguida empieza a galopar-
El muchacho termina desmayado al poco tiempo, Katsuki se las apaña para sujetarlo y que no caiga, en poco tiempo llegan a su aldea.
…
Antaño fueron conocidos como Ejderha, en su antigua lengua significa dragón, pero con el tiempo fueron conocidos como los guerreros Balaur. Una tribu nómada de fuertes guerreros bárbaros y feroces mujeres, todos montaban a caballo y por dónde iban saqueaban y mataban. Se decía que por dónde pasaban sus caballos la hierba no volvía a crecer. Finalmente, empezaron a apoderarse de una tierra en concreto, un gran valle rodeado de montañas y con ríos y bosques. Empezaron a construir casas y se quedaron ahí.
Los pueblos vecinos se sentían en constante amenaza, el rey Midoriya conocía su reputación y había decidido mandar soldados para acabar con ellos antes de que ellos lo atacarán a él. El primer ataque fue inesperado y exitoso, pero la venganza y la sed de sangre de los Balaur fue más grande y peor.
El joven rey bárbaro decidió atacar y matar a todos los del Reino Midoriya, acabar él mismo con toda la familia y exterminarla hasta el olvido. Quemar hasta los cimientos su castillo y su pueblo.
Y solamente dejó con vida al joven príncipe, que pasó a ser su botín de guerra.
Cuando la tribu vio volver a su rey con un joven desconocido estuvieron sorprendidos, pero apenas unos minutos después perdieron el interés, nadie se atrevía a contradecir a su rey.
Llegó galopando en su corcel negro, con su armadura cubierta de sangre y su capa ondeando, su rostro mortalmente serio y sus ojos rojos brillantes, como siempre un aura poderosa e intimidante lo rodea. El joven que lleva en brazos se encuentra inconsciente y se lo ve muy pequeño entre sus grandes brazos y la diferencia de sus cuerpos.
En una colina alejada de las demás chozas se encuentra una construcción más grande. Katsuki se dirige hacia su hogar, todos le dan la bienvenida y le felicitan por ganar. Él no dice nada, era su deber vengar a su pueblo y traerles la paz. Si no hubiera podido hacer algo como eso no podría considerarse rey.
…
El muchacho sigue dormido. Se encuentra aferrado a las pieles de su cama, su rostro refleja tranquilidad y suelta suspiros de vez en cuando. Katsuki lo observa a cierta distancia, estudia el pequeño rostro lleno de pecas y largas pestañas, labios finos y rosados. Cuerpo delgado y enclenque, su piel blanca e inmaculada. Su cabello sedoso y con rizos. Definitivamente es un niño mimado, un príncipe que no ha tenido que mancharse nunca las manos ni trabajar bajo el ardiente sol. Un niño que ha sido criado en un castillo y no conoce la crueldad que hay fuera de él. Jamás habrá pasado hambre ni frío. Aún así, su padre iba a matarlo sin que le temblase la mano.
Su gente jamás habría hecho algo así. Su tribu, los guerreros Balaur, no conocen algo como perder o el deshonor. Mueren peleando y mueren con gran honor por ello, ya que lo hacen defendiendo a su familia y a su tribu. Y un padre jamás mataría a su hijo, ni tampoco a su mujer. Durante el frío invierno se ayudarían unos a otros, cuidando de los más débiles de la tribu. A los niños los educaban en el arte de la guerra, les enseñaban a pelear, a montar a caballo antes que a andar, les enseñaban sobre la historia de sus antepasados y a cuidar de su gente.
Por ello, Katsuki jamás podría comprender a esas personas, a los reyes y a sus súbditos. Los llamaban bárbaros a ellos, pero ellos eran mucho peores.
El príncipe se remueve en sueños. Katsuki decide alejarse de él, tiene asuntos que tratar después de ganar la guerra. Dejará que el príncipe descanse lo que pueda, ya que cuando despierte su vida cambiará.
…
Cuando Izuku despierta lo hace lentamente, siente su cabeza embotada y dolorida, pero la cama es suave y caliente. Nota su boca pastosa y sus extremidades agarrotadas. La habitación es iluminada por unas pocas velas, pero no reconoce dónde está. No es el castillo, definitivamente.
Los recuerdos llegan poco a poco a su mente. El castillo, el ataque de los bárbaros, la sangre, los gritos, su madre muerta en el suelo, su padre con una daga en la mano y… el bárbaro.
-Oh dios mío… -Murmura el príncipe llevándose las manos a la cabeza- …ha sido todo real.
-Has despertado, ratoncito.
Izuku dirige su mirada hacia el dueño de la voz. Es él. El bárbaro. No lleva su armadura, solamente unos pantalones holgados y unos collares extraños, deja ver su torso fuerte y grande, sus brazos musculosos, todas sus cicatrices. Izuku aparta la mirada, se encoje en la gran cama y abraza sus piernas.
-Tu nombre.
Ordena con voz fuerte y grave. Su sola presencia es intimidante y poderosa, a Izuku le nace agachar la cabeza y obedecerlo sin chistar. Ese hombre es quién ha matado a miles en su reino, ha causado terror por dónde pasaba, ha oído miles de historias sobre él.
El bárbaro avanza y se sienta en la cama, cerca de él, Izuku alza la mirada y conecta sus ojos con los rojos de él. Es demasiado intenso.
-Tu nombre. No me hagas volver a repetirme.
-Izuku… Midoriya -Susurra su nombre con temor. Se siente pequeño e indefenso al lado del gran hombre-
-Tu castillo ha sido quemado hasta los cimientos. Tu familia está muerta. Tu pueblo ha huido o muerto. -El príncipe se estremece ante sus palabras- Ahora eres mío.
Izuku lo mira horrorizado.
-Pero me siento generoso -Sonríe de repente, una sonrisa divertida y arrogante, Izuku frunce el ceño- voy a darte dos opciones, ratoncito. Puedes irte si quieres, pero muchos ahí fuera desean tu muerte o… hacerte sufrir hasta que desees morir. O puedes quedarte conmigo, nadie se atrevería a tocarte. Serías mi botín de guerra.
-Son dos opciones horribles. -Habla el príncipe con voz suave, casi como un murmullo, con miedo- Deseo irme de aquí…
Katsuki alza la mano, agarrando su mentón con fuerza, obligándolo a mirarlo a los ojos. Izuku jadea e intenta zafarse, pero es imposible.
-¿Te ofrezco algo horrible? Entonces te llevaré con mis hombres, les encantará follarte hasta romperte, ratoncito… Y después, te entregaré a los enemigos de tu padre, ellos te trataran como te mereces. -Izuku tiembla bajo su agarre, las lágrimas se acumulan en sus ojos-
-No… por favor… -Pide con voz temblorosa-
-Entonces, dilo. Di que eres mío.
-Soy… tuyo.
Katsuki sonríe triunfante. Siempre consigue lo que quiere. Y ahora quiere a ese príncipe, pero desea que el príncipe esté dispuesto a él, no quiere forzarlo quiere que se le entregue voluntariamente.
Suelta su mentón y el príncipe se aleja un poco de él. Katsuki sube a la cama y se tumba.
-Duerme. -Ordena de nuevo. Le habría gustado que el príncipe se acurrucase junto a él, pero en cambio se tumbó lo más alejado posible de él-
Katsuki le lanza una manta para que se tape, decide dormir sabiendo que el príncipe no intentará escapar de él.