Bajo el Control del Vacío (Pausada)

Summary

"La velocidad ya no es nuestra aliada." Mobius ha caído. Las ciudades están en ruinas y el cielo se ha teñido de ceniza. Pero lo más aterrador no es el fin del mundo, sino quién lo está causando. Sonic, el héroe que todos amaban, ha sido consumido por una fuerza oscura que no puede controlar. ¿Qué haces cuando la persona que debía salvarte es la misma que te está cazando?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

No soy el Mismo

Sonic es el héroe más grande de todo Mobius. Su velocidad lo caracteriza, su espíritu libre inspira a los más jóvenes... él es el héroe que marcó el universo entero.

Sin embargo, en los confines de Mobius, se alzaba ahora una ciudad destruida y desolada. El cielo era imposible de ver tras la densa humareda; las aves habían huido, las flores se marchitaban y la tecnología no era más que chatarra inútil. Pasos lentos y distantes se escuchaban entre los escombros, mientras voces sin esperanza susurraban con temor. Fuego y polvo eran lo único visible. Nada tenía vida.

De pronto, una explosión en un rascacielos resonó como un eco lúgubre en toda la ciudad. Los edificios colindantes se derrumbaron, mientras otros permanecían en pie, pero sin equilibrio para durar mucho más tiempo.

Un erizo azul cayó del rascacielos rodeado de humo. Desesperado, Sonic intentó acercarse a la estructura mientras estaba en el aire, moviendo sus manos como si nadara en el vacío. Extendió su brazo para aferrarse a una ventana rota, lográndolo sin importar el riesgo. Con dificultad, estiró la otra mano; sus guantes estaban rotos y la punta de sus dedos, al descubierto, sangraban lentamente. Con un último esfuerzo, logró entrar a la oficina.

Al poner un pie en el suelo, cayó de rodillas, jadeando y presionando su mano derecha contra su cabeza. El sudor empapaba su rostro, donde un corte profundo marcaba su mejilla derecha. En su rodilla izquierda llevaba un trapo sucio y rasgado a modo de vendaje; sus zapatos estaban destrozados y su bufanda, alguna vez heroica, ahora era solo un jirón de tela mugrienta.

—Tengo que encontrar comida antes de que él me encuentre en esta... oficina —dijo mientras ajustaba el nudo de su rodilla.

Se levantó y se dirigió a la salida, pero estaba bloqueada por escombros. —¡Rayos! No puedo hacer ruido, o me encontrará —susurró, moviendo las piedras con extremo cuidado.

Investigó el lugar sabiendo que el más mínimo estrépito significaría su perdición. Al registrar un escritorio, encontró un reporte sobre lo sucedido:

“Día 1: Se informa de una explosión en el metro. Algunos dicen que fue un disparo. Hubo un ataque a un vagón lleno de pasajeros, por suerte, nadie salió herido. Día 2: La situación empeora. Un avión explotó; se rescataron 320 pasajeros, pero los otros 320... no se han encontrado. Posiblemente no haya sobrevivientes. Día 3: Se vio una sombra en el metro ocasionando el caos. Día 4: [El resto del papel estaba borrado con saña]”.

—No es posible... ¡Debe haber más! —susurró con desesperación—. No debí irme de viaje y alejarme de todo esto.

Al llegar a la décima oficina, escuchó pasos detrás de él. Eran pasos familiares. Al voltearse, divisó la silueta de un zorro de dos colas.

Tails... ¿eres tú? —preguntó Sonic, entre la sorpresa y el miedo.

—Sonic, pensé que no regresarías... Soy yo —dijo Tails, revelándose bajo la luz tenue.

Su cara estaba manchada de hollín, sus guantes rotos y llevaba sus gafas de aviador en la frente. Sus zapatos estaban cubiertos de gasolina y barro.

—Tails, ¿sabes dónde están Knuckles, Amy y los demás? —preguntó el erizo.

—Solo sé que están a salvo... por poco —respondió Tails con tristeza.

De repente, sobre ellos, se escucharon pasos secos y firmes. Alguien caminaba con precisión letal. Ambos se ocultaron tras un escritorio. —No nos queda de otra... tenemos que saltar —susurró Sonic.

—Llamaré al Tornado con el control remoto, llegará en minutos —respondió Tails sacando su monitor.

En ese instante, el techo se colapsó. Una energía oscura emergió buscando a Sonic. El erizo, cansado de huir, salió de su escondite.

—¡Oye, tú! Soy yo, el erizo al que mandaste a volar. ¡Exijo respuestas! Llevamos semanas en esto... ¡¿Qué es lo que buscas?! —desafió Sonic con firmeza.

La sombra no respondió. Atacó con una velocidad aterradora, golpeando a Sonic repetidamente hasta lanzarlo contra la pared.

—¡Sonic! —gritó Tails, pero fue golpeado también por la entidad.

La sombra se acercó lentamente a un Sonic debilitado y lo levantó del cuello. —¡Suéltame! —gruñó Sonic, pateando al aire.

En el forcejeo, la sombra rasguñó el brazo de Sonic. La energía oscura comenzó a filtrarse por la herida. De inmediato, el pelaje azul de Sonic se tornó negro cenizo; sus pupilas se encendieron en un rojo carmesí y su cuerpo empezó a emanar una estática tenebrosa. Aquel ya no era Sonic.

Tails, desde el suelo, presenció la transformación con horror. —S... Sonic...

El erizo oscuro lo miró con una sonrisa malévola. Levantó el brazo y cargó una esfera de energía oscura que iluminó todo el piso del rascacielos. La lanzó sin piedad contra el zorro. Tails se quedó inmóvil, viendo su vida pasar frente a sus ojos.

—Este cuerpo... es mejor de lo que pensaba —dijo “Sonic”. Su voz ya no era la suya, sino un eco distorsionado y metálico.

Cuando el humo de la explosión parecía haber consumido a Tails, dos figuras aparecieron entre la niebla. Era Knuckles, el equidna. Tenía el rostro manchado de batalla y sus nudillos de acero brillaban con furia. A su lado, Tails respiraba agitado, ileso gracias a la intervención de su amigo.

—Parece que me perdí de mucho —sentenció el equidna con voz firme.