1. Después de la tormenta
A veces, los sueños me arrastran de vuelta a esa noche, la segunda peor de todas. La vez que creí haber perdido a mi hermano.
Salí corriendo por la ventana, adolorido y lleno de sangre, ni siquiera estaba seguro de dónde brotaba, pero no me importó. Corrí cuanto pude, hasta llegar a donde estaban Hyunjin y Minho, los hombres de confianza de mi hermano gemelo, Christopher.
Pregunté por él; me informaron que estaba en marcha el plan de rescate de Minji. Escuché que mencionaron que, en cuanto Minji saliera, nos iríamos sin mirar atrás. Las órdenes eran esas, ella era la prioridad.
La rescataron y luego huimos.
Unas horas más tarde, Chris llamó, diciendo que estaba bien, que ahora él era el líder de los negocios turbios de apuestas y lavado de dinero del país y que jamás volvería, por protección de Minji.
Y entonces, el despertador sonó.
Respiré hondo, me tomó unos segundos asimilar que ya no estaba huyendo, pero el cuerpo no olvida tan fácil.
Los recuerdos aún me atormentaban como si hubiera sido ayer. Me levanté contra mi voluntad, pues le había prometido a mis amigos ir a entrenar con ellos.
Llegué al gimnasio, Jisung y Changbin ya estaban ahí, calentando para la sesión de hoy.
—¡Qué caras! —se burló Changbin.
Lo miré con cara de pocos amigos.
—¿Sigues con problemas para dormir? —preguntó Jisung, preocupado.
Asentí.
—Lo de siempre, solo que los últimos días se ha acentuado más.
—Deberías ir a que te revisen tu sinusitis —advirtió Changbin.
Arrugé la nariz y negué con la cabeza.
—No es eso, es solo que me preocupa ya saben quiénes —mencioné en voz baja para que nadie, aparte de nosotros, escuchara.
—Están bien —la voz de Yongbok nos hizo voltear, venía acompañado de un Seungmin con cara de sueño.
—¿Y tú cómo sabes? —preguntó Jisung, abriendo los ojos de forma exagerada.
—Solo lo sé —replicó con serenidad.
Me dio paz escucharlo, pues sabía que se contactaba más con él, pues habían trabajado juntos. Ambos podían mantener una comunicación que no levantara sospechas.
—¿Y Minji cómo está? —me atreví a preguntar.
—El cambio de trabajo le sentó de maravilla —replicó.
Fue todo lo que necesitaba escuchar para sentirme en paz. Cuando tenía sueños sobre lo sucedido esa noche tan caótica, me daba la impresión de que era una señal de algo andaba mal.
No me sentía decepcionado porque lo mío con Minji no hubiera funcionado, realmente no nos conocimos bien, ella conoció a Chris. Habíamos quedado en ser buenos amigos, pero desde que su relación con mi hermano se formalizó, se alejó por seguridad tanto de ellos como de nosotros.
—Yo lo que no entiendo —dijo Seungmin, sacándome de mis pensamientos—. Es cómo se les ocurre venir a entrenar antes de las seis de la mañana —arrugó la nariz con fastidio.
—¡Ánimo, campeón! —Changbin le dio una palmada en la espalda que casi lo tira—. Es por tu bien.
Seungmin solo puso los ojos en blanco, aventó la mochila a la esquina y arrastró los pies hasta una banca para dejarse caer.
—¡Ya, déjense de juegos! ¡Vamos a empezar! —exclamé, aplaudiendo para apurarlos.
A pesar de que Chris dejó en claro que no me preocupara por ellos, no dejaba de sentirme angustiado por su estilo de vida, y el que arrastrara a Minji a una vida tan solitaria y peligrosa, me dolía.
Estar ocupado era lo único que me mantenía cuerdo, alejado de esos pensamientos negativos. Y hoy, lo necesitaba más que nunca, aunque no entendía porqué, era como un presentimiento extraño.
Me estresaba no saber.
Al final del entrenamiento, hicimos cardio en las caminadoras. El dolor muscular me hacía concentrarme más en el presente, así que eso fue mi motivación para seguir a pesar de las pocas horas de sueño.
Enfrente había televisores con videos musicales, programas de televisión, novelas y noticias. No les presté mucha atención porque llevaba mis audífonos con la música tan alta para ensordecer mis pensamientos caóticos.
Estaba escuchando un demo que preparé para mi junta con Sumi más tarde en la agencia cuando, de pronto, un titular en el noticiero me tensó:
“Nuevo líder de red clandestina de apuestas digitales sigue sin rostro ni nombre”.
Me quité los audífonos y paré la caminadora para escuchar con atención. La noticia daba datos que coincidían con mi hermano; mencionaba que, quien fuera el nuevo líder, estaba haciendo ajustes de cuentas con otros grupos criminales.
—Está todo bien —susurró Yongbok, que estaba en la caminadora contigua.
Asentí sin decir nada. Dejé el entrenamiento y me marché para darme una ducha antes de irme al trabajo.
—¿Mañana misma hora? —preguntó Changbin cuando vio que iba de salida.
—Si todo sale bien en la junta de hoy, sí —respondí.
—¡Que sea un éxito la junta! —gritó Jisung.
Agradecí y salí rumbo a la agencia, buscando en las noticias más indicios de Christopher y Minji, pero parecía estar todo en orden.
La agencia estaba tan llena como de costumbre.
—¿Te llovió?
Levanté la vista para encontrarme a Jiwon, con un par de cafés, mirándome con gesto divertido.
—¿Qué? —pregunté, provocando que se riera.
—Que si te llovió —repitió—. Pregunto porque vienes escurriendo —señaló mi cabeza.
Por instinto, me pasé una mano por mi cabello. No me había fijado siquiera que llevaba el cuello de la playera mojada.
—Oh, sí, es que vengo de entrenar. ¿Llegó Sumi?
—No, aún no, estás a tiempo. Ten —me pasó uno de los vasos de café—. Lo necesitas bastante por lo que veo.
—Gracias —hice una pequeña inclinación.
Entré a mi estudio, encendí la computadora, acomodé los micrófonos... todo estaba listo. Estaba en la cabina cuando alguien tocó el cristal, llamando mi atención.
—¡Sumi! ¿Qué tal? —pregunté con una sonrisa.
Me saludó con un gesto de la mano, antes de entrar a la cabina.
—¡Channie! ¡Qué gusto verte! —exclamó emocionada.
Respiré hondo.
—Que no me llames así, por favor —insistí lo más amable posible.
—Perdón, perdón, se me olvida que solo dejas que tu hermanito te llame así...
La miré con severidad. Ella era amiga de mi hermano, conocía su rubro también, pues le encantaban las apuestas, pero al tener una reputación que proteger, lo hacía por debajo del agua.
—Bien, hablemos de lo importante —solté para cambiar de tema—. Ya tengo el demo.
—¿Listo para que te diga que lo rehagas todo? —bromeó Sumi, dejando su bolso en el sofá.
Me reí.
—Primero escúchalo y luego me pides los cambios —repliqué.
Busqué el demo y lo reproduje para ella. Podía ver cómo movía la cabeza al ritmo de la música. Al terminar, esperé que dijera algo, pero no lo hizo, al contrario, apretó los labios y bajó la mirada al suelo.
—¿Y? —pregunté, esperando su reacción.
—Está bien —subió la mirada—. Pero no es exactamente lo que quiero.
—¿Qué?
De todas las respuestas, no esperaba esa.
—No te lo tomes a mal, Channie...
Otra vez con lo de Channie.
Puse los ojos en blanco.
—Es decir, me gusta, pero... —hizo una mueca de incomodidad—. Quiero salir de lo que siempre hacemos ¿sabes?
Fruncí el ceño.
—¿Cambiar de género musical?
No podía entender qué la motivaba a hacerlo, aunque pronto me confundí más porque soltó una carcajada.
—No, no es eso —se secó una lágrima imaginaria de la risa—. Quiero que probemos trabajar con otro productor.
Sentí que perdía la fuerza.
—¿Me estás despidiendo de tu proyecto?
Su risa subió de volumen.
—¡Claro que no! Me refiero a que, me gustaría probar que tuviéramos a otro productor trabajando contigo, para experimentar con algo nuevo.
No me sonaba descabellado, las colaboraciones representaban buenas oportunidades.
—¿Quién?
Si estaba sugiriendo la idea, era seguro que ya tenía a alguien en mente.
—Nox.
Se hizo el silencio, no podía creer que siquiera lo sugiriera.
—¿Estás hablando en serio?
—Sí —replicó con una gran sonrisa.
—¿Lo conoces?
Mi incredulidad era porque Nox era una leyenda urbana de la producción musical.
No es que fuera el único bueno, pero su trabajo era muy innovador y aparte llamaba la atención porque muy pocos sabían quién era en realidad, en dónde trabajaba o cómo se contactaba.
Probablemente el misterio era lo que vendía su música.
—No me engañes, no lo conoces —entorné la mirada, tratando de atraparla en la mentira.
La observé, pero no parecía flaquear. Al contrario, se acomodó en el sillón.
—Lo conocí en una fiesta de Jihyo, hablamos y le dije que me encantaría que trabajáramos juntos —aseguró.
Me crucé de brazos, esto sonaba demasiado fácil.
—¿Y Nox sabe que va a trabajar con otro productor? ¿O sea, conmigo?
Ahí la vi dudar.
—Estoy en proceso de convencimiento —replicó sin darle importancia, se puso de pie y tomó su bolso—. De hecho tengo que poner en marcha mi plan para que acepte.
—Creí que al menos intentarías ensayar el demo.
—No, escuché suficiente; quiero que Nox me de su opinión, ¿me lo prestas?
Me quedé en silencio, sin poder reaccionar. Ella tomó la memoria USB y la echó a su bolso.
—Nunca ha trabajado con otros productores, y jura que es imposible que pueda convencerlo, pero, ya sabes cómo soy —se encogió de hombros—. No acepto un no por respuesta —guiñó un ojo.
La vi salir del estudio, decidida, sin mirar atrás, mientras yo me quedé pensando en qué implicaría trabajar con Nox, si es que aceptaba. No me quedé tranquilo, algo no encajaba en esta situación.
O tal vez sigues preocupado por Christopher, pensé.
Entonces, un sonido me hizo girar hacia la pantalla. Era una notificación de un correo electrónico sin título, y de remitente decía “desconocido”.
Lo iba a borrar, pero por error lo abrí:
“No confíes en el tal Nox si valoras tu carrera profesional”
Sentí un escalofrío demasiado familiar, este tipo de amenazas eran las que recibía antes de haberme ido a Australia, pero eran advertencias sobre mi hermano Chris, y ahora, sobre este tal Nox.
Así que por esto fue el presentimiento, pensé.
Aún no estaba confirmado que fuera a trabajar con Nox; era un capricho de Sumi, pero faltaba ver qué decía el misterioso productor al respecto.
Mientras eso se decidía, no podía dejar de pensar en que alguien sabía exactamente lo que acababa de pasar en mi estudio. La gran pregunta era ¿quién?








