—PREPARATIVOS—
Los restos del asentamiento se alzaban como despojos de algo ya perdido, no eran muchos por las mordidas que aún tenían algo de ese Acido blanquecino, pero tampoco eran pocos, fiel testimonio de la batalla llevada allí hacia algún tiempo no tan lejano como le gustaría a los exploradores enmascarados, había problemas solo para ver más allá de la neblina en especial sin la protección para los ojos.
Alertas como estaban oyeron como caían cosas al fondo de lo que en su tiempo se trató de la zona de comercio y todas las miras se dirigieron allí, señal de problemas y al mismo tiempo de oportunidades al no oír las grandes pisadas consecutivas como el traqueteo de algún motor, el metal destellaba al brillo de las luminarias, sujeta a la armadura por el cierre magnético, fuertes como eran atravesaban la neblina con algo de esfuerzo gastando las baterías disponibles, motivo de que solo hubiera dos a tres, la primera y la segunda mirando adelante y atrás, mientras que la que estaba al medio, intercalaba con la derecha a la izquierda con frecuencia nerviosa.
—Oigan, oyeron eso. —Miro el final de un pasillo nerviosa y esperando no encontrar nada.
—Por eso vamos, no oigo las patas, asique supervivientes, en el peor de los casos un mimético. —Recordó un poco de su pasado y como confundió a uno como su padre durante un tiempo antes de que intentara comérselo, de allí que siempre lleve véngalas de calor—. O quizá algo peor.
—¿Poseídos? —Menciono lo único peor que un mimético, aunque si esperaba una respuesta que no llego.
El traqueteo los hizo poner alerta y todos pasaron al silencio más absoluto que pudieron, a veces por instinto guardando la respiración, los filtros de la máscara apenas si ayudaban en ese respecto, pero el latido de cada corazón precio ganar mucha más fuerza.
—S…señor ¿Ordenes? —Preparo otro cargador, mientras pronunciaba las palabras.
—Preparen las granadas de humo. —Soltó el arma y llevo la diestra a los lúmenes en la cintura, mientras la izquierda preparaba las baterías extras en el lado opuesto.
—¿D… de que tipo? —El último en la fila, preparo las 5 en manos, antes de darse cuenta de los colores.
—Ver… —Negó con la cabeza, mientras dos lúmenes eran prendidos y los lanzaba hacia atrás—. Roja, en la teoría son Fromicaria. —Como espero, se magnetizaron al piso, un rápido toque al sistema en el guante y ampliaron la salida de luz, iluminando toda la zona. —Si corren hacia aquí que sea verde.
—Entendido. —Todos respondieron al unísono 10 gargantas, un arma en la mano dominante, la otra con la granada preparada.
—S… señor, hay movimiento en el sensor.
—Preparen armas, que alguien recupere la luz y dos que tengan granadas a mano por si acaso. —Hizo caso de su compañero y mano derecha en las expediciones. —¿Números?
Rápidamente le paso la pequeña pantalla a la mitad de su mano, aparto con cuidado el cable que conectaba con la mochila que transmitía la información analizada.
—Conté tres hace rato, a nuestra derecha como 10 metros. —Indico, mientras tomaba la placa más grande, enviándole una versión más completa de los túneles que en su tiempo fue aquel asentamiento.
—¿Creen que haya supervivientes? —Le devolvió la pequeña pantalla y al notar su falta de concentración, la puso en el descanso de pantallas, junto a las otras cinco—. Podría ser nuestra única pista a la hija del jefe.
Muchos negaron, dos estuvieron a favor, ignoro el resultado y los hizo ir a la señal que vio, lo vieron con toda claridad, huesos a medio comer, no demoraron en pensar en el poseído, pero la forma astillada no cuadraba con su forma de alimentarse y la espesura de la neblina desapareciendo les trajo tranquilidad.
“El agua o se cocieron con el vapor”. —Sacudió la cabeza, mientras la pregunta desapareció, las Blattodea Ignis por fin muriendo era suficiente consuelo para el momento. —¿O quizá salimos de su rango?
—¿Señor? —Pregunto la chica más al frente suyo.
—No importa, es sol…
El chirrido le hizo sentir vergüenza en la misma medida que le puso alerta, mientras se posicionaba al frente junto a la más temerosa y con ello el resto llego, pensando en lo que veían venir, era muy diferente a lo que todos imaginaron del momento y por fin la forma astillada del hueso les sonó a todos.
—¡Blattodea Maximum! —Corrió tras lanzar un par de granadas blancas.
Secundo la carrera de todos a todos, mientras veían aquella cabeza avanzar y los estruendos más atrás aumentaban a sus oídos, no supo si maldecir a la criatura por no hacer chirridos como casi todos sus congéneres o incontables homologas, lo cierto era que su propio miedo a lo más común, no le hizo reconsiderar esa clase de criaturas y a futuro, se prometió agregarlo a la perspectiva de combates en invasiones futuras, si es que era escogido de nuevo para tales eventos.
—¡Señor el camino! —Alerto al rezagado—. Salte
—¿Qué pasa con el camin…? —vio como sus compañeros parecían elevarse y solo al verles por debajo de la cintura le dijo que algo no andaba mal y tarde sintió la gravedad en todo su terrible esplendor. —¡haaaa!
Todos vieron como su líder parecía caer, en la misma medida que la cabeza y algo del cuerpo comenzaba a semejarse por el giro del pasillo principal obligándolos a correr, más por instinto que por sensatez.
En lo que todos corrían, un gancho bajo a toda prisa y atrapo la espalda del líder, mientras lo jalaba hacia arriba, los destrozos comenzaron a mostrar como la criatura llegaba a ver la presa temerse y tan cerca de su boca que empezó a babear, dejando caer un contenido blanco corrosivo.
—Joder, suelta. —Golpeo con la culata de su arma a los Blattodeos, antes de caer sobre una en la maniobra más brusca que lo puso en tierra firme. —Maldici…—Se tapó rápido los oídos al oír el chirrido.
Cayendo al piso, por el espasmo de dolor, tarde se dio cuenta de cómo el insecto comenzaba a arrastrarlo de vuelta al hueco, por una correa, a pesar de ser la mitad de todo el cuerpo y con apenas 4 patas.
Apunto el arma, formando un hueco donde debería estar el sistema nervioso central y haciendo bolar los restos de la criatura a la boca de su madre, quien mastico con prisa y gano fuerza en su avance hacia la presa.
—Maldición. —Tomo la carrera nuevamente
Retirando el arnés de su protección en el peto para no cargar el peso muerto del insecto y en parte de la armadura ganando velocidad. Maldijo la respuesta a su pregunta, cuando la neblina, comenzó a abundar, prendió un lumen y lo sostuvo a su cinturón, mientras ponía la mano en el arma y se preparaba para emboscadas.
Los casi tres millones de toqueteos en el metal, que sonaban más como una ola de canicas en metal, le dijo que habían sido muy impertinentes en adentrarse en la zona y el color Bronce de las Fromicaria, avanzando por paredes piso y lo que a más tardar le pareció saltos, que en realidad podría ser el simple hecho de que estaban aplastando a las que corrían más lento del frente, le dijo que no tenía medio para escapar y solo en ese momento pensó en su salvador.
—¡Sea cual sea el pago, estoy dispuesto por un favor más!
El gancho bajo de nuevo y esta vez le agarró del brazo, enredándose y elevándolo, casi tan rápido como las mandíbulas que alcanzaron sus botas, un rápido destello del arma y una bala atravesó la cabeza, el cuerpo y paso rumbo a otras cinco, sin más efecto que brindarle algo de alimento a los insectos medio caníbales.
—Maldi… —El arma apuntándole, le hizo callar al instante—. Y… yo teng…
En ese momento la mano le impidió decir mas, mientras los dos disparos con silenciador fulminaron a las cabezas, dejando caer los cuerpos a la holeada
Rápido comprendió lo que pasaba y procedió a seguir el camino en aquel extraño túnel que lo llevaría a una salida o mínimo a un lugar con más potencia de fuego, mientras notaba a su salvador. Se detuvieron en la mitad de una de las tantas bifurcaciones, que le pareció extraño y noto como la mano se elevaba y dejaba ver una mano con un comunicador, lo puso en su oído, retiro con calma el respirador, pero la mano de nuevo tapo la zona para hablar, capto la indirecta y espero alguna instrucción en el oído.
—Mar ¿Tienes al blanco?
—Sí señor, actualmente puede oírnos.
—Perfecto, señor, Artelo si no me equivoco, su comunicador, solo tiene medio para recibir, no para transmitir, el silencio es vital en donde esta o podría atraer atención indeseada, no entrare en detalles, solo debe saber que son Pheidole drogon, tengo entendido que usted entiende mejor por sus nombres de los muchos manuales antiguos, pero lo cierto es que las hormigas de espina, han resultado abundantes a la zona a la que se dirigen y como sabrá son muy sensibles al sonido, el pago por su salvación, es simple, debe hacer guardia en la entrada.
—Entendido —saco antes de darse cuenta y tapo el emisor de su respirador.
—Su compañera se llama Mar, quizá ya lo sepa, pero lo cierto es que una vez que termine nuestra operación usted podrá gozar de un poco de esos frutos, dicho esto, la vat… —La transmisión se cortó a medias.
—¿Hola? ¿Hay alg…? —Por un último pensamiento lo saco y verifico, antes de detenerse junto a la chica por delante suyo. —Creo que fall…
—No voy a gastar más baterías para dejarle oír a mi jefe. —Tomo el transmisor y lo guardo, interrumpiendo la pregunta—. Ese hablador ha puesto en peligro más de una operación por dar información de más.
—Estoy a sus órdenes al parecer.
—Ya las recibiste.
Continuaron el camino, para su fortuna, encontraron la entrada con facilidad y lo vieron, lo que en su tiempo debió ser una piscina de natación del tamaño de un almacén y con el doble de profundidad.
El líquido amarillo fluorescente de amarillo y verde le dijo lo que venían a buscar, se guardó las preguntas al ver como un par de las Formicaria Thorn comenzaba a alarmarse, sensibles al paso de sus hermanas como eran siempre se guiaban por las placas vibratorias que cubrían sus cabezas.
Captando con facilidad el paso de incontables de los suyos e ignorando a los humanos considerándolos parte de la carga de alguna obrera en las alturas y solo cuando llegaron al hueco llego el nerviosismo.
La chica soltó el gancho de su mano y se la paso al hombre, esperando que la tomara con fuerza, pero tras un empujón le devolvió la atención al trabajo.
La entrada al hueco era fácil de ver, tan amplia como él de alto calculando el diámetro, sujeto con fuerza el cable al ver como ingresaba en la guarida de la reina, no lo pensó mucho evitando el miedo del momento, mientras se ponía firme y después de casi media hora, por fin salió, revestidas de aquella mucosidad amarilla y bendijo la presencia de la máscara, recordando lo somnífero de aquellos fluidos amarillentos.
Poco tiempo después caminaron hacia la entrada, rumbo a los túneles de antes sintieron un terremoto, rápidamente reaccionaron y fueron a la pared de la entrada, al costado derecho y se sentaron, esperando más sujeción, lográndolo, cundo la horda de insectos paso delante suyo, no muy diferente a las cañerías al ser destapadas de sus desechos y arrastradas por el agua que retenían.
Cientos de chillidos de todo tipo en el centro hizo que las incontables hormigas alrededor corrieran para poder dar matarile a las presas del día y comenzaron a extraer las púas, cercenando extremidades con las mandíbulas o dando batalla a las pocas criaturas que parecían presentar una amenaza, expulsando sus pías dentro de los caparazones inyectando los venenos adormecedores y en el proceso, siendo parte de la misma cosecha, al morir por los órganos estallados por el ingreso de aire.
—Vamos es nuestra oportunidad.
Rápidamente corrieron por el túnel ahora libre y mucho más transitable de lo que fue su ingreso, se sentía con facilidad la roca alrededor, mientras daban prisa al viaje y prioridad a la protección del cargamento, casi medio día caminando para llegar a la zona de extracción, que fue seguida de una calma descorazonadora en barias ocasiones que parecía demasiado tranquila.
Los centinelas robóticos, parecían ver alrededor, cuando los identificaron, rápidamente uno saludo y formo una carita sonriente con dos círculos y una media luna.
—Saludos cazadores, es buen… —Se detuvo con el golpe que lo hizo tumbar.
—Cállate idiota.
—Tan descortés como siempre. —Se incorporó con prisa gracias a la espalda cambiando su polaridad y repeliéndolo del piso metálico, mientras se acomodaba la cabeza—. Estimo que las cosas fueron de maravilla por su reacción.
—Soy Ar…
—Artelo, mi estimado colega, soy consciente de que su compañía fue, un poco brusca en su actuar y espero la perdone, pero la situación requería su silencio como ha de agradecer.
—S…sí. —Por un momento encontró varios grupos medio reunidos, otros tratando a sus heridos.
—Segundo pasillo a la derecha, si busca a su grupo los encontrara por allá, estamos atendiendo el veneno en sus sistemas, las espinas pueden prob… —Interrumpido de nuevo por una alerta, que dejo de lado con prisa, esperando continuar su explicación.
—Respecto a esa recompensa. —Sabía todo lo que podía saberse del veneno y como tratarlo, lo importante sería el dinero para el antídoto.
—Mercenario de toda la vida, lo noto. —La calma parecía superar su anterior animo deslumbrante—. Me temo que no tenemos los créditos como tal, lo que se llevar… —callado por la clara señal de Mar se detuvo y se dio la vuelta para seguir su patrulla.
El golpe de una capsula del tamaño de un antebrazo que reboto en la cabeza del centinela y choco el pecho de Artelo, le dijo todo lo demás, y previo que era suficiente para ganarle un mes de vida calmada o el antídoto para todos y un día de comer bien.
Siguió el rumbo indicado, mientras miraba alrededor, había bastante gente, algunos refugiados por las ropas, otros parecían mercenarios como el grupo que lo contrato, pero el uniforme de líderes del gremio era muy escaso, al punto que solo vio dos en el camino y parecían estar en muy mal estado, otros colores eran más variados, pero carentes de equipos, casi siendo un contraste absoluto.
—Jefe, es usted. —La chica le saludo, llamándole la atención.
—Si, como les fue.
—No muy bien.
—Lo bueno, es que nos pagaron antes y yo no cobrare por mis servicios. —Sacudió la capsula, notando la confusión en el grupo. —Esto es jugo de reina, se usa en medicina y en esta cantidad, pagamos antídoto y tratamiento completo, un día de comer bien y descanso.
—Tanto así.
—Ya saben desde la anterior explosión en la central de almacén, la anestesia se vende a buen precio.
Casi hubo alegría en la mayoría, mientras se preguntaban cómo le aria para obtener el dinero, pero su jefe, preparo un rembolso de lo pagado por cada uno y agrego los 100 créditos.
Todos se alegraron, mientras veían a su ex jefe, pues el contrato había sido disuelto, y luego de un rato más se les unió en una charla de su supervivencia, solo detenidos por un centinela que pasaba, patrullando el lugar.
—0—Dentro de la base provisional — Sala de monitoreo—0—
—Todo parece ir bien por aquí.
Otra señal llamo su atención y vio a un grupo llegar, el uniforme Negro les dijo que no eran de fiar y dispararon sin reserva, no demoro en buscar entre las pertenencias y con lo mismo el cuerpo fue puesto en la rejilla de desechos, rumbo a alguna de las dos zonas de carnada.
—Si todo va de maravilla. —Unos estirones del cuerpo, mientras veía como iba todo alrededor, con las cámaras alrededor en movimiento, le dijo que todo iba bien, mientras en la zona más baja veía a las chicas disfrutando de la comida y se sintió seguro, cuando paso a la sala de botín, lo veía amplio y bien abastecido—. Bueno, quizá podamos vender un poco de lo que ya tengamos en excedentes.
Otra alerta sonó, de uno de los centinelas que patrullaban, identificaron Cucarachas Rayo, el rápido estallido de las antenas choco el armazón, dejándolo en el piso y casi con la misma prisa empezó a ser devorado.
—Ya es el segundo. —Soltó un suspiro recordando que tendría problemas mayores si más llegaban a alimentarse del metal—. Bueno al menos no fue la cabeza—. Oprimió el botón amarillo viendo cómo se alejaba de la zona.
La cabeza se desprendió junto a muchas partes con sistemas vitales y lo que básicamente era el esqueleto, dejando las piezas de armadura ligera atrás, el viaje de la cabeza, no demoro mucho en llegar a un compañero en la exploración más lejana, ingreso al conducto y paso con mucha prisa hacia la salida
Saliendo los supervivientes se volvían a espantar y los pocos mercenarios apuntaban con las armas, el color negro y la luz del cráneo, causo conmoción, pensando en algún insecto colándose en la zona, pero, la rapidez que metió la cabeza y el resto del cuerpo en la capsula impidió que las balas destrozaran el sistema operativo y las piezas de armadura eran puestos de nuevo, componiendo el resto de articulaciones y completando el centinela de combate y con ello una arma de fuego, primitiva para la moría, pero tan descartable como el resto de la armadura puesta.
La Capsula se abrió y el cuerpo avanzó hacia la salida, ahora equipada con un pequeño mecanismo en la mano, que entregaría una carga negativa, contrarrestando el insecto que hace rato le había incapacitado.
—Enzima que ya les advertí. —Se sintió decepcionado y mando a un par de centinelas para advertir a los dos impulsivos, además de exigir un cargador de munición por la ofensa o su pronta retirada.
—Oye, deja de jugar y ven acá de una vez. —La cámara tenia al completo la cara de Mar antes de apagarse.
—Voy —respondió al aire, mientras extendía las manos para evitar que la esfera que proyecto el mensaje llegara al piso—. Esta niña no tiene remedio.
Por un momento pensó en cambiarse, pero la petición de su muy querida amiga le hizo tomar seriedad y partió con prisa, el asesor descendió al 4 piso y en allí un centinela le paso el violín, primitivo de madera y más importante pintado de blanco, pulido de las cuerdas y zonas metálicas, las puso en su espalda, mientras partía rumbo al ascensor de nuevo y al segundo piso subterráneo, donde estaban oficialmente sus aposentos, mientras miraba con calma la ubicación y procedía a pasar tras tocar la puerta.
La encontró tan preciosa como siempre, las vestimentas de guindo, carmesí y negro, eran extrañamente contrastante con el blanco de las paredes, pero con el piso, la hacía parecer parte de aquel lugar, como un elemento inamovible, motivo de su alegría pasajera como siempre y esbozo la sonrisa de siempre, mientras veía el violín en sus manos, lista para un recital, pero más importante vio el asiento que le indicaba.
Apresuro el paso y se sentó, listo para la práctica, ya en su asiento y tras algunas correcciones de la chica, procedió a codificar su ojo izquierdo para que grabara y comparar con sus anteriores prácticas, mientras el mismo verificaba con el ojo humano la naturaleza de lo que se podía perfeccionar.
La luz se atenuó un poco, dejando ver los donde empezaba y terminaba alguna de las placas blancas del salón, mientras el piso, generaba una luz por debajo de la chica, quien comenzó a tocar al cerrar los ojos y a caminar.
Pronto la oscuridad se formó alrededor, mostrando con toda claridad el dominio con las notas emitidas por el instrumento, mientras que formaba pequeñas holas alrededor, el brillo blanco en las paredes de la habitación debilitaron su dominio, pero aquellas formaciones de oscuridad alzándose, prosiguieron sin paro su avance, mientras formaban a caballeros, distinguidos por la forma de la ropa a pesar de solo ser siluetas, algunos de rodillas, otros incluso atreviéndose a retirarse, como indignados de que la dama no llegara a su lado en la primera petición de participar del mismo baile.

La chica abrió un poco el ojo Izquierdo, mirando que su único espectador la siguiera con la vista, tras ello, procedió a dar el último paso, rodeando el asiento, mientras se paraba al frente suyo y daba una reverencia calmada y se quedó allí mirándolo hasta que noto las manos juntarse.
Los aplausos resonaron en la estancia cerrada, tras ver la sonrisa de la chica, pensó en ponerse de pie, pero fue detenido en el mismo acto, mientras la vara del violín chocaba contra su pecho, supo que debía permanecer allí un rato más y tras sentir la calidez de la chica sentarse en su regazo y apoyar la cabeza al peto de la armadura, dedujo que aún seguía siendo la niña que tenía en esos días aciagos.
No supo si fue el recital o sus recientes arranques de ira lo que le hizo dudar de la actitud de Mar, pero sabía que podía evocar más furia si no era cauteloso, tomo la cabeza de la chica, con la mano derecha, sintiendo que volvía a estar al cuidado de la pequeña Mar.
—Tu actuación fue perfecta Mar, no tendrás problemas en el recital de mañana.
El golpe del arco, con la parte de la vara metálica en la cara, le dijo que se había equivocado, el no tan repentino salto de aquella posición, le resulto algo favorecedor, mitigando el peso en su asiento.
—Sí que sabes cómo arruinar el ambiente. —Se retiró al centro, donde dejo descansando el instrumento, mientras se daba la vuelta, mirando a su jefe.
—Entonces, a que se debe que me llames tan pronto te limpiaste. —No demoro en poner su propio instrumento al frente suyo, mientras ajustaba con el oído las cuerdas y lo ponía a un costado—. Si es por verificar tu nivel, sabes que la sala entera de monitorea.
—Ya deberíamos estar en camino. —Resoplo resignada.
—Llegaremos a tiempo para tu recital, no te preocupes —repitió igual de alegre que hace instantes.
—¡Eso no me importa! —Vio el instrumento de nuevo, considerando los buenos recuerdos del pasado y se calmó un poco, viendo de nuevo su furia florecer—. Lo que me importa es cuanto tardaras en llegar, no me digas que no pretendes traer compañía. —No supo en que momento su voz se volvió débil, quizá por no querer expresar el sentimiento o lo mas creíble, porque temía el resultado y con ello las palabras.
—Claro que traeré compañía. —Aclaro lo más encantador que pudo, mientras aun veía lo descuidado del pelo.
El violín de metal negro choco su frente y lo derribo, junto al asiento, mientras los pasos furiosos se dirigían a la salida de aquella habitación.
—Insensible. —Se retiro por la puerta, con malestar en el corazón, mientras se dirigía a su habitación.
—Lo ciento, por eso. —Oyó la puerta cerrarse, mientras sentía que la ofensa no le hacia tanto daño como sus acciones—. Necesitaba terminar rápido esta interacción, el ataque es problemático. —Terminada la grabación de su ojo y procedió a conectarse de nuevo al sistema, sintiéndose más preocupado de lo que estuvo momentos antes por las incontables alertas. —Me distraje más de lo que pensé.