Goku X Milfs (Oneshots) by SON_GOKU_18 at Inkitt
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GOKU X MILFS (ONESHOTS)

Summary

Historias lemon Goku x milfs de diferentes animes, series y videojuegos

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

1. Hilda Boreas Greyrat

La noche caía sobre la Ciudad del Oeste. Goku caminaba por las calles iluminadas después de un día entero entrenando en las montañas cercanas. El estómago le rugía como siempre: había gastado tanta energía que necesitaba rellenar el tanque urgentemente. Vio un restaurante grande con luces brillantes y olor a comida que lo llamó de inmediato.

Entró y se sentó solo en una mesa al fondo. Pidió de todo: montañas de arroz, carne asada, ramen gigante, brochetas, platos y más platos. El mesero no daba abasto, y los demás clientes lo miraban boquiabiertos mientras él devoraba todo con una sonrisa feliz. “¡Esto está increíble! ¡Trae otros quince de esos, por favor!”

Cuando terminó (y dejó la cocina casi vacía), sacó su cartera del gi, contó unos cuantos billetes grandes y pagó la cuenta sin problema. Se levantó frotándose la barriga, satisfecho. “¡Uff, ahora sí estoy lleno! Hora de volver a casa…”

Apenas salió del restaurante y dio la vuelta a la esquina, escuchó gritos ahogados. En un callejón oscuro, tres ladrones rodeaban a una mujer. Uno le apuntaba con una pistola barata, otro le arrancaba el bolso y el tercero la empujaba contra la pared.

—¡Danos todo lo que lleves, preciosa! —gruñó el líder.

La mujer no parecía aterrorizada; más bien furiosa. Era alta, elegante, con un vestido rojo ajustado que marcaba unas curvas impresionantes. Su cabello rojo largo caía en ondas perfectas hasta la cintura, y mantenía la cabeza alta con una dignidad que ni los ladrones podían ignorar.

Goku apareció en un parpadeo detrás de los tres tipos. Un golpecito suave en la nuca de cada uno y los tres cayeron redondos al suelo, inconscientes.

—¿Estás bien, señorita? —preguntó Goku con su sonrisa inocente de siempre, rascándose la nuca como si nada hubiera pasado.

La mujer se giró lentamente. Y entonces lo vio.

Ahí estaba él: alto, con un físico imposible, musculoso como un dios viviente. El gi naranja se pegaba a cada músculo definido, brazos gruesos como troncos, pecho ancho y duro, cintura estrecha. La luz de la farola iluminaba su cara pura y amable, esa sonrisa bobalicona que contrastaba con un cuerpo que exudaba potencia bruta.

Ella sintió que el aliento se le cortaba un segundo. Nunca había visto un hombre así. Sus ojos recorrieron sin querer todo ese torso perfecto, bajando un instante y volviendo a subir, con las mejillas ligeramente sonrojadas.

—Yo… sí, estoy bien. Muchas gracias —dijo, intentando recuperar la compostura—. Has sido… increíblemente rápido.

—¡Me llamo Goku! Solo pasaba por aquí y vi que te molestaban. ¡No podía dejar que te hicieran nada! —respondió él, riendo despreocupado.

Esa inocencia absoluta la desarmó por completo. Un hombre capaz de tumbar a tres armados en un segundo, y hablaba como un niño grande. Sintió un calor extraño subirle por el cuerpo; sus pechos voluminosos subieron y bajaron con la respiración un poco más acelerada.

—Mi nombre es Hilda, No todos los días aparece un… héroe así de la nada —dijo ella, acercándose un paso. Su perfume caro se mezcló con el olor natural de Goku después del entrenamiento—. Al menos déjame agradecerte como corresponde. Mi casa está a solo dos calles de aquí. ¿Te gustaría pasar a tomar algo? Tengo un vino excelente… y estoy sola esta noche.

Goku parpadeó, pensando solo en la comida.

—¿Vino? No sé mucho de eso, pero si hay algo de postre o más comida, ¡claro que voy!

Ella sonrió con una mezcla de diversión y un deseo que apenas podía disimular.

—No te preocupes… te voy a dar algo mucho mejor que comida.

La pelirroja le dedicó una sonrisa cargada de intención mientras empezaba a caminar por la acera iluminada por las farolas. Goku la siguió sin dudar, con las manos en los bolsillos del gi y esa expresión relajada de siempre, como si acabara de aceptar una invitación a comer ramen en lugar de entrar al juego que ella ya tenía en mente.

Caminaron en silencio las dos calles. Ella iba un paso adelante, contoneando ligeramente las caderas; el vestido rojo se movía con cada paso, marcando la curva perfecta de su culo y dejando que el escote profundo hiciera su trabajo cada vez que se giraba un poco para mirarlo. Goku, inocente como era, solo pensaba en lo rico que olía su perfume y en si habría algo dulce en esa casa.

Llegaron a una verja alta de hierro forjado que se abrió automáticamente al acercarse ella. Detrás había un jardín impecable y una mansión de tres plantas, luces suaves encendidas en las ventanas bajas, todo gritando dinero y clase.

La pelirroja subió los pocos escalones de la entrada principal, sacó una llave pequeña y abrió la puerta de madera pesada.

—Pasa —dijo con voz baja, girándose hacia él bajo la luz cálida del porche. El escote se hundió un poco más cuando se inclinó ligeramente, y sus tetas voluminosas amenazaron con desbordarse—. Bienvenido a mi casa.

Goku entró detrás, mirando alrededor con curiosidad genuina.

—¡Vaya! ¡Esto es más grande que la casa de Bulma! —exclamó, riendo—. ¿De verdad vives aquí sola?

Ella cerró la puerta con un clic definitivo, giró la llave y dejó las llaves sobre una mesita de mármol del vestíbulo. El sonido resonó en el silencio absoluto de la mansión vacía.

—Por esta noche… sí, completamente sola —respondió, quitándose lentamente el abrigo ligero que aún llevaba. Al hacerlo, el vestido rojo se ajustó todavía más a su cuerpo, resaltando la cintura estrecha y el pecho generoso que subía y bajaba con una respiración ya algo más pesada—. Ven, la sala está por aquí. Te serviré ese vino… y algo más.

Lo tomó suavemente del brazo —sus dedos rozando el músculo duro del bíceps— y lo guió por el pasillo hacia una sala amplia con sofás de cuero, una chimenea apagada y una barra de bebidas iluminada al fondo. Los tacones de ella resonaban en el suelo de mármol, y cada paso parecía calculado para que Goku notara cómo se movía todo su cuerpo.

Se detuvo frente a la barra, se giró hacia él y apoyó una mano en la encimera, arqueando ligeramente la espalda para que el vestido marcara aún más sus curvas.

—¿Qué te apetece primero, Goku? —preguntó con voz sedosa, los ojos fijos en los de él—. ¿El vino… o algo más dulce?

Goku miró alrededor, todavía con esa expresión inocente y el estómago satisfecho del restaurante, pero siempre con espacio para más.

—Pues… la verdad es que todavía tengo un poco de hambre —dijo rascándose la nuca, riendo como un niño grande—. ¿Tienes algo de comer? ¡Cualquier cosa me vale!

La pelirroja soltó una risa baja, divertida por esa inocencia tan pura en un cuerpo tan imponente. Se giró hacia la barra, abrió un armario y sacó una bandeja ya preparada con algunos platillos fríos: canapés pequeños, frutas cortadas, quesos finos y bocadillos elegantes que parecían más decoración que comida de verdad.

—Aquí tienes. No es mucho, pero es lo que tengo a mano —dijo colocando la bandeja en la mesa baja frente al sofá amplio—. Come todo lo que quieras.

Goku se sentó de inmediato en el sofá, con los ojos brillando como si le hubieran puesto un banquete delante. Empezó a devorar los platillos con las manos, metiéndose varios canapés de una sola mordida, masticando feliz y con las mejillas hinchadas. De vez en cuando soltaba un “¡Mmm, qué rico!” o “¡Esto está buenísimo!” con la boca llena, completamente concentrado en la comida.

Ella se sentó a su lado, cruzando las piernas con elegancia y apoyando el brazo en el respaldo del sofá. Lo observaba con una sonrisa suave, casi maternal, pero con un brillo de deseo en los ojos. Parecía un niño pequeño disfrutando de sus dulces favoritos: esa cara de pura felicidad, las manos rápidas agarrando todo, la forma en que se lamía los dedos sin vergüenza… Todo en contraste con ese físico de dios que tensaba el gi naranja.

Minutos después, la bandeja estaba vacía. Goku se recostó un poco en el sofá, frotándose la barriga con satisfacción.

—¡Uff, gracias! Estaba riquísimo —dijo sonriendo—. ¿Y el postre? Dijiste que habría algo dulce…

La pelirroja se inclinó hacia él lentamente, su sonrisa volviéndose más intensa, más cargada. Sus tetas voluminosas se acercaron peligrosamente cuando puso una mano en el muslo duro de Goku.

—El postre… soy yo —susurró con voz ronca, antes de inclinarse del todo y besarlo en los labios.

El beso fue directo, profundo, con sus labios suaves y calientes presionando contra los de él. Al principio Goku se quedó congelado,sus ojos abiertos de sorpresa, sin saber qué hacer. Era como si su cerebro inocente no procesara del todo lo que estaba pasando.

—¿E-eh…? —murmuró contra su boca, confundido.

Pero entonces ella deslizó la mano más arriba, rozando directamente su entrepierna por encima del gi. Sintió el bulto pesado, enorme incluso en reposo, y apretó suavemente.

Eso fue todo lo que necesitó.

El instinto Saiyajin salió a flote como una explosión de ki. De repente, le vinieron flashes a la mente: noches salvajes con Chi-Chi, esa hambre primal que solo se saciaba con algo más intenso que la comida. Su cuerpo reaccionó solo.

Goku correspondió el beso con fuerza, agarrándola por la cintura y devolviéndole el beso como un animal despertando. Sus labios se movieron hambrientos contra los de ella,la lengua invadiendo su boca mientras un gruñido bajo salía de su garganta.

Luego, con un movimiento rápido y dominante, la empujó suavemente pero firme contra el sofá, poniéndola boca arriba debajo de él. Se incorporó un segundo, se quitó la camisa del gi de un tirón y la lanzó al suelo, dejando al descubierto ese torso perfecto: músculos duros, abdominales marcados, pecho ancho brillando bajo la luz cálida de la sala.

La pelirroja jadeó al verlo,sus ojos abiertos de puro deseo, mordiéndose el labio mientras sus manos ya subían para tocar esa piel caliente y dura.

—Dios… eres perfecto… —susurró ella, temblando de anticipación.

Goku la miró desde arriba, los ojos con un brillo más oscuro, esa inocencia mezclada ahora con pura potencia Saiyajin.

—Ahora sí… tengo hambre de verdad —gruñó, antes de bajar de nuevo para devorarle la boca.

El beso fue salvaje, profundo, su lengua invadiendo la de ella con una urgencia que la dejó sin aliento. Sus manos grandes y callosas subieron por los costados del vestido rojo, amasando la carne suave hasta llegar al escote. Sin paciencia, agarró la tela con ambas manos y tiró con fuerza: el vestido se rasgó de un solo jalón, cayendo en pedazos al suelo y dejando al descubierto el cuerpo desnudo de la pelirroja.

Sus tetas gigantes saltaron libres, perfectas, redondas y pesadas, con pezones rosados ya duros como piedras. Eran enormes, más grandes de lo que el vestido había insinuado, rebotando ligeramente con el movimiento. Goku se separó un segundo del beso solo para mirarlas,sus ojos abiertos con una mezcla de admiración y hambre animal.

—Vaya… son increíbles —murmuró con voz ronca, antes de bajar la cabeza y atrapar uno de los pezones con la boca.

Chupó con fuerza, lamiendo y mordisqueando mientras su mano masajeaba la otra teta, apretándola hasta que la carne se desbordaba entre sus dedos. Ella arqueó la espalda, gimiendo alto, sus manos enredándose en el cabello puntiagudo de él.

—¡Ahh… sí…! —jadeó, temblando bajo su peso.

Goku no se detuvo ahí. Sus labios bajaron por el vientre plano, besando y lamiendo cada centímetro hasta llegar entre sus piernas. La separó con facilidad, abriéndole los muslos, y hundió la cara directamente en su coño ya empapado.

Era experto, años de noches intensas con milk su esposa lo habían convertido en un maestro. Su lengua se movió con precisión brutal: lamió el clítoris en círculos rápidos, luego lo succionó fuerte mientras dos dedos gruesos entraban y salían de ella, curvándose para golpear ese punto exacto dentro.

La pelirroja gritó, sus caderas levantándose del sofá sola.

—¡Dios… qué estás haciendo…! ¡Nunca… ahhh!

Goku aceleró, gruñendo contra su coño mientras la devoraba como si fuera el plato más delicioso del universo. Su lengua vibraba con un poco de ki instintivo, haciendo que cada lamida fuera eléctrica.

Ella explotó en segundos. Un orgasmo fuerte, violento, la sacudió entera: sus piernas temblando, la espalda arqueada al máximo, un grito ahogado saliendo de su garganta. Y entonces vino el squirt: un chorro caliente y abundante salió de ella, empapando la cara y el pecho de Goku. Nunca en su vida había experimentado algo así; sus ojos se pusieron en blanco, su cuerpo convulsionando en olas de placer puro mientras gemía sin control.

—¡No… no puede ser…estoy chorreando… ahhhh!

Goku levantó la cabeza, su boca y la barbilla brillando con sus jugos, sonriendo con esa mezcla de inocencia y satisfacción salvaje.

—Jeje… sabes riquísimo —dijo lamiéndose los labios—. Pero todavía no terminé de comer…

Ella jadeaba en el sofá, su pecho subiendo y bajando rápido, esas tetas gigantes temblando con cada respiración, mirándolo con ojos vidriosos de puro éxtasis.

—Haz… haz lo que quieras conmigo… —susurró, rendida por completo.

Goku se incorporó, los ojos fijos en ella mientras empezaba a bajarse los pantalones del gi…

La tela cayó al suelo con un sonido suave, y entonces esa bestia Saiyajin quedó libre.

42 centímetros de pura potencia saiyajin: gruesa como un antebrazo, venosa, ligeramente curvada hacia arriba, con la cabeza hinchada brillando de precum. Incluso en semi-reposo era monstruosa, pero al verla a ella desnuda y temblando, se endureció del todo en segundos.

Hilda abrió los ojos como platos. Su boca se quedó entreabierta, sin aliento. Nunca, ni en sus fantasías más salvajes, había imaginado algo así. Sus manos temblaron al extenderlas, intentando abarcarla, pero ni siquiera juntas llegaban a rodearla por completo.

—Dios mío… eso… eso no es posible… —musitó con voz ronca, una mezcla de miedo, asombro y deseo puro—. Es… es enorme… me vas a partir en dos…

Goku sonrió con esa inocencia característica, rascándose la nuca como si no fuera gran cosa.

—Jeje, milk siempre dice lo mismo al principio… pero luego le gusta mucho —dijo con naturalidad, como quien comenta el clima.

Pero sus ojos tenían ese brillo oscuro, hambriento. Sabía exactamente lo que hacía. Se arrodilló entre las piernas de ella, agarró esa verga monstruosa con una mano y la frotó lentamente contra el coño aún sensible y empapado por el squirt anterior. La cabeza gruesa separó los labios, deslizándose arriba y abajo, cubriéndose de sus jugos.

Hilda gimió fuerte solo con el roce, sus caderas moviéndose solas buscando más.

—¡Por favor… métemela… quiero sentirte dentro! —suplicó, olvidando toda su elegancia aristocrática.

Goku inclinó la cabeza, todavía con esa sonrisa infantil.

—Vale, pero despacito al principio, ¿eh? No quiero hacerte daño —dijo con voz suave y sincera.

Y entonces empujó.

La cabeza entró con un pop húmedo, estirándola al límite. Ella gritó, arqueando la espalda, sus tetas gigantes rebotando salvajemente mientras sus ojos se ponían en blanco.

—¡AHHH! ¡Es demasiado grande… me estás abriendo entera!

Goku gruñó de placer, sintiendo cómo esas paredes apretadas lo succionaban. Avanzó centímetro a centímetro, experto, dejando que ella se acostumbrara, hasta que la mitad de esos 42 cm ya estaban dentro. Sus manos masajeaban esas tetas enormes, pellizcando los pezones para distraerla del estiramiento brutal.

—Respira… así, buena chica —susurró con voz calmada, casi tierna.

Cuando Hilda empezó a mover las caderas pidiendo más, Goku sonrió y empujó más profundo, hasta que sus bolas pesadas chocaron contra el culo de ella. La tenía completamente llena, el bulto de su verga visible en el vientre plano de la pelirroja.

—Ahora sí… vamos a jugar de verdad —dijo, y empezó a moverse.

Las embestidas comenzaron lentas pero potentes, saliendo casi toda y volviendo a entrar de golpe, haciendo que sus tetas saltaran como locas y que Hilda gritara su nombre una y otra vez.

—¿Te gusta? —preguntó Goku con esa inocencia traviesa, acelerando el ritmo.

—¡Sí… sí… fóllame más fuerte, Goku… destrúyeme con esa verga Gigante!

Y él, sonriendo como un niño que acaba de recibir permiso para comer todo el postre, obedeció.

Goku aumentó la velocidad poco a poco, encontrando ese ritmo perfecto que hacía que cada embestida golpeara directamente su punto más sensible. Sus manos no dejaban de trabajar: una amasaba con fuerza una de esas tetas gigantes, haciendo que la carne se desbordara entre sus dedos, mientras la otra bajaba a frotar el clítoris hinchado en círculos rápidos y precisos.

Hilda empezó a temblar, su respiración entrecortada, los muslos apretando la cintura de él. El primer orgasmo se fue construyendo como una tormenta: al principio un calor intenso en el vientre, luego oleadas que subían por la espalda hasta explotar.

—¡Goku… algo viene… no puedo… ahhh!

Sus paredes se contrajeron con fuerza alrededor de esa verga imposible, un grito largo y desgarrador salió de su garganta mientras el squirt caliente salpicaba el abdomen y el pecho de Goku. Sus piernas le temblaron sin control, las tetas rebotando con cada espasmo, los ojos en blanco perdidos en el placer más intenso que había sentido nunca.

Goku no se detuvo ni un segundo. Siguió embistiendo profundo y constante, prolongando el clímax hasta que Hilda jadeaba suplicando, lágrimas de puro éxtasis rodando por sus mejillas.

—Tranquila, Hilda… todavía hay más —susurró él con voz ronca, acelerando de nuevo.

El segundo orgasmo llegó más rápido y más fuerte. Goku inclinó el ángulo ligeramente, golpeando otro punto dentro de ella mientras su pulgar presionaba firme el clítoris. Hilda clavó las uñas en su espalda musculosa, su cuerpo tensándose como un arco.

—¡Otra vez… me vengo otra vez, Goku! ¡No pares, por favor!

Un nuevo chorro potente escapó, empapando todo el sofá debajo de ellos. Sus paredes ordeñaban esa verga con contracciones rítmicas, el cuerpo convulsionando mientras gemía su nombre sin parar.

Sin darle respiro, Goku la giró con facilidad, poniéndola a cuatro patas. Las tetas de Hilda colgaban pesadas, balanceándose con cada movimiento. Entró de nuevo hasta el fondo desde atrás, una mano enredada en su cabello rojo largo tirando suavemente para arquearle la espalda, la otra bajando a frotar su clítoris desde adelante.

El tercer orgasmo se construyó más lento pero más profundo. Cada embestida desde esa posición llegaba aún más adentro, el bulto en su vientre moviéndose visiblemente. Hilda empujaba hacia atrás con desesperación, encontrándose con cada movimiento.

—Goku… más profundo… rómpeme… ¡voy a correrme otra vez!

Cuando llegó, fue devastador: la cara contra los cojines, un grito ahogado mientras todo su cuerpo se sacudía violentamente, otro squirt masivo escapando por los lados de esa verga que la llenaba por completo.

Goku gruñó, sintiendo que él también estaba al límite. Aceleró al máximo,sus bolas saiyajin golpeando su clítoris con cada embestida brutal, el ritmo ahora puro instinto animal.

El cuarto orgasmo los alcanzó juntos. Hilda se tensó entera, gritando su nombre una última vez mientras su coño apretaba como si no quisiera soltarlo jamás y un squirt final poderoso la dejó temblando sin control.

Al mismo tiempo, Goku hundió hasta el fondo con un gruñido profundo. Su verga palpitó con fuerza, descargando chorros gruesos y abundantes de semen Saiyajin dentro de ella, llenándola hasta que rebosaba por los lados y goteaba al sofá en un creampie interminable, caliente y espeso.

Cuando terminó, se quedó dentro un momento, respirando pesado pero con esa sonrisa inocente.

—Jeje… fue divertido —dijo con voz tranquila.

Luego salió lentamente. Esa verga de 42 cm seguía dura como acero, brillando con jugos mezclados y semen, palpitando como si nada hubiera pasado, lista para más.

Hilda colapsó de lado en el sofá, temblando,su coño abierto y goteando semen abundante,la mirada perdida en éxtasis total.

—Nunca… nunca había sentido algo así… Goku… —susurró entre jadeos, una sonrisa débil y satisfecha en los labios.

Goku la miró con esa sonrisa inocente, pero sus ojos seguían brillando con hambre Saiyajin. Su verga de 42 cm seguía dura como acero, palpitando frente a ella, cubierta de sus jugos y semen. Se rascó la nuca, pensativo.

—Jeje… fue increíble, Hilda. Pero… todavía tengo más energía —dijo con voz suave—. Quiero probar algo nuevo… tu culito se ve muy apretado.

Hilda abrió los ojos un poco más, el cuerpo aún temblando de los orgasmos anteriores. Un escalofrío de nervios y excitación le recorrió la espalda.

—¿Mi… ano? Yo… nunca lo he hecho por ahí… —musitó, mordiéndose el labio, pero sus caderas se movieron solas, traicionando su curiosidad y deseo.

Goku sonrió más amplio.

—No te preocupes, lo haré rico. Solo necesito algo para que no te duela.

Concentró un poco de ki en la palma de su mano. Una luz dorada brilló un segundo y, de la nada, apareció una botella pequeña llena de un lubricante transparente y viscoso, creado con su energía Saiyajin pura.

—¡Listo! Esto va a deslizarse perfecto —dijo orgulloso, como si acabara de inventar un nuevo ataque.

Se arrodilló detrás de ella, levantándole suavemente las caderas para dejar su culo redondo y perfecto al aire. Vertió una generosa cantidad de lubricante en sus dedos y empezó a masajear el anillo apretado de Hilda, primero suave, en círculos lentos, hasta que ella empezó a gemir bajito y a relajarse.

Un dedo entró despacio, luego dos, abriéndola con cuidado experto. Hilda jadeaba, la sensación extraña pero cada vez más placentera.

—Goku… se siente… raro… pero bueno…

Cuando la sintió lista, vertió más lubricante directamente sobre su verga monstruosa, cubriéndola entera hasta que brillaba. Apoyó la cabeza gruesa contra el ano de Hilda y empujó con lentitud infinita.

Ella gritó al principio, el estiramiento imposible, pero el lubricante y la paciencia de Goku hicieron su trabajo. Centímetro a centímetro, esa bestia de 42 cm fue entrando en su culo virgen, abriéndola como nadie jamás lo había hecho.

—¡Dios… me estás partiendo… pero no pares…! —suplicó Hilda, lágrimas de placer y dolor mezclado en los ojos.

Goku gruñó de placer puro al sentir lo apretado que era, mucho más que su coño. Cuando llegó hasta el fondo, se quedó quieto un momento, dejando que ella se acostumbrara, masajeando sus tetas colgantes desde atrás.

—Respira, Hilda… ya casi estás lista para lo bueno.

Empezó a moverse: lento al principio, saliendo la mitad y volviendo a entrar profundo. Cada embestida hacía que Hilda gimiera más alto, el placer anal creciendo como una ola.

El primer orgasmo anal llegó despacio pero intenso. Goku aceleró un poco, una mano bajando a frotar su clítoris empapado mientras follaba su culo con ritmo constante. El placer doble la volvió loca: el estiramiento brutal atrás y los dedos expertos adelante.

Hilda empezó a temblar, su vientre tensándose, un calor diferente subiendo desde lo más profundo.

—¡Goku… algo viene… no es como antes… ahhh!

El orgasmo explotó: más profundo, más interno. Sus paredes anales apretaron esa verga con fuerza imposible, un grito ronco salió de su garganta mientras su cuerpo convulsionaba. Un squirt salió de su coño vacío, empapando el sofá de nuevo. Las piernas le fallaron, pero Goku la sostuvo firme.

—Buena chica… eso fue solo el primero —susurró él, sin parar de moverse.

Goku aumentó el ritmo, embistiendo más fuerte, sus bolas golpeando contra su coño mientras una mano tiraba de su cabello rojo y la otra pellizcaba un pezón duro. Hilda empujaba hacia atrás sola, perdida en el placer prohibido.

—Más… dame más fuerte, Goku… ¡me encanta en el culo!

Su orgasmo llegó, fue devastador: todo su cuerpo se tensó, ojos en blanco, un grito largo mientras otro squirt potente salpicaba y su ano ordeñaba esa verga como queriendo sacarle todo.

Goku gruñó, sintiendo que su propio límite se acercaba, pero siguió. Cambió el ángulo ligeramente, golpeando nuevos puntos dentro de ella, prolongando el placer.

El tercer orgasmo anal fue el más intenso hasta entonces. Hilda ya no podía hablar coherente, solo gemidos y súplicas. El placer era abrumador, cada embestida enviando chispas por todo su cuerpo. Cuando explotó, lloró de puro éxtasis, otro squirt masivo mientras su ano apretaba rítmicamente, llevándolo al borde.

Goku aceleró al máximo, follándola con fuerza animal, gruñendo su nombre.

—Hilda… me vengo contigo…

El cuarto y último orgasmo los alcanzó juntos. Hilda se corrió con un grito desgarrador,su cuerpo convulsionando violentamente, su ano apretando con mucha fuerza la verga saiyajin mientras un squirt final la dejaba temblando sin control.

Al mismo tiempo, Goku hundió hasta el fondo con un rugido Saiyajin, su verga palpitando con fuerza mientras descargaba chorros gruesos y calientes de semen directamente en su culo, llenándola hasta rebosar. El creampie anal fue abundante, espeso, goteando por sus muslos cuando él salió lentamente.

Goku se recostó a su lado, respirando pesado pero con esa sonrisa infantil.

—Jeje… tu culito es increíble, Hilda.

Ella quedó tirada, temblando, su ano y coño goteando semen, su cuerpo marcado y exhausto, pero con una sonrisa de pura satisfacción.

—Eres… un monstruo… Goku… pero nunca quiero que pares…

Hilda intentó incorporarse un poco, pero las piernas le fallaron y cayó de nuevo sobre los cojines desordenados del sofá. Su respiración era pesada, el cabello rojo pegado a la frente por el sudor, sus tetas gigantes subiendo y bajando con esfuerzo. Estaba completamente agotada… hasta que sus ojos bajaron y vieron esa verga Saiyajin de 42 cm todavía dura como el primer minuto, palpitando orgullosa, brillando con lubricante, semen y sus propios jugos.

Un escalofrío eléctrico le recorrió todo el cuerpo. A pesar del cansancio, sintió un calor nuevo entre las piernas, una mezcla de miedo y deseo imposible de ignorar.

Goku, sentado a su lado con esa sonrisa infantil, notó la mirada. Se rascó la nuca y luego hizo una seña con la mano, invitándola a subir encima de él.

—Ven, Hilda… ahora tú mandas el ritmo —dijo con voz suave, pero sus ojos brillaban con esa hambre que no se apagaba nunca.

Hilda tragó saliva. Sus muslos temblaban, pero se impulsó. Gateó sobre él hasta sentarse a horcajadas. Sus tetas pesadas colgaban cerca de la cara de Goku, los pezones rozando su pecho duro.

Agarró esa verga monstruosa con ambas manos y la apuntó hacia su coño empapado. Bajó despacio, soltando un gemido profundo al sentir cómo la cabeza gruesa la abría de nuevo.

—Ahh… me estás abriendo otra vez…

Se empaló centímetro a centímetro, hasta que sus nalgas tocaron los muslos de Goku y lo tuvo todo dentro. Jadeó fuerte, acomodándose.

Empezó a moverse despacio, subiendo y bajando con ritmo tortuoso. Cada bajada profunda la hacía cerrar los ojos y apretar los labios. Goku dejó que ella marcara el paso, sus manos en sus caderas hundidas en la carne suave.

Hilda se inclinó hacia adelante, besándolo con hambre mientras seguía cabalgando. Sus lenguas se enredaron, respiraciones mezcladas. Goku subió una mano para amasar una teta pesada, apretándola fuerte, pellizcando el pezón hasta arrancarle un gemido contra su boca.

—Mmmh… sí, apriétamelas más…

Ella aceleró un poco, girando las caderas en círculos amplios mientras subía y bajaba. El roce constante contra sus paredes sensibles la hacía jadear. Sus nalgas chocaban contra los muslos de él con palmadas húmedas, el sonido obsceno llenando la sala.

Goku gruñó de placer, levantando las caderas ligeramente para encontrarse con ella a mitad de camino, profundizando cada bajada. Hilda soltó el beso para echar la cabeza hacia atrás,su cabello rojo cayendo como cascada.

—Ahh… tan profundo, Goku…

Bajaba con más fuerza,las tetas rebotando salvajemente. Goku atrapó ambas con las manos, apretándolas y succionando un pezón duro mientras ella lo montaba sin piedad. Hilda empujaba hacia abajo con desesperación, sintiendo cómo esa verga la llenaba por completo una y otra vez.

De pronto su cuerpo se tensó, un gemido largo escapando de su garganta.

—Goku… me vengo… ahhh… no aguanto más…

Se corrió fuerte, sus paredes apretando alrededor de él, un chorro caliente escapando por los lados. Tembló entera, pero siguió moviéndose lento, girando las caderas para prolongar el placer.

Cuando empezó a calmarse, Hilda apoyó las manos en sus hombros y volvió a cabalgar con fuerza renovada. Subía casi toda la verga y se dejaba caer con golpes secos, haciendo que sus tetas saltaran contra el pecho de Goku. Él levantó las caderas con más potencia, follándola desde abajo mientras ella jadeaba.

Sus cuerpos sudorosos se pegaban y separaban con cada movimiento. Goku bajó una mano para frotar su clítoris hinchado,sus dedos rápidos y precisos. Hilda se inclinó hacia adelante de nuevo, besándolo con lengua mientras sus caderas no paraban.

El segundo orgasmo llegó rápido. Ella se convulsionó encima, un squirt potente salpicando el pecho y la cara de Goku.

—Ahh… otra vez… me estoy corriendo otra vez…

Él la sostuvo firme por la cintura, empujando desde abajo para no dejarla parar, prolongando las oleadas hasta que ella jadeaba exhausta contra su cuello.

Hilda no se rindió. Bajó el ritmo a uno lento y profundo, girando las caderas en círculos mientras lo besaba con pasión. Sus tetas aplastadas contra el pecho duro de él,los pezones duros rozando su piel.

Goku siguió frotando su clítoris, ahora más suave pero constante. Ella aceleró gradualmente, cabalgando con furia renovada.

El tercer orgasmo la golpeó como un rayo. Hilda gritó largo, todo su cuerpo tensándose.

—Goku… sí… me vengo tan fuerte…

Otro squirt masivo empapaba el vientre de Goku.

Goku ya no aguantaba más. Agarró sus caderas con fuerza y empezó a empujar desde abajo con golpes cortos pero brutales mientras ella aún temblaba.

—Hilda… conmigo… ahora…

El cuarto orgasmo los alcanzó al mismo tiempo. Hilda se dejó caer todo lo que pudo, empalándose hasta el fondo.

—Ahh… contigo… me vengo contigo, Goku…

Su coño se contrajo como nunca, ordeñando esa verga con fuerza desesperada, otro squirt escapando alrededor.

Goku rugió, hundiendo una última vez hacia arriba. Su verga palpitó con violencia, descargando chorros gruesos y calientes directamente en su útero, llenándola de nuevo hasta que el semen rebosaba y goteaba por sus muslos.

Hilda colapsó hacia adelante, pecho contra pecho, temblando incontrolablemente, respirando contra su cuello.

Goku la abrazó con ternura, acariciándole la espalda sudorosa, todavía dentro de ella.

—Jeje… eres increíble, Hilda… —susurró con esa voz inocente.

Ella solo pudo sonreír débilmente, exhausta pero completamente satisfecha.

—Contigo… siempre quiero más… Goku… —murmuró antes de que sus ojos se cerraran por completo.

El cuerpo de Hilda se relajó del todo entre sus brazos. La respiración se volvió lenta y profunda, el rostro apoyado contra su pecho. En cuestión de segundos, cayó en un sueño profundo, agotada después de horas de placer intenso. Sus tetas subían y bajaban suavemente con cada respiro, el semen todavía goteando despacio entre sus piernas.

Goku la miró un momento con esa sonrisa bobalicona, acariciándole el cabello rojo una última vez.

—Jeje… duerme bien, Hilda —susurró.

Con cuidado de no despertarla, salió de ella lentamente y la acomodó sobre los cojines del sofá, cubriéndola con una manta suave que encontró cerca. Se vistió el gi naranja de nuevo, aunque estaba todo arrugado y olía a sexo y sudor.

Antes de irse, decidió darse un baño rápido. Encontró el baño principal de la mansión, se metió bajo la ducha caliente y se lavó todo el cuerpo, quitándose los restos de lubricante, semen y jugos. Salió fresco, secándose con una toalla grande, el cabello puntiagudo todavía húmedo.

Cuando terminó, miró una última vez a Hilda dormida en el sofá, profundamente relajada y con esa sonrisa satisfecha aún en los labios.

—Nos vemos, ¿eh? —dijo bajito, aunque sabía que ella no lo oía.

Abrió la ventana y salió volando silenciosamente en la noche y se dirigió directo a casa.

En casa, milk lo esperaba sentada en la sala, con los brazos cruzados y esa cara de “¿dónde te metiste otra vez?”.

Goku aterrizó en la puerta con su sonrisa de siempre.

—¡Ya llegué, milk! ¡Tuve un día largo entrenando! —dijo rascándose la nuca, completamente inocente.

Milk suspiró, pero al final sonrió y lo abrazó.

—Idiota… la cena se enfrió, pero te guardé un montón. Ven, come antes de que se enfríe más.

Goku rio feliz y entró en casa, cerrando la puerta detrás de él.

Fin del capítulo


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