Informal
Pov Luiza
Había tantos nuevos estudiantes, internos, residentes... que sentía que me estaba volviendo loca.
Estaba asignándolos a sus pisos, presentándolos con sus jefes respectivos. Estoy encargada de absolutamente todo pero tengo otras personas a mi cargo y siempre me ayudan con los nuevos estudiantes.
Miré la caja donde tenía los papeles con los nombres y roles, y noté que quedaba uno sin emparejar. Lo saqué y lo leí:
Jefa Dra. Mar – R2 Dra. Vânia – R2 Dr. Ian. Servicio de Hematología – R1 Dra. Valentina
¿Por qué esa Dra. aún no había aparecido?
Revise mi celular y busqué algún mensaje por si la Dra me haya enviado algún justificativo pero absolutamente nada, iba a esperar en el día su excusa para saber del porqué no llegó temprano o simplemente porque no asistió.
Entonces, tocaron a la puerta.
—Adelante —dije, alzando la voz para asegurar que me escucharan desde enfrente.
La puerta se abrió suavemente y entró la Dra. Macarena, una de mis encargadas.
—Dra. Luiza, disculpe, pero están intentando subir un ingreso nuevo desde Urgencias y la cama que tenían asignada está ocupada; la paciente espera en el pasillo.
Crujieron mis dedos al chasquearlos contra el escritorio.
—¿Y quién autorizó eso?
—No lo sé con certeza; parece que nadie en este piso lo solicitó —respondió Macarena, cerrando un poco la puerta.
Me levanté y empujé mi silla caminé al pasillo con un portazo, todos se detuvieron—de pronto, el silencio más nítido.
—Quiero saber ahora mismo quién autorizó esta paciente —pregunté, con voz baja pero firme.
Un médico de Urgencias esperaba con una carpeta en la mano y extendí la mano.
Abrí la ficha: tres comorbilidades, no demasiado complejo, pero suficiente para ingresar. Estábamos colapsados por la pandemia del COVID que recién comenzaba... y teníamos que cuidar el protocolo extremo.
Sin respuesta aún, me acerqué al médico.
—Dr., ¿Quién le dijo que podía subirla?
Él sacó su celular sin responder.
—Le escribí a la jefa de enfermería me dijo que la cama 18 estaba libre.
—¿Y eso lo autoriza a subir al paciente? —pregunté.
El médico se quedó callado, observándome.
—Licenciada, ¿sí o no hay cama libre? —volví a preguntar, y ella asintió.
—Estamos limpiando una ahora, le paso la carpeta a la Dra. encargada.
—Es la última vez que acepto este tipo de problemas —hable en general— Y los tratos sobre las camas y todo lo que conlleva traer y llevar a un paciente no se harán por vía telefónica, lo harán presencial —agarre el picaporte de mi puerta— Que no se vuelva a repetir este error y tengan que sacarme de mi oficina para resolver cosas tan estúpidas como encontrar una cama.
Cerré la puerta y volví a sentarme que la gente evitara lo simple me irritaba.
En ese momento, observé el papelito con el nombre de la nueva residente. Si ya pasó Clínica Médica, se espera responsabilidad, eso espero.
Revisé mi celular: 60 chats sin leer, todos de médicos o grupos internos, nadie desconocido.








