La última batalla

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Summary

En el corazón del castillo de Sigfridia, la condesa Dánae lucha por mantener el control sobre sí misma mientras su promesa de boda con Alaric se acerca. Un caballero astuto y provocador juega con su corazón, mientras Allistair, su protector leal, se debate entre el deber y los sentimientos que no puede mostrar. Pero bajo su piel, la Bestia duerme, un lobo interior que despierta con la traición, la pasión y el peligro. Entre secretos, celos y juegos de poder, cada mirada y cada roce contienen un riesgo: el amor, la lealtad y la ambición penden de un hilo, y cualquier movimiento podría liberar al lobo que habita en ella… y cambiarlo todo.

Genre
Fantasy
Author
Andrea
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1


Capítulo I


Dánae despertó con el sabor metálico del miedo aún adherido a la lengua.



Durante un instante no supo dónde estaba. El techo de piedra se alzaba sobre ella, inmóvil y frío, como si la observara en silencio. La luz del amanecer se filtraba tímida por la estrecha ventana, dibujando sombras alargadas sobre los muros de la estancia.


Intentó incorporarse, pero un dolor punzante le recorrió el cuerpo. Sus músculos ardían, tensos, como si hubiese corrido durante horas sin descanso. El aire parecía más denso de lo habitual, difícil de llenar en los pulmones.


Bajó la vista.


Sus manos estaban manchadas de sangre seca.


El corazón le dio un vuelco. El color oscuro, cuarteado, parecía ajeno... y, sin embargo, estaba ahí, incrustado bajo las uñas, marcando la piel.


No recuerdo haber salido, pensó.

No recuerdo haber visto nada... y aun así...


Cerró los puños con fuerza, como si pudiera exprimir de ellos una respuesta.


Algo dentro de mí sabe que anoche estuve despierta.


No era un recuerdo. No había imágenes, ni voces, ni formas claras. Solo una certeza muda, primitiva, alojada en lo más profundo de su ser. Y eso fue lo que más la aterrorizó.


Desde el exterior llegó un murmullo apagado. Voces. Pasos apresurados. El sonido distante de madera golpeando contra madera. Sigfridia no despertaba como cualquier otro día.


Dánae se levantó con cuidado. El frío del suelo le atravesó los pies. Se acercó a la ventana y apartó ligeramente la cortina.


El pueblo estaba en silencio, pero no era un silencio tranquilo. Era un silencio herido. Aquí y allá se elevaban columnas de humo aún vivas, como cicatrices recientes. Las puertas permanecían cerradas. Nadie cantaba. Nadie reía.


Entonces lo oyó.


—Ha vuelto...


La frase flotó desde algún punto del patio, arrastrada por el viento, pronunciada con miedo. No necesitó escuchar más.


La bestia.


Cada invierno Sigfridia se preparaba para su regreso. Se reforzaban las murallas, se bendecían las puertas, se encendían hogueras durante la noche. Historias que había oído desde niña, siempre en voz baja, siempre como advertencias disfrazadas de cuentos.


No son solo historias, comprendió.


Un escalofrío le recorrió la espalda.


Se apartó de la ventana y volvió a mirar sus manos. La sangre seguía allí. Real. Irrefutable.


No salí de mis aposentos, se dijo.

Y, sin embargo...


En lo más profundo de su pecho, algo se agitó. No era miedo... no del todo. Era una inquietud antigua, expectante, como un latido que no seguía el ritmo de su corazón.


Dánae levantó la vista hacia la luz pálida del amanecer.


Y, sin saber por qué, comprendió que la noche no había terminado.


Solo estaba esperando volver.