Capítulo Único
RadioApple
Too Late
Comenzó con rosas, todos los días, siempre al amanecer, un racimo sobre su cama, de olor exquisito y pétalos de texturas sedosas, acompañado de cumplidos, de palabras bonitas que le hacían sonrojar. Mejillas de color dorado cuando bajaba a desayunar con los demás. Una cola inquieta, una felicidad que le subía por el pecho y explotaba en su corazón como fuegos artificiales celebrando dentro de él.
Chocolates en la tarde, envueltos siempre en celofán con forma de patitos. Rellenos, blancos, amargos, con leche, que le hacían delirar con cada bocado, que se deshacían en su boca como la nieve en el calor.
Café o té por las noches, acompañados de una silenciosa conversación en el balcón de su torre, siempre acompañado desde la otra punta por sonrisas amarillas y ojos rojos que nunca lo dejaban de mirar, tonadas suaves en la radio que se expandían por toda ciudad pentagrama.
Notas de amor que se colaban en su partitura incompleta.
Melodías que le recordaban el amor de antaño. Amor que perdió mucho tiempo atrás.
Mucho antes de que Lilith le abandonara.
Que lo abandonara a él y a la hija que le odia.
Entonces comenzaron los toques cuando se encontraban en los pasillos, una mano sobre su brazo, caricias fantasmales por su cintura, sus hombros, su cara. Chistes que solo ellos comprendían que lo dejaban sin aliento. Comentarios sarcásticos que ocultaban sus coqueteos, que le hacían vibrar con placer de conectar con alguien otra vez. Miradas cómplices de dos personas que comienzan a unir sus almas en un lugar abandonado por dios, lleno de egoísmo y miseria.
Citas a escondidas que le hacían sentir la adrenalina de probar lo prohibido.
Besos fugaces bajo miradas indiscretas.
Corazones en la manga.
Sentimientos y sensaciones a flor de piel, acompañadas de palabras bonitas, cuando le adoraba, promesas acarameladas cuando se fusionaban en uno solo. Un solo corazón, un solo ser.
Un amor tan profundo que despertaba dentro de él, una llama casi extinta a la que le echaban leña, que se prendía y se volvía una llamarada, que lo llenaba de calor y le hacía sentir pleno. Alejando el vacío en el que se había sumido. Que lo había tragado y encadenado a la infelicidad, a la oscuridad.
La oscuridad que había tomado forma de estrella, de esperanza y de amor recíproco.
Tan falso y lamentable.
Como el pecador encima de él.
Como el amor unilateral al que se aferraba con desesperación, deseando salir del abismo, de la tristeza infinita que lo asolaba. Lucifer se había engañado a sí mismo, se mintió, se obligó a olvidar que Alastor solo era un demonio más en busca de poder.
Y él era ese boleto dorado que lo llevaría a la cima, una vez que lo hiciera suyo, que lo moldeara y lo encadenara a él.
Tan tonto.
Tan desesperado.
Tan ingenuo Lucifer.
- Eres tan inocente cariño - Alastor lo adoraba, con sus manos recorriendo su cuerpo expuesto, con su boca saboreando su sudor y lágrimas, susurrando palabras bonitas en su oído, tan peligroso y excitante que Lucifer perdía la cabeza, con su cuerpo que se curvaba ante los cosquilleos, suspiros satisfechos escapando de sus labios, estática cubriendo sus jadeos y plegarias, y una bruma peligrosa que los rodeaba. Sintiendo como el demonio de la radio deseaba devorarlo, poseerlo y moldearlo a su antojo. - Tal vez… - Comenzó, el tono peligroso subió, distorsionado, amenazante, que le erizó la piel, que lo mantuvo alerta, cuando la bruma del deseo desapareció. - No puedo matarte, eso no me serviría de nada, ya ves. - La burla es clara, y Lucifer tiembla, el miedo reemplazando el deseo, el pánico abriéndose paso por su cuerpo cuando los tentáculos lo mantienen en su lugar. - Pero sé que puedo lastimarte, destrozarte y aún así seguirías aquí. Tan cegado del “cariño” que te entregue, tan sediento de amor, mon chéri.
La daga de acero angelical se materializa en su mano, el instinto de supervivencia se abre paso por sus venas, el miedo y la traición se pelean por dominarlo, la tristeza y el dolor se desenvuelven dentro de él como una corriente eléctrica cuando el cuchillo se clava en su pecho, golpeando contra su caja torácica. La daga sale con fuerza, sangre brota como una cascada dorada que vuelve loco al demonio rojo. La hoja se vuelve a clavar dentro de él, más profundo, retorciéndose tan dentro de él, tan profundo y doloroso que sintió que se desmayaba.
Estaba gritando.
Lamentos desgarradores que se abrían paso por su garganta lastimada.
Sangre que salía de su boca, que manchaba sus labios y la cama debajo de él.
Lucifer se lo quita de encima con un golpe desesperado, desnudo y sangrante.
Decepcionado.
Furioso.
Traicionado por la venda en sus ojos a la que él mismo se aferró, por palabras bonitas y vacías a las que le creyó, por gestos de amor que no eran más que una farsa. Como un cachorro abandonado, confundiendo atención con cariño.
Confundiendo amor con la manipulación de un pecador vil y egoísta.
Pero Lucifer no lo confundió.
Se mintió, se lavó el cerebro, se dejó llevar, deseando aunque fuera solo un poco de migajas de amor.
Un poco de felicidad. Por más falsa que fuera…
Quiso preguntarle el por qué, quería gritarle, reclamarle, destruirlo, hacerle sentir el mismo dolor que él sintió.
Sin embargo no pudo.
La traición le aplastaba el pecho, las palabras murieron en su garganta cuando la sangre brotó.
Así que simplemente se marchó, desapareciendo a sus aposentos dejando al demonio de la radio herido y con la mirada perdida en una confusión amarga.
Melodías tristes resonando en cada bocina del lugar.
Los dos se habían mentido, habían jugado un juego peligroso, bailando alrededor del otro como polillas atraídas a la luz.
Y Alastor no había podido evitar caer en esa luz mortal.
Ahora era demasiado tarde.
Para ambos.
Para él.
- Oh, Alastor… Lo has arruinado todo…
Fin :D