Dangerous Caresses | Adaptación Jenlisa (G!p)

Summary

Es una anomalía, Vive en la pobreza, En MI ciudad, Sin aprobación. Me atrae de formas que nunca imaginé. Me enciende y me intriga. Quiero más que caricias robadas, aunque sean peligrosas. No me interesa. Lo quiero todo. Y lo que Lalisa Giannoli quiere, lo toma.

Genre
Erotica
Author
Ruby
Status
Complete
Chapters
30
Rating
4.8 4 reviews
Age Rating
18+

Prólogo

Siete años atrás

Un martillo cae sobre mi mano, su cabeza metálica golpea la carne que es ya un desastre por la hinchazón, y mi sangre salpica la mesa.

Espero a que pase lo peor del dolor, levanto la barbilla y miro fijamente al hombre que se cierne sobre mí.

—No —suelto la palabra.

Marcello, uno de los capos, me observa durante un par de segundos antes de lanzar una mirada por encima del hombro al Don que está apoyado en la pared de la derecha. La habitación está a media luz, sin el zumbido ni el resplandor de los tubos fluorescentes del techo. La única iluminación proviene de una vieja lámpara colocada en la esquina de la mesa, pero cuando el Don enciende su puro, su cara se tiñe de rojo por la llama mientras asiente con la cabeza.

Marcello vuelve hacia mí y me agarra con fuerza por la muñeca.

—Creo que deberías reconsiderarlo —se burla y vuelve a golpear con fuerza mis dedos con el martillo.

Un dolor desgarrador me recorre el brazo, me atraviesa el hombro y me lanza un rayo directo a la nuca. La sensación se apodera de mi cerebro y se instala en mi cráneo. Aprieto los dientes para intentar bloquearla.

—¡Vete a la mierda, Marcello! —reviro con rudeza.

Se ríe y sacude la cabeza.

—Vaya sí que tienes huevos. —Marcello deja el martillo sobre la mesa y saca una pistola de su funda. Supongo que me pegará un tiro en la cabeza, pero en lugar de eso, me apunta a la pierna—. Creo que ya te destrocé bastante la mano. Probablemente ya ni la sientas. ¿Qué te parece esto?

Suenan dos disparos y rujo de agonía mientras las balas desgarran carne y hueso. Manchas negras me nublan la vista.

—¡Última oportunidad, Lalisa! —brama.

Respiro profundamente, ignoro al despreciable bastardo y miro directamente al Don, que sigue de pie en el mismo lugar en esa esquina sombría. Está demasiado oscuro para ver sus ojos con claridad, pero con la lámpara tan cerca de mi cara, estoy segura de que puede ver los míos. Mi mano ilesa está atada al brazo de la silla, aun así giro la muñeca lo suficiente para enseñarle el dedo medio, con la cuerda raspándome la piel.

—No cederá, Marcello —dice el Don y se da la vuelta para marcharse—. Mátala y acaba de una vez.

Marcello espera a que la puerta se cierre, rodea la silla a la que estoy atada y se inclina para susurrarme al oído.

—Siempre te he odiado. No sé en qué estaba pensando el Don cuando te dejó ocupar el lugar de tu padre hace dos años. Hacer capo a una jovencita de veinticuatro años, como si dirigiéramos una puta guardería o algo así.

—Comprendo lo mucho que eso debe inquietarte, Marcello. —Respiro profundamente mientras las manchas oscuras siguen nublándome la vista—. Sobre todo porque yo he ganado más dinero para la Familia en mis dos años como capo que tú después de veinte en el mismo puesto.

—Debería dejarte aquí para que te desangres. —Escupe al suelo y me mete otra bala en el pie.

—Eso no —me ahogo—, sería prudente.

—¿Por qué no?

—Porque si yo no muero... tú lo estarás.

Se ríe.

—Sí, no deberíamos arriesgarnos.

Tres disparos rápidos resuenan en la habitación y jadeo cuando un dolor punzante y ardiente estalla en mi espalda. Respiro forzosamente una vez más antes de que todo se desvanezca.