Solo Para Mis Ojos
El silencio en el lujoso departamento de Satoru Gojo solo era interrumpido por el sonido ambiental de la televisión de ochenta pulgadas. En el sofá, la escena parecía sacada de un catálogo de muebles de diseño: Satoru, con su altura imponente y ese cabello albino que siempre parecía perfectamente despeinado, estaba despatarrado con una elegancia perezosa. A su lado, Ary Kitsia se mantenía un poco más recta, con el control remoto en la mano y la mirada perdida en el menú de la plataforma de streaming.
Satoru no estaba mirando la pantalla. Sus ojos, ocultos tras un par de gafas oscuras que solo usaba por costumbre y estilo en casa, estaban fijos en el perfil de Ary. Le encantaba cómo la luz azulada de la televisión delineaba sus facciones.

—Todavía no has elegido nada, Ary —ronroneó Satoru, estirando un brazo por el respaldo del sofá hasta que su mano descansó, aparentemente de forma casual, sobre el hombro de la chica—. Llevamos veinte minutos así.—
Ary suspiró, pasando el cursor por encima de varias películas de acción.
—Es que no me decido. Tú dijiste que querías ver algo "interesante", pero no me das opciones.—
Satoru se inclinó más hacia ella, reduciendo el espacio personal a casi nada. Su mano fue del hombro a la curva de su cuello, un movimiento lento y deliberadamente provocador.
—"Interesante" es subjetivo, preciosa —dijo con esa voz aterciopelada que solía usar para salirse con la suya—. Yo tengo algo en mente... algo que nos mantendría muy entretenidos. Algo que se siente mucho mejor que cualquier película de Hollywood.—

Ary sintió un escalofrío recorrerle la columna por el contacto, pero mantuvo la vista en la pantalla.
—¿Un documental? ¿O una de esas series de misterio que te gustan? —preguntó ella, tratando de ignorar cómo los dedos de Satoru ahora jugueteaban con un mechón de su cabello.
Satoru soltó una risita baja, una vibración que Ary pudo sentir en su propio costado debido a la cercanía. Él aprovechó para deslizar su mano libre hacia el muslo de ella, apretando apenas lo suficiente para marcar territorio.
—No exactamente. Estaba pensando en algo más... visual. Algo que involucre mucha piel, mucha intensidad y que nos deje a ambos sin aliento. ¿No te gustaría ver algo que nos dé placer a los dos?—
Ary frunció el ceño, procesando las palabras mientras el cursor se detenía sobre el icono de una serie animada.
—¿Placer para ambos? —repitió ella, y de repente sus ojos se iluminaron—. ¡Ah! ¡Ya sé a qué te refieres! ¡Claro! ¡Cómo no lo pensé antes!—
Satoru sonrió de lado, relamiéndose los labios. Pensó que finalmente lo había captado, que estaba a punto de soltar el control remoto y abalanzarse sobre él. Ya podía imaginar sus manos recorriendo su cuerpo, sus tetas en su cara, y su vagina abrazando su pene.
—Exacto. Dime, ¿qué quieres ver entonces? —susurró él contra su oído, dejando que su aliento cálido le rozara la piel.
—¡Rick y Morty! —exclamó Ary con entusiasmo, haciendo clic en el primer episodio de la nueva temporada. —¡Es divertidísima! A los dos nos encanta el humor absurdo, nos vamos a reír muchísimo. Es el placer perfecto para una noche de viernes.—
La sonrisa de Satoru se congeló. Se quedó mirando la pantalla mientras la música de entrada de la serie empezaba a sonar a todo volumen. Lentamente, retiró la mano de su muslo para cubrirse la cara con un gesto de incredulidad.
—Ary... —dijo él, tratando de recuperar la compostura—. No me refería a dibujos animados de un científico borracho.—
—Pero Satoru, dijiste algo que nos diera placer a los dos. Reír es un placer, ¿no? Además, esta temporada es la que nos faltaba por ver.— respondió ella, acomodándose en los cojines y dándole un sorbo a su bebida, totalmente ajena a la frustración sexual que emanaba del hombre a su lado.
Satoru suspiró profundamente. Se quitó las gafas, dejando al descubierto sus ojos infinitos, que ahora brillaban con una mezcla de molestia juguetona y deseo contenido. Se acercó tanto que Ary tuvo que dejar de mirar la tele para encararlo.
—Escúchame bien —dijo Satoru, tomando su mentón con suavidad pero con firmeza, obligándola a sostenerle la mirada—. No quiero ver a Rick. No quiero ver a Morty. Quiero verte a ti. Quiero que lo que miremos sea cómo reaccionas cuando te toco en lugares donde la televisión no llega. Quiero algo mucho más placentero que una comedia, Ary.—
Ary parpadeó, finalmente sintiendo el peso de la atmósfera. El aire se había vuelto denso, cargado de una tensión eléctrica que nada tenía que ver con la electrónica de la habitación.
—Pero... yo de verdad quería ver la serie —murmuró ella, aunque su voz flaqueó ante la intensidad de la mirada de Gojo.
Satoru esbozó una sonrisa depredadora. Se inclinó hacia adelante, rozando sus labios con los de ella, sin llegar a besarlos del todo, manteniéndola en el borde del abismo.
—Está bien —susurró él, su voz descendiendo a un tono peligrosamente ronco—. Podemos ver Rick y Morty si tanto insistes. No soy un monstruo.—
Ary sonrió, aliviada por un segundo, pensando que había ganado la pequeña disputa. Pero la sonrisa de Satoru se ensanchó, volviéndose oscura y decididamente pecaminosa.
—Pero hay una condición, preciosa —añadió él, mientras sus manos bajaban de nuevo, esta vez buscando el borde de la camiseta de ella—. Si quieres ver la serie, vas a tener que hacerlo totalmente desnuda para mí. Quiero ver cada centímetro de tu piel bajo la luz de la pantalla mientras yo me encargo de que no puedas concentrarte en ni un solo diálogo.—
El control remoto resbaló de las manos de Ary, cayendo sobre la alfombra con un golpe sordo, mientras Satoru empezaba a deshacer el primer obstáculo de ropa.
