ONE SHOT
La escena continúa con una tensión cargada de electricidad y deseo posesivo.
Babe separándose del beso con un jadeo, una sonrisa provocadora en sus labios hinchados.
—Fue suficiente por hoy, Cachorro.
Antes de que Charlie pueda reaccionar, Babe se desliza de su regazo con una fluidez que enfatiza su recuperación. Se pone de pie, enderezándose con una arrogancia deliberada.
Charlie se levanta de un salto, su mano disparándose como un resorte para agarrar el brazo de Babe con fuerza. Su voz es baja, pero tiene el filo de una orden.
—No recuerdo haberte dado el permiso para que te levantaras.
Babe gira la cabeza lentamente, su mirada desafiante chocando con la oscuridad posesiva de Charlie. Sonríe, fríamente hermosa.
—No necesito tu permiso para hacerlo. Ahora, si me disculpas…
Charlie no la suelta. En cambio, su otra mano se entierra en el cabello de Babe, en la nuca, tirando con suficiente fuerza para hacer que la cabeza de Babe se eche hacia atrás con un jadeo audible. El dolor es leve, pero la sumisión es instantánea y electrizante.
Charlie acercando sus labios a la oreja de Babe, su aliento es caliente y amenazante.
—No juegues conmigo, mi amor. No cuando estás en mi territorio.
Babe a pesar de la posición vulnerable, su sonrisa se ensancha, sus ojos brillan con puro desafío.
—No me importa. Lo seguiré haciendo.— Su voz se vuelve un susurro desafiante.— Pero ahora…quiero tomar algo. Basta de juegos.
Intenta, débilmente, liberar su brazo, pero es una farsa. Charlie lo lee perfectamente. Con un gruñido gutural, la paciencia se le acaba.
—Babe…
En un movimiento brusco y poderoso, Charlie gira a Babe y lo empuja contra la pared más cercana. El impacto hace que el aire salga de sus pulmones. Pero antes de que Babe pueda quejarse, la boca de Charlie está sobre la suya, devorándolo en un beso feroz, hambriento, que no pide permiso, que solo toma. Es un beso que dice "Mío" con cada trazo de lengua, con cada mordisco de labios.
Las manos de Charlie son urgentes, expertas.
Desabrocha el pantalón de deporte de Babe con dedos ágiles y lo empuja, junto con su ropa interior, por sus caderas y muslos, hasta que caen a los tobillos. Babe, ahora con la camiseta holgada colgando de sus hombros como la única prenda, tiembla contra la pared, más por anticipación que por frío.)
Charlie separándose un segundo para jadear, sus ojos recorren el cuerpo expuesto de Babe.
—Dios…te he extrañado. Cada maldito centímetro.
Sin necesidad de palabras, Charlie se agacha un poco, agarra los muslos de Babe y lo levanta con facilidad, haciendo que Babe enrede sus piernas alrededor de su cintura.
Con la otra mano, Charlie se libera a sí mismo, su miembro ya duro y palpitante contra el abdomen desnudo de Babe.
Charlie con la voz rota por el deseo.
—¿Listo?
Babe con los ojos vidriosos, asiente, incapaz de hablar. No hay más juegos, solo necesidad pura.
Charlie no espera más. Con un empuje firme y profundo, se embiste dentro de él. Babe grita, un sonido gutural que es mitad dolor, mitad éxtasis, ahogado contra el cuello de Charlie. Han pasado semanas, y la sensación de estiramiento, de ser reclamado tan brutalmente, es abrumadora.
Charlie inmovilizándose por un segundo, con los dientes apretados, sintiendo cómo Babe se ajusta a su alrededor.
—Joder…Babe…tan apretado…como si nunca me hubieras dejado entrar antes.
Comienza a moverse, empujando rítmica pero implacablemente contra la pared. Cada embestida es un reclamo, cada retroceso una promesa de regresar. Su boca no descansa: muerde el lóbulo de la oreja de Babe, chupa y marca de nuevo el cuello, besa con dientes sus hombros a través de la fina tela de la camiseta.
Charlie entre jadeos y gruñidos, junto a su oído.
—Te extrañé aquí…dentro de ti…sintiéndote temblar solo para mí.— Una embestida particularmente profunda.— Eres mío. Solo mío. Dilo.
Babe gimiendo, sus manos se aferran a la espalda de Charlie, buscando anclaje. Sus propias uñas se clavan, arañando la tela y la piel debajo.
—¡Tuyo! ¡Siempre…ah!…tuyo, Charlie!
Enfurecido por la confesión y la sensación, Babe tira de la camiseta de Charlie, las costuras ceden con un sonido rasgado, dejando el torso de Charlie al descubierto.
Babe inmediatamente baja la cabeza, hundiendo los dientes en el músculo del hombro de Charlie, chupando y mordiendo con la misma posesividad con la que es tratado. Deja marcas rojas y moretones en la piel sudorosa.
Charlie gruñe de placer y dolor.
—Sí…marca. Déjalo claro. Para que todos sepan quién te tiene. Quién te hace gritar así.
El ritmo se acelera, volviéndose más rudo, más desesperado. La pared golpea suavemente con cada empuje. El aire se llena con el sonido de sus respiraciones entrecortadas, piel golpeando contra piel, gemidos bajos y sucios.
Su voz es áspera, cargada de lujuria.
—Te sientes…increíble. Como un sueño del que no quiero despertar. Tan caliente…tan perfecto alrededor mío.— Separa un poco sus cuerpos para mirar cómo se encuentran, un espectáculo lascivo que lo hace embestir más fuerte.— Quiero verte. Quiero ver cómo te deshaces.
Una mano de Charlie se desliza entre ellos, agarrando a Babe con firmeza, sincronizando sus caricias con sus embestidas.
Su cabeza cae hacia atrás contra la pared, los ojos cerrados, la boca abierta en un grito silencioso.
—¡Charlie…por favor! ¡Ahí…no pares!
Charlie observando el éxtasis en el rostro de Babe, su propia culminación se acerca como una tormenta.
—Vente conmigo…mi amor. Vente para mí.
Es una orden, un ruego, una promesa. El cuerpo de Babe se tensa como un arco, un grito ronco desgarrando su garganta mientras cae sobrecogido, manchando sus estómagos.
La vista y la sensación son demasiado para Charlie. Con dos empujes finales, profundos y posesivos, se hunde en Babe con un gruñido gutural, derramándose dentro de él, marcándolo, reclamándolo en el nivel más primitivo.
Por un largo momento, solo hay jadeos pesados, el sudor que se enfría en sus pieles y el peso del mundo, por un momento, completamente olvidado. Charlie, aún sosteniendo a Babe contra la pared, apoya su frente en el hombro de su novio, sus labios rozando una marca de amor recién hecha.
Charlie susurrando, la voz ronca pero llena de una paz feroz.
—Mío.
Babe con los ojos aún cerrados, una sonrisa débil y satisfecha toca sus labios. Responde, sin aliento pero claro.
—Tuyo. Siempre.
Se desploman lentamente, desenredándose y bajando al suelo, donde permanecen entrelazados en el piso del salón, entre la ropa rasgada y la evidencia palpable de su reconciliación física y emocional, más unidos que nunca frente a la tormenta que se avecina.
Planificación y Tensión - El garaje de X-Hunter.
El ambiente en el amplio garaje de X-Hunter es tenso, pero concentrado. Sobre el capó de un coche de carreras, hay planos y fotografías dispersas. Los integrantes del equipo están reunidos: Way, con los brazos cruzados, observando desde una distancia; Alan, tomando notas metódicas; Dean y Sonic intercambiando miradas nerviosas; North ajustando una herramienta sin mirar a nadie; Jeff, apoyado contra una pared, su mirada perdida en algún punto del futuro; y en el centro, Charlie y Babe, de pie uno al lado del otro, un frente unido.
Charlie señalando una foto borrosa de una instalación industrial.
—Este es el almacén principal que usa Tony para las "transferencias". Jeff pudo vislumbrarlo en una de sus visiones. La seguridad es extrema, pero tiene un punto ciego: el sistema de ventilación de la sala de servidores.
Alan frunciendo el ceño.
—Demasiado arriesgado. Es una tubería estrecha. Solo alguien muy delgado y ágil podría pasar.
Todas las miradas, inevitablemente, se desvían hacia Sonic, el miembro más pequeño y ágil del equipo. Sonic palideció ligeramente.
Dean poniendo un brazo sobre los hombros de Sonic.
—¡Él puede! Es nuestro gato callejero. Pero necesitamos una distracción poderosa en la entrada principal.
Way habla por primera vez, su voz es fría, profesional, pero hay una distancia palpable en su tono.
—Una distracción que requerirá fuerza bruta y una salida rápida. Babe, tú y North podrían simular una inspección de la FIA, falsificando credenciales. Es lo suficientemente audaz como para que reaccionen y movilicen a su seguridad hacia ustedes.
Babe asintiendo, su mente ya en la logística.
—Podemos hacerlo. Pero necesitamos un canal de comunicación infalible dentro y fuera. Algo que Tony no pueda rastrear.
Jeff desde su rincón, sin apartar la mirada del vacío.
—Hay un satélite de comunicaciones obsoleto. Frecuencia 47.3. Usaban los servicios hace años. Está caído, pero puedo…reiniciarlo por unos minutos. Justo para la ventana de la misión.
Way asiente, pero su mirada no se encuentra con la de Babe. Durante todo el debate, ha estado notablemente distante, sus intervenciones secas, su cuerpo lenguaje cerrado. Babe, hiper consciente de las dinámicas de su equipo después de años de liderazgo, no puede ignorarlo.
Después de una hora más de planificación, el grupo se disuelve para tareas específicas.
Way se dirige hacia su oficina. Babe intercambia una mirada rápida con Charlie, que le da un leve asentimiento, y sigue a Way.
Confrontación entre amigos - Pasillo hacia la oficina de Way.
Babe alcanza a Way justo antes de que entre a su oficina.
—Way. Un momento.
Way se detiene, pero no se da la vuelta completamente. Su espalda está rígida.
Babe se coloca frente a él, bajando la voz.
—¿Estás bien, amigo? Hoy pareces…a kilómetros de distancia.
Way finalmente lo mira, con una sonrisa profesional y fría en sus labios.
—De maravilla, Babe. Solo concentrado en el plan. Es una operación delicada.
Babe no se deja engañar. Cruza los brazos.
—Way. No me vengas con eso. Soy yo. ¿Qué pasa?
Way sostiene su mirada por un momento, y luego la máscara del mejor amigo se agrieta, mostrando una fatiga y un conflicto genuino.
Suelta un suspiro cansado.
—Pensé…— se corrige.— Quería pensar que Charlie era solo un capricho para ti. Algo pasajero. Una distracción peligrosa, pero temporal.
Babe no dice nada, dejando que Way hable.
—Pero no lo es, ¿verdad? Vas en serio. Hasta eres su novio.— La palabra sale con una mezcla de incredulidad y disgusto. Se mudó a tu casa. Está en el centro de esta misión. En el centro de todo ahora.
Su voz se vuelve un filo, defensiva.
—¿Tienes un problema con ello, Way? Charlie no es malo. Es un buen chico. Complicado, sí. Con un pasado de mierda, como todos nosotros. Pero su corazón…es bueno.
Way da un paso adelante, su voz un susurro intenso y cargado de frustración.
—¿Cómo puedes estar tan seguro, Babe? ¿Cómo? ¡Mira nada más lo que te ocultó!— Hace un gesto exasperado hacia el garaje.— Te usó. Te mintió en la cara. Trató tu vida, tus decisiones, como si fueran las piezas de un maldito rompecabezas que solo él podía arreglar. Te trató como a un títere.
Las palabras golpean a Babe porque resuenan con sus propios miedos pasados.
Pero también siente la necesidad de defender a Charlie, de defender la elección que ha hecho.
Babe entre dientes.
—Él lo hizo para protegerme.
Way sacude la cabeza, con lástima y furia.
—¡Esa es la excusa de todos los manipuladores, Babe! "Es por tu bien". Tony lo dijo. ¿Cuántos más lo dirán?— Su voz se quiebra un poco, revelando la preocupación profunda de un amigo.— Te vi caer, Babe. Te vi destrozado después del accidente, no solo por la pierna, sino por él. Y ahora…ahora estás más atado a él que nunca. Me da miedo. Miedo de que te rompa de una manera de la que no puedas recuperarte.
Way mira a Babe un segundo más, como si buscara algo en sus ojos que no encuentra.
Luego, da media vuelta.
—Haz lo que tengas que hacer. Es tu vida. Pero cuando todo esto salga mal…no digas que no te lo advertí.
Way entra en su oficina y cierra la puerta con un golpe seco pero contundente, dejando a Babe solo en el pasillo silencioso.
Babe se queda inmóvil. La frustración, la rabia y una punzada de duda traicionera se arremolinan en su pecho. Aprieta los puños con tanta fuerza que los nudillos se ponen blancos y un temblor recorre sus brazos. Sus uñas se clavan en las palmas, casi dibujando media luna. Respira hondo, intentando contener la tormenta de emociones que las palabras de Way han desatado.
Babe susurrando para sí, con amargura.
—Maldita sea…
Lo que Babe no ve, desde su ángulo ciego junto a la puerta cerrada, es la figura que ha estado observando desde la esquina del pasillo, al lado de las herramientas. Charlie.
Lo ha visto todo. Ha visto la rigidez de Way, la preocupación en el rostro de Babe, la discusión silenciosa pero intensa. Ha visto el puño cerrado de Babe, la tensión en su mandíbula. Y ahora, observa la espalda de su novio, erguida pero cargada de un peso nuevo.
Los ojos de Charlie, usualmente tan controlados, reflejan un torbellino de emociones: culpa por ser la causa de esta fractura, dolor por ver a Babe así, y una determinación fría y aterradora. Sabe que la desconfianza de Way es un riesgo para el equipo, para el plan, y para Babe. Sabe que tiene que hacer algo. Algo más que promesas.
Sin hacer un solo ruido, Charlie retrocede en la sombra y desaparece del pasillo, dejando a Babe solo con el eco de la advertencia de Way y el fantasma de sus propias dudas, mientras el peso de la próxima batalla se cierne sobre ellos más pesado que nunca.
Prohibición y Sumisión - Garaje de X-Hunter.
Unos días después. El aire en el garaje huele a aceite, gasolina y tensión reprimida. Babe está de pie junto a su coche de carreras, con las manos apoyadas en el techo. Lleva su mono de piloto desabrochado en la cintura, la parte superior atada alrededor. Su mirada, ardiente y obstinada, está fija en la máquina como si fuera una extensión de su propio cuerpo. Alan, Dean y Sonic forman un semicírculo incómodo frente a él
Alan con su tono más calmado pero firme.
—Babe, lo hemos revisado con el fisio. Los músculos de la pierna están en un 85%, sí, pero los ligamentos, los reflejos de reacción…no están listos para las fuerzas G de una carrera real. Ni siquiera para una prueba de pista a fondo.
Dean asintiendo con vehemencia.
—¡Exacto, jefe! Un giro brusco y ¡pum! Podrías reventarte de nuevo. ¿Y luego qué? ¡Otros seis meses de rehabilitación! No vale la pena.
Babe sin apartar los ojos del coche, su voz es un reto sordo.
—Mi cabeza está lista. Mi cuerpo sigue órdenes. Conozco cada centímetro de esa pista con los ojos cerrados. No necesito estar al 100% para superar a cualquiera de los novatos que están corriendo ahora.
Da un golpe suave en el techo del coche.
Sonic titubeando.
—Pero, Babe…Way dijo que…
Babe gira la cabeza bruscamente hacia ellos, sus ojos chispeando.
—¡No me importa lo que haya dicho Way! ¡Yo decido cuándo corro! Este es mi equipo, mi coche y mi carrera. ¡No soy un inválido!
Su voz retumba en el silencioso garaje. Los tres retroceden un paso, intimidados. Es en ese momento que una figura aparece en la entrada del garaje, silenciosa como una sombra. Charlie. Lleva ropa de mecánico manchada de grasa, y su expresión es inescrutable, pero sus ojos están clavados en Babe.
Camina hacia ellos sin prisa pero con una autoridad que hace que el aire se espese aún más. Alan, Dean y Sonic intercambian miradas de alivio y se apartan como el Mar Rojo.
Charlie se detiene a un metro de Babe, su voz es baja, pero corta el aire como un cuchillo.
—No puedes correr, Babe.
Babe se vuelve completamente hacia él, desafiante, el pecho oprimido por las lluvias de emociones.
—¿Ah, no? Y tú, ¿quién eres para decirme lo que puedo o no hacer, Cachorro?— El apodo suena a desafío, no a cariño.— Conozco mi cuerpo mejor que nadie.
Charlie no se inmuta. Da un paso adelante, reduciendo la distancia. Su mirada es implacable.
—Lo conozco yo también. Cada cicatriz, cada músculo que tiembla cuando se esfuerza demasiado, cada respiración entrecortada de dolor que intentas esconder por las noches.— Su voz se vuelve aún más grave, un ronroneo peligroso.— Y te digo que no está listo. No lo harás.
Babe se ríe, un sonido seco y sin humor.
—¿Y vas a detenerme? ¿Físicamente?
Charlie da otro paso. Ahora están a centímetros. Charlie puede sentir el calor y la frustración irradiando de Babe.
—Si es necesario. Pero no tendré que hacerlo. Porque no quiero volver a verte en un hospital, Babe.— Su mano se levanta, no para agarrar, sino para posarse con firmeza en el centro del pecho de Babe, sobre el latido acelerado de su corazón.— No quiero ver ese brillo en tus ojos apagado por la sedación. No quiero oler el antiséptico en tu piel en lugar de tu aroma. No sobreviviría a eso otra vez.
Las palabras de Charlie no son una súplica.
Son una declaración de hecho, cruda y devastadoramente honesta. Golpean a Babe en un lugar más profundo que cualquier argumento lógico. La rabia en sus ojos parpadea, se quiebra, y por un instante, solo se ve el miedo subyacente: el miedo a defraudar, a ser débil, a perder lo que ama.
Babe mira a Charlie, a esos ojos oscuros que lo conocen demasiado bien. El puño que tenía apretado junto a la costura del mono se relaja. Su cuerpo, tenso como un resorte, parece desinflarse. Hace un mohín, un genuino puchero de niño regañado que se forma en sus labios, una expresión tan inesperada y vulnerable que le quita el aire a cualquiera que la vea.
Babe murmura, mirando hacia abajo, la voz cargada de una rendición dulce y amarga.
—Está bien. No lo haré.— Levanta la vista, una chispa de su antiguo yo brillando a través del descontento.— Eres un cabrón, ¿sabías? Sabes que no puedo negarte nada cuando pones esa voz.
Una sonrisa pequeña, triunfal y tierna a la vez, toca los labios de Charlie. No dice nada.
En lugar de eso, actúa.
La mano que tenía en el pecho de Babe se desliza hacia la nuca, entrelazándose en el cabello sudoroso de la base de su cráneo.
Tira suavemente, pero con suficiente firmeza para guiar la cabeza de Babe hacia la suya.
No es un beso inmediato. Primero, Charlie hunde su rostro en el cuello de Babe, justo donde el mono se abre. Sus labios encuentran la piel caliente y sudorosa.
Muerde. No es una mordida suave; es una presión firme y posesiva que hace que Babe jadee y se agarre a los brazos de Charlie para mantener el equilibrio.
Charlie susurrando contra la piel, entre un beso y una mordida.
—Mío. Mi piloto imprudente y terco.
Luego, sus labios ascienden por la línea de la mandíbula, dejando un rastro de calor húmedo. Cuando finalmente encuentra la boca de Babe, el beso no es tierno. Es un beso explícito, hambriento y reivindicativo.
Charlie devora su boca con una intensidad que borra cualquier pensamiento de carreras, de lesiones, de todo lo que no sean ellos dos.
Su lengua exige entrada y Babe se la concede con un gemido ahogado, entregándose por completo al dominio de Charlie.
Es un beso que dice "Gracias por escucharme", "Eres mío para proteger" y "Te deseo más que a cualquier otra cosa", todo en uno. Babe responde con igual fervor, sus manos arañando la espalda de la camiseta de mecánico de Charlie, olvidando por completo la audiencia de tres pares de ojos atónitos que se escabullen rápidamente del garaje, dejando a la pareja sumergida en su propia y volátil burbuja de posesión y sumisión consentida.
La Traición - Pasillos desiertos del complejo X-Hunter.
Una semana después. La luz del atardecer filtra por los altos ventanales del pasillo desierto que conduce a las oficinas de patrocinio. Babe camina con un paso rápido, decidido, la mente dando vueltas a la revelación explosiva que acaba de tener.
Acaba de salir de una tensa reunión con Pete en una sala de almacén aislada.
Pete, el patrocinador siempre nervioso, se había desmoronado, confesando que él era el "Enigma", el arma biológica de Tony, pero que había escapado años atrás. Que se había escondido a plena vista, usando su posición para sabotear discretamente los negocios de Tony desde dentro. Quería ayudarles a destruirlo.
Babe, con el corazón aún acelerado por la confesión, siente una mezcla de horror y de un extraño alivio. Al menos no es alguien del círculo íntimo. Al menos Pete quiere ayudar.
Gira una esquina, absorto en sus pensamientos, y se topa casi de frente con Way.
Way lo ve y se detiene. Su expresión es la habitual, serena y controlada, pero hay una sombra en sus ojos, una tensión alrededor de la boca que Babe, en su estado de agitación, atribuye a la preocupación por el plan.
—Babe. Estaba buscándote. Estás pálido.
Babe respira hondo, una oleada de alivio por ver a su amigo, su confidente de años. Baja la voz, cargada de la urgencia del descubrimiento.
—Way. Ya sé quién es el Enigma.
Way no parpadea. Solo lo mira, esperando.
—Es Pete.— Anticipa la reacción de pánico y añade rápidamente.— Pero no te preocupes, está de nuestro lado. Escapó de Tony. Quiere ayudarnos a acabar con él. Esto…esto cambia todo. Podemos usar su información, su acceso…
Way no muestra sorpresa. No muestra alivio.
Su rostro es una máscara impasible. Asiente lentamente, con una calma que, en retrospectiva, sería aterradora.
—Pete… Interesante.— Su voz es plana, demasiado controlada.— Debemos ser cautelosos, por supuesto. No podemos confiar ciegamente.
Babe asiente, sin notar la frialdad.
—Lo sé, pero es una ventaja. Tenemos que reunirnos con Charlie y…
En ese momento, el teléfono de Babe vibra en su bolsillo. Saca el dispositivo. La pantalla ilumina su rostro con el nombre: "Cachorro ❤ ️". Una sonrisa inconsciente toca sus labios.
Responde.
Babe al teléfono, su voz se suaviza.
—¿Charlie? ¿Dónde estás, mi amor? Te necesito aquí, tengo noticias…
Su voz suena al otro lado, tensa, urgente, cortando la frase de Babe.
—Babe, ¿dónde estás tú? Suena raro ahí. ¿Estás solo?
Babe frunce el ceño, la urgencia en la voz de Charlie lo alerta.
—Estoy bien. Estoy con Way. Acabo de descubrir al Enigma de Tony, es…
Charlie lo interrumpe de nuevo, su voz es un disparo nítido y lleno de pánico.
—¡No, Babe! ¡No es Pete! ¡Es una trampa! ¡Way es el…!
La frase se corta. No por la línea, sino porque Babe, al escuchar el nombre de Way, instintivamente levanta la vista y clava sus ojos en los de su amigo. Y ve algo que le hiela la sangre: en los ojos de Way no hay preocupación, ni sorpresa. Hay una resignación fría y, por debajo, un poder antiguo y oscuro que se activa.
Way ha escuchado. A través del fino altavoz del teléfono, ha oído su nombre. Y sonríe.
Una sonrisa pequeña, triste y aterradoramente familiar.
Way susurra, solo para Babe.
—Lo siento, amigo.
Su mano se levanta. No con violencia, sino con una certeza aterradora. La coloca sobre el hombro de Babe. No es un gesto amistoso.
Es un agarre firme, casi paternal. Y entonces, Way habla. No con su voz normal, sino con un tono que parece vibrar en el aire, cargado de una autoridad absoluta que no admite réplica. Una voz que Babe nunca le había oído, una voz que resonó en sus peores pesadillas de la infancia.
Way con el tono de una orden inapelable, la habilidad resonando en cada sílaba.
—Detente.
La palabra impacta en Babe no como un sonido, sino como un mandato grabado a fuego en su sistema nervioso. Su cuerpo, su propio cuerpo, traiciona su mente en cuestión de nanosegundos.
Todo se paraliza.
· Su pulso: Se congela a medio latido.
· Su respiración: Se corta, el aire atrapado en sus pulmones.
· Sus músculos: Se bloquean en una rigidez absoluta. No puede mover un dedo. No puede pestañear.
· Su voz: Muere en su garganta. Solo un leve sonido ahogado, un quejido de absoluta incredulidad y terror, escapa de sus labios entreabiertos.
El teléfono, todavía cerca de su oreja, capta el grito ahogado de Charlie.
Charlie fritando desde el otro lado, su voz distorsionada por el pánico.
—¡BABE! ¡BABE, RESPONDE! ¡WAY, NO LE HAGAS DAÑO! ¡BABE! ¡¡BABE!!
Pero Babe no puede responder. Está atrapado en su propio cuerpo, una estatua de horror viviente. Sus ojos, aún abiertos de par en par, están clavados en Way. En ellos se refleja un cataclismo: la incredulidad que se quiebra, la negación que se hace añicos, y un dolor tan profundo y traicionero que amenaza con partir su alma en dos. Este no es el enemigo abstracto, Tony. Este es Way. Su amigo. Su hermano en la pista. El hombre en quien ha confiado su vida cientos de veces.
Way sostiene su mirada, su propia expresión es un pozo de algo parecido a la pena, pero impregnado de una determinación inquebrantable. Sostiene a Babe inmóvil con solo su mano en el hombro y el poder de su voz.
Way en un susurro que solo Babe puede escuchar, mientras el teléfono sigue emitiendo las desesperadas llamadas de Charlie.
—Lo siento, Babe. Pero él tiene un plan. Y tú…eres la pieza clave. La incubadora perfecta.
La última palabra hace que, incluso paralizado, la mente de Babe lance un grito silencioso de horror absoluto. Las piezas encajan con un crujido siniestro: la "protección" excesiva de Way, sus dudas sobre Charlie, su distancia…todo fue una artimaña. Él es el verdadero Enigma. Y Babe, su piloto, su amigo, es solo un medio para un fin monstruoso.
Way, con su otra mano, le quita suavemente el teléfono de la mano inerte a Babe. Lo mira, escucha por un segundo los gritos desesperados de Charlie, y luego, con un gesto calmado, termina la llamada. El silencio que cae sobre el pasillo es ahora más ensordecedor que cualquier grito.
Babe lo mira, prisionero en su propia carne, sabiendo que el infierno acaba de personalizarse con el rostro de la persona en quien más confiaba.
Liberación y Ruptura - Sala de estar de Way.
La escena es de una quietud opresiva. Babe está tendido en el amplio sofá de cuero negro de Way, su cuerpo una línea rígida de tensión paralizada. No está atado, pero podría estarlo. Los músculos obedecen a una orden más profunda que su voluntad. Sus ojos, los únicos cosas que puede mover, siguen a Way con un horror que va más allá del miedo, rayando en el duelo puro. Way está sentado en el borde del sofá, a su lado, mirándolo con una expresión extrañamente tierna y a la vez devastadoramente fría.
Su voz es suave, casi un arrullo, mientras pasa los dedos por el pelo de Babe en un gesto que antes hubiera sido de consuelo y ahora es una violación.
—No tengas miedo, Babe. Esto…va a terminar rápido. No dolerá.— Su mirada se pierde un momento.— Es lo mejor para ambos. Para el futuro. Tony lo tiene todo planeado. El niño…será especial. Como tú. Y yo…yo estaré allí. Para cuidarte a ti…y a él.
Babe intenta gritar, maldecir, escupir. Pero solo un leve temblor en su párpado delata la tormenta interna. Su mirada, sin embargo, habla: es un pozo de asco, de traición y de un dolor que desgarra el alma.
Way interpreta el temblor como nerviosismo.
Se inclina, sus labios buscan la piel del cuello de Babe, justo donde Charlie suele dejar sus marcas. El contacto es cálido, íntimo, y para Babe es como si un insecto venenoso se arrastrara sobre él. Sus ojos se cierran por un instante, un acto de desesperación muda.
Way susurrando contra su piel.
—Lo siento que tenga que ser así. Pero después…entenderás. Después, seremos una familia. La que siempre debimos ser.
Sus labios ascienden, buscando torpemente la boca de Babe, intentando sellar su mentira con un beso. Es el momento de máxima profanación. Babe siente el nauseabundo calor del aliento de Way, el peso de su traición a centímetros…
Y entonces, el universo estalla.
¡CRASH!
La puerta principal se abate de un golpe violento. La madera se astilla. En el marco, empapado en sudor y con los ojos inyectados en sangre, está Charlie. Su pecho sube y baja como un fuelle. Su mirada barre la escena: a Babe, inerte en el sofá, a Way inclinado sobre él. Y algo se rompe dentro de Charlie.
Charlie suelta un rugido gutural, primitivo, lleno de un odio puro.
—¡¡HIJO DE PUTA!! ¡¡NO LO TOQUES!!
Se abalanza. No es un movimiento de lucha disciplinada. Es un ataque de furia. Su puño impacta en el costado de la cabeza de Way con un sonido seco, haciéndolo rodar fuera del sofá. La concentración de Way se rompe.
El hechizo se desvanece.
Para Babe, es como si un cable de alta tensión que lo electrificara se soltara de repente. Un jadeo profundo, desgarrador, llena sus pulmones. La sensación regresa a sus miembros en una oleada de alfileres y agujas dolorosas. Y con ella, regresa el control. Y la rabia.
Way se incorpora, aturdido, llevándose una mano a la mejilla. Pero antes de que pueda reaccionar o usar su poder de nuevo, Babe ya se ha levantado del sofá. No parece alguien que estuvo paralizado segundos antes.
Parece un vendaval de furia personificado.
Su primer movimiento no es hacia Charlie, sino hacia Way. Su puño, impulsado por toda la traición, el asco y el dolor, se estrella contra el rostro de Way con una fuerza brutal. Un sonido de hueso quebrándose.
—¡¿CÓMO PUDISTE HACERME ESO?!
Way cae contra la mesa de centro, rompiendo el cristal. Babe lo sigue, implacable.
Otro golpe, en el estómago, doblándolo.
—¡ERAS MI MEJOR AMIGO! ¡MI HERMANO! ¡TE CONFÍE MI VIDA!
Way tose, intentando levantarse, pero Babe lo agarra de la camisa y lo zarandea.
Babe gritando, con lágrimas de furia y agonía brillando en sus ojos.
—¡TODO ESTE TIEMPO! ¡SOLO HAS ESTADO MANIPULANDO MI VIDA! ¡TUS SUPOSICIONES SOBRE CHARLIE, TUS ADVERTENCIAS…!— Lo empuja contra la pared.— ¡Y TE ATREVISTE A HABLAR DE ÉL! ¡CUANDO TÚ ERES MIL VECES PEOR! ¡UN MONSTRUO! ¡UN VIOLADOR DE VOLUNTADES!
Way, sangrando por la nariz y el labio, lo mira.
Y en sus ojos, en medio del dolor físico, hay una convicción retorcida.
Way escupe sangre, su voz es quebrada pero clara.
—Pero te amo, Babe. Todo esto…es por amor. Para proteger nuestro futuro.
Esas palabras son la chispa final. Babe lo mira como si viera la esencia misma de la corrupción. Su rabia se condensa en un frío absoluto.
Su voz baja a un susurro cargado de veneno.
—¿De qué amor me hablas? ¿Acaso te escuchas? "Es por tu bien". "Es lo mejor".— Niega lentamente, con un desprecio infinito.— Estás enfermo, Way. Podrido por Tony y por tu propia obsesión. No quiero volverte a ver nunca más.
Way palidece, más por esas palabras que por los golpes.
—Sal de mi vida. De la del equipo. De todo. Y no regreses. Si alguna vez te veo cerca de mí, de Charlie, o de cualquiera de los nuestros…— Hace una pausa, y el aire se enfría diez grados.— No necesitaré mis poderes para acabar contigo. Te lo juro por lo que alguna vez fuimos.
Babe le da la espalda. El desprecio final.
Camina hacia Charlie, que está junto a la puerta destrozada, su respiración aún agitada, observando la escena con una mezcla de alivio y furia contenida.
Babe a Charlie, su voz ahora es plana, agotada, pero llena de una decisión inquebrantable.
—Vámonos, Charlie. De este lugar. De esta…pesadilla.
Charlie asiente, sin apartar los ojos vigilantes de Way, que se ha desplomado contra la pared, derrotado no físicamente, sino en lo único que le importaba: su conexión con Babe. Charlie extiende una mano hacia Babe.
Babe la toma, su agarre es fuerte, anclándose en la única verdad que le queda.
Juntos, salen por la puerta destrozada, sin mirar atrás. Dejan atrás los restos de una amistad, la evidencia de una traición profunda, y a un hombre destrozado, susurrando en la habitación vacía, solo, con el eco de un "amor" que nunca fue real y un futuro que acaba de serle arrancado de las manos para siempre.
Duelo entre Trofeos - Sala de Trofeos de Babe.
La habitación es un santuario a la velocidad y la victoria. Estantes llenos de copas relucientes, cascos de colores, fotografías congelando momentos de triunfo en el podio.
Pero en el centro, sobre una mesa baja, hay un collage más personal: imágenes de risas compartidas, abrazos sudorosos después de las carreras, noches de celebración. En casi todas ellas está Way: con el brazo sobre los hombros de Babe, sonriendo juntos frente a un auto destrozado, mirando al horizonte desde el garaje.
Babe está de pie frente a esa mesa. Ya no hay rastro de la furia glacial de la casa de Way. Ahora hay una palidez frágil, los ojos rojos y vidriosos. Toma una foto con manos que tiemblan levemente. Es una instantánea antigua: él y Way, mucho más jóvenes, con los monos de piloto desabrochados en la cintura, bebiendo directamente de una botella de champán. Way le está sonriendo, una sonrisa genuina que ahora, a la luz de la traición, parece una burla siniestra.
Un sollozo seco, doloroso, se le escapa del pecho. Con un movimiento brusco y lleno de rabia, agarra la foto por ambos lados y la rasga por la mitad. El sonido del papel desgarrado es obscenamente fuerte en el silencio de la habitación.
Babe susurrando a la imagen rota, su voz quebrada por la emoción.
—¿Cómo pudiste…? ¿Cómo…?
Toma otra. Way ayudándolo a levantarse después de un accidente menor años atrás.
La rompe. Otra. Los dos comiendo fideos instantáneos a las 3 a.m. en el garaje. La desgarra.
La voz se le quiebra, elevándose en un grito ahogado de dolor puro.
—¡Eras mi mejor amigo! ¡Mi hermano! ¡Juro por Dios que lo eras! ¡Te confié todo! ¡Mis miedos, mis sueños, esta maldita vida!
Las lágrimas que había estado conteniendo brotan ahora, calientes y silenciosas, surcando sus mejillas. Su cuerpo, tan fuerte, se dobla bajo el peso del engaño. Se agarra el cabello con ambas manos, tirando con fuerza, como si el dolor físico pudiera ahogar el desgarro interno. Los recuerdos lo invaden, no como imágenes suaves, sino como cuchillas:
Recuerdo: Way diciéndole "Confía en mí, Babe. Siempre estoy aquí", después de que Tony del enfrentamiento con Tony.
Recuerdo: Way defendiéndolo de otros pilotos que lo menospreciaban por ser un "niño prodigio" de Tony.
Recuerdo: Risas compartidas, sueños de construir un equipo imbatible juntos…todo, una mentira cuidadosamente construida.
Babe gimiendo, hablando a los fantasmas de papel esparcidos por el suelo.
—Todo falso…todo manipulado…¿Cuándo empezó? ¿Cuándo dejaste de ser mi amigo y empezaste a ser…eso?
Es en ese momento de desmoronamiento absoluto que la puerta se abre suavemente.
Charlie aparece en el umbral. No dice nada.
Su rostro refleja el dolor de Babe como un espejo. Ve los trofeos que parecen burlarse de la derrota personal, las fotos destrozadas, a Babe doblado sobre sí mismo, luchando por respirar entre los sollozos silenciosos.
Charlie cruza la habitación en unos pocos pasos silenciosos. No intenta recoger los pedazos, no da palabras huecas de consuelo.
Simplemente se arrodilló frente a Babe y lo envolvió en sus brazos con una firmeza infinita, pero tierna.
El contacto es el catalizador. Babe se derrumba contra él. Su cuerpo, antes tenso como un cable, se desploma en el abrazo de Charlie. Entierra el rostro en el hueco del cuello de Charlie, sus manos aferrándose a la espalda de su camiseta como un náufrago a un salvavidas. Los sollozos, antes contenidos, salen ahora en sacudidas profundas y temblorosas.
Babe con la voz apagada, rota, contra la piel de Charlie.
—Charlie…él…él me…— Traga saliva, incapaz de articular el horror.— Todo este tiempo…todo fue una mentira. Un juego para él. Me usó…me manipuló…desde el principio. Cada consejo, cada palabra de apoyo…¿era solo para llevarme al matadero? ¿Para…incubar algo?
La palabra "incubar" sale como un veneno, y un nuevo temblor de asco y horror lo recorre.
Se aferra más fuerte a Charlie.
Charlie lo sostiene, acariciando su espalda con movimientos lentos y firmes, su voz es un susurro grave y constante junto a su oído.
—Lo sé, mi amor. Lo sé. Te hizo daño de la peor manera posible. Traicionó tu confianza, manchó cada recuerdo bueno.
Babe llora con más fuerza, la rabia mezclada con un duelo desgarrador.
—¡Y yo lo amaba, Charlie! ¡Como a un hermano! ¡Creí en él! ¡Y todo era…era su poder! ¡Su maldita habilidad de controlarme! ¿Cuánto de lo que sentí por él era real y cuánto fue…impuesto?
Es la duda más tortuosa. Charlie lo sabe. Lo aprieta más fuerte.
Su voz se endurece, llena de una certeza feroz.
—Escúchame, Babe. Lo que tú sentías por él, tu lealtad, tu amistad, eso fue real. Nació de ti. De tu corazón. Él puede haber manipulado situaciones, puede haberse aprovechado, pero no puede fabricar los sentimientos en el corazón de otro. Tu amor por él, como hermano, fue verdadero. Y por eso duele tanto. Porque la traición de alguien a quien amas de verdad es la que más profundamente corta.
Babe sacude la cabeza contra el hombro de Charlie, negándose a consolarse, pero las palabras calan.
Charlie continúa, besando suavemente su sien.
—Él es el que está podrido. Él es el que confundió obsesión con amor, control con protección. Tú…tú solo eres la víctima de su enfermedad. Y ahora estás aquí. Conmigo. Duele, va a doler mucho tiempo, pero no estás solo. No estás roto. Solo estás…traicionado. Y tenemos todo el derecho del mundo a sentarnos aquí, entre estos trofeos que ganaste por tu propio talento, y llorar por el amigo que nunca existió.
Babe no responde con palabras. Solo se aferra a Charlie, dejando que las lágrimas limpien, lentamente, la herida envenenada. La habitación de los triunfos se llena con el sonido de un duelo íntimo. Pero en el centro del dolor, hay un abrazo que es un baluarte.
Charlie no intenta arreglar los pedazos rotos de las fotos. Sostiene al hombre que está roto por dentro, prometiendo, en su silencio y en su fuerza, que juntos, pueden volver a construir algo verdadero a partir de los escombros de la traición.
Consecuencias y Cenizas - Garaje de X-Hunter.
Una semana después. El garaje, usualmente un santuario de orden mecánico, parece una sala de emergencias de campo. El aire huele a sudor, sangre seca, aceite y el débil rastro metálico del peligro reciente. La luz fluorescente parpadea sobre un escenario de agotamiento victorioso pero salpicado de dolor.
Alan está vendando el brazo de Dean, que gruñe pero aguanta. Sonic tiembla levemente mientras North le presiona un paño contra un corte superficial en el costado. Jeff está sentado en un neumático, la mirada perdida en un punto lejano, su cuerpo ileso pero su espíritu claramente en otra parte, revisando los ecos del futuro que ya pasó. Pete revisa silenciosamente el sistema de comunicaciones, buscando rastros.
En el centro, sentado en una pila de llantas, está Babe. Su mono de piloto está rasgado en el hombro y manchado de polvo, tierra y salpicaduras de sangre que no son todas suyas. En su frente, justo por encima de la ceja izquierda, hay un corte profundo y feo.
La sangre ha corrido por su sien y se ha secado en un camino oscuro y crujiente hasta su mandíbula. Sostiene con mano temblorosa una gasa empapada en alcohol, intentando limpiarse. Cada vez que la tela toca la herida, un gruñido sordo y doloroso escapa de sus labios apretados.
Charlie está arrodillado frente a él. Tiene un moretón violento en la mejilla y los nudillos de sus manos están agrietados y ensangrentados, pero su atención está completamente enfocada en Babe. Con manos notablemente suaves a pesar de sus propias heridas, le quita la gasa temblorosa.
Su voz es ronca por el esfuerzo y el humo inhalado, pero suave.
—Déjame. No lo estás haciendo bien.
Babe intenta protestar, pero un nuevo dolor punzante en la frente le corta la palabra.
Cede, cerrando los ojos.
—Está bien…Solo hazlo rápido.
Charlie toma una gasa limpia y una botella de agua. Empieza a limpiar con meticulosa suavidad alrededor de la herida, quitando la sangre seca y la suciedad. El agua rosada gotea sobre el mono de Babe. El silencio entre ellos es pesado, cargado de todo lo no dicho, de la imagen que ambos tienen grabada a fuego en la mente.
La operación fue un éxito. El almacén de Tony está en llamas, sus datos confiscados, su red expuesta. Pero el costo…
Fue durante la retirada caótica. Tony, acorralado y desquiciado, apuntó con un arma modificada, no a Babe, sino al sistema de soporte vital del lugar, que habría provocado una explosión masiva. En el momento crítico, una figura se interpuso. No para salvar a Tony, sino para empujar a Babe con una fuerza sobrehumana fuera de la línea de fuego, tomando el impacto total de la descarga eléctrica y el derrumbe posterior.
Fue Way.
Babe con los ojos aún cerrados, habla en un susurro que apenas se escucha sobre el zumbido de las luces.
—Lo vi, Charlie. En sus ojos, justo antes de…— Traga saliva.— No había manipulación. No había un plan. Solo…pánico. Y luego…una decisión.
Charlie deja de limpiar por un segundo. Sus dedos se tensan alrededor de la gasa. Sabe de lo que habla Babe. Esa fracción de segundo en la que Way, el Enigma, el traidor, desapareció, y solo quedó Way, el amigo, viendo a su hermano a punto de morir.
Charlie asiente, continuando su tarea, su voz aún más baja.
—Lo sé. Fue su elección. La única verdad que tomó en todo este asunto.
Babe abre los ojos. Están enrojecidos, no solo por el esfuerzo o el humo, sino por una tormenta de emociones imposibles de nombrar.
—Me salvó la vida. Después de todo…después de querer usarme, de mentirme…al final, me dio mi vida de vuelta. ¿Por qué, Charlie? ¿Por qué hacer algo así?
La pregunta flota en el aire, envenenada y dolorosa. Charlie termina de limpiar la herida y toma un vendaje estéril.
Charlie mientras empieza a vendar con habilidad, habla mirando su trabajo, como si fuera más fácil decirlo así.
—Porque al final, incluso en alguien tan roto como él, el amor real, el que nace sin poderes ni manipulaciones, no se puede borrar por completo. Estaba enterrado bajo capas de odio, de lavado de cerebro de Tony, de obsesión…pero estaba allí. Y en el último segundo, fue más fuerte que todo lo demás.— Levanta la vista, encontrando la mirada confundida de Babe.— No lo absuelve. Nada de lo que hizo puede perdonarse. Pero quizás…quizás significa que el amigo que tú amabas no era completamente una ilusión. Solo estaba perdido. Terriblemente, irremediablemente perdido.
Babe mira a Charlie, y una lágrima, clara y pura, se escapa de su ojo no vendado y traza un camino limpio por su mejilla sucia, lavando una pequeña línea de piel.
Su voz se quiebra.
—Lo odio…por lo que hizo. Por el dolor. Pero también…lo lloro. Lloro al hermano que murió hace mucho tiempo, y al hombre que, por un segundo, volvió a ser él para morir como tal.
Es la reconciliación imposible. El duelo por dos personas en una: el monstruo y el amigo.
Charlie termina de vendar y, sin importar quién esté mirando, se inclina y coloca un beso suave, firme, en el borde del vendaje, justo donde empieza la piel sana.
—Está bien llorar por ambos. Está bien odiar y lamentar al mismo tiempo.— Se pone de pie, extendiendo una mano para ayudar a Babe a levantarse.— Pero ahora, me tienes a mí. Y los tenemos a ellos.— Hace un gesto con la cabeza hacia Alan, Dean, Sonic, North, Jeff, Pete.— Este es tu equipo. Tu familia. La verdadera. La que eliges y que te elige, sin mentiras, sin poderes ocultos.
Babe toma la mano de Charlie y se levanta, un poco inestable. Mira alrededor del garaje devastado pero lleno de vida. Ve a sus amigos, heridos pero vivos, unidos por una batalla que los cambió para siempre. Siente la mano de Charlie, sólida y real en la suya.
El camino por delante será largo. Las cicatrices físicas sanarán. Las otras, las de la traición y la pérdida ambigua, tardarán más.
Pero en medio del caos y el olor a sangre y victoria, Babe encuentra, no un cierre perfecto, sino algo mejor: un comienzo nuevo, cimentado en la verdad y rodeado de las personas que realmente importan. Con un último vistazo a la puerta por donde no volverá a entrar una figura familiar, aprieta la mano de Charlie y se vuelve hacia su equipo, listo para enfrentar, juntos, lo que venga después.
Confesión Obsesiva - Sofá del salón de la casa.
Dos semanas después. La tarde cae suave sobre el salón. Babe está recostado en el sofá, la cabeza en el regazo de Charlie, llevando solo una camisa de seda abierta que deja ver el vendaje ya retirado de su frente, ahora una cicatriz rosada y fina. Charlie juega distraídamente con su cabello. Hablan de nada y de todo, la calma después de la tormenta.
Babe con los ojos cerrados, un pensamiento cruzando su mente.
—Oye, Cachorro…una cosa que nunca entendí. En la casa de Way. ¿Cómo diablos me encontraste tan rápido? No sabías la ubicación. No fue una corazonada.
Charlie no detiene el movimiento de sus dedos. Su tono es casual, demasiado casual.
—Por medio de un rastreador.
Babe abre los ojos, girando la cabeza para mirarlo de abajo hacia arriba, confundido.
—¿Un…rastreador? ¿Le pusiste un rastreador a Way? ¿Cómo? Él hubiera…
Una risa baja, genuinamente divertida, corta su pregunta. Se inclina, su dedo índice acaricia la línea del mentón de Babe.
—No, mi amor. El rastreador no estaba en Way. Estaba en tu celular. Te lo puse a ti.
El silencio que sigue es elástico. Babe lo mira, procesando. Su expresión pasa de la confusión a la incredulidad, luego a un lento entendimiento, y finalmente a una especie de exasperada admiración.
Babe se incorpora, sentándose frente a Charlie.
—¿A mí? ¿Me pusiste un rastreador?— Una sonrisa, torcida y llena de ironía, se dibuja en sus labios.— Maldita sea, Charlie…tu obsesión psicópata me salvó la vida.
Charlie sonríe, una sonrisa de lobo que no niega la acusación. Su mano se desliza para acariciar la mandíbula de Babe con el dorso de los dedos.
—¿Por qué crees que siempre aparezco justo a tiempo para sacarte de los líos, mi amor? No es magia. Es dedicación. Y un poco de tecnología de vigilancia.
Babe lo mira, sacudiendo la cabeza, pero no hay verdadera ira en sus ojos, solo una resignación llena de cariño.
—Eres increíble. ¿Cuándo pensabas decírmelo, idiota?
Con un gesto brusco pero juguetón, Babe golpea el pecho de Charlie con el dorso de la mano.
Charlie atrapa su muñeca con facilidad, su risa es más una exhalación burlona.
—Deja de quejarte, Babe. En lugar de usar esa boca preciosa para reproches…— Su mirada se oscurece, cargada de lujuria.— podrías usarla para algo mucho mejor. Para chuparme la polla, por ejemplo. O para gemir tan fuerte que los vecinos llamen a la policía mientras te follo contra este mismo sofá.
Las palabras, crudas y explícitas, envuelven el aire. Babe siente un escalofrío instantáneo que le recorre la espina dorsal, una mezcla de indignación y deseo puro. Su mano libre se alza para darle una cachetada juguetona pero firme a Charlie.
—¡Cabrón!
Pero Charlie es más rápido. Bloquea el golpe, atrapa la otra muñeca y, con un movimiento fluido y poderoso, empuja a Babe hacia atrás sobre el sofá. Babe cae de espaldas con un oomph sofocado, quedando atrapado bajo el cuerpo de Charlie, que se sitúa entre sus piernas, que se abren por la fuerza del impacto.
Charlie sujetando ambas muñecas de Babe sobre su cabeza con una mano, se inclina. Su aliento es caliente en el rostro de Babe.
—Te dije que no te atrevieras a tocarme de esa manera, mi amor. Cuando te toco yo, es para poseerte. No para jugar a pelear.
Babe forcejea, un fuego familiar encendido en sus ojos, la lucha es una parte inherente de su dinámica.
Babe jadeando.
—¡Suéltame, imbécil! ¡Te voy a…!
Charlie lo interrumpe con una risa baja y dominante. Su mano libre baja, acariciando los muslos de Babe debajo de la camisa que lleva, subiendo hasta apretar con fuerza una de sus nalgas.
–¿Me vas a qué, Babe? ¿A gemir? Porque eso es exactamente lo que vas a hacer.
Con su otra mano aún inmovilizando las de Babe, Charlie usa su propia fuerza y peso para desabrochar su pantalón y liberar su miembro, ya duro y palpitante. No hay preámbulos tiernos. Se alinea y, con un empuje brusco y profundo, se embiste dentro de él.
Babe suelta un jadeo agudo, entrecortado, le arranca el forcejeo. Su cuerpo se arquea, no en rechazo, sino en una rendición instantánea al placer—dolor familiar.
—¡Ah! ¡Charlie…!
Charlie comienza a moverse, un ritmo duro y rápido desde el principio, cada embestida es un castigo y una recompensa.
—Eso es. Así me gusta. Usa esa hermosa boca para gemir a tu hombre. Para que todo el mundo sepa quién te hace sentir así.— Una embestida particularmente brutal.— Dime, ¿quién te folla, Babe?
Babe con los ojos cerrados, aferrándose a las muñecas que Charlie sostiene, gimiendo entre cada embestida.
—¡Tú…! ¡Solo tú, Charlie!
Charlie suelta sus muñecas, pero solo para rasgar la fina camisa de seda de Babe de un tirón, exponiendo su torso marcado, las cicatrices nuevas. Sus manos bajan para pellizcar y frotar los pezones de Babe, endureciéndolos.
—Exacto. Solo yo. Este cuerpo, está boca, estos gemidos…son míos.— Se inclina, mordiendo el cuello, luego capturando sus labios en un beso que es más una batalla por el aire.— ¿Vas a portarte bien? ¿O necesito recordarte más fuerte quién manda?
Babe responde arañando la espalda de Charlie, hundiendo los dientes en su hombro, devolviendo cada mordisco, cada pellizco. Es una danza violenta y consentida, un torbellino de posesión y entrega.
Charlie jadeando contra su oreja, el ritmo volviéndose caótico, salvaje.
—Te ves tan jodidamente perfecto así…desgarrado, debajo de mí, tomándome todo…Eres mi obsesión, Babe. Mi locura. Y yo soy el tuyo.— Una serie de embestidas cortas y profundas.— ¡Dilo!
Babe gritando, sus uñas dejando marcas rojas en la piel de Charlie.
—¡Sí! ¡Mio! ¡Siempre! ¡Dios, Charlie, no pares…!
El sofá cruje, protestando. El aire se llena del sonido de piel contra piel, de gemidos guturales, de palabras obscenas susurradas y gritadas. Es sexo como una confrontación, como una afirmación, como un exorcismo de todos los miedos y traiciones. Charlie reclama, Babe se entrega y a la vez conquista, y en el vértice del placer violento, encuentran una verdad más profunda que cualquier promesa: son el espejo oscuro y perfecto del otro, dos mitades de una obsesión que los salvó, los destruyó y los reconstruyó, más fuertes y más unidos que nunca.
Reyes de la Pista - Taller de X-Hunter, Noche de Victoria.
Meses después. El taller de X-Hunter ya no es solo un lugar de trabajo; es un santuario de victoria y camaradería. Esta noche, está transformado en una guarida de celebración caótica y estridente. Las luces fluorescentes parpadean al ritmo de la música a todo volumen que sale de unos altavoces. Latas de bebidas energéticas y cervezas vacías se acumulan sobre mesas de herramientas. El aire huele a gasolina, sudor dulce de triunfo y pizza barata.
En el centro del huracán, sobre el capó de un auto de carreras despojado para mantenimiento, están Babe y Charlie.
Babe, el Rey del Vacío, lleva su mono de piloto desabrochado hasta la cintura, la parte superior atada. En sus manos sostiene la copa del primer lugar, brillando bajo las luces.
Su cabello está despeinado, su rostro iluminado por una sonrisa amplia y desinhibida, la cicatriz en su frente como una medalla de guerra. A su lado, pegado a él como una sombra hecha de luz, está Charlie, el Príncipe de la Pista. Lleva un mono similar, también desabrochado, y en su mano brilla la copa del segundo lugar. No es una derrota; es una corona gemela. Su sonrisa es más contenida que la de Babe, pero sus ojos, oscuros y fieramente orgullosos, nunca se apartan de su novio.
Alrededor de ellos, el equipo vibra con energía pura:
Dean está subido en una pila de neumáticos, agitando una bandera de X-Hunter como un poseído, cantando a gritos una canción desafinada.
Sonic y North intentan (y fracasan estrepitosamente) un complicado choque de puños que termina en risas y casi derribando un estante de piezas.
Alan, más serio pero con una sonrisa genuina, llena vasos de plástico desde un enfriador, intercambiando miradas de complicidad con Jeff, quien da golpecitos rítmicos en una llave dinamométrica contra un tanque de nitrógeno.
Pete está recostado contra la pared, observando la escena con una rara sonrisa tranquila en los labios, como si por fin estuviera viendo un futuro que vale la pena contemplar.
Babe alza su copa, su voz potente cortando la música por un momento.
—¡Oigan! ¡Un momento de silencio para esta banda de locos!
El bullicio baja a un sonido expectante. Todas las miradas se clavan en ellos.
Babe gira para mirar a Charlie, y su expresión se suaviza, se vuelve más íntima, aunque todos puedan ver.
—Hoy…hoy no gané solo. Ganamos.— Extiende su copa hacia Charlie.— Este "Príncipe" fastidioso, terco y jodidamente brillante…— risas ahogadas del equipo.—… no solo aprendió a conducir. Aprendió a volar en esa curva cerrada. Sin él cubriéndome la espalda, sin su cabeza calculando cada milímetro…hoy sería segundo.
Charlie negó con la cabeza, una sonrisa juguetona en sus labios.
—Mentira. Eres el Rey. Yo solo aseguro que nadie te robe la corona.— Alza su propia copa.— ¡Por el Rey del Vacío! ¡Y por X-Hunter!
El equipo al unísono, un rugido.
—¡¡POR EL REY Y POR X-HUNTER!!
Babe bebe un largo trago y luego, con un movimiento audaz, vierte un poco de su bebida sobre la copa de Charlie, mezclándolas simbólicamente. Charlie solo levanta una ceja, desafiante.
Charlie susurrando solo para Babe, sobre el creciente bullicio.
—¿Eso es todo, majestad? ¿Un poco de líquido derramado? Pensé que los reyes celebraban con más…fuego.
Sus ojos brillan con un desafío familiar. Deja su copa a un lado y agarra la de Charlie, colocándola junto a la suya. Luego, pone ambas manos en la cara de Charlie.
—¿Fuego, dices?
Y entonces, delante de todos, sin un ápice de vergüenza, Babe lo besa. No es un beso casto de victoria. Es un beso explícito, hambriento, posesivo. Un beso que dice "Eres mío, mi príncipe, mi copiloto, mi vida".
Charlie responde con igual intensidad, una mano enredándose en el cabello sudoroso de Babe, la otra agarrando su cadera para atraerlo más cerca.
Dean gritando, aún más animado.
—¡¡EEEEEHOOO! ¡¡ESA ES LA ACTITUD DEL CAMPEÓN!!
Risas, aplausos y silbidos llenan el taller. Es un espectáculo, pero también una afirmación.
Todos lo saben. Babe y Charlie no son solo pilotos; son una fuerza de la naturaleza, un equipo inquebrantable.
Cuando finalmente se separaron, jadeando, frente sonrojada, Babe tiene los labios brillantes y una chispa de pura malicia en los ojos.
Babe a Charlie, en un susurro ronco.
—El fuego está en el garaje privado, Príncipe.— Luego, alza la voz para el equipo.— ¡Ahora, que siga la fiesta! ¡Hasta que los vecinos llamen a la policía…o hasta que alguien herede mi título por default porque esté demasiado borracho para levantarse!
La música vuelve a subir, más fuerte. Babe salta del capó, agarra la mano de Charlie y, entre risas y empujones cariñosos del equipo, lo arrastra hacia donde Dean y Sonic están iniciando un torneo de baile ridículo.
Charlie dejándose llevar, riendo, le grita al oído a Babe para superar el ruido.
—¡¿Garaje privado?! ¿Promesa o amenaza, mi Rey?
Babe gira y lo mira, su sonrisa es una promesa cargada de lujuria y amor absoluto.
—Ambas, Cachorro. Siempre ambas. Ahora, baila conmigo. Quiero ver cómo se te da perder en algo que no sea una pista.
Y allí, entre el desorden glorioso del taller, bajo las luces parpadeantes y el rugido de la música y la camaradería, el Rey y su Príncipe se pierden en la multitud, no como líderes distantes, sino como el corazón palpitante de la familia que han forjado. La pista los coronó, pero es aquí, en este caos lleno de amor, donde realmente reinan.
Ritmo y Revelación - Taller de X-Hunter, Ojos en la Pista de Baile.
La música ha cambiado. El rock estridente dio paso a un reggaetón con un beat profundo y sensual que late en los huesos del taller. Y es aquí donde Charlie, que estaba sonriendo junto a un estante de herramientas, se queda completamente paralizado, su vaso de plástico a medio camino hacia sus labios.
Sus ojos están clavados en Babe.
Babe se ha convertido en una cosa de pura gracia y fuego controlado. Su cuerpo, tan poderoso y preciso en un automóvil a 300 km/h, se mueve ahora con una fluidez hipnótica. No son movimientos exagerados o torpes; son pequeños, íntimos, devastadoramente efectivos. El ritmo parece nacer de su columna vertebral. Una leve ondulación de caderas que hace que el mono desabrochado se mueva de una manera que debería ser ilegal. Un giro lento, mostrando la línea definida de su espalda bajo la tela sudada, antes de volver a encarar el centro del improvisado círculo de baile donde Dean y Sonic lo animan.
Pero es el trasero de Babe el que captura la atención completa de Charlie. Cada golpe del beat es contestado con un movimiento preciso, firme y a la vez suelto, que acentúa la forma perfecta bajo el ajustado mono. No es vulgar. Es un espectáculo de confianza pura, de un cuerpo que conoce y celebra su propio poder en un lenguaje completamente nuevo para Charlie.
Charlie está boquiabierto. Ha visto a Babe concentrado, furioso, celoso, herido, vulnerable, posesivo, triunfante…pero nunca lo había visto así. Desinhibido, juguetón, seductor por puro placer. Es como descubrir una nueva capa en un diamante que ya creías conocer.
Alan se desliza a su lado, con una sonrisa cómplice y un brillo de nostalgia en los ojos.
Sostiene su propia bebida y observa la misma escena.
Alan sin apartar la vista de Babe, su tono es cálido, lleno de cariño.
—¿Sorprendido?
Charlie traga saliva, casi sin darse cuenta. Su voz suena un poco ronca.
—Bastante. No…no sabía qué Babe supiera bailar. Y mucho menos que lo hiciera…así.
Alan asiente, tomando un sorbo.
—Desde que llegó al taller, con esa coraza de hielo y arrogancia, costó sangre, sudor y más de un puñetazo que ganamos, que confiara en nosotros. Pero cuando finalmente bajó la guardia…— hace un gesto amplio con la mano, abarcando el taller festivo.— nació esto. La familia. Pero él siempre fue, y sigue siendo, un loco en el mejor sentido.— Mira a Charlie, su sonrisa se amplía.— A Babe siempre le gustó soltarse. En los bares de mala muerte cerca de los circuitos, después de las carreras, cuando creía que nadie que importara lo veía. Con música buena, un poco de alcohol y gente que no lo juzgara…se transformaba. Tiene un don. No es solo mover el cuerpo. Es…transmitir. Como en la pista, pero con otro ritmo.
Charlie asimila las palabras mientras sus ojos devoran cada movimiento. Ve la sonrisa fácil de Babe, la forma en que cierra los ojos por un momento, sumergiéndose en la música, dejando que lo lleve. Es una faceta de su Babe que nunca le mostró, tal vez porque nunca hubo un espacio así, tan seguro y lleno de amor, para hacerlo.
Alan da una palmada suave en el hombro de Charlie.
—Disfruta el espectáculo, Príncipe. Es exclusivo para la familia.— Se aleja, mezclándose de nuevo con Jeff, dejando a Charlie solo con sus pensamientos y la vista.
Y entonces, como si hubiera sentido el peso de su mirada ardiente, Babe abre los ojos. Su mirada barre la multitud y se encuentra directamente con la de Charlie. La sonrisa en sus labios no se desvanece; se transforma.
Se vuelve más íntima, más cargada. Un destello de reconocimiento y de puro afecto travieso.
Sin romper el contacto visual, Babe le dedica explícitamente el siguiente movimiento. Es un lento y sensual roll de caderas, un círculo perfecto que empuja el aire del taller directamente hacia Charlie. Luego, un giro de espaldas, agachándose levemente, mostrando la tentadora curva de su trasero antes de enderezarse con una sacudida síncronizada con el beat, mirando a Charlie por encima del hombro. Su expresión dice claramente: "Esto es para ti. Todo esto, siempre, es para ti."
Charlie siente que el aire se le escapa de los pulmones. El calor que había en el taller se intensifica diez veces, concentrándose en un nudo de deseo puro en su estómago. Su puño se aprieta alrededor del vaso de plástico, deformándolo. Ya no ve al piloto, al Rey del Vacío. Ve a su hombre, en todo su esplendor desinhibido, bailando solo para él en medio de su familia, mostrándole una faceta tan preciosa y secreta como cualquier confesión de amor.
La música continúa. La fiesta ruge a su alrededor. Pero en ese momento, para Charlie, el universo se ha reducido al ritmo hipnótico de las caderas de Babe, a la promesa sensual en sus ojos, y al conocimiento abrasador de que, después de todo lo que han pasado, todavía hay capas infinitas por descubrir en el hombre al que ama. Y está ansioso por explorar cada una de ellas, comenzando por llevárselo lejos de aquí y hacer que ese baile termine en un lenguaje mucho más privado y sin ropa.
Bromas y Camaradería - Garaje de X-Hunter, Día de Mantenimiento.
Un sábado por la mañana. La luz del sol entra por las altas ventanas del garaje, iluminando las motas de polvo en el aire. Babe está debajo de su coche, solo sus piernas con overol se ven. Charlie está junto a él, pasándole herramientas. Dean y Sonic están cerca, armando una transmisión con más ruido que eficiencia.
Dean gritando hacia las piernas de Babe.
—¡Oye, jefe! ¿Seguro que no es ahí donde Charlie te "afinó" el motor anoche? ¡Porque parece que hoy corre más suave!
Sonic suelta una risa ahogada. Las piernas de Babe se tensan. Charlie, sin levantar la vista del manual que tiene, le da un leve puntapié a Dean en el muslo.
Charlie en tono seco, pero hay una chispa de humor en sus ojos.
—Si no quieren que los "afine" a ustedes el sentido del humor, mejor enfóquense en ese embrague. Suena como una bolsa de tuercas en una lavadora.
Babe sale rodando de debajo del coche, el rostro manchado de grasa, pero una sonrisa juguetona en los labios.
—Cállate, Dean. El único motor que Charlie toca y que realmente "corre más suave" soy yo. Y es un trabajo de tiempo completo, así que no le des más ideas.
Alan, que pasa con una taza de café, se detiene y pone los ojos en blanco.
—Por el amor de Dios, ¿podemos tener un día sin que conviertan el taller en su terapia de pareja pública? Hay menores.— Señala a Sonic, quien protesta diciendo que tiene 22.
Charlie se inclina y, con un trapo limpio, limpia una mancha de grasa de la mejilla de Babe.
El gesto es íntimo, doméstico.
—Lo siento, Alan. Es que verlo así, todo sucio y concentrado…me distrae.
Babe le agarra la muñeca, manteniendo su mano contra su cara por un segundo más de lo necesario, su mirada suavizándose sólo para Charlie.
Babe susurrando.
—Lárgate, distracción. O nunca terminaré este ajuste.
Charlie se retira, pero su sonrisa permanece.
Dean hace un sonido de náuseas fingidas, pero todos notan el ambiente cálido, la normalidad cómplice y llena de afecto que ahora define al equipo.
Domesticidad y Confesiones Suaves - Cocina de la casa, Noche.
La cocina está iluminada por la luz cálida de la campana extractora. Charlie está frente a la estufa, removiendo algo en una sartén con concentración. Lleva unos pantalones de deporte y una camiseta holgada de Babe.
Babe está recostado contra el mostrador, a su lado, pelando zanahorias con un desgano evidente.
Babe suspira, examinando una zanahoria mal pelada.
—Nunca pensé que mi mayor desafío después de Tony sería la cocina. Prefiero mil veces un motor a este…vegetal traicionero.
Charlie sin mirarlo, una sonrisa en los labios.
—Calla y pela. O tendrás que conformarte con comida para llevar otra noche. Y tu físico de piloto protestará.
Babe deja el cuchillo y se gira, envolviendo los brazos alrededor de la cintura de Charlie desde atrás, enterrando la nariz en su nuca.
—Mi físico de piloto prefiere otras formas de ejercicio. Más…cardiovasculares.
Charlie deja escapar una risa baja, dejándose apoyar. Deja la cuchara y cubre las manos de Babe con las suyas.
—Lo sé. Pero también necesita combustible de calidad.— Hace una pausa, su voz se vuelve más suave.— Me gusta hacer esto. Cocinar para ti. Cuidar de ti así…sin que haya una emergencia de por medio. Solo porque sí.
Babe se queda quieto, la broma desapareciendo de su rostro. Aprieta suavemente a Charlie.
Su voz es ronca junto a su oreja.
—A mí también me gusta. Verte aquí. En mi casa. Que ya es nuestra casa. Haciendo cosas normales. Es…mi trofeo favorito. Más que cualquier copa.
Charlie gira la cabeza, buscando sus labios para un beso suave, lento, lleno de un sabor a salsa de soja y a un futuro tranquilo.
—Eres un cursi. Un piloto de carreras de élite cursi.
Babe rozando sus labios.
Tu piloto de carreras de élite cursi. Además lo aprendí de ti y lo sabes.
Confianza y Planes Futuros - Balcón de su casa, Atardecer.
Están sentados en dos tumbonas, mirando cómo el sol se hunde tras los rascacielos.
Hay dos tazas de té frías entre ellos. Babe tiene los pies sobre el regazo de Charlie, que los masajea distraídamente.
Babe mirando al horizonte.
—Way habría odiado este silencio. Siempre necesitaba un plan, el siguiente movimiento.
Hablar de Way ya no duele como un cuchillo.
Es una sombra, un recuerdo agridulce.
Charlie no detiene su masaje.
Charlie asiente.
—Sí. Pero este silencio…está bien. No hay nadie tras nosotros. No hay secretos entre nosotros.— Mira a Babe.— Es nuevo. Me gusta.
Babe le sonríe, un gesto tranquilo y genuino.
—A mí también. Aunque a veces extraño…bueno, extraño poder molestarlo con mis maniobras temerarias.
Una sonrisa pícara aparece en su rostro.
—Bueno, para eso me tienes a mí. Siempre puedo regañarte por conducir demasiado rápido en la autopista. O por dejar los calcetines tirados.
Babe ríe, un sonido libre y claro.
—Mi perpetuo regañón. Mi Cachorro guardián.
Se quedan en silencio un rato más, viendo cómo las primeras luces de la ciudad comienzan a titilar.
Babe de repente, hablando en voz baja.
—¿Crees que podremos…mantener esto? Esta paz. Este…equipo. Esta familia que hemos juntado.
Charlie deja de masajear y toma la mano de Babe, entrelazando sus dedos. Su voz es firme, sin rastro de duda.
—No es cuestión de creer, Babe. Es un hecho. Luchamos por esto. Lo ganamos. Y ahora lo construimos, ladrillo a ladrillo, día a día. Juntos.— Lleva su mano a los labios y la besa.— El próximo capítulo no se trata de sobrevivir. Se trata de vivir. Y lo haremos a todo gas.
Babe mira sus manos entrelazadas, luego el rostro de Charlie iluminado por los últimos rayos del sol, y siente una certeza que ancla su alma. Ya no es el Rey del Vacío que corre para escapar. Es un hombre que ha encontrado su lugar, su puerto, su hogar. Y no hay pista en el mundo que pueda ofrecerle una victoria mayor que está.
La Lección de Mecánica - Garaje de X-Hunter, tarde de semana.
Charlie está debajo del capó del auto de Babe, una llave dinamométrica en la mano, completamente absorto en ajustar una válvula. Babe está recostado contra el costado del coche, observándolo con una mezcla de orgullo y curiosidad.
Babe con tono de maestro exigente.
—No aprietes demasiado. Esa aleación es sensible. Si la rompes, te toca pagar el repuesto de tu bolsillo, Príncipe.
Charlie sin sacar la cabeza, su voz es distraída.
—Sí, sí, Majestad. Calla y deja que el artista trabaje.— Hace una pausa, ajustando.— ¿Sabes? En el orfanato, los únicos motores que veía eran los de los coches que pasaban por la calle. Ruidos sucios, que echaban humo. Nunca pensé que entendería cómo hacer cantar a uno.
Su expresión se suaviza. Se acerca, mirando por encima del hombro de Charlie.
—Lo haces bien. Tienes…intuición. No es solo seguir un manual.— Le da un ligero golpe con el codo.— Como cuando conduces. Sientes el coche.
Charlie se endereza, limpiándose las manos con un trapo. Mira a Babe, una chispa de picardía en sus ojos.
—Aprendo del mejor. Aunque el mejor a veces es un pesado insufrible.
Babe sonríe, amplia y genuina.
—Es parte de mi encanto.— Se inclina y, rápido como un rayo, le mancha la punta de la nariz con un dedo lleno de grasa.— Y esto es parte de tu bautismo. Bienvenido oficialmente al clan de los mecánicos sucios.
Charlie pone los ojos en blanco, pero no se limpia la mancha de inmediato.
—Idiota.
De repente, Sonic pasa corriendo con una caja de piezas.
—¡Oye, Charlie! ¡Alan dice que si puedes revisar la telemetría del simulador después! ¡Dice que tus ajustes en el último set-up fueron…!— Se detiene en seco al ver la mancha en la nariz de Charlie y la sonrisa tonta de Babe.— Uh… ¿interrumpo algo?
Babe sin dejar de sonreír, pone un brazo sobre los hombros de Charlie.
—Nada que no hayas visto antes, Sonic. Dile a Alan que su Príncipe estará allí en diez. Tiene que terminar de arreglarme el juguete primero.
Sonic asiente y sale corriendo, sonriendo.
Charlie mira a Babe, la mancha de grasa aún en su nariz.
—¿"Su Príncipe", eh?
Babe le limpia la nariz suavemente con el pulgar, el gesto es íntimo y posesivo
—Claro. Mío. Pero a veces los presto. Por el bien del equipo.
El Desafío Tonto - Sala de estar, noche de domingo aburrida.
Están tirados en el sofá gigante. Babe está con la cabeza en el regazo de Charlie, jugando con el mando de una consola en una pantalla enorme. Charlie lee un libro sobre aerodinámica, pero está claramente más interesado en jugar con el cabello de Babe.
Babe deja el mando a un lado, bostezando.
—Aburrido. Derroté todos tus récords. Incluso al de North en el circuito de Nürburgring.
Charlie no levanta la vista del libro.
—Robaste mi técnica en la curva de Fuchsröhre. La vi.
Babe se gira para mirarlo, con una sonrisa provocadora en los labios.
—¿Aprender de ti es robar? Lo tomo como un cumplido. Además, tú robas mi lado de la cama todas las noches. Estamos empatados.
Charlie cierra el libro y lo deja a un lado. Mira a Babe con ojos de falsa inocencia.
—Te propongo un desafío. Un duelo. Pero no en pantalla.
Babe se sienta, intrigado.
—Adelante.
—Carrera de obstáculos. En esta habitación. El primero en llegar a la cocina, coger un cubito de hielo y volver aquí gana.
Babe mira a su alrededor. La habitación está relativamente despejada, pero hay una mesa baja, la alfombra mullida…
—¿Estás drogado? Podemos romper algo.
Charlie se pone de pie, estirándose.
—¿Miedo, Rey del Vacío? ¿Temes perder contra tu humilde Príncipe en tu propio territorio?
Es el desafío correcto. Babe se levanta de un salto, los ojos brillando con competición.
—¡Vas a lamentar esto! ¡A la cuenta de tres! ¡Uno… dos…!
No espera al tres. Sale disparado. Charlie ríe y corre detrás. Lo que sigue es cinco minutos de caos glorioso: Babe esquiva la mesa con una pirueta atlética, Charlie se desliza sobre la alfombra como un jugador de béisbol, ambos se empujan juguetonamente en el pasillo de la cocina. Al final, llegan al congelador al mismo tiempo, forcejeando por abrirlo.
Babe jadeando, riendo.
—¡Lo vi primero!
Charlie intentando alcanzarlo.
—¡Yo propuse el juego!
Terminan en el suelo de la cocina, rodando, riendo como niños, el cubito de hielo olvidado y derritiéndose junto al refrigerador. Babe termina encima de Charlie, ambos sin aliento.
Babe sonriendo, sin aliento.
—Empate.
Charlie le aparta un mechón de pelo sudoroso de la frente.
—El mejor tipo de empate.
La Vulnerabilidad Nocturna - Dormitorio, madrugada.
La habitación está a oscuras, solo iluminada por la luz de la luna que se filtra por las persianas. Babe se despierta con un sobresalto, un jadeo ahogado atrapado en su garganta. No ha sido una pesadilla violenta, sino la sensación fantasma de paralización, el eco del poder de Way.
Antes de que pueda siquiera orientarse, un brazo se envuelve firmemente alrededor de su pecho desde atrás, y una voz somnolienta pero alerta susurra en su oído.
—Shhh…estoy aquí. Estás aquí. Estás a salvo.
Babe se tensa por un segundo, luego todo su cuerpo parece derrumbarse contra Charlie.
Deja escapar un tembloroso suspiro, cerrando los ojos.
Babe susurrando, con voz áspera por el sueño y el susto.
—Lo sentí…por un segundo. La inmovilidad. Como si…
Charlie lo interrumpe, apretándolo más fuerte, sus labios contra el hombro de Babe.
—No. Él se fue. Su poder se fue con él.— Hace una pausa, su voz se vuelve aún más suave, una promesa en la oscuridad.— Y yo estoy aquí. Siempre. Para recordarte que eres libre. Que eres fuerte. Que eres mío para proteger, pero nunca para controlar.
Babe gira lentamente dentro del abrazo hasta quedar frente a Charlie. En la penumbra, sus ojos buscan los de su novio.
—A veces…tengo miedo de que sea contagioso. El daño. La desconfianza.
Charlie le acaricia la mejilla con el pulgar.
—Entonces contágiame a mí. Dame todo lo que te sobra. Tu miedo, tu rabia, tu desconfianza. Yo puedo con ello.” Una pequeña sonrisa.— Tengo práctica absorbiendo cosas, ¿recuerdas?
Babe emite un sonido entre una risa y un sollozo. Se acerca, apoyando su frente contra la de Charlie. No hay lujuria en este momento, solo una intimidad profunda, sanadora.
—Eres tan cursi a veces.
Charlie susurrando, sus labios rozando los de Babe.
—Solo por ti. Ahora, duerme. Mañana tienes que enseñarme a tomar la curva Eau Rouge sin mojarme los pantalones de miedo.
Babe sonríe, el último vestigio de pesadilla disipándose en el calor familiar de Charlie.
Cierra los ojos, y esta vez, el sueño que llega es profundo, pacífico, y está custodiado por el latido constante del corazón de su Cachorro contra el suyo.
La Competencia Culinaria (Desastre) - Cocina, sábado por la mañana.
El desayuno se ha convertido en una zona de guerra. Hay harina en las paredes, cáscaras de huevo en el suelo y Charlie y Babe están enfrentados, cada uno frente a una sartén humeante. Llevan delantales ridículos: el de Charlie dice "Kiss the Mechanic", el de Babe "Speed Kills...Hunger".
Charlie con el ceño fruncido, mirando fijamente una masa que se está quemando.
—Tu teoría del "toque de sartén caliente" es una falacia. Esto necesita fuego bajo y paciencia.
Babe volteando algo que pretende ser un panqueque con un movimiento brusco que lanza más masa al aire.
—¡La paciencia es para los perdedores! ¡Fuego alto, acción rápida, como en la pista! ¡Mira el color perfecto!
El "color perfecto" es un marrón oscuro y desigual. El panqueque se desmorona al aterrizar en el plato.
Charlie señalando con su espátula.
—"Perfecto" para alimentar al motor de compostaje. Lo mío, al menos, tiene estructura.— Muestra una tortilla densa y de un amarillo pálido.— Es…sustanciosa.
—Parece la almohadilla de un asiento de carreras después de una carrera bajo la lluvia.
Se miran, serios por un segundo, antes de que las carcajadas los venzan a los dos. La tensión cómica se rompe. Babe se acerca, quitando un poco de harina de la mejilla de Charlie.
—Estamos desastrosos en esto.
Charlie asiente, riendo aún.
—Lo peor. Deberíamos rendirnos y pedir algo.
Su sonrisa se vuelve traviesa.
—Nah. Ya que estamos aquí…— Con un dedo, lo sumerge en el tarro de miel que está sobre la mesa y unta un poco en los labios de Charlie.—…podemos hacer un desayuno alternativo.
Charlie lanza una mirada de advertencia, pero no se mueve.
—Babe, hay harina por todas partes. Esto no es higiénico.
Babe se encoge de hombros, acercándose más.
—El azúcar es un conservante. Y tú…— besa la miel de sus labios, lamiendo suavemente.—…estás muy dulce.
La escena degenera rápidamente en un beso pegajoso y lleno de risas, completamente olvidados de los desastres culinarios que se queman en las estufas detrás de ellos. La competencia ha terminado en un empate gozoso y desordenado.
El "Consejo" de Pilotos - Garaje, durante una sesión de lluvia.
Está lloviendo a cántaros afuera, golpeando el techo de chapa del garaje con un sonido constante. Babe y Charlie están sentados en sendos taburetes giratorios, frente a la pantalla del simulador de carreras, pero no están compitiendo. Están viendo grabaciones de carreras antiguas.
Babe señalando la pantalla, donde un coche toma una curva cerrada.
—Mira ahí. Ese soy yo, hace años años. Demasiado brusco con el freno. Perdía centésimas.
Charlie estudia la imagen, su mirada es analítica.
—No solo eso. Tu línea era muy interior. Dejabas el exterior sucio para el siguiente giro.— Se gira hacia Babe.— ¿Por qué? ¿Nervios?
Babe hace una mueca, recordando.
—No…arrogancia. Creía que podía forzar la física con pura voluntad.— Hace una pausa, su voz baja.— Como en muchas otras cosas.
Charlie no dice nada, solo coloca una mano sobre la de Babe en el reposabrazos del taburete. El contacto es un reconocimiento.
—Yo aquí… — avanza la grabación hasta una toma desde el coche de Babe.—…estaría mirando el punto de frenado, sí, pero también el retrovisor. Calculando el espacio que dejó, no solo el que tomó.— Mira a Babe.— Por costumbre. Por si alguien venía detrás…o por si tenía que escapar.
Es una confesión simple, pero carga con el peso de su pasado. Babe gira su mano para entrelazar sus dedos con los de Charlie.
—Ahora el que viene detrás soy yo. O estoy a tu lado. Y no tienes que escapar de nada.— Sonríe, un gesto suave y seguro.— Excepto quizás de mis tecnicismos cuando estoy de mal humor.
Charlie le devuelve la sonrisa, apretando su mano.
—Eso es un riesgo que acepto.— Mira la lluvia por la ventana del garaje.— Es curioso. Antes, un día así me ponía nervioso. Todo estaba más lento, más impredecible. Ahora…— mira a Babe.—…solo significa más tiempo aquí. Contigo. Sin prisas.
Es un momento de calma tan profunda, de entendimiento compartido, que el rugido de la lluvia se convierte en una banda sonora acogedora. No necesitan más palabras.
El Regalo (Torpe) - Sala de estar, noche.
Charlie está sentado en el sofá, intentando descifrar las instrucciones de una lámpara de escritorio moderna y minimalista que parece requerir un doctorado en ingeniería para montarla. Babe observa desde el otro lado de la sala, mordisqueando una manzana, claramente divertido.
Charlie frunce el ceño, dando vuelta a una pieza de metal.
—Esto no encaja. No tiene lógica. ¿Quién diseñó esto? ¿Un enemigo?
Babe se acerca, dejando caer el núcleo de la manzana en un plato.
—Déjame ver.— Toma las piezas de las manos de Charlie, sus dedos rozándose. Examina la situación por dos segundos.— Estás tratando de unir la pieza C con la F. La C va con la A. Lo dice el dibujo.
Charlie mira el diagrama, luego a Babe, luego de nuevo al diagrama.
—Esas no son letras. Son jeroglíficos. Y ese dibujo parece un pulpo teniendo un ataque.
Babe ríe, un sonido cálido y despreocupado.
—¿Necesitas qué te monte la lámpara, Príncipe? Puedo hacerlo. Por una pequeña tarifa.
Charlie lo mira con escepticismo.
—¿Qué tipo de tarifa?
Babe se inclina y susurra algo al oído de Charlie. Los ojos de Charlie se abren un poco, luego una sonrisa lenta se dibuja en sus labios.
—Eso es un soborno descarado.
Babe se encoge de hombros, una sonrisa de suficiencia en su rostro.
—Lo llames como lo llames, la lámpara quedará montada. Y tú…feliz.
Charlie suspira, fingiendo resignación, pero no puede ocultar el brillo en sus ojos.
—Está bien. Trato. Pero si la lámpara se cae y me mata en medio de la noche, te vuelves a vivir en el sofá.
Babe ya está trabajando en las piezas, uniendo las correctas con facilidad.
“No hay riesgo. Cuando yo monto algo, se queda montado.— Lanza una mirada picara a Charlie.— Como ya sabes.
Charlie arroja un cojín en su dirección, pero Babe lo esquiva riendo, y en cinco minutos la lámpara está perfectamente ensamblada, iluminando un rincón de la sala con una luz suave. La "tarifa", por supuesto, se cobra más tarde, en un lenguaje que no requiere instrucciones.
Rabieta y Posesión - Dormitorio, atardecer.
La habitación está bañada en una luz dorada e iracunda. Babe está plantado en medio de la habitación, los puños apretados a los costados, el pecho subiendo y bajando con respiraciones cortas y furiosas. Tiene el rostro enrojecido, los ojos brillantes con lágrimas de rabia frustrada. Acaba de estrellar un libro de mecánica contra la pared después de que Charlie soltara una risa ahogada al verlo tropezar torpemente con el borde de la alfombra.
Babe gritando, la voz quebrada por la furia.
—¡Deja de reírte, maldita sea! ¡No es gracioso!
Charlie de pie junto a la puerta, los brazos cruzados, una sonrisa amplia e indomable en su rostro. Es la imagen de la diversión despreocupada, lo cual enfurece a Babe aún más.
—Perdón, mi amor. Es solo que…ver al temible Rey del Vacío en guerra con un trozo de tela persa es…inesperadamente encantador.
Un gruñido gutural le sale del pecho.
—¡ENCANTADOR?! ¡TE VOY A MOSTRAR ALGO ENCANTADOR!
En un arrebato ciego, Babe agarra el primer objeto que encuentra en la mesilla de noche: un pesado cenicero de cristal. Lo lanza hacia Charlie con toda su fuerza. Charlie, con la agilidad de un gato, se inclina ligeramente a la izquierda. El cenicero estrella contra la puerta y se hace añicos.
Charlie pone los ojos en blanco, la sonrisa no se desvanece.
—Dramático. Pero tu puntería necesita trabajo.
La calma burlona de Charlie es gasolina en el fuego de Babe. Busca algo más, algo que duela. Su mirada se clava en un abrecartas con mango de plata que descansa sobre un estante. Lo agarra. No piensa, solo actúa. Lo lanza.
Esta vez, Charlie no solo se esquiva. Su mano se dispara como un látigo, atrapando el abrecartas por el mango en el aire, a centímetros de su rostro. La diversión en sus ojos se desvanece, reemplazada por una intensidad gélida. La habitación se enfría diez grados.
Su voz es ahora suave, peligrosamente calmada. Examina la afilada punta del abrecartas antes de dejarlo caer al suelo con un clic metálico.
—¿Realmente tenías pensado lanzarme esto, mi amor?
Babe jadea, la visión nublada por la rabia.
Forcejea, intentando liberarse de la mirada helada de Charlie.
—¡Eso y cualquier otra cosa, cabrón! ¡Suéltame! ¡Te estabas burlando de mí!
Charlie se acerca, no con pasos rápidos, sino con la lentitud deliberada de un depredador.
Su sonrisa regresa, pero ahora es afilada, llena de una dulzura venenosa.
—¿Burla? No, cariño. Es ternura. Ver a mi feroz Babe perder los estribos por algo tan tonto…es adorable.— Llega a su alcance.— Es como ver a un gato gruñón intentando maullar.
Intenta golpearlo, pero Charlie bloquea su brazo con facilidad, torciéndolo suavemente detrás de su espalda.
—¡NO SOY UN GATO! ¡SUÉLTAME!
Charlie ignora sus gritos. Con su otro brazo, lo rodea por la cintura y lo levanta del suelo como si pesara nada, a pesar de la lucha feroz de Babe.
—Shhh…ya basta de berrinche. Es hora de que te calmes.
Camina hacia la cama y lo arroja sobre el colchón. Babe rebota, aturdido por un segundo, y luego intenta rodar y escapar.
Pero Charlie es más rápido. Se sube a la cama, atrapa sus tobillos y lo arrastra de vuelta al centro, abriendo sus piernas con firmeza para acomodarse entre ellas.
Babe forcejea, patalea, pero Charlie usa su peso para inmovilizarlo.
—¡No me toques! ¡Suéltame, Charlie, te odio!
Charlie ríe, una risa baja y vibrante de genuina diversión. Sus manos descienden, deslizándose bajo la única prenda que Babe lleva: una camiseta holgada de Charlie. Sus palmas encuentran el trasero desnudo de Babe, apretando la carne con un agarre firme y posesivo.
—Mentira. No me odias. Odias que te vuelvan loco.— Se inclina, mordiendo el cuello de Babe, justo donde el pulso late salvajemente.— Y a mí me encanta volverte loco.
Un estremecimiento recorre su cuerpo a pesar de sí mismo. Sigue luchando, pero la fuerza se está filtrando, reemplazada por una respuesta física traicionera.
—¡Para…!
Charlie no para. Su boca encuentra la de Babe en un beso que no es de consuelo, sino de conquista. Es profundo, húmedo, y sabe a rabia y a sal. Babe intenta resistirse, apretando los dientes, pero Charlie usa su lengua para forzar la entrada, devorando cada quejido, cada jadeo.
Charlie separándose un milímetro, sus labios rozando los de Babe.
—Eso es. Usa esa boca para algo mejor que gritar.— Sus manos bajan, desabrochando su propio pantalón.— Para gemir mi nombre mientras te recuerdo quién manda aquí.
Antes de que Babe pueda prepararse, antes de que pueda lanzar otro insulto, Charlie se posiciona y, con un empuje brutal y sin preámbulos, lo penetra. La entrada es seca, áspera, y arranca un grito agudo y desgarrador de Babe, que lleva su cabeza hacia atrás contra las almohadas, los ojos muy abiertos.
Charlie inmovilizándose por un segundo, jadeando, sintiendo cómo el cuerpo de Babe se ajusta a su alrededor a la fuerza.
—Joder…Babe…siempre tan apretado…incluso cuando luchas contra mí.
Comienza a moverse, un ritmo duro y rápido, cada embestida una afirmación de dominio.
La rabia de Babe se transforma, se funde en una oleada de sensaciones contradictorias: dolor, placer, humillación, éxtasis.
Su boca no descansa. Muerde el lóbulo de la oreja de Babe, chupa y marca de nuevo su cuello, besa con dientes sus hombros.
—¿Esto es lo qué querías? ¿Una pelea? Te la doy, mi amor. Te la doy toda.
Una mano de Charlie agarra la camiseta que Babe lleva y la rasga desde el cuello hacia abajo, exponiendo su pecho. Inmediatamente, baja la cabeza y toma uno de sus pezones en la boca, chupando y mordiendo con fuerza hasta hacerlo gemir.
Charlie entre besos y mordiscos, su voz es un ronroneo obsceno y lleno de lujuria.
—Te ves tan perfecto así…desgarrado, debajo de mí, tomándome como si fueras a romperte…Eres mi tormenta favorita, Babe. Mi rabia hermosa.— Una serie de embestidas cortas y profundas.— Dime, ¿quién te hace sentir esto? ¿Quién te convierte en esto?
Las lágrimas de rabia se han convertido en lágrimas de pura sobrecarga sensorial.
Solloza, incapaz de contenerlo, sus uñas se clavan en la espalda de Charlie.
—¡Tú! ¡Solo tú, Charlie! ¡Dios…!
Charlie acelera, poseído por la vista del desmoronamiento de Babe, por los sonidos que salen de su boca.
—Exacto. Solo yo. Este cuerpo, esta rabia, estos sollozos…son míos. Para encenderlos. Y para apagarlos.— Su respiración se entrecorta, su propio clímax acercándose.— Ven conmigo…mi Rey furioso…ven…
Babe ya no lucha. Se aferra a Charlie, su cuerpo convulsionando en una liberación violenta y catártica, un grito ahogado contra el cuello de Charlie. La sensación hace que Charlie se hunda en él con un gruñido gutural, vaciándose en su interior, marcándolo en el nivel más primitivo, sellando el berrinche con una posesión total.
Quedan entrelazados, jadeando, cubiertos de sudor y lágrimas, el aire cargado con el olor a sexo y a reconciliación forzada. Charlie besa suavemente el pelo de Babe, la violencia del momento dando paso a un agarre protector.
Charlie susurrando, exhausto pero victorioso.
—¿Terminó el berrinche?
Un temblor recorre su cuerpo. No responde con palabras. Solo asiente, débilmente, contra el hombro de Charlie, completamente drenado, domado y, en el fondo, extrañamente en paz.
El Robo de Ropa - Dormitorio, mañana de domingo perezosa.
Charlie sale de la ducha, una toalla alrededor de la cintura, el cabello goteando. Busca en su cajón una camiseta limpia, pero está vacío.
Frunce el ceño. Luego mira hacia Babe, quien está recostado en la cama, hojeando una revista de autos, con una inocencia exagerada. Charlie lleva puesta una camiseta negra holgada y suelta, claramente demasiado grande para él.
Charlie se acerca a la cama, cruzando los brazos.
—¿Dónde están todas mis camisetas?
Babe sin levantar la vista de la revista.
—¿Tus camisetas? En tu cajón, supongo.
Charlie se inclina, apoyando las manos a cada lado de Babe.
—Mi cajón está más vacío que el tanque de gasolina de tu coche después de una carrera.— Tira suavemente del cuello de la camiseta que lleva Babe, reconociendo la tela.— Esta es mía. La que te gusta, la de algodón egipcio.
Babe finalmente mira hacia arriba, una sonrisa de gato que atrapó al canario en sus labios.
—¿Y? Me queda bien. Además, huele a ti. Es cómoda.
Una sonrisa lenta se dibuja en su rostro.
—¿Tanto te gusta olerme, mi amor?
Babe se encoge de hombros, intentando parecer despreocupado, pero un ligero rubor sube por su cuello.
—Es…práctico. Cuando estás en el taller y yo extraño…tu…presencia molesta.
Charlie se sienta en el borde de la cama, quitándole la revista de las manos.
—"Práctico". Claro.— Se acerca, su nariz rozando la de Babe, su voz un susurro.— Sabes, si quieres olerme, podrías simplemente pegarte a mí. O…— le roba un beso rápido y suave.— podrías hacer esto. Es aún más "práctico".
Babe gruñe, pero no se aleja.
—Eres insufrible. Dame mi revista.
Charlie le devuelve la revista, pero no se mueve.
—Para la próxima, si quieres una de mis camisetas, pídela bien. Con ese tono de voz que usas cuando quieres que te dé de comer uvas en el sofá.
Babe le da un empujón juguetón.
—Vete a vestir, Cachorro. Huele a champú caro y arrogancia.
Charlie se levanta, riendo, y se dirige al armario de Babe, abriéndolo sin ceremonias.
—En ese caso, me quedo con tu sudadera con capucha. La gris. Es justicia poética.
Babe se sienta, fingiendo indignación.
—¡Esa es mi favorita! ¡Es la que uso cuando hace frío en el garaje!
Charlie ya se la ha puesto, hundiendo su nariz en la tela.
—Ahora huele a ti y a mí. Perfecto.— Lanza una mirada de triunfo a Babe.— Considera esto un impuesto por robo de prendas.
Babe lo mira, con los brazos cruzados, pero no puede contener la sonrisa que se le escapa. La habitación huele a ellos dos, mezclados, y es exactamente como le gusta.
La Competencia de Videojuegos (y el Sabotaje) - Sala de estar, noche.
Están sentados en el suelo, frente a la enorme pantalla de TV, controles en mano.
Están en medio de una carrera de karts. La situación es tensa, están empatados en el último lap.
Babe concentrado, la lengua asomando levemente entre los dientes.
—Prepárate para comer mi polvo, Príncipe. Esta curva es mía.
Charlie sereno, pero con un brillo competitivo en los ojos.
—Sueña, mi Rey. Yo inventé ese atajo.
De repente, justo cuando Babe se prepara para acelerar en la curva, Charlie estira su pie descalzo y le hace cosquillas suavemente en el costado.
Babe da un respingo, su kart en pantalla se sale de la pista y choca contra un barril.
—¡¿QUÉ…?! ¡¡CHARLIE, HIJO DE…!!
Charlie aprovecha para adelantarlo, cruzando la línea de meta en primer lugar. Suelta el control y se recuesta hacia atrás, riendo abiertamente.
—¡VICTORIA! ¡Táctica legal y completamente ética!
Babe lo mira con los ojos muy abiertos, indignado.
—¡¿ÉTICA?! ¡ME HICISTE COSQUILLAS! ¡ESO ES GUERRA QUÍMICA!
Charlie se encoge de hombros, su sonrisa es pura malicia.
—Las reglas no decían nada sobre "cosquillas". Dijeron "usa cualquier medio para ganar". Yo solo…innové.
Babe srroja su control suavemente sobre la alfombra y se lanza sobre Charlie, haciéndolo caer de espaldas.
—¡Te voy a enseñar "innovación", idiota!
Lo que sigue es una lucha libre en la alfombra, llena de risas, cosquillas de represalia (que Charlie soporta con estoicismo fingido) y rodadas. Terminan con Babe encima de Charlie, sujetando sus muñecas.
Babe jadeando, sonriendo.
—¿Te rindes?
Charlie sonríe, sin aliento.
—Nunca. Pero aceptó una tregua…bajo una condición.
Babe suspicaz.
—¿Cuál?
Su sonrisa se suaviza, se vuelve más genuina.
—Que me dejes ganar la revancha mañana. Limpiamente. Para restaurar tu honor de piloto.
Babe lo mira, y la rabia fingida se desvanece.
Se desploma a su lado en la alfombra, mirando al techo.
—Está bien. Pero solo porque hoy tu táctica de cosquillas fue…sorprendentemente brillante.
Charlie se gira de lado, apoyándose en un codo para mirarlo.
—Lo sé. Soy un genio. Ahora, ¿pizza para celebrar mi victoria ilegítima?
Babe gruñe, pero asiente.
—Con extra de pepperoni. Y es mi victoria la que celebramos, por aguantar tu sabotaje.
El Miedo Silencioso - Dormitorio, después de una pesadilla de Charlie.
Es Babe quien se despierta esta vez. No por un sobresalto, sino por el cambio en la respiración a su lado. Charlie está quieto, demasiado quieto, pero Babe puede sentir la tensión eléctrica en su cuerpo, puede ver el brillo de sus ojos abiertos de par en par en la oscuridad, mirando al techo.
Babe no dice "¿estás bien?". Sabe que no lo está. En lugar de eso, se da la vuelta y lo envuelve en sus brazos, pegando el cuerpo de Charlie contra el suyo, ajustando su respiración para que sea lenta y profunda, un ritmo constante para que Charlie siga.
Charlie después de un minuto eterno, su voz sale como un raspado susurro en la oscuridad.
—Lo vi…el almacén. La jaula. No estaba yo…estabas tú. Tony te tenía a ti.
Babe no niega la posibilidad, no dice que es imposible. Aprieta su abrazo.
Babe susurrando contra su pelo.
—Pero no es real. Yo estoy aquí. Contigo. Tony está muerto. Su almacén es ceniza.— Hace una pausa.— Soy tuyo, Charlie. Y soy difícil de atrapar. Lo sabes.
Charlie entierra la cara en el cuello de Babe, un temblor leve recorriéndolo.
—Lo sé. Es solo…a veces mi cabeza es un idiota.
Babe le acaricia la espalda con movimientos amplios y firmes.
—Las dos lo somos.— Un leve tono de humor entra en su voz.— La tuya con pesadillas. La mía con berrinches por culpa de las alfombras.
Charlie emite un sonido entre una risa ahogada y un sollozo.
—Justo. Un par de idiotas.
Permanecen así, entrelazados, hasta que la respiración de Charlie se iguala con la de Babe, hasta que la tensión abandona sus músculos. No es una cura, es un alivio momentáneo. Y a veces, en medio de la oscuridad y los fantasmas del pasado, el alivio en los brazos de la persona correcta es suficiente para seguir respirando hasta que amanezca.
Babe cuando cree que Charlie se ha dormido, susurró, tan bajo que casi es para sí mismo.
—Te tengo, Cachorro. Siempre.
En la oscuridad, los dedos de Charlie se aferran un poco más a la camiseta de Babe.
No está dormido. Y ha escuchado.
¡FIN!
Dedicado a @patricia19898 la segunda parte que me habías pedido..Espero te guste…