The Wolf´s Mate

Summary

¿Y si la unión entre una híbrida humano-licántropo y una Alfa pudiera desatar una guerra capaz de cambiar el destino de ambas especies?

Genre
Romance
Author
Ruby
Status
Complete
Chapters
41
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo

La niña había sido bien entrenada... no por su familia, sino por la vida.



Cuando la puerta se vino abajo y corrió hacia su madre, no fue para buscar consuelo, sino para brindárselo. “Ven conmigo”, quiso suplicar, pero como las palabras no salían, tiró de su manga. “Ven conmigo. Es mejor así.”

Pero la mujer se soltó sin mirarla siquiera, y la niña no tuvo más remedio que retroceder escaleras arriba, sola.

Había un hombre durmiendo en el dormitorio, un Licántropo cruel y desagradable que la asustaba casi tanto como las personas que estaban irrumpiendo en su hogar. Aun así, lo sacudió para despertarlo y advertirle.

—Estoy tratando de descansar por una maldita vez —rugió él, empujándola lejos.

La niña se agachó antes de que pudiera golpearla.

—Si no puedes quedarte calla... —El hombre se detuvo, dándose cuenta de que algo no estaba bien.

La niña buscó con la mirada un lugar donde esconderse y se deslizó dentro del clóset.

Por un rato, eso fue todo. Se abrazó las rodillas y respiró a través del olor rancio de la ropa vieja. Cuando comenzaron los gritos, empezó a contar. La gente de la casa siempre la llamaba tonta, pero ella podía contar hasta mil, y los números en su cabeza, uno tras otro, cubrían los alaridos de dolor, los insultos, los crujidos de huesos al romperse. Se mantuvo en silencio, incluso cuando los sonidos se hicieron más fuertes y cercanos.

Doscientos cinco. Doscientos seis. Doscientos...

Un charco de sangre espesa se filtró por debajo de la puerta, y la niña ya no pudo controlarse. Su jadeo rebotó en las paredes del clóset abarrotado antes de que alcanzara a taparse la boca. En ese instante supo que ya estaba muerta.

No. No, no, no.

Temblando, se mordió el labio y rezó al viejo dios de su madre. En la oscuridad, no podía distinguir el color de la sangre. Mantén la calma, se dijo, encogiéndose entre un montón de mantas antiguas. Los ruegos se habían detenido hacía un minuto, pero aún había movimiento por toda la casa. Tal vez era su madre. Tal vez venía a buscarla...

La puerta del clóset se abrió de golpe. Una figura oscura, con un pasamontañas cubriendo parte de su rostro y dejando solo los ojos al descubierto, la observó desde arriba; su silueta alta se recortaba contra el halo luminoso del foco del techo.

Era la Muerte.

O lo que sería la Muerte si tuviera forma humana.

Aterrada, la niña abrió la boca y llenó los pulmones de aire, lista para gritar. Pero la persona se llevó un dedo a los labios, y ese simple gesto la congeló.

—No soy muy fan de los gritos —explicó, acercándose.

Detrás de la silueta de la Muerte yacía el cadáver del Licántropo al que ella había intentado advertir, con un líquido verde bosque goteando de la herida en su cuello.

Y ella iba a ser la siguiente.

—No te castigues. No es por haber hecho tanto ruido. —dijo la Muerte con voz profunda, cortando el silencio. Parecía alguien distraído, mirando a su alrededor, como si buscara algo que pudiera haber perdido—. Pude olerte en cuanto entré.

Se agachó a su altura, pisando la sangre sin cuidado.

Los dientes de la niña castañeteaban de puro miedo. Ruega, le ordenó una voz interior. Ruega por tu vida. Pero su boca no se abría.

—¿Estás arriba? —gritó alguien desde la planta baja, y la niña dio un brinco.

Trató de ser valiente, pero las lágrimas comenzaron a rodarle por las mejillas. La Muerte lo notó y frunció el ceño, igual que su madre cuando ella se quejaba de su nueva vida.

Débil. Llorona. Egoísta.

La Muerte extendió la mano con un suspiro, y ella cerró los ojos con fuerza. En medio del estruendo de su propio corazón, solo deseó que el final fuera rápido. Que sea rápido. Puede doler, pero que sea rápido.

Pero entonces un pulgar limpió con suavidad las lágrimas de su rostro, y la niña abrió los ojos de golpe.

—¡Oye! —otra voz subió por las escaleras, más cerca esta vez—. ¿Necesitas algo?

Los oscuros ojos de la Muerte se encontraron con los de ella. Suspiró otra vez.

—Llama a la trabajadora social.

—Mierda. ¿Cuántos esta vez?

—Uno. —La voz de la Muerte se quebró mientras pasaba el dedo una última vez por su mejilla—. No llores, niña… o hazlo, si quieres. Pero es mejor así. De verdad espero que este sea el peor día de tu vida. —Sus ojos se entrecerraron, como si le regalara una pequeña sonrisa detrás del pasamontañas—. ¿Cuándo fue la última vez que comiste?

Ella parpadeó, desconcertada por el cambio de tema. La verdad, no podía recordarlo. ¿Ayer? ¿Hace dos días?

—Vamos. Te conseguiré algo caliente.

Extendió los brazos, y como la niña no podía evitar el charco verde por sí sola, dejó que la silueta la levantara. No estaba segura de por qué permitía que un asesino la cargara escaleras abajo. Tal vez también ayudó a mamá, pensó, convencida de que la Muerte era lo suficientemente fuerte para hacerlo.

Sí, seguramente lo había hecho. Estaba segura de que iban hacia ella en ese momento. Así que escondió el rostro en el cuello de la desconocida silueta y dejó que su lento latido la calmara. Y como pudo, comenzó a contar hasta mil una vez más.