Caos púrpura

Summary

Fanfic de BNHA. Azumi Aizawa, hija de uno de los héroes más estrictos y reservados de la U.A., Shouta Aizawa, llega a la escuela con un pasado doloroso que la ha dejado desconfiada de todos, especialmente de los héroes. Con una quirk inusual y difícil de controlar, Azumi se siente atrapada entre sus propios miedos y la presión de vivir a la altura del apellido Aizawa. A pesar de su talento, su habilidad la aleja de los demás y refuerza su rencor hacia aquellos que, como su padre, se dedican a salvar el mundo. Cuando llega a la U.A., el nuevo desafío de Azumi es aprender a convivir con sus compañeros y entender el verdadero poder de su quirk, pero no lo hará sola. Hitoshi Shinsou, un joven con un pasado igualmente solitario, se ve obligado a tomar el rol de mentor. A pesar de sus diferencias, Shinsou sabe lo que es sentirse incomprendido y luchará para ayudarla a encontrar su lugar en la escuela y, quizás, en su corazón. Juntos, Azumi y Shinsou descubrirán que, más allá de sus habilidades, lo que realmente necesitan para ser héroes es aprender a confiar en los demás.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1. Primer contacto.

El sol pegaba con suavidad aquella mañana. Yo estaba apoyado con desgana en una de las columnas del acceso a la U.A., los brazos cruzados y la espalda hundida contra el frío del pilar.

Eri estaba a mi lado, medio escondida detrás de mí, asomándose de vez en cuando con curiosidad. Tenía esa energía suya que siempre me dejaba sin saber muy bien cómo debía actuar, como si cualquier movimiento brusco pudiera romper algo frágil e invisible.

Aizawa-sensei me había pedido que viniera a darle la bienvenida a una nueva estudiante…

Su hija, nada menos.

Había escuchado hablar de ella, claro. ¿Cómo no? Todos nos enteramos en segundo año de que Aizawa tenía una hija porque a Present Mic se le escapó sin querer. Nunca imaginé que acabarían trayéndola a la U.A.

Con esos pensamientos rondándome la cabeza, vi llegar el coche negro. Discreto, elegante. No llamaba la atención, pero tampoco pasaba desapercibido. Se notaba enseguida que era su madre quien conducía, por cómo hablaba con entusiasmo, gesticulando mientras la chica sentada a su lado permanecía completamente indiferente.

Desde donde estaba, podía distinguir sus piernas subidas en el asiento, sentada de mala manera, con un libro tapándole el rostro.

¿Rebelde y aplicada?

No.

Un libro de romance.

Vaya forma de entrar.

El coche se detuvo y, cuando la puerta se abrió, no pude evitar fruncir el ceño.

Cabello rojo.

Mirada distante de ojos almendrados.

Se ajustó la capucha de la sudadera como si estuviera dispuesta a desaparecer del mundo.

Sí… definitivamente era hija de Aizawa. Pero había algo más. Algo que no podía deducir a simple vista.

Se veía complicada. Terca. Cerrada.

Y, aun así, tenía la sensación de que cargaba con mucho más de lo que dejaba ver.

—Genial… —murmuré para mí mismo.

Eri tiró suavemente de la chaqueta de mi uniforme.

—¿Es ella? —susurró, con los ojos brillantes de curiosidad.

—Sí. Es ella.

La chica bajó del coche con un aire de fastidio tan evidente que se notaba a leguas. Sujetaba el libro como si fuera un escudo y, con la otra mano, arrastraba la maleta con desgana. Su madre, en cambio, caminaba hacia Aizawa con una sonrisa amplia y sincera.

Contrastaban como el día y la noche.

Nunca entendí cómo Aizawa había podido estar con alguien así.

Observé cada paso que daban, intentando no parecer demasiado curioso… sin éxito. Lo estaba.

Había algo en esa chica —Azumi, así se llamaba— que me llamaba la atención.

No solo porque fuera nueva. Ni siquiera solo porque fuera la hija de mi mentor.

Era su mirada.

Esa forma de fingir que nada le importaba cuando estaba casi seguro de que era justo al revés.

Parecía el tipo de persona a la que todo le afecta… y demasiado.

—Hola. Espero que hayáis tenido buen viaje— saludó Aizawa.

No era especialmente afectuoso, pero se notaba que estaba contento de verlas. Sobre todo a ella.

—Lo tuvimos, fue tranquilo. Azu ya está deseando ver su nuevo cuarto —dijo su madre por ella.

Azumi rodó los ojos.

—Me muero de ganas —respondió con ironía.

Tuve que contener una sonrisa. No me sorprendía en absoluto su forma de ser.

—Hola, papá. Cuánto tiempo —añadió después, en un suspiro.

Sonaba tensa. Nerviosa. Como si no supiera cómo comportarse frente a él.

No me extrañaba. Llevaban años sin verse.

—Has crecido. No mucho, pero algo es algo —respondió Aizawa, torpe como siempre.

Suspiré. Aquello era incómodo y bochornoso.

Por suerte, Eri se adelantó, rompiendo la tensión.

—Ella es Eri —dijo Aizawa—. Es una niña que adoptamos en la academia. Forma parte de los alumnos. Espero que os llevéis bien.

Azumi miró a Eri con duda, curiosidad contenida. Asintió al final.

—Hola, Eri —dijo, dedicándole una pequeña sonrisa educada.

Eri sonrió de oreja a oreja.

—¡Es genial tenerte aquí! Estoy muy feliz de conocerte.

Azumi se tensó. Claramente no sabía cómo reaccionar. Su madre rió suavemente, halagando la dulzura de Eri.

Entonces Aizawa me miró de reojo.

Mierda.

Era mi turno.

Me pasé una mano por el cabello antes de avanzar hacia ellas.

—Y este es uno de mis alumnos predilectos, Shinsou Hitoshi —me presentó Aizawa—. Azumi, si necesitas algo o hablar con alguien, no dudes en decírselo a él.

—Oh, así que este es el chico del que me hablaste —dijo su madre, mirándome de arriba abajo con descaro.

Genial. Justo lo que necesitaba.

—Un placer. Espero que nos llevemos bien —respondí, educado.

—…Lo mismo digo —murmuró Azumi.

Sonó forzado.

Molesto.

—¿Eso quiere decir que va a ser mi niñera? —soltó de repente.

El silencio fue inmediato.

Compartí una mirada incómoda con Aizawa.

—Azumi, nadie ha dicho eso —replicó él con firmeza.

—Pero es lo que parece —insistió ella, señalándome—. Seguro que cuando estés ocupado, lo pondrás a vigilarme.

Había rabia en su voz. Pero no era solo eso.

Era defensa.

Era miedo.

—Me niego a eso. Acepté venir porque tengo una Quirk, pero no acordamos esto.

Su mirada ardía. No de odio. De algo más profundo.

—Estás sacando las cosas de contexto —dijo Aizawa—. Shinsou no es así. Solo puede ayudarte a adaptarte. Es trabajador, estudioso. Podrías aprender de él y llevarte—

—¡Eso es cosa mía, no tuya!

No lo dejó terminar. Cogió su maleta y subió las escaleras enfurecida.

Eri la miró, confundida.

—Se ha enfadado…

—Sí —respondí—. Quizá ha sido demasiado para ella.

Vi la preocupación reflejada en los rostros de Aizawa y de su madre.

Suspiré.

No quería meterme en aquello.

No era asunto mío.

Pero tampoco podía ignorarlo.

Azumi no me parecía una niña malcriada.

Me parecía alguien a quien habían empujado demasiado rápido a un lugar que no sentía como suyo.

—Dejadme hablar con ella —dije al fin.

Sin esperar respuesta, me alejé tras ella, manteniendo cierta distancia. Metí las manos en los bolsillos del pantalón.

Sabía que no sería fácil.

Sabía que sería frustrante.

Pero también sabía algo más.

Todos pasamos por esto alguna vez.

Y quizá… ella necesitaba que alguien la entendiera antes de juzgarla.