Fin del Verano
El departamento olía a pintura fresca y a futuro incierto. Asher Holloway dejó la última caja sobre el suelo de madera y miró por la ventana: la ciudad se extendía ante él como un mapa que todavía no sabía leer. Tres pisos abajo, estudiantes arrastraban maletas, padres cargaban mini-refrigeradores, y él estaba oficialmente solo por primera vez en su vida.
Su teléfono vibró. Un mensaje de Kai.
"¿Ya llegaste? Aquí todo bien. Te extraño."
Asher se mordió el labio. "Te extraño" sonaba distinto ahora que había 600 kilómetros entre ellos. Distinto desde aquella conversación de hace dos semanas, cuando Kai sugirió—con esa calma que lo caracterizaba—que quizás deberían "darse espacio para explorar" durante la universidad.
"No es que no te ame," había dicho Kai, recostado en su cama, jugando con el cordón de la sudadera de Asher. "Pero vamos a estar lejos cuatro años. ¿No crees que es poco realista esperar que ninguno de los dos...?"
No había terminado la frase. No había necesitado hacerlo.
Asher había asentido entonces, fingiendo madurez, fingiendo que entendía. "Claro. Tiene sentido." Pero por dentro se preguntaba: ¿explorar significaba que Kai ya tenía a alguien en mente? ¿Significaba que él no era suficiente? ¿Significaba que esto era el principio del fin disfrazado de liberación?
—¿Eres Asher?
La voz lo sacó de sus pensamientos. En la puerta del departamento había un chico alto, de cabello oscuro despeinado y una camiseta de una banda que Asher no reconocía. Sonreía de lado, con esa confianza casual de alguien que nunca ha dudado de su lugar en el mundo.
—Sí. Tú debes ser...
—River Ashford. Tu compañero de cuarto oficial. —Extendió la mano—. Espero que no ronques, porque yo sí y no me disculpo por ello.
Asher rio a pesar de sí mismo y estrechó su mano.
—Anotado. ¿Ya escogiste habitación?
—La de la izquierda. Tiene mejor luz. Pero si quieres podemos lanzar una moneda, no soy un monstruo.
—No, está bien. —Asher señaló sus cajas—. Todavía no desempaco de todas formas.
River se dejó caer en el sofá raído que venía con el departamento, estirando las piernas.
—Entonces, ¿de dónde vienes? ¿Qué estudias? ¿Tienes novia? ¿Novio? ¿Situación complicada?
Asher parpadeó ante la ráfaga de preguntas.
—Pueblo pequeño a seis horas de aquí. Literatura. Y... —dudó—. Novio. Creo. Es complicado.
—Ah. —River asintió con conocimiento de causa—. Universidad a distancia. Clásico. Déjame adivinar: uno de los dos propuso "abrirse" y ahora todo es raro.
Asher lo miró con sorpresa.
—¿Cómo...?
—Pasó en mi último año de prepa. Mi ex y yo. Spoiler: no funcionó. —River se encogió de hombros—. Pero hey, quizás ustedes sean la excepción. Yo qué sé.
Antes de que Asher pudiera responder, dos personas más aparecieron en la puerta: una chica con cabello rosa corto y tatuajes en los brazos, y un chico asiático con lentes y una sudadera de la universidad.
—¿Este es el lugar? —preguntó la chica, consultando su teléfono—. Departamento 304, edificio Norte...
—Sí —dijo River—. ¿Ustedes son los otros compañeros?
—Quinn Pierce —se presentó la chica—. Y él es Elliot Zhang. Nos tocó el cuarto compartido.
Elliot levantó la mano en un saludo tímido.
—Hola. Prometo ser el compañero silencioso e invisible que todos quieren.
—Perfecto, porque yo seré el ruidoso e invasivo —dijo River, levantándose para ayudarlos con las maletas.
La primera semana fue un caos de orientaciones, formularios, profesores que hablaban demasiado rápido y mapas del campus que nunca coincidían con la realidad. Asher se perdió tres veces el primer día, llegó tarde a dos clases, y descubrió que su curso de Literatura Comparada estaba lleno de personas que ya habían leído a autores de los que él apenas había oído hablar.
Llamaba a Kai todas las noches. Al principio.
Después fue cada dos noches.
Luego cuando tenían tiempo.
En una de esas llamadas, Kai mencionó casualmente que había ido a una fiesta. Que había conocido gente interesante. Que un chico de su curso de Ingeniería lo había invitado a un café.
—¿Y fuiste? —preguntó Asher, tratando de sonar casual.
—Sí. Solo como amigos, obviamente. —Una pausa—. ¿Tú has conocido a alguien?
¿Debería decir que sí para no parecer patético? ¿Debería decir que no para demostrar lealtad?
—Mis compañeros de departamento son geniales —respondió finalmente, sin mentir pero sin responder realmente.
Cuando colgaron, Asher se quedó mirando el techo de su habitación, sintiendo que el suelo bajo sus pies se volvía un poco menos sólido cada día.
El viernes por la noche, River insistió en que todos fueran a una fiesta en el campus.
—Vamos, no puedes quedarte encerrado toda la vida —dijo, lanzándole una camisa limpia a Asher—. Necesitas conocer gente. Emborracharte un poco. Hacer algo estúpido que luego te haga reír.
—No soy bueno en fiestas —protestó Asher.
—Nadie es bueno en fiestas. Por eso existen las bebidas.
Quinn asomó la cabeza desde su habitación.
—Yo voy solo si prometen que no me dejan sola con ningún tipo raro que quiera explicarme criptomonedas.
—Trato —dijo River—. Elliot, ¿tú vas?
Elliot levantó la vista de su laptop.
—Prefiero quedarme. Tengo que adelantar unas lecturas.
—Eres el alma de la fiesta, amigo —bromeó River—. Está bien, más cerveza para nosotros.
La fiesta era en una casa vieja cerca del campus, el tipo de lugar donde la música retumbaba en las paredes y la gente se derramaba por el jardín con vasos rojos en las manos. Asher se quedó cerca de River las primeras dos horas, sosteniendo la misma cerveza tibia y asintiendo cuando alguien le gritaba algo que no podía escuchar.
Quinn desapareció rápidamente con un grupo de chicas de su curso de economía. River conocía a medio mundo, aparentemente, y no paraba de presentar a Asher como "mi compañero de cuarto, el bibliófilo".
—No digas bibliófilo —murmuraba Asher cada vez—. Suena raro.
—Es porque eres raro —respondía River, riendo.
Fue en la cocina, tratando de escapar del calor y el ruido, cuando Asher lo vio por primera vez.
Estaba recostado contra la encimera, con una camisa violeta de mangas enrolladas y el cabello castaño despeinado de una forma que parecía accidental pero probablemente no lo era. Sostenía un libro—en una fiesta, un maldito libro—y parecía completamente ajeno al caos a su alrededor.
Sus ojos se encontraron.
El chico cerró el libro y sonrió de una manera que hizo que algo en el pecho de Asher se moviera incómodamente.
—¿También estás escapando? —preguntó, con una voz suave pero clara.
Asher asintió, sin confiar en su propia voz.
—Soy Phoenix Thorne —dijo el chico, extendiendo la mano—. Segundo año, Historia del Arte. Y antes de que preguntes: sí, traje un libro a una fiesta. No, no me arrepiento.
Asher estrechó su mano—cálida, firme—y sintió que algo se encendía, algo que no había sentido en meses. Algo que no era Kai. Algo que lo asustó.
—Asher. Primer año. Literatura. Y... yo haría lo mismo, honestamente.
Phoenix inclinó la cabeza, evaluándolo.
—¿Sí? ¿Qué estás leyendo ahora?
Y así, en medio de una fiesta ruidosa, con su relación a distancia desintegrándose lentamente y su vida universitaria apenas comenzando, Asher Holloway empezó a hablar de libros con un extraño de ojos verdes que lo miraba como si realmente le importara lo que dijera.
River apareció en la puerta de la cocina veinte minutos después y silbó bajito.
—Ah. Ya veo cómo va a ser esto.
Asher le lanzó una mirada asesina, pero Phoenix solo rio.
Y por primera vez desde que llegó a la ciudad, Asher no pensó en Kai.
Ni una sola vez.