1. Por culpa de Mr. Bridgertron | MARKHYUCK

Summary

A veces encuentras el amor en el más inesperado de los lugares... Esta no es una de esas veces. Todo el mundo espera que Haechan Bridgerton se case con uno de los hermanos Rokesby. Las dos familias han sido vecinas durante siglos, y desde niño, el poco delicado Haechan corrió salvajemente con Jeno y Chenle. Cualquiera de los dos sería un marido perfecto... algún día. A veces te enamoras exactamente de la persona que crees que deberías... O no. Solo hay un Rokesby al que Haechan absolutamente no puede tolerar, y ese es Mark. Puede que sea el mayor y heredero del condado, pero es arrogante, molesto, y él está absolutamente seguro de que lo detesta. Lo cual es perfectamente conveniente, ya que tampoco puede soportar verlo. Pero a veces el destino tiene un gran sentido del humor... Porque cuando Haechan y Mark son literalmente lanzados juntos, toda una nueva clase de chispas comienzan a volar. Y cuando esos adversarios de toda la vida, finalmente se besan, solo podrían descubrir que la única persona a la que no pueden soportar es la única persona sin la que no pueden vivir…

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Lgbtq
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25
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n/a
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18+

Capítulo 1

El techo de una casa de campo abandonada

A mitad del camino entre Aubrey Hall y Crake House Kent, Inglaterra

1779


No era que Haechan Bridgerton careciera de sentido común. Al contrario, estaba muy seguro de que era una de las personas más sensatas entre sus amistades. Pero como cualquier individuo reflexivo, ocasionalmente optaba por ignorar la pequeña voz de la razón que susurraba a través de su mente. Esto no podía, estaba seguro, considerarse imprudencia. Cuando ignoraba esa voz de advertencia, era una decisión consciente, hecha después de un (en cierta medida) cuidadoso análisis de su situación. Y en su defensa, cuando Haechan tomaba una decisión —una que la mayoría de la humanidad consideraría más allá de absurda—, generalmente salía muy bien parado.

Excepto cuando no lo hacía. Como en este momento.

Bajó la mirada furioso hacia su acompañante.

—Debería estrangularte.

Su acompañante dejó salir un más bien indiferente maullido. Haechan dejó salir un más bien poco delicado gruñido.

El gato evaluó el sonido, se consideró bajo aviso y comenzó a lamer sus patas.

Haechan consideró el doble estándar de dignidad y decoro, decidió que ambos estaban sobrevalorados y devolvió un inmaduro ceño fruncido.

No lo hizo sentir mejor.

Con un cansado gemido, levantó la mirada al cielo, tratando de determinar la hora. El sol estaba atascado con bastante firmeza detrás de una capa de nubes, lo cual complicaba su tarea, pero tenían que ser por lo menos las cuatro en punto. Calculaba que había estado atascado aquí por una hora y había dejado el pueblo a las dos. Si incluyera el tiempo que le tomó caminar…

Oh, cielo santo, ¿qué importaba qué hora era? Eso no iba a conseguir que se bajara de este maldito techo.

»Todo esto es culpa tuya —le dijo al gato. Como era de esperarse, el gato lo ignoró.

»No sé qué crees que estabas haciendo arriba en ese árbol —continuó—. Cualquier tonto habría sabido que no podrías haber bajado.

Cualquier tonto lo hubiera dejado allí arriba, pero no, Haechan había escuchado el maullido y había estado a mitad de camino arriba del árbol antes de que le pasara por la cabeza que a él ni siquiera legustabanlos gatos.

»Yrealmenteno me gustas —dijo.

Estaba hablándole a un gato.Estoera a lo que se había reducido. Cambió su posición, haciendo un gesto de dolor cuando su media quedó atrapada en una teja del techo desgastada por la exposición a la intemperie. El gancho jaló el lado de su pie y su ya palpitante tobillo rugió en protesta.

O más bien su boca rugió. No lo pudo evitar.Dolía.

Suponía que podía haber sido peor. Había estado bien arriba en el árbol, fácilmente a unos buenos dos metros y medio por encima del techo de la casa de campo, cuando el gato le había siseado, expulsado una garra que rasguñaba muy bien y enviado a ambos dando tumbos.

El gato, no era necesario decirlo, había hecho su descenso con gracia acrobática, aterrizando sin lesiones, con sus cuatro patas sobre el techo.

Haechan todavía no estaba segura de cómo élhabíaaterrizado, solo que su codo dolía, su cadera escocía y su abrigo estaba desgarrado, posiblemente por la rama que se había roto a dos tercios de su camino hacia abajo.

Pero lo peor eran su tobillo y el pie, los cuales estaban matándolo. Si estuviera en casa, se dejaría caer sobre almohadas. Había presenciado más que su razonable cuota de tobillos torcidos —algunos en su propio cuerpo, incluso más en otros— y sabía qué hacer. Compresas frías, elevación, un hermano obligado a atender su mano y pie…

¿Dónde estaban sus secuaces cuando los necesitaba?

Por otro lado, a lo lejos, vio un destello de movimiento y a menos que las bestias locales hubiesen hecho el cambio a bipedalismo recientemente, era claramente humano.

»¡Holaaaaaaaa! —llamó, entonces lo pensó mejor y gritó—: ¡Ayuda!

A menos que el alcance visual de Haechan lo estuviera engañando —y no lo hacía, realmente no lo hacía; incluso su mejor amigo Dongyoung Rokesby admitía que la vista de Haechan Bridgerton no se atrevería a ser menos que perfecta—, el humano a la distancia era un hombre. Y no había un hombre entre sus conocidos que pudiera ignorar una petición de ayuda de un doncel.

»¡Ayuda! —gritó otra vez, sin sentir ni un poquito de alivio cuando el hombre se detuvo. No podía decir realmente si se había girado en su dirección —el alcance visual perfecto no llegaba tan lejos—, así que dejó salir otro grito, este tan fuerte como pudo hacerlo, y prácticamente lloró de alivio cuando el caballero —oh,por favor,permite que sea un caballero, sino por nacimiento, entonces al menos por naturaleza— comenzó a moverse en su dirección.

Pero no lloró. Porque nunca lloraba. Nunca había sido ese tipo de doncel.

Sin embargo, tomó una inesperada inhalación… una sorpresivamente fuerte, aguda e inesperada inhalación.

»¡Por aquí! —gritó, liberándose de su chaqueta, así la podía agitar en el aire. No tenía sentido tratar de parecer digno. Estaba, después de todo, atascado en un techo con un tobillo torcido y un gato sarnoso.

»¡Señor! —casi gritó—. ¡Ayuda! ¡Por favor!

El andar del caballero se ajustó muy ligeramente hacia el sonido y levantó la mirada, y aunque estaba todavía muy lejos del alcance visual perfecto de Haechan para ver su rostro, losupo.

No. No.No.Cualquiera menos él.

Pero por supuesto que era él. Porque, ¿quién más pasearía en su peor momento, en su más incómodo y vergonzoso, en el único maldito momento en el queélnecesitaba rescate?

»Buenas tardes, Mark —dijo, una vez que él se acercó lo suficiente para escuchar.

Puso sus manos en las caderas y entrecerró los ojos hacia él.

—Haechan Bridgerton —dijo.

Esperó a que él añadiera: “Debí haberlo sabido”.

No lo hizo, y por alguna razón eso lo hizo irritar aún más. Las palabras no estaban en equilibrio cuando no podía predecir cada desorbitada y pomposa palabra que salía de la boca de Mark Rokesby.

—¿Consiguiendo un poquito de sol? —indagó.

—Sí, más bien pensaba que podría necesitar unas cuantas pecas más —espetó.

Él no respondió inmediatamente. En cambio, retiró su sombrero tricornio, revelando una desempolvada cabeza de grueso y liso cabello castaño, y lo contempló con una sostenida y evaluadora mirada fija. Finalmente, después de dejar su sombrero cuidadosamente por debajo de lo que había sido una vez una pared de piedra, miró hacia arriba otra vez y dijo:

—No puedo decir que no estoy disfrutando esto. Solo un poco.

Cualquier cantidad de réplicas bailaron en la lengua de Haechan, pero se recordó que Mark Rokesby era el único ser humano a la vista, y si deseaba que sus pies tocaran el suelo antes del Día del Trabajo, iba a tener que ser bueno con él.

Hasta que lo rescatara, por lo menos.

—¿Cómo lograste llegar hasta allá arriba, de todas maneras? —preguntó.

—Gato —dijo en una voz que podría caritativamente haber sido descrita comoenfurecida.

—Ah.

—Estaba en el árbol —explicó, aunque el cielo sabía por qué. No era como si él hubiese pedido una explicación adicional.

—Ya veo.

¿Lo hacía? Más bien él pensaba que no lo hacía.

—Estaba llorando —sentenció—. No podía exactamente ignorarlo.

—No, estoy seguro que no podías —dijo, y aun cuando su voz era perfectamente cordial, estaba convencido de que se estaba riendo de él.

—Algunos de nosotros —forzó a sus dientes a separarse lo suficiente para decir—, somos individuos compasivos y considerados.

Él inclinó su cabeza.

—¿Amables con los niños pequeños y animales?

—Bastante.

Su ceja derecha se arqueó en esa monstruosamente irritante manera Rokesby.

—Algunos —pronunció él cansinamente—, somos amables con niños

grandesy animales.

Haechan mordió su lengua. Primero de forma figurada, y luego literalmente.Se agradable,se recordó.Incluso si eso te mata…

Él rio sin emoción. Bueno, excepto por esa pequeña sonrisa de superioridad en la comisura.

—¿Estás malditamente viniendo a ayudarme a bajar? —estalló finalmente.

—Ese lenguaje —lo regañó.

—Aprendido detushermanos.

—Oh, lo sé —dijo—. Nunca pude convencerlos totalmente de que realmente eras un doncel.

Haechan se sentó sobre sus manos. Realmente sesentósobre sus manos, estaba tan seguro de que no sería capaz de resistir la urgencia de arrojarse del techo en un intento de estrangularlo.

»Nunca pudeconvencermetotalmente de que eras realmente humano —añadió Mark, un tanto a la ligera.

Los dedos de Haechan se endurecieron como garras. Lo cual erarealmenteincómodo, considerando todas las cosas.

Mark—dijo, y escuchó mil cosas diferentes en su tono: súplica, dolor, resignación, remembranza. Tenían una historia, los dos, y sin importar sus diferencias, él era un Rokesby y él era un Bridgerton, y cuando llegara el momento, también podrían ser familia.

Sus hogares —Crake House para los Rokesby y Aubrey Hall para los Bridgerton—, estaban apenas a cinco kilómetros de distancia en este acogedor extremo de Kent. Los Bridgerton habían estado allí por más tiempo —habían llegado a principio del año 1500, cuando Kibum Bridgerton había sido nombrado vizconde y le fue concedida la tierra por Enrique VII—, pero los Rokesby les habían excedido en posición desde 1672.

Un particularmente emprendedor barón Rokesby (cuenta la historia) había realizado un servicio esencial a Carlos II y fue nombrado primer Conde de Manston en agradecimiento. Los detalles alrededor del ascenso de rango pasaron a ser turbios con el tiempo, pero por lo general se aceptaba que había involucrado una diligencia, un rollo de seda turca y dos amantes reales.

Haechan bien podía creer eso. El encanto se heredaba, ¿cierto? Mark Rokesby podía ser precisamente el tipo anticuado que uno esperaría del heredero de un condado, pero su hermano menor Chenle poseía una especie de diabólicaalegría de vivirque le habría hecho ganar el cariño de un notorio mujeriego como Carlos II. El otro hermano Rokesby no era totalmente tan travieso (aunque se suponía que Sakuya, de solo catorce años, todavía estaba perfeccionando sus habilidades), pero fácilmente superaban a Mark en todas las competencias que involucraban encanto y amabilidad.

Mark. Nunca se habían gustado. Pero Haechan suponía que no podía quejarse. Markerael único Rokesby disponible en este momento. Jeno estaba fuera en las colonias, empuñando una espada o una pistola, o solo el cielo sabía qué, y Sakuya estaba en Eton, probablemente también empuñando una espada o una pistola (aunque con suerte considerablemente con menor efecto). Chenle estaba aquí en Kent por las siguientes semanas, pero se había fracturado su brazo haciendo alguna de esas proezas en la marina. Difícilmente podía ser de ayuda.

No, tendría que ser Mark, y él tendría que ser cortés. Haechan le sonrió. Bueno, estiró sus labios.

Él suspiró. Solo un poco.

—Veré si hay una escalera por ahí atrás.

—Gracias —dijo remilgadamente, pero no creyó que lo hubiera escuchado. Siempre había tenido un paso rápido y piernas largas, y había desaparecido a la vuelta de la esquina antes de que pudiera ser adecuadamente educado.

Un minuto o más después, regresó a la vista, con su brazo colgado sobre una escalera que se veía como si hubiera visto su último uso durante la Revolución Gloriosa.

—¿Qué sucedió en realidad? —gritó, colocándola en su lugar—. No es propio de ti atascarte.

Era lo más cercano a un cumplido que había escuchado de sus labios.

—El gato no estaba tan agradecido por mi asistencia como uno podría haber esperado —dijo, con cada consonante un picahielos arrogante dirigido al pequeño monstruoso felino.

La escalera hizo unruido sordoen su posición y Haechan escuchó a Mark subiendo.

»¿Esto va a resistir? —preguntó. La madera se veía un poco astillada y estaba emitiendo ominosos ruidos chirriantes con cada paso.

Los crujidos se detuvieron por un momento.

—En realidad no importa si resiste o no, ¿verdad?

Haechan tragó. Otra persona podría no ser capaz de traducir sus palabras, pero había conocido a este hombre desde que tenía memoria y si había una verdad fundamental para Mark Rokesby, era que él era un caballero. Y nunca dejaría a un doncel en apuros, sin importar cuán frágil fuera la apariencia de una escalera.

Haechan estaba en problemas, por lo tanto, él no tenía elección. Tenía que ayudarlo, sin importar cuán agraviante lo encontrara.

Y lo hacía. Oh, sabía que lo hacía. Nunca había hecho ningún esfuerzo por disimularlo. Aunque, para ser justos, él tampoco.

Su cabeza apareció a la vista y sus ojos marrón oscuro-Rokesby se entrecerraron. Todos los Rokesby tenían los ojos muy oscuros. Hasta el último de ellos.

»Estás usando pantalones —dijo Mark con un suspiro pesado—.

Por supuesto que estás usando pantalones.

—Difícilmente habría intentado el árbol en un vestido.

—No —dijo secamente—, eres demasiado sensato para eso.

Haechan decidió dejar pasar eso.

—Me arañó —dijo, sacudiendo su cabeza hacia el gato.

—¿Lo hizo?

—Caímos.

Mark levantó la mirada.

—Esa es una distancia considerable.

Haechan siguió su mirada. La rama más cercana estaba a metro y medio y no había estado en la rama más cercana.

—Me lastimé el tobillo —admitió.

—Así lo calculé.

Él le dio un vistazo en pregunta.

»Habrías solo saltado al suelo, de lo contrario.

Su boca se torció mientras miraba más allá de Mark hacia la tierra atiborrada que rodeaba las ruinas de la casa de campo. En un momento, el edificio debió haber pertenecido a un granjero próspero porque era de dos pisos completos de alto.

—No —dijo, evaluando la distancia—. Está demasiado lejos para eso.

—¿Incluso para ti?

—No soy un idiota, Mark.

Mark no estuvo de acuerdo con él tan rápido como debería haberlo

hecho. Lo que quería decir nada en absoluto.

—Muy bien. —Eso fue lo quedijo—. Vamos a bajarte.

Haechan inhaló. Luego, exhaló. Entonces dijo:

—Gracias.

Él le dio un vistazo con una expresión extraña. ¿Incredulidad, tal vez, porque él había pronunciado la palabragraciasdirigida a él en esa oración?

—Va a oscurecer pronto —dijo con su nariz arrugándose mientras miraba hacia el cielo—. Habría sido terrible haber estado atascado… —Aclaró su garganta—. Gracias.

Él reconoció esto con un breve asentimiento.

—¿Puedes arreglártelas con la escalera?

—Creo que sí. —Sería terriblemente doloroso, pero podía hacerlo—. Sí.

—Podría cargarte.

—¿Sobre la escalera?

—Sobre mi espalda.

Novoy a subir a tu espalda.

—No es donde te querría —murmuró. Él levantó la mirada bruscamente.

—Correcto, bien —continuó él, subiendo otros dos escalones. La orilla del techo estaba ahora a la par de sus caderas—. ¿Puedes ponerte de pie?

Lo miró enmudecido.

—Me gustaría ver cuánto peso puedes poner en ese tobillo —explicó.

—Oh —murmuró—. Por supuesto.

Probablemente, no debería haberlo intentado. La inclinación del techo era tal que necesitaría sus dos pies para equilibrarse y el derecho estaba cerca de ser inútil en este punto. Pero lo intentó, porque odiaba mostrar debilidad delante de este hombre, o tal vez trató porque no estaba en su naturaleza no tratar —cualquier cosa— o tal vez porque no creía que el asunto terminara, en primer lugar, pero se puso de pie, tropezó, y se sentó enseguida de nuevo.

Pero no antes de que un sofocado llanto de dolor atravesara sus labios.

Mark estuvo fuera de la escalera y sobre el techo en un segundo.

—Pequeño tonto —murmuró, pero había afecto en su voz, al menos tanto afecto como el que siempre mostraba—. ¿Puedo verlo?

A regañadientes, empujó el pie en su dirección. Ya había retirado su zapato.

Él lo tocó clínicamente, ahuecando su talón en una mano mientras evaluaba el rango de movimiento con la otra.

»¿Duele aquí? —preguntó, presionando ligeramente sobre la parte exterior de su tobillo.

Haechan soltó un siseo de dolor antes de que pudiera detenerse y asintió.

Él se movió a otro punto.

»¿Aquí?

Asintió de nuevo.

—Pero no tanto.

—¿Qué hay…?

Una flecha de dolor se disparó por su pie, tan intensa que fue positivamente eléctrica. Sin siquiera pensarlo, lo tiró de sus manos.

»Tomaré eso como un sí —dijo con el ceño fruncido—. Pero creo que no está roto.

—Por supuesto que no está roto —prácticamente gritó. Lo cuál era una cosa ridícula de decir porque no habíapor supuestoal respecto. Pero Mark siempre sacaba lo peor de él, y no ayudaba que su piedoliera,maldita sea.

—Un esguince —dijo Mark, ignorando su pequeño estallido.

—Lo sé. —Con petulancia.De nuevo.Se odiaba en este momento. Él le sonrió suavemente.

—Por supuesto que sí.

Quería matarlo.

—Iré primero —anunció Mark—. De esa manera, si tropiezas, seré capaz de evitar tu caída.

Haechan asintió. Era un buen plan, el único plan, realmente, y sería estúpido por discutir solo porque él era quien había venido con ello. Incluso si esehabíasido su impulso inicial.

—¿Listo? —preguntó. Asintió de nuevo.

—¿No estás preocupado de que te tire de la escalera?

—No.

Sin explicaciones. Solo no. Como si fuera absurdo incluso reflexionar la pregunta.

Haechan levantó bruscamente la mirada. Se veía tan sólido. Y fuerte. Yconfiable.Siempre había sido confiable, se dio cuenta. Normalmente, estaba demasiado ocupado estando irritado con él para darse cuenta.

Él se acercó cuidadosamente al borde del tejado, dándose la vuelta para que pudiera colocar un pie en el escalón superior de la escalera.

—No olvides al gato —indicó Haechan.

—El gato —repitió él. Dándole una mirada deseguramente bromeas.

—No voy a abandonarlo después de todo esto.

Mark apretó sus dientes, dijo algo bastante desagradable en voz baja y alcanzó al gato.

El cual lo mordió.

Madre de…

Haechan se corrió unos centímetros. Parecía listo para arrancarle la cabeza a alguien y él estaba más cerca que el gato.

—El gato —gruñó Mark—, se puede podrir en el infierno.

—De acuerdo —dijo Haechan,muyrápidamente.

Él parpadeó ante su rápido consentimiento. Haechan intentó una sonrisa y se decidió por un encogimiento de hombros. Tenía dos hermanos de sangre y tres más que también podrían haber sido hermanos en la casa Rokesby. Cuatro si incluía a Mark, que no estaba muy seguro si lo hacía.

El punto era que comprendía a los hombres y sabía cuándo mantener la boca cerrada.

Además, habíaterminadocon ese maldito animal. Nunca debía decirse que Haechan Bridgerton era poseedor de un corazón sentimental. Había tratado de salvar a la bestia sarnosa porque era lo correcto de hacer, luego había tratado de salvarlo de nuevo, solo porque parecía un desperdicio de sus esfuerzos anteriores no hacerlo, pero ahora…

Bajó la mirada al animal.

—Estás por tu cuenta.

—Iré primero —dijo Mark, moviéndose sobre la escalera—. Te quiero justo delante de mí en todo el camino. De esa forma, si tropiezas…

—¿Ambos caeremos?

—Te atraparé —dijo entre dientes.

Él había estado bromeando, pero no parecía el curso de acción más inteligente el señalarlo.

Mark volvió a descender, pero mientras se movía para colocar su pie en el escalón más alto, el gato, que aparentemente no le había gustado ser ignorado, dejó salir un espeluznante chillido y se lanzó a través de sus piernas. Mark lo lanzó de vuelta, arremolinando sus brazos.

Haechan no pensó. No se dio cuenta de su pie, o su balance, o nada. Solo saltó hacia adelante y lo agarró, tirándolo de vuelta a la seguridad.

—¡La escalera! —chilló.

Pero era demasiado tarde. Juntos, vieron la escalera pivotear, girar y entonces caer al suelo con una extraña gracia de bailarina.