🧡EL BAILE 💚
ESPECIAL DÍA DEL PADRE
★ Katsudeku ★Amor ★Omegaverse ★Sin dones ★Familia
★ Nota al final del capítulo.
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—Mí padre y mí tío vendrán a verme —la voz cantarina de un pequeño rubio interrumpió el silencio que abrazaba el salón de clases.
—¡Genial! Mi padre también vendrá, dijo que saliendo iríamos a comer en familia —otra vocecita se unió.
—Mi padre no vendrá, no está en la ciudad —la voz un poco quebrada de uno de los niños llamó la atención de todos.
—Qué mal por ti, Shin, el mío sí vendrá y será increíble, daré lo mejor de mí para impresionarlo —ignorando la tristeza de su compañero, otro niño habló, lleno de confianza.
Las demás voces de los niños en el salón se unieron a esa “discusión”, todos hablando y debatiendo sobre quién bailaría o actuaría mejor, todo visto a la distancia por el pequeño sentado en una
de las sillitas, lejos de todo el alboroto.
Katsuma Bakugo.
Quería unirse a ellos, meterse en la conversación, convivir con todos sus compañeros, pero una parte de él tenía miedo.
¿Cómo empezar?
¿Simplemente meterse o pedir permiso para hablar?
No lo sabía, estaba aterrado, odiaba eso, se sentía mal por no tener la valentía para hacerlo. Si su hermana Mahoro estuviera aquí, ella desde cuándo ya estaría parloteando con todos. Arrugó la batita de su uniforme con sus deditos, internamente se daba valor para hablar.
Hace unos meses su familia se había mudado a un nuevo vecindario, lo que significaba nueva casa. Este era para él su primer año, era la primera vez que convivía con más niños, pese a que tenía cinco años, los otros dos años de preescolar los había llevado en casa, con tutores. Pero este año fue diferente, su madre tuvo un mejor empleo y tuvieron que mudarse para mayor comodidad.
Su padre no tenía problemas, siempre trabajaba, siempre estaba moviéndose, así que no le resultó mal esa mudanza, su hermana al principio se disgustó, dejaría a sus amigas, dejaría todo atrás, pero solo unos días bastaron para empezar de cero y rápidamente hizo nuevos amigos. Ella ya tenía experiencia en eso, en convivir con más niños, tenía ocho.
Y él…
Su madre decidió que ya era hora de aventar a su pequeño cachorro al mundo real, lejos de la comodidad de su casa y lejos de la protección de su Omega y Alfa.
Lejos.
Claro, él así lo veía, pero en realidad solo eran unas horas lo que estaban separados.
Desde pequeño siempre se le dificultó interactuar con las demás personas, su padre decía que sacó la misma personalidad tímida de su madre. Y era verdad, eran como dos gotas de agua.
El pequeño se propuso dar todo de sí para hacerlo bien, le encantaba cuando su padre lo elogiaba por sus nuevos logros, aunque fuera algo insignificante a vista de los demás, para el Alfa no era así.
Debía hacerlo.
Debía ser fuerte, así como su padre y hermana.
Respiró hondo, intentando que todos esos nervios que estaban atacando a su pequeño cuerpo se fueran lejos, lejos para que no volvieran a molestarlo.
Se pararía y hablaría con sus compañeros, sí, no debía temer, ese miedo debía irse. Sí, debía irse lejos, muy, muy lejos, sus compañeros desde el primer día lo trataron muy bien, ninguno lo molestaba o se burlaba de su timidez, todos le daban su tiempo y siempre le tenían paciencia, así que este no debía ser un problema, no debía temer.
Recuerda que escuchó a su tía Ochako hablar una tarde con su madre sobre los compañeros malos que su primo tenía en su salón, todos eran groseros y se burlaban, en un principio pensó que él pasaría por lo mismo, pero nada de eso pasó, todos habían sido muy lindos con él desde el día uno, incluso su maestra Kira, era una Omega muy dulce, siempre atendía a todos los cachorros con mucha amabilidad y respeto.
Debía pararse y hablar.
Sí.
—Y tú, Kasuma, ¿Tu papi vendá a la pesentación?
La voz algo entrecortada de una de sus compañeras le cortó su valentía, volteó a verla, ella le sonreía, esperando una respuesta.
—Ammm… —ambos pares de ojos verdes se cruzaron, jugó con sus deditos buscando la respuesta— No… no lo sé, Anya…
Era verdad, no lo sabía, su padre solía trabajar mucho y no siempre podía verlo, así que no estaba seguro si el día de la presentación para el día del padre este se presentaría.
—Oh, espero que sí —le regaló una sonrisa, tomándolo de la mano para darle ánimos.
Anya Forger, desde el día uno, se había vuelto una amiga para el cachorro, su primera amiga, siempre estaba con él, intentando hablar, sacarle plática, hablaba y hablaba, a veces de cosas extrañas y otras de cosas increíbles, cuando el pequeño cachorro se aislaba ella siempre lo sacaba, justo como en este momento.
Lo jaló de la mano y lo llevó con los demás, la plática que originalmente surgió ahora pasó al olvido, ahora todos estaban dibujando.
Faltaba solo una hora para salir y en todo ese rato la mente del cachorro no pudo sacarse esa duda.
Si es que su padre vendría. Al salir le preguntaría a su mamá.
La campana sonó, dando la señal de que el día escolar había concluido.
Todos los infantes corrieron por sus loncheras, por sus mochilas, formando una fila en las puertas, listos para ser guiados al patio y así ser entregados a sus madres. Uno por uno fueron saliendo.
—Katsuma —la voz de la maestra lo llamó— Vamos, amor, tu madre ya llegó —tomó su mano y lo guió a la salida.
Se despidió tímidamente con su manita a los compañeros que aún se quedaron y ellos le regresaron el gesto animados.
Rápidamente lo vio, su madre estaba afuera vestido con un suéter de lana rojo y pantalones verdes. Corrió a él, siendo recibido por sus amorosos brazos, lo cargó y lo llenó de besos.
—Hola, mi hermoso cachorro —lo abrazó más fuerte, llenándolo con sus feromonas.
—Hola, mami, te extrañé —restregó su carita en su cuello, llenándose más de esas feromonas que tanto le gustan y calman, durazno con crema y miel, el cabello de su madre se sentía húmedo, posiblemente tomó un baño antes de salir por él, se sentía fresco, eso le gustó.
—También te extrañé mucho, cielo —besó por última vez su pequeña mejilla pecosa y lo bajó, cargando su mochila en uno de sus brazos, encaminando a ambos al estacionamiento que tenía el preescolar.
Lo subió en los asientos traseros y ajustó bien su cinturón de seguridad, colocando su pequeña mochila y lonchera al lado de él. Dio la vuelta y se adentró al auto, encendiéndolo, listo para empezar su recorrido hacia la otra institución estudiantil, recogerían a su hermana.
—¿Qué tal estuvo tu día? —esperó respuestas del pequeño, pero solo le respondió con una sonrisa— ¿Te fue bien? —asintió, esa respuesta le agradó al Omega, sabía que a su pequeño le costaba un poco mezclarse pero lo estaba haciendo bien. Le llenaba de orgullo que su pequeño empezara a crecer. Sabía que era algo rápido aventarlo a la sociedad estando tanto tiempo en casa, pero era lo mejor, así debía ser.
Puso algo de música y prendió el aire acondicionado. Afuera hacía un poco de frío, pero adentro se encerraba.
Al sentir que el auto se detenía en un semáforo, Katsuma llamó la atención de su madre.
—Mami, papi vendrá a verme en mi baile, ¿Verdad? —su voz sonó algo apagada, estaba cargada de incertidumbre, el Omega vio su pequeño puchero por el espejo retrovisor.
—Claro que sí, amor, papá estará ese día, ¿Por qué piensas que no? —se le hacía extraño que su cachorro preguntara algo así. Su Alfa nunca se perdía nada importante de sus cachorros.
—Es que… —mordió un poco avergonzado su labio— Últimamente no ha ido a casa, no lo he visto —terminó de soltar, triste.
—Oh, mi amor, sabes que papá está ocupado trabajando, llega a casa solo que estás dormido —era verdad, el Alfa llegaba a eso de las 10 PM, cuando el cachorro se encontraba en su tercer sueño.
Si su madre esperaba que con esas palabras él se sintiera más animado, fracasó en el intento. La manera en la que su cachorro se expresó le oprimió el corazón al peliverde, su Omega se movió inquieto, compraría un poco de helado para animarlo.
En menos de 10 minutos llegaron a la escuela de la segunda hija. El peliverde salió y dejó al cachorro solo, en menos de un minuto ya estaba de regreso, la cachorra entró con energía, hablando y hablando de cómo había sido su día, saludando en el proceso a su pequeño hermano.
Comentó que ese año no se haría ningún evento del día del padre en su escuela, solo harían una manualidad que sería entregada al padre y ya. Ese año la escuela quería ahorrar trabajo. Pasaron a comprar un poco de helado en una paletería cercana a la escuela, tres sabores diferentes. Al llegar a casa ambos cachorros corrieron escaleras arriba, despojándose de sus uniformes y cambiándose a algo más cómodo.
—Niños, no tarden, la comida ya está hecha —el Omega gritó desde el primer piso.
Comieron delicioso, fideos con carne.
—Ma —tragó el bocado— Cuando papá llegue quiero que me siga contando sobre ese nuevo equipo que comentó ayer —la voz de su hermana intrigó al cachorro, prestando toda la atención, dejando de comer.
Su madre tenía razón, su padre llegaba cuando él ya estaba dormido y al parecer se iba temprano, antes de que él despertara, su hermana acababa de confirmarlo. Su hermana también veía a su padre, todos menos él.
Eso le molestó un poco, sus pequeñas manitas se sintieron tensas, y sus ojitos querían aguarse.
—¿Qué pasa, Katsu? —su hermana rápidamente notó el cambio en el ambiente, su hermano parecía que iba a llorar en cualquier momento, eso la asustó.
—Papi… extraño a papi.
Oh… era eso…
No quería, pero las lágrimas se escaparon de sus ojitos, su llanto no fue escandaloso, solo soltaba pequeños sollozos silenciosos. El Omega dejó de comer y se levantó, su pequeño necesitaba consuelo. Lo pegó a su cuello, dejó salir su aroma para tranquilizarlo, logrando hacerlo unos minutos después.
La comida terminó en silencio por parte del menor de la familia.
Su madre le sirvió un poco de helado de fresa, su sabor favorito, eso solo lo animó un poco.
Al llegar la noche el cachorro estaba teniendo una fuerte discusión con el señor oso de peluche, estaba acostado en su camita, arropado ya con su pijama, le explicó su plan al oso, hoy se quedaría despierto toda la noche, esperando a su padre, el peluche solo se quedó estático, viéndolo con esos ojos negros de botón.
Mentira, solo pasó media hora cuando los pequeños párpados de Katsuma empezaron a sentirse pesados.
Se durmió.
Su plan fracasó.
El día comenzó, misma rutina, mañana, tarde y noche.
Nuevamente no pudo ver a papá, al despertar su olor estaba, pero su presencia no.
Eso solo hacía que lo extrañara más.
En la escuela, la maestra ensayaba una y otra vez, coordinando los movimientos; un baile, esa era la actividad que presentarán en el evento.
—Muy bien, todos lo hacen muy bien —aplaudió cuando la canción terminó y todos los cachorros de su clase aplaudieron también, todos animándose.
Le gustaba, amaba bailar, pero conforme el día del evento se acercaba, sus ganas se esfumaban poco a poco. Siguió sin ver a su padre; su madre le prometió que él estaría presente, pero comenzaba a dudar.
Si no lo veía en el día que le aseguraba que estaría ese día.
Su esfuerzo sería en vano si él no estaba presente para verlo.
Eso solo amargó su pequeño corazón.
Empezaba a sentir decepción.
Y que sus compañeros no dejaran de hablar sobre sus padres no ayudaba en nada.
No siempre fue así, no siempre su padre estaba fuera, pero últimamente tenía más demanda en su trabajo, por lo que implicaba pasar más horas fuera de casa.
Eso era algo que el cachorro aún no comprendía.
A una semana del evento, el Omega y los cachorros caminaban por una plaza comercial, visitando varias tiendas, todo con el fin de encontrar un regalo apropiado para el Alfa de la familia. Lo encontraron: un vino tinto dulce, unas botas cafés, un suéter azul y una loción nueva. Todo fue envuelto en dos cajas color azul oscuro; se veían elegantes.
Estaban por regresar a casa cuando pasaron fuera de una tienda; el pequeño volteó y lo vio. Justo en la vitrina.
Jaló a su madre, quería comprarlo.
—Amor, ¿para qué quieres eso? —estaba dudoso, su cachorro normalmente no pedía que le comprara cosas y que le pidiera de repente lo sorprendió un poco.
—¡Papi, papi, lo quiero para papi!
Con que era eso.
—De acuerdo.
Los tres se adentraron a la tienda.
Lo pidieron con el encargado y salieron de la tienda; el cachorro era el más feliz.
Su padre amaría ese regalo.
Dos días antes del evento estaba por dormirse, eran apenas las 7:30 PM cuando pasó; un olor inconfundible se coló por su puerta aún abierta.
Sándalo y limón.
Alfa.
Papá.
PAPÁ.
El sueño se esfumó, se quitó las cobijas y salió corriendo, bajó las escaleras lo más despacio que pudo para no caerse y, en la sala, quitándose los zapatos, lo encontró.
—¡PAPI!
Corrió a él, abrazándose enseguida a sus piernas, no quería soltarlo, pensaba que si lo hacía desaparecería. Empezó a soltar
pequeños sollozos. Esa acción tomó por sorpresa al rubio.
—Cachorro.
Habló, acariciando los cabellos rubios del menor.
—Papi, te extrañé muchísimo —levantó su carita, los pequeños ojos esmeralda reflejaban felicidad pura; rápido cargó a su cachorro, dándole un beso en su frente.
—También te extrañé, Katsuma —su voz sonó pesada, cansada, pero sobre todo llena de amor.
Ese día llegó temprano, el cachorro no quería despegarse de su padre y este no lo apartó. Al contrario, estaba muy a gusto bañando el pequeño cuerpo de su cachorro con sus feromonas.
El Alfa era un agente de la policía especial, solía tener misiones encubierto, lo que le restaba tiempo para pasarlo en familia. Amaba su trabajo, pero también amaba a su familia.
Jamás se imaginó el tener esta vida, se propuso no amar a nadie, no tener pareja, nada que lo distrajera de sus planes y su trabajo.
Pero un día, en una misión, lo conoció: un Omega, cabello verde como los pinos, brilloso, lleno de rizos, ojos esmeralda, ojos que transmitían bondad, piel blanca, parecía un lienzo de porcelana, suave, mejillas sonrojadas y llenas de pecas.
Lo atrapó.
Lo atrapó en una avalancha de emociones, emociones a las que se había negado sentir. El chico llegó y destruyó todas sus barreras. Así que solo dejó que pasara. Se dejó ir de lleno y lo supo, estaba perdido, perdidamente enamorado de Izuku Midoriya. Se enamoró de él cuando menos lo esperaba, llegó a su vida para iluminar todo a su alrededor. Unos años después, ese hermoso Omega le dio una cachorra, fue el más feliz. Después llegó su pequeño Katsuma, el pequeño que en un futuro sería un Omega, lo sabía, aún no le hacían su examen para catalogar su casta, pero él sabía que sería un Omega, y estaba bien con eso, su cachorro sería el Omega más amado.
Ambos son muy unidos, desde siempre, el cachorro siempre solía ayudarlo cuando estaba en casa, siempre se la pasaban juntos. Ya sea que le ayudara a cocinar, a arreglar algo, a salir de paseo, a jugar, era su confidente y compañero de “travesuras”, siempre estaban juntos. El cachorro amaba sentirse protegido cerca de su padre, se sentía tranquilo.
Pero ahora estaba aquí y ahora.
Odiaba cuando olió a su cachorro; era agrio, olía a abandono, abandono de su Alfa.
Un enorme descuido que no volvería a repetir.
Y al ver la desesperación del pequeño por mantenerlo cerca, solo le dolió más.
Había fracasado como un buen padre Alfa, su lobo interno lo golpeó.
Los cachorros necesitan la presencia del Alfa de la familia para estar bien y él incumplió esa norma.
Hablaría con el departamento especial, pediría menos turnos, ese descuido a su cachorro no volvería a repetirse.
—Papi, ¿Vendrás a mi evento, verdad? —se encontraba nuevamente en su cama, listo para dormir, el Alfa lo arropaba.
—Por supuesto, mocoso. No me lo perdería por nada —le sonrió con confianza.
—Lo prometes —le extendió el meñique.
—Lo prometo —juntó el meñique con su cachorro.
Listo, el pacto se había hecho, el pacto de la garrita era algo sagrado y su padre lo había jurado.
El cachorro se durmió rápidamente, las feromonas que su padre estaba soltando lo arrullaron.
Entró a su habitación, estaba agotado, la espalda le dolía.
—Ven aquí, Alfa, déjame darte un masaje —el Omega se sentó en la cama, esperando a que su Alfa se acercara, le quitó la camisa y comenzó a masajear, sentía cómo los músculos se soltaban, su Alfa lo estaba disfrutando, soltaba de vez en cuando suspiros de alivio— ¿Vendrás al evento de Katsuma? —preguntó sin dejar de masajear.
El Alfa se volteó a verlo, esa pregunta le indignaba un poco.
—¿También tú? Katsuma me preguntó lo mismo.
—Y cómo no, lleva días sin verte, te extraña, piensa que por no verse no asistirás, días atrás lloró por lo mismo al enterarse que Maho pasó tiempo contigo y él no.
Entendía su punto. Nuevamente se reprochó internamente.
—Sí, por supuesto que sí, soy el mejor papá del puto mundo, claro que iré a ver a mi hijo bailar en su primer evento —cargó al Omega y lo llenó de cosquillas, se acostaron, abrazados.
—Jaja, basta, Kacchan —le regresó las cosquillas— Muy bien, entonces todo estará bien, si se lo prometiste él estará mejor —finalizó, ambos quedándose quietos, el cansancio desapareció y durmió de maravilla con su Omega en sus brazos.
El día del evento llegó, era domingo. No importó el día, la escuela aun así lo organizó, después de eso todos saldrán de vacaciones, así que nadie se quejó.
Katsuma se levantó gustoso, tenía toda la energía a tope, hoy sería un día especial, salió de su habitación, corrió al cuarto de sus padres esperando ver a su padre, pero nada.
No estaba.
Buscó en el baño y las demás habitaciones del segundo piso.
Nada.
Bajó las escaleras, posiblemente estaría en la sala o en el comedor.
Nada.
Su padre no estaba en la casa…
Su pequeño corazón estaba por quebrarse cuando su madre lo interrumpió.
—Llegará en unas horas, corazón, salió de emergencia, pero estará en tu evento, no te preocupes.
Lo calmó, eso le trajo su alma de regreso a su cuerpo.
Confiaría.
Su padre lo juró por la garrita, así que confiaría.
Estaba a unos minutos de empezar su baile y no sabía si su padre ya había llegado, esperaba que sí. Al salir de la casa su madre dijo que él los alcanzaría en el evento.
Sus demás compañeros estaban listos y vestidos de la misma forma que él.
Todos iban de abejitas, sus alitas colgaban en su espalda, traían medias color negro y amarillo, en sus cabezas una diadema con dos palitos que se movían con el movimiento, simulando sus antenitas, y su colita era esponjosa, llevaban su aguijón en su faldita.
Todos se veían tan adorables.
A su madre casi le da un ataque de diabetes cuando salieron de casa.
—Y con ustedes, el siguiente grupo en salir es el 3 A, con su baile de abejita feliz —la voz de la directora se escuchó, llamando la atención de todo el público, aplausos resonaron. Algunos niños estaban nerviosos, otros emocionados, otros ya estaban ansiosos por terminar e irse.
Salieron, formando dos filas, la maestra adelante por si alguien se equivocaba.
Antes de empezar, los ojitos verdes de Katsuma se perdieron en el público, buscando a su madre, a su hermana, a sus abuelos y, sobre todo, a su padre. Su respiración se empezaba a tornar agitada.
Buscó, una y otra vez, rápido. Sus manitas sudaban.
Encontró a su madre y hermana casi hasta adelante, con cámara lista para grabar; sus abuelos estaban casi en medio de toda la gente, ambos estaban llenos de sonrisas orgullosas, pero su padre…
No estaba.
NO ESTABA.
Su pequeño cuerpo tembló, sus ojitos estaban por llenarse de lágrimas.
Mintió, su papi había mentido tan descaradamente.
Rompió la promesa de garrita.
Rompió el pacto más sagrado que existía.
Ya no quería bailar, ¿Qué chiste tiene si él no iba a verlo?
El llanto no tardaría en desbordarse.
Solo una vez, una última vez, volteó al público, con esperanza; la luz del escenario lo cegó un poco.
Lo encontró, estaba casi al fondo, sentado.
ERA PAPÁ, LO ENCONTRÓ, SÍ FUE.
Toda esa desesperación se perdió en un parpadeo, su pánico y miedo se fueron.
Su padre sí había cumplido.
Estaba feliz, si pudiera estuviera desprendiendo brillitos, su carita se iluminó con una enorme sonrisa y las fuerzas que le faltaban para bailar llegaron.
La música comenzó, con tonos tranquilos.
La maestra, orgullosa, veía a sus alumnos moverse ordenados.
Los cachorros agitaban sus brazos para que las alitas se movieran, formaron círculos y se tomaron de las manos.
Todo el público estaba encantado con esa visión. Todos se veían tan lindos, todos estaban felices.
Risas, flashes de cámaras.
La canción acabó y todos los niños se hincaron y alzaron los bracitos, gritando al unísono: —¡FELIZ DÍA, PAPÁ!
Y terminó, el baile terminó y los aplausos de todo el público resonaron por todo el auditorio, chiflidos, gritos de orgullo. La maestra indicó por dónde salir y los niños lo hicieron, solo faltaba un grupo más para salir a presentarse y todo terminaría.
Media hora después, los niños fueron entregados con orden a sus familias, todos llevaban un cuadro pintado con acuarelas y confetis; era un trofeo que decía: el número #1.
Su padre tardó un poco en bajar hasta donde estaban ellos, la gente que salía no le dejaba pasar rápido.
—Mi pequeño Katsuma, bailaste tan hermoso —su abuela Mitsuki no dejaba de llorar, lo abrazó fuerte, su pequeño nieto lo hizo tan bien, todo quedó grabado en su celular.
—Katsu lo hizo increíble, cuando terminen las vacaciones presumiré su actuación con mis compañeros —Mahoro saltaba de gusto.
—Gracias —soltó con emoción el cachorro, separándose de su abuela y corriendo a los brazos de su madre, quien no tardó en llenarlo de besos nuevamente.
El Omega nunca se cansaría de hacerlo y el cachorro nunca se cansaría de recibirlos.
Su abuelo Masaru le regaló una sonrisa, estaba orgulloso también, lo hizo tan bien, se movió sin equivocarse y su timidez no fue protagonista. La linda burbuja que se estaba creando fue interrumpida por el Alfa, llegó después de unos minutos.
Katsuma fue el primero en darse cuenta y, desesperado, bajó de los brazos de su madre para pasar ahora a los de su padre.
Aspiró profundo su olor, llenando sus pequeños pulmones.
—¡PAPI, VINISTE, ME VISTE!
—Claro que te vi, lo hiciste increíble —calmó al pequeño.
En la mañana odió cuando su compañero le dijo que tenía que presentarse a la oficina, el último archivo que escribieron no se había guardado correctamente, así que tuvo que ir a escribirlo nuevamente.
Llegó unos minutos antes de que su pequeño saliera al escenario, vio cuando el pequeño buscó entre la multitud y no lo encontró, vio cómo su carita se desfiguraba de tristeza y sus ojitos se apagaron, eso le lastimó mucho, luego vio cuando el pequeño dio con su presencia y su batería se recargó inmediatamente. Si no hubiera llegado, sabe que el cachorro hubiera llorado y no hubiera bailado, cuando llegara se ganaría los regaños y golpes de su padre y los reproches de su esposo.
Pero no pasó, nada de eso pasó porque alcanzó a verlo y fue lo mejor.
Su cachorro estaba creciendo. Su primer evento, su primera vez en un escenario lleno de gente y lo hizo increíble.
Quería llorar. Estaba orgulloso.
Su Alfa interno chillaba de alegría.
—Bueno, ya salgamos de aquí, la gente se está volviendo muy ruidosa y ya hace calor —Mitsuki habló, tomando su bolso y entrelazando la mano a su esposo, dirigiéndose a la salida.
Los demás la siguieron, tenía razón, salieron y llegaron al estacionamiento.
—Kacchan, me alegra que llegaras justo a tiempo, por un momento creí que no aparecerías.
El Omega abrazó a su Alfa, con cuidado para no aplastar a su cachorro, el Alfa lo besó rápido, saboreando esos apetecibles labios.
—Siempre cumplo mis promesas, Zuzu —le guiñó un ojo, esa respuesta fue más que nada para el cachorro que no se despegaba de él.
Sus bracitos estaban enredados en su cuello, se veía que no tenía intenciones de soltarlo pronto y él no lo interrumpió, no le molestaba en lo absoluto, solo reforzó su agarre para que no se resbalara.
—Entonces, la comida sigue en pie, ¿verdad? —Masaru preguntó, días antes habían quedado para pasar ese día en la casa de los abuelos Bakugo, tendrían una tarde familiar para celebrar a los dos alfas de la casa.
—Por supuesto —Izuku confirmó, tomando la mano de su cachorra, yendo directo a su auto.
—Perfecto, entonces todos andando. Mandé a Yuna a comprar todas las cosas que usaremos para la comida, solo falta prepararla y todo quedará listo —Masaru lo siguió, entrando en el auto con la cachorra.
—Andando, mocoso, nos dejan —Mitsuki jaló a Katsuki.
Todos entraron en el auto, los abuelos llegaron en Uber al igual que el Alfa, así que todos usaron el mismo auto.
Llegaron rápido. Estacionaron el auto en la cochera y entraron, la casa era grande y acogedora.
Saludaron a los empleados que se encontraban limpiando en la sala.
—Abuelita, impúlsame en el columpio, vamos, vamos.
Mahoro salió corriendo directo al patio trasero, arrastrando a Mitsuki. Ama cuando va a casa de sus abuelos, pero en especial ama cuando está en el patio jugando con los juegos que su abuela mandó a poner para ellos.
—Calma, calma, tormentita —rió con ganas al ver la energía de su nieta. Tan parecida a ella y a su hijo.
—Bueno, ya los perdimos por un par de horas, vamos, Izu, quiero que me ayudes a cocinar ese arroz exquisito que hiciste la vez pasada —Masaru rió al ver cómo ambos se perdían en el patio, tomando a su yerno por los hombros, llevándolo a la cocina para empezar a preparar la comida.
El Alfa se quedó solo en medio de la sala, solo con su cachorro aún en brazos.
—¿Quieres ir con Maho a jugar? —preguntó el Alfa a su pequeño, intentando despegarlo un poco.
Este negó con su cabecita, aferrándose más a su padre, no quería soltarlo. Quería seguir así, con él, necesitaba ese contacto, necesitaba sentir a su padre.
Lo extrañó, lo extrañó por días y ahora que lo tenía con él no lo quería dejar ir.
Sí.
Tan igual a su Omega cuando se encaprichaba.
Ambos son iguales.
—De acuerdo, entonces ayudemos a mamá y al abuelo en la cocina.
Mientras los dos jugaban en los columpios, los otros integrantes de la familia preparaban todo.
Costillas en salsa, arroz y ensalada.
El Alfa lo hacía todo con una mano, lejos de la estufa para no quemar o generar un accidente con su cachorro en brazos.
—Cariño, ¿por qué no vas a cambiar a Katsuma? Aún tiene su traje y va a dejar brillos en la comida —Masaru habló, interrumpiendo su acción al cortar unas zanahorias. Era verdad, su hijo aún llevaba su disfraz de abejita, si no se daba prisa la brillantina de las alas caería en todos lados— Arriba, en su cuarto, están sus ropas —su madre volvió a hablar, sin interrumpir su acción al freír el arroz.
Subió al segundo piso y entró al cuarto destinado a sus cachorros, sus padres, de todas las habitaciones de la casa, habían dejado una para los cachorros, para cuando decidieran pasar el fin de semana con ellos.
La habitación era muy tierna, con dos camas, todo adornado con papel tapiz del espacio, arriba en el techo había unas estrellas pintadas, que al caer la oscuridad alumbraban todo el cuarto.
Dejó a su cachorro con cuidado en la cama, le costó un poco hacer que se separara.
Sacó algunos conjuntos de ropa y dejó que el pequeño eligiera su atuendo. Una playera blanca con un pequeño dinosaurio en el pecho, un overol azul, sus pequeños tenis rojos con calcetas de dinosaurios también y unas pulseritas.
Adorable, cuando le puso toda la ropa se veía muy adorable.
Izuku y él hicieron un buen trabajo en crear a tan adorable personita. Salió de la habitación con su cachorro nuevamente en brazos.
Como no podía hacer mucho movimiento, solo ayudó a hacer el agua, de apio y limón.
Ambos omegas lo sacaron de la cocina y se sentó en el sofá, prendiendo la tele, buscando alguna película buena.
—Katsuma, lamento no haber estado estos días en casa, lamento no haber pasado tiempo contigo —el Alfa interrumpió la película para hablar con su cachorro— ¿Me perdonas?
El cachorro no habló, pero el movimiento de su cabecita le indicó que estaba perdonado.
Su Alfa se puso feliz.
Rato después, su padre entró de regreso del jardín junto con su cachorra. Ella entró corriendo a la cocina, quería ayudar a su abuelo y madre.
Mitsuki se sentó al lado de su hijo.
—Dios, se supone que esa etapa ya la había pasado contigo, pero Mahoro es igual a ti de energía o más —fingió estar exhausta.
El Alfa solo negó divertido.
Le gustaba que su cachorra hiciera sufrir a su padre. De buena manera, claro.
—Katsuki, te juro que si no hubieras llegado a tiempo te mataría, era el día más importante para Katsuma. ¿Por qué tenías que llegar tan tarde? —reprochó la Alfa.
—Mierda, lo sé, el idiota de Shinso no guardó bien los informes y me tocó ir nuevamente a las oficinas a redactarlo. Y lo sé, sé que era un día especial para Katsuma, se lo prometí, le prometí estar en el evento y lo cumplí —sobó suavemente la espalda del cachorro y escucharon cómo ronroneó— Sí, llegué tarde, pero llegué a lo más importante, no me importaban los demás mocosos ni sus bailes y obras, solo me importaba mi hijo.
La risita de Katsuma se escuchó, fue quedita, pero ambos Alfas la escucharon.
—Bien, te salvaste —golpeó el brazo de su hijo— ¿Quieres venir con la abuela, Katsuma? Yo también quiero cariño —dramatizó, el pequeño solo la miró, pero negó.
—No, quiero estar con papi —se volteó, escondiéndose en su cuello.
—JAJAJAJAJA mi hijo no te quiere ver la cara de fea —Katsuki se burló por la cara indignada que puso la Alfa.
—Cállate, Katsuki, respétame —iba a golpearlo con un cojín cuando la voz de Masaru los interrumpió.
—Sé que ustedes son los festejados, pero ayuden a poner la mesa.
Ambos Alfas se levantaron y ordenaron la mesa: manteles, cubiertos, platos, vasos.
La comida estaba lista, toda la casa olía delicioso. A los cachorros se les hizo agua la boca, querían comer ya. Solo así Katsuma se separó de su padre.
Se separó, pero no se alejó de él, se sentó al lado.
Dieron las gracias y comieron.
—Mmmmmm, mami, abu, la comida les quedó deliciosa, quiero más —Mahoro devoró rápido la comida.
—Claro, amor —Masaru retiró su plato y lo llenó.
—El agua también está muy rica —Katsuma terminó su primer vaso de agua, le gustaba cuando su mamá o papá usaban ese palo verde en las comidas, el apio.
Era fresco, con un sabor algo fuerte. Le daba el toque a las comidas. Terminaron la comida y el Omega pelicafé se levantó, fue directo al refrigerador, saliendo con un enorme postre frío.
—¡PAY DE QUESO!
Ambos cachorros se emocionaron, los postres de su abuelo eran lo mejor.
—Siiiii, pero esta vez no es para ustedes, es de la abuela Mitsuki y de papá Katsuki. Tendrán su rebanada, pero es de ellos, ¿de acuerdo?
Algo desanimados aceptaron, pero tenía razón su abuelo, ese día era para su padre y abuela.
Le cantaron unas felicitaciones raras y luego todos se abrazaron, Mitsuki partió el pay y Katsuki los colocó en los pequeños platos que su Omega arrimó.
Dieron el primer bocado y sus papilas gustativas se deleitaron con el delicioso sabor, era cremoso, algo ácido, la galleta de base le daba esa consistencia dura, y el chocolate arriba decorando hizo el contraste perfecto. Todos aman los postres del abuelo, eran lo mejor, no por nada tenía una pequeña cafetería, sus postres siempre eran los más pedidos.
Recogieron todos los trastes de la mesa y Yuna, una de las señoras de la limpieza, los lavó.
La familia salió al patio, se sentaron en las sillas de madera a reposar la comida, la brisa fresca los golpeaba, Katsuki tenía a su Omega recargado en su hombro, Mahoro se acostó no muy lejos en el pasto, Katsuma se acomodó hecho bolita en medio de sus padres, se sentía bien, se sentía protegido, no era un nido, pero cumplía la misma función.
Los abuelos Bakugo tenían los ojos cerrados, disfrutando del ambiente tranquilo y familiar.
Unos minutos después, Masaru se levantó, se veía emocionado, ansioso, llamó la atención de todos.
—Muy bien, es hora de los regalos —entró a la casa, buscando los regalos.
—Siiiii, regalos —Mahoro se levantó de un brinco y arrastró a su madre igual dentro de la casa, debían traer los regalos que le darían a su padre. Su madre en la mañana los acomodó en el auto.
Rápidamente todos estaban nuevamente en el patio.
—Este obsequio es para mi Alfa Mitsuki, espero que te guste, amor —le entregó una caja grande roja a su esposa. Estaba ansioso por ver su reacción, la Alfa no pudo esconder el sonrojo que tenía en sus mejillas— Y este otro es para mi cachorro —una caja café del mismo tamaño le fue entregada al Alfa rubio, separó un poco a Katsuma para poder sostener la caja.
—Gracias, mamá, sabes que no tenías que regalarme nada.
—Aun así quise hacerlo, Katsuki, aún te veo como mi pequeño cachorro y… estás tan grande, mírate —sus ojos cafés querían derramar líquido salado, el sentimentalismo le estaba ganando— Eres tan apuesto, has logrado todas tus metas y te has convertido ya en padre de dos preciosos cachorros —no aguantó más, sus mejillas se llenaron de lágrimas— ¿En qué momento pasaron tantos años? Ayer apenas eras un pequeño corriendo en pañales en la casa y ahora eres todo un hombre —Katsuki se levantó, necesitaba abrazar a su madre— Estoy tan orgullosa de la persona en la que te has convertido, mi amor, mi pequeño cachorro.
Katsuki la apretó en su pecho, transmitiendo todo el amor que tenía a su madre. El Omega solo se quedó así un momento, abrazado a lo mejor que ha creado en toda su vida.
Su hijo podrá tener ya una familia, y amaba a esa familia, pero no importaba cuántos años pasaran, su Katsuki, su pequeña bombita, siempre sería su cachorro.
Ambos regalos fueron abiertos. Adentro se encontraban algunas cosas de aseo personal, cremas para alfas, jabones con aromas secos, había dos pantalones, ambos eran negros, algunas playeras blancas y dos tazas que decían:
El número #1.
—Me encantan, amor —Mitsuki besó tiernamente la nariz aún roja de su esposo.
—Gracias, madre —Katsuki guardó todo dentro nuevamente.
—Kacchan —Izuku llamó a su esposo, la cachorra le entregó las cajas azules— Esto es para ti, los cachorros y yo los elegimos para ti —sonreía orgulloso.
Las destapó: suéter, botas, loción.
¡UN VINO!
Sin duda lo destaparía y lo probaría en casa.
Todo era perfecto. Estrenaría esa nueva loción con su Omega, no entendía por qué le dio un suéter si al fin de cuentas su Omega siempre se los quedaba, siempre los usaba. Le encantaba usar la ropa del Alfa, y le quedaba tan bien, aunque fueran tallas más grandes todo lo que vestía ese hermoso cuerpo se le veía excelente.
—Siiiiiii, le gusta —Mahoro subió su puño en alto, la sonrisa de su padre demostraba que el regalo le encantaba.
El rubio pensó que eso era todo cuando su pequeño cachorro llamó su atención.
Se veía nervioso, sostenía una pequeña caja en sus manitas.
—¿Qué es eso, Katsu? —el Alfa se adelantó, ayudando a su cachorro a hablar.
—Esto es para ti, lo elegí para ti, papi —le extendió la cajita.
El Alfa la abrió con cuidado, no imaginaba qué podía ser.
No…
Imposible…
¿Era acaso lo que pensaba…?
Un jadeo salió del Alfa.
—¿Qué es, Katsuki? —la Alfa se estaba impacientando por el suspenso.
—Es… —volteó a ver a su Omega y luego al cachorro, ambos sonreían cómplices, sacó el contenido rápido— Imposible, pero ¿Cómo? —sus ojos brillaron cual niño, feromonas de felicidad se extendieron por todo el jardín.
Una figura.
Una figura de su héroe favorito.
¿CÓMO ES QUE LA CONSIGUIERON SI ESTABAN FUERA DE EXISTENCIA DESDE HACE AÑOS?
Hace años las figuras de edición especial se agotaron antes de que pudiera comprar la suya, buscó en varios lados, aunque fuera una pirata, pero nada. Todos habían arrasado con ellas.
No se enteró, por estar en el trabajo, que hace unas semanas esa misma figura salió nuevamente en venta.
Al fin tenía su figura, su figurita de Edgeshot, figura de la serie BNHA, la serie que el Alfa y el cachorro amaban.
Katsuma vio la reacción de su padre, se veía encantado. Eso llenó su pequeño corazón, había hecho feliz a su papá con el regalo, pero quería confirmarlo, debía hacerlo.
—¿Te gusta, papi?
—Me encanta, es el mejor regalo de la historia —abrazó al cachorro, ambos soltando risitas.
Detalló más de cerca la figura y se dio cuenta de que había dos, dos iguales.
—Una es para ti, Kacchan, la otra es para Katsuma —el Omega aclaró sus dudas.
—Vaya, veo que ahora somos iguales —le entregó la otra a Katsuma.
—Chicos, volteen —Masaru estaba con cámara en mano, debía inmortalizar esta bella imagen, no todos los días se le ve sonreír así a Katsuki.
Katsuma se sentó en el regazo de su padre y ambos sonrieron en grande. El flash los cegó un poco, pero valió la pena, esa foto sería compartida más tarde con Izuku, debían revelarla y ponerla en la mesita de la sala.
Todos recogieron los regalos y entraron nuevamente a casa. Eran vacaciones, así que podían quedarse a dormir en casa de los abuelos, los otros no tenían problemas.
Ya acostados en la cama, el Alfa estaba mirando al techo, esperando a que su Omega saliera del baño para así poder dormir al fin. Fue un día ajetreado desde temprano, pero valió la pena.
El Omega salió vistiendo su pijama de conejitos rosas y se acostó junto a su Alfa.
Este lo tomó enseguida en sus brazos, aspirando su olor.
Ambos marcándose, sus lobos moviendo las colitas a gusto.
—Feliz día, Kacchan —besó la barbilla, haciéndole cosquillas.
—Mmmm —lo apretó más— Gracias, el día fue jodidamente cansado, pero me la pasé muy bien —comenzó a acariciar los rizos del Omega, eran suaves y desprendían olor al shampoo de sandía que usaba— Perdón por ausentarme estos días, hice mal.
—Es tu…
—Lo sé, maldición, sé que es por mi trabajo, pero me ausenté de más. Olí a Katsuma, olía a abandono, ¿cómo pude permitir eso? —se sentía mal— Pediré un cambio de horario, no permitiré que se vuelva a repetir, sé que tú también me extrañas, solo llegaba a dormir, descuidé a los cachorros, pero también te descuidé a ti.
El Omega, al oler sus feromonas agrias, se separó y atrapó el rostro de Katsuki, besando sus labios lentamente, soltando sus feromonas para calmarlo.
—Sí, fue un error, pero ahora estás aquí, y estamos bien —repartió pequeños besos en todo el rostro del Alfa.
—Sí, estamos más que bien, estamos en familia, nada mejor que eso.
Culminaron el día lleno de arrumacos y caricias suaves.
Mañana sería un nuevo día, que aprovecharía al máximo con sus cachorros y Omega.
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Hola pelusitas 💖
Soy Tess, creadora del CORRALITO BAKUDEKU SHIPPS MULTISHIP .
Abrí está cuenta nueva para subir escritura de nuestro hermoso, perdí la página de Facebook del CORRALITO BAKUDEKU, Facebook la borro, algoritmo, denuncias y esas cosas, así que abrí está cuenta para subiré aquí todas las cositas que tenía en la página, vamos a expandirnos💖
Actualmente ya cuento con otra página, mismo contenido (resubido) pero con la actitud positiva de que escaparemos a dónde estábamos 💖 obviamente la cuenta tiene otro nombre para evitar cualquier, cosa.
Ahora en Facebook estoy como El nido de Fanworks by Tessita, esa es la nueva página, igual subiré mi contenido a whattpad, mismo nombre que aquí, el corralito BakuDeku.
En Facebook dejaré solo lo lindo y nada subido de tono, todo lo +18 lo subiré aquí y a whattpad
Y empezamos con este hermoso OS del día del padre 💖💖 katsuma y Mahoro siempre serán sus hijos no canon del BKDK 💖🥺💖
Espero que les guste, comenten y dejen estrellitas 💖
Subiré más cositas en la semana 💖
–𝑻𝒆𝒔𝒔🍁








