Capítulo 1: Tú mirada es mi salvación
Esta es la historia de amor de Skylar y Kyle.
Un romance que nace desde la desesperación de un hombre por encontrar un solo motivo de su existencia. Donde su vida diaria es un escape sin salida.
Kyle Hernández.
Salía huyendo de un atraco que acaba de cometer junto a otros hombres que pertenecían a su misma banda de ladrones de bancos. Con una mochila negra colgada en su espalda, se detiene en un callejón estrecho y desolado, saca un pasamontañas del bolsillo de su chaqueta y lo bota al contenedor de basura que estaba allí. Luego vuelve a caminar a pasos rápidos, tratando de alejarse lo más que pueda del lugar donde recién salió.
Llegó a una calle demasiado transitada. Se apresuró a bajar a los caminos subterráneos para tomar el metro. Cuando llegó hasta allí, se detuvo justo en la terminación de la vereda, esperando la llegada del primer metro que se le aparezca. Se cubrió la cabeza con la capucha de su sudadera, sus manos estaban puestas en sus bolsillos y estaba demasiado nervioso. Esta no es la primera vez que Kyle roba un banco junto a sus compañeros, pero por alguna razón que desconoce, esta mañana se siente diferente.
Es casi como si no estuviera respirando, como si su cuerpo estuviera en piloto automático.
El primer tren llego allí. Kyle retrocedió hasta el ultimo vagón del tren quien se encontraba casi vacío. Se apresuro a sentarse, se detuvo abruptamente cuando vio a una joven mujer sentada allí mismo en la soledad del lugar.
Por alguna razón la mirada de aquella desconocida, despertaba la curiosidad en Kyle, quien como una polilla se sentía atraído por la luz brillante de aquellos dos ojos que lo miraban detenidamente.
Camino lento hasta llegar a donde se encontraba la mujer. La observo fijamente, después se dio cuenta del bastón que traía en la mano. Es ciega. Pensó el.
Se sentó justo delante de ella. Con el corazón latiéndole mucho, miró de nuevo sus ojos. Antes, jamás vio un color como este, verde azulado con bordes grisáceos o más bien, turquesa con magenta. Hipnóticos ante la vista humana.
Kyle carraspeo su garganta. La mujer se pone rígida en su asiento, pone una mano en la pulsera de cuentas que tenia en su muñeca izquierda.
—Disculpa. No quise asustarte. —Ella sonríe.
Una sensación desconocida para el le atraviesa el corazón, antes jamás sintió tal cosa. Pero la sola mirada de esta chica lo vuelve tan vulnerable.
—No se preocupe. Siéntese libremente, señor. —
Kyle la sigue observando detenidamente. Tiene el cabello rubio claro con pequeñas ondas que le caen como cascada sobre su espalda, tiene el cuerpo pequeño, un rostro demasiado hermoso, sus manos son delicadas. Pero lo que mas le llama la atención de todo ella es su mirada. Esa mirada tan tierna. Tan única. Es como si estuviera llena de un amor imposible de conquistar en este mundo. Ella lleva un vestido de color celeste con volados en ambas mangas, unas sandalias chatas, un collar de un corazón dorado. No tiene aretes, por lo que ha observado, no los tiene perforados.
Incluso el tono de su voz es suave. Calmado. Como una melodía que vibra y emite sonidos de paz a un alma angustiada.
—Soy Kyle. Mucho gusto. —
La única razón por la que volvió a hablarle es que quiere seguir escuchando el sonido de su voz. Lo desea con desesperación.
Ella extendió su mano. —Skylar. Ese es mi nombre. —
Una sonrisa angustiosa se dibujo en los labios del hombre. Tomo la mano de ella de entre las suyas, con un apretón suave. Aun sonriéndole a la chica, nota que de sus mejillas caían unas gotas, al principio pensó que se trataba de sudor, pero después se dio cuenta de que eran lagrimas. Kyle rápidamente se limpio la cara, ignorando el dolor que le oprimía el pecho.
El tren se detuvo después de casi una media hora. Esta era la ciudad mas alejada de la que venia huyendo. Seattle.
—Me bajare aquí. Adiós señor. —La vio alejarse de el.
Observo por varios segundos como desaparecía de entre la multitud que se encontraba allí. Kyle volvió a sentarse en su asiento, aun debía llegar al punto de encuentro con los demás compañeros, allí debía entregar el dinero que llevaba en su espalda.
El punto de encuentro es Tacoma. Una cuidad vecina, por suerte para Kyle, solo debe tomar el metro y volver a Seattle para volver a verla a ella.
La chica de los ojos brillantes.
Tras una hora. Llega a un apartamento, allí se encontraba un hombre esperándolo. Kyle pone la mochila en la barra que se encontraba en la cocina. Abre la nevera de acero inoxidable, toma una cerveza de allí.
—No tuviste problemas. ¿Porque llegaste tarde? Todos los demás se fueron a sus casas, eres el único que faltaba. Incluso Demian pensó que te robaste una parte del lote. —
El hombre con una complexión musculosa. Una barba espesa. Lo mira con frialdad, mientras esta recostado en la pared de la cocina. Kyle le devuelve la mirada.
—Me equivoque de tren. Me desvié un poco del camino. Pero es increíble que Demian piense que podría robarme esto. —
Cruza ambos brazos sobre su pecho. —Vamos Kyle. Todos en este negocio son una mierda. Aquí no existe confianza. Mucho menos una hermandad fiel. Solo somos un grupo de hombres que se dedican a robar para saciar sus malditos egos de mierda. —
Kyle dejo la botella de cerveza arriba de la mesada. Se sentó en la butaca que estaba cerca de allí.
—Lo se. No tienes que recordarme que este maldito negocio es una mierda. Tampoco el hecho de que nadie confía en nadie. Mucho menos existe una amistad de por medio. Lo se viejo. —
—Olvídalo. Llevare la mochila con Demian yo mismo. Tu ocúpate de tus cosas. Tu parte del atraco esta en la cajonera de tu habitación. Descansa amigo. —
—Gracias por todo, Joe. —
Seattle
Skylar Thorne.
Una chica de veinte años, ciega desde los cinco años. Perdió a sus padres en un accidente de transito.
Vive en una casa de los suburbios de Seattle con su madrina y su prima. Ambas tienen la misma edad, ellas dos son su única familia.
En la mañana. Ella fue a la capital a Washington. Para obtener alguna información con respecto al accidente de sus padres, estuvo en la estación de policía mas grande que existe en este estado. Pero como en cada ocasión que ella visita el lugar, jamás obtiene una respuesta favorable. Solo le dicen las mismas palabras que le han dicho desde hace diez años. El mismo discurso, las mismas frases.
Sus padres tuvieron un accidente desafortunado, no hubo sospechas de que fuera intencional.
Skylar. Solo visita la capital una vez cada tres meses. Pero nunca obtuvo nada. Incluso en esta mañana cuando estaba ingresando al lugar de la estación de policía. Un hombre la choco de frente mientras caminaba, y este lejos de disculparse con una chica ciega, solo le dijo que tuviera cuidado. Diciéndole que acaso ella no veía.
Fue a la oficina de investigación. Pero solo le dijeron que había casos mas urgentes y mas recientes que el suceso desafortunado de hace quince años atrás, así que la mandaron a esperar en la sala de espera de la oficina. Ignorándola por completo.
Tras casi cuatro horas esperando. Ella escucha los pasos de alguien que iba caminando por allí, Skylar se levanta y lo detiene. Esta le pregunta que horas son. El hombre con una voz casi conocida para ella, le responde que son las once de la mañana, y que la oficina de investigación cerraría en pocos minutos.
El hombre se presenta como un agente de la policía. De nombre David Mathews. Tras varios minutos de una conversación fluida sobre el asunto que trajo a Skylar hasta la oficina de investigación, el agente le pide los datos de ella, y el numero de la ficha que traía en mano sobre la investigación de la muerte de sus padres.
Se despidió de David, quien también le prometió que tomaría el caso en sus manos, el se haría cargo personalmente de dicha investigación. Skylar, lo saludo con un apretón de manos. Se encamino hasta la salida de la estación. Antes de que saliera en su totalidad, el mismo hombre con quien estaba hablando hace unos minutos la llama.
—Quiero disculparme con usted señorita Thorne. Hace un momento atrás, venia con prisa a la oficina y termine chocando con usted. Lamento no haberme dado cuenta de su condición, suplico que pueda disculparme. Fui desconsiderado. —
Skylar sonrió. —Usted no se preocupe. Aceptare sus disculpas, ya que usted mismo tomara el caso de mis padres. Eso me alegra muchísimo. Gracias. —
Ahora si se fue de allí. Camino hasta el subte mas cercano, cuando llego el primer tren, ella se subió sin problemas. Como no escucho mucho ajetreo por parte de las demás personas, pensó que posiblemente estaba sola. Tras unos minutos en silencio total, escucha unos pasos acercándose a ella. Como son pisadas fuertes y seguras, sabia que se trataba de un hombre.
Los pasos resuenan en todo el vagón. Tras unos segundos, se detienen. Skylar se estremece cuando siente el aroma de esa persona escocerse bajo su olfato, eso quiere decir que estaba a unos pasos de ella. Pero lo curioso de todo esto es que, el aroma de este hombre era algo que ella podía inhalar sin problemas.
Era suave, pero varonil.
Una mezcla perfecta.
Tras varios segundos en silencio. Carraspeo su garganta, incluso es más fuerte, tiene una voz aguda y directa. Skylar pensó que se trataba de un hombre de edad avanzada solo por el sonido de su voz. Instintivamente ella acaricio una pulsera que tenia en su muñeca, este era un regalo de su difunta madre. Así que siempre lo llevaba con ella.
Un regalo precioso e invaluable.
Cuando este hombre le hablo, sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal. Una sensación completamente desconocida para ella, no sabia si se trataba de miedo o algo más que nunca había experimentado en su vida.
Desde que este hombre llegó a sentarse justo delante suyo, ella siente que él la observa con detenimiento. Siente sus ojos sobre ella. Ese es un sentido que ella perfeccionó a lo largo de su vida, al no poseer la vista como el resto de las personas, tomó la decisión de hacer uso de sus demás sentidos, agudizó su sentido de la audición, al igual que su olfato. Pero lo que más tiene dominado es la percepción de la proximidad con otra persona, ella siente cuando alguien la esta observando desde lejos, al igual cuando alguien le esta siguiendo los pasos. Eso es porque cuando era un poco mas pequeña, ella le rogaba a su tía que la dejara ser un poco mas independiente, y saliera a dar pequeños paseos en los alrededores del suburbio donde vivían ella.
Quería experimentar la sensación de la libertad en todo sentido. Pero eso no fue posible, ya que su tía siempre la estaba persiguiendo desde atrás con la intensión de cuidarla de los peligros que le acechan a una invidente como ella.
—Tía. Ya llegué. —
No escuchó ningún sonido proveniente del interior de la casa, solo un pequeño perro sale a recibirla en la entrada de la casa. Ella se arrodilla en el piso y comienza a acariciar al cachorro que estaba allí.
Su nombre es Bear. Oso en español.
Skylar no encontró a su familia en la casa, por lo que pensó que habían salido a hacer las compras o a algún lugar para pasar el rato fuera de la casa.
—Bear. Ven a comer. Vamos pequeño. —
Cuando llegaba a su casa, sabia que estaba en el lugar mas seguro del mundo, así que no había nada de que preocuparse.
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