ONE SHOT
El límite invisible
Cocina del apartamento que comparten Babe y Sakda. Es un espacio moderno, limpio y acogedor. Babe está de espaldas a la puerta, cortando verduras sobre una tabla de madera. El sonido rítmico del cuchillo es lo único que se escucha.
MIm entra a la cocina con una sonrisa forzada. Se recuesta contra el marco de la puerta, observando a Babe con actitud provocadora.
Mim con un tono meloso y fingido.
—Uy, Babe, ¿cocinando? Qué lindo. Sakda siempre dijo que le encantaba comer rico. Pero dime, ¿sabes hacer su platillo favorito? El que su mamá le preparaba de niño. Yo fui testigo de cómo se lo comía con los ojos cerrados.
Babe no se da la vuelta. Sigue cortando, pero sus manos se mueven con más tensión.
Babe frío, sin mirarla.
—Ya sé cómo hacerlo. No te preocupes.
Mim se acerca lentamente, invadiendo su espacio personal.
—¿Seguro? Es que Sakda es muy especial. No cualquiera sabe cómo complacerlo. Hay que conocerlo de verdad, de toda la vida, para saber esos detalles.
Babe se tensa. Mim está ahora a su lado, mirando la tabla.
—Ay, ¿le pones cebolla? A él no le gusta tan picada. Siempre me lo decía, desde niños.— Suspira exageradamente.— Qué tiempos aquellos...
Babe frena el cuchillo y la mira fijamente por primera vez.
—Mim, ¿puedes salir de la cocina, por favor? Necesito concentrarme.
Mim pone una mano en el hombro de Babe con falsa ternura.
—Ay, no te enojes, solo quiero ayudar. No es mi culpa que seas tan...
En ese momento, Mim mira de reojo hacia la puerta y ve que Sakda está entrando al pasillo. Rápidamente, quita la mano del hombro de Babe, da un paso torpe hacia atrás y deja caer su peso al suelo, cayendo sentada con un golpe seco y un quejido exagerado.
—¡Ay! ¡Babe, ¿por qué hiciste eso?!— Su voz se quiebra en un falso llanto.
Babe se queda paralizado, con el cuchillo en la mano y los ojos abiertos por la sorpresa.
Sakda entra corriendo a la cocina.
Sakda agachándose al lado de Mim, con el rostro desencajado por la preocupación.
—¿Mim? ¿Qué pasó? ¿Te lastimaste?
Mim sujetándose el tobillo, con lágrimas en los ojos.
—No sé...solo quería ver qué cocinaba y de repente...me empujó.
Sakda mira a Babe, furioso.
—¿¡Pero qué demonios, Babe!? ¿¡Estás loco!?
Babe deja el cuchillo en la tabla, negando con la cabeza.
—Yo no hice nada, Sakda. Te lo juro. Ella...
Sakda interrumpiéndolo, mientras ayuda a Mim a levantarse.
—¿Que no hiciste nada? ¡Mírala! Está en el suelo, temblando. ¿Crees qué se tiró sola?
La voz le tiembla de la impotencia.
—¡Exacto! ¡Eso es lo que pasó! Yo estaba cortando verduras y ella...ella empezó a decir cosas y de repente, cuando te vio venir, se dejó caer.
Mim apoyándose en Sakda, con voz débil.
—Ay, Sakda...me duele mucho. Solo quería llevarme bien con él, pero él siempre me ve como una amenaza. No sé por qué me odia tanto si yo solo quiero lo mejor para ti.
Babe da un paso adelante, exasperado.
—¡Mientes! ¡Deja de fingir! Sakda, ¿de verdad no ves lo qué está haciendo? Te está manipulando.
Sakda sujeta a Mim con firmeza y lanza una mirada gélida a Babe.
—¿Manipulando? ¿La qué está haciendo escenas aquí es ella? Mim acaba de llegar, está lastimada y tú solo piensas en tus celos estúpidos. Siempre lo mismo.
Babe con los ojos vidriosos por la frustración.
—¿Mis celos? ¡Sakda, por favor! ¡Soy yo! ¡Tu novio de los últimos 5 años! ¿Confías más en ella qué en mí?
Sakda con una frialdad que corta el aire.
—Ya Babe, cállate. No tengo tiempo para tus dramas. Ven, Mim, vamos a la sala. Te traigo hielo.
Sakda pasa por al lado de Babe como si no existiera, llevando a Mim en volandas. Mim, apoyando la cabeza en el hombro de Sakda, mira a Babe por encima del hombro con una sonrisa diminuta y triunfante. Sakda ni siquiera le dirige una última mirada a Babe.
Babe se queda solo en medio de la cocina. El silencio vuelve a ser absoluto, roto solo por el sonido de sus propias respiraciones agitadas.
Mira la tabla de cortar, la cebolla a medio picar, el cuchillo. Su reflejo en la hoja del metal se ve borroso. Sus manos, que antes cortaban con destreza, ahora cuelgan inertes a sus costados.
Babe susurrando, con una mezcla de dolor y rabia contenida.
—No hice nada...no hice nada.
Se limpia una lágrima furiosa con el dorso de la mano. La cocina, que antes era un espacio de calidez, ahora se siente como una jaula fría. La escena termina con Babe inmóvil, solo y humillado, mientras desde la sala se escucha la voz preocupada de Sakda y los suspiros de dolor fingido de Mim.
El Regalo
Sala de estar. Sakda está sentado en el sofá viendo una película. Mim está a su lado, recostada en el extremo opuesto del sofá, pero con los pies cerca de las piernas de Sakda. Babe entra desde la habitación con una pequeña caja envuelta en papel de regalo.
Babe se acerca con una sonrisa tímida. Es el aniversario de su primer beso con Sakda, una fecha que siempre celebran.
Babe extendiendo la caja.
—Sakda...sé que hemos estado tensos, pero hoy es especial. Quería darte esto.
Sakda lo mira sin expresión. Mim se incorpora ligeramente, curiosa.
Sakda tomando la caja sin entusiasmo.
—¿Qué es?
—Abrelo. Es...algo que significa mucho para mí.
Sakda abre el regalo. Dentro hay un reloj antiguo, restaurado. Babe lo había buscado por meses.
Babe ilusionado.
—¿Recuerdas qué una vez me contaste que tu abuelo tenía un reloj así? Dijiste que siempre quisiste uno igual. Lo mandé a hacer con un relojero...
Mim ríe suavemente, interrumpiendo.
—Ay, qué lindo...pero Sakda, ¿no te acuerdas? Tu abuelo odiaba los relojes. Decía que eran "grilletes del tiempo". Seguro te contó esa historia para no herir a Babe.
Sakda mira el reloj con incomodidad. Babe palidece.
—No...me dijo que su abuelo...
Mim con dulzura venenosa.
—Bueno, la memoria a veces falla. Nosotros crecimos juntos, yo sé bien esas historias.— A Sakda.— ¿Verdad qué tu abuelo los odiaba?
Sakda cerró la caja sin mirar a Babe.
—Sí...es cierto. Mi abuelo no usaba reloj.
Babe con la voz quebrada.
—Pero...tú mismo me lo dijiste. Esa noche, cuando hablamos hasta tarde...
Sakda frío.
—Habré confundido historias. No le des importancia.— Deja la caja en la mesa.— Pero gracias, supongo.
Mim sonríe con satisfacción. Babe recoge la caja lentamente, sintiendo el peso del silencio.
Babe susurrando.
—Lo importante es que...quería hacer algo especial.
Mim bostezando exageradamente.
—Ay, qué romántico. Sakda, ¿ponemos otra película? Esa que te gusta de niños, la de los dinosaurios.
Sakda a Mim, con calidez.
—¿Todavía te acuerdas de esa?
—Claro, la vimos mil veces en tu casa.
Babe sigue de pie, sosteniendo el regalo rechazado. Nadie lo mira. Nadie le ofrece un espacio en el sofá.
La Cena
Comedor. Mesa para tres. Babe ha cocinado durante horas. Mim está sentada, Sakda a su lado. Babe sirve la comida.
Babe sirviendo el plato de Mim con cuidado.
—Espero que te guste. Es receta de mi abuela.
Mim mira el plato con desdén.
—Oh...tiene puerro. Sakda, ¿a ti te gusta el puerro?
Sakda probando.
—Sí, está bien.
Mim dejando el tenedor.
—Qué raro, porque cuando éramos niños odiabas la cebolla y todo lo que se le pareciera. Decías que te daba asco.— Ríe.— Hasta lloraste una vez porque tu mamá te obligó a comer sopa de cebolla.
Sakda incómodo.
—Bueno, los gustos cambian.
—Claro, claro…— Toma un sorbo de agua.— Aunque hay cosas que no cambian. Como que siempre fuiste malo para mentir.
Babe siente el golpe. Sabe que Mim insinúa que Sakda está fingiendo gustos para complacerlo.
Babe intentando mantener la calma.
—Si no te gusta, puedo preparar otra cosa. Hay pollo.
—No, no te molestes.— Empuja el plato.— De verdad, no entiendo cómo Sakda ha sobrevivido comiendo esto cinco años.— Ríe.— Bueno, supongo que el amor es ciego...y sin papilas gustativas.
Sakda incómodo.
—Mim, ya basta.
Mim con fingida inocencia.
—¿Qué? Solo bromeaba.— A Babe.— No te ofendas, eres un amor por intentarlo.
Babe aprieta los puños bajo la mesa. Respira hondo.
—Sakda, ¿tú quieres qué prepare otra cosa?
Sakda sin mirarlo.
—No, está bien. Come.
Mim tomando la mano de Sakda por un segundo.
—Ay, Sakda, siempre tan complaciente. Desde niños eras así. Te daba miedo lastimar a la gente.
La cena continúa en un silencio incómodo.
Babe apenas prueba la comida que preparó con tanto esfuerzo.
La Noche
Dormitorio. Noche. Sakda está en la cama, leyendo en su teléfono. Babe entra después de lavarse los dientes. Se sienta al borde de la cama, al lado de Sakda.
Babe con la voz cansada.
—Sakda...¿podemos hablar?
Sakda sin dejar el teléfono.
—Estoy cansado.
—Por favor. Solo unos minutos.
Sakda suspira y deja el teléfono, pero no mira a Babe.
—Esto...esto no puede seguir así. Mim lleva dos meses aquí y siento que...que ya no me ves. Que todo lo que digo o hago, ella lo convierte en algo malo, y tú...tú siempre le crees.
Sakda frío.
—Otra vez con lo mismo.
—No es "lo mismo". Es nuestra relación. Son cinco años, Sakda. Cinco años construyendo algo y en dos meses ella lo está desarmando pieza por pieza. ¿No lo ves?
Sakda girando a mirarlo por fin, pero con dureza.
—Lo que veo es que no soportas que tenga una amiga. Que eres celoso, controlador. Mim solo está siendo ella misma, y tú la atacas constantemente.
Babe con los ojos brillantes.
—¿Yo la ataco? Ella me empuja, me provoca, me hace quedar como el malo frente a ti una y otra vez. Hoy, lo del reloj...sabías cuánto significaba para mí regalártelo. Y la dejaste destruirlo con una historia que ni siquiera sé si es cierta.
Sakda endureciéndose.
—¿Estás diciendo qué Mim miente?
Babe desesperado.
—¡Sí! ¡Te está mintiendo! Y tú la dejas. Prefieres creerle a ella, a una persona que reapareció hace dos meses, que a mí, que he estado a tu lado cinco años.
Sakda se levanta de la cama.
—Sabes qué, no voy a seguir esta discusión. Siempre terminas igual, haciéndote la víctima.
Babe levantándose también.
—¿La víctima? Sakda, ella se tiró al suelo sola y tú me gritaste. Me dejaste solo en la cocina, humillado. Y ni siquiera me preguntaste si estaba bien.
Sakda vistiéndose una chaqueta.
—Me voy a dormir al sofá. Necesito espacio.
La voz de Babe se quiebra.
—¿Espacio? Llevamos dos meses sin dormir abrazados. Ella ocupa todo el espacio. Yo solo quiero que me veas. Que me elijas. Una vez.
Sakda se detiene en la puerta. Por un momento, Babe cree que volverá. Que dirá algo. Pero Sakda solo gira la cabeza ligeramente.
Sakda sin mirarlo, frío.
—Buenas noches, Babe.
La puerta se cierra. Babe se queda solo en la habitación. Mira la cama, las dos almohadas.
Una de ellas, la de Sakda, está intacta. Se sienta lentamente en el suelo, apoyando la espalda en la cama.
Babe susurrando al vacío.
—¿En qué momento dejé de ser suficiente?
El silencio responde. Afuera, en la sala, se escucha la televisión encendida. Mim probablemente siga despierta. Babe cierra los ojos y deja caer una lágrima silenciosa.
El Descubrimiento
El Bar
Bar semioscuro, con música de fondo. Babe está sentado solo en la barra, con una copa vacía frente a él. La luz tenue ilumina su rostro cansado. Pide otro trago.
Charlie entra. Es alto, de mandíbula marcada, ojos intensos y una sonrisa que desarma.
Viste una camisa negra abierta en el primer botón. Sus ojos recorren el lugar y se detienen en Babe. Se acerca lentamente y se sienta a su lado.
Charlie al cantinero.
—Lo que sea que esté tomando él, ponme lo mismo.— Mira a Babe de reojo.— Pero con hielo, que hace calor aquí.
Babe lo mira. Sus ojos se encuentran. Por un segundo, el ruido del bar desaparece. Babe siente un escalofrío recorrerle la espalda. Es como si el aire se volviera más denso.
Charlie extendiendo la mano, con una sonrisa segura.
—Un gusto. Soy Charlie.
Babe titubea, luego toma su mano. El contacto es eléctrico.
—Igualmente...soy Babe.
—Babe.— Pronuncia el nombre despacio, saboreándolo.— Nombre interesante. Supongo que te llaman así por algo.
Babe sonríe débilmente.
—No sé. Mis padres tenían sentido del humor, creo.
Charlie eíe suavemente.
—Pues a mí me gusta. Es diferente. Como tú.
Babe baja la mirada, sonrojado. Charlie pide las bebidas. Comienzan a hablar. La conversación fluye fácil: música, viajes, sueños rotos. Charlie escucha con atención, ríe con ganas. Babe siente que hace años no se reía así. El alcohol calienta su estómago y la compañía de Charlie calienta algo más.
Babe riendo.
—¿Y luego qué hiciste? ¿De verdad te subiste al escenario?
Charlie asintiendo, con picardía.
—Claro. Y canté tan mal que el cantante original me pidió que me bajara. Dijo que estaba arruinando su carrera.
Ambos ríen a carcajadas. Sus hombros se tocan. Babe no se aparta.
Charlie mirándolo fijamente.
—¿Bailas?
Babe sorprendido.
—¿Qué?
Charlie se levanta y extiende la mano.
—La música es buena. Y llevo media hora queriendo sentirte cerca. Ven.
Babe duda. Su corazón late fuerte. Sabe que debería irse. Pero su mano se extiende sola y toma la de Charlie.
Pista de baile. La música es lenta, sensual.
Charlie rodea la cintura de Babe con un brazo. Babe apoya las manos en sus hombros. Están muy cerca. La química es palpable, casi física. Charlie baja la cabeza, su aliento roza la oreja de Babe.
Charlie susurrando.
—Hueles bien. Como a canela y noche.
Babe cierra los ojos un segundo.
—Charlie...
Charlie acerca su rostro.
—Dime.
Están a punto de besarse. Los labios casi se tocan. Babe abre los ojos, entra en pánico y se separa bruscamente.
Babe respirando agitado.
—Lo siento. Lo siento, no puedo. Tengo...tengo novio.
Charlie se queda quieto. Por un momento, algo cruza su mirada. ¿Decepción? No.
Determinación. Sonríe con calma.
Charlie saca una tarjeta del bolsillo y la desliza en la mano de Babe.
—No te disculpes. Eres de los leales. Eso me gusta aún más.— Le sostiene la mirada.— Toma. Mi número. Cualquier cosa, cualquier hora, estoy a tu disposición.
Babe mira la tarjeta, luego a Charlie.
—Charlie, yo...
Charlie le aprieta suavemente la mano.
—No digas nada. Solo prométeme que la vas a guardar. Nunca se sabe lo que depara la vida.
Babe asiente, con el corazón desbocado.
Sale del bar sintiéndose culpable...pero también más vivo que en meses. Charlie se queda en la barra, pide otro trago y sonríe para sí mismo.
Charlie murmurando, con los ojos fijos en la puerta por donde Babe desapareció.
—Tarde o temprano, precioso. Tarde o temprano vas a ser mío. Solo es cuestión de tiempo.
El Departamento
Pasillo del departamento que Babe comparte con Sakda. Babe abre la puerta con cuidado, tratando de no hacer ruido. Son casi las 2 a.m. La luz de la sala está encendida.
Escucha risas ahogadas.
Babe para sí mismo, confundido.
—¿Sakda? ¿Sigue despierto?
Se acerca sigilosamente. La puerta de la sala está entreabierta. Babe se detiene, coloca la mano sobre la madera y empuja ligeramente.
Lo que ve le congela la sangre.
En el sofá, Sakda y Mim están abrazados.
Mim está sentada sobre sus piernas, riendo.
Sakda acaricia su cabello. Sus rostros están muy cerca. Babe quiere gritar, moverse, pero su cuerpo no responde.
Mim riendo, con voz ebria.
—¿Te acuerdas cuando nos perdimos en el bosque? Tú me dijiste que no tuviéramos miedo, que me protegerías.
Sakda sonriendo, con ternura.
—Sí. Y lloraste toda la noche.
Mim pasando un dedo por el cuello de Sakda.
—Porque tenía miedo. Contigo nunca tuve miedo, Sakda. Solo contigo.
Babe ve cómo ella se acerca. Ve cómo sus labios se encuentran. Su corazón deja de latir.
Pero lo peor está por venir: SAKDA NO LA DETIENE. Al contrario, la toma del rostro y profundiza el beso.
Babe susurro roto, inaudible.
—No...Sakda, no...
Mim se separa apenas, jadeando. Sakda baja la cabeza y besó su cuello. Ella gime suavemente. Luego, Sakda, con manos ágiles, comienza a desabrochar su blusa.
Sakda con voz ronca, entre besos.
—Te he esperado tanto...tanto tiempo queriendo esto.
Mim dejándose hacer.
—Y yo. Sakda...por fin.
La blusa cae. Sus pechos quedan al descubierto, firmes, bajo la luz tenue. Sakda los acaricia, los besa, mientras Mim arquea la espalda. Babe ve todo. Sus manos tiemblan sobre el marco de la puerta.
Sakda empujándola contra el sofá, colocándose sobre ella.
—Eres mía. Siempre lo has sido.
Mim enredando las piernas en su cintura.
—Demuéstramelo.
Sakda baja su pantalón. Ella se queda en ropa interior hacia un lado. Él la penetra con un movimiento brusco. Ella gime fuerte. El sofá cruje. Babe ya no puede más. Se aleja de la puerta, tambaleándose.
Babe corrió por el pasillo, tapándose la boca para no gritar.
—No...no...no...
Llega a la habitación que comparte con Sakda. Entra, cierra la puerta con cuidado, como si temiera que escuchar el golpe fuera peor que lo que ya escucha. Se desliza por la puerta hasta quedar sentado en el suelo, abrazándose las piernas.
Desde la sala, filtrados por las paredes, llegan los gemidos de Mim. Agudos, rítmicos, triunfales.
Mim con la voz ahogada.
—¡Sakda! ¡Sí! ¡Así!
Babe entierra el rostro entre sus rodillas. Las lágrimas caen calientes por sus mejillas. Su cuerpo tiembla con cada sollozo que intenta contener.
Babe susurrando entre dientes, con la voz destruida.
—Soy un idiota...un maldito idiota.
Otro gemido desde la sala. Más fuerte.
Babe levanta la cabeza, mira la puerta cerrada. Su rostro está desencajado, los ojos rojos..
—Yo ahí...en el bar...siendo fiel. Pensando en él. Y él…— Señala la puerta con un dedo tembloroso.— Él la está follando. En nuestra sala. En nuestro sofá.
Los gemidos se intensificaron. Se escucha el ritmo acelerado del sofá golpeando la pared.
Sakda lejano, pero claro.
—¡Mim! ¡Mim, te quiero!
Babe escucha esas palabras y siente que algo dentro de él se rompe definitivamente.
Se lleva las manos a los oídos, pero no puede bloquearlos.
Babe gimiendo, ahogado.
—Cállense...cállense...por favor...
Se meció adelante y atrás, como un niño asustado. Las lágrimas no cesan. La respiración se le corta en hipos dolorosos.
Babe mirando al techo, con los ojos perdidos.
—¿Qué hice mal? ¿Qué hice mal para merecer esto?— Pausa. Un gemido más fuerte de Mim. Babe cierra los ojos.— Yo le di cinco años. Cinco años de mi vida. Y ella...ella solo tuvo que aparecer.
Saca la tarjeta de Charlie del bolsillo. La mira a través de las lágrimas. El número brilla bajo la luz de la lámpara.
Babe susurrando, con una mezcla de dolor y rabia.
—Charlie...
Aprieta la tarjeta contra su pecho. Los gemidos continúan. Babe apoya la cabeza en sus rodillas y llora en silencio, mientras afuera, el hombre que ama destruye todo lo que construyeron.
Mim llegando al clímax, grito agudo.
—¡Sakda!
Sakda con un gruñido.
—Mim...
Silencio. Luego, risas ahogadas. Susurros.
Babe permanece inmóvil en el suelo, con la tarjeta de Charlie en una mano y el corazón hecho añicos en la otra.
Babe con un susurro apenas audible.
—Ya no más...ya no más.
La escena se desvanece en la oscuridad, dejando solo el sonido de su respiración entrecortada.
El Despertar
La Mañana Siguiente
Departamento de Babe y Sakda. La luz del sol entra por las ventanas, cruelmente brillante. Babe ha pasado la noche en el suelo de la habitación, con la espalda contra la puerta. Tiene los ojos hinchados, el rostro pálido. Se escuchan risas en la cocina.
Babe se levanta lentamente, con el cuerpo entumecido. Se da un baño y se pone una ropa más cómoda. Abre la puerta y camina como un zombi hacia la sala. Desde la cocina, ve a Sakda y Mim. Ella prepara café, con una bata de Sakda puesta. Sakda está sentado en la barra, sonriente. Parecen una pareja doméstica. Babe siente náuseas.
Mim riendo, tocando el brazo de Sakda.
—¿Así te gusta el café? ¿Con dos de azúcar?
Sakda sonriendo.
—Sí, igual que siempre.
Mim coqueta.
—Me acuerdo. Nunca cambias.
Babe aparece en el marco de la puerta de la cocina. Mim lo ve primero. Su sonrisa se ensancha, triunfante. Sakda gira al notar su mirada.
Sakda con una naturalidad que corta el alma.
—Buenos días, cariño. ¿Dormiste bien?
Babe siente un puñal en el estómago.
"Cariño". La palabra que antes era un refugio ahora es una burla. No responde. Abre la nevera, toma una botella de agua. Sus manos tiemblan.
Mim dulcemente venenosa.
—Babe, ¿quieres café? Preparé lo suficiente. Sakda me enseñó cómo le gusta.
Babe sin mirarla, voz plana.
—No.
Sakda frunce el ceño. Se levanta y se acerca a Babe.
Sakda tocando su hombro.
—Oye, ¿estás bien? Anoche llegué tarde y no quise molestarte...
Babe se tensa bajo su tacto. El recuerdo de esas manos tocando a Mim, desnudándola, lo hace estremecerse. Se aparta bruscamente, como si el contacto quemara.
Babe aún sin mirarlo.
—No me toques.
Sakda sorprendido.
—¿Qué? Babe, ¿qué te pasa?
Babe camina hacia la puerta, toma su chaqueta.
—Nada. Me voy.
Sakda siguiéndolo.
—¿A dónde vas?
Babe poniéndose la chaqueta, con la mano en el picaporte.
—A verme con un amigo.
Sakda confundido.
—¿Un amigo? ¿Qué amigo? Babe, espera, hablemos...
Sakda intenta sujetarlo del brazo. Babe se gira por fin y lo mira. Sus ojos están rojos, hinchados, pero vacíos. Y en ese vacío hay un asco tan profundo que Sakda retrocede sin soltarlo.
Babe frío como el hielo.
—Suéltame.
Sakda titubeando.
—Babe, por favor...
Babe se zafa del agarre.
—Dije que me sueltes.
Sakda obedece, desconcertado. Nunca había visto esa mirada en Babe. Mim observa desde la cocina, con los brazos cruzados y una sonrisa leve.
Mim desde lejos.
—Sakda, déjalo. Si quiere irse, que se vaya.
Babe ignora sus palabras. Abre la puerta y sale sin mirar atrás. Sakda se queda paralizado en medio de la sala, sin entender qué acaba de pasar.
Sakda murmurando.
—¿Qué le pasa?
Mim acercándose, pasando un brazo por su cintura.
—Cosas de él. Ya sabes, siempre tan dramático. Ven, el café se enfría.
Sakda la mira, duda un segundo, pero luego la sigue. La puerta cerrada es testigo de su traición.
El Encuentro
Calle frente a un café. Babe espera apoyado en una pared. El sol está alto, pero él siente frío. Mete las manos en los bolsillos. Saca la tarjeta de Charlie. La mira. Respira hondo.
Un auto deportivo negro se detiene frente a él. Charlie baja el vidrio. Está impecable con una camisa blanca y gafas de sol. Cuando ve a Babe, se las quita lentamente. Su expresión cambia al notar su rostro demacrado.
Charlie con preocupación genuina.
—Babe...
Babe levanta la vista. Sus ojos se encuentran con los de Charlie. Y en ese momento, todo el dolor de la noche anterior, toda la rabia contenida, toda la humillación, brota. Las lágrimas comienzan a deslizarse silenciosamente por sus mejillas. No solloza, no emite sonido. Solo llora.
Charlie abre la puerta y sale del auto rápidamente.
—Oye, oye...
Se acerca a él con pasos lentos, como quien se acerca a un animal herido. Babe tiembla.
Charlie está frente a él, a solo unos centímetros.
Babe con voz quebrada, apenas un susurro.
—Soy patético, ¿verdad?
Charlie no responde con palabras. Da el último paso y lo envuelve en un abrazo.
Fuerte, cálido, seguro. Babe se tensa un segundo, pero luego se derrumba. Aferra las solapas de la camisa de Charlie con ambas manos y entierra el rostro en su pecho. Los sollozos brotan, ahogados, desgarradores.
Babe llorando contra su pecho.
—Lo siento...lo siento mucho...
Charlie sujetándolo firme, acariciando su espalda con suavidad.
—No te disculpes. No tienes porqué disculparte.
Babe entre sollozos.
—No debí...no debí llamarte...estoy hecho un desastre...
Charlie separa un poco a Babe, solo para mirarlo a los ojos. Le sostiene el rostro con ambas manos, con una ternura que desarma.
—Escúchame. No eres patético. Eres humano. Y pase lo que haya pasado, no estás solo. ¿Me oyes? No estás solo.
Babe lo mira a través de las lágrimas. Por un momento, el mundo deja de girar. Solo están ellos dos.
Charlie con una sonrisa cálida.
—Voy a llevarte a que te diviertas. ¿Te parece bien?
Babe tragando saliva, asintiendo débilmente.
—Sí...
Charlie le limpia una lágrima con el pulgar.
—Vamos.
Charlie abre la puerta del acompañante. Babe se sube. Charlie rodea el auto y se sienta al volante. Antes de encender el motor, mira a Babe.
Charlie con voz suave.
—¿Te aseguró el cinturón?
Babe asiente, intentando una sonrisa que no llega a formarse. Charlie se inclina lentamente, pasa el cinturón sobre el pecho de Babe y lo asegura. Queda muy cerca. Su aroma llega hasta Babe. A madera y algo limpio.
Charlie susurrando cerca de su oído.
—Respira hondo. Todo va a estar bien.
Babe cierra los ojos un segundo. Inhala.
Exhala. El auto arranca y se pierde en la calle.
El Viaje
Dentro del auto. Babe mira por la ventana, las calles pasan borrosas. Charlie conduce con una mano, la otra descansa sobre la palanca de cambios. De vez en cuando mira a Babe.
Charlie rompe el silencio suavemente.
—¿Quieres contarme? No tienes que hacerlo. Pero si quieres, aquí estoy.
Babe sin apartar la vista de la ventana.
—Anoche...los vi.
Charlie espera. No presiona.
La voz de Babe tiembla.
—A mi novio...y a su amiga. En el sofá. En nuestra sala.— Pausa.— Estaban...ya sabes.
Charlie aprieta el volante, pero su voz es serena.
—Lo siento mucho, Babe.
Babe ríe sin humor.
—Lo peor es que hoy, en la cocina, me dijo "cariño". Como si nada. Como si yo no hubiera pasado la noche escuchándolos…— Se le quiebra la voz.— escuchándola gemir su nombre.
Charlie estaciona el auto en un mirador con vista a la ciudad. Apaga el motor. Gira hacia Babe.
—Mírame.
Babe obedece. Sus ojos están rojos, cansados.
—Lo que él hizo no tiene nada que ver contigo. Tiene que ver con él. Con su debilidad, su estupidez, su falta de valor. Tú no mereces eso. Nadie merece eso.
Babe susurrando.
—Entonces, ¿por qué duele tanto?
Charlie con ternura responde.
—Porque amaste. Y amar duele cuando te traicionan. Pero también es lo único que vale la pena. Y tú vas a volver a amar. Pero primero, vas a sanar.
Babe lo mira fijamente.
—¿Por qué haces esto? Apenas me conoces.
Charlie sonríe.
—Porque vi algo en ti anoche. Alguien que elige ser leal aunque le duela. Alguien que merece ser feliz. Y si puedo ayudar a que lo sea, aunque sea un rato, lo voy a hacer.
Babe siente que algo se afloja en su pecho.
No sonríe, pero por primera vez en horas, el nudo en su garganta disminuye.
Charlie enciende el auto.
—Bien. Ahora, olvidemos un rato. Vamos a comer algo increíble, a reír, a bailar si quieres. Y si en algún momento quieres llorar, lloras. Pero no solo. Nunca más solo, ¿ok?
Babe asiente débilmente.
—Ok.
El auto retoma la marcha. Babe mira a Charlie de reojo. Su perfil es firme, seguro.
Por primera vez en mucho tiempo, Babe siente que quizá, solo quizá, hay luz al final del túnel.
Charlie con una sonrisa pícara.
—¿Te gusta el mar?
Babe sorprendido.
—¿El mar?
Charlie guiñando un ojo.
—Tengo un amigo con un barco. Y tú necesitas viento en la cara.
Babe, por primera vez en todo el día, esboza una pequeña sonrisa. Pequeña, frágil, pero real.
Babe susurrando.
—Gracias, Charlie.
Charlie toma su mano un segundo y la aprieta.
—Para eso estoy, Babe. Para eso estoy.
El auto se aleja hacia el horizonte, dejando atrás la ciudad y, con ella, el dolor de una noche que Babe nunca olvidará, pero que empezará a superar.
El Juicio Final
El Encuentro en el Antro
Antro exclusivo, luces tenues, música electrónica de fondo. La pista de baile está llena, pero Babe y Charlie han creado su propio universo en una esquina. Babe ríe con la cabeza hacia atrás, Charlie lo mira como si fuera la única persona en el lugar.
Babe tiene los brazos rodeando el cuello de Charlie. Charlie sostiene su cadera con firmeza, sus dedos presionando la tela de la camisa. Bailan pegados, sincronizados, como si llevaran años haciéndolo.
Babe riendo, con los ojos brillantes.
—¡No sabes bailar nada! Pareces robot con artritis.
Charlie ríe también, acercándose más.
—¿Robot con artritis? Eso es nuevo. Pero a ti no parece molestarte.
Babe muerde su labio inferior juguetonamente, sin malicia...o quizá con toda la intención.
—Quizá me gustan los robots defectuosos.
Charlie lo ve hacerlo. Sus ojos se oscurecen.
La sonrisa se le congela.
Charlie con voz grave, casi un gruñido.
—No hagas eso.
Babe con inocencia falsa, aleteando las pestañas.
—¿Hacer qué? Yo no estoy haciendo nada.
Charlie aprieta la cadera de Babe.
—Babe. Lo digo en serio.
Babe ríe, provocador.
—¿En serio qué? ¿Qué no te gusta que—
Charlie no lo deja terminar. Con una mano en su nuca, le agarra el cabello suavemente pero con firmeza y lo atrae hacia sí. Devora su boca con hambre. Babe jadea sorprendido, pero responde al instante. Sus labios se mueven con la misma urgencia. Las manos de Babe se enredan en el cabello de Charlie.
La música sigue, pero ellos han dejado de escucharla.
Están tan absortos que no notan la mirada que los taladra desde la entrada.
Sakda acaba de entrar con Mim del brazo.
Lleva una camisa elegante, ella un vestido rojo. Vienen sonrientes, hasta que Sakda gira la cabeza y ve a Babe. Ve a Babe besando a otro hombre. Ve a Babe con las manos en el cuello de un desconocido. Ve a Babe feliz.
Algo se rompe en su interior. Algo que él nunca esperó sentir: celos. Celos auténticos, desgarradores.
Sakda suelta el brazo de Mim y camina hacia ellos como un toro.
—¡BABE!
Babe se separa de Charlie lentamente.
Demasiado lentamente. Como si no le importara. Como si Sakda fuera un extraño interrumpiendo una cena. Deja un último beso en los labios de Charlie, breve, dueño de sí mismo, y luego se gira.
Babe con una calma helada.
—¿Qué haces aquí?
Sakda furioso, señalando a Charlie.
—¿Qué carajos crees que haces? ¿¡Qué es esto!?
Babe inclina la cabeza, fingiendo confusión.
—¿Esto?— Señala a Charlie con un gesto elegante.— Esto es bailar. ¿Nunca lo habías visto? Es cuando dos personas se mueven al ritmo de la música. Muy popular.
Sakda da un paso adelante, Charlie se tensa pero Babe pone una mano en su pecho, calmándolo.
—¡No me vengas con estupideces! ¡Te vi besándolo! ¿Cómo pudiste hacerme esto? ¡Somos novios, Babe! ¡Cinco años!
Mim llega corriendo, se coloca al lado de Sakda, con expresión de indignación fingida.
Charlie con una sonrisa burlona, desde atrás.
—¿Novios? ¿Seguro? Porque con lo que vi hace un momento, no se nota.
Sakda mira a Charlie con odio.
—Tú. Cállate. Esto no es asunto tuyo.
Charlie encogiéndose de hombros, sin perder la sonrisa.
—¿No? Babe, cariño, ¿no es asunto mío?
Babe le dedica una mirada cálida, luego vuelve a Sakda, y el calor desaparece.
—Charlie, espérame un momento.— Se acerca a Sakda.— Sakda, cálmate. Este no es el lugar adecuado para esta situación.
Sakda agarrando su muñeca.
—Vamos a casa. Ahora. Hablamos allí.
Babe mira la mano en su muñeca. Luego mira a Sakda. No hay odio en sus ojos. Hay algo peor: indiferencia.
—Suelta.
—Babe—
Babe frío como el acero.
—Dije que sueltes.
Sakda, por algún motivo, obedece. Babe se gira hacia Charlie. Se acerca a su oído, sus labios casi rozando su piel. Charlie cierra los ojos un instante.
Babe susurro íntimo.
—Debo arreglar esto. ¿Me esperas?
Charlie susurró de vuelta.
—¿Seguro?
Babe asiente.
—Seguro. Te haré saber cuando termine.
Babe deja un último beso en los labios de Charlie. Largo. Dueño. Cuando se separa, Charlie sonríe con satisfacción. Sabe lo que le espera a Sakda. Y no puede esperar a oírlo.
Charlie a Babe, en voz alta.
—Estaré esperando. No tardes.
Babe camina hacia la salida. Sakda y Mim lo siguen, Sakda con el rostro desencajado, Mim con los brazos cruzados y una mueca de desprecio. Charlie se queda en la pista, pide un trago y observa la escena con una sonrisa.
El departamento que Babe compartía con Sakda. Babe entra directamente a la habitación. Sakda y Mim lo siguen, confundidos. Babe saca una maleta del armario y comienza a llenarla con sus cosas.
Ropa, libros, objetos personales. Con calma.
Con método.
Sakda desde la puerta.
—¿Qué haces?
Babe sin mirarlo.
—¿No es obvio? Empaco.
Sakda entrando.
—¿Empacas? ¿Así nomás? ¿Después de cinco años?
Babe cierra la maleta, la baja de la cama.
Finalmente se gira y mira a Sakda. Su rostro es una máscara de serenidad.
—Terminamos.
Sakda como si le hubieran dado un puñetazo.
—¿Qué?
—Terminamos. Vive tu vida. Yo haré lo mismo.
Camina hacia la puerta con la maleta. Sakda se interpone en su camino.
Sakda con voz temblorosa de rabia.
—¿En serio vas a mandar a la basura cinco años de relación por un hombre cómo él? ¿A quién acabas de conocer?
Babe se detiene. Lo mira. Y entonces, lentamente, comienza a reír. No es una risa alegre. Es una risa amarga, filosamente divertida.
Babe secándose una lágrima fingida.
—Ay, Sakda. Sakda, Sakda, Sakda…— Niega con la cabeza.— Creo que estás equivocado.
Sakda confundido.
—¿Cómo que equivocado?
Babe da un paso hacia él. Su voz es baja, controlada, pero cada palabra corta como un bisturí.
—Quién arruinó la relación fuiste tú. Al no poner límites con la puta de tu amiga.— Señala a Mim con la barbilla.— Y lo terminaste de rematar cuando te la follaste.
Mim abre la boca, indignada. Sakda palidece.
Sakda tartamudeando.
—Yo...yo nunca...¿Cómo te atreves a decirme—
Babe lo interrumpe, imperturbable.
—¿Negarlo? Adelante. Si te hace sentir mejor. Pero te vi, Sakda. Los vi a los dos. En ese sofá.— Señala la sala.— La noche que volví del bar. Te vi desnudarla. Te vi follarla. Te oí gemir su nombre. Y lo peor de todo…— Su voz se vuelve un susurro helado.— lo peor es que ella se aseguró de que yo lo viera.
Sakda da un paso atrás. Su rostro es un poema de culpa y sorpresa.
Sakda débilmente.
—Estaba...estaba borracho, Babe. No significó nada.
Babe lo mira. Por un momento, sus ojos se humedecen. Pero solo por un momento.
Babe ríe, pero esta vez duele.
—¿No significó nada?— Se acerca lentamente a Sakda— ¿Escuchaste lo qué dijiste? "Estaba borracho, no significó nada".— Sacude la cabeza.— ¿Sabes qué eres, Sakda? Eres peor que la basura. La basura al menos es útil para algo. Tú solo eres un cobarde disfrazado de hombre.
Mim interviniendo, furiosa.
—¡Oye, no hables así de él! Tú no sabes nada. Sakda y yo tenemos historia, tenemos—
Babe gira hacia ella con una sonrisa gélida.
—¿Historia? ¿Llamas historia a aprovecharte de un hombre débil para meterte en su cama? ¿Llamas historia a humillar a su pareja durante semanas para sentirte deseada?— Se acerca a ella.— Tú eres patética. Y lo peor es que ni siquiera lo ves.
Mim abre la boca para responder, pero Babe ya le ha dado la espalda. Se dirige a la puerta. Sakda reacciona y le agarra el brazo.
Sakda con desesperación.
—Deja de jugar, Babe. Mete tus cosas en el armario. No te irás de aquí.
Babe se detiene. Mira el brazo de Sakda sobre el suyo. Luego levanta la vista lentamente. Sus ojos son dos carbones encendidos.
Babe con voz baja, peligrosa.
—Suelta mi brazo.
—No. No hasta que hablemos.
Babe con una calma aterradora.
—Te lo advierto. Suelta.
Sakda apretando más.
—Babe, por favor, solo—
Babe no lo deja terminar. Con un movimiento rápido y preciso, se libera del agarre y, sin dudarlo, lanza un puñetazo directo al rostro de Sakda. El impacto es seco, contundente.
Sakda tambalea, se lleva las manos a la nariz, de la que brota sangre.
Sakda aturdido.
—¡¿Qué carajos?!
Mim grita. Babe no se inmuta.
Babe enderezando su chaqueta, con la misma elegancia con la que empacó su maleta.
—¿Quién carajos te crees que eres, bastardo? ¿Dueño de mi vida? ¿Dueño de mi tiempo?— Se acerca a Sakda, que retrocede.— Yo me voy de aquí. Y ni tú ni nadie lo impedirá.
Sakda sangrando, débil.
—Babe, por favor...
Babe ignorándolo, se gira hacia Mim. Ella retrocede, pero no lo suficientemente rápido.
Babe levanta la mano y le propina dos cachetadas, una en cada mejilla. El sonido es nítido en el silencio.
—Esto es por haberte metido en una relación que no era tuya.
Mim se lleva las manos a las mejillas, boquiabierta.
Babe continúa, implacable.
—Por ser tan necesitada, tan desesperada, que tuviste que robarle el novio a alguien para sentir que valías algo. Por ser tan patéticamente insegura que necesitas que te metan la polla para confirmar que existes.
Mim abre la boca para llorar, pero Babe ya no la mira. Vuelve hacia Sakda, que intenta recomponerse.
Babe frente a frente con Sakda.
—Y tú.— Pausa. Lo mira con desprecio absoluto.— Te mereces esto. Y mucho más.
Levanta la mano y golpea a Sakda nuevamente. Este cae al suelo. Babe se arrodilla frente a él, lo agarra de la camisa y lo acerca a su rostro.
Babe con un susurro filoso.
—Eres una lacra de mierda. Y ojalá seas feliz con ella. Porque yo, desde hoy, te borro de mi vida. Y cuando me veas por la calle, cuando me veas con Charlie, cuando me veas feliz…— Le suelta la camisa con desprecio.— quiero que recuerdes este momento. El momento en que perdiste a alguien que sí te amaba de verdad.
Babe se levanta. Toma su maleta. Camina hacia la puerta. Sakda intenta decir algo, pero solo sale un gemido. Mim llora en un rincón.
Babe desde la puerta, sin mirar atrás.
—Adiós, Sakda. Que la vida te devuelva todo lo que sembraste.
La puerta se cierra con un golpe seco.
Silencio. Solo queda el eco de las palabras de Babe y el peso de cinco años destruidos en una noche.
Afuera
Calle frente al departamento. Babe sale con la maleta. Respira hondo. El aire de la noche es fresco. Del bolsillo, saca el teléfono.
Escribe un mensaje.
Babe leyendo en voz baja mientras escribe.
“Terminé. ¿Dónde estás?”
El teléfono vibra al instante.
Mensaje de Charlie.
“En el auto, a la vuelta. Te estaba esperando.”
Babe sonríe. Por primera vez en mucho tiempo, sonríe en paz. Camina hacia la esquina. El auto negro lo espera. Charlie baja el vidrio, lo mira con admiración.
—¿Todo bien?
Babe sube al auto, deja la maleta atrás. Mira a Charlie.
—Todo perfecto.
Charlie arranca el auto. Una sonrisa cómplice.
—¿A dónde?
Babe recostándose en el asiento, mirando por la ventana.
—A donde me lleves. Pero lejos.
Charlie toma su mano, entrelaza sus dedos.
—Lejos, entonces.
El auto se pierde en la noche. Detrás, el departamento se enciende con una luz que ya no les pertenece.
El Primer Desayuno
Cocina abierta, con isla central. Amanece.
Babe baja las escaleras en pijama, con el cabello revuelto. Escucha ruido en la cocina.
Se asoma.
Charlie está frente a los fogones, con un delantal negro atado a la cintura. Prepara algo que huele delicioso. Una taza de café humea en la isla.
Babe apoyado en el marco de la puerta, sonriendo.
—¿Sabes cocinar?
Charlie girando, con una sonrisa.
—Buenos días a ti también. Y sí, sé lo básico. Pero para ti, solo lo mejor.
Babe se acerca. Charlie le desliza la taza de café.
—Tostadas francesas con frutos rojos. Mi especialidad.
Babe probando.
—Charlie...esto es increíble.
Charlie apoyado en la isla, mirándolo comer.
—Me gusta verte así.
Babe tímido.
—¿Así cómo?
Charlie acercándose.
—Cómodo. En paz.— Le limpia una migaja del labio con el pulgar.— Hermoso.
Babe sostiene su mirada. El momento se alarga. Charlie se inclina y deja un beso suave en su frente.
—Desayuna. Luego, si quieres, te enseño el jardín.
El Jardín
Jardín trasero. Una piscina infinita parece fundirse con el horizonte. Flores de todos colores. Una hamaca bajo un árbol.
Babe camina descalzo sobre el césped.
Charlie lo sigue, observándolo.
Babe maravillado.
—Es como un sueño. No sabía que existían lugares así.
Charlie acercándose.
—Los lugares no son nada sin alguien con quien compartirlos.— Se sienta en la hamaca y patalea el espacio a su lado.— ¿Te quedas?
Babe se acuesta a su lado. La hamaca los mece suavemente. Están muy cerca, hombro con hombro.
Babe mirando el cielo.
—Charlie...¿por qué haces todo esto por mí?
Charlie gira la cabeza para mirarlo.
—¿Por qué no?
Babe serio.
—Es que...apenas me conoces. Y ya me tienes en tu casa, me preparas desayuno, me muestras tu mundo...
Charlie le toma la mano.
—Te explico. Desde que te vi en ese bar, supe que había algo en ti. Algo que valía la pena. No fue tu cuerpo, no fue tu ropa. Fue tu mirada.— Pausa.— Y luego, cuando me contaste lo que pasó...cuando vi cómo llorabas sin vergüenza, cómo sentías sin miedo...supe que quería conocerte. Todo de ti.
Babe con los ojos vidriosos.
—¿Y si resultó ser un desastre?
Charlie sonríe.
—Entonces serás mi desastre favorito.
Babe ríe, con lágrimas asomando. Charlie lo atrae hacia sí y lo abraza. Babe apoya la cabeza en su pecho. El viento mueve las hojas. Todo está en silencio, pero es un silencio bueno.
Charlie susurrando sobre su cabello.
—Vas a sanar, Babe. Y yo voy a estar aquí. Cada día.
La Noche de Película
Sala de cine privada en la mansión. Butacas de cuero, pantalla gigante. Charlie elige una película clásica. Babe está envuelto en una manta.
Charlie entrando con un tazón enorme de palomitas.
—¡Servicio a domicilio!
Babe riendo.
—¿Cuántas palomitas hiciste? ¿Para un batallón?
Charlie sentándose a su lado.
—Las justas.— Le ofrece el tazón.— Toma.
La película comienza. Es un romance antiguo, en blanco y negro. Babe se recuesta en el hombro de Charlie. Charlie rodea sus hombros con un brazo.
Babe soñoliento.
—Me gusta esta película.
Charlie acariciando su brazo.
—¿La has visto antes?
—Sí. Con mi abuela. Decía que el amor verdadero era así. Eterno.
Charlie besa su cabello.
—Tu abuela era sabia.
Babe levanta la cabeza y lo mira.
—¿Tú crees en el amor eterno?
Charlie lo mira fijamente.
—Creo en el amor que se elige cada día. En el que construye, no en el que espera. Y sí. Contigo, quiero intentarlo.
Babe se acerca y lo besa. Es un beso lento, profundo, lleno de promesas. Cuando se separan, Babe tiene lágrimas en los ojos.
Babe susurrando.
—Gracias por esperarme.
Charlie secando sus lágrimas.
—Siempre.
El Detalle Sorpresa
Habitación de Babe. Mañana. Babe despierta y encuentra una nota en la mesita de noche.
La nota dice: "Buenos días, hermoso. Hoy te toca mimarte. Te espero en el desayuno. Pero antes, abre el armario. Con cariño, Charlie".
Babe se levanta, curioso. Abre el armario.
Dentro, colgado, hay un suéter de cashmere color crema, suave como una caricia. Una caja en el estante. La abre: dentro, un libro antiguo que Babe mencionó una vez, de pasada, en una conversación.
Babe se lleva el suéter al rostro. Huele a Charlie. A limpio, a hogar. Baja corriendo las escaleras.
Comedor. Charlie está sentado leyendo el periódico, con una taza de té. Al verlo, sonríe.
Charlie dejó el periódico.
—¿Te gustó?
Babe con el suéter puesto, el libro en las manos.
—¿Cómo supiste? El libro...lo mencioné una vez, Charlie. Una vez.
Charlie se levanta y se acerca.
—Te escucho. Siempre te escucho.
Babe lo abraza fuerte, enterrando el rostro en su cuello.
—Eres demasiado bueno conmigo.
Charlie lo abrazó de vuelta.
—No. Solo soy bueno contigo porque tú mereces todo lo bueno.
Se separan. Charlie le acaricia el suéter.
—Te queda perfecto. Como hecho para ti.
Babe sonriendo.
—¿Todo te queda bien a ti? ¿Incluso ser detallista?
Charlie ríe.
—Eso es fácil. Lo difícil es no querer darte el mundo entero.
Babe lo besa, agradecido.
—No necesito el mundo. Solo necesito esto.
La Noche en la Terraza
Terraza en la azotea. Una mesa con velas, una botella de vino, el cielo estrellado. Charlie ha preparado una cena íntima.
Babe sentado, mirando las estrellas.
—¿Siempre eres tan romántico?
Charlie sirviendo vino.
—Solo cuando la ocasión lo merece. Y tú mereces todas las ocasiones.
—No sé cómo pagarte todo esto.
Charlie toma su mano sobre la mesa.
—No tienes que pagarme nada. Solo quédate. Solo permíteme quererte.
Babe lo mira a los ojos.
—¿No tienes miedo?
Charlie acariciando su mano.
—¿Miedo de qué?
—De que me rompa. De que no pueda...corresponderte como mereces.
Charlie serio.
—Babe, escúchame. No necesito que me correspondas de ninguna manera especial. Solo necesito que seas tú. Con tus días buenos y tus días malos. Con tu risa y con tus silencios. Yo no estoy aquí para arreglarte. Estoy aquí para acompañarte.
Babe se levanta y rodea la mesa. Charlie lo recibe entre sus brazos. Babe se sienta en su regazo, rodeando su cuello.
Babe apoyando la frente en la suya.
—No sé qué hice para merecerte.
Charlie sonriendo.
—Nacer. Solo nacer.
Se besan. Las estrellas son testigos. El viento juega con sus cabellos. La noche es joven y ellos también.
El Descubrimiento Cotidiano
Estudio de Charlie. Babe entra sin hacer ruido. Charlie está concentrado en su computadora, con gafas de lectura que no sabía que usaba.
Babe desde la puerta.
—¿Molesto?
Charlie levanta la vista, sonríe.
—Nunca. Pasa.
Babe se acerca y se sienta en el brazo del sillón de Charlie.
Babe mirando la pantalla.
—¿Trabajo?
Charlie asiente
—Tonterías de la empresa. Nada interesante.
Babe acariciando su hombro.
—¿Siempre trabajas tanto?
Charlie le tomó la mano y besó sus nudillos.
—Antes sí. Ahora tengo una distracción maravillosa.
Babe ríe.
—¿Distracción? ¿Eso soy?
Charlie lo atrae hacia sí, Babe termina sentado en su regazo.
—La mejor distracción del mundo.
Babe juega con el cabello de Charlie. Charlie cierra los ojos, disfrutando.
Babe susurrando.
—¿Cansado?
Charlie murmurando.
—Contigo, nunca.
Babe besa su frente, sus ojos, la punta de su nariz.
—Entonces descansa un rato. Yo cuido de ti.
Charlie abríendo los ojos, sorprendido.
—¿Ves? Ya me estás correspondiendo.
Babe confundido.
—¿Cómo?
—Cuidándome. Eso es todo lo que necesito.
Babe lo abraza fuerte. Charlie entierra el rostro en su cuello. Así se quedan, meciéndose lentamente, en silencio.
El Amanecer
Habitación de Charlie. Babe ha terminado durmiéndose en su cama, abrazado a él. La luz del amanecer entra por los ventanales.
Charlie se despierta primero. Mira a Babe dormido. Su rostro en paz, sus labios entreabiertos, su mano sobre el pecho de Charlie.
Charlie susurrando, como un secreto al universo.
—Eres lo más hermoso que he visto nunca.
Babe se mueve, abre los ojos lentamente. Ve a Charlie mirándolo.
Babe con voz dormida.
—¿Qué miras?
Charlie sonriendo.
—Mi futuro.
Babe se sonroja. Charlie lo besa suavemente.
—Buenos días, Babe.
Babe besándolo de vuelta.
—Buenos días, Charlie.
La luz los envuelve. El mundo afuera puede esperar. Por ahora, solo existen ellos dos.
La Pregunta
Terraza de la mansión. Atardecer. El cielo es una mezcla de naranjas y violetas. Babe está recostado en una chaise longue, con un libro abierto sobre el pecho. Charlie llega por detrás, se inclina y besa su hombro descubierto.
Babe sonriendo sin abrir los ojos.
—Llegas tarde.
Charlie sentándose a su lado.
—El trabajo. Ya sabes.— Le acaricia el cabello.— ¿Qué lees?
Babe mostrando el libro.
—Poesía. Neruda.
Charlie toma el libro, lo hojea.
—"Es tan corto el amor, y tan largo el olvido".— Mira a Babe.— Bonito. Pero triste.
Babe sentándose.
—La poesía a veces es triste. Por eso la necesitamos.
Charlie dejando el libro, toma las manos de Babe.
—Hablando de cosas que necesitamos…— Respira hondo. Sus ojos, siempre seguros, tienen un destello de vulnerabilidad.— Babe.
Babe notando el cambio.
—¿Charlie? ¿Qué pasa?
Charlie acariciando sus nudillos.
—Ha pasado un mes. Un mes desde que llegaste aquí. Un mes desde que empezamos esto. Y yo…— Pausa.— Yo no quiero que sea solo esto.
Babe confundido.
—¿Cómo?
Charlie lo mira fijamente.
—Quiero ser tu novio. Oficialmente. Con todo lo que eso implica.— Sonríe nervioso, algo poco común en él.— ¿Quieres ser mi novio, Babe?
Babe lo mira. El silencio se alarga. Charlie empieza a preocuparse. Y entonces Babe sonríe. Una sonrisa enorme, radiante.
Babe riendo, emocionado.
—¿Qué quiero? Charlie…— Se acerca, le toma el rostro.— Sí. Quiero. Mil veces sí.
Charlie respira aliviado, sonríe.
—¿Seguro?
Babe besa su frente.
—Segurísimo.— Luego, juguetón.— De hecho, hasta casarme contigo si quieres. Hoy. Mañana. Cuando digas.
Charlie lo mira, sorprendido. Luego una sonrisa lenta, posesiva, aparece en sus labios. Atrae a Babe por la cintura, pegándolo a su cuerpo.
Charlie con voz baja, ronca.
—¿Casarte conmigo?— Lo mira a los ojos.— Ya me estás dando ideas, mi amor.
Babe rodea su cuello con los brazos.
—¿Malas ideas?
Charlie acercando sus labios.
—Las mejores.
Se besan. El beso empieza suave, pero rápidamente se vuelve intenso. Charlie muerde su labio inferior, Babe jadea.
Babe separándose apenas, susurrando contra sus labios.
—Cualquier cosa contigo, Cachorro.
Charlie se congela. Levanta una ceja, curioso, divertido, pero con un brillo peligroso en los ojos.
Charlie repitiendo, saboreando la palabra.
—¿Cachorro?
Babe se encoge de hombros con fingida inocencia, mientras sus manos bajan y acarician los pectorales de Charlie bajo la camisa.
—Eres como uno. Grande, protector, siempre queriendo jugar.— Sonríe.— Mi Cachorro.
Charlie lo mira en silencio. Luego, sin previo aviso, se levanta, toma a Babe en brazos y lo carga como si no pesara nada.
Babe sorprendido, riendo.
—¡Charlie! ¿Qué haces?
Charlie camina hacia el interior, con voz grave.
—Te voy a enseñar lo que pasa cuando me llamas así.
Babe todavía riendo.
—¿Me vas a castigar?
Charlie entrando a la habitación, cerrando la puerta con el pie.
—Algo así.
Habitación principal. Amplia, paredes oscuras, una cama enorme. Charlie deja a Babe sobre la cama, no con suavidad, sino con un propósito. Babe queda boca arriba, mirándolo.
Charlie desabrochándose la camisa lentamente, sin apartar la vista.
—¿Cachorro? ¿Eso crees qué soy?
Babe recostado, provocador.
—Para algo tienes que servir. Además, eres tierno cuando quieres.
Charlie se quita la camisa y la tira al suelo. Su torso es una obra de arte: músculos definidos, piel blanca, cicatrices pequeñas que cuentan historias.
—¿Tierno?— Se acerca a la cama, se arrodilló sobre ella, rodeando a Babe con sus brazos.— ¿Te parezco tierno ahora?
Babe tragando saliva, excitado.
—Charlie...
Charlie inclinándose, besando su cuello, mordiendo suavemente.
—Te voy a devorar, Babe. Te voy a hacer mío de todas las formas posibles. Y cuando termine, vas a recordar por qué no deberías provocarme.
Babe jadeando, arqueando el cuello.
—Hazlo.— Susurro.— Hazme tuyo.
Charlie gruñe. Literalmente gruñe contra su piel. Luego, con un movimiento rápido, desgarra la camisa de Babe. Los botones vuelan.
Babe sorprendido.
—¡Mi camisa!
Charlie besando su pecho.
—Te compro cien. Mil. No me importa.
Charlie baja, besando, mordiendo, marcando cada centímetro de piel. Babe se retuerce debajo de él, jadeando, aferrándose a sus hombros.
Babe jadeante.
—Charlie... por favor...
Charlie deteniéndose, mirándolo desde abajo.
—¿Por favor qué?
Babe frustrado, necesitado.
—Tócame. Por favor.
Charlie sonríe, pero no hay dulzura en esa sonrisa. Hay posesión.
—No. Vas a esperar. Vas a sentir cada segundo. Y cuando no puedas más, entonces…— Baja la cabeza y muerde la piel justo encima de su cadera.— entonces te daré lo que quieres.
Babe gime, tirando de su cabello. Charlie gruñe ante el tirón, claramente excitado.
Charlie contra su piel.
—¿Te gusta tirarme el pelo, mi amor?
Babe sin aliento.
—Tú...tú empezaste.
Charlie ríe, oscuro.
—Y yo lo voy a terminar.
La Entrega
Charlie se incorpora, se quita el pantalón y queda solo en boxers. Babe lo devora con la mirada. Charlie ve su deseo y sonríe.
Charlie desabrochando el pantalón de Babe.
—¿Sabes qué me gusta de ti?
Babe respirando agitado.
—¿Qué?
Charlie tirando de su ropa.
—Que no te escondes. Que me miras como si quisieras comerme también.— Se quita los boxers.— Pero hoy, amor, el que come soy yo.
Se coloca sobre Babe, sus cuerpos se rozan.
La piel de Charlie quema. Babe gime ante el contacto.
Babe susurrando.
—Charlie...
Charlie besando su mandíbula.
—Dime.
Babe con los ojos cerrados.
—Hazme olvidar. Hazme olvidar todo.
Charlie se detiene. Lo mira. Suaviza el tono.
—¿Todo?
Babe abre los ojos, hay vulnerabilidad.
—Todo lo que duele. Todo lo que fue antes de ti. Solo quiero sentirte a ti.
Charlie le acaricia el rostro con ternura, un contraste brutal con la intensidad de segundos antes.
—Entonces mírame.
Babe obedece.
Charlie firme, pero amoroso.
—No hay nadie más. No hubo nadie antes. No habrá nadie después. Solo yo. Solo tú. ¿Entendido?
Babe asiente.
—Entendido.
Charlie sonríe, peligroso otra vez.
—Bien. Porque ahora…— Se separa, busca algo en la mesita.— te voy a poner mi marca.
Saca un pañuelo de seda negro. Babe lo mira, expectante.
Charlie mostrándoselo.
—¿Confías en mí?
Babe sin dudar.
—Sí.
Charlie ata el pañuelo sobre sus ojos. Babe queda en la oscuridad. Sus otros sentidos se agudizan. Escucha la respiración de Charlie, siente su peso en la cama, el calor que emana.
Charlie susurrando cerca de su oído.
—Ahora solo existo yo. Mi voz. Mis manos. Mi boca. Nada más.
Babe asiente, temblando. Charlie comienza a tocarlo. Lento. Deliberado. Cada caricia es una exploración. Babe jadea, se retuerce, pero Charlie lo sujeta con firmeza.
Charlie contra su oído.
—Quieto.
Babe gimiendo.
—Charlie...
Charlie mordió su lóbulo.
—Te dije quieto.
Babe obedece, aunque su cuerpo tiembla.
Charlie sonríe contra su piel.
—Buen chico.
La escena se vuelve más intensa. Charlie guía, domina, posee. Babe solo puede sentirlo, solo puede responder. Las manos de Charlie son firmes, a veces incluso bruscas, pero nunca lastiman. Marcan. Dejan huella.
Charlie empujándolo contra la cama.
—Mío.
Babe jadeando.
—Tuyo.
Charlie mordiendo su hombro.
—¿De quién eres?
Babe gimiendo.
—Tuyo. Solo tuyo.
Charlie gruñendo.
—Otra vez.
Babe sin aliento.
—Tuyo, Charlie. Siempre tuyo.
Charlie lo besó con furia, devorando su boca.
Babe responde con la misma intensidad. Sus cuerpos se mueven juntos, un ritmo antiguo, primitivo.
Charlie contra su boca.
—Te voy a llenar. Te voy a marcar por dentro. Y cuando termine, vas a caminar todo el día sintiéndome. ¿Quieres eso?
Babe desesperado.
—Sí. Sí, quiero.
Charlie sonríe.
—Pues pídemelo.
Babe avergonzado, pero necesitado.
—Charlie...
Charlie apretando su cadera.
—Pídemelo.
Babe respirando hondo.
—Por favor. Por favor, hazme tuyo. Lléname. Márcame. Hazme sentir que existo solo para ti.
Charlie satisfecho.
—Así me gusta.
Y entonces lo hace. Babe grita, no de dolor, sino de la intensidad de la sensación. Charlie es grande, profundo, implacable. Cada movimiento es una declaración. Cada embestida, un juramento.
Charlie jadeando.
—¿Sientes? ¿Sientes cómo te lleno?
Babe apenas puede hablar.
—Sí…sí, Charlie...
Charlie acariciando su pecho.
—Esto soy yo. Esto somos nosotros. Nadie nos quita esto.
Babe con lágrimas en los ojos, bajó la venda.
—Nadie.
El ritmo se acelera. Los gemidos de Babe son más agudos. Charlie gruñe, animal, primitivo.
Charli mordiendo su cuello.
—Vamos. Vamos conmigo. Ahora.
Babe se quiebra. Gime el nombre de Charlie como una oración. Charlie lo sigue, enterrando el rostro en su cuello, temblando.
Charlie jadeando, susurrando.
—Babe...Babe...
La Calma
Pasa el tiempo. La respiración de ambos se aquieta. Charlie desata el pañuelo con cuidado. Babe abre los ojos, vidriosos, satisfechos.
Charlie acariciando su mejilla.
—¿Estás bien?
Babe sonriendo débilmente.
—Estoy perfecto.
Charlie besando su frente, sus ojos, su nariz.
—Eres increíble.
Babe ríe suavemente.
—¿Todavía quieres qué te provoque?
Charlie sonríe, cansado pero feliz.
—Me matas, ¿lo sabes?
Babe acariciando su pecho.
—Pero te gusto.
Charlie lo abraza fuerte, pegándolo a su cuerpo.
—Me encantas.— Besa su cabello.— Y ahora, mi provocador, vas a dormir. Mañana te compro mil camisas.
Babe bostezando.
—No necesito mil. Solo necesito esto.
Charlie cierra los ojos, sonriendo.
—Pues esto es tuyo. Para siempre.
La noche los envuelve. Dos cuerpos entrelazados. Dos almas encontrándose.
El Supermercado
Supermercado amplio, limpio, con luces brillantes. Pasillos ordenados. Babe empuja el carrito mientras Charlie revisa su teléfono.
Llevan una semana de novios oficiales y la felicidad se nota en sus rostros.
Charlie besando la sien de Babe.
—Voy al baño. ¿Necesitas algo?
Babe sonriendo.
—No, tranquilo. Término de elegir la pasta y te espero.
Charlie guiñando un ojo.
—No te vayas a perder.
Babe ríe.
—En un supermercado. Claro.
Charlie se aleja. Babe se queda solo frente a la estantería de pastas, comparando marcas con una concentración casi cómica. No nota la figura que se acerca por detrás.
Sakda desde atrás, voz temblorosa.
—Babe.
Babe se tensa. Reconoce esa voz. Cierra los ojos un segundo, respira hondo, y luego continúa mirando las pastas como si nada.
Sakda acercándose.
—Babe, por favor. Mírame.
Babe ignora. Toma un paquete de spaghetti, lo examina, lo devuelve.
Sakda desesperado.
—Babe, sé que me escuchas. Necesito hablar contigo. Por favor.
Babe suspira, resignado. Finalmente se gira.
Su rostro es una máscara de cortesía vacía.
Babe frío.
—¿Qué quieres, Sakda?
Sakda lo mira como si hubiera visto un fantasma.
—Estás...estás igual. No, estás mejor. Más guapo.— Intenta una sonrisa.— Te ves bien.
Babe sin emoción.
—Gracias. Ahora, si no te importa, tengo que comprar.
Intenta girarse, pero Sakda pone una mano en el carrito.
Sakda apresurado.
—Espera. Por favor. Solo unos minutos.
Babe mirando la mano en el carrito, luego a Sakda.
—Suelta el carrito.
Sakda obedece, pero no se aparta.
—Babe, lo que pasó...yo...no sé ni por dónde empezar. Fui un idiota. Un estúpido. Lo sé.
Babe cruzando los brazos.
—Bien. Si ya lo sabes, ¿a qué viene esto?
Sakka dando un paso adelante.
—Por favor, Babe. Una oportunidad más. Solo una. Volvamos a empezar. Desde cero. Como si nada hubiera pasado.
Babe lo mira fijamente. Por un momento, sus ojos reflejan algo. Pero no es amor. Es lástima.
—¿Volver a empezar?
Sakda asintiendo con entusiasmo.
—Sí. Podemos hacerlo. Borrón y cuenta nueva. Yo sé que todavía me amas. Cinco años no se olvidan así nomás.
Babe lo observa. Luego, lentamente, una sonrisa aparece en sus labios. No es una sonrisa amable. Es filosamente irónica.
Bab con calma.
—Tengo novio, Sakda.
Sakda desconcertado.
—¿Qué?
Babe claramente lo repite.
—Tengo novio. ¿Recuerdas a Charlie? El del antro. El que me besaba mientras tú me mirabas con cara de idiota. Pues ese. Es mi novio.
Sakda negando con la cabeza.
—No...no puede ser. Solo ha pasado un mes. Tú no puedes...
Babe lo interrumpe.
—¿No puedo qué? ¿Ser feliz? ¿Seguir adelante?— Ríe sin humor.— Mira, Sakda, te lo voy a decir claro, porque veo que no lo entiendes. No te amo. Y aunque te amara, que no es el caso, no volvería contigo.
Sakda herido.
—¿Por qué?
Babe se acerca un paso. Su voz es baja, pero cada palabra es un latigazo.
—Porque dignidad me sobra. Y muchísima.
Sakda insistiendo.
—Pero cinco años, Babe. Cinco años no se borran así de fácil.
Babe ríe. Una risa amarga, cortante.
—¿No? Pues déjame decirte que sí. Se borran. Y tú lo hiciste posible.
Sakda tartamudeando.
—Yo...yo ya te expliqué...
Babe sin dejarlo hablar.
—¿Explicarme qué? ¿Qué estabas borracho? ¿Qué no significó nada?— Se acerca más.— Escúchame bien, Sakda. Te vi. Te vi follándote a la puta de tu amiga en el sofá donde me habías abrazado cientos de veces. Te oí gemir su nombre. Y al día siguiente…— Pausa, sus ojos brillan.— al día siguiente te vi tan tranquilo. Tan feliz. Tomando café con ella como si nada. Como si yo no existiera.
Sakda bajando la mirada.
—Babe, yo...
Babe implacable.
—¿Sabes qué es lo patético? Que ahora vienes aquí, a un supermercado, a pedirme otra oportunidad.— Lo mira de arriba abajo con desprecio.— Dime una cosa. ¿Qué pasó? ¿La puta esa te dejó? ¿Te aburriste de ella? ¿O solo querías follártela y luego, cuando se te cayó el teatro, volver conmigo como si nada?
Sakda negando.
—No, no es así...
Babe sonríe, cruel.
—¿Sabes qué creo? Creo que te das cuenta de lo que perdiste. Y ahora vienes a llorar. Pero llegas tarde, Sakda. Muy tarde.
Babe da media vuelta. Saca el teléfono y escribe un mensaje rápido.
Babe en voz baja, para sí.
“Esperame en el pasillo de lácteos. Un problema."
Empuja el carrito y se aleja. Sakda hace ademán de seguirlo.
El Enfrentamiento
Pasillo de lácteos. Babe se apoya en su carrito, respirando hondo. Aparece Charlie, caminando rápido, con el rostro serio.
Charlie llegando a su lado.
—¿Babe? ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
Babe asiente, tenso.
—Sí. Estoy bien. Solo...apareció Sakda.
Su expresión se endurece.
—¿Dónde?
Babe señalando.
—Allá. Ya lo encaré. Vámonos.
Charlie asiente, pero antes de que puedan moverse, Sakda aparece al final del pasillo.
Los ve juntos. Sus ojos se oscurecen. Camina hacia ellos con paso decidido.
Sakda ignorando a Charlie, mirando solo a Babe.
—Babe, no podemos dejarlo así. Necesito que me escuches.
Charlie se coloca frente a Babe, protegiéndolo con su cuerpo.
Charlie con voz baja, peligrosa.
—Ya te escuchó. Ya te respondió. La conversación terminó.
Sakda con arrogancia.
—Esto no es asunto tuyo. Babe y yo tenemos historia. Tú eres solo un pasatiempo.
Charlie sonríe. Pero es una sonrisa que no llega a sus ojos.
Charlie lo mira con tranquilidad.
—¿Un pasatiempo? Qué interesante.
Sakda intenta rodearlo para llegar a Babe.
Charlie pone una mano en su pecho, deteniéndolo.
Sakda enojado, apartando la mano.
—¡Quítame las manos de encima! Babe no te quiere. Solo está herido por lo que pasó. Pero va a volver a mí. Siempre vuelve.
Charlie lo mira. Luego, en un movimiento rápido y fluido, toma a Sakda del cuello y lo estampa contra la pared. Las botellas en los estantes tintinean. Sakda jadea, sorprendido.
Charlie acercando su rostro al de Sakda, con una calma aterradora.
—¿En serio crees eso?
Sakda forcejeando.
—¡Suéltame!
Charlie aprieta ligeramente.
—No. Ahora vas a escucharme con atención.
Sakda deja de forcejear. Hay algo en los ojos de Charlie que le hiela la sangre.
Charlie con voz baja, controlada.
—Pobre iluso. ¿De verdad piensas qué Babe va a volver contigo? Dime una cosa…— Inclina la cabeza.— ¿Qué quieres de él exactamente? Ya te dio el paso libre, ¿no es asi? Con la puta esa. Con la que te follaste.
Sakda intentando hablar.
—Ella no es...
Charlie lo interrumpe, apretando más.
—No me importa lo que sea. Babe está conmigo ahora. Y está bien. Más que bien.— Sonríe, satisfecho.— Disfruto tenerlo en mi cama todos los días. Y créeme, lo disfruta él también.
Sakda cierra los ojos, herido.
Charlie continúa.
—Babe ya pasó página. Es feliz conmigo. Y yo soy feliz con él.— Pausa.— ¿Sabes qué no entiendo?
Sakda con voz ahogada.
—¿Qué?
Charlie suelta un poco la presión.
—¿Cómo pudiste traicionar a una belleza como Babe? ¿Cómo pudiste mirarlo a los ojos durante cinco años y luego tirarlo todo por una cualquiera?— Niega con la cabeza.— Pero, en cierto modo, te lo agradezco.
Sakda confundido.
—¿Agradecerme?
Charlie sonríe, cruel.
—Claro. Sin tu estupidez, Babe no estaría conmigo. Así que gracias. Gracias por ser tan imbécil.
Sakda furioso, intentando liberarse.
—¡Hijo de puta!
Charlie lo sacude contra la pared.
—Quieto. No he terminado.
Sakda se queda quieto. Charlie acerca su boca a su oído.
Charlie con un susurro helado.
—Escúchame bien. No vuelvas a acercarte a Babe. Nunca. Si lo haces, si vuelves a aparecer, si intentas siquiera mirarlo…— Pausa.— acabaré contigo. No es una amenaza. Es una promesa.
Sakda temblando.
—No puedes...
Charlie se separa, lo mira a los ojos.
—¿No puedo qué? ¿Impedir qué un acosador se acerque a mi novio? Claro que puedo. Y lo haré.
Charlie lo suelta. Sakda se tambalea, llevándose las manos al cuello.
Charlie ajustándose los puños de la camisa, impecable.
—Ahora, vete. Ve y sigue follando a la perra de tu amiga. Se te da bien hacerlo. Es lo único que sabes hacer.
Sakda lo mira con odio, pero no dice nada.
Sabe que ha perdido. Mira a Babe, que ha observado toda la escena con una mezcla de sorpresa y satisfacción.
Babe desde atrás, con voz fría.
—Adiós, Sakda.
Sakda baja la mirada y se aleja, tambaleándose. Desaparece entre los pasillos.
Charlie se gira hacia Babe. Su expresión se suaviza instantáneamente.
Charlie acercándose, acariciando su rostro.
—¿Estás bien?
Babe asiente, con los ojos brillantes.
—Estoy perfecto.
Charlie preocupado.
—¿Seguro? Si quieres nos vamos...
Babe niega con la cabeza.
—No. No voy a dejar que él arruine mi día.— Sonríe.— Además, todavía nos falta el vino para la cena.
Charlie ríe, aliviado.
—Ese es mi Babe.
Charlie lo abraza fuerte. Babe entierra el rostro en su pecho.
Babe ahogado contra su camisa.
—Gracias.
Charlie besa su cabello.
—¿Por qué?
Babe levanta la cabeza.
—Por defenderme. Por estar aquí.
Charlie lo mira a los ojos.
—Siempre. Siempre voy a estar aquí.
Se besan. Un beso suave, tranquilo, dueño del momento. Alguien pasa con un carrito y sonríe al verlos. Ellos no notan nada.
Charlie separándose.
—Vamos. Terminemos la compra. Y luego…— Le guiña un ojo.— te llevo a casa y te como a besos.
Babe riendo.
—¿Solo a besos?
Charlie tomando el carrito, pasando un brazo por su cintura.
—Eso depende de ti.
Se alejan juntos, dejando atrás el pasillo, el supermercado, y los fantasmas del pasado.
Babe apoya la cabeza en el hombro de Charlie. Charlie besa su sien. Sonríen.
El Almuerzo
Cocina de la mansión. La mesa está puesta con mantel blanco, velas encendidas a pesar de ser de día. Una botella de vino tinto a medio consumir. Platos con restos de pasta, ensalada, pan.
Babe y Charlie están sentados frente a frente.
La conversación fluye entre risas, miradas cómplices y roces casuales.
Babe riendo, con la copa en la mano.
—¿Y luego qué hiciste? ¿En serio le dijiste eso al inversionista?
Charlie asintiendo, divertido.
—Claro. El tipo quería comprar la empresa por ese precio. Le dije: "Mire, señor, si quiere regalos, vaya a una tienda de souvenirs".— Ríe.— Casi se ahoga con su whisky.
Babe sacudiendo la cabeza.
—Eres terrible. ¿Y cerraron el trato?
Charlie guiñando un ojo.
—Al final sí. Pero con mis condiciones.— Toma su copa.— Nunca se debe negociar con hambre. Ni con miedo.
Babe apoyando la mejilla en la mano, mirándolo con admiración.
—Eres increíble.
Charlie baja la copa, sostiene su mirada.
—Tú eres increíble. Yo solo hago mi trabajo.
Babe sonrojándose.
—No digas eso.
Charlie se levanta, rodea la mesa y se sienta en la silla junto a él.
—Digo la verdad.— e acaricia la mejilla.— ¿Sabes qué es lo mejor de mi día?
Babe tragando saliva.
—¿Qué?
Charlie acercándose.
—Llegar a casa y verte. Así de simple.
Babe sonríe, tímido. Charlie lo besa suavemente. Saben a vino, a comida, a hogar.
Babe separándose.
—Terminemos de comer. Después…— Levanta una ceja, sugerente.
Charlie ríe, ronco.
—Después, lo que tú quieras.
Los platos están apilados cerca del fregadero.
Charlie lava, Babe seca y guarda. La luz de la tarde entra por los ventanales.
Charlie frotando una olla.
—¿Sabes qué nunca había lavado los platos con alguien?
Babe secando un plato.
—¿En serio? ¿Ni de niño?
Charlie negando.
—En mi familia había personal para eso.— Sonríe.— Pero contigo...es diferente. Me gusta.
Babe dejando el plato, acercándose.
—¿Te gusta fregar platos conmigo?
Charlie dejando la olla, secándose las manos.
—Me gusta todo contigo.
Babe se acerca más. Rodea el cuello de Charlie con sus brazos. Charlie apoya las manos en su cintura, automáticamente.
Babe mirándolo a los ojos, con una sonrisa juguetona.
—¿Sabes qué más me gusta?
Charlie arqueando una ceja.
—¿Qué?
Babe mordiendo su labio inferior.
—Tú.
Charlie sonriendo.
—Eso ya lo sé.
Babe se pone de puntillas, acerca sus labios a su oído.
—Pero no me refería solo a eso.— Susurra.— ¿No me vas a hacer el amor, Cachorro?
Charlie se tensa. Sus manos aprietan la cintura de Babe. Su respiración cambia.
Charlie con voz grave.
—¿Sabes lo qué pasa cuando me llamas así?
Babe con inocencia falsa.
—¿Qué pasa?
Charlie lo levanta como si no pesara nada.
—Pasa esto.
Lo sienta en la mesada de mármol. Babe jadea sorprendido, pero ríe.
Babe con los brazos aún en su cuello.
—¿Aquí? ¿En la cocina?
Charlie abriendo sus piernas, colocándose entre ellas.
—Aquí. Ahora.— Muerde su labio inferior.— Te advertí que no me provocaras.
Babe jadeando.
—¿Y si me gusta provocarte?
Charlie sonríe, peligroso.
—Entonces vas a recibir las consecuencias.
Charlie tirando de su camisa.
—Esto sobra.
La camisa de Babe vuela por los aires.
Charlie baja la cabeza y besa su pecho, su estómago, mordiendo aquí y allá. Babe arquea la espalda, aferrándose a sus hombros.
Babe jadeante.
—Charlie...
Charlie contra su piel.
—¿Qué?
Babe sin aliento.
—Te amo.
Charlie se detiene, lo mira.
—¿Qué dijiste?
Babe sonrojado, pero firme.
—Te amoo. ¿Está mal decirlo?
Charlie sonríe, con ternura y lujuria a la vez.
—No. No está mal.— Lo besa.— Yo también te amo. Pero ahora…— Muerde su hombro.— me vas a dejar demostrártelo.
Charlie baja, desabrocha el pantalón de Babe y tira de él. Babe queda en ropa interior sobre la mesada. La piedra está fría contra su piel caliente.
Babe temblando.
—Charlie...
Charlie acariciando sus muslos.
—¿Sientes el frío?
Babe asiente.
—Sí.
Charlie sonríe.
—Yo te voy a calentar.
Charlie se quita la camisa de un tirón. Luego baja su propio pantalón. Babe lo mira, devorándolo con los ojos.
Charlie colocándose entre sus piernas otra vez.
—¿Lo quieres?
Babe desesperado.
—Sí. Por favor.
Charlie acariciando su rostro.
—¿Cuánto?
Babe con los ojos brillantes.
—Tanto que duele.
Charlie satisfecho.
—Bien. Porque yo también.
Charlie no espera más. Entra en él con una sola embestida. Babe grita, aferrándose a sus hombros, arañando su espalda.
Charlie gruñendo.
—¿Sientes? ¿Sientes cómo te lleno?
Babe apenas puede hablar.
—Sí...sí...
Sus movimientos profundos, brutales.
—Esto es mío. Tú eres mío.
Babe con lágrimas en los ojos.
—Tuyo...solo tuyo...
Charlie lo besa con furia, devorando su boca.
El ritmo se acelera. La mesada cruje. Los platos olvidados esperan. Nada importa excepto ellos dos.
Charlie contra su cuello.
—Te voy a marcar. Te voy a hacer mío de todas las formas posibles.
Babe gimiendo.
—Hazlo...por favor...hazlo...
Charlie muerde su cuello, chupa, deja marcas. Babe gime más fuerte. Sus cuerpos chocan una y otra vez.
Charlie jadeando.
—¿Vas a venirte?
Babe asintiendo frenéticamente.
—Sí...sí, Charlie...
Charlie apretando su cadera.
—Conmigo. Ahora.
Babe se quiebra. Grita su nombre. Charlie lo sigue, enterrando el rostro en su cuello, temblando.
Pasa el tiempo. La respiración de ambos se aquieta. Charlie sigue dentro de él, abrazándolo. Babe tiembla ligeramente.
Charlie susurrando, besando su hombro.
—¿Estás bien?
Babe ríe débilmente.
—Estoy...destrozado.
Charlie se separa con cuidado, lo baja de la mesada. Babe se sostiene en él, las piernas le tiemblan.
—Ven.
Lo lleva en brazos hasta una silla, lo sienta.
Luego busca una toalla, la moja con agua tibia y comienza a limpiarlo con ternura.
Babe mirándolo.
—¿Siempre eres así?
Charlie concentrado en limpiarlo.
—¿Así cómo?
Babe sonriendo.
—Violento y tierno a la vez.
Charlie levanta la vista, sonríe.
—Solo contigo.— Besa su rodilla.— Solo para ti.
Babe acariciando su cabello.
—Te amo, Cachorro.
Charlie apoya la mejilla en su muslo.
—Yo también te amo. Más de lo que crees.
El silencio es cálido. La tarde avanza. En la cocina, dos hombres se miran y sonríen. El amor, a veces, también sabe a violencia consentida.
¡FIN!
Dedicado a @Edith36627 la idea que me habías pedido…Espero te guste…