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1. Ese sentimiento extraterrestre | NOMIN

Summary

Desterrado por sus padres al tercer planeta en el Sistema Sol, el príncipe Jaemin’ngh’chaali, del Segundo Gran Clan, está completamente fascinado por sus habitantes. Asumiendo su nombre humano «Jaemin», trata de hacerse pasar por un humano para sobrevivir. Pero ser un ser humano es mucho más difícil de lo que Jaemin habría imaginado. Los humanos son taaan confusos… Lee Jeno no está buscando el amor. Financieramente seguro y físicamente atractivo, está en un buen punto de su vida. De verdad que no quiere enamorarse, mucho menos del chico peculiar que trabaja en la cafetería frente a su oficina. Jaemin es ridículo, ridículo y ridículamente entrañable. Lleva camisetas horribles y flores en su pelo, y siempre parece tener una palabra amable para todos. Jeno no quiere enamorarse, pero lo hace. Tan duro y rápido que hasta resulta hasta vergonzoso… Poco sabe que Jaemin no es lo que parece, y que cualquier cosa entre ellos es imposible.

Genre
Lgbtq
Author
.
Status
Complete
Chapters
29
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1

A Jaemin le encantaban los humanos. Todo sobre ellos era fascinante. Incluso sus nombres eran refrescantemente cortos en comparación a los que usaban ellos en casa.

Como el nombre de Jaemin, por ejemplo. Bueno, Jaemin no era su verdadero nombre, al menos no del todo. Su verdadero nombre era muy difícil de pronunciar para los humanos. Los músculos de sus lenguas eran limitados en ciertos tipos de articulación fonética, como lo era la que se necesitaba para poder hablar la lengua materna de Jaemin.

A Jaemin le gustaba su nombre humano más que el verdadero, de todas formas. «Jaemin» era lo bastante cercano, al ser una abreviación, y sonaba tan bonito e inusual… Era incapaz de no sonreír cada vez que alguien se dirigía a él con este.

Los humanos tendían a mirarlo de forma extraña cuando los miraba alegremente, pero no le importaba. Había leído en Internet que estaba bien ser extraño y peculiar siempre y cuando uno no fuera demasiado extraño ni demasiado peculiar. Ojalá que no lo fuera.

—Uh, amigo. ¿Vas a sonreírme todo el día o me darás por fin mi dinero?

Arrancado de sus pensamientos, Jaemin sonrió serenamente al gran hombre rosado frente a él, que lo miraba con el ceño fruncido. (Jaemin no entendía por qué los humanos llamaban a los rosados “blancos” y a los marrones “negros”. ¿Los humanos eran ciegos al color? ¿Por qué importaba tanto el color de la piel? ¿No eran las personas solo personas? Los humanos eran tan confusos…).

—Claro, amigo —dijo Jaemin, imitando la forma en la que lo había llamado el hombre. Su investigación decía que los humanos respondían positivamente al imitar su comportamiento. Jaemin era muy bueno en eso. Además, le gustaba más el acento que usaba el cliente.

El ceño fruncido del hombre se profundizó. Miró a Jaemin con extrañeza.

—¿Te estás burlando de mí? —Chasqueó los nudillos por alguna razón.

—¿No? —preguntó Jaemin, confundido, dándole su cambio.

El hombre lo fulminó con la mirada, agarró su café, su cambio, y se fue, dejando tras de sí la campana de la puerta tintineando.

Jaemin trabajaba en este pequeño lugar, Star Coffee. Se había enamorado de él nada más verlo. Dejando de lado el nombre tan apropiado, era tranquilo y encantador, y también el único establecimiento que parecía estar dispuesto a contratarlo.

Al poco de llegar, Jaemin había descubierto que para sobrevivir en este planeta necesitaba dinero, y la forma más fácil de ganar dinero era trabajando. Desafortunadamente, también había descubierto que, para un hombre joven sin estudios, las opciones de trabajo eran muy limitadas.

Jaemin todavía estaba un poco enfadado con sus padres por darle solo documentos de identificación falsos con el nombre que había elegido, y una pequeña cantidad de dinero humano antes de abandonarlo en una ciudad llamada Seúl hacía dos meses.

—Te enseñaré una lección —le habían dicho—. Te hemos echado a perder demasiado. Tal vez la experiencia por fin te haga crecer.

Jaemin había estado secretamente complacido en ese momento. Si sus padres pensaban que eso era un castigo, no lo conocían en absoluto. Siempre había soñado con salir de su planeta y ver el universo. Los humanos, o los terranos, como los llamaban en casa, siempre lo habían fascinado. Su sociedad todavía no había alcanzado el nivel tecnológico y cultural requerido para el contacto, pero no pasaría mucho tiempo. Quizá mil años a lo sumo, a menos que los humanos se destruyeran a sí mismos antes de eso.

Por ahora, la Tierra se usaba solo para viajes cortos y educativos, o cuando los padres querían castigar a sus hijos por hacer cosas malas como leer las mentes de otras personas sin su permiso (Jaemin les había dicho a sus padres que no quiso hacerlo, pero, lamentablemente, nadie le creyó).

De todas formas, tener un trabajo real y humano era fascinante. A Jaemin no le importaba trabajar en Star Coffee. Su jefe accedió amablemente a darle su salario en efectivo, y a Jaemin ni siquiera le importó que pareciera ganar menos que los otros empleados. Se enorgullecía de la pequeña pila de dinero humano que recibía cada mes. Ya no había dinero físico en Calluvia, no lo había habido durante unos pocos miles de años. Trabajar en la cafetería le convenía mucho; era un trabajo que no era sospechoso para un joven humano de dieciocho años. Esa era su edad según sus documentos falsos, pero, en realidad, Jaemin no tenía dieciocho años; tenía veintitrés años en los años de Calluvia, pero como el año en Calluvia era más corto que un año en la Tierra, probablemente tenía alrededor de dieciocho o diecinueve de los de los Terran. Jaemin no estaba seguro; las matemáticas nunca habían sido su punto más fuerte.

—Hola.

Desgarrado de su mente una vez más, Jaemin miró al siguiente cliente. Era un hombre joven con un traje oscuro. Su piel no era tan rosada como la del hombre anterior. Era más bien dorada que rosa. Tenía los ojos oscuros, muy bonitos. A Jaemin le gustaban los ojos oscuros. Eran muy raros en Calluvia, a diferencia de los suyos de color violeta.

—Hola —saludó, mostrando al humano una sonrisa amistosa. Había aprendido que los humanos le daban propinas más grandes cuando hacía eso. Jaemin se sentía un poco mal por explotarlo de aquella forma, pero un hombre tiene que comer, como decían los humanos.

El humano le devolvió la sonrisa, entregándole un billete.

—Un capuccino, por favor.

Cuando Jaemin volvió con su café, el hombre añadió:

—Gracias, Jaemin.

—¡Oh! —exclamó Jaemin, sonriendo con sorpresa—. ¿Cómo sabes mi nombre?

El humano frunció el ceño.

—Lo pone en tu tarjeta de identificación.

—Oh —repitió Jaemin, sonrojándose. Qué vergüenza.

La sonrisa del hombre se ensanchó, con algo que le pareció diversión brillando en sus ojos oscuros. Jaemin quería saber tan mal qué era lo que estaba pensando el humano, que tuvo que hundir las uñas en las palmas de sus manos para distraerse.Mal, mal, Jaemin, se regañó a sí mismo. A sus padres no les haría ninguna gracia si descubrieran que explotaba su telepatía nuevamente. (Jaemin nunca tuvo malas intenciones… Simplemente tenía una mente curiosa).

—Quédate el cambio, amor —dijo el hombre.

Jaemin decidió que le gustaba ese humano. Le agradaban todos los humanos, en realidad. Pero ese era muy agradable. Tal vez podría ser un buen amigo.

Su corazón dio un salto ante el pensamiento. Había querido hacer amigos desde su llegada, pero en las primeras semanas no se había sentido con la confianza suficiente en su capacidad como para atreverse. Tal vez era hora de intentarlo. Jaemin estaba ya seguro de que era un humano muy convincente. Claro, la gente solía pensar que era extraño. Pero nadie sospechaba nunca la verdad.

—¿Cómo te llamas? —preguntó con entusiasmo.

Las cejas oscuras del humano se alzaron un poco.

—Jeno —dijo.

—¿De verdad? —preguntó Jaemin, contento de saber algo sobre el nombre, así no habría silencios incómodos en la conversación—. ¡Así se llamaba el primer humano! (NA:En el texto original, el personaje se llama Adam)

Jeno lo miró fijamente y Jaemin se desinfló un poco. ¿Se había equivocado?

—Sí —dijo Jeno después de unos segundos—. Algo así.

Aliviado, Jaemin sonrió más brillantemente.

—¿Ya has encontrado a tu Eva?

Jeno parpadeó y ladeó la cabeza hacia un lado, mirándolo.

—No exactamente —dijo al fin—. No me balanceo de esa manera, me temo.

Jaemin frunció el ceño, confundido una vez más. Su chip de traducción debía estar funcionando mal. Jeno no parecía asustado, y Jaemin no entendía qué tenía que ver un balanceo con el estado sentimental de Jeno.

—¿Balancearte de esa manera? —preguntó, esperando que su confusión no pareciera tan rara.

—¿Eres extranjero? —preguntó Jeno, riendo suavemente.

Jaemin asintió, contento de que hubiera una explicación lógica a su ignorancia.

—Es raro —comentó Jeno—, no tienes acento.

—Soy muy bueno en eso de los acentos —dijo Jaemin con sinceridad.

Su chip de traducción solo no podía llevarlo tan lejos. No ayudaba mucho ni con acentos ni con la jerga.

—Entonces, ¿qué quisiste decir?

—Quiero decir que no me gustan las mujeres de esa manera. Me temo que no hay una Eva para mí.

—Oh —suspiró Jaemin. Cuando Jeno empezó a fruncir el ceño, sonrió—. ¡Eso es genial! ¡Nunca había conocido a una persona homosexual en toda mi vida!

—Lo dudo. Probablemente lo hayas hecho, simplemente no te diste cuenta. Nos parecemos a los heterosexuales, tan desconsiderados de nosotros.

Jeno lo había dicho seriamente, pero no engañó a Jaemin. Él hizo un puchero.

—Sí, búrlate de un extranjero que lucha con tu cultura e idioma.

Jeno se rio, golpeando ligeramente a Jaemin en la nariz.

—Lo siento, no pude resistirme. Eres adorable, niño.

Jaemin arrugó la nariz.

—No soy un niño. Tengo ve-dieciocho años.

—Bueno, yo tengo veintiséis años —dijo Jeno, mirando su reloj—, y me tengo que ir.

Jaemin frunció el ceño.

—¿Ya?

No fue capaz de ocultar su decepción. Jeno sonrió.

—¿Estás decepcionado?

—Sí —dijo Jaemin.

Jeno se rio entre dientes.

—Mi hora del almuerzo está a punto de terminar.

—¿Cuál es tu trabajo?

—Soy analista financiero en el banco al otro lado de la calle —dijo Jeno, con una sonrisa que hizo que Jaemin sospechara que se estaba burlando.

—Eso suena interesante —dijo Jaemin.

—En realidad no —contestó Jeno—. Pero pagan bien, y supongo que no puedo quejarme. Realmente me tengo que ir. Fue un placer conocerte, Jaemin.

—Igualmente —dijo Jaemin con seriedad—. ¡Ven aquí de nuevo!

—Lo haré —dijo Jeno, antes de estirarse y tocar la flor escondida tras una de las orejas de Jaemin—. Sabes, en cualquier otro tipo esto se vería raro, pero a ti te queda bien.

—¡Gracias! —Le gustaba la forma en la que la flor morada se veía en su cabello castaño. Casi hacía que sus ojos parecieran morados.

Jaemin observó un poco triste a Jeno tomarse su café y luego marcharse. Esperaba que no fuera la última vez que lo viera.

Jeno regresó a la cafetería dos días más tarde. No estaba solo esa vez.

Jaemin los miró con curiosidad, mientras Jeno y su compañero hablaban, bebiendo sus bebidas. Él no había sido el que los había atendido, Giselle lo había hecho mientras él estaba en un descanso, y ahora Jaemin simplemente se tambaleaba. ¿Debería ir a decir hola? Jeno no había mirado en su dirección ni una sola vez. Tal vez ya y ni se acordaba de él.

—¿Qué pasa con esa cara tan triste Nana?

Nana. Los apodos humanos eran fascinantes.

Jaemin le contó sobre su dilema.

—¿Debo ir a saludarle?

Giselle volvió a mirar a la pareja.

—Mejor no. Tal vez estén en una cita.

—¿Una cita?

Giselle se encogió de hombros.

—Los dos son calientes, y me parecen bastante amistosos.

Desconcertado, Jaemin volvió su mirada a Jeno y a su acompañante. Parecían bastante amistosos, sí. El compañero de Jeno era un joven de piel clara, con el tipo de cara que Jaemin sabía que se consideraba hermosa. Pero Jaemin no estaba seguro del atractivo de un hombre de la forma en la que los humanos lo sabrían. A veces, las diferencias entre sus especies eran muy frustrantes.

—¿Crees que la cita de Jeno es atractiva?

Jeno era su amigo (con suerte). Jaemin quería que fuera feliz.

Giselle volvió a encogerse de hombros.

—Es muy guapo. Aunque, en mi opinión, tu Jeno está fuera de su alcance.

Jaemin sonrió. ¡Sabía lo que significaba esa expresión!

—¿Eso crees? —preguntó, tratando de mirar a Jeno objetivamente. Pero fue tan difícil. La sexualidad de los calluvian era muy diferente a la de los humanos. La sexualidad humana más cercana en la que podía pensar era la demisexualidad, y eso tampoco era del todo exacto. Hasta que el vínculo de la infancia de Jaemin con su prometida se convirtiera en un vínculo matrimonial cuando cumpliera veinticinco años en dos años, su deseo sexual no existiría. E incluso entonces solo se sentiría atraído por su compañera de unión.

Bueno, existían susurros de que a veces las personas tenían relaciones sexuales sin un vínculo, pero Jaemin pensaba que eso era absurdo. Todos sabían que tu compañero te completaba, y que el enlace telepático hacía que el sexo fuera perfecto. Los calluvian habían estado practicando los vínculos matrimoniales durante miles de años. Estaba demostrado científicamente que un vínculo era superior a la forma en que se habían hecho las cosas en el pasado. Todos los niños de Calluvia estaban vinculados telepáticamente a otro y crecían conociendo a su compañero desde una edad muy temprana. Jaemin siempre había pensado que era muy inteligente.

Pero ahora se presentaba un problema, porque debido a eso, Jaemin no podía ver a los humanos como lo hacían los otros humanos. Podía ver a Jeno; su figura esbelta, cabello negro y sus ojos oscuros. Era estéticamente agradable a la vista, pero no podía juzgar adecuadamente su atractivo sexual. Diablos, Jaemin ni siquiera sabía qué era el sexo, o mejor dicho, lo sabía, pero solo en teoría.

—Sí, está buenísimo —dijo Giselle, con un suspiro de ensueño—. Mira esa mandíbula, esos ojos… Mmm… Delicioso.

Jaemin se echó a reír. En momentos como ese, estaba tan contento de que no podía hacer el ridículo por cosas como la lujuria. Le parecía tan vergonzoso.

Su risa hizo que Jeno volviera la cabeza. Jeno le asintió con una sonrisa y Jaemin lo saludó alegremente. La sonrisa de Jeno se ensanchó, volviéndose divertida y… algo más. Le dijo algo a su compañero y se dirigió al mostrador.

—Eh, Jaemin —saludó, inclinándose contra el mostrador. Jaemin se preocuparía por su traje inmaculado, pero sabía que el mostrador estaba impecablemente limpio. Lo había limpiado él mismo.

—¡Hola! —saludó Jaemin—. ¿Cómo va tu cita?

Jeno resopló.

—Chenle no es una cita. Es mi amigo y compañero de trabajo. ¿Crees que soy una cita tan barata que llevaría a mi cita a una cafetería como esta?

—Hey —se quejó Jaemin, con un puchero.

Jeno sonrió.

—Solo bromeo, bebé. Este es un establecimiento de primera clase. Cualquiera se sentiría honrado siendo traído aquí en una cita.

Jaemin asintió, dándole la razón.

—Exactamente. — Bebé. Jeno lo había llamado bebé. Fue un poco raro, porque no era un bebé, pero Jaemin ya sabía que los humanos a menudo no querían decir las cosas en el sentido literal. Bebé. Decidió que le gustaba que lo llamaran «Bebé».

Recordando que se suponía que estaba trabajando, dijo:

—¿Querías algo?

—En realidad, no —dijo Jeno, mirando a su amigo, quien los observaba a ambos con las cejas levantadas—. Solo he venido a saludarte.

Jaemin sonrió.

—Hola a ti también. He estado pensando en ti, realidad, preguntándome si vendrías otra vez. Me gustas mucho y esperaba que pudiéramos ser amigos.

Jeno lo miró por un momento.

—No tienes un hueso tímido en tu cuerpo, ¿verdad? —murmuró, sacudiendo la cabeza. Aunque sus ojos estaban sonriendo—. Está bien, dame tu número de teléfono, te daré el mío.

Jaemin se desinfló.

—No tengo teléfono —admitió en voz baja. Incluso él sabía lo inusual y extraño que era la falta de un teléfono móvil para un humano.

Jeno parpadeó.

—¿De verdad?

Ming asintió. Supuso que podría mentir y decirle a Jeno que había perdido su teléfono, pero odiaba mentir, y además, no era muy bueno en ello.

—Realmente no conozco a mucha gente en este país, así que nunca necesité comprar uno. —Jaemin se encogió de hombros, con una sonrisa avergonzada—. De todos modos, no tengo dinero para hacerlo.

Jeno frunció el ceño.

—¿Eres huérfano?

—¡No! —dijo Jaemin rápidamente. Solo pensar en la muerte de sus padres lo molestaba un montón—. Mis padres están en casa. Y normalmente son muy comprensivos, es solo que… —se mordió el labio—. Hice algo malo y se enfadaron conmigo. Dijeron que debería aprender a ser un adulto responsable, por lo que me desterraron. No me mires así. Es solo temporal; ellos lo superarán, me aman. Soy su hijo menor, el bebé de la familia.

Sonriendo, Jeno le pellizcó la mejilla.

—Eso puedo creerlo.

Sin pensarlo, Jaemin le tocó la mano…

Eres la cosa más entrañable que he conocido.

Oh, no.

Jaemin realmente no quiso hacerlo. De verdad que no. Simplemente olvidó que los humanos, como especies no telepáticas, estaban completamente desprotegidos contra la telepatía táctil, la forma más simple de telepatía que podía ser bloqueada por un escudo mental básico, que incluso los niños dominaban fácilmente en casa.

No tenía derecho a violar la privacidad de los humanos al espiar sus pensamientos. Sus padres estarían muy enfadados con él si se enteraban.

—Lo siento —dijo Jaemin, retirando los dedos y haciéndolos girar detrás de su espalda. Sin embargo, no pudo evitar sentirse complacido de que Jeno pensara que era entrañable. Significaba que eran amigos, ¿verdad?—. De todos modos —dijo, ignorando la extraña mirada que Jeno le estaba dando—. Si no estás saliendo con Chenle, ¿dónde está tu otra mitad?

Jeno dijo:

—En ninguna parte. Estoy casado con mi trabajo, me temo.

—Eso es… terrible —dijo Jaemin, triste en su lugar. Sabía que los humanos eran seres sociales—. Todos necesitan un fuerte vínculo emocional.

Jeno clavó en él una mirada divertida.

—Pareces mi abuela. ¿Y cuántos vínculos emocionales has tenido tú, oh, sabio?

—Te estás burlando de mí —se quejó Jaemin, con un puchero—. Te hago saber que ya conozco a la persona con la que voy a estar para el resto de mi vida.

La divertida sonrisa de Jeno se esfumó.

—Esa es una declaración muy seria para ser un joven de dieciocho años —dijo después de un momento—. ¿Y quién es la afortunada?

—Su nombre es… —Jaemin dudó por un momento. Odiaba mentir, pero no había forma de que pudiera darle a Jeno el verdadero nombre de su compañera de unión, por la misma razón por la que no podía decirle el suyo. Así que eligió un nombre que sonaba lo suficientemente cerca en su idioma terrano—. Su nombre es Karina. Nos conocemos prácticamente desde que nacimos.

—Guau —dijo Jeno, con una arruga apareciendo en su frente—. ¿Y la amas tanto que estás seguro de que estarás con ella toda tu vida?

Jaemin reprimió un suspiro. Era muy difícil explicar cómo funcionaba el vínculo a un humano.

—Compartimos un vínculo especial —dijo Jaemin tentativamente. Lo hicieron. Él y su compañera habían estado vinculados desde que tenían dos años—. Ella siempre está en mis pensamientos y yo estoy en los de ella. —Jaemin sonrió, contento de no haber mentido ni una sola vez hasta ese momento. Tenían una conexión telepática, aunque él no podía sentirla en la Tierra debido a la distancia física entre ambos—. Estamos comprometidos, y… nos casaremos en dos años —agregó, orgulloso de haber encontrado equivalentes humanos al estado de su vínculo.

Jeno sonrió débilmente.

—Eso es muy joven para casarse.

Jaemin se encogió de hombros.

—No realmente. Esa es la edad a la que las personas se casan en casa.

—¿Y dónde está esa casa? —preguntó Jeno—. No me has dicho de dónde eres.

Jaemin se quedó helado por un momento, antes de recordar el consejo que su mejor amigo le había dado:

—Si te preguntan, solo dile a los terranos que eres un extraterrestre. Nunca te creerán y solo pensarán que estás siendo gracioso.

Jaemin dijo, en tono de conversación:

—En realidad, soy un extraterrestre del sistema estelar en la constelación de Sagitario.

—Ah —dijo Jeno con una sonrisa—. Eso explica tus espeluznantes ojos alienígenas.

—¿Qué? ¿Qué pasa con mis ojos?

Jeno le lanzó una mirada extraña.

—Son de color violeta oscuro, Jaemin. Seguramente te hayas dado cuenta de que es bastante inusual.

Las esquinas de la boca de Jaemin se giraron hacia abajo. ¿Por qué nadie le había dicho que sus ojos no eran muy humanos? Podría haber usado lentillas de colores. Había visto un anuncio en la televisión.

—Oye —lo llamó Jeno, levantando su cara con un pulgar. Él estaba frunciendo el ceño—. ¿Estás molesto? No seas tonto. Tus ojos son preciosos. Inusuales, pero preciosos.

Jaemin le sonrió, sonrojándose.

—¡Eres tan amable conmigo! Me gustas mucho. ¿Te gustaría ser mi amigo? Me encantaría tenerte como amigo.

Jeno se rio entre dientes.

—¿Cómo eres siquiera real? —murmuró, pasando el pulgar por su mejilla—. Sí, me encantaría ser tu amigo, amor.

Jaemin sonrió, con el calor y la felicidad llenando su pecho mientras miraba los brillantes ojos oscuros de Jeno. Echaba tanto de menos esto, tener una conexión con otra persona. Puede que no fuera telepática, como estaba acostumbrado, pero se sintió bien. Por primera vez desde que llegó a la Tierra, Jaemin se permitió admitirse a sí mismo que había estado un poco solo aquí. Solo un poco. Pero ya no más.

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