Capítulo 1
Vendida al Magnate
CAPÍTULO 1: EL PACTO DE LOS DEMONIOS
El humo de un habano premium flotaba densamente en el despacho privado de Maximiliano Vane, en el último piso de la torre de cristal que dominaba el horizonte de Londres. Frente a él, Leandro Thorne sostenía una copa de cristal con un whisky que costaba más que el salario anual de cualquier empleado medio. El silencio en la habitación era pesado, solo interrumpido por el siseo del aire acondicionado y el lejano rumor de la ciudad a sus pies.
—Maximiliano, seamos pragmáticos —dijo Leandro, reclinándose en el sillón de cuero con una sonrisa de absoluta suficiencia—. Mi energía alimenta tus servidores; tu tecnología optimiza mis plantas eléctricas. Separados somos gigantes, pero juntos... juntos seremos dueños de Londres. No habrá contrato que no pase por nuestras manos.
Maximiliano observó a su interlocutor a través de sus propios anteojos de diseño. Este hombre es un buitre, pensó, pero es un buitre con las garras llenas de oro. Necesito su monopolio energético para que mis desarrollos de IA no tengan límites.
—El contrato de fusión es sólido, Leandro. Pero los papeles son solo papel. Necesito una garantía que selle esta alianza para siempre, sin posibilidad de marcha atrás —respondió Maximiliano con voz de acero—. Necesito un vínculo que convierta nuestras empresas en un solo legado familiar.
Leandro soltó una carcajada seca, aunque sus ojos permanecían fríos. Sabía exactamente a dónde iba esto.
—Hablas de un matrimonio. Mi hija, Sera, es... —hizo una pausa, fingiendo un afecto paternal que le resultó natural tras años de práctica— ...mi tesoro más preciado. Es pura, delicada. No la entregaría a cualquiera.
Mientes tan bien que hasta el diablo te envidiaría, se dijo Leandro a sí mismo. No es más que una pieza de ajedrez; una herramienta que por fin pagará su deuda de existencia. El desecho de mujer que mi esposa dejó atrás por fin tiene un precio.
—Mi hijo Silas —interrumpió Maximiliano— es el heredero perfecto. Inteligente e implacable.
—Silas es quien quiero que tome las riendas —confesó Leandro con una sinceridad oscura—. No dejaré mi imperio en manos de una mujer. Al casarlos, Silas se convierte en mi heredero legítimo. Pero este pacto no admite errores, Maximiliano. No habrá divorcios, no habrá salidas. Este matrimonio será de por vida; la única forma de que este imperio no se fragmente jamás.
—Hagámoslo —sentenció Maximiliano, extendiendo el documento—. Boda inmediata y unión perpetua. Si Silas se niega, lo desheredo de Vane Tech. Si se casan, el mundo será suyo.
—Ella no se opondrá —cortó Leandro con una sonrisa gélida mientras firmaba—. Sabe que su deber es obedecerme. Mañana les daremos la noticia.
Ambos brindaron, sellando el destino de sus hijos bajo una sentencia de cadena perpetua disfrazada de boda.
"En este juego de poder, el amor es la debilidad que ninguno puede permitirse... pero que ambos terminarán pagando."
— S.P. Rivers








