Prólogo
Por alguna extraña razón, cada vez que olvido mi sombrilla lo encuentro. Tal vez sea el destino o una simple casualidad. Sin importar el motivo detrás de nuestras reuniones momentáneas, verlo es lo mejor que me puede pasar.
La primera vez que lo encontré, pensé que al fin experimentaría mi escena de kdrama, pero ¡vaya sorpresa me llevé! Él no era así, no me cubrió con su sombrilla y mucho menos me habló.
Ese chico con chaqueta negra de cuero, de mirada fría y porte de malo, se robó mi atención por completo, desde el primer día que lo observé bajo la lluvia, incluso si se burlaba de mí, su risa me resultaba encantadora y hacía mi corazón latir con fuerza.
Probablemente él atestiguó la mayoría de mis desgracias y ni siquiera la vergüenza fue un impedimento para quererlo. Su simple existencia transforma mi mala suerte en las mejores de las fortunas.
¿Cómo no me va a resultar maravilloso? Si su fragancia, sus ojos, su risa y sonrisa lo hacen el ser más hermoso del planeta. Bueno, al menos desde mi perspectiva; sin embargo, lo malo es que lo amo en secreto, y desconozco lo que piensa de mí.
De no lograr armar el complejo rompecabezas de su mente, pronto terminaría enloqueciendo.