In The Sky
Era una bella princesa solitaria, vivía entre las nubes y nunca vi nada más allá de las enormes nubes que me rodeaban, arriba, abajo, todo eran nubes, esponjosas, con formas aleatorias y sin colores. Gozaba de perfecta salud, gran belleza y un enorme castillo, no entendí cómo llegué allí. Familia, amigos, conocidos, no vi nada como eso, ni siquiera tenía un nombre así que decidí llamarme a mí misma “princesa”, simplemente porque sí.
Caminaba con total desinterés por todas partes que a la vez eran ninguna, ya que todo era exactamente igual por todos lados. Las nubes, que eran todo lo que me rodeaba, solían llegar a mí, traslúcidas, mágicas e intocables, podía sacudir mi brazo en ellas y allí seguirían, sin opción, sin decisión. ¿Para qué existían? Era molesto, solo un estorbo en mi visión a todas partes, blanco, blanco, blanco, en todas partes, todo el tiempo.
Me cansé de esto, empecé a lanzar todas las cosas que tenía hacia arriba, nada cambió, pero me percaté de que cuando las cosas caían, un hoyo parecía abrirse en las nubes de abajo. Centré mi atención en eso, lancé más cosas, necesitaba ver más, pero las molestas nubes volvían a tapar aquel hoyo rápidamente, como si no quisieran que viera nada. Eran un fastidio y aun así logré ver algo diferente allí, algo más que un mundo espumoso y aburrido, cómodo pero insuficiente. Decidí atar mi tobillo con una soga a una de las columnas cercanas al balcón, había algo allí y tenía que saber lo que era. Bajé lentamente, lo más posible, pero seguía sin ver nada, por ello me estiré y me estiré. Algo, había algo verde allí abajo, estaba fascinada hasta que mi atención se desvió a mis dedos, en mis manos y luego en mis brazos, era blanco, traslúcido, intocable. Era… Entré en pánico rápidamente, pero no tuve el tiempo suficiente para pensar en lo que pasaba o qué hacer al respecto, caí con velocidad inminente y miedo ahogante. Mi plan solo era de ida, no de regreso.
Una nueva nube se levantó entre todas las demás, y se unió a ellas, esponjosa, con formas cambiantes y sin colores, con un hermoso castillo en su interior, esperando que la “princesa” que dentro de él vive, sofoque su curiosidad o que jamás la tenga y goce lo más posible de esa solitaria y reducida paz que ahora yo echaría de menos.








