Prólogo
Esa tienda de juguetes fue mi favorita desde que era un niño, tenía muchos juguetes, de muchas épocas, era tan variado que no solo niños iban a comprar, yo, a pesar de que era un joven adulto, seguía yendo cuando volvía al pueblo, pero, un día, el ambiente en ese lugar cambio, se sentía pesado, triste
Me di cuenta que había algo, un juguete que nunca vendían: muñecos de porcelana, aunque nada más era uno, al parecer sacaban uno cada que el otro se vendía. Debo admitir que eran hermosos, pero emanaban una vibra extraña, lo que me impedía comprar uno.
Don Caín, el vendedor, seguía siendo tan amable y risueño pero su voz había cambiado, se escuchaba más sombría, cosa que me inquietaba, al parecer nadie lo notaba, así que comencé a creer que tal vez todo era parte de mi imaginación, por lo que decidí comprarme un muñeco de esos que me habían inquietado por un tiempo…