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No es un chupetón | Kookmin

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Summary

Cuando el amor es intenso, hasta una marca puede convertirse en una amenaza. Jungkook nació con una mancha en la ingle que siempre ignoró… hasta que su esposo la ve y cree que alguien más dejó huella en su piel. Lo que comienza como sospecha se transforma en una noche cargada de celos, tensión y deseo, donde cada caricia es una pregunta y cada beso una declaración de pertenencia. Entre miradas ardientes y confesiones susurradas, descubrirán que algunas marcas no se borran… porque no hablan de traición, sino de destino. Una historia corta, sensual y profundamente romántica sobre posesividad, confianza y el tipo de amor que arde, pero no se rompe.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

ÚNICA PARTE

Jungkook nació con una marca en la ingle.

Una pequeña mancha rojiza, irregular, como si alguien hubiera presionado labios invisibles sobre su piel antes incluso de que abriera los ojos al mundo.

Su madre siempre decía que era un lunar caprichoso.

Él aprendió a ignorarlo.

Hasta que se casó con Jimin.

Jimin no era celoso.

Era… observador. Demasiado observador. De esos que notan cuando cambias de perfume, cuando respiras distinto, cuando escondes algo detrás de una sonrisa torcida.

Y esa noche lo notó.

Estaban en su habitación, la luz tenue dibujando sombras suaves sobre las paredes. Jungkook acababa de salir de la ducha, el cabello húmedo pegado a su frente, una toalla baja en su cadera. Jimin estaba recostado en la cama, apoyado sobre un codo, mirándolo como si el mundo entero cupiera en ese cuerpo.

Entonces lo vio.

—¿Qué es eso? —preguntó, frunciendo el ceño.

Jungkook bajó la mirada.

Ah.

La marca.

—Nada —respondió, demasiado rápido.

Error.

Jimin se levantó con esa energía peligrosa que lo caracterizaba cuando algo no le cuadraba. Caminó hacia él descalzo, lento, como un gato elegante a punto de investigar algo que no le gusta.

Se agachó frente a él.

—Eso no estaba ayer —murmuró.

Jungkook soltó una risa nerviosa.

—Claro que sí. Estaba desde… siempre.

Jimin inclinó la cabeza. Sus dedos rozaron la piel alrededor de la mancha. El contacto fue suave, pero Jungkook sintió el mundo inclinarse un poco. No por culpa. No por miedo.

Por deseo.

—Parece un chupetón —dijo Jimin, serio.

Jungkook parpadeó.

—¿Un qué?

—Un chupetón, Jungkook. —Su voz bajó medio tono—. ¿Hay algo que quieras contarme?

Ah, Jimin cuando se ponía así.

No gritaba. No hacía escenas. Solo hablaba bajo y miraba directo a los ojos, como si pudiera arrancarte la verdad con la intensidad de su pupila.

Jungkook soltó la toalla al suelo sin pensarlo demasiado.

—Es una marca de nacimiento.

Silencio.

Jimin lo miró. Luego miró la marca otra vez. Luego volvió a mirarlo a él.

—No parece.

—¿Y qué quieres que haga? ¿Que le pida que tenga forma más convincente?

Jimin no sonrió. Se acercó más.

Sus labios quedaron a centímetros de la piel marcada.

Jungkook dejó de respirar.

—Voy a comprobarlo —susurró Jimin.

Y antes de que Jungkook pudiera procesar la frase, sintió la boca de su esposo sobre su piel.

No fue brusco.

Fue lento. Deliberado. Como si estuviera estudiando cada milímetro.

Jimin besó la marca. Luego la rodeó con los labios. Luego la presionó suavemente.

Jungkook cerró los ojos.

—¿Eso te parece justo? —murmuró, la voz quebrándose apenas.

—Estoy investigando —respondió Jimin contra su piel.

Sus manos subieron por los muslos de Jungkook, firmes, calientes. No había rabia en ese gesto. Había posesión. Había necesidad.

Jimin volvió a besar la marca, esta vez más lento. Más profundo. Como si quisiera borrarla o reclamarla al mismo tiempo.

—No cambia de color —dijo finalmente, apartándose unos centímetros, pero sin soltarlo.

Jungkook respiró hondo.

—Porque no es un chupetón.

Jimin alzó la vista. Sus ojos brillaban, pero ya no de sospecha.

De algo más peligroso.

—Entonces… —murmuró— es mía ahora.

Y volvió a inclinarse.

Esta vez no para investigar.

Sino para dejar su propio rastro.

Sus labios bajaron más despacio. Sus manos ya no eran cautelosas, eran seguras. Jungkook se aferró a sus hombros cuando el contacto se volvió más intenso, cuando el aire entre ellos empezó a pesar.

—Jimin… —susurró, advertencia y súplica al mismo tiempo.

—Me hiciste pensar cosas feas —respondió él, deslizando sus manos hacia la cintura de Jungkook—. Ahora tengo que compensarlo.

—¿Compensarlo tú?

Jimin sonrió. Esa sonrisa que siempre anunciaba problemas deliciosos.

—Claro. ¿O creías que te dejaría ir después de verme la cara de detective celoso?

Jungkook soltó una risa que terminó convirtiéndose en un suspiro cuando Jimin volvió a besar la marca, pero esta vez con intención. No de probar nada. Sino de provocar.

El contraste entre la sospecha inicial y la ternura que ahora impregnaba cada caricia era casi absurdo. Jimin apoyó la frente contra su abdomen.

—Pensé que alguien más te había tocado aquí —confesó, más bajo—. Y me ardió.

Jungkook bajó la mano y le sostuvo el rostro.

—Solo tú.

No era una frase dramática. No era un juramento teatral.

Era verdad.

Jimin subió despacio, dejando un camino de besos hasta su pecho. Lo miró desde abajo.

—Deberías haberme dicho.

—Nunca pensé que parecería un chupetón.

—Pues parece.

—¿Te molesta?

Jimin negó con la cabeza, pero sus ojos dijeron otra cosa.

—Me molesta imaginarte con alguien más.

El aire se volvió más denso.

Jungkook lo empujó suavemente hacia la cama esta vez. Invirtió las posiciones. Sus manos atraparon las muñecas de Jimin contra el colchón.

—Mírame —ordenó, suave pero firme.

Jimin lo hizo.

—Nadie me ha tocado ahí —dijo Jungkook—. Nací así. Es parte de mí. Igual que esta cicatriz —señaló su costado—. Igual que mi lunar en el cuello. Igual que todo lo que soy.

Se inclinó y besó la boca de Jimin con una lentitud casi cruel.

—Y todo lo que soy… es tuyo.

Jimin suspiró contra sus labios. La tensión se rompió en algo más cálido. Más profundo.

Las manos dejaron de ser interrogantes y se volvieron caricias conocidas. No había prisa. No había sospecha.

Solo deseo.

Jimin deslizó los dedos por la espalda de Jungkook.

—Entonces déjame memorizarla —susurró—. Para no volver a dudar.

Jungkook bajó otra vez hasta quedar frente a la marca. La tocó con la yema de los dedos.

—Es fea.

—No lo es.

—Es rara.

—Es tuya.

Jimin volvió a besarla. Esta vez con reverencia.

—Y eso la hace perfecta.

Jungkook tragó saliva.

El momento dejó de ser sobre celos y se transformó en algo más íntimo. Jimin abrazó su cintura y apoyó la mejilla contra su piel, justo encima de la marca.

—Me asusté —admitió—. Pensé que había algo que no sabía.

Jungkook le acarició el cabello.

—No hay nada que no sepas.

—Prométemelo.

—Te lo prometo.

Se quedaron así unos segundos, respirando juntos.

Luego Jimin sonrió contra su piel.

—Aunque ahora quiero dejar uno de verdad.

Jungkook soltó una carcajada.

—Eres imposible.

—Celoso. Es diferente.

—Posesivo.

—También.

Jungkook lo empujó suavemente hacia atrás otra vez, riendo. Sus cuerpos se alinearon, el calor entre ellos ya sin tensión amarga, solo eléctrica.

—Hazlo entonces —retó, alzando una ceja.

Jimin no necesitó más invitación.

Sus labios bajaron de nuevo, esta vez sin sospecha, sin análisis. Solo deseo puro y amor que ardía sin culpa.

Y mientras dejaba su propia marca, más arriba, más visible, Jungkook entendió algo simple y feroz:

No importaba la mancha con la que había nacido.

Lo que importaba era quién la besaba ahora.

Horas después, cuando la habitación estaba en silencio y la luz apenas era un susurro, Jimin trazó con el dedo el contorno rojizo una última vez.

—Sigue ahí —dijo.

—Siempre estuvo.

Jimin sonrió.

—Me gusta.

—¿La marca?

—Que nacieras con algo que parece un beso.

Jungkook lo miró en la oscuridad.

—Entonces supongo que estaba destinado a encontrarte.

Jimin rodó los ojos, pero lo abrazó más fuerte.

—Qué cursi.

—Te encanta.

—Sí.

Y esta vez, cuando besó la marca, no hubo duda.

Solo pertenencia.

Y amor.


Fin?

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Heartwarming

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Shocking

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Good Writing

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Compelling Plot

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Great Character

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Strong Dialog

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author

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