Bajo la Nieve, Tres Latidos | Kookmin

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Summary

En plena Navidad, mientras la nieve cubre Seúl de blanco y las luces del árbol prometen un “para siempre”, Jimin descubre que su cuerpo guarda un secreto imposible de ignorar: está embarazado. El problema no es la vida que comienza a latir dentro de él… es el miedo. Porque no sabe cómo decírselo a Jungkook. Porque el amor es intenso, ardiente, indomable. Porque lo que arde en la piel a veces asusta más que el frío de diciembre. Lo que Jimin no imagina es que Jungkook también tiene un plan esa noche. Un anillo. Una pregunta. Un futuro listo para estallar entre besos, promesas y deseo. Entre caricias que queman y confesiones que tiemblan, esta es una historia donde el amor no pide permiso: invade, transforma y crea vida. Romántica. Intensa. Íntima. Porque a veces el mejor regalo bajo el árbol… no viene envuelto.

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1
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16+

ÚNICA PARTE

La nieve caía lenta sobre las calles iluminadas de Seúl, como si el cielo estuviera susurrando secretos que solo los enamorados podían entender.

Jimin temblaba.

No por el frío.

El pequeño test reposaba sobre el borde del lavamanos, como una bomba silenciosa a punto de estallar. Dos líneas. Claras. Firmes. Irrefutables.

Dos.

—Feliz Navidad para mí… —murmuró con una risa nerviosa que no le alcanzó a salir completa.

Afuera, el árbol brillaba con luces doradas. Jungkook había pasado horas decorándolo. Había puesto villancicos, preparado chocolate caliente, incluso comprado esa estrella ridículamente grande que Jimin adoraba.

Y ahora esto.

Un bebé.

Su mano bajó instintivamente hasta su vientre plano. No había nada visible, nada tangible… pero ahí dentro comenzaba a latir un futuro.

El corazón le golpeó el pecho.

¿Cómo se lo decía?

Lo que Jimin no sabía —lo que jamás habría imaginado— era que Jungkook llevaba semanas guardando un anillo en el bolsillo secreto de su abrigo.


—¿Amor? —la voz de Jungkook atravesó el departamento—. ¿Estás bien? Te tardas mucho.

Jimin respiró hondo, guardó el test en la caja y salió del baño con una sonrisa que intentaba no temblar.

Jungkook estaba frente al árbol, las mangas de su suéter arremangadas, el cabello cayéndole sobre la frente. Era injusto que alguien pudiera verse así de perfecto sin intentarlo.

—Estoy bien —mintió suavemente.

Jungkook lo miró con esa intensidad que siempre lo desarmaba.

—Tienes cara rara.

—¿Cara rara?

—Cara de “estoy pensando demasiado”.

Touché.

Jimin se acercó y le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja. El gesto era pequeño, íntimo, cotidiano. Jungkook le tomó la muñeca antes de que pudiera apartarse.

—Ven aquí.

Lo atrajo con suavidad. Sus cuerpos encajaron como siempre: natural, inevitable, como si el universo los hubiera diseñado para eso.

—Es Navidad —susurró Jungkook contra su boca—. Nada puede arruinar hoy.

Jimin sintió una punzada en el pecho.

Nada… excepto una noticia que cambia la vida.

—Te amo —dijo, más urgente de lo normal.

Jungkook sonrió.

—Eso sonó sospechoso.

—Solo te amo.

Y entonces lo besó.

No fue un beso inocente. Fue profundo, lento, con esa electricidad que les recorría la piel cada vez que sus labios se encontraban. Jungkook deslizó sus manos por la espalda de Jimin, bajando con firmeza hasta su cintura, atrayéndolo más cerca.

El mundo exterior desapareció.

Las luces del árbol parpadeaban detrás de sus párpados cerrados.

Jungkook mordió suavemente su labio inferior.

—Estás más sensible hoy —murmuró.

Si supieras.

Jimin se estremeció cuando las manos de Jungkook se deslizaron bajo su suéter, acariciando su piel tibia. Cada roce era una chispa. Cada suspiro, una promesa.

—Kook… —jadeó bajo, como si su nombre fuera una oración.

Jungkook lo levantó sin esfuerzo y lo sentó sobre la mesa junto al árbol. Las esferas tintinearon levemente con el movimiento.

—Te quiero entero —susurró Jungkook, besando su cuello.

Jimin arqueó la espalda cuando sintió la boca cálida recorrer su clavícula. Las manos fuertes bajaron por sus costados, explorando con una mezcla de deseo y adoración.

Era intenso. Siempre lo era.

Pero esta vez había algo más.

Una vulnerabilidad nueva, palpitando en su interior.

Jimin tomó el rostro de Jungkook entre sus manos.

—¿Y si… —empezó, pero la voz se le quebró.

—¿Y si qué?

¿Cómo decirlo en medio de esto? ¿Cómo interrumpir ese fuego con una noticia que lo cambiaría todo?

En lugar de hablar, lo besó otra vez.

Se dejaron caer en el sofá, entre risas ahogadas y caricias urgentes. La ropa quedó olvidada en el suelo como testigo silencioso de su pasión.

Jungkook recorría su piel con devoción, como si memorizara cada centímetro. Sus labios bajaron lentamente, dejando un rastro ardiente que hacía que Jimin temblara.

—Siempre tiemblo cuando me miras así —susurró Jimin, perdido.

—Porque sabes que te deseo —respondió Jungkook sin vergüenza—. Siempre.

Las manos se entrelazaron, los cuerpos se buscaron con hambre y amor. No fue un acto apresurado; fue una danza lenta, intensa, donde cada movimiento llevaba el peso de todo lo que sentían.

Jimin se aferró a él cuando el placer comenzó a crecer como una ola imparable.

Y en medio de ese momento, con el corazón desbordado, la idea volvió:

Estamos creando vida. Ya lo hicimos.

La revelación le golpeó con una mezcla de miedo y ternura.

Cuando todo se volvió calma y respiraciones entrecortadas, Jungkook apoyó la frente contra la suya.

—Feliz Navidad —susurró.

Jimin lo miró. Sus ojos brillaban más que las luces del árbol.

No podía esperar más.

—Kook…

—Mmm.

—Necesito decirte algo.

Jungkook se incorporó un poco, aún abrazándolo.

—Me estás asustando.

Jimin rió nervioso.

—No es malo… creo.

Se levantó, recogió su ropa y caminó hasta el baño. El silencio detrás de él se sintió eterno.

Volvió con la caja en la mano.

Jungkook frunció el ceño.

—¿Qué es eso?

Jimin se sentó frente a él. El aire parecía más denso, más pesado.

—Yo… fui al médico hace unos días porque me sentía raro. Pensé que era estrés, o algo así.

Jungkook palideció un poco.

—¿Estás enfermo?

—No.

Jimin abrió la caja y dejó el test sobre la mesa de centro.

Dos líneas.

Jungkook tardó unos segundos en entender.

Sus ojos fueron del test a Jimin, y luego otra vez al test.

—¿Eso significa…?

La voz le falló.

Jimin asintió, con lágrimas acumulándose.

—Estoy embarazado.

El silencio fue absoluto.

Jungkook no se movió.

No respiró.

Y durante un segundo eterno, Jimin sintió el miedo más grande de su vida.

—Di algo —susurró.

Jungkook se levantó lentamente.

Jimin pensó que iba a alejarse.

Pero no.

Se arrodilló.

Jimin parpadeó, confundido.

Jungkook metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó una pequeña caja de terciopelo negro.

—Planeaba hacerlo después de la cena —dijo con una sonrisa que temblaba tanto como su voz—. Con discurso bonito y todo eso.

Abrió la caja.

Un anillo brillante reflejó las luces del árbol.

—Park Jimin —dijo, mirándolo como si fuera el centro del universo—. ¿Quieres casarte conmigo?

Las lágrimas de Jimin cayeron sin permiso.

—¿Estás… estás seguro? Voy a tener un bebé.

Jungkook soltó una risa suave, casi incrédula.

—Nuestro bebé.

Se levantó solo para abrazarlo con fuerza, como si temiera que desapareciera.

—Nunca he estado más seguro de algo en mi vida —susurró contra su cabello—. Te amo. Amo todo lo que eres. Amo lo que estamos creando.

Jimin sintió que el miedo se deshacía, reemplazado por una calidez infinita.

—Pensé que te asustarías.

—Estoy aterrado —admitió Jungkook, riendo entre lágrimas—. Pero contigo… quiero todo. Incluso el caos.

Jimin tomó su rostro y lo besó, esta vez diferente.

No fue solo deseo.

Fue promesa.

Fue futuro.

Fue la certeza de que no estaban solos.

Jungkook deslizó el anillo en su dedo con manos firmes.

—Feliz Navidad, prometido —susurró.

Jimin apoyó la mano sobre su vientre y luego la llevó a la de Jungkook, colocándola allí también.

—Feliz Navidad, papá.

El mundo afuera seguía cubriéndose de nieve.

Adentro, bajo las luces doradas del árbol, tres corazones latían al mismo ritmo.

Y por primera vez, el miedo no era más fuerte que el amor.


FIN