¡A los dormitorios!

Summary

La noche en la UA está envuelta en un silencio cargado de secretos. Mientras Mineta se desliza en la oscuridad para cumplir su más oscura fantasía en la habitación de Hagakure, otros héroes en formación exploran un tipo de entrenamiento muy diferente. Shoto descubre el placer de lo invisible, Kirishima pone a prueba su dureza contra el ácido de Ashido, y Tokoyami se rinde a las vibraciones de Jiro. Es una noche de descubrimientos prohibidos, donde cada susurro y cada sombra cuentan una historia de deseo y pasión.

Genre
Erotica
Author
Katsuji
Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

Mineta

Mis pies descalzos se deslizaban sobre el suelo frío de los dormitorios de la UA. Cada paso era una mezcla de terror y excitación. ¿Me sorprendería Aizawa-sensei? ¿O peor aún, Midnight-sensei? No, no podía pensar en eso. Tenía una misión, una misión que solo yo podía completar con éxito.

Recuerdo perfectamente cada habitación que visitamos durante el concurso. Pero solo una realmente importaba: la de Hagakure. Tohru Hagakure, la heroína invisible que siempre había sido mi fantasía secreta. No por su poder, obviamente, sino porque... bueno, porque era invisible, ¿qué mejor fantasía para un pervertido como yo?

“Mineta, no seas un idiota”, me susurré a mí mismo mientras mi mano temblaba al llegar a su habitación. “Pero Dios, ese aroma...”

Durante el concurso, cuando abrió el cajón de su ropa interior limpia, algo me impactó. Un aroma dulce, casi inexistente pero absolutamente femenino. Era como si mi nariz tuviera un radar especial para cosas tan divinas. Y desde ese momento, supe que debía volver por la noche.

La puerta cedió con un clic casi inaudible. Gracias a los cielos, estas cerraduras no eran complejas. Me deslicé dentro de la habitación, cerrándo la puerta suavemente detrás de mí. La oscuridad era casi total, pero mi memoria me guiaba. La habitación olía a lavanda y a... algo más, algo exclusivamente de Hagakure.

Allí estaba, en la cama. O al menos eso creía. Una forma bajo las sábanas, respirando rítmicamente. Hagakure, durmiendo plácidamente, completamente ajena a que el devoto Mineta estaba a punto de profanar su santuario.

Mis pies me llevaron casi instintivamente hacia el tocador. Recuerdo perfectamente dónde estaba ese cajón sagrado. El tercero desde arriba. Con manos que sudaban más que yo en verano, comencé a abrirlo lentamente. Clic... un sonido demasiado alto para mis nervios. Me congelé, esperando que se despertara. Nada. Solo el sonido rítmico de mi respiración acompasada.

Finalmente, logré abrirlo lo suficiente para introducir una mano. Mis dedos exploraron en la oscuridad hasta que encontraron... sí, eso era. Tela suave, delicada. Una braguita de algodón rosa con un pequeño lazo blanco en el centro. La misma que juraría haber visto bajo su falda durante clase.

“Una es suficiente, Mineta, no seas avaro”, me dije, mientras la sacaba con un cuidado casi reverencial.

La acerqué a mi nariz, cerrando los ojos. ¡Dios mío! Ese aroma dulce, limpio, con ese toque indescriptiblemente femenino. Era mejor de lo que había imaginado. Mi cuerpo reaccionó instantáneamente. Una erección tan potente que me dolía. No pude evitarlo. Metí la mano con la braga bajo mis pantalones, envolviendo mi miembro con esa tela suave.

“Ah, Hagakure-chan”, susurré mientras comenzaba a mover mi mano. “Si solo supieras...”

Imaginé cada fantasía que había tenido sobre ella. Verla cambiarse en el vestuario, ese destello de piel invisible que mi mente rellenaba con perfección. Sus movimientos gráciles en clase, la forma en que su uniforme se ajustaba a un cuerpo que no podía ver pero que mi imaginación recreaba con detalles preciosos y únicos.

Mis movimientos se volvieron más frenéticos. La tela suave contra mi piel, el aroma que llenaba mis pulmones... fue demasiado. Con un mordisco a mi labio para no gritar, me derramé en esa braga rosa. Me temblaron las piernas, y por un momento temí caerme.

Miré hacia la cama. Afortunadamente, Hagakure seguía profundamente dormida. Mi respiración era agitada, mi cuerpo cubierto de sudor. Pero entonces, una idea más oscura cruzó mi mente. ¿Y si...?

Mi mirada se desplazó hacia el rincón de la habitación. Allí estaba, el cesto de la ropa sucia. Un tesoro prohibido que Kaminari daría cualquier cosa por explorar. Con la braga aún en mi mano, ahora manchada con mi semen, me acerqué con una excitación renovada.

“Kaminari se morirá de envidia cuando le cuente”, pensé con una sonrisa pícara. “Definitivamente voy a alardear de esto mañana.”

Mis manos se sumergieron en el cesto. Tela usada, había un pans deportivo, calcetas y blusas del uniforme todavía con el calor de su cuerpo. Y entonces la encontré: otra braguita, esta de color azul cielo, con un pequeño encaje en los bordes. La saqué con manos temblorosas. Estaba ligeramente húmeda, y el aroma era diferente. Más intenso, más... personal.

La llevé a mi nariz, inhalando profundamente. ¡Dios! Este era la verdadera escencia de Hagakure. El olor de su piel, el ligero sudor de un día de entrenamiento, ese aroma único de su entrepierna que había imaginado tantas veces. Mi cuerpo reaccionó nuevamente, con una erección casi dolorosa.

Mientras olfateaba la braguita sucia, usé la limpia para masturbarme de nuevo. Mis fantasías se volvieron más intensas. Ya no solo olía su ropa, imaginaba que estaba lamiendo su piel invisible, saboreando cada parte de su cuerpo. Que podía verla realmente, desnuda y dispuesta para mí. Que frotaba mi entrepierna contra su cuerpo en clase de deportes, en el baño de chicas, bajo sus sábanas…

Justo cuando el orgasmo me sacudía de nuevo, mi mirada se dirigió hacia la cama. ¿Podría arriesgarme? ¿Acercarme solo un poco? Sería mi única oportunidad.

Me deslicé con pasos calculados hasta su cama, pero mis pies tropezaron con algo y se escuchó un fuerte golpe. Me congelé, esperando que se despertará, el grito, cualquier cosa. Nada. El silencio continuó. Me pareció extraño, ¿en verdad no había escuchado eso? ¿Su sueño era tan pesado?

Con más confianza, me acerqué a la cama. Alargué la mano... y encontré solo las almohadas. No había nadie. Las sábanas estaban arregladas para simular una forma durmiendo, pero Hagakure no estaba.

“¿Qué...?“, murmuré, confundido.

¿Por qué haría eso? Si hubiera ido al baño, ¿por qué dejaría todo aquí? Sus botas, sus guantes, sus pantuflas... todo estaba en su lugar. Como si hubiera salido con el propósito de que nadie la descubriera.

Prendí la luz a riesgo de que estuviera levanta esperando para atacarme por la espalda. Si he de morir, prefiero ver la puerta para correr lo más rápido que pueda, pero no pasó nada. La habitación estaba vacía. No había nadie. Era como si tuviera toda la habitación de Hagakure para mi solo. Me acosté en la cama y sonreí, llevando la braguita sucia de nuevo a mi nariz mientras me masturbaba con la otra. Entonces…

Una idea excitante cruzó mi mente. ¿Se habría ido desnuda? Aprovechando su invisibilidad para... ¿dónde estaría? ¿Quizás en una pijamada con otra chica? Jiro estaba en el mismo piso... Tal vez podría...

Con el corazón latiendo más rápido que nunca, decidí salir a investigar. ¿Dónde estaría la heroína invisible en medio de la noche?

Esta noche podría ser más emocionante de lo que imaginé...