𝘜𝘯𝘪𝘤𝘰 🍨🌸
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La intersexualidad (también conocida como diferencias del desarrollo sexual o DSD) es una variación natural del cuerpo humano en la que una persona nace con características sexuales —como cromosomas, gónadas (ovarios o testículos), genitales externos, hormonas o anatomía reproductiva— que no encajan estrictamente en las categorías binarias típicas de "masculino" o "femenino". Afecta aproximadamente al 1.7% de la población y no es una enfermedad ni patología, sino una variante biológica. El término antiguo "hermafroditismo" (o "hermafrodita verdadero") se usaba antes para casos raros donde hay tejido ovárico y testicular simultáneamente (como ovotestis), pero hoy se considera obsoleto, impreciso y estigmatizante en humanos, ya que ningún ser humano puede producir gametos (óvulos y espermatozoides) funcionales de ambos sexos al mismo tiempo como ocurre en algunos animales o plantas. En su lugar, se prefiere "intersexual" o "intersex" para describir estas diversidades corporales, y muchas personas intersexuales enfrentan desafíos sociales, médicos y de identidad debido a intervenciones no consensuadas en la infancia o estigmas.
Un chico de cabello castaño rizado había ingresado al edificio más importante de Corea: "LB Properties". Pasó por recepción dando su nombre para que lo dejaran pasar. Con gusto, la recepcionista, con una gran sonrisa, lo atendió amablemente mientras alzaba sus anteojos hasta su cabello.
Llegó al elevador, tocó un botón y esperó para llegar a su destino. Pasaron los minutos y, cuando se abrieron las puertas, sintió las miradas curiosas clavadas en él. Para Jisung, eso era algo cotidiano: siempre captaba la atención de todos.
Caminaba por el centro de las oficinas y, al verlo, casi la mayoría de las personas lo observaban con desagrado, envidia o murmuraban comentarios inofensivos. A él no le importaba; de hecho, una parte de su ser disfrutaba cómo eso alimentaba su ego. Porque él era diferente a los demás.
Siguió avanzando, moviendo sus caderas con naturalidad. Poseía una figura de curvas que nadie más podía tener: una fina cintura que volvía locos a los hombres, que soñaban con colocar sus manos allí. Nadie creía que un chico pudiera emanar un aura tan femenina. La mayoría lo alababa por ser una belleza irreal.
Su nombre era Jisung, un joven de 20 años. A pesar de su juventud, tenía un rostro y un cuerpo que fácilmente podían pasar por femeninos. Estudiaba en una de las universidades más prestigiosas de Corea la Licenciatura en Comercio y Finanzas, y además formaba parte de una agencia de modelaje donde había ingresado sin problemas. Claro, gracias a su belleza irreal.
Llegó a su destino. Vio el letrero "LB" y supo de inmediato quién era el dueño de esa oficina. Tocó la puerta, pero no obtuvo respuesta, así que la abrió con cuidado. Dentro, un hombre trabajaba concentrado frente a la computadora, sentado seriamente en su silla detrás de una mesa de cristal.
Christopher Bang: un hombre extremadamente guapo, de porte fuerte y sensual que hacía babear a cualquiera… incluyéndose a sí mismo. Su rostro era tan sexy que con solo una mirada podía derretir a alguien o hacer que se mojara entre las piernas. Sus labios hinchados resultaban irresistibles; un solo beso se convertía en adicción. A sus 30 años, ese hombre lo volvía loco, especialmente en la cama, con ese cuerpo trabajado cuando estaba debajo de él.
—Oh, Channie~ —chilló meloso el castaño mientras se quitaba la chaqueta y la colgaba en el perchero, dejando a la vista su top de tirantes de encaje negro que exponía casi toda su piel. Sintió la mirada intensa de su novio sobre él—. Te extrañé tanto.
—Mi Hanji, no esperaba verte aquí, pequeño —sonrió Bang, quitándose los anteojos y dejándolos sobre el escritorio. Lo miró directamente—. Ven aquí —ordenó, palmeando sus propias piernas en clara invitación.
Jisung asintió obedientemente, se acercó al mayor y se sentó en su regazo. El pelinegro rodeó su cuello con los brazos.
—No sabes el gusto que me da que estés aquí —habló con esa voz masculina y seductora que volvía loco a Jisung. Una de sus manos se posó sobre la pierna derecha del menor—. ¿Y cómo te fue hoy en la universidad?
—Nada excepcional, solo las intolerancias de siempre y sus asquerosos comentarios —rodó los ojos mientras recibía besos en la mejilla, sintiéndose perfectamente en su lugar.
—Siempre con insultos y comentarios hacia ti —murmuró Bang, bajando los besos hasta su cuello—. ¿No te afecta eso, Hanji?
—Sí, pero no es necesario darle importancia —negó, acariciando los cabellos del mayor—. Además, eso solo alimenta mi egocentrismo… porque soy irresistible.
—Eso ya lo sé —respondió Bang, acariciando lentamente su muslo—. Tú eres irresistible, Hanji…
El menor sonrió, tomó la clavícula del pelinegro y estampó sus labios contra los suyos. Bang solo sonrió satisfecho.
—Hoy tengo planeado algo para ti y para Honnie. Oh, por cierto… ¿dónde está Honnie? —preguntó el castaño mientras le aflojaba la corbata al pelinegro.
—Está recogiendo unos documentos que le pedí. No tarda en llegar —respondió Bang. Apartó algunas cosas de la mesa de cristal, sentó al castaño allí y, aún en su silla, se acercó más al menor—. ¿Qué nos tienes planeado hoy, Hanji? —cuestionó coqueto, sin dejar de mirarlo.
—No te lo puedo decir… porque es un secreto —dijo poniendo su dedo índice sobre los labios ajenos, con una sonrisa coqueta—. Bueno, más bien una sorpresa para ustedes.
—¿Así? —El menor asintió. Bang colocó sus manos en sus piernas bronceadas, acariciándolas—. ¿Y por qué? ¿Tiene algo en mente que lo haremos contigo o con nosotros?
—Sí, sé que ustedes son muy buenos conmigo —mordió sus labios, sintiendo la mirada intensa del mayor—. Tengo que hacer lo mismo por ustedes.
—Mmm, estás dispuesto a hacer cualquier cosa por nosotros —dijo Bang, besando su cuello mientras apretaba esa estrecha cintura. Jisung jadeó ante el toque y ladeó la cabeza para sentir mejor esos besos suaves—. ¿Quieres que nos encarguemos?
—S-sí… Solo les mostraré mi sorpresa y después hagan lo que quieran conmigo… A-ah~ —soltó un pequeño gemido al sentir la mano ajena meterse debajo de su falda.
—¿Así nos recibirás, Hanji? —siguió con los besos, esta vez más abajo, hacia sus no tan voluptuosos pechos que aún se veían parcialmente bajo el top—. Con esos sonidos obscenos que tanto nos gustan… a mí y a Minho.
—Channie~… —El castaño rodeó el cuello del pelinegro con sus brazos, sintiendo cómo sus labios se apoderaban de su piel—. E-estamos en la o-oficina, debes detenerte.
El mayor ignoró la petición y abrió más las piernas del menor, colocándose entre ellas.
—No te preocupes por eso. Solo dime…
El menor iba a contestar cuando la puerta de la oficina se abrió y una voz conocida resonó:
—Bang, debiste esperarme un poco más para compartirlo… Eres un idiota —habló con burla un rubio que entró con unos documentos en las manos.
—¿Ah? Hola, Honnie —sonrió el menor al ver a su otro novio, quien le devolvió la sonrisa y se acercó.
Lee Minho, su segundo novio: cabellos rubios, extremadamente guapo y sexy. Todos morían por tenerlo en la cama. Era experto en lo que hacía. Con 28 años, mejor amigo de Bang Chan, conocía perfectamente sus puntos débiles… y eso lo volvía loco. Sus facciones dominantes y delicadas hacían que con solo un toque Jisung se mojara entero.
—No exageres, tener a Jisung enfrente de mí… me hace perder la cordura, Minho. Y eso que no has visto lo que trae puesto —gimió gustoso Bang mientras besaba los labios pequeños del menor.
—Bueno, ya basta los dos —replicó el castaño, separándose un poco del pelinegro—. Ya les he dicho que no tienen que pelearse ni ponerse celosos en mi presencia. Ustedes saben muy bien que mi cuerpo… —dijo bajándose de la mesa de cristal y alejándose hacia el sofá, moviendo sus caderas con sensualidad—. Tienen que compartirlo entre los dos. Como saben, soy totalmente suyo, les pertenezco a ambos porque son mis novios.
Se sentó en el sofá, cruzando las piernas y dejando casi expuestos sus muslos a la vista de ambos mayores.
En ese preciso momento, Jisung sintió las dos miradas dominantes sobre él y supo perfectamente lo que le esperaba. El primero en acercarse fue Bang, que se sentó a su derecha. Minho hizo lo mismo a su izquierda, quitándose rápidamente la chaqueta y dejando ver su camisa de manga larga color vino, tan ajustada que marcaba perfectamente sus pectorales. El castaño estaba fascinado por lo que iba a pasar.
Para Jisung era claro que él era diferente a los demás. Nadie conocía su secreto, excepto sus padres. Cuando nació, para ellos fue una bomba enterarse de que su hijo tenía un cuerpo hermafrodita. Solo ellos sabían ese detalle.
A los 13 años su cuerpo empezó a cambiar poco a poco: cintura de reloj de arena, curvas que se formaban, pechos no muy abultados pero notorios, y un trasero muy gordito. Era un chico irreal. Durante la adolescencia, nadie creía esa perfección. En secundaria, muchos querían algo con él, pero no tenía interés. Todos le envidiaban por ser tan perfecto… una belleza inimaginable.
Nadie sabía su secreto… hasta que un pretendiente jugó con sus sentimientos, se burló en su cara llamándolo “cuerpo defectuoso” y lo expuso en redes sociales y en la secundaria por ser hermafrodita. Pasó un tiempo en depresión por las burlas.
Pero a los 19 años, al entrar a la universidad, todos supieron quién era. Lo conocían como “el chico raro” por ser hermafrodita. Se hizo tan popular que era el único que habían visto y conocido en la vida real. Algunos querían su amistad, pero él sabía de la hipocresía. Otros solo querían una cosa: sexo, para saciar su curiosidad sobre cómo sería follar a un chico así. Por eso los rechazaba. Se había convertido en un rompecorazones completo.
No tenía interés en nadie… ¿Entonces cómo conoció a Bang Chan y Minho?
Eran mejores amigos desde la infancia, trabajaban juntos en su empresa “LB Properties” y estaban muy unidos. Jisung los conoció en una reunión a la que asistió su padre. Desde ese momento sintió una atracción enorme por esos dos hombres. Durante un tiempo tuvo sueños húmedos con ellos y supo que quería hacerlos completamente suyos.
Ambos se peleaban dándole regalos caros solo por captar su atención, queriendo tener algo con él. Jisung también se sentía atraído por los dos, así que les propuso un acuerdo: podían compartirlo, pero nada de peleas ni celos. Al principio no estaban de acuerdo, pero terminaron aceptando ser sus novios.
Ahora, Jisung se encontraba ahorcajadas sobre el pelinegro mientras le quitaba los primeros botones de la camisa, casi revelando su torso desnudo. Le dio una mirada coqueta al mayor y luego al rubio, que observaba cada movimiento.
—Los veo demasiado estresados a los dos —canturreó con un puchero en los labios—. ¿Quieren que les quite el estrés?
No hubo respuesta inmediata. Bang bajó las tiras de su top de encaje, revelando más piel y dejando expuestos sus pechos perfectos, no muy voluptuosos, con piercings en cada pezón. No perdió tiempo y se lanzó a lamerlos con demencia. Jisung gimió en su lugar.
—¡Oh!~ —Miró al rubio, que lo observaba fijamente. Sabía lo que quería. Minho se acercó, tomó su nuca y estampó un beso morboso, compartiendo saliva en un intercambio intenso.
—Estoy ansioso por tu sorpresa, Hanji —gruñó el pelinegro cuando el menor movió sus caderas, creando fricción contra su erección.
—¿De verdad nos tienes una sorpresa, Hannie? —preguntó Minho. El menor asintió—. ¿Y nos dirás qué es?
—No les puedo decir, porque si no sería sorpresa… Ahh~ —jadeó cuando el rubio le dio una azotada en la nalga derecha que resonó en la oficina.
—Eres traviesa, muñeca —dijo Minho. Al escuchar eso, Jisung sintió cómo su coño palpitaba. Ya necesitaba atención, y la única forma era que ellos tocaran su cuerpo.
A Jisung le encantaba que le usaran pronombres femeninos durante el sexo; siempre lo hacía sentir bien. Pero lo que más lo calentaba eran las cosas sucias que le decían, avivando su deseo de ser tomado por sus dos novios. En la empresa y la universidad lo llamaban “la putita de Lee y Bang” por su fetiche de estar con ambos. A él no le importaba; sabía que les tenían envidia por tener la atención de esos hombres, que eran demasiado buenos en la cama.
Ahora estaba en una situación muy placentera, en medio de esos hombres que lo volvían loco, con sus torsos desnudos. El pelinegro tenía varios tatuajes: uno en el pecho derecho (un corazón traspasado por una espada), otro en la pelvis junto a esa jugosa “V” con la frase “It's all yours” y una flecha hacia abajo (Jisung sonrió al recordar que se lo hizo por él), y uno grande en la espalda: una serpiente.
El rubio también tenía tatuajes, aunque menos, pero destacaba su piercing en la ceja izquierda y otro en la lengua (cada beso se volvía una locura). En el cuello llevaba un escorpión y todo su brazo derecho estaba cubierto de dibujos exquisitos.
Dios… A Jisung le encantaban los hombres tatuados. Era la mejor sensación y experiencia de su vida.
—Creo que la pequeña muñequita necesita nuestra atención, Minho —dijo Bang al ver cómo los ojos del menor brillaban lujuriosamente mientras sus manos traviesas jugaban con la hebilla de su pantalón.
—Sí, creo que necesita ser follado por nosotros —sonrió pícaramente Minho.
El castaño sentó al rubio en el sofá, recostó su cabeza sobre sus piernas y Minho le acarició los cabellos. Jisung volvió la mirada al pelinegro, que estaba frente a su cuerpo esperando algún movimiento.
—¿Qué les vas a mostrar a Bang, muñequita? —preguntó Minho.
Jisung solo rió con picardía, miró al pelinegro y, sin esperar más, abrió lentamente las piernas. Aún con la falda puesta, se quitó la braga y se la entregó al rubio, que la tomó fascinado. Luego mostró parte de su intimidad. Bang se mordió el labio al ver la imagen: su coño estaba muy mojado.
—¿Qué es lo que quieres, Hanji? —preguntó Bang con la voz entrecortada por el placer que ya sentía, acercándose más al menor.
—C-cómeme mi… mgh~ —gimió inesperadamente Jisung cuando el pelinegro le quitó la falda de un solo movimiento—. Coño… please~
—Aww, nuestra muñequita quiere que le comas su sucio coño, Bang —dijo Minho girando el rostro del menor para darle un beso fogoso—. ¿Eso quieres, Hannie?
El menor solo asintió, mirando de reojo al pelinegro, que se acercó un poco más e inclinó el rostro cerca de su intimidad.
—Hannie, dile a Channie qué es lo que tiene que hacer.
—Vamos, dilo, muñeca —lo miró lujuriosamente Bang mientras colocaba las piernas ajenas sobre sus hombros.
—Channie~… —se removió en su lugar Jisung al sentir cómo el pelinegro llevaba su dedo pulgar a su clítoris y lo movía en círculos—. Yo…
—Dime —besó cada parte de sus muslos sin apartar la mirada—. ¿Qué es lo que quieres que haga, muñequita?
—C-cómeme mi sucio coño… mhm~ —mordió sus labios viendo cómo el pelinegro acariciaba sus piernas con demencia.
Bang sonrió y miró de reojo a Minho, quien solo asintió con una sonrisa pícara.
Los gemidos agudos de Jisung llenaban la oficina. El castaño se retorcía sobre el sofá mientras el pelinegro se encargaba de devorar su coño con la lengua, recorriéndolo de arriba abajo y haciendo que sus propios jugos vaginales salieran lentamente.
—¿Te gusta que Channie juegue con tu coño, uh? —cuestionó el rubio, con una de sus manos en el pecho del menor, apretándolo con suavidad antes de pellizcar el pezón con piercing—. El menor solo asintió frenéticamente—. ¿Sí? Tan sucia te ves así, Hannie.
Minho inclinó el rostro, tomó su mandíbula y lo besó con intensidad. El beso crecía en énfasis; sus lenguas encajaban perfectamente y el piercing del rubio lo calentaba aún más. Jisung estaba en la gloria.
—¡Ahh!~ —soltó un grito al sentir dos dedos del pelinegro entrar de golpe en su coño. No le dio tiempo ni de respirar: los movió con rapidez, creando un sonido morboso con sus jugos, y acercó la lengua para chupar—. Oh, m-mierda… Channie~.
Sus manos volaron a la cabeza ajena, apretando los cabellos negros. Sus piernas temblaban, los dedos de sus pies se curvaban por el placer que recorría todo su cuerpo. Sus gemidos eran tan escandalosos que seguramente se escuchaban fuera de la oficina.
—Qué lindos sonidos —canturreó Bang, observando cómo sus dedos se perdían entre esos labios vaginales. Metió un tercero y empezó a embestir con más fuerza. Vio cómo el chico movía las caderas al compás, ya cegado por el placer—. Mira no más… ¿Quieres que te folle con mis dedos, muñeca?
—¡Mgh! S-sí —bajó la mirada hacia el pelinegro, que le dedicó una sonrisa ligera y coqueta. Inesperadamente, sacó los dedos y le dio una azotada directa en su coño.
—Ahh, Channie~ —gimió Jisung, sintiendo varios espasmos de placer recorrer todo su cuerpo.
—Mm, parece que ya está listo —se levantó Bang y arrastró el cuerpo del menor hacia él, haciendo que su coño rozara la abultada erección que aún estaba dentro de los pantalones.
—Ya es momento, Bang —dijo el rubio, que también se había levantado del sofá. Miró de reojo al menor mientras se quitaba el cinturón—. Es hora de hacerlo nuestro… a nuestra pequeña muñequita.
—C-chicos… —habló Jisung, llamando la atención de sus novios. Giró su cuerpo para quedar boca arriba sobre el sofá.
—Tan fácil… te entregas a nosotros —comentó Minho. El menor solo asintió, mordiéndose el labio con demencia y moviendo las caderas, lo que volvía locos a los mayores, que ya estaban totalmente excitados—. Sí, definitivamente tenemos una muñeca demasiado zorra… como para entregarse así. ¿Lo crees, Bang?
Tomó el mentón del castaño, que alzó un poco la mirada. El pelinegro solo asintió con una sonrisa de lado y se sentó nuevamente en el sofá.
—Solo soy así con mis novios… ¿a quién más podría ponerme de esta forma? —dijo Jisung con un puchero en los labios. Se levantó y se puso de rodillas aún en el sofá, su cuerpo desnudo completamente expuesto a las dos miradas lujuriosas—. Como ustedes saben… nadie tocará lo que es suyo.
Soltó eso canturreando mientras pasaba sus manos lentamente desde la cintura hasta las caderas, provocativamente.
—Solo fóllenme… como se debe ser.
Esas últimas palabras hicieron que su cuerpo se encendiera aún más cuando sus dos novios sostuvieron su cuerpo.
Jisung gimió al sentir las manos del rubio apresar su cintura desde atrás. Con una sonrisa pícara, movió las caderas para frotar su trasero contra la despierta erección del mayor. Al notarlo, Minho tomó sus caderas y le dio falsas embestidas, aunque aún tenía el pantalón puesto. El castaño sonrió de lado y mordió su labio inferior, intentando hablar, cuando un jadeo escapó de sus labios.
El pelinegro sostuvo su cuello con una mano y su cintura con la otra desde el lado izquierdo. Jisung colocó sus manos en el pecho desnudo del mayor que tenía enfrente.
—Oh, my lovers~ —apodo a los mayores, teniendo tan cerca a dos hombres que lo volvían completamente sumiso—. Give me your cocks… please~
—¿Lo quieres tanto, Hanji? —dijo Bang tomando su mentón. Sin vergüenza, lo besó suciamente y lascivamente, con chasquidos audibles. El castaño bajó la mano hasta la abultada erección.
—Lo único que quiero es que me follen —sonrió pícaramente al sentir los besos y chupetones que el rubio dejaba en sus hombros—. Seré su pequeña muñequita… tan sumisa ante ustedes.
Habían pasado las horas. Jisung había regresado a su apartamento para preparar la sorpresa que les tenía a sus dos novios. Después de lo sucedido en la empresa —la intensa follada que lo dejó exhausto—, ya estaba en casa. Se dio una larga ducha relajante. Al salir del baño con una bata puesta, llegó a la cama donde había una bolsa de Victoria’s Secret. Sonrió ansiosamente al pensar en lo que contenía: cuando sus novios lo vieran puesto, sería su perdición.
Rápidamente tomó la bolsa y volvió al baño para cambiarse, ya que ellos no tardarían en llegar. Pasaron los minutos y ya estaba con su perfecto conjunto de lencería: un babydoll body de malla de encaje sólido, acompañado de una bata de manga larga que adornaba desde sus piernas hasta la mitad de sus muslos acanelados, y medias del mismo conjunto. Se aplicó un poco de maquillaje para resaltar su belleza a la perfección. Su cabello castaño caía con el flequillo sobre la frente. Por último, acomodó el conjunto y se puso la bata que lo acompañaba.
Ya tenía todo listo: la habitación adornada con varias velas aromáticas, luces rojas que iluminaban cada lado, y sobre una mesita había licores y algunos bocadillos. En la cama había una caja; solo sonrió al saber lo que contenía. Sería una larga noche, demasiado exótica para el castaño.
De pronto escuchó el timbre. Supo inmediatamente que eran ellos: habían llegado justo a tiempo para su pequeña sorpresa.
Abrió la puerta y se dejó ver ante dos hombres parados en el umbral, con esa aura tan sensual. No despegaban la mirada de la ropa que traía puesta.
—Hola… Channie y Honnie —sonrió, dejándolos pasar a su apartamento.
Al entrar, Bang lo rodeó con los brazos.
—No sabes lo que me pone ansioso tu sorpresa, Hanji —cortó la distancia y besó esos labios chiquitos que tanto le fascinaban.
—¿Qué nos tienes planeado, Hannie? —ahora habló Minho. Vio cómo el menor separaba los labios del pelinegro por unos segundos y, sin perder tiempo, le dio un beso calmado pero a la vez caliente—. Me muero por saber, pequeño.
—Están desesperados… —susurró Jisung, sintiendo cómo sus novios rodeaban su fina cintura con los brazos. Él también estaba ansioso por lo que haría esa noche con sus mayores—. Si tanto insisten… les mostraré.
Tomó las manos de sus novios con una sonrisa y los guio hasta su habitación.
Al llegar, los dos se pegaron atrás de él como pulgas, sin dejar de besar su cuello. Inesperadamente, el pelinegro estampó sus labios contra los suyos con frecuencia.
—A ver, a ver… yo sé que están esperando mi sorpresa —dijo separándose de ambos con una sonrisa coqueta—. Pero tienen que calmarse… tengo todo el tiempo que les guste.
—Es que tenerte enfrente… nos pones tan duro —dijo Bang nuevamente, tomando su cintura para atraerlo y pegar su cuerpo al suyo. Agarró su mentón para observar detalladamente ese rostro angelical—. No sabes cómo quiero follarte, Hanji.
Jisung solo rodó los ojos con una sonrisa pícara.
—Chan tiene razón, Hannie —llegó Minho por detrás—. Así que muéstranos qué nos tienes, muñequita…
El menor asintió mientras se mordía los labios. Se alejó de sus novios y fue hacia la cama. Ya sentía su cuerpo temblar y calentarse por la ansiedad de tener a dos hombres entre las sábanas. Se puso en medio de la cama y, con las manos, bajó lentamente la bata, dejando a la vista su lencería. Miró de reojo a sus novios, que no despegaban la vista.
—Yo sé que tanto les gusta… a ambos… —dijo con la voz entre aguda, ya que el placer empezaba a apoderarse de su cuerpo—. Sé que… les fascina que use este tipo de prendas.
Aún de rodillas, abrió un poco las piernas apoyadas en el colchón y les dio una mirada inocente falsa con un ligero puchero entre los labios.
—Entonces… ¿qué esperan? Soy totalmente suyo…
Lee y Bang se miraron fijamente antes de volver la vista al menor. Jisung, desde su posición, vio que ninguno se movía. Solo sonrió, bajó de la cama y se acercó a ellos moviendo las caderas seductoramente, como si los estuviera hipnotizando. Ambos no despegaban la mirada de él.
Atrajo al rubio, posando sus brazos alrededor de su cuello.
—Oh, Honnie~ —sonrió coqueto cuando sintió las manos del mayor en sus caderas. Empezó a moverlas sensualmente mientras mordía su labio inferior, ansioso por sentir cada toque del rubio.
—De mí… no te olvides, muñequita —la voz ronca y muy varonil del pelinegro hizo que la piel de Jisung se erizara. Se acercó por detrás del menor.
—No lo hago, Channie —jadeó Jisung al sentir la respiración caliente de su otro novio tan cerca de su cuello.
—Me pones tan duro al verte así, con esa lencería… que me dan ganas de arrancártela con los dientes —dijo Bang rodeando su estrecha cintura con las manos y pegando su cuerpo al del menor—. Eres una maldita tentación, Jisung.
—Lo sé… soy tan afortunado de tenerlos como mis novios —gimió sintiendo cómo los besos ajenos se apoderaban de su cuello y hombros.
—Entonces… ¿qué estamos esperando, Hannie? —preguntó Bang tomando el mentón del menor. Jisung solo sonrió, se separó nuevamente y tomó las manos de sus novios, llevándolos hacia la cama.
Hizo sentar al pelinegro en el borde de la cama, al igual que al rubio. Ambos no dejaban de devorar con la mirada la figura del menor. Jisung se acercó a una mesita y sirvió un poco de licor.
—Un poco de vino… no estaría mal antes de empezar la acción —sonrió acercándose con dos copas, entregándoselas a cada uno.
Se sentó en medio de ambos con un recipiente de uvas y cerezas —sus frutas favoritas— en la mano. Agarró una uva, la llevó a su boca y la comió lentamente mientras sentía una mano que reconoció de inmediato. Miró directamente al pelinegro, que le dedicó una sonrisa pícara, dio un trago a su vino y luego besó sus labios. El beso se volvió sucio y lascivo; Bang sintió el dulce de la fruta en su paladar. Jisung empezaba a perderse en la lujuria por cómo sus novios lo hacían sentir tan bien en su lugar.
Unos minutos después, el menor ya estaba en la cama, sobre el regazo del pelinegro, que se había recostado contra el respaldo. Bang llevó las manos a su cintura, observando detalladamente la lencería que cubría su cuerpo.
—No saben lo emocionado que estoy… —dijo Jisung mientras le quitaba los primeros botones de la camisa al pelinegro y luego se la sacaba por completo. Con las manos empezó a acariciar su piel desnuda—. Al tenerlos en mi propia cama otra vez…
Sonrió moviendo las caderas para crear fricción entre su intimidad y la abultada erección del mayor. Lo vio morderse los labios.
—Me encantaría… —se inclinó para besar los labios de Chris—. Sentir sus pollas en mi coño…
Mordió el labio con fuerza, sacándole un gruñido al mayor.
—Eres toda una perra necesitada —habló Minho tomando la nuca del menor y sacándole un jadeo—. Estás ansioso por tener dos pollas en tus agujeros.
Bebió el poco vino que quedaba en su copa, tomó bruscamente la barbilla de Jisung haciendo que abriera la boca y vertió el líquido en su garganta. El castaño gimió gustoso mientras tragaba.
—¿Lo soy? —cuestionó con una mirada tierna e inocente falsa, pasando la punta de la lengua por sus labios con deseo—. ¡Ahh!~
Recibió una azotada en el trasero; era el pelinegro.
—Sin tanto que quieras nuestras pollas… —tomó el mentón del menor para volver a besarlo—. Hay que darle lo que quiere, pero… sin antes jugar un poco con él.
Los escándalosos gemidos de Jisung llenaban la habitación. Sus dos novios se encargaban de estimular sus erectos pezones, apretando con suavidad sus pechos. Colocó las manos en las hebras ajenas, sintiéndose tan caliente; su coño empezaba a mojarse con cada toque. Vio cómo el rubio le daba una sonrisa pícara, pasando la lengua con demencia alrededor de su pezón antes de atrapar con los dientes el piercing en su botón, sacándole un gemido. En ese preciso momento, la mano de Chris apretó más fuerte su pecho derecho.
—Mira cómo te entregas… muñequita —dijo el pelinegro agarrando su pecho derecho, apretándolo y mordiéndolo a su gusto—. ¿Tan sumisa hacia nosotros, bebé?
—Mm, s-sí…
—Eso me imaginé, muñeca…
Dejó lo que estaba haciendo, se separó y se puso enfrente de él con una sonrisa coqueta. Se quitó la hebilla, bajó el cierre de su pantalón y se lo sacó inmediatamente, quedando solo en bóxer bajo la mirada tentadora del castaño.
—Ahora ven aquí y compláceme muy bien, muñequita…
Jisung gimió y obedientemente se acercó gateando, colocándose entre las piernas ajenas. Batió ligeramente las pestañas con falsa inocencia, se acomodó lo mejor que pudo y llevó la mano al abultado miembro, manoseándolo con descaro. Eso le sacó jadeos al mayor durante unos minutos, pero Bang ya no soportaba más.
—Sácalo —la voz ronca y gruesa del pelinegro hizo que una corriente de placer recorriera el cuerpo del castaño—. Y chupa como debe ser, muñeca.
Sonrió acariciando la mejilla del menor, que le dedicó una sonrisa pícara. Ayudó a Bang a quitarse el bóxer —que ya le estorbaba— y, cuando lo sacó, el miembro dio un leve salto. Jisung mordió su labio al ver ese pedazo de carne: venas muy marcadas alrededor del falo. Lo agarró con la mano —que apenas abarcaba lo grande que era— y empezó a moverla de arriba abajo, viendo cómo el prepucio se deslizaba y el glande, muy rojizo, dejaba salir pre-semen de la uretra. Se le hizo agua la boca. Volvió la vista al pelinegro, que lo miraba con dominancia y lujuria total.
Jugó con la lengua en el glande, dando movimientos circulares para probar el líquido preseminal. Lamió con gusto todo el falo, sintiendo esas venas marcadas. Con una sonrisa pícara, escupió en su mano y lo escurrió por toda la polla, moviéndola más rápido y escuchando el chapoteo. Los roncos gemidos de su novio llenaban el aire.
No pudo más: llevó la polla a su boca poco a poco para evitar arcadas —aunque ya estaba acostumbrado al tamaño—. Empezó a mover la cabeza lentamente de arriba abajo, usando la mano para lo que no cabía en cada mamada.
—Oh… m-mierda… Hanji —entre gemidos, el pelinegro llevó la mano a sus cabellos, tomando un puñado e intentando empujar para que tragara todo—. S-sigue así… muñeca…
Hizo su cabeza hacia atrás por la sensación.
—Mira cómo te hace una mamada, Bang. Sin duda tenemos una pequeña muñequita insaciable que solo se restriega por tu polla —habló el rubio masajeando su trasero antes de darle algunas azotadas, escuchando gemidos ahogados. Sabía que tenía la polla de su mejor amigo en la boca.
Sin preaviso, Minho abrió más las piernas del castaño, dejando ver la braga de la lencería. La rompió sin importar nada, exponiendo su entrada y su coño completamente mojado. Pasó la lengua por sus labios al saber que iba a probarlo. Se recostó en la cama, haciendo que las piernas del menor quedaran a cada lado de su cabeza.
—Ahh~ Honnie… —gimió Jisung al sentir la lengua ajena pasar entre sus labios vaginales. Su cuerpo tembló por el repentino movimiento, enviando espasmos de placer—. Mhg~
Minho sonreía viendo cómo las piernas ajenas temblaban. Movió los dedos por encima de su vagina, observando cómo los fluidos salían gratamente. Escuchaba los balbuceos del menor. Escupió directamente en su coño —que abría y cerraba—, mezclando saliva y jugos de forma lasciva, y no perdió un segundo más: lamió con fulgor.
Bang solo observaba la escena más caliente: al menor gimiendo con su falo rozando la mejilla izquierda, mientras su mejor amigo comía su coño. Acariciaba las hebras del chico.
—Qué buena muñequita eres, Hanji —dijo agarrando su polla y golpeando con la punta en los labios ajenos. Vio cómo el menor sonreía con picardía y sacaba la lengua para pasarla por en medio—. Oh… vaya que mueres por mi polla…
Tomó un puñado de cabello para alzar su rostro, sacándole un jadeo.
—Es una insaciable —espetó Minho dándole una azotada sobre su vagina que le sacó un gran chillido. Volvió a lamer con más énfasis, mordiendo su clítoris—. Le gusta ser usado por nosotros.
Metió dos dedos en el coño del menor, que gimió gustoso.
—¡Ahh!~ H-Honnie… —entre gemidos movió las caderas. El rubio aceleró los dedos, creando un morboso chapoteo—. Mgh… ¡Min!~
Se levantó un segundo, miró hacia abajo viendo cómo su novio comía su coño mojado, y volvió la vista al pelinegro, que le dio una sonrisa pícara.
—C-Channie~
—¿Qué pasa, muñequita? —cuestionó Bang moviendo su mano lentamente en vaivén sobre su falo—. ¿Qué necesitas de mí?
—F-fóllame la b-boca… —entre jadeos miró al pelinegro.
—Say please… dolly —habló con esa voz que hacía perder la consciencia al menor. Su cuerpo ardía por estar con dos hombres extremadamente dominantes.
—Please… Channie. ¡Mgh!
—Muy bien, ahora… —se levantó de su puesto, quedando de rodillas. El menor hizo lo mismo, quedando enfrente—. Voy a follar esa boquita.
Agarró el mentón del castaño, obligándolo a mirarlo a los ojos lujuriosos. Sin pensar más, lo besó con dificultad contra sus labios.
—Me encargaré de joderte…
—Oh, Channie~ —canturreó Jisung poniendo las manos sobre sus pectorales.
—Te vamos a joder como nunca, muñequita —mencionó ahora el rubio recorriendo besos por toda su espalda—. Ahora hazle caso a Channie, que recibirás una buena follada en tu boca. ¿Serás buena?
—Sí… seré buena…
El castañito, entre lloriqueos —estaba en una situación demasiado caliente para él—, se recostó en el colchón con la cabeza sobresaliendo en el borde de la cama. Su novio le follaba la boca con su pene, dándole leves y bruscas estocadas. Mierda, cómo le cabía ese pedazo de carne entre los labios —y también en su coño—, pero lo estaba disfrutando. Mientras, su otro novio se encargaba de joder su coño follándolo a su manera.
—Mira cómo se retuerce nuestra pequeña muñequita —mencionó Minho dándole estocadas profundas que hacían retorcerse al menor entre las sábanas—. Le gusta tener dos pollas en sus agujeros.
Sin dejar las embestidas, se inclinó para dejar lamidas desde el vientre hasta los pechos, pasando descaradamente la lengua y mojando cada parte de su piel, dejando rastro de él.
—Lo sé… —jadeó Jisung viendo cómo la pelvis chocaba contra su rostro con cada estocada en su boquita.
—Nuestra muñequita es tan insaciable, ¿lo es verdad, Hanji? —un gemido ahogado vibró en la garganta del menor, haciendo vibrar el pene ajeno—. Oh, lo eres, bebé…
Notó cómo la garganta se abultaba al encajar perfectamente. Llevó los dedos por esa zona, dio algunas estocadas más y sacó su pene. Ante su vista: el castaño con la lengüita medio afuera, carita de falsa inocencia y ojitos brillando de deseo.
—Mírate cómo te ves, Hanji —dijo dándole pequeños golpes con su pene en las mejillas. Dio unas cuantas jaladas rápidas antes de que hilos de semen cayeran sobre el rostro ajeno. El castaño rió gustoso recibiendo el líquido, con la lengua afuera—. Qué sucia de tu parte, Hanji.
—Sabemos cómo es nuestra muñequita —soltó el rubio entre risas dándole una brusca estocada que curvó la espalda del castaño y le sacó un gran gemido. Miró de reojo al rubio, que sonrió con picardía—. Eres toda una insaciable, Hannie…
—Oh, mira nomás qué tenemos aquí —la voz del pelinegro hizo que ambos voltearan. Tenía una bolsa con varios juguetes sexuales. Jisung jadeó sabiendo lo que se vendría.
—Lo tenías muy guardadito, muñequita —mordió sus labios Minho saliendo del interior del menor y acercándose a su amigo para curiosear la bolsa.
—Muy mala de tu parte, muñeca —habló Bang mostrando unas esposas en su mano—. Ahora recibirás un castigo de nuestra parte. ¿Estás de acuerdo, Minho?
—Más que nada… —gruñó Minho sin dejar de mirar lujuriosamente al menor.
—Y tú, Hanji… ¿quieres un castigo por ser una muñequita mala?
El menor solo asintió frenéticamente, poniéndose de rodillas enfrente de sus novios.
—S-sí, soy suyo… hagan lo que quieran conmigo… ¡Ahh!~
Recibió una leve cachetada del rubio, excitándose aún más.
—Qué ninfómana para entregarte así, Hannie —se acercó Minho tomando bruscamente su mentón—. ¿Quieres que nos encarguemos de joderte esta noche?
Bang ya estaba detrás de la espalda del menor, dándole besos calientes en el cuello. Luego lo recostó nuevamente sobre el colchón, alzó sus brazos haciendo que sus muñecas quedaran cruzadas y le puso las esposas. Jisung quedó impactado al ver cómo el pelinegro le colocaba una mordaza entre los labios. Bang solo rió con esa risa demasiado sexy… Mierda, ya se sentía mojado. Chilló en ese instante cuando su cuerpo fue girado quedando boca abajo y su trasero fue alzado por el rubio.
—Vamos a ver qué podemos hacer contigo —dijo Minho mientras sacaba un plug de corazón de la bolsa. Jisung mordió sus labios al ver el objeto—. Oh, eres una pequeña muñequita muy traviesa, Hannie.
Llevó sus dedos ya lubricados por su saliva, pasando por su entrada lentamente para facilitar la introducción del objeto.
—Ya lo tenías planeado todo —comentó Minho. El menor solo asintió soltando un gemido ahogado. El rubio sonrió y luego introdujo el plug en su interior, viendo cómo era succionado por las paredes anales.
Jisung ya no podía controlar más sus gemidos, aunque no se escuchaban mucho por la mordaza. Sentía cómo su novio empezaba a jugar con el objeto alrededor de su entrada, girándolo con descaro mientras le daba varias azotadas en las nalgas. Alzó la mirada hacia el pelinegro, que estaba de rodillas enfrente de él con una sonrisa pícara. Con su dedo pulgar pasó por sus mejillas, que estaban mojadas por las lágrimas.
—Me encanta verte así, muñequita —dijo Bang y le dio una pequeña azotada en la mejilla izquierda, escuchando un chillido ahogado del menor—. ¿Te gusta provocarnos, no?
—Es una pequeña puta insaciable —soltó entre risas el rubio dándole otra azotada en el trasero—. Se deja por ser tan ninfómana.
Después de eso, Minho siguió jugando con el objeto en su entrada, escuchando sus lloriqueos. Bang dio una señal a su amigo, que dejó lo que estaba haciendo. Vio cómo se acercaba, movió el cuerpo del castaño haciendo que volviera a quedar boca arriba.
—Veamos… sé que dijiste que hiciéramos lo que quisiéramos contigo, Hanji —habló Bang con la voz más ronca de lo habitual, sacando un pequeño vibrador inalámbrico con control remoto de color rosa.
—¡Mierda! —gruñó Minho ansioso por lo que se vendría—. ¿Qué clase de muñequita sucia tenemos nosotros?… Aquí en la cama…
Bang no dijo nada; solo abrió las piernas ajenas viendo cómo el coño goteaba —había tenido varios orgasmos ya—. Sin esperar más, metió el vibrador colocándolo muy bien en su lugar. Miró de reojo cómo su pequeña entrepierna palpitaba. Llevó su mano alrededor para darle atención y dio algunos vaivenes que hicieron temblar todo el cuerpo ajeno. Estuvo así unos cinco minutos.
—Bien, ahora mismo me encargaré de controlar tu cuerpo, Hanji —dijo mientras recorría con la mirada todo su cuerpo maltratado por él y Minho—. Con esto lo haré con mucho gusto.
Enseñó el pequeño control que manejaba el vibrador.
—Será bastante excitante para mí y para Minho.
Lee y Bang miraban con cierta satisfacción cómo el cuerpo del castaño se retorcía sobre las sábanas por el efecto de las vibraciones dentro de las paredes vaginales. Lloriqueaba y chillaba; los dos mayores solo gemían por tenerlo en esas condiciones, suplicando que detuvieran.
—Mira cómo se retuerce nuestra pequeña muñequita, Bang —dijo Minho acariciando con sus manos el cabello ajeno.
—A él le gusta mucho tenerlo así. ¿Verdad, Hanji? —El mencionado solo asintió frenéticamente. El pelinegro vio cómo las mejillas del menor estaban ruborizadas y mojadas por las lágrimas.
Bang volvió a presionar el botón del control para subir la intensidad del vibrador. Escuchó más lloriqueos al aumentar las vibraciones. Con el dedo pulgar frotó su clítoris moviéndolo lentamente; eso fue la clave. El castaño chilló poniendo los ojos en blanco al llegar a otro orgasmo con tanta frecuencia por la fuerte estimulación, haciendo que su espalda se curvara. El pelinegro sonrió con deseo unos segundos, apagó el aparato y lo sacó de su coño. Al hacerlo, vio cómo salía el fluido viscoso. Mordió su labio queriendo chuparlo, pero se contuvo. Volvió a meter el vibrador y le entregó el control al rubio, que no entendió hasta que habló:
—¿Qué plan tienes en mente, Bang? —preguntó Minho con una sonrisa socarrona.
—Nada, solo disfrutar el momento —dijo poniendo al menor boca abajo, haciendo que sus pechos quedaran sobre el colchón y su trasero alzado a la vista, con el plug aún en su entrada—. Quítale las esposas y la mordaza.
Minho asintió, quitó las esposas y luego la mordaza. Al sacarla, vio cómo sus labios y barbilla estaban repletos de saliva, con la lengüita medio afuera. El menor apoyó los codos en el colchón.
—My lovers… mgh~… son tan buenos —canturreó ya totalmente excitado, mirando al rubio con lujuria.
Minho le alzó el rostro. Unos segundos después llevó el dedo pulgar por encima de sus labios, pero el menor abrió la boca para dejarlo entrar y lo chupó con demencia, dejando rastro de saliva. El rubio tomó un puñado de su cabello castaño y movió su cabeza hacia atrás.
—Eres una perra… —gruñó con deseo agarrando su polla y dándole leves golpes en el rostro ajeno. Lo escuchó reírse con un toque de coquetería—. Mírate cómo te mueres por mi polla.
—Yo solo hago satisfacer muy bien a mis novios… Ahh~ —gimió cuando sintió una azotada en sus nalgas. Miró de reojo al pelinegro con un puchero en los labios.
Minho miró a Bang, que asintió. El rubio apretó el botón para hacer vibrar el aparato entre las paredes vaginales. Jisung gimió agudamente y volvió la mirada al pelinegro, que sonrió con picardía agarrando su polla e introduciéndola en su coño —aún con el vibrador adentro—. El castaño chillaba; sentía que en cualquier momento le llegaría otro orgasmo.
Unas manos muy venosas posaron en cada lado de sus caderas. Bang empezó a empujar lento y brusco, golpeando con profundidad y viendo cómo salía y entraba su falo en ese estrecho coño.
—Mira cómo recibes un vibrador y una polla al mismo tiempo —dijo mientras daba algunas estocadas bruscas; su pelvis chocaba contra su trasero.
—¡C-Channie! —entre sollozos sentía las fuertes embestidas y más las vibraciones en su coño. Su cuerpo se debilitaba, haciendo que su rostro cayera contra el colchón—. ¡Mgh! ¡A-ahh!~
Miró de reojo al rubio, que entre risas veía la escena de cómo su amigo se hacía cargo de follarlo ante sus ojos. Levantó su rostro mientras daba algunos vaivenes en su falo sin dejar de mirarlo lujuriosamente.
—Chupa… little bitch —el menor asintió abriendo su boca y sacando la lengua para recibirlo en su cavidad bucal. Movió la cabeza de adelante hacia atrás sin amenaza de arcada—. Eso… s-sigue así, pequeña muñequita, pero déjame hacer el trabajo por ti.
Sacó su polla de su boca para darle algunos golpecitos con el glande en la lengua antes de volver a meterla. Llevó la mano a sus cabellos castaños, tomó un puñado y movió sus caderas, haciendo que la pelvis chocara contra su nariz. El rostro del menor era una excepción: esos ojitos brillaban por deseo y su carita de falsa inocencia aumentaba su excitación. Con más certeza empezó a follar su boca, hundiéndose hasta la garganta.
Jisung sentía que iba a desfallecer por tanta estimulación: el vibrador junto al pene con las bruscas estocadas en su coño, el maldito plug en su entrada y la polla en su boca. Por una parte le gustaba ser totalmente sucio, cómo sus novios manipulaban su cuerpo como si fuera un simple juguete… y eso lo fascinaba aún más. Miró de reojo al rubio, que jadeaba por cómo las vibraciones en su falo aumentaban cada vez que el menor gemía a través de las embestidas del pelinegro. Estuvo así unos minutos antes de sacar su polla para dar algunas jaladas rápidas; retiró tiras de semen que cayeron sobre su rostro, viéndose tan lascivamente caliente.
Las embestidas seguían en su coño; ahora el pelinegro lo jodía con más frecuencia, hundiéndose hasta el fondo mientras el vibrador seguía vibrando.
—¿Te gusta, muñequita? Que te jodan este sucio coño —dijo Bang dándole una gran azotada en la nalga izquierda. El menor lloriqueaba. Sin respuesta, agarró un puñado de sus cabellos sacándole un chillido y moviendo su cabeza hacia atrás—. Contesta, pequeña zorra…
—S-sí… mmh~
Bang se inclinó dejando besos sobre su espalda bronceada, sin pasar desapercibido el tatuaje en medio de los omóplatos: una serpiente que rodeaba una rosa roja con espinas en el tallo. Le mordió levemente los labios por ese detalle y apresó con sus fuertes y fornidos brazos la estrecha cintura, haciendo que su pecho y torso quedaran pegados a su espalda sin dejar las embestidas. Escuchaba sus chillidos y cómo gemía su nombre cada vez que le daba estocadas profundas.
—No sabes cuánto me encanta tenerte así, muñequita —gimió contra su oído separándose unos segundos y atrayéndolo nuevamente para que su espalda se pegara a su pecho—. Nadie como nosotros puede ponerte así.
Sin soltar el agarre de su brazo izquierdo en la cintura, llevó su mano derecha rodeando su cuello.
—¡Nhg!~ —chilló cuando sintió nuevamente las embestidas, esta vez más profundas y certeras. Miró de reojo al rubio, que lo miraba con tanta lujuria mientras se masturbaba enfrente de él.
—Tan sumisa ante nosotros —dijo Minho sin dejar de masturbarse. Se inclinó un momento y unió sus labios con los suyos; el beso se creó con dificultad y de forma morbosa, sus lenguas entrelazadas. Era una escena malditamente caliente mientras besaba su boquita y aprovechaba para tomar algunos de sus pezones y apretarlos a su manera.
—¡Ahh!… c-chicos… ¡mgh! —más gemidos seguían saliendo, volviéndose muy escandalosos—. Oh… por D-Dios… ¡Sí!
Sus ojos se pusieron en blanco al sentir cómo el pelinegro hundió más su polla en su coño —olvidando que tenía el vibrador vibrando en su interior—. La mano ajena apretaba con fuerza su cuello, pensando que le dejaría una gran marca. Las embestidas fueron más profundas; hizo su cabeza hacia atrás quedando sobre el hombro de Bangchan.
—Nuestra muñequita —gimió Chris pasando su lengua por el cuello mojando su piel sin dejar las embestidas—. Tan maltratada y usada por nosotros.
Giró su rostro haciendo que quedaran a centímetros y no esperó más: lo besó con frecuencia mientras el rubio dejaba mordidas en todo su cuello hasta sus pechos, marcando casi todo su cuerpo.
—Mira cómo nos encargamos de usar tu cuerpo como si fueras una putita, Hanji… Do you like it, baby? —el menor solo asintió poniendo sus manos en el pecho del rubio sin dejar de mirar al pelinegro.
—Just fuck your little dolly, please —respondió besando al pelinegro en un beso lascivo y morboso, después al rubio con uno desesperado y lujurioso—. Soy solamente suyo… mhg~
Jisung se encontraba ahorcajadas sobre el pelinegro con una sonrisa pícara mientras hacía rozar su coño mojado por encima de su gruesa y dura polla, jugando por unos momentos. Estaba ansioso por ser follado por sus novios.
—Channie~ —gimió sintiendo cómo las manos del mencionado agarraron su cintura tan fina, acariciando su piel mientras lo veía mover las caderas lentamente. El pelinegro solo jadeó por sus movimientos—. Honnie~
Miró directamente al rubio, que estaba a unos centímetros de ellos.
—¿Qué pasa, Hannie? —dijo acercándose y tomando levemente su mentón para que lo mirara. Sus ojos estaban muy lujuriosos.
—L-los necesito… —entre jadeos siguió moviéndose sobre el pelinegro—. Q-quiero sentirlos.
—¿Tanto lo quieres, Hanji? —sin moverse de su lugar, solo se levantó. El menor puso sus manos sobre los pectorales del mayor.
—S-sí… —los besos ajenos se apoderaban de su cuello, dejando marcas que posiblemente se notarían al día siguiente—. Son t-tan buenos…
—Buenos complaciéndote, muñequita —contestó el rubio agarrando su mentón para morder suavemente su mejilla regordeta. Jisung gimió asintiendo.
—Sentir nuestras pollas joder en tu coño —mencionó el pelinegro tomando con brusquedad su cuello.
—Joder, sí… —cerró los ojos mordiendo sus labios por el placer que sentía, la sensación de ser tomado por ellos—. M-mierda, solo fóllenme… ¡Ahhh!
—¿Estás necesitada por nuestras pollas, Hannie? —cuestionó Minho sin dejar de darle azotadas en su culo.
—Hay que darle lo que quiere a nuestra muñeca, Minho —dijo Bang volviéndose a recostar en el colchón mientras pasaba sus manos sobre los bronceados muslos del menor—. Quiere ser follada por nosotros…
—Just fuck me —se quejó viendo cómo los mayores jugaban frotando sus pollas en su coño y su entrada—. Channie… Honnie…
—¿Estás desesperado, Hanji? —preguntó Bang viendo cómo el menor hacía una pequeña mueca mientras se movía sobre su regazo.
—Eres un insaciable, Hannie —rió Minho sin apartar la vista de cómo el pene rozaba contra las nalgas del menor, y luego sonrió.
Jisung se acomodó muy bien, miró de reojo por encima del hombro y vio cómo ese pedazo de carne tan grueso y duro entraba lentamente en su coño. Mordió su labio, puso las manos sobre el pecho del pelinegro y empezó a montar despacio, moviendo las caderas en círculos. Después aceleró con unos cuantos saltos. El castaño sentía la gloria al tener la polla de su novio dentro de su coño. Bajó la vista para darle una sonrisa coqueta al mayor, que solo puso las manos en sus caderas, subiéndolas poco a poco hasta llegar a sus pechos. Les dio apretones y palmadas, sacándole gemidos suaves.
Jisung seguía montando la polla del pelinegro, pero en ese momento vio cómo el rubio se acercaba por detrás. Minho gemía cerca de su oído.
—Si vas a montar una polla… —hizo inclinar el cuerpo del menor mientras su glande rozaba en su entrada—. Tendrías que tomar las dos como la buena putita que eres.
El menor asintió mordiendo su labio inferior. Minho le dio una azotada en las nalgas con la mano, haciendo que Jisung chillara de placer.
El rubio jugó unos momentos frotando su polla por el medio de sus nalgas, mirando de reojo al menor, que sonreía con deseo al ser follado así. Minho metió su polla en su entrada, sintiendo cómo las paredes la apretaban con gusto. Hizo su cabeza hacia atrás por esa sensación y empezó a mover las caderas de adelante hacia atrás, lento y brusco al principio. El menor gimió agudamente al sentir cómo sus novios llenaban sus agujeros con sus falos. Las embestidas aumentaron rápidamente.
—¿Te gusta tener pollas, muñequita? —cuestionó Minho mirando al menor, que asentía—. Te hace sentir bien… encajar perfectamente en ti.
—S-sí… son tan buenos… —respondió Jisung mordiendo sus labios.
—Siempre lo hacemos, Hannie —dijo Bang haciendo a un lado el cabello que cubría su nuca para dejarle un beso allí.
Luego de unos minutos, la habitación se llenó de gemidos agudos del castaño. Sus novios maltrataban y destrozaban sus agujeros a su manera, como animales en celo, sedientos por follarlo y arruinar cada parte de su cuerpo. Jisung siguió el compás de ellos, montando sus penes mientras gemía sin control. Los choques de pieles creaban una escena llena de morbosidad. Sus manos, apoyadas en el pecho del pelinegro, temblaban por la debilidad; no aguantó más y cayó sobre el fornido pecho de Bang, que solo sonrió con picardía.
—¡A-ahh!~… —gritó haciendo resonar la habitación cuando uno de los falos tocó su punto dulce. Sus ojos se pusieron en blanco por la sensación; varios espasmos de placer lo recorrieron—. ¡Sí! Oh, j-justo ahí… ahh~
Sin vergüenza, Jisung llevó su mano sobre su clítoris y frotó descaradamente su zona íntima mientras sus novios seguían con las embestidas en su interior. Sus mejillas ya estaban ruborizadas, con lágrimas cayendo por ellas; sus labios repletos de saliva formaban hileras que bajaban hasta el pecho ajeno. El menor era un desastre completo.
—Oh, ¡sí!… Más… my lovers… más… —pidió excitado, su cuerpo rogando ser follado duro por sus novios.
—Mira cómo pide de más nuestra muñequita —soltó Bang poniendo las manos en sus caderas para dar una brusca estocada, profundizando y hundiéndose en su exquisita entrada tan estrecha—. Es una ninfómana.
Bastaron un par de estocadas profundas antes de que el castaño no soportara más. Soltó un gran gemido agudo y ronco. Sabía que había llegado su orgasmo; con tanta estimulación fue diferente: tuvo un squirt intenso, algo normal cuando follaba con sus novios. Cuando sacaron los falos de su interior, vieron cómo sus fluidos blanquecinos salían junto al semen de sus agujeros, cayendo lentamente.
Jisung cayó rendido aún encima del mayor. Minho se tiró en la cama muy cansado, colocándose a su lado. Estaba hecho un desastre, pero el menor lo estaba mucho más: labios totalmente hinchados, cabello revoltoso, piel llena de marcas… y lo último, su coño y entrada mojados por el semen que todo eso había sido obra de sus dos novios.
—Me encanta cuando follamos juntos —rió apenas el menor con el poco aliento que le quedaba tras el reciente orgasmo.
—Eso ya lo sabemos, Hanji —dijo el pelinegro rodeando sus brazos alrededor de su cintura.
—Nadie lo hará como nosotros, Hannie —apretó Minho la mejilla del menor, sacándole una sonrisa coqueta.
—Claramente son muy buenos en lo que hacen —dijo Jisung bajándose del cuerpo del mayor y recostándose sobre la cama, quedando en medio de sus novios—. Además… todos queriendo tener algo conmigo…
Hizo un puchero mientras pestañaba con inocencia.
—Digo… dar mi coño a ellos.
—Pues que jodan esos imbéciles —contestó el rubio entre dientes—. Yo y Bangchan no vamos a permitir que otros intenten tocarte. ¿Estás de acuerdo, Bang?
—Minho tiene razón, Hanji —llevó Bang su dedo pulgar por encima de sus labios en forma de corazón.
—Claro, ustedes saben que yo les pertenezco… Nadie tiene el lugar como ustedes.
Bangchan miró a Minho; el menor tenía razón. Nadie tenía permitido tocar a ese angelito, aunque sabían bien que en la cama era un pequeño diablillo. Después de esa larga ronda de sexo, hablaron por media hora más, se dieron una ducha juntos y terminaron durmiendo abrazados.
Nadie olvidaría esa noche en la que Jisung, durante el sexo, era su pequeña…
**Muñequita**
Resubiendo este OS Minchansung por aquí. 👀🔥😝









se me fue mi bloqueo lectora gracias a tu historia