flaws ✧ heejake (ov)

Summary

Heeseung quiere invitar a Jake a salir, pero cada intento sale peor que el anterior. ╰►heeseung + jake ❥ ╰►romance ; fluff ; soft ╰►one-shot ╰►omegaverse ╰►inspirado en la canción flaws by calum scott ╰►historia completamente mía © angehee

Genre
Romance
Author
Ange
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

flaws

En el largo pasillo, bañado por la luz blanca que se filtraba por los altos ventanales, Heeseung se encontraba en su décimo —o tal vez decimoquinto— examen de conciencia frente al reflejo distorsionado de una ventana. El cristal, ligeramente sucio y marcado por los dedos de adolescentes, le devolvía una imagen algo borrosa pero suficiente para comprobar el desastre. Se alisó con nerviosismo el flequillo que se negaba a mantenerse en su sitio, luego se tiró de los puños de la camisa blanca, que parecían siempre un poco más largos de lo necesario.

«Hoy sí», musitó para sí mismo. Los ojos oscuros, normalmente llenos de una calma, brillaban con determinación. «Hoy es el día. Voy a caminar hacia él con confianza, voy a respirar hondo, voy a sonreír sin que parezca una mueca de dolor… y voy a decir: “Hola, Jake. Me preguntaba si… si te gustaría salir conmigo este sábado. A algún sitio. Cualquier sitio”.»

La frase, mil veces ensayada frente al espejo del baño, sonaba bien en su mente. Ahora solo faltaba que su lengua —traicionera y propensa a los nudos—, cooperara. Una mano firme aterrizó en su espalda con una palmada que hizo que tragara saliva.

—Lo tienes, Heeseung —dijo Sunghoon, su amigo desde que tenía memoria. Su rostro reflejaba un apoyo incondicional—. Respira, ¿vale? Recuerda lo que practicamos. Eres un alfa. Tienes esa… esa presencia que nos caracteriza. Solo debes saber sacarlo.

A su izquierda, Jay no pudo contener una risa, cubriéndose la boca con el dorso de la mano para disimularla.— Claro, esa “presencia” tuya que se manifiesta seguro en tropiezos —bromeó. Heeseung lo fulminó con una mirada seria, entrecerrando los ojos mientras levantaba el codo en un gesto amenazante. Jay esquivó el movimiento sin problema. Luego, su expresión se suavizó tornándose sincera y se inclinó un poco hacia su amigo.— Pero en serio, hermano. Jake no es como los otros omegas del instituto. ¿No lo has notado? Siempre te mira... No de la manera en que mira a los demás.

Aunque no lo dió a notar una pequeña pizca de esperanza se formó en su pecho.— ¿Mirarme? A veces siento que solo me observa por mis tropiezos —confesó, la voz cargada de una autocrítica que sus amigos conocían demasiado bien—. No sé si sea por pena o burla.

—Tonterías —intervino Sunghoon, cruzando los brazos—. Jake no es igual a Minho y sus amigos.

Entonces, el timbre sonó, marcando el final de las primeras horas de clases y el momento que Heeseung había estado anticipando con nerviosismo todo el día, lo había planeado todo. El omega siempre almorzaba en el patio exterior, bajo el viejo cerezo que en primavera se convertía en una nube de pétalos rosados, su lugar favorito para estar con sus amigos.

Con una determinación que le tensaba los hombros, el alfa comenzó su travesía. Pero se encontró con su primer obstáculo, una mochila abandonada en medio del flujo de estudiantes. La cual logró esquivar. «Bien». Continuando su camino, se encontró con un grupo de estudiantes charlando animadamente, a quienes tuvo que rodearlos con cautela. La puerta que conducía al patio, y a Jake, estaba ya a solo unos pasos. Podía ver la franja de luz solar que se colaba por ella. El corazón le martilleaba contra las costillas. «Respira y sonríe»

Fue entonces cuando el universo, o quizás simplemente la ley de Murphy aplicada a su persona, decidió intervenir contra él. Un estudiante de primer año, con bastante energía, irrumpió corriendo a toda velocidad, su mirada fija en una pelota de fútbol que rebotaba. “¡Cuidado!”, gritó. Heeseung lo vio demasiado tarde. Su instinto le indicó que se detuviera, aunque su pie derecho intentó frenar, su pie izquierdo decidió seguir avanzando, y en el espacio de un latido, se enredaron en un nudo. Sus brazos extendidos, buscando un punto de apoyo en el aire, su cuerpo inclinándose en un ángulo. En su caída, su mano, en un acto reflejo de pánico, se aferró a lo primero que encontró, el brazo de alguien que pasaba a su lado. Minho. El alfa arrogante y prepotente, que solo buscaba burlarse de los demás.

El tiempo se comprimió. Ambos alfas cayeron contra el suelo. El impacto reverberó en el aire cargado de feromonas agresivas, atrayendo miradas curiosas de los estudiantes cercanos. Y en ese preciso momento, para completar la desgracia del pelirrojo, un golpe impactó contra su coronilla, al parecer la pelota había seguido su trayectoria, rodando segundos después del golpe hasta detenerse contra la pared, mientras un dolor punzante irradiaba en su cabeza.

El silencio que siguió fue espantoso, roto solo por el latido acelerado de sus corazones y el zumbido distante de las voces alrededor. Luego, Minho se irguió primero, sacudiéndose con furia la suciedad de su uniforme. Sus ojos, inyectados en rojo por la ira, se clavaron en Heeseung.

—¡Torpe de mierda! —espetó, las palabras cargadas de un desprecio que quemaba, liberando una oleada de sus feromonas enojadas que hicieron que los omegas cercanos se inquietaran—. ¿Eres ciego o simplemente idiota? ¿No puedes ver por dónde caminas?

Heeseung, aún aturdido por el golpe y la humillación, murmuró un “lo siento” que sonó más a suspiro que a disculpa. El calor de la vergüenza le subía por el cuello, quemándole las orejas. Mientras se intentaba incorporar, una mano en su cabeza dolorida, su mirada se elevó, barriendo el lugar. Distinguiendo a la mayoría de sus compañeros presentes, aunque también se encontraba Jake. El omega tenía sus ojos abiertos por la preocupación y en su ceño, tenía una suave arruga. Para el alfa, ver esa expresión dirigida a él fue como un puñal en su corazón. «Otra vez. Lo arruiné todo.»

Pero entonces, el omega se movió. Algo que hizo callar el murmullo de los estudiantes, cruzó la distancia que los separaba, pasando por alto a Minho. Se detuvo frente a Heeseung, que seguía medio arrodillado, y extendió una mano.

—¿Estás bien? —preguntó. Su voz era más suave de lo que Heeseung recordaba y su aroma, ese dulce aroma a frutos rojos nunca lo había sentido tan cerca, se sentía encantado—. Esa pelota te dio fuerte. Se oyó el golpe.

En ese instante, como si temiera que la mano fuera una de sus tantas ilusiones, Heeseung alargó la suya y la colocó en la de Jake. El contacto fue un choque eléctrico, que le recorrió el brazo hasta el pecho. La piel del omega era suave.

—Estoy… estoy bien —logró articular, aunque las palabras le salieron entrecortadas y con algo de dificultad. Ahora que el omega estaba a menos de treinta centímetros, el mundo se había reducido a él. Podía distinguir el puente de su nariz, sus ojos, el suave brillo natural de sus labios, ligeramente entreabiertos, y, sobre todo, la preocupación que anidaba en sus orbes.

El resto de estudiantes dejaron de importar a su alrededor.

—Eres Heeseung, ¿verdad? —preguntó, y para asombro de este, no retiró su mano. La mantuvo allí, un punto de contacto que le resultó tranquilizador.

—Sí, ese… ese soy yo —confirmó, sintiendo cómo su cerebro, ya de por sí en estado de shock, comenzaba a derretirse—. Y tú eres Jake. El omega más... —se atragantó, corrigiéndose— quiero decir, todos saben quién eres.

Una sonrisa iluminó el rostro de Jake, mismo que pareció encender cada fibra de su corazón.— Me alegra que sepas mi nombre —dijo, y su pulgar hizo un roce leve sobre el dorso de la mano de Heeseung—. Hyung…

—¡Jake! —Una voz cargada de impaciencia, cortó el momento. El chico intentaba moverse entre la poca multitud de estudiantes que aún estaban presentes, el mencionado volteó a ver encontrándose con uno de sus mejores amigos, Sunoo, quien le hacía señas desde su lugar—. ¡Ven, que se nos enfría todo y Jungwon se va a comer tu parte de tteokbokki! —al omega recién llegado parecía importarle poco lo sucedido.

Jake parpadeó, como si saliera de un trance. Por un instante, la frustración cruzó su rostro. Sus dedos apretaron, la mano del alfa, antes de soltarla.

—Nos vemos, hyung —dijo, y su voz sonó un poco más baja—. Cuídate, ¿de acuerdo? Y ponte hielo en esa cabeza.

Heeseung solo pudo asentir, mudo, mientras observaba cómo Jake se daba la vuelta y su figura esbelta se alejaba sonriendo mientras conversaba con su amigo. Los estudiantes que habían quedado, empezaron a tomar sus rumbos nuevamente. Algunos frustrados por la falta de una pelea entre ambos alfas y otros, haciendo burla a lo sucedido. Pero al pelirrojo, dejó de importarle todo a su alrededor, incluso cierto alfa que aún permanecía a unos pasos detrás de él.

Minho, quien había presenciado el intercambio de palabras entre el omega y Heeseung, soltó una risa burlona.— Ni siquiera puedes articular una frase completa cuando está cerca, ¿eh, torpe? —escupió, acercándose—. Un alfa como tú, que ni siquiera puede mantenerse en pie… no tiene ni la más remota posibilidad con un omega como Jake. Deberías hacerle un favor y dejar de hacer el ridículo delante de él.

Pero las palabras venenosas de Minho se deslizaron sobre Heeseung. Porque en su mente solo había lugar para aquel tacto de aquella mano. Y en sus ojos, seguía bailando la imagen de sus orbes llenos de preocupación. Tal vez, solo tal vez, Jay y Sunghoon tenían razón. Tal vez había esperanza.

🌼

Los días pasaron volando demasiado rápido, pero todas con un denominador común, cada intento meticulosamente planeado por el alfa, terminaba en un pequeño desastre. Para Heeseung, se sentía como si estuviera atrapado en un bucle de humillación, donde cada fracaso venía acompañado con una sonrisa del omega, algo que en sí, valía mucho para él.

Incluso hubo un incidente en la cafetería donde tras varios recreos dedicados a investigar, cuál era el postre favorito de Jake. “Pastel de chocolate” le había confesado Jay, tras sobornar a un amigo de un amigo de Jungwon con un cómic. Así que Heeseung —con el corazón latiendo demasiado rápido—, adquirió una porción con una cereza en la cima. Se encaminó a dónde se encontraba el omega sentado junto a sus amigos, riendo de algo. Era su momento.

En el camino, tratando de proyectar confianza. «“Jake, esto es para ti”», había ensayado mentalmente. A tres pasos de la mesa, el pie de una silla, sacada por alguien al levantarse, se interpuso en su camino. Lo hizo tambalear, aunque Heeseung hizo un movimiento para recuperar el equilibrio, y el plato, que sostenía con una mano, se elevó en el aire. El tiempo se volvió lento. El pastel de chocolate, se estrelló contra su propia cara.

El silencio se prolongó durante unos segundos. Luego, varias risas por parte de sus compañeros se escucharon, su rostro enrojeció de vergüenza —bajo todo el chocolate—, pero al alfa solo pareció importarle la mirada de una persona en específico. Una que lo veía con orbes llenos de preocupación. Shim se levantó y tomó una servilleta, acercándose a su rostro.

—Oh, cielos, hyung —dijo, su voz resultó temblorosa—. Espero que al menos supiera bien —intentó suavizar el ambiente.

Se acercó y, con una delicadeza que hizo que a Heeseung se le parara el corazón, comenzó a limpiarle con ternura el chocolate de la mejilla y la punta de la nariz. Definitivamente se convirtió en uno de sus mejores momentos. Dónde su sonrisa —de cerca—, era tan tierna que Heeseung, por un instante, olvidó la crema batida que se le pegaba a las pestañas. Casi valió la pena, más porque volvió a llenar sus pulmones de su confortante aroma.

Luego estuvo el episodio en la clase de química, dónde Heeseung estaba distraído —como siempre— pensando en si Jake habría traído hoy ese suéter celeste que le hacía parecer extremadamente adorable. Al alzar la vista por la ventana del pasillo, lo vio, allí estaba pasando. Sin pensarlo dos veces, con la adrenalina suplantando su parte racional, salió disparado del laboratorio. Lo que olvidó —en su fuga—, fue quitarse las gafas de seguridad de plástico amarillo y el delantal, manchado de un tinte azul de un experimento fallido. Se plantó frente al omega, jadeando, intentando recuperar el aliento.

El omega se detuvo, sus ojos recorrieron su figura de pies a cabeza, luego parpadeó, su boca se abrió ligeramente en una 'O'. Era una expresión tan adorablemente confundida que Heeseung sintió que su cerebro se formateaba por completo. Todas las frases poéticas, los cumplidos ensayados, los planes de conversación, se borraron. Lo único que quedó, flotando en el vacío de su mente, fue el último aviso de seguridad que el profesor había comentado antes de que él saliera corriendo.

—El ácido sulfúrico es peligroso. —fue lo único que logró pronunciar.

Hubo un silencio.

Shim lo miró. Heeseung se observó a sí mismo. La absurdidad de la situación —de su comentario—, cayó sobre él. Un rubor le incendió el rostro. Giró sobre sus talones y huyó, dejando a un Jake que, tras la sorpresa inicial, se llevó una mano a la boca para esconder una sonrisa, sus ojos siguiendo la espalda del alfa.

Ante eso y miles episodios más de fracasos. Heeseung, cada noche se recostaba en la cama y repasaba mentalmente la galería de sus errores. Sentía frustración y enojo, pero extrañamente, la acompañaba un afecto creciente. Porque cada desastre venía ahora unido al recuerdo de las sonrisas y atención del omega.

Una noche, Jay y Sunghoon estaban en su habitación, inmersos en una partida de videojuegos que servía más de terapia que de competición.— Al menos no te ignora —decía Jay, esquivando un ataque en pantalla—. Eso ya es algo. Un omega como Jake, con la bandada de alfas que lo persigue, podría hacerte invisible fácilmente si le molestaras. Pero no lo hace.

—Es más que eso —añadió Sunghoon, sin apartar los ojos de la pantalla—. ¿Te fijaste ayer en la biblioteca? Estabas buscando ese libro de astronomía en el estante más alto. Y eso que tú eres bien alto. Te pusiste de puntillas, perdiste el equilibrio por un milisegundo y te tambaleaste. No llegaste a caerte, pero fue cerca.

Lee gimió, hundiendo la cara en una almohada. —¿Otro casi-accidente? Genial.

—No, escucha —insistió Sunghoon, pausando el juego—. Antes de ello, miré hacia la mesa donde él estaba estudiando. Y te estaba mirando. Sus ojos le brillaban mientras te veía...

—¿En serio? —la voz de Heeseung surgió apagada de la almohada, pero con un nuevo hilo de esperanza que Jay captó al instante.

—Totalmente —afirmó Jay—. Y el otro día, cuando Minho se rió de ti por derramar el zumo de uva en el pasillo, Jake, que venía detrás, les lanzó una mirada enojada. Que incluso se quedaron callados de golpe. Definitivamente, le importas. Y no le hace ninguna gracia que se burlen de ti.

El pelirrojo suspiró. Se incorporó, apoyándose contra la cabecera de madera de su cama.— Pero eso no cambia el hecho de que nunca puedo decir lo que quiero decir —se quejó, pasándose una mano por el cabello—. Mis palabras se enredan peor que mis cables de auriculares. Mis pies tienen una agenda propia que no incluye mantenerse rectos. Es como si cada molécula de mi cuerpo conspirara para hacerme quedar como un idiota en el momento exacto en que más necesito parecer… no idiota.

Sunghoon guardó silencio por un momento, reflexionando mientras su personaje en pantalla permanecía quieto.

—Tal vez —dijo al fin, con voz pensativa— deberías simplemente decirle que te acompañe por un café o helado y no directamente invitarle a una cita.

Heeseung lo miró, intrigado. La idea se quedó flotando en la habitación, y luego se ancló en su mente. Tal vez resultaría más fácil y por fin sus palabras pudieran encontrar un camino desde su corazón hasta su boca sin tantos problemas de por medio.

🌼

El sol de media tarde se filtraba a través del dosel rosado del árbol, creando un mosaico hermoso. Jake estaba recostado contra el tronco áspero, un libro de poesía abierto sobre sus rodillas, pero sus ojos no seguían los versos. Escuchaba con solo la mitad de su atención el murmullo constante de sus amigos, un suave telón de fondo a sus propios pensamientos, que giraban obsesivamente en torno a un mismo eje.

—...y entonces Minho, con toda la soberbia del mundo, me preguntó si quería salir con él este viernes —decía Sunoo, rodando los ojos, mismos que reflejaban un destello de irritación y enojo—. Como si, después de presenciar cómo trata a los demás, yo fuera a querer pasar cinco minutos a solas con él.

Jungwon, quien estaba acariciando una corona de margaritas, alzó la vista.— Hablando del Minho... ¿vieron cómo se burló de cierto alfa otra vez hoy? ¿Cómo se llama? Heeseung, creo.

El nombre, golpeó a Shim con fuerza en el estómago. Sintió cómo un puño invisible se cerraba alrededor de su corazón. Forzó sus músculos faciales a mantenerse neutrales, y su voz a sonar plana.— Sí, lo vi.

Fue Sunoo quien continuó, sin mala intención, simplemente analizando el panorama.— Es un poco... patético, ¿no? Quiero decir, es un alfa. Se supone que debería ser fuerte y seguro. Pero este hyung parece amar el suelo. Se cae más veces de las que camina. A veces me pregunto, ¿cómo puede ser tan torpe? ¿Es que no mira por dónde pisa?

Cada palabra se clavó en la piel de Jake. No podía soportarlo más. La defensa brotó de sus labios antes de que la razón pudiera interceptarla.— Para mí, es lindo.

Un silencio se prolongó, solo habiendo un suave zumbido de una abeja entre las flores pareció amplificarse. Ambos pares de ojos —curiosos, sorprendidos y desconcertados— se clavaron en él. Kim dejó caer la hierba que tenía en la mano, arqueando una ceja.

—¿Lindo? Jakey, cariño, despierta. —Su tono no era cruel, pero si estaba lleno de cierta incredulidad.— Tienes literalmente a media población alfa del instituto, incluidos los de los cursos superiores, haciendo fila por una sonrisa tuya. Podrías escoger a cualquier alfa popular, que sepa cómo sostener un tenedor sin clavárselo en la mano... ¿y tú me dices que ese desastre es lindo?

Jake bajó la mirada, sus dedos comenzaron a juguetear nerviosamente con las briznas de hierba a sus pies, arrancándolas suavemente. Sentía un calor, inflamándose en su pecho.— Él me parece alguien genuino... —empezó, buscando las palabras correctas para explicar—. No es torpe de una manera irritante. Incluso, cuando se ruboriza... —hizo una pausa, una sonrisa inconsciente asomando a sus labios al recordar las mejillas arreboladas de Heeseung, sus orejas encendidas como cerezas.— El rubor de sus mejillas es el más tierno que he visto. Y sus ojos... —su voz se suavizó hasta casi convertirse en un susurro y su aroma se empezó a filtrar con más atención a su alrededor.— Dios, sus ojitos, son tan expresivos. Me parecen la cosa más hermosa. Él no es como ciertos alfas, que siempre parecen estar molestando.

La revelación flotó en el aire. El propio aroma de Shim daba a entender todo. Jungwon dejó a un lado la corona de flores a medio tejer y lo miró con una comprensión serena.— Te gusta, ¿verdad?

El omega no lo negó. Dejó escapar un suspiro que venía de lo más hondo, uno que liberaba meses de contención a sus propios sentimientos y pensamientos.

—Sí —admitió en voz alta—. Me gusta. Me gusta mucho. Y cada vez que lo veo intentar acercarse... mi corazón late rápidamente. Espero, realmente espero, que cada ocasión sea la buena. Que finalmente pueda decirme algo, incluso, invitarme a algún sitio. Pero entonces... —la frustración cruzó su rostro— siempre pasa algo. Y lo peor... lo peor es ver a esos alfas burlándose de él. No lo soporto, me deja un dolor aquí. —Llevó una mano a su pecho—. Duele, porque veo cómo se le apaga la luz en sus ojos, cómo se encoge un poco.

Sunoo lo observó, y su expresión burlona cambió hasta convertirse en una más comprensible.— Si tanto te gusta. Entonces, ¿por qué demonios no le pides tú?

El pelinegro parpadeó, alejándose un poco del tronco del árbol como si la idea lo hubiera empujado.— ¿Yo? —La palabra sonó a desconcieto puro—. Pero... él es el alfa. Se supone que él debe tomar la iniciativa.

Fue Yang quien soltó un suave bufido.— Tonterías —comentó, su sonrisa era un poco traviesa—. Esas reglas son de nuestros abuelos. Esto es el presente. Si él no puede hacerlo, pídeselo tú. ¿Qué es lo peor que podría pasar?

La idea se quedó con Jake durante los días siguientes. Y una tarde, mientras observaba desde una ventana cómo Heeseung, después de tropezar con el bordillo, se levantaba solo, se sacudía el polvo con dignidad y seguía caminando, Jake tomó su decisión. El amor no debía ser un juego de espera. Sunoo y Jungwon tenían razón. Si Heeseung no podía dar el paso, entonces él lo haría.

🌼

La oportunidad, llegó en un jueves soleado. El omega estaba sumergido en su lectura, rodeado de varios libros y el olor a papel viejo y madera. Tenía un ensayo sobre poesía romántica, aunque sus pensamientos —como de costumbre—, vagaban por senderos menos académicos. Fue entonces cuando el suave sonido de la pesada puerta y un aroma a chocolate —muy perceptible para sus fosas nasales—, interrumpió su tranquilidad.

Cuatros figuras entraron. Jake alzó la vista por encima del lomo de su libro y el corazón le dio un vuelco familiar. Era Heeseung, acompañado de Sunghoon, Jay y de otro chico más joven —que nunca había visto junto a ellos—. Los chicos parecían absortos en una discusión.

—No, en serio, es la mejor estrategia —insistía Jay, gesticulando con las manos—. Simplemente caminas hacia él, en un ángulo de aproximación claro, y—

La frase se cortó rápidamente. Heeseung, cuyo rostro reflejaba una concentración extrema en las tácticas de su amigo, había alzado la vista de forma instintiva, barriendo la sala. Y sus ojos chocaron directamente con los de Jake. Fue como si alguien hubiera pulsado un botón de pausa en él. Toda su atención, se colapsó en ese único punto de contacto visual. La boca se le quedó ligeramente abierta, las palabras de su amigo se desvanecieron en el aire. Y entonces, el cuerpo le traicionó. Perdió el ritmo de su paso, un pie se adelantó torpemente y hubo un desastroso balanceo.

Los brazos de Heeseung se elevaron, buscando el equilibrio en el vacío. Pero esta vez, quizás por un milagro, su mano encontró el borde sólido de una mesa de estudio cercana. Se aferró a ella, deteniendo su caída a mitad del trayecto. Quedó allí, inclinado de manera incómoda, agarrado a la madera, con una expresión de pánico mezclado con una vergüenza que ya le encendía las puntas de las orejas. Jake sintió que una oleada de cariño tan dulce le inundaba el pecho que casi le quitaba el aliento. Antes de que pudiera pensarlo dos veces, se levantó de su silla. El sonido de la madera al raspar el suelo resonó. Caminó hacia ellos, ignorando los susurros de advertencia de su propia timidez.

—Hola —dijo suavemente, deteniéndose a una distancia respetuosa pero cercana.— Hyung, ¿tienes un momento?

Los otros tres chicos que lo acompañaban, intercambiaron una mirada significativa que contenía toda una conversación: «Es nuestra señal para desaparecer.» Con una discreción, dieron un paso atrás, murmuraron algo sobre buscar a un libro de álgebra y se fueron entre los estantes, dejando a Heeseung solo.

Lee se enderezó, soltando el borde de la mesa. Parpadeó varias veces, como si intentara asegurarse de que no era una alucinación, aunque sus propias feromonas especificaban cierto nerviosismo— S-sí, claro —tartamudeó, su voz un chirrido apenas audible. Sus ojos se encontraba muy abiertos—. T-todo el tiempo que necesites.

El omega tomó aire, sintiendo cómo sus propios nervios se agitaban como mariposas bajo su piel. Para calmarse, comenzó a pasar suavemente el dedo por el borde liso de su libro, sintiendo el contraste entre el papel y la cubierta.— Estaba pensando —comenzó, manteniendo la voz baja—. Hay un lago... no muy lejos del parque municipal. He oído... —y aquí hizo una pequeña pausa, buscando las palabras— que al atardecer, cuando el sol se pone justo detrás de la colina, el agua se vuelve de un color... hermoso. Y casualmente, hay un puesto de helados justo al principio del camino que bordea la orilla. —Hizo otra pausa, mirando directamente a los ojos atónitos del pelirrojo.— Me preguntaba si... si te gustaría ir conmigo este sábado. A ver ese atardecer. Y a probar ese helado.

Vio el semblante lleno de sorpresa en el alfa. Así que, temiendo haber ido demasiado rápido, Jake añadió rápidamente: —Como amigos, claro... un paseo tranquilo...

Heeseung parpadeó, una, dos y tres veces. Procesar esas palabras fue como intentar descifrar un mensaje en un idioma celestial. El omega le estaba pidiendo que salieran. No exactamente una cita, había dicho 'como amigos', pero, era algo. Era más de lo que sus sueños hubieran osado imaginar.

—¡Sí! —La palabra escapó de sus labios con la fuerza, demasiado alta y rápido. Un par de estudiantes a varias mesas de distancia alzaron la vista con reproche. Heeseung se encogió, bajando la voz hasta convertirla en un susurro.— Quiero decir, sí, me encantaría. Eso suena... perfecto. Como amigos. Paseando. Comiendo helado. —Cada sílaba salía en ráfagas cortas. Estaba demasiado emocionado y feliz.

Una sonrisa de alivio iluminó el rostro de Shim, disipando su nerviosismo.— Genial —dijo, y su voz sonó genuinamente alegre—. ¿Te parece bien a las cuatro? Podemos encontrarnos directamente en la entrada principal del parque, junto a la fuente.

El alfa asintió velozmente. Tan vigoroso que Jake tuvo el fugaz temor de que su cabeza pudiera desprenderse por el movimiento.

—Perfecto. A las cuatro. Entrada del parque. Yo... yo estaré ahí. Llegaré temprano. No... no llegaré tarde.

La sonrisa del pelinegro se agrandó, resultando lo más linda para el alfa.— Nos veremos ahí, hyung.

🌼

El sábado llegó con un cielo despejado, de un azul profundo y una brisa suave jugueteaba con las hojas, trayendo consigo el aroma a hierba recién cortada y a flores silvestres, anunciando con delicadeza el inminente arrivo del verano. Heeseung llegó al parque con veinte minutos de antelación, después de una mañana de auténtica agonía vestimentaria. Cinco camisas diferentes había pasado probándose, siendo juzgadas bajo la mirada de Sunghoon, Jay y Ni-ki, quienes oficiaban de estilistas. Finalmente, se decidió por una camisa de lino beige, sencilla.

—Recuerda, camina correctamente —había comentado Jay por enésima vez, mientras le desempolvaba los hombros—. Y mira por dónde pisas.

Sunghoon, por su lado añadió: —Y la regla de oro, si sientes que vas a caer, alejate de Jake. No queremos que también caiga contigo. Eso la verdad no sería nada romántico.

—Hyung, ve por tu omega. —animó Ni-ki, elevando sus dos pulgares.

Heeseung se encontraba concentrado en respirar y en repasar mentalmente sus propias ideas. Había frases, preguntas para mantener la conversación, ynsu genuina declaración: «“Jake, esto ha sido perfecto. Me gustaría que fuera algo más que un paseo entre amigos. ¿Te gustaría salir conmigo?”» La había practicado frente al espejo, en la ducha, en el desayuno, en cada rincón de su casa. Esta vez, sí. Esta vez era la definitiva.

Y entonces, Jake apareció.

Caminando desde la dirección de la fuente, vestía unos pantalones sueltos claros que parecían hechos a medida y una camisa azul suave, de un tono que le hacía resaltar. Su cabello ondeaba suavemente con la brisa, su aroma levemente se filtraba alrededor y su sonrisa al verlo fue tímida, luego se abrió en una expresión tierna que le quitó el aire a Heeseung. Literalmente, sintió que el oxígeno escaseaba en sus pulmones.

—Hola —dijo, deteniéndose frente a él—. Llegaste temprano.

—Quería asegurarme de estar aquí —logró responder, con un alivio inmenso al comprobar que había formado una oración completa y coherente. Un pequeño triunfo.

El camino hacia el lago fue genial. La conversación fluyó. Hablaron de música, descubriendo una pasión compartida por un grupo. Hablaron de cine, ahí Jake confesó su debilidad por las comedias y Heeseung, por thrillers psicológicos y suspenso.

—Quiero estudiar música —confesó el alfa—. Composición, específicamente. Me encanta la idea de realizar algo que pueda hacer sentir a alguien lo que yo siento.

Shim se volvió para mirarlo, y en sus ojos había admiración y un brillo de asombro.— Eso es increíble —susurró—. De verdad. Yo… todavía no lo tengo claro. Tal vez algo con niños. Me gusta la pedagogía.

—Pedagogía, eso suena genial.

El omega sonrió.

El lago brillaba bajo el sol de la tarde, las aguas tranquilas se inclinaban sobre la orilla. Era un lugar pintoresco, con bancos estratégicamente colocados para admirar la vista y un sendero pavimentado que lo bordeaba.

—Helado —recordó Heeseung de repente, como si despertara de un hechizo—. Dijiste algo sobre helado.

El omega rió, un sonido claro que se mezcló con el murmullo del agua. —Sí, justo ahí —señaló un quiosco colorido, con un toldo a rayas rojas y blancas, que parecía sacado de un cuento.

Mientras hacían fila, Heeseung notó los pequeños detalles que alimentaban su esperanza hasta hacerla estallar en su pecho, el roce leve de su brazo con el contrario, la manera en que el omega se inclinaba hacia él cuando hablaba —reduciendo el espacio entre ellos a unos centímetros—, y cómo su sonrisa parecía más brillante, dirigida solo a él.

—¿Qué sabor quieres? —preguntó Jake cuando llegó su turno.

—Chocolate —soltó automáticamente, antes de morderse la lengua internamente. «Chocolate. Qué original. Podrías haber dicho fresa, vainilla, algo… aunque tu propio aroma también es chocolate, si serás Heeseung, si serás»

—Yo también quiero chocolate —inquirió Jake. Su mirada se encontró con la suya, y en ella había una expresión indescifrable, una mezcla de complicidad.

Con los dos conos, se acercaron a la vista perfecta del lago. El sol comenzaba su descenso, hundiéndose tras la colina y pintando el cielo con pinceladas audaces de naranja, rosa y lavanda.

—Es hermoso aquí —murmuró Jake, y dio un pequeño lametón a su helado con una concentración tan adorable que Heeseung tuvo que mirar hacia el lago para no sonreír como un tonto.

—Sí —coincidió.

En ese momento, con el helado dulce en la boca, la brisa cálida, la conversación y la belleza del omega, todo era perfecto. Este era su momento. Jake estaba relajado y feliz. Heeseung tomó una respiración profunda, sintiendo cómo el aire llenaba sus pulmones y con él, un valor nuevo, se giró hacia el omega.

—Jake, hay algo que he querido preguntarte desde…

Un grito agudo e infantil, irrumpió en el aire. Un grupo de niños pequeños pasó corriendo y riendo, persiguiendo una cometa con colas de colores que serpenteaba en el cielo. Uno de ellos, un niño pequeño con las mejillas sonrosadas y la mirada fija en el cielo, chocó contra las piernas de Heeseung.

El impacto no fue violento, pero fue suficiente para que Heeseung, perdiera el equilibrio. El cono de helado salió volando de su mano, impactando en su pecho, esparciendo el chocolate por su camisa. Sus brazos giraron en un balanceo desesperado, intentando inútilmente recuperar el control. Solo logró empeorar la trayectoria de su caída, cayendo de espaldas sobre la hierba fresca.

Por un momento, solo se oyó el susurro del lago y el leve sonido de la hierba. Luego, los niños, al darse cuenta de lo sucedido, soltaron una carcajada y señalaron al alfa, antes de seguir corriendo, arrastrados por su juego. Heeseung yacía inmóvil. La mezcla de vergüenza y humillación, lo hizo sentir imponente. «Otra vez»

—¡Oh, cielos! —La voz de Jake sonó llena de preocupación, sacándolo de sus propios pensamientos—. Hyung, ¿estás bien?

El alfa cerró los ojos con fuerza. No podía mirarlo.— Estoy bien —murmuró, pero la voz le sonó rota. No estaba bien. Estaba destrozado. Y su propio aroma triste lo daba a entender.

Entonces, como si el destino quisiera rematar su momento, apareciendo unas voces demasiado familiares, cargadas de un desdén que conocía bien.— ¡Miren quién está aquí! ¡El alfa más torpe! ¡Incluso en un parque encuentra la manera de decorar el suelo con tu dignidad!

Lee abrió los ojos. Minho y dos de sus acólitos se acercaban, sonrisas burlonas y crueles estampadas en sus rostros. Debían haber estado paseando y, por supuesto, habían tenido el privilegio de presenciar todo.

Minho dejó de observar a Heeseung. Direccionando su burla al omega.— ¿En serio, Jake? —dijo, con una falsa lástima en sus palabras—. ¿Estás pasando tu sábado con esto? Un omega de tu categoría con este intento de alfa.

Shim no respondió. Aunque el alfa vio cómo su expresión, antes de preocupación, se transformaba. Los suaves rasgos del omega se endurecieron, su mandíbula se tensó y sus feromonas de enojo se filtraron. Sus ojos, brillaron de molestia, algo que Heeseung nunca le había visto.

—No es asunto tuyo, Minho —dijo, pero su voz no era para nada suave.

—Es solo que me preocupo por ti —insistió, extendiendo las manos en un gesto de falsa inocencia—. Un omega necesita un alfa que pueda protegerlo, cuidarlo. No uno que ni siquiera pueda mantenerse de pie.

La risa de sus amigos sonó. Cada palabra se clavaba en su ya maltrecha autoestima. Se incorporó hasta quedar sentado, sintiendo un temblor leve recorriéndole los brazos. Sentía rabia por la frustración y la humillación acumulada. Siempre. Siempre, cuando más importaba, el universo conspiraba para recordarle lo inadecuado que era.

En el rostro de Jake continuaba reflejando molestia. Y entonces, hizo algo que nadie, y mucho menos Heeseung, podría haber anticipado. Ignorando por completo a Minho y su séquito, Jake se acercó al pelirrojo, que seguía sentado en la hierba. Con un movimiento suave, se arrodilló frente a él, a su altura. El mundo se redujo a los dos. Con una mano, levantó su mentón, obligándolo a mirarlo a los ojos.

Y en los ojos de Jake, el alfa no vio lástima. Vio algo infinitamente más poderoso, afecto puro. Y algo más cálido y brillante que hizo que su corazón se detuviera y luego recomenzara a latir con una fuerza atronadora. Sin apartar esa mirada que lo sostenía, el omega habló. Su voz era clara, serena, y llegaba directamente a su corazón, ahogando los murmullos burlones.

—¿Sabes qué, Minho? —comentó, y por primera vez, su tono era casi reflexivo—. Tienes razón en una cosa. Heeseung es diferente a cualquier otro alfa que conozco.

Minho pareció confundido por un momento. Luego, su sonrisa burlona se congeló, transformándose en una mueca. Había pensado que el omega le daría la razón, pero en cambio, solamente pronunció unas palabras firmes, sin apartar sus ojos de Heeseung.

—Él es amable —continuó hablando alegremente—. No necesita demostrar su fuerza burlándose de los demás —hizo una pausa, sus ojos brillando y su aroma elevándose—. Mi hyung, se levanta cada vez que se cae —declaró, y cada sílaba era un bálsamo. El pelirrojo apenas podía respirar, sentía que el mundo se desvanecía a su alrededor.— Él sonríe, a pesar de la vergüenza y del dolor, siempre se pone de pie de nuevo —su propia sonrisa se hizo más cariñosa—, incluso cuando el rubor le quema las orejas y siente que el suelo debería tragarlo.

Las palabras de Jake lo rodearon, provocando que su lobo se removiera feliz.

—Y sí —prosiguió, y ahora su sonrisa se abrió completamente, iluminando su rostro y el atardecer entero—, a veces se cae. Pero sabes algo, Minho —Por primera vez, su mirada se desvió brevemente hacia el otro alfa, y era una mirada de lástima—. Cada vez que se cae, me recuerda algo muy importante. Que nadie es perfecto. Que todos tenemos nuestros tropiezos. Y en esas imperfecciones, es donde encuentro su verdadera belleza.

Minho abrió la boca, probablemente para soltar otra réplica, pero las palabras murieron en sus labios. El discurso del omega, había desarmado su burla. No había nada que contraatacar. Con un bufido de desdén vacío, hizo un gesto a sus amigos y se alejaron, sus risas se desvanecieron entre los árboles.

Jake ya no les prestaba atención. Toda su concentración, había vuelto a Heeseung. Su mano seguía sosteniendo su mentón, y su pulgar comenzó a acariciar suavemente la línea de su mandíbula, un movimiento instintivo y reconfortante.

—Hyung —susurró, y ahora su voz era solo para él—. Has estado intentando invitarme a salir desde hace meses, ¿verdad?

Asintió con un movimiento pequeño. No podía hablar, su garganta tenía un nudo de emociones —alivio, asombro y una felicidad tan grande que dolía—. Sintió el picor de lágrimas asomando a sus ojos, nublando su visión de la cara de Jake, pero haciéndola aún más hermosa.

—Y cada vez —continuó, su pulgar limpiando suavemente una mancha de chocolate de la comisura de los labios del alfa—, algo sale mal. —Su sonrisa era tan tierna, tan llena de afecto, que Heeseung sintió que su corazón, ya derretido por las palabras, se convertía en un charco en su pecho—. Así que decidí que, si tú no podías dar el paso, entonces yo lo haría

Y antes de que Heeseung pudiera procesar el significado completo de esa frase, antes de que pudiera reunir el aliento o un pensamiento coherente, el pelinegro se inclinó. El mundo se detuvo. Sus labios por primera vez se tocaron. El beso fue, al principio, tan suave. El alfa se quedó inmóvil, paralizado por el shock, sintiendo solamente la suavidad de los labios ajenos, y el dulce sabor de estos. Y entonces, algo se desbloqueó dentro de él. Una compuerta que contenía meses de nerviosismo y de inseguridad. Todo se disolvió, se evaporó bajo el toque de aquellos labios. Un calor lo inundó, empezando por donde sus bocas se encontraban y expandiéndose por cada rincón de su ser.

De forma temblorosas, sus manos se elevaron. Se posaron, en los costados del rostro de Shim. Sus pulgares trazaron círculos suaves sobre sus pómulos, sintiendo la textura bajo sus yemas. Y entonces, respondió al beso. Profundizó el contacto, perdiéndose en la sensación, en la dulzura, en la certeza de que esto era real, de que estaba sucediendo, de que Jake, estaba besándolo a él.

Cuando finalmente se separaron, fue solo por la necesidad de respirar. Jadeaban levemente, sus frentes casi tocándose. El parque, bañado ahora por las últimas luces del día, estaba casi vacío. El omega seguía arrodillado frente a él. Sus labios estaban ligeramente hinchados por el beso. Sus ojos —muy abiertos—, brillaban con una mezcla vulnerable de nerviosismo.

—Eso… —comenzó Heeseung, y su voz sonó ronca, cargada de una emoción que hacía vibrar cada palabra—. Eso fue…

—¿Demasiado? —preguntó Jake rápidamente, un destello de inseguridad cruzando su expresión, su confianza momentáneamente vacilante.

El alfa negó con la cabeza con una energía que no dejaba lugar a dudas.— No —dijo de manera firme—. No. Fue perfecto. Fue… —buscó aire, buscando palabras que estuvieran a la altura— …todo. Todo lo que he estado esperando. —Hizo una pausa, manteniendo la imagen del omega arrodillado ante él, más hermoso que cualquier puesta de sol. Luego, con una claridad que brotaba directamente de su corazón tranquilo, preguntó: —Jake, ¿saldrías conmigo? En una cita. Una cita de verdad.

—Sí, hyung —contestó rápidamente, sonrojándose por ello—. Me encantaría salir contigo.

Una risa burbujeante, nacida de la pura alegría y el alivio, brotó del pecho de Heeseung.— ¿Incluso si es probable que me caiga durante la cita? —preguntó, juguetón.

Shim se acercó un poco más, su sonrisa adoptando un tono travieso y tierno a la vez.— Especialmente si te caes durante la cita —declaró, sus ojos brillando con diversión—. Porque entonces tendré la excusa perfecta para ayudarte a levantarme. Y quién sabe —añadió, su voz bajando a un suspiro—, tal vez incluso para repetir esto.

Y con esas palabras, esta vez, fue Heeseung quien cerró la distancia. Con una mano en la nuca de Jake, lo atrajo suavemente hacia él, sellando sus labios de nuevo en un beso. En el impulso del momento, perdieron el equilibrio, cayendo hacia la hierba, entre risas ahogadas que se mezclaban con los besos.

Por primera vez en su vida, Heeseung no sintió que había arruinado nada. Estaba exactamente donde quería, donde siempre había querido estar, con el omega más hermoso entre sus brazos, riendo contra sus labios, besándolo. Y supo, con una certeza inquebrantable que calmó para siempre sus inseguridades, que no importaba cuántas veces tropezara o cayera. Jake estaría allí. Para sonreírle con esos ojos. O, mejor aún, para caer con él y reírse, encontrando una nueva razón para brillar.