Apocalipsis zombie bts y tu

Summary

El dolor en mi pierna era insoportable. Cada latido era como una puñalada profunda, lacerante, que se extendía por todo mi cuerpo. Mi rostro, pálido como la ceniza, no podía ocultar el avance de la infección: las venas, ennegrecidas, sobresalían con fuerza, como si fueran a estallar en cualquier momento. Mis ojos ya no eran míos; el blanco los había invadido por completo, borrando cualquier rastro de humanidad que pudiera quedarme. Y entonces lo sentí. El olfato, agudo, antinatural. Ya no percibía el olor de la tierra, del aire húmedo o de la lluvia... solo carne. Carne humana. Sabía lo que eso significaba. Me estaba transformando. En uno de ellos. Y si me quedaba más tiempo con los chicos, no solo pondría en riesgo sus vidas... podría convertirlos también. No podía permitirlo. Este mundo ya se acabó. No queda esperanza. Con las fuerzas que aún me quedaban, terminé las siete cartas. Una para cada uno. Me aseguré de no hacer ruido al levantarme, no quería que despertaran. Solo quería dejarles mis palabras, mi adiós. Fueron maravillosos los momentos con ellos... incluso en medio del fin del mundo.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

El dolor en mi pierna era insoportable. Cada latido era como una puñalada profunda, lacerante, que se extendía por todo mi cuerpo. Mi rostro, pálido como la ceniza, no podía ocultar el avance de la infección: las venas, ennegrecidas, sobresalían con fuerza, como si fueran a estallar en cualquier momento. Mis ojos ya no eran míos; el blanco los había invadido por completo, borrando cualquier rastro de humanidad que pudiera quedarme.

Y entonces lo sentí. El olfato, agudo, antinatural. Ya no percibía el olor de la tierra, del aire húmedo o de la lluvia... solo carne. Carne humana. Sabía lo que eso significaba. Me estaba transformando. En uno de ellos. Y si me quedaba más tiempo con los chicos, no solo pondría en riesgo sus vidas... podría convertirlos también. No podía permitirlo.

Este mundo ya se acabó. No queda esperanza. Con las fuerzas que aún me quedaban, terminé las siete cartas. Una para cada uno. Me aseguré de no hacer ruido al levantarme, no quería que despertaran. Solo quería dejarles mis palabras, mi adiós.

Fueron maravillosos los momentos con ellos... incluso en medio del fin del mundo.

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Carta de despedida

Si estás leyendo esto, significa que ya no estoy con ustedes... al menos, no como antes. No sé cuánto tiempo me queda, pero lo suficiente para escribir estas palabras.

Gracias. Por cada risa en medio del horror, por cada abrazo cuando el miedo nos rodeaba, por no dejarme caer cuando ya todo parecía perdido. Ustedes fueron mi última luz, mi familia en un mundo que se oscurecía.

No quiero que me recuerden como uno de ellos. No soy eso. Yo decidí irme antes. No quiero hacerles daño. No quiero verlos sufrir por mi culpa. Esta elección fue mía, y lo hice por ustedes, para protegerlos.

Luchen. Sobrevivan. Vivan por los que ya no estamos. Y si en algún momento sienten que no pueden más, recuerden que dentro de ustedes hay más fuerza de la que imaginan. La misma fuerza que me mantuvo de pie hasta hoy.

Los quiero con todo lo que fui, con todo lo que ya no seré. No olviden quiénes son, ni lo que significamos los unos para los otros.

Con amor eterno

T/n

Un destello fugaz cruzó mi mente: un recuerdo, un último regalo de la memoria antes del final. Vi la sonrisa de Hoseok, tan brillante que era capaz de iluminar incluso los días más oscuros. Sentí la calidez protectora de Jin, su presencia firme, como un escudo ante el caos. Recordé la ternura de Taehyung y Jimin, dulces y puros como rayos de sol entre nubes grises. Namjoon, mi consejero de voz serena y pasos torpes, siempre intentando darme dirección en medio del desastre. Jungkook, mi eterno rival y cómplice de juegos, con quien competía hasta por ver quién respiraba más rápido. Y Yoongi… ah, Yoongi. Nunca nos llevamos del todo bien. Éramos fuego contra fuego, dos almas explosivas chocando una y otra vez. Pero en ese caos compartido, había algo. Una conexión que ni el tiempo ni el fin del mundo pudieron romper.

Una lágrima escapó de mis ojos al aceptar la verdad que me pesaba en el pecho: no volvería a verlos. Nunca más.

Entonces, una voz rompió el silencio. Gritaba mi nombre. Me giré con lentitud, como si el tiempo se hubiera detenido por un momento. Allí estaban ellos. Su figura distante, pero sus ojos… sus ojos lo decían todo. Llenos de lágrimas, brillaban con miedo, con dolor, con la desesperación de no poder alcanzarme. Pude ver en ellos la tristeza, la preocupación, el amor.

—Los amo —susurré, con la voz quebrada y los ojos inundados. No esperé una respuesta. No quería que me detuvieran.

Y salté.

El viento fue lo último que sentí. Luego, nada.

Para ella, la vida se esfumó en un instante. Tantas vidas se habían perdido ya. Tantas palabras quedaron sin decir. Tantos sentimientos cruzados, pero cada uno de ellos verdaderos, profundos, compartidos.

Y así, en el borde del fin, también terminó su historia.