Gianni Ferraro: El Heredero Del León Negro. by Zech Constanti at Inkitt
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Gianni Ferraro: El heredero del León negro.

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Summary

Don de L'Ombra Nera, un hombre de hierro que gobierna con puño de titanio. Pero detrás de los tatuajes y la mirada gélida se esconde un hombre cuya vida ha sido tallada por la tragedia y las mujeres que marcaron su destino. ​Tres mujeres. Tres herederos. Un rastro de mentiras que ni la sangre puede borrar. ​Gianni, es un hombre construido sobre secretos. Su ascenso al poder no solo estuvo pavimentado de balas, sino de corazones rotos y promesas traicionadas. Hoy, mientras intenta encontrar la paz en los brazos de una desconocida, las sombras de su pasado exigen su tributo. ​ Ella es la única que no conoce sus pecados pasados. La luz que ignora que su salvador es un experto en el engaño. Pero en el mundo de la mafia, los secretos son como el cáncer: tarde o temprano, consumen todo lo que tocan.

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El linaje ferraro

Lugar: Villa Ferraro, Palermo, Sicilia.

Fecha: 10 de mayo. (6:00 a.m.)

Narrador: Gianni Ferraro. (21 años)


El aire de Sicilia tiene un peso específico, una densidad asfixiante que no existe en ningún otro maldito lugar del mundo. No es solo el calor húmedo que sube desde las entrañas del Mediterráneo para pegarse a la piel, ni el aroma dulzón y engañoso de los limoneros que rodean los muros de piedra de la Villa Ferraro. Es el peso aplastante de los siglos. Es el hedor metálico de la sangre derramada sobre la tierra volcánica, absorbida por las raíces de nuestra historia. Es cargar con un apellido que hace que hasta el viento nocturno parezca pedir permiso antes de atreverse a soplar entre los cipreses.

Me desperté antes de que el sol terminara de lamer el horizonte, cuando el cielo aún era una herida abierta de tonos púrpuras y grises. Es una costumbre insana que se me quedó grabada a fuego en los huesos desde los días en que el desierto de Arabia era mi único hogar y el peligro mi única compañía. En esta casa, en esta fortaleza ancestral, el silencio de la madrugada no es sinónimo de paz; es una ilusión óptica. Es el único momento del día en que los monstruos que llevamos dentro se quedan quietos, observando desde la oscuridad de nuestras propias mentes, esperando el momento de salir a cazar.

Me puse una camisa de seda negra, dejando los primeros botones desabrochados. El calor ya empezaba a apretar, una advertencia temprana del infierno que sería el resto del día. Salí al balcón de mi habitación, apoyando las manos sobre la barandilla de piedra fría. Desde aquí arriba, la propiedad de los Ferraro se extiende como un reino privado, un feudo intocable. Mis ojos, acostumbrados a buscar la muerte en cada rincón, escanearon el perímetro. Vi a los soldados de L’Ombra Nera apostados en los muros, sombras silenciosas fusionadas con la piedra, sosteniendo sus fusiles de asalto con una devoción religiosa. Vigilaban el terreno con la disciplina letal de un ejército romano a punto de entrar en combate.

Bajé las escaleras de mármol hacia el patio central, mis pasos resonando como un reloj de arena marcando el tiempo que nos quedaba. El desayuno en esta familia es un ritual sagrado, el único y frágil momento en que mis padres exigen que las armas se queden —al menos visualmente— fuera de la mesa. Pero hoy, el ambiente estaba cargado de una electricidad distinta, espesa, como el preludio de una tormenta de categoría cinco.

En la esquina más sombría del patio, Enzo ya estaba allí. No desayunaba. Nunca lo hacía a esta hora. Estaba sentado en un banco de piedra tallada, desarmando su Glock 19 con una velocidad que resultaba hipnótica y enfermiza. Sus ojos azules, tan parecidos a los míos pero completamente vacíos de cualquier rastro de piedad o humanidad, no se apartaron del metal pavonado mientras yo me acercaba. Era una máquina calibrada para matar, y su mente solo encontraba paz en el clic metálico de las piezas encajando.

—.Buongiorno, fratello (Buenos días, hermano) —le dije, mi voz sonando como grava triturada en el silencio de la mañana.

—.Dodici secondi (Doce segundos) —fue su única y seca respuesta. Había vuelto a armar la pistola, deslizando el cargador con un golpe seco. Me miró por un instante, sus pupilas dilatándose levemente mientras evaluaba mi postura, buscando fisuras, debilidades por puro instinto depredador—.Sei teso, Gianni. Lo smog di New York sta attraversando l'oceano e sta arrivando fin qui. Lo senti, vero? (Estás tenso, Gianni. El humo de Nueva York está cruzando el océano y llegando hasta aquí. Lo hueles, ¿verdad?)

.L'aria a New York è marcia, Enzo. Puzza di debolezza. (El aire en Nueva York está podrido, Enzo. Apesta a debilidad) —respondí, sentándome a la gran mesa de hierro forjado mientras un sirviente, con la mirada baja, me servía un espresso doble. Negro, amargo y denso. Como mi propia alma.

En ese preciso instante, la pesada puerta de roble que daba a las habitaciones del ala oeste se abrió. Luka apareció. Mi hermano menor caminaba con esa suficiencia insoportable y elástica, moviéndose como si el suelo que pisaba fuera un jodido favor que él le hacía a la tierra. Llevaba una camisa de lino blanco inmaculada, abierta en el pecho, y una sonrisa ladeada que me hizo querer levantarme y partirle la mandíbula de un solo golpe.

Una riunione di psicopatici di prima mattina? (¿Reunión de psicópatas a primera hora de la mañana?) —se burló Luka, dejándose caer en una silla de mimbre y tomando una mandarina del centro de mesa con elegancia—.Dovreste imparare da me, sul serio. La vita è troppo breve e bella per passarla a contare proiettili e cercare nemici sotto le rocce, fratelli miei. (Deberían aprender de mí, en serio. La vida es demasiado corta y hermosa para pasarla contando balas y buscando enemigos bajo las piedras, hermanos míos).

Me quedé mirándolo, la taza de café a medio camino de mis labios. Luka había estado entrando y saliendo de Sicilia con una frecuencia alarmante en los últimos dos meses. Sus supuestos "viajes de negocios" para cobrar antiguas cuentas de la familia me olían a traición, a negligencia, o a un maldito lío de faldas que terminaría desatando una guerra internacional. O, conociéndolo, una mezcla tóxica de ambas.

—Luka —lo llamé. Mi tono perdió cualquier rastro de familiaridad, volviéndose helado.

Él suspiró de forma teatral, dejando la mandarina a medio pelar, y se inclinó hacia mí, apoyando los codos en la mesa con esa mirada de querubín burlón que tantas puertas le abría y tantas camas le calentaba.

Dimmi, o grande erede, quale sermone biblico ci attende oggi?. (Dime, oh gran heredero. ¿Qué sermón bíblico nos toca hoy?)

.Non so cosa diavolo tu stia combinando con i tuoi continui viaggi, ma mi stanno rendendo sospettoso e stanno iniziando a prudermi la nuca, e di solito non ignoro il mio istinto (No sé qué carajos te traigas entre manos con tus viajecitos continuos, pero me generan una desconfianza que me está empezando a picar en la nuca, y no suelo ignorar mis instintos) —le siseé, bajando la voz hasta convertirla en un murmullo letal para que Enzo, que seguía en su burbuja de acero y pólvora, no se involucrara—.Dici di raccogliere resoconti, ma i tuoi resoconti sono vaghi e pieni di lacune. Le tue tracce sono troppo pulite per essere legali, anche secondo gli standard distorti in base ai quali operiamo (Dices que estás cobrando cuentas, pero tus informes son vagos, llenos de agujeros. Tu rastro es demasiado limpio para ser legal, incluso para los retorcidos estándares que manejamos nosotros).

Luka ensanchó su sonrisa, pero sus ojos azules, idénticos a los de nuestra madre, brillaron con esa astucia peligrosa y resbaladiza que siempre intentaba ocultar tras su fachada de playboy.

Sono solo efficiente, Gianni. Non tutti hanno bisogno di rompersi ossa, strapparsi unghie e lasciare una scia di cadaveri mutilati per ottenere risultati. Anche la seduzione è un'arma (Solo soy eficiente, Gianni. No todos necesitamos romper huesos, arrancar uñas y dejar un rastro de cadáveres mutilados para obtener resultados. La seducción también es un arma).

Mi mano se disparó antes de que él pudiera pestañear. Le agarré la nuca, no con violencia descontrolada, pero con una firmeza de hierro que le borró la sonrisa de un golpe, presionando los nervios justos para que sintiera el dolor latente. Lo acerqué a escasos centímetros de mi rostro, obligándolo a respirar mi misma furia.

.Ascolta attentamente, perché non ho intenzione di ripetermi e non voglio che ci siano dubbi (Escúchame bien, porque no lo voy a repetir y no quiero que haya dudas) —susurré, mis palabras cortando el aire—.Se commetti un errore, se una delle tue dannate scappatelle mette a rischio il peso di questo nome di famiglia, o peggio, la sicurezza di mamma, non muoverò un solo fottuto dito per salvarti. Lascerò che i tuoi nemici ti facciano a pezzi e ti mandino dritto all'inferno, Luka. Questa volta non pulirò il tuo pasticcio né laverò via il tuo sangue. Ti lascerò bruciare da solo (Si cometes un error, si por una de tus malditas aventuras pones en riesgo el peso de este apellido o, peor aún, la seguridad de mamá, no voy a mover un solo puto dedo para salvarte. Voy a dejar que tus enemigos te hagan pedazos y te manden directamente al infierno, Luka. Esta vez no pienso limpiar tu desastre ni lavar tu sangre. Te dejaré arder solo).

Era mentira. Los dos lo sabíamos, lo leíamos en el fondo de nuestras pupilas. Me arrancaría mi propio corazón en el acto antes de dejar que alguien tocara un solo cabello de mis hermanos, pero necesitaba que sintiera el frío de mi advertencia. Luka me sostuvo la mirada un segundo más de lo necesario, un desafío mudo. Su mandíbula se tensó bajo mi agarre, y luego se soltó con un movimiento fluido, reacomodando el cuello de su camisa.

—.L'inferno ha un'eccellente carta dei vini, Gianni. Non preoccuparti tanto per la mia anima (El infierno tiene una excelente carta de vinos, Gianni. No te preocupes tanto por mi alma) —murmuró, aunque mis ojos captaron cómo sus dedos temblaban imperceptiblemente al volver a tomar su maldita mandarina.

—¡Basta de peleas de cachorros! —la voz retumbó desde el arco principal del pasillo, profunda rasposa.

Andrea Ferraro entró al patio. El León Negro no caminaba; él reclamaba el espacio, sometiendo la gravedad a su voluntad. A su lado, mi madre, Isla, se deslizaba con esa elegancia serena y majestuosa que seguía siendo el único freno de mano capaz de contener la violencia desbordada de esta casa. Verlos juntos era presenciar la definición exacta de un imperio indomable: él era el acero brutal e implacable, y ella era la razón absoluta por la que valía la pena forjarlo y defenderlo.

Los tres nos pusimos de pie por puro instinto, casi en un acto reflejo. No por miedo, nunca por miedo, sino por ese respeto reverencial que solo un verdadero rey inspira en sus soldados más leales.

. Sedere(Siéntense) —ordenó mi padre, ocupando la inmensa silla de la cabecera. Isla tomó su lugar a su derecha, dedicándonos una mirada afilada que dejaba claro que sabía exactamente qué tipo de amenazas estábamos escupiendo antes de que ellos cruzaran el arco.

Andrea se sirvió su propio café, rechazando la ayuda del servicio con un gesto seco, y nos miró uno a uno. Sus ojos, se detuvieron en mí más tiempo del habitual. Fue un escrutinio pesado, un reconocimiento silencioso de mi posición como su mano derecha, su verdugo y su sucesor.

—La próxima semana nos vamos a Estambul —anunció mi padre. Por una fracción de segundo, el rigor tallado en su rostro se suavizó ligeramente—. Es el cumpleaños de Sibel Çelenk. Los lazos con la mafia turca son vitales para lo que se avecina. Será una celebración de alto nivel, bañada en oro y champán, pero no se equivoquen ni por un segundo, niños: esto no es solo una fiesta. Es fortalecer la alianza.

—¿Diplomacia con los Çelenk? —preguntó Enzo, finalmente guardando su arma en la funda sobaquera de cuero.

—Exacto —respondió Andrea, su voz volviéndose ronca—. Los Çelenk y los Volkov estarán presentes en su totalidad. Necesito que los tres estén en su mejor y más impecable comportamiento. Nada de sangre innecesaria, Enzo. Nada de distracciones, Luka. Y Gianni... tú estarás pegado a mi lado en las reuniones privadas con Deniz Çelenk y Levka Volkov. Tenemos que reafirmar las rutas de comercio marítimo, blindar nuestras fronteras europeas antes del cambio que viene. Zeki también estará allí.

Mi padre hizo una pausa deliberada. Yo sabía lo que venía. El rumor que había estado envenenando y recorriendo los pasillos de la Villa durante meses finalmente iba a tomar forma de decreto.

—En un mes —continuó mi padre, clavando su mirada fiera en el mapa invisible de nuestros dominios que siempre parecía estar contemplando—, nos vamos de Sicilia. Empacaremos lo esencial, cerraremos la fortaleza y nos trasladaremos de lleno a Nueva York.

El silencio que siguió fue absoluto, casi ensordecedor. Incluso Luka dejó de jugar con su fruta, sus manos congelándose sobre la mesa. Sicilia era nuestra cuna, nuestra fortaleza inexpugnable, el epicentro sagrado del poder de L'Ombra Nera, donde el consejo de clanes más viejos y amargados nos rendía pleitesía besando nuestros anillos. Dejar la Villa, abandonar la isla... era un movimiento de guerra abierta y sin cuartel.

—¿Los rivales están ganando terreno en nuestra ausencia? —pregunté, sintiendo que la sangre me hervía de pura anticipación. El monstruo dentro de mí acababa de despertar, hambriento.

—Se están atreviendo a meterse en las calles que nosotros conquistamos con fuego —gruñó Andrea, y vi cómo sus inmensas manos se cerraban en puños cerrados, los nudillos blancos marcando la madera de la mesa—. Creen que porque estamos aquí, sentados en nuestra "vieja y cómoda tierra", nos hemos vuelto blandos. Creen que el León Negro ha envejecido, que está cansado, y que sus cachorros no tienen dientes para desgarrar gargantas. Queens se ha convertido en un maldito nido de ratas infectas que intentan morder las bases de nuestro imperio desde las sombras. Se equivocan.

Isla puso su mano pequeña y delicada sobre la de mi padre. Un gesto sutil, íntimo, que mágicamente calmó la tempestad que amenazaba con estallar en el pecho del don.

—Vamos a Nueva York no para escondernos detrás de muros más altos, sino para recordarles a todos exactamente quiénes somos —dijo ella. Su voz era suave, casi melódica,—. Vamos a limpiar nuestra casa de plagas.

—Aprovecharemos el viaje a Estambul —prosiguió Andrea, su mente ya ejecutando la estrategia— para asegurar el apoyo armamentístico y logístico total de nuestros aliados. Si los Çelenk, junto con los Volkov, mantienen la presión y asfixian a la competencia en Europa y el Este, nosotros podremos concentrar toda nuestra maldita fuerza bruta en erradicar a esos bastardos en América sin mirar atrás. Gianni, tú dirigirás la vanguardia del traslado. Organizarás la toma de control. Enzo, quiero que vayas antes. Limpia los perímetros de todas nuestras propiedades en Nueva York. Purga las calles. Antes de que tu madre ponga un fino tacón allá, no quiero ni una sola sombra no autorizada respirando cerca de ella.

—.Consideralo un fatto, papà (Consideralo un hecho, papá) —respondió Enzo con esa voz monótona, casi aburrida, que siempre prometía una carnicería digna de los libros de historia.

—Y Luka... —mi padre miró a su hijo menor con una mezcla compleja de sospecha, fastidio y una pizca de esperanza ciega—. Deja de jugar al espía internacional por un maldito mes. Necesito tu encanto venenoso para las negociaciones sociales en Estambul. Sibel te adora, cree que eres inofensivo. Usa eso a nuestro favor.

Luka asintió obedientemente, aunque vi la forma en que su nuez subió y bajó. Su mente ya estaba a mil kilómetros de aquí. Sus viajes secretos... algo me gritaba desde las entrañas que Estambul no iba a ser solo una fiesta de cumpleaños para él. Había fantasmas en su armario.

El desayuno concluyó poco después. Mis padres se retiraron a los despachos privados para afinar los preparativos logísticos del viaje, dejándonos a los tres hermanos solos en el inmenso patio. El sol ahora estaba alto, brutal e implacable, iluminando las antiguas estatuas de mármol y las rosas rojas que mi madre cuidaba con devoción. Era una escena de belleza idílica, digna de una postal italiana, pero a través de mis ojos, yo solo podía ver las sombras proyectadas, alargándose como garras.

Me levanté, apartando la pesada silla, y caminé hacia el borde del patio, apoyándome en el muro mientras miraba hacia el horizonte infinito del mar. Nueva York. El nombres sabía a metal oxidado, asfalto mojado y sangre seca en mi boca. Había crecido escuchando las leyendas de mi padre en las calles de Nueva York, de cómo mí abuelo había construido este imperio transatlántico desde la nada, con las manos desnudas y el cañón de un arma. Pero esta vez era diferente. Esta vez, el imperio ya nos pertenecía por derecho divino, y me tocaba a mí, a Gianni Ferraro, mancharme las manos para asegurarme de que nadie nos lo arrebatara.

Sentí una presencia a mi lado. El olor a colonia cara delató que era Luka. Su habitual máscara de burla perpetua había caído unos milímetros, reemplazada por una seriedad pesada que rara vez le permitía al mundo ver.

—.Mi lascerai mandare all'inferno, eh, fratellone? (Vas a dejar que me manden al infierno de verdad, ¿eh, hermano mayor?) —murmuró, su mirada perdida también en la línea azul donde el mar se encontraba con el cielo.

.Se metti in pericolo la tua famiglia per egoismo o stupidità, allora sì (Si pones en peligro a la familia por egoísmo o estupidez, sí). Te empujaré yo mismo —respondí sin molestarme en mirarlo, mi perfil endurecido contra el viento.

—Sabes que no soy tan estúpido, Gianni. Mis viajes... hay cosas que incluso tú no necesitas saber todavía. Hay hilos que estoy moviendo.Sonrio de medio lado— Abbiate fiducia che ciò che sto facendo è volto a far sì che il nome Ferraro non sia solo temuto, ma elevato a qualcosa di intoccabile. Immortale (Solo confía en que lo que hago es para que el apellido Ferraro no solo sea temido, sino elevado a algo intocable. Inmortal).

—La confianza ciega es un lujo que no podemos pagar, Luka. Especialmente ahora que vamos a entrar en una zona de guerra.

Me giré hacia él lentamente, levantando la mano para ponerla sobre su hombro. Apreté, sintiendo el hueso bajo la fina tela.

—Estambul es solo el acto de apertura. Nueva York será el jodido final para muchos infelices. No quiero que seas tú uno de los cadáveres que tengamos que enterrar. Asegúrate de que tus pequeños y sucios secretos no se conviertan en tu tumba prematura.

Luka no respondió a mi amenaza. Solo asintió, tragando saliva de forma casi imperceptible, y se alejó hacia el interior fresco de la villa, recuperando su paso ligero y despreocupado.

Me quedé solo con Enzo. Él se levantó revisó por última vez la posición de su arma y se detuvo a mi lado antes de desaparecer en las sombras de los pasillos.

—Gianni —dijo, su voz más baja y rasposa de lo habitual, vibrando con anticipación oscura—. En Nueva York...Ci sarà molto sangue. Oceani. Lo sento da qui. Mi sta chiamando (habrá mucha sangre. Océanos de ella. Siento el olor desde aquí. Me está llamando).

—Lo sé, Enzo. Ve afilando los cuchillos.

Bene. (Bien) —sonrió, una expresión gélida, torcida y aterradora que nunca, jamás, llegaba a sus ojos muertos—. Me estaba empezando a asfixiar del aburrimiento en esta paz siciliana de mierda.

Se fue sin hacer ruido, dejándome completamente solo con el sonido rítmico del agua cayendo en la fuente y el graznido lejano de las gaviotas buscando carroña. Me toqué el pecho, sintiendo la dureza del músculo, justo donde sentía el latido constante, violento y pesado de mi corazón. Ese órgano defectuoso que mi madre me enseñó a valorar, pero que mi padre me obligó a blindar en hielo y titanio.

Una semana para Estambul. Un mes para Nueva York.

El "Mañana" que mi madre me prometió cuando yo era solo un bebé envuelto en mantas de seda azul marino finalmente había llegado a llamar a nuestra puerta. Y no era un mañana de paz, negociaciones ni tratados. Era un mañana de fuego puro y destrucción absoluta. Yo era Gianni Ferraro, el primogénito, el heredero indiscutible del León Negro, y si el mundo quería desafiarnos y pedir guerra, yo les desataría un infierno sobre la tierra que tardarían siglos en olvidar.

Di media vuelta y caminé con zancadas largas hacia el despacho privado de mi padre. Había planos tácticos que estudiar, rutas marítimas que asegurar y nombres de enemigos que marcar en rojo para su inminente muerte. El día a día de un Ferraro nunca se trataba del acto banal de vivir; se trataba de sobrevivir, dominar y aplastar, para que el legado continuara devorando el mundo. Y yo me encargaría de que así fuera, incluso si tenía que quemar cada rincón de este planeta para lograrlo.

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1. El linaje ferraro
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Good Writing

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Compelling Plot

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Great Character

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Strong Dialog

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empezamos la historia y enganchada con la trama desde ya .👏🏻👏🏻👏🏻

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alguien que por favor me deje saber cuando esté terminada para empezar la a leer 🤭

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