ONE SHOT
INT. DESPACHO DE CHARLIE - UNA HORA DESPUÉS
El despacho había sido testigo de muchas cosas a lo largo de los años: negociaciones millonarias, decisiones empresariales cruciales, llamadas que cambiaron el rumbo de imperios. Pero nunca había sido testigo de esto.
Charlie y Babe seguían enredados en el escritorio, sus cuerpos pegados por el sudor secándose lentamente. Los papeles importantes de Charlie estaban esparcidos por el suelo, algunos arrugados, otros manchados con té del que Babe había traído y nunca se bebió. La lámpara del escritorio yacía torcida, iluminando una esquina equivocada de la habitación.
Babe tenía la cabeza apoyada en el hombro de Charlie, sus dedos dibujando círculos perezosos en su pecho. Charlie acariciaba su cabello con una lentitud hipnótica, ambos en ese estado de paz que solo sigue al caos.
Babe con voz soñolienta.
—Charlie.
Charlie besando su cabeza.
—¿Mmm?
—¿Crees qué vuelva?
Charlie sabía perfectamente a quién se refería. Su mano dejó de acariciar su cabello por un segundo, luego continuó, más lento.
Charlie con certeza.
—No importa si vuelve. La respuesta será la misma. Siempre la misma.
Babe levantó la cabeza para mirarlo. Sus ojos, esos ojos que Charlie amaba tanto, lo escudriñaban buscando algo. Inseguridad, quizá. Miedo.
—¿Estás seguro? Porque si necesitas tiempo para procesar...
Charlie lo interrumpió con un beso, corto pero firme.
—No necesito tiempo. Necesito esto. Te necesito a ti. Ella fue un capítulo que cerré hace mucho. Hoy solo confirmé que la portada ya ni la recordaba.
Babe sonrió, una sonrisa pequeña pero genuina. Apoyó la frente contra la de Charlie.
Babe susurrando.
—Sabes que puedes hablarme de lo que sientes, ¿verdad? No tienes que ser siempre el fuerte. No conmigo.
Charlie sintió que algo se desbloqueaba en su pecho. Una pequeña cerradura que ni siquiera sabía que existía.
Charlie con honestidad.
—Hoy...cuando la vi, sentí algo. Pero no era amor. Era...incredulidad. Y luego, cuando te vi entrar, cuando te vi defenderte, defenderme...sentí algo mucho más fuerte.
Babe curioso.
—¿Qué?
—Orgullo. Y ganas de comerte vivo delante de ella solo para que viera lo que perdió.
Babe soltó una risa, una risa cristalina que llenó la habitación.
Babe riendo.
—¡Eres un enfermo!
Charlie con una sonrisa pícara.
—Enfermo por ti. Hay diferencia.
Babe negó con la cabeza, pero su sonrisa era imborrable. Se estiró y besó a Charlie, un beso lento, cariñoso, que sabía a hogar.
INT. BAÑO PRINCIPAL
La bañera enorme estaba llena de espuma y agua caliente. Babe estaba recostado contra Charlie, sus espaldas apoyadas en los bordes opuestos, sus piernas enredadas bajo el agua. El vapor envolvía el ambiente, creando una burbuja de intimidad.
Babe suspiro de satisfacció.
—Esto es vida.
Charlie con una sonrisa.
—Podríamos hacerlo todos los días.
Babe abriendo un ojo.
—¿Bañarnos juntos? ¿No se te va a ir el agua caliente?
Charlie encogiéndose de hombros.
—Que se vaya. Nos adaptamos.
Babe rió, salpicando agua hacia Charlie juguetonamente.
Babe señalando su propia cadera.
—Mira lo que me hiciste. Tengo marcas de tus dedos.
Charlie miró donde señalaba. Efectivamente, en la piel de Babe, justo en la cadera, había marcas violáceas que empezaban a formarse.
Charlie con una mezcla de orgullo y culpa.
—¿Te lastimé?
Babe negando con la cabeza.
—No. Me encanta. Me recuerdan que soy tuyo.
Charlie lo atrajo hacia sí, besando cada marca con ternura, una por una. Babe se derritió bajo sus labios, un suspiro escapando de sus labios.
Babe susurrando.
—Charlie...
Charlie contra su piel.
—¿Mmm?
Babe tímido de repente.
—¿Tú crees qué esto dure? Lo nuestro. La felicidad.
Charlie levantó la cabeza, encontrando sus ojos. En ellos vio miedo, una pequeña sombra de inseguridad.
Charlie con toda la seriedad del mundo.
—Babe, escúchame. No sé qué pasará mañana. No sé qué pasará en diez años. Pero sé una cosa: yo voy a luchar por esto cada día. Cada maldito día. Y si algún día sientes que la felicidad se va, vamos a buscarla juntos. ¿De acuerdo?
Babe asintió, sus ojos brillantes.
Babe con la voz quebrada.
—¿De acuerdo?
Charlie besando sus labios.
—De acuerdo. Y otra cosa.
—¿Qué?
Charlie con una sonrisa.
—Cuando tengas dudas, pregúntame. No te las guardes. Yo también estoy aprendiendo. A querer. A confiar. A dejar que me quieran. Así que si algo te preocupa, dímelo. Siempre.
Babe sonrió, una sonrisa radiante que iluminó todo su rostro.
—Te amo, Charlie.
—Y yo a ti. Más que a nada en este mundo.
El agua tibia los envolvía, la espuma los cubría, y el mundo exterior no existía.
Solo ellos.
Solo esto.
INT. COCINA - NOCHE
Envueltos en batas de baño, el cabello aún húmedo, Babe y Charlie estaban en la cocina preparando algo de cenar. Babe picaba verduras con una habilidad que Charlie observaba fascinado. Charlie, por su parte, intentaba no quemar el arroz.
Babe de reojo.
—¿Seguro qué sabes hacer arroz?
Charlie ofendido.
—Claro que sé. Se pone agua, se pone arroz, se enciende el fuego.
Babe riendo.
—¿Y mediste el agua?
Charlie miró la olla, luego a Babe, con expresión de "no tengo idea de lo que hablas".
Charlie con dignidad fingida.
—El arroz absorbente. Es una técnica moderna.
Babe soltó una carcajada, dejando el cuchillo a un lado y acercándose a Charlie. Enredó sus brazos en su cuello, mirando la olla por encima de su hombro.
Babe con ternura.
—Mi amor, el arroz necesita el doble de agua que de arroz. Tú pusiste el triple de arroz que de agua.
Charlie mirando la olla, luego a Babe.
—¿Y eso es malo?
Babe besando su mejilla.
—Eso es un desastre. Pero un desastre hermoso. Como tú.
Charlie gruñó, pero sus brazos rodearon la cintura de Babe, atrayéndolo hacia sí.
Charlie contra su oído.
—¿Te estás burlando de mis habilidades culinarias?
Babe con una sonrisa pícara.
—Solo digo que es bueno que tengamos mayordomo y cocinera. Porque si dependemos de ti, morimos de hambre.
Charlie lo besó, un beso que empezó como castigo y terminó como caricia. Cuando separaron los labios, ambos jadeaban ligeramente.
Charlie con voz ronca.
—¿Sabes qué? Que se queme el arroz. Pido comida.
Babe riendo.
—¡Otra vez no! Ayer pediste comida.
Charlie desafiante.
—¿Y?
Babe resignado, feliz.
—Y nada. Pide lo que quieras. Pero apaga el fuego antes de que explote algo.
Charlie apagó el fuego sin mirar, demasiado ocupado besando el cuello de Babe, que se reía entre gemidos.
INT. SALA DE ESTAR - MÁS TARDE
La comida había llegado hacía una hora. Los recipientes vacíos descansaban en la mesa baja, junto a dos copas de vino casi vacías.
Babe estaba recostado en el sofá, su cabeza en el regazo de Charlie, que le acariciaba el cabello distraídamente mientras miraban una película.
Babe soñoliento.
—Charlie.
—¿Mmm?
—¿Qué vamos a hacer mañana?
Charlie después de pensar.
—Lo que tú quieras.
Babe abriendo un ojo.
—¿En serio? ¿Cualquier cosa?
Charlie con una sonrisa.
—Cualquier cosa. Siempre que termine contigo en mis brazos.
Babe sonrió, una sonrisa de satisfacción pura.
—Entonces quiero ir al establo. Contigo. Quiero que montes a Kaewta.
Charlie arqueó una ceja.
—¿Montar? Yo no monto caballos.
Babe con una sonrisa pícara.
—Pues vas a aprender. Mi yegua necesita conocer a su otro papá.
Charlie negó con la cabeza, pero su sonrisa era inevitable.
—¿Su otro papá?
Babe asintiendo.
—Claro. Tú eres su papá humano. Ella es mi bebé de cuatro patas. Así que tienes que conocerla bien.
Charlie resignado y feliz.
—Está bien. Mañana voy a conocer a tu hija equina.
Babe riendo.
—No la llames así. Se ofende.
Charlie incrédulo.
—¿Los caballos se ofenden?
Babe con total seriedad.
—Kaewta sí. Es muy sensible.
Charlie lo miró un momento, luego soltó una risa. Una risa genuina, libre, que hacía mucho no escuchaba.
Babe mirándolo, fascinado.
—Me encanta cuando ríes así.
Charlie dejó de reír, curioso.
—¿Cómo?
Babe suavemente respondió.
—Así. Sin filtros. Sin miedo. Solo tú.
Charlie se inclinó y lo besó con ternura. Un beso que era una promesa.
Charlie contra sus labios.
—Tú me haces reír así. Tú me haces todo.
INT. DORMITORIO
La luna entraba por la ventana, bañando la cama en plata. Babe estaba sobre Charlie, sus cuerpos desnudos, sus miradas enredadas. No había urgencia esta vez. Solo ganas de estar cerca.
Babe moviéndose lentamente.
—¿Así está bien?
Charlie jadeando, asintiendo.
—Perfecto. Todo contigo es perfecto.
Babe sonrió y se inclinó para besarlo. El ritmo era lento, profundo, cada movimiento una caricia. Las manos de Charlie recorrían su espalda, sus caderas, sus muslos, como si quisiera memorizar cada centímetro.
Charlie susurrando.
—Te amo.
Babe contra su boca.
—Y yo a ti. Siempre.
El orgasmo los encontró juntos, unidos, sus nombres en los labios del otro. Cuando terminaron, Babe se dejó caer sobre Charlie, su cabeza en su pecho, escuchando los latidos acelerados que poco a poco volvían a la normalidad.
Babe con los ojos cerrados.
—Charlie.
Charlie acariciando su espalda.
—¿Mmm?
—¿Sabes qué quiero?
Charlie con una sonrisa.
—¿Qué?
Babe soñoliento.
—Despertar así todos los días. En tus brazos. Sintiéndome seguro. Sintiéndome amado.
Charlie apretó el abrazo, besando su cabeza.
Charlie susurrando.
—Eso puedes tenerlo. Todos los días. Para siempre.
Babe sonrió, ya casi dormido.
Babe murmurando.
—Para siempre, entonces.
El sueño lo venció. Charlie lo sostuvo, mirando su rostro relajado, su respiración pausada.
Charlie en un susurro, solo para él.
—Para siempre, mi amor. Te lo prometo.
La luna siguió su curso. La noche avanzó. Y ellos durmieron, abrazados, sabiendo que el día siguiente sería el primero de muchos.
Y cada uno, mejor que el anterior.
EXT. ESTABLOS DE PATHUM THANI - MAÑANA
El sol apenas comenzaba a calentar la tierra cuando el auto negro de Charlie se detuvo frente al establo. Babe bajó primero, con una energía vibrante que contrastaba con la mañana tranquila. Charlie lo siguió, ajustándose las gafas de sol, observando el lugar con curiosidad.
El olor a heno, caballo y tierra lo envolvió. No era desagradable. Era...vivo.
Babe girándose, tomando su mano.
—Bienvenido a mi segundo hogar. Bueno, ahora es el tercero. Después de ti.
Charlie sonrió, apretando su mano.
—¿Y cuál es el primero?
Babe con una sonrisa radiante.
—Tus brazos.
Charlie negó con la cabeza, pero su sonrisa era imborrable. Babe tiraba de él hacia el interior, emocionado como un niño mostrando su tesoro más preciado.
INT. ESTABLO -
El establo era amplio, limpio, con una docena de caballos en sus respectivos compartimentos. Babe caminaba con seguridad, saludando a cada caballo por su nombre, acariciando narices que se asomaban curiosas.
Babe señalando.
—Ese es Thongchai, el abuelo. Tiene veintitrés años. Allí está Darika, es unacoqueta, siempre quiere atención. Y allá...
Se detuvo frente a un compartimento especial, más grande, con una yegua color castaño de mirada dulce que relinchó suavemente al verlo.
Babe con voz tierna.
—Y esta es Kaewta. Mi niña.
Kaewta estiró el cuello, rozando su nariz con la mano de Babe. Él rió, acariciándola con una familiaridad que hablaba de años de amor.
Babe mirando a Charlie.
—Acércate. No muerde. Bueno, casi nunca.
Charlie dudó un segundo, luego dio un paso adelante. Kaewta lo observó con sus grandes ojos oscuros, evaluándolo. Charlie extendió la mano lentamente, dejando que ella la oliera.
Charlie en voz baja.
—Hola, Kaewta.
La yegua resopló, luego empujó suavemente su mano con la nariz. Charlie sonrió, sorprendido.
Babe orgulloso.
—Le gustas. Eso es una buena señal. Con la mayoría de la gente es desconfiada.
Charlie acariciando su cuello.
—Es hermosa.
Babe apoyando la cabeza en su hombro.
—Como su padre.
Charlie lo miró, tenía una ceja arqueada.
—¿Su padre?
Babe señalándose a sí mismo.
—Yo soy su papá. Tú eres su padre. Así que ahora tienes una hija de cuatro patas. Bienvenido a la paternidad.
Charlie rió, una risa baja y cálida, mientras seguía acariciando a Kaewta.
—Nunca imaginé que sería padre de un caballo.
Babe con una sonrisa pícara.
—La vida te sorprende.
EXT. PISTA DE EQUITACIÓN - UNA HORA DESPUÉS
Babe ensilló a Kaewta con movimientos precisos, heredados de años de práctica.
Charlie observaba, fascinado por la forma en que sus manos trabajaban, la confianza con la que se movía alrededor del animal.
Babe terminando.
—Lista. ¿Quieres intentarlo?
Charlie lo miró, una mezcla de duda y curiosidad en sus ojos.
—¿Montarla? Yo nunca...
Babe cortando su negativa.
—Nunca es tarde para aprender. Y yo soy un excelente profesor.
Charlie dudó, pero la sonrisa de Babe era imposible de resistir. Asintió, dejando que Babe lo guiará hacia Kaewta.
Babe instruyendo.
—Pon el pie aquí. Toma las riendas así. Y cuando subas, relájate. Los caballos sienten tu tensión.
Charlie siguió las instrucciones, subiendo con cierta torpeza. Kaewta se movió ligeramente, y Charlie se tensó.
Babe con suavidad.
—Tranquilo. Respira. Ella solo se está ajustando a tu peso.
Charlie respiró hondo, obligándose a relajar los hombros. Kaewta se calmó casi inmediatamente.
Babe con una sonrisa orgullosa.
—Lo ves. Eres un natural.
Charlie lo miró, incrédulo.
—¿En serio?
Babe subiendo detrás de él.
—Bueno, no. Pero mejoras rápido.
Antes de que Charlie pudiera protestar, Babe se acomodó detrás de él, sus brazos rodeándolo para tomar las riendas. Su pecho contra su espalda, su aliento cerca de su oído.
Babe susurrando.
—¿Listo para volar?
Charlie sintió un escalofrío. No por miedo. Por la cercanía. Por el calor de Babe contra su espalda.
Charlie con voz ronca.
—Siempre listo contigo.
Babe sonrió contra su oído y picó a Kaewta.
La yegua comenzó a trotar, luego a galopar.
El viento azotaba sus rostros, el mundo se volvía una mancha verde y azul a su alrededor.
Charlie sintió algo que no había sentido en años: libertad. Pura, absoluta libertad.
Charlie grita entre risas.
—¡Esto es increíble!
Babe riendo también.
—¡Te lo dije!
Galoparon así, juntos, unidos, hasta que el cansancio los obligó a detenerse junto a un pequeño lago en los terrenos del establo.
Babe desmontó primero, luego ayudó a Charlie, que bajó con piernas temblorosas.
Charlie jadeando, sonriendo.
—Nunca había hecho algo así.
Babe abrazándolo.
—¿Y?
Charlie besando su frente.
—Es mi nueva actividad favorita. Después de ti.
Babe rió, enterrando su rostro en su cuello.
Babe murmurando.
—Te amo.
Charlie apretando el abrazo.
—Y yo a ti.
INT. OFICINA DE CHARLIE -TARDE
El rascacielos donde Charlie tenía su oficina principal era imponente, todo vidrio y acero.
Babe nunca había ido. Charlie siempre decía que era "aburrido" y que "no quería aburrirlo".
Pero hoy Babe había insistido.
Babe entrando, mirando alrededor.
—Guau. Esto es...intimidante.
Charlie sonrió, orgulloso pero también nervioso. Nunca había mezclado su vida laboral con su vida personal. Babe era el primero.
Charlie tomando su mano.
—No te intimides. Son solo paredes y ventanas.
Babe señalando la vista.
—¿Solo paredes y ventanas? Charlie, esto es como estar en la cima del mundo.
La oficina ocupaba toda una planta. Paredes de vidrio, muebles minimalistas, y una vista de 360 grados de Bangkok. Babe se acercó a los ventanales, fascinado.
Charlie acercándose por detrás, rodeándolo con sus brazos.
—¿Te gusta?
Babe recostándose contra él.
—Es increíble. Como tú.
Charlie besó su hombro, luego su cuello.
Charlie susurrando.
—Sabes, nunca había traído a nadie aquí.
Babe sorprendido.
—¿Ni siquiera a...?
No necesitó terminar la frase. Charlie negó con la cabeza.
Charlie con honestidad dijo.
—Ni siquiera a ella. Esto siempre fue solo mío. Hasta hoy.
Babe se giró en sus brazos, mirándolo a los ojos.
Bave con ternura.
—¿Por qué yo?
Charlie pensando.
—Porque tú no eres solo alguien. Eres mi hogar. Y el hogar va a todas partes.
Babe sintió que el corazón se le desbordaba. Se estiró y lo besó, un beso profundo, agradecido, lleno de todo.
El beso se intensificó. Las manos de Charlie encontraron el borde de la camisa de Babe, deslizándose bajo la tela.
Babe entre besos.
—Charlie...¿y si alguien entra?
Charlie sin dejar de besarlo.
—Que entre. Que vean. Que sepan que eres mío.
Babe gimió contra su boca, sus manos enredándose en su cabello. Charlie lo guio hacia el sofá de cuero negro junto a los ventanales, sentándolo, quedando de rodillas frente a él.
Charlie mirándolo desde abajo.
—¿Sabes cuánto tiempo he querido hacer esto?
Babe con voz temblorosa.
—¿Qué?
Charlie respondió desabrochando su pantalón, bajando su cremallera con los dientes. Babe jadeó, su cabeza cayendo hacia atrás.
Charlie contra su piel.
—Adorarte. En mi territorio. Para que todo esto sepa a ti.
Y lo hizo. Con una devoción que bordeaba lo sagrado, Charlie adoró cada centímetro de Babe. Su boca caliente, sus manos firmes, sus ojos siempre mirándolo, siempre conectados.
Babe gemía, se retorcía, sus manos enredadas en el cabello de Charlie, su cuerpo ardiendo.
Babe jadeando.
—Charlie...voy a...
Charlie redobló sus esfuerzos, llevándolo al límite, y Babe se derramó en su boca con un grito ahogado, su cuerpo tensándose, su mente estallando en mil pedazos.
Charlie subió, besando su camino de regreso, encontrando sus labios, compartiendo su sabor.
Charlie con voz grave.
—Te amo.
Babe sin aliento, temblando.
—Y yo a ti. Tanto que duele.
INT. OFICINA
Babe estaba sentado en el sillón de Charlie, girando lentamente, con una sonrisa de satisfacción en el rostro. Charlie estaba en su escritorio, intentando concentrarse en unos papeles, pero su mirada se desviaba constantemente hacia él.
Babe con una sonrisa pícara.
—¿No tienes trabajo?
Charlie resignado.
—Tengo, pero tú eres una distracción muy efectiva.
Babe levantándose, acercándose.
—¿Debería irme?
Charlie lo atrapó por la cintura antes de que pudiera alejarse, sentándolo en su regazo.
Charlie contra su cuello.
—Ni se te ocurra.
Babe rió, enredando sus brazos en su cuello.
—¿Y tu trabajo?
Charlie encogiéndose de hombros.
—Que espere. Tú eres más importante.
Babe lo besó, lento, dulce. Luego apoyó su cabeza en su hombro, acurrucándose contra él.
Babe soñoliento.
—¿Podemos quedarnos así un rato?
Charlie besando su cabeza.
—Todo el tiempo que quieras.
Y se quedaron. Charlie con un brazo rodeando a Babe, el otro intentando leer informes. Babe acurrucado contra él, sintiendo su calor, su ritmo cardíaco.
El atardecer tiñó la oficina de naranja y rosa. Las luces de la ciudad comenzaron a encenderse. Y ellos seguían allí, en silencio, en paz.
INT. OFICINA - NOCHE
La noche había caído por completo. Charlie seguía trabajando, Babe ahora dormía en el sofá, cubierto con la chaqueta de Charlie. El sonido del tecleo era el único ruido.
El teléfono de Charlie vibró. Un mensaje. Lo miró distraídamente y sonrió.
MENSAJE DE BABE
Sí, Babe le había enviado un mensaje. Desde el sofá. A tres metros de distancia.
"Deja de trabajar y ven a abrazarme. Te extraño."
Charlie giró la cabeza. Babe tenía los ojos cerrados, pero una sonrisa traviesa en los labios.
Charlie negó con la cabeza, cerró el ordenador y se levantó. Caminó hacia el sofá, se acostó junto a Babe, atrayéndolo hacia sí.
Charlie susurrando.
—¿Contento?
Babe abriendo un ojo.
—Demasiado.
Charlie besando su nariz.
—Eres un malcriado.
Babe con una sonrisa.
—Tu malcriado.
Charlie rió, abrazándolo fuerte.
Charlie murmurando.
—Mi malcriado. Mi todo.
EXT. ESTABLOS - OTRO DÍA
Babe estaba cepillando a Kaewta cuando escuchó pasos conocidos. Sonrió sin girarse.
—Llegas tarde.
Charlie apareció a su lado, con ropa de montar que Babe le había comprado. Le quedaba perfecta.
Charlie besando su mejilla.
—Reunión de junta. No podía escaparme.
Babe entregándole un cepillo.
—Ponte a trabajar. Los padres también tienen responsabilidades.
Charlie tomó el cepillo y comenzó a imitar los movimientos de Babe, torpe al principio, pero mejorando rápido.
Charlie después de un rato.
—¿Sabes qué?
—¿Qué?
Charlie con una sonrisa.
—Nunca imaginé que sería feliz así. Con olor a caballo, tierra y un hombre que me llama cachorro.
Babe rió, apoyándose contra él.
—¿Y lo eres? ¿Eres fliz?
Charlie dejó el cepillo, tomó su rostro entre sus manos y lo besó con una ternura que dolía.
Charlie contra sus labios.
—Más de lo que creí posible. Todo gracias a ti.
Babe con lágrimas en los ojos.
—No me hagas llorar. Kaewta se ríe de mí cuando lloro.
Charlie rió, besando sus lágrimas antes de que cayeran.
—Entonces no llores. Solo sonríe. Como ahora.
Babe sonrió. Y en esa sonrisa estaba todo: el pasado de dolor, el presente de amor, el futuro de esperanza.
Kaewta relinchó suavemente, como aprobando.
Babe riendo.
—Hasta ella dice que sí.
Charlie besando su frente.
—Entonces estamos de acuerdo. Felices para siempre.
Babe en sus brazos.
—Para siempre.
El sol calentaba sus espaldas, Kaewta pastaba cerca, y el mundo seguía girando.
Pero ellos ya no necesitaban el mundo.
Se tenían el uno al otro.
Y eso era más que suficiente.
INT. OFICINA DE CHARLIE - MAÑANA
El edificio corporativo de la familia Charlie se alzaba imponente en el distrito financiero de Bangkok. Esa mañana, sin embargo, la recepcionista del piso ejecutivo había recibido una instrucción inusual: si un joven llamado Babe llegaba, debía dejarlo pasar sin anunciarlo.
Babe entró con una bolsa de papel en las manos, vistiendo una camisa holgada y jeans, el cabello ligeramente despeinado por el aire acondicionado del auto. Sonrió a la recepcionista, que lo reconoció inmediatamente.
La recepcionista con una sonrisa.
—Buenos días, Khun Babe. Khun Charlie está en reunión, pero dijo que podía esperar en su oficina.
Babe de manera agradable contestó.
—Gracias. No se preocupe, esperaré.
Caminó por el pasillo acristalado, saludando con una inclinación de cabeza a algunos ejecutivos que ya lo reconocían de visitas anteriores. La oficina de Charlie estaba al fondo, imponente, con sus puertas de madera oscura.
Babe entró, dejó la bolsa en el escritorio y se acercó a los ventanales. La vista era, como siempre, espectacular. Bangkok se extendía a sus pies, una ciudad bulliciosa que desde ahí parecía un juguete.
Se sentó en el sillón de Charlie, girando lentamente, esperando.
INT. OFICINA - TREINTA MINUTOS DESPUÉS
La puerta se abrió y Charlie entró, todavía hablando por teléfono en coreano. Llevaba el traje impecable de siempre, pero Babe notó las pequeñas arrugas de cansancio alrededor de sus ojos.
Charlie lo vio y su expresión cambió instantáneamente. El ceño frío se relajó, sus labios esbozaron una sonrisa. Terminó la llamada rápidamente.
Charlie colgando la llamada.
—¿Cuánto llevas aquí?
Babe levantándose, acercándose.
—Lo suficiente para extrañarte.
Charlie lo abrazó, enterrando su rostro en su cuello, inhalando su aroma. Babe sonrió, acariciando su nuca.
Babe susurrando.
—¿Duro día?
Charlie murmurando contra su piel.
—Siempre es mejor cuando llegas.
Se separaron lo justo para mirarse. Charlie notó la bolsa en el escritorio.
Charlie señalando.
—¿Eso es para mí?
Babe con una sonrisa.
—Almuerzo. Pensé que quizá no habías comido.
Charlie lo miró con una mezcla de sorpresa y ternura.
—¿Cómo sabes que no comí?
Babe encogiéndose de hombros.
—Porque siempre olvidas comer cuando estás en reuniones. Y porque te conozco.
Charlie negó con la cabeza, pero su sonrisa era inevitable. Caminaron juntos hacia el pequeño comedor adjunto a la oficina. Babe sacó los recipientes: arroz jazmín, curry verde, ensalada de papaya y un pequeño postre de mango con arroz pegajoso.
Charlie asombrado.
—¿Hiciste todo esto?
Babe con modestia.
—Bueno, el curry lo hizo la cocinera. Pero el arroz lo hice yo. Y el mango lo corté.
Charlie rió, sirviéndose.
Charlie probando.
—Está delicioso.
Babe apoyando la cabeza en su mano, mirándolo.
—Me gusta verte comer.
Charlie arqueando una ceja.
—¿Eso no es un poco raro?
Babe negando con la cabeza.
—No. Me gusta verte disfrutar algo que hice para ti. Es...íntimo.
Charlie lo miró largamente, luego dejó los palillos y tomó su mano.
Charlie serio.
—¿Sabes qué es íntimo para mí?
Babe curioso.
—¿Qué?
—Esto. Tú aquí. En mi espacio. Esperándome. Cuidándome. Nadie había hecho esto por mí.
Babe sintió un nudo en la garganta.
—Pues acostúmbrate. Porque pienso hacerlo siempre.
INT. OFICINA - DOS HORAS DESPUÉS
Charlie intentaba trabajar, pero Babe estaba recostado en el sofá leyendo un libro, y cada vez que levantaba la vista, su mirada se desviaba hacia él.
Charlie frustrado, dejando el informe.
—No puedo concentrarme.
Babe sin levantar la vista del libro.
—¿Problemas?
—Sí. Tú. Ahí. Tan...tú.
Babe sonrió, cerró el libro y se levantó.
Caminó hacia el escritorio, sentándose en el borde, frente a Charlie.
Babe con una sonrisa pícara.
—¿Quieres qué me vaya?
Charlie atrapando su mano.
—Ni lo sueñes.
Se quedaron así, tomados de la mano, en silencio. El ruido de la ciudad se filtraba suavemente por los ventanales.
Charlie después de un momento.
—¿Sabes qué quiero?
—¿Qué?
—Terminar pronto para ir a casa contigo.
Babe con ternura.
—Pues termina. Yo espero.
Charlie asintió, tomó su informe y Babe volvió al sofá con su libro. Pero cada pocos minutos, sus miradas se encontraban. Y sonreían.
Como dos adolescentes.
Como dos enamorados.
INT. ÁTICO - ATARDECER
Llegaron juntos, como les gustaba. Charlie dejó su maletín en la entrada, Babe dejó las llaves en el cuenco de siempre. La rutina se había vuelto sagrada.
Babe estirándose.
—Necesito una ducha.
Charlie acercándose.
—¿Compañía?
Babe con una sonrisa.
—Tú siempre.
Subieron juntos, pero el baño fue solo eso: un baño. Agua caliente, risas cuando Charlie no encontraba el champú, Babe cantando una canción pop tailandesa, mientras Charlie lo miraba con una sonrisa de oreja a oreja.
INT. COCINA - NOCHE
En batas de baño, el cabello aún húmedo, decidieron cocinar juntos. Charlie había mejorado ligeramente desde su desastre con el arroz. Ahora al menos sabía medir el agua.
Babe supervisando.
—No le pongas tanta sal.
Charlie defensivo.
—Es solo una pizca.
Babe asomándose.
—Eso no es una pizca, eso es una montaña.
Charlie lo miró, ofendido, pero Babe se acercó y le robó un beso.
Babe contra sus labios.
—Pero te quiero igual. Incluso con tus montañas de sal.
Charlie gruñó, pero lo besó de vuelta.
INT. SALA DE ESTAR - NOCHE
Cenaron viendo una serie. Babe estaba recostado contra Charlie, sus piernas enredadas, una manta cubriéndolos. La serie era intrascendente, pero ninguno miraba realmente.
Babe con los ojos cerrados.
—Charlie.
Charlie acariciando su cabello.
—¿Mmm?
—¿Crees qué esto sea para siempre?
Charlie dejó de acariciarlo, luego suspiró.
Charlie habla con seriedad.
—Babe, te he dicho que no sé qué pasará mañana. Pero sí sé que voy a elegirte cada día. Eso es lo único que puedo prometer.
Babe abriendo los ojos, mirándolo.
—¿Y si un día te cansó?
Charlie con una sonrisa.
—¿Tú? Imposible. Eres como el aire. No puedo cansarme de respirar.
Babe sonrió, una sonrisa radiante, y volvió a cerrar los ojos.
Babe murmurando.
—Te amo.
Charlie besando su cabeza.
—yo a ti. Más que a nada.
INT. DORMITORIO - NOCHE
En la cama, enfrentados, sus rostros a centímetros. Charlie acariciaba la mejilla de Babe con el dorso de los dedos.
Babe susurrando.
—Cuéntame algo de tu día. Lo que sea.
Charlie pensando.
—Hubo una reunión aburridísima sobre inversiones en energías renovables. Casi me duermo.
Babe riendo bajito.
—¿El gran Charlie, durmiéndose en una reunión?
Charlie con dignidad fingida.
“Fue muy aburrida. Tú me hubieras entendido.
Babe acariciando su brazo.
—Cuéntame más.
Charlie relajándose.
—Luego hubo una llamada con la oficina de Singapur. Quieren expandirse, pero no están listos. Tuve que ser el malo y decirles que esperen.
Babe con orgullo.
—Mi Charlie, el malo de los negocios.
Charlie con una sonrisa.
—Para ti soy solo Charlie. Para ellos, sí, soy el malo.
Babe se acercó y besó su nariz.
—Me gusta que seas malo con ellos y bueno conmigo.
Charlie besando sus labios suavemente.
—Solo contigo. Siempre solo contigo.
INT. DORMITORIO - MADRUGADA
Babe despertó sobresaltado. Una pesadilla. Sudor frío en la frente. Miró a su lado y Charlie no estaba.
Se levantó, caminó en silencio. Encontró a Charlie en la terraza, con una taza de té, mirando las luces de la ciudad.
Babe acercándose por detrás, abrazándolo.
—¿No duermes?
Charlie se sobresaltó ligeramente, luego se relajó en su abrazo.
Charlie con voz baja.
—No podía. Pensando.
Babe apoyando la cabeza en su espalda.
—¿En qué?
Charlie después de un momento.
—En que antes, cuando no dormía, estaba solo. Ahora tengo esto. Tengo a alguien que viene a buscarme.
Babe rodeó el sillón para sentarse frente a él, tomando sus manos.
Babe con ternura.
—Siempre voy a venir a buscarte. Siempre.
Charlie lo miró, sus ojos brillantes en la penumbra.
Charlie con voz ronca.
—¿Por qué me quieres tanto? Después de todo lo que te hice...
Babe cortando sus palabras.
Porque te conozco. Porque vi más allá del hielo. Porque vales la pena.
Charlie lo atrajo hacia sí, abrazándolo fuerte. Babe sintió su respiración entrecortada.
Babe con voz muy suave dijo.
—Está bien llorar, Charlie. No tienes que ser fuerte conmigo.
Y Charlie lloró. Silenciosamente, abrazado a Babe, mientras la noche los envolvía. Lágrimas de alivio, de gratitud, de amor.
Babe solo lo sostuvo. Sin palabras. Sin prisas.
Hasta que el amanecer comenzó a teñir el cielo.
INT. COCINA - MAÑANA
Desayunaban juntos, como cada mañana ahora. Charlie con su café negro, Babe con su té. Pan tostado, fruta, conversación trivial.
Charlie revisando su teléfono.
—Hoy tengo reuniones hasta tarde.
Babe sin drama.
—¿Quieres qué lleve comida?
Charlie con una sonrisa.
—Siempre.
Babe anotando mentalmente.
—¿Curry verde otra vez?
Charlie asintiendo.
—Mi favorito.
Babe con una sonrisa pícara.
—¿O tu favorito soy yo?
Charlie dejando el teléfono, mirándolo fijamente.
—Eso ni siquiera es una competencia. Tú ganas siempre.
Babe rió, satisfecho.
INT. ENTRADA DEL ÁTICO - DESPEDIDA
Charlie listo para salir, traje impecable, maletín en mano. Babe en bata, apoyado en el marco de la puerta.
Charlie acercándose para un beso.
—¿Vas a estar bien hoy?
Babe con una sonrisa.
—Siempre. Tengo cita con Kaewta esta tarde.
Charlir con un dejo de celos fingidos.
—¿Vas a ver a tu otra esposa?
Babe riendo.
—¿Estás celoso de un caballo?
Charlie con dignidad.
—Es una yegua muy guapa.
Babe lo besó, largo, lento.
Babe contra sus labios.
—Tú eres el único que me importa. Ella es mi hija. Tú eres mi todo.
Charlie sonrió, satisfecho.
Charlie besando su nariz.
—Te veo en la noche.
Babe despidiéndose.
—Te espero.
EXT. ESTABLOS - TARDE
Babe montaba a Kaewta, pero su mente estaba en Charlie. Sonrió, acariciando el cuello de la yegua.
Babe murmurando.
—¿Sabes, Kaewta? Tu papá es un hombre complicado. Pero cuando te quiere, te quiere de verdad. Sin medias tintas.
Kaewta relinchó suavemente, como entendiendo.
Babe continuando.
—Y yo lo quiero a él. Con todo lo que soy. Con todo lo que tengo.
El viento movió su cabello, el sol calentó su piel. Y Babe sonrió.
Porque por primera vez en mucho tiempo, el futuro no daba miedo.
Porque Charlie estaba en él.
INT. ÁTICO - NOCHE
Charlie llegó cansado, pero al abrir la puerta y ver a Babe en el sofá, leyendo, la fatiga desapareció.
Babe levanta la vista.
—Hola, mi amor.
Charlie dejando todo, acercándose.
—Hola.
Se besaron, un beso de reencuentro, de hogar.
Charlie recostando la cabeza en su hombro.
—Qué día.
Babe acariciando su cabello.
—Cuéntame.
Charlie con los ojos cerrados.
—Gente estúpida. Decisiones estúpidas. Reuniones estúpidas.
Babe con una sonrisa.
—¿Y qué hizo mi Charlie con toda esa estupidez?
Charlie abriendo un ojo.
—Pensar en ti. En que al final del día, estabas aquí. Esperándome.
Babe besando su cabeza.
—Y aquí estoy. Siempre.
INT. DORMITORIO - NOCHE
Preparándose para dormir. Charlie en pijama, Babe cepillándose los dientes. La rutina más simple, la más sagrada.
Charlie se acercó por detrás, abrazándolo mientras Babe escupía la pasta.
Charlie contra su oído.
—Te amo.
Babe con la boca llena de espuma, riendo.
—Mmm bmm bmm.
Charlie entendiendo.
—También te amo. Buenas noches.
Babe se enjuagó rápido y lo abrazó.
Babe con voz clara ahora.
—Buenas noches, mi amor. Dulces sueños.
INT. DORMITORIO - MADRUGADA
Durmieron abrazados, como siempre ahora. Los pies enredados, las respiraciones sincronizadas.
Ninguna pesadilla esa noche.
Solo sueños.
Solo paz.
Solo ellos.
INT. ÁTICO - BANGKOK - MAÑANA - SEIS MESES DESPUÉS
El ático amaneció vestido de gala. Flores blancas por todas partes, jazmines y orquídeas. Globos en tonos pastel. Una pequeña tarima montada frente a los ventanales, con el horizonte de Bangkok como testigo.
Solo estaban ellos. Sin familias, sin invitados, sin protocolos. Solo Charlie y Babe, frente a frente, vestidos con impecables trajes blancos hechos a medida.
El oficiante, un viejo amigo de Charlie, sonreía conmovido.
—Charlie y Babe, hoy no están aquí por obligación, ni por acuerdos familiares. Hoy están aquí porque eligen amarse. Porque eligen quedarse. Porque eligen, cada día, ser el hogar del otro.
Charlie tomó las manos de Babe. Las suyas temblaban ligeramente. Babe lo notó y sonrió, apretando con suavidad.
Charlie mirándolo a los ojos, con voz firme pero quebrada por la emoción.
—Babe, hace un año y medio, nos casaron por contrato. Yo llegué con el corazón cerrado, con miedo, con rabia. Y tú...tú llegaste con una sonrisa. Con paciencia. Con un amor que no entendía, que no merecía.
Babe negó ligeramente, pero Charlie continuó.
—Me lastimaron sin tu saberlo, y yo te lastimé a propósito. Te alejé, te ignoré, te congelé. Y aún así, tú te quedaste. Esperaste. Me amaste hasta que aprendí a amarme a mí mismo. Hasta que aprendí a amarte como mereces.
Una lágrima escapó de sus ojos. Babe la atrapó con el pulgar, sin palabras.
—Hoy, aquí, frente a este cielo que nos vio pelear y amarnos, te elijo. Te elijo a ti, Babe. No por contrato, no por obligación. Te elijo porque mi corazón late por ti. Porque mi alma encontró su hogar en la tuya. Porque no hay futuro que imagine sin ti a mi lado.
Babe lloraba abiertamente ahora, pero su sonrisa era radiante.
Babe con voz temblorosa.
—Charlie...yo te amé desde antes de conocerte. Desde que vi tu foto en un periódico, con ese ceño frío y esos ojos tristes, supe que quería ser quien te hiciera sonreír. Y cuando nos casamos, aunque me devolvías hielo, yo veía al cachorro asustado debajo.
Charlie rió entre lágrimas.
—Tardaste, eh. Pero llegaste. Y cada día desde entonces ha sido el mejor de mi vida. Contigo aprendí que el amor no es fácil, que a veces duele, que a veces hay que pelear. Pero también aprendí que cuando encuentras a la persona correcta, todo vale la pena.
Apretó sus manos con fuerza.
—Te elijo, Charlie. Te elijo hoy, mañana y siempre. Te elijo en las mañanas difíciles y en las noches de insomnio. Te elijo en la risa y en el llanto. Te elijo porque tú eres mi hogar. El único que quiero.
El oficiante con una sonrisa.
—Por el poder que me otorgan estas dos familias y, sobre todo, por el poder que ustedes mismos se han otorgado al elegirse, los declaro esposos. Nuevamente. Esta vez, para siempre.
Charlie tomó el rostro de Babe entre sus manos y lo besó. Un beso profundo, largo, lleno de todo lo que habían vivido. Babe se aferró a él, sus brazos enredados en su cuello, las lágrimas mezclados en sus mejillas.
Los globos se elevaron hacia el techo. Las flores perfumaron el aire. Y ellos siguieron besándose, como si el mundo se hubiera detenido solo para ellos.
INT. AVIÓN PRIVADO - RUMBO A ITALIA
El jet privado cortaba el cielo a treinta mil pies de altura. Babe estaba pegado a la ventanilla, emocionado como un niño.
Babe maravillado.
№Charlie, mira las nubes. Parecen algodón.
Charlie desde su asiento, sonriendo.
—¿Nunca habías volado?
Babe negando.
—Sí, pero siempre en comerciales. Esto es...diferente.
Charlie se levantó y se sentó a su lado, rodeando sus hombros con un brazo.
Charlie besando su sien.
—Bienvenido a tu primera luna de miel de verdad.
Babe recostándose contra él.
—¿Y por qué Italia?
Charlie con una sonrisa misteriosa.
—Porque es hermoso. Como tú. Y porque siempre quise llevarte a algún lugar que ningún otro haya visto conmigo.
Babe levantó la cabeza y lo besó, agradecido.
Babe susurrando.
—Te amo.
Charlie contra sus labios.
—Y yo a ti. Prepara tus ojos. Roma te espera.
EXT. COLISEO ROMANO - ROMA - DÍA
El Coliseo se alzaba imponente bajo el sol italiano. Babe caminaba con la boca abierta, girando sobre sí mismo para absorber cada ángulo.
Babe asombrado.
—Es...es increíble. Tiene casi dos mil años, Charlie. Dos mil.
Charlie con una sonrisa.
—¿Te gusta?
Babe asintiendo frenéticamente.
—Es como estar en una película. Pero real.
Charlie lo tomó de la mano, entrelazando sus dedos.
Charlie señalando.
—¿Ves esos arcos? Por ahí entraban los gladiadores.
Babe mirándolo con admiración.
—¿Cómo sabes tanto?
Charlie encogiéndose de hombros.
—Leí. Quería saber para explicarte.
Babe sintió que el corazón le estallaba. Se detuvo, tomó el rostro de Charlie y lo besó en medio de los turistas, las cámaras, el bullicio.
Babe contra sus labios.
:Eres perfecto.
Charlie sonriendo bajo el beso.
—Tú me haces querer serlo.
EXT. FONTANA DI TREVI - ROMA - TARDE
La fuente estaba abarrotada, pero eso no impidió que encontraran un hueco junto al borde. Charlie sacó dos monedas de su bolsillo.
Charlie entregándole una.
—¿Sabes cómo funciona?
Babe asintiendo.
—Tiró la moneda con la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Y pido un deseo.
Charlie con una sonrisa.
—Exacto.
Se giraron de espaldas a la fuente, las monedas listas.
Charlie antes de lanzar.
—¿Qué vas a pedir?
Babe mirándolo.
—Ya lo tengo todo. Pero pediré que dure.
Lanzaron las monedas al mismo tiempo. El agua brilló bajo el sol.
Babe volviéndose.
—¿Y tú?
Charlie tomando su mano.
—Pedí lo mismo. Y que siempre tengas esa sonrisa.
Babe se colgó de su cuello, riendo, feliz.
INT. HOTEL BOUTIQUE - ROMA - NOCHE
La habitación era una suite de ensueño: techos altos, muebles antiguos, una cama enorme con dosel de terciopelo rojo. Las ventanas daban a una calle adoquinada, y el sonido lejano de una fuente llegaba como música de fondo.
Babe entró primero, dejándose caer en la cama.
Babe suspiro de satisfacción.
—Esta cama es un sueño.
Charlie cerró la puerta. El click del pestillo resonó en la habitación.
Charlie con voz baja, diferente.
—¿Cansado?
Babe abrió un ojo. Algo en el tono de Charlie lo alertó. Se incorporó ligeramente.
Babe con una sonrisa nerviosa.
—Un poco. ¿Por qué?
Charlie caminó lentamente hacia la cama, desabrochándose el primer botón de la camisa.
Charlie con una sonrisa lenta, peligrosa.
—Porque hoy te vi. En el Coliseo, con esa carita de asombro. En la fuente, con esa sonrisa. En cada maldito lugar, más hermoso que el anterior.
Babe tragó saliva, sintiendo el calor extenderse por su cuerpo.
Babe con voz temblorosa.
—Charlie...
Charlie llegando a la cama, una rodilla sobre el colchón.
—Todo el día queriendo hacer esto. Todo el día deseando tenerte solo para mí. Lejos de todo. Lejos de todos.
Babe se incorporó, arrodillándose en la cama frente a él.
Babe con una sonrisa.
—Y ahora me tienes.
Charlie lo tomó por la nuca y lo besó. No fue un beso suave. Fue un beso de posesión, de hambre acumulada, de días de espera. Babe gimió contra su boca, sus manos enredándose en su camisa, desabrochando con desesperación.
Charlie entre besos.
—¿Sabes cuánto te deseo? ¿Sabes lo qué me haces?
Babe jadeando.
—Dímelo.
Charlie gruñendo.
—Me vuelves loco. Me haces querer devorarte.
La camisa de Charlie cayó al suelo. Luego la de Babe. Charlie lo empujó suavemente hacia atrás, Babe cayó sobre la cama, Charlie sobre él.
Charlie sobre él, mirándolo.
—Esta noche no voy a ser suave.
Babe con los ojos brillantes.
—No quiero que seas suave. Quiero sentirte. Todo tú.
Charlie sonrió, una sonrisa salvaje, y bajó a morder su cuello. Babe gimió, arqueándose, sus manos enredadas en su cabello.
Charlie mordiendo, chupando.
—Voy a marcarte. Para que cuando te mires al espejo mañana, recuerdes que eres mío.
Babe jadeando.
—Soy tuyo. Siempre tuyo.
Charlie bajó más, su boca encontrando sus pezones, mordiendo suavemente, succionando con fuerza. Babe gemía, se retorcía, sus uñas clavándose en su espalda.
Babe suplicante.
—Charlie...por favor...
Charlie levanta la cabeza.
—¿Por favor qué?
Babe mirándolo a los ojos.
—Tómame. Como quieras. Pero tómame ya.
Charlie gruñó y se separó solo lo necesario para despojarlos de la ropa que quedaba. Cuando estuvieron desnudos, se quedó un momento mirándolo. Babe bajo él, el cabello revuelto sobre la almohada de terciopelo, los ojos oscuros de deseo, los labios hinchados, el pecho subiendo y bajando aceleradamente.
Charlie con la voz ronca.
—Eres mío. Solo mío.
Babe extendiendo los brazos.
—Tuyo. Siempre tuyo. Ven.
Charlie no necesitó más. Buscó el lubricante en la mesita de noche, lo preparó con dedos hábiles pero urgentes. Babe gemía bajo él, pidiendo más, siempre más.
Charlie cuando estuvo listo.
—¿Preparado?
Babe asintiendo, desesperado.
—Sí. Por favor.
Charlie entró en él de una embestida. Profundo, brutal, completo. Babe gritó, un sonido de sorpresa y placer, su espalda arqueándose, sus piernas enredándose en la cintura de Charlie.
Charlie gruñendo.
—Así. Así quiero oírte.
Y comenzó a moverse. No hubo ritmo suave, no hubo caricias lentas. Hubo embestidas profundas, duras, que hacían crujir la cama antigua. Babe gemía, jadeaba, sus uñas marcando la espalda de Charlie, sus piernas apretadas con fuerza.
Charlie jadeando, sudoroso.
—¿Sientes cómo te llenó? ¿Cómo encajas perfecto conmigo?
Babe entre gemidos.
—Sí...Charlie...sí...
Charlie acelerando.
—Eres mío. Nadie va a tenerte. Nadie va a verte así. Solo yo. ¿Entiendes?
Babe asintiendo frenéticamente.
—Tuyo...solo tuyo...siempre...
Charlie cambió el ángulo, buscando, encontrando. Cuando dio en el punto exacto, Babe gritó, un sonido agudo y desesperado.
Charlie satisfecho.
—Así. Sigue gritando así para tu hombre, mi amor.
Cada embestida apuntaba a ese lugar. Babe perdía la cabeza, el placer acumulándose, su cuerpo tensándose.
Babe rogando.
—Charlie...voy a...no puedo...
Charlie ronco.
—Ven. Ven conmigo. Quiero sentirte.
Su mano encontró la erección de Babe, bombeando al ritmo de sus embestidas. No hizo falta más. Babe gritó su nombre cuando el orgasmo lo golpeó, su interior apretándose alrededor de Charlie, desencadenando el suyo propio.
Charlie gruñó, enterrándose profundo, derramándose dentro de él con un gemido que sonó a liberación, a victoria, a hogar.
Se quedaron así, jadeando, sudorosos, pegados. Charlie apoyó su frente contra la de Babe, sus respiraciones entremezclándose.
Charlie susurrando, con los ojos cerrados.
—Te amo. Te amo como no sabía que se podía amar a alguien.
Babe con una sonrisa cansada.
—Y yo te amo a ti. Más que a mi vida.
INT. HOTEL - DOS HORAS DESPUÉS
Yacían enredados en las sábanas revueltas, la ventana abierta dejando entrar la brisa nocturna de Roma. Babe tenía la cabeza apoyada en el pecho de Charlie, escuchando los latidos que poco a poco volvían a la normalidad.
Babe soñoliento.
—Charlie.
Charlie acariciando su espalda.
—¿Mmm?
—¿Sabes qué quiero mañana?
Charlie con una sonrisa.
—¿Qué?
—Desayunar en esa plaza que vimos. La con fuentecita y palomas.
Charlie besando su cabeza.
—Plaza Navona. Sí, podemos.
Babe con una sonrisa.
—Y luego quiero comer pizza de verdad. No la de Bangkok.
Charlie riendo.
—Eso también.
Babe después de un momento.
—Charlie.
—¿Mmm?
—Gracias.
Charlie curioso.
—¿Por qué?
Babe levanta la cabeza para mirarlo.
—Por todo. Por esperarme. Por quererme. Por traerme aquí. Por hacerme el hombre más feliz del mundo.
Charlie lo miró largamente, sus ojos brillantes en la penumbra.
Charlie con ternura.
—Tú me hiciste a mí, Babe. Antes de ti, era hielo. Ahora soy...esto. Hogar. Amor. Vida. Todo gracias a ti.
Babe se inclinó y lo besó, un beso lento, dulce, lleno de todo lo que eran.
Babe contra sus labios.
—Te amo, Charlie.
Charlie abrazándolo fuerte.
—Y yo a ti. Para siempre.
EXT. PLAZA NAVONA - ROMA - MAÑANA
La plaza era hermosa, con su fuente central rodeada de terrazas y palomas. Babe y Charlie estaban sentados en una mesa al aire libre, frente a un desayuno italiano: café, croissants, jugo de naranja.
Babe mordiendo un croissant.
—Esto es...espectacular.
Charlie bebiendo su café.
—¿Mejor qué el arroz pegajoso con mango?
Babe pensando.
—Casi. Pero no compite.
Charlie rió, tomando su mano sobre la mesa.
—¿Sabes qué quiero?
—¿Qué?
—Hacer esto todos los años. Viajar contigo. Conocer el mundo. Despertar en lugares nuevos pero siempre con la misma cara a mi lado.
Babe apretando su mano.
—Eso suena a plan perfecto.
Charlie con una sonrisa.
—Entonces es un trato.
Babe levantando su café.
—Trato.
Brindaron con café, riendo como adolescentes.
EXT. CANALES DE VENECIA - TRES DÍAS DESPUÉS
El góndola se deslizaba suavemente por los canales de Venecia. Babe estaba recostado contra Charlie, mirando los palacios antiguos desfilar lentamente.
Babe maravillado.
—Es como un sueño.
Charlie besando su cabeza.
—Tú eres mi sueño. Esto solo es el escenario.
Babe riendo.
—Eres un cursi.
Charlie con dignidad.
—Soy un cursi enamorado. Hay diferencia.
El gondolero cantaba suavemente en italiano. El sol se reflejaba en el agua. Babe suspiró, feliz.
—Charlie.
—¿Mmm?
—¿Crees qué en otra vida también nos hubiéramos encontrado?
Charlie pensando.
—En todas las vidas. Siempre te encontraría. Siempre te elegiría.
Babe se giró y lo besó, allí, en medio del canal, bajo el puente de los Suspiros.
Y en ese beso estaban todas las vidas. Todos los amores. Todos los futuros.
INT. HOTEL - VENECIA - NOCHE
La habitación daba al Gran Canal. Las luces de la ciudad se reflejaban en el agua. Babe estaba en el balcón, envuelto en una bata, mirando el paisaje.
Charlie se acercó por detrás, rodeándolo con sus brazos.
Charlie contra su oído.
—¿Feliz?
Babe recostándose contra él.
—Más de lo que las palabras pueden decir.
Charlie besando su hombro.
—Entonces yo también.
Se quedaron así, abrazados, mirando Venecia brillar en la noche.
Babe después de un momento.
—Charlie.
—¿Mmm?
—Gracias por no rendirte. Gracias por quedarte.
Charlie apretando el abrazo.
—Gracias tú por esperarme. Por creer en mí cuando ni yo creía.
Babe girándose en sus brazos.
—Siempre. Siempre voy a creer en ti.
Charlie lo besó, lento, profundo.
Charlie contra sus labios.
—Y yo siempre voy a amarte.
La noche los envolvió.
Y en algún lugar, una góndola pasó cantando.
Pero ellos ya no escuchaban.
Solo existían el uno para el otro.
Como siempre.
Para siempre.
INT. SALÓN DE EVENTOS - HOTEL LUJOSO - BANGKOK - NOCHE
El salón brillaba con luces de cristal y arañas doradas. Hombres y mujeres de traje, copas de champán en mano, tejían la red social de la élite tailandesa. Charlie estaba impecable con su esmoquin negro, Babe a su lado con uno azul noche que hacía juego con sus ojos.
Charlie conversaba con un grupo de socios japoneses. Babe escuchaba atentamente, asintiendo, sonriendo cuando era apropiado. Pero su mente divagaba, pensando en el helado de té verde que habían prometido para el postre.
En un momento, Babe sintió que necesitaba estirar las piernas. Tocó suavemente el brazo de Charlie.
Babe susurrando.
—Voy por una copa. ¿Te traigo algo?
Charlie asintió, apretando su mano brevemente antes de volver a la conversación.
Babe se alejó hacia la barra, pero en el camino se encontró con un hombre de sonrisa fácil. Lo reconocía de alguna parte.
Willy con una sonrisa
—¡Babe! Cuánto tiempo.
Babe parpadeando, luego recordando.
—Willy. El amigo de mi primo. ¿Cómo estás?
Willy mirándolo de arriba abajo con admiración apenas disimulada.
—Mejor ahora que te veo. Sigues tan bello como siempre
Babe rió, sin captar el matiz en sus palabras.
Babe sin filtro.
—Sigo igual. ¿Y tú? ¿Sigues en el negocio de importaciones?
Willy acercándose un paso más.
—Sí, pero hablemos de ti. ¿Cómo está la vida de casado?
INT. SALÓN DE EVENTOS - UNOS METROS MÁS ALLÁ
Charlie seguía en su conversación, pero algo lo hizo girar la cabeza. Instintivamente. Como un radar.
Vio a Babe. Y vio a Willy.
Y vio la forma en que Willy miraba a Babe. Esa mirada no era de cortesía. Era de posesión. De deseo. De "te quiero comer no solo con los ojos".
Charlie sintió que algo se retorcía en su estómago. Sus manos se tensaron alrededor de la copa.
Socio japonés notando su distracción.
—¿Khun Charlie? ¿Todo bien?
Charlie parpadeó, forzando una sonrisa profesional.
Charlie controlando sus emociones.
—Sí, disculpe. Continuemos.
Pero su mirada volvía una y otra vez a esa escena. Willy hablaba, gesticulaba, se acercaba. Babe, ajeno completamente, solo asentía, a veces reía, sin notar las intenciones del otro.
Charlie apretó la mandíbula. Bebió un trago largo de champán. Contó hasta diez.
Willy puso una mano en el hombro de Babe. Charlie vio rojo.
Pero se controló. Eran negocios. No podía hacer una escena.
INT. SALÓN DE EVENTOS - DIEZ MINUTOS DESPUÉS
Babe se despidió de Willy con una sonrisa amable y caminó directamente hacia Charlie. Se acercó, enlazando su brazo con el suyo con naturalidad.
Babe contento.
—¿Cómo va la conversación?
Charlie no respondió inmediatamente. Su mandíbula seguía tensa. Babe lo miró, notando algo extraño.
Babe con curiosidad.
—¿Charlie?
Charlie forzando una sonrisa.
—Bien. Vámonos.
Babe sorprendido.
—¿Ya? Pero si faltan...
Charlie cortante.
—Vámonos.
Babe parpadeó, confundido, pero asintió. Conocía ese tono. Algo pasaba.
INT. AUTO - CAMINO A CASA
El viaje en el auto fue silencioso. Charlie miraba por la ventana, su perfil duro, inescrutable. Babe lo observaba de reojo, preocupado.
Babe suavemente preguntó.
—Charlie, ¿pasó algo?
Charlie sin mirarlo.
—No.
Babe insistiendo.
—Pues no lo parece.
Silencio. El motor del auto era el único sonido.
Charlie después de un largo momento.
—¿Quién era ese?
Babe confundido.
—¿Quién?
Charlie finalmente mirándolo.
—El tipo con el que hablabas. Intenso. De sonrisa fácil.
Babe pensando.
—Willy. Un amigo de mi primo. ¿Por qué?
Charlie no respondió. Volvió a mirar por la ventana.
Babe frunció el ceño, sin entender.
INT. DORMITORIO - ÁTICO - NOCHE
Entraron en silencio. Charlie se despojó de la chaqueta del esmoquin con movimientos bruscos, casi violentos. Babe lo observaba desde la puerta, preocupado.
Charlie se cambió, poniéndose un pantalón de pijama de seda negra. Nada más. Se sentó en el borde de la cama, la mirada perdida.
Babe, más lentamente, se quitó el esmoquin. Se puso una de las camisas de Charlie, blanca, que le llegaba casi a los muslos. Era su dormir favorito. Olerlo. Sentirlo.
Se acercó a Charlie, notando sus ojos fríos. Esa mirada que creía haber enterrado para siempre.
Babe con ternura, sentándose a su lado.
—¿Qué pasa, Cachorro? ¿Estás bien?
Charli en automático.
—Sí, lo estoy.
Babe negando con la cabeza.
—¿Seguro?
Charlie giró la cabeza lentamente, sus ojos encontrando los de Babe. Había algo en ellos. Algo que Babe no veía desde los primeros meses.
Charlie habla con voz baja, controlada.
—No me gustó cómo te miró.
Babe parpadeó.
Babe confundido.
—¿Quién?
Charlie con la mandíbula tensa.
—Willy. El bastardo ya te ha puesto el ojo.
Babe lo miró un momento. Luego, lentamente, una sonrisa comenzó a formarse en sus labios.
Babe con incredulidad.
—¿Estás...estás celoso?
Charlie se levantó de la cama. Dio un paso hacia él. Babe, instintivamente, retrocedió uno. Luego otro. Hasta que su espalda chocó contra la pared.
Charlie estaba frente a él. Muy cerca. Su calor, su olor, su presencia abrumadora.
Charlie admitiendo, con voz ronca.
—Sí, malditamente lo estoy.
Babe tragó saliva. Sus ojos se abrieron ligeramente.
Charlie continúa hablando.
—No me gustó cómo te miró. Te estaba comiendo con la mirada. Como si fueras suyo. Como si pudiera tenerte.
Babe sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sabía que debería sentirse incómodo, preocupado. Pero en lugar de eso, algo cálido se extendió en su vientre. Le gustaba. Le gustaba que Charlie lo mirara así. Que lo deseara así. Que lo reclamara.
Se mordió el labio inferior, un gesto nervioso, inconsciente. Charlie lo vio. Y algo en él se rompió.
Babe intentando aligerar la situación, con una sonrisa nerviosa.
—Bueno, al menos tú eres el único que puede tenerme. Los demás solo miran, como en el museo.
No era lo que debía decir.
Los ojos de Charlie se oscurecieron aún más. Su mano se levantó, lenta, y se enredó en el cabello de Babe. No con violencia. Pero con firmeza. Con posesión.
Babe jadeó. El tirón suave en su cuero cabelludo envió electricidad por todo su cuerpo.
Charlie contra su oído, voz baja y peligrosa.
—¿Crees qué esto es un chiste, mi amor?
Babe negó ligeramente, pero el movimiento solo hizo que Charlie apretara más su cabello.
Charlie susurrando.
—Ver a otro hombre mirarte así...Querer lo que es mío...Me hizo recordar por qué no comparto.
Babe con voz temblorosa.
—Charlie...
Charlie lo interrumpió.
—¿Sabes lo qué quería hacer mientras hablabas con él?
Babe negó, sus ojos fijos en los de Charlie.
—Quería cruzar el salón, agarrarte del cuello y besarte delante de todos. Para que viera. Para que supiera. Que eres mío. Solo mío.
Babe gimió, un sonido ahogado. Las palabras de Charlie lo estaban desarmando por completo.
Charlie mordió suavemente su labio inferior.
—Y ahora te voy a recordar. A quién perteneces.
Lo besó. No fue un beso suave. Fue un beso de posesión, de hambre, de celos transformados en deseo. Su lengua exigió entrada y Babe se la dio, gimiendo contra su boca.
Las manos de Charlie encontraron el borde de la camisa que Babe llevaba puesta. La camisa de Charlie. La arrancó literalmente, los botones saltando por la habitación. Babe quedó desnudo contra la pared, su piel erizada por el contraste del aire frío y el calor de Charlie.
Charlie separándose solo un instante para mirarlo.
—Así. Así quiero verte. Solo con mi camisa. Y a punto de ser mío.
Babe sollozó, un sonido de anticipación y deseo.
Charlie bajando a su cuello.
—Voy a marcarte, mi amor. Para que mañana, cuando te mires al espejo, solo veas mi nombre en tu piel.
Mordió. Chupó. Dejó marcas. Babe gemía, se retorcía, sus manos enredadas en el cabello de Charlie, tirando, suplicando sin palabras.
Charlie bajó más. Encontró sus pezones. Los mordió, los succionó con una intensidad que bordeaba el dolor, pero Babe solo gemía más fuerte, arqueándose contra él.
Babe entre sollozos de placer.
—Charlie...por favor...
Charlie lvantando la cabeza.
—¿Por favor qué, mi amor?
Babe mirándolo con los ojos brillantes de lágrimas y deseo.
—Tómame. Hazme tuyo. Otra vez. Siempre.
Charlie gruñó. Lo levantó como si no pesara nada, sus manos firmes en sus nalgas. Babe enredó las piernas en su cintura instintivamente, quedando atrapado entre Charlie y la pared.
Charlie contra sus labios.
—¿Ves? Así es como vas a estar siempre. En mis brazos. Contra una pared. Mío.
Babe asintió frenéticamente, sus brazos enredados en su cuello.
Charlie se separó solo lo necesario para deshacerse del pantalón de pijama. Cuando volvió a Babe, ambos estaban desnudos, solo la piel entre ellos.
No hubo preparación lenta. No hubo caricias suaves. Charlie buscó el lubricante en la mesita de noche con movimientos rápidos, lo aplicó con dedos urgentes, apenas lo necesario. Babe gemía contra su cuello, mordiendo su piel, dejando sus propias marcas.
Charlie cuando estuvo listo.
—¿Listo, mi amor?
Babe asintiendo, desesperado.
—Sí. Por favor. Ahora.
Charlie entró en él de una embestida. Profunda. Brutal. Completa.
Babe gritó. Un sonido de sorpresa, dolor y placer mezclados. Sus uñas se clavaron en la espalda de Charlie, sus piernas apretándose con más fuerza alrededor de su cintura.
Charlie gruñendo.
—Así. Así quiero oírte. Que todos sepan a quién perteneces.
Comenzó a moverse. No hubo ritmo suave. Cada embestida era profunda, dura, haciendo que Babe rebotara contra la pared, que sus gemidos se convirtieran en sollozos de placer.
Charlie jadeando, sudoroso.
—¿Sientes cómo te llenó? ¿Cómo tu cuerpo encaja perfecto conmigo?
Babe entre sollozos.
—Sí...Charlie...sí...
Charlie acelerando sus movimientos.
—Nadie...va a mirarte así...Nadie...va a tenerte...Solo yo...¿Entiendes?
Babe asintiendo frenéticamente.
—Solo tú...siempre tú...
Charlie cambió el ángulo, buscando, encontrando. Cuando dio en el punto exacto, Babe gritó, un sonido agudo y desesperado, sus ojos abriéndose de par en par.
Charlie satisfecho.
—Ahí. Ahí te tengo.
Cada embestida apuntaba a ese lugar. Babe perdía la cabeza, el placer acumulándose, su cuerpo tensándose. Las lágrimas rodaban por sus mejillas, pero no de dolor. De placer. De amor. De entrega total.
Babe rogando entre sollozos.
—Charlie...voy a...no puedo...
Charlie ronco, también al límite.
—Ven. Ven conmigo, mi amor. Quiero sentirte otra vez.
Su mano encontró la erección de Babe, bombeando al ritmo de sus embestidas. No hizo falta más. Babe gritó su nombre cuando el orgasmo lo golpeó, su interior apretándose alrededor de Charlie, desencadenando el suyo propio.
Charlie gruñó, enterrándose profundo, derramándose dentro de él con un gemido que sonó a liberación, a victoria, a hogar.
Se quedaron así, contra la pared, jadeando, sudorosos, pegados. Charlie apoyó su frente contra la de Babe, sus respiraciones entremezclándose.
Charlie susurrando, con los ojos cerrados.
—Eres mío. Siempre mío.
Babe con una sonrisa temblorosa, agotada.
—Siempre tuyo. Y tú mío.
Charlie rió suavemente, besando sus lágrimas.
Charlie con ternura.
—Solo tuyo. ¿Te dolió?
Babe negando con la cabeza.
—Me encantó. Me encanta cuando eres así. Cuando me reclamas. Cuando me recuerdas que soy tuyo.
Charlie preocupado.
—¿No es demasiado?
Babe toma su rostro entre sus manos.
—Es perfecto. Eres perfecto. Tú, con tus celos, tu posesividad, tu amor inmenso. Todo de ti es perfecto para mí.
Charlie lo besó, lento, dulce, un contraste absoluto con la brutalidad de segundos antes.
Charlie contra sus labios.
—Te amo. Te amo tanto que a veces asusta.
Babe sonriendo.
—Pues acostúmbrate. Porque pienso amarte siempre.
INT. DORMITORIO - UNA HORA DESPUÉS
Yacían en la cama, enredados en las sábanas revueltas. Babe tenía la cabeza apoyada en el pecho de Charlie, escuchando los latidos que poco a poco volvían a la normalidad.
Babe soñoliento.
—Charlie.
Charlie acariciando su espalda.
—¿Mmm?
Babe con una sonrisa.
—Willy ni siquiera me gusta. Solo hablaba de importaciones.
Cjarlie con un dejo de vergüenza.
—Lo sé. Es que...cuando te amo tanto, todo me parece una amenaza.
Babe levantando la cabeza para mirarlo.
—No tienes que preocuparte. Tú eres el único. El único que ha sido, el único que es, el único que será.
Charlie con ternura.
—Lo sé. Pero gracias por decirlo.
Babe besando su nariz.
—Siempre. Ahora duerme, mi Cachorro celoso.
Charlie riendo suavemente.
—No me llames así.
Babe con una sonrisa pícara.
—Cachorro. Cachorro. Cachorrito.
Charlie gruñó, pero lo atrajo hacia sí, abrazándolo fuerte.
Charlie murmurando.
—Te amo, mi amor.
Babe contra su pecho.
—Y yo te amo a ti, cariño. Buenas noches.
La noche los envolvió.
Y en algún lugar de Bangkok, Willy probablemente seguía en el evento, sin saber que su mirada había desatado una tormenta de amor y posesión.
Pero ellos ya no pensaban en él.
Solo existían el uno para el otro.
Como siempre.
Como debe ser.
¡FIN!
Dedicado a @Guadaolupe2077 y @Sara5242…La segunda parte que me pidieron….Que lo disfruten…Gracias por el apoyo de siempre..