CHOQUE DE CONTINENTE

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Summary

El mundo ya no se divide por fronteras, sino por la fuerza de sus puños. ​13 luchadores de Latinoamérica. 13 luchadores de Europa. Un solo cinturón y el honor de todo un continente en juego. No hay magia, no hay armas, solo sangre, sudor y el rugido de la tribuna. ​Tobías Almada, un joven que se curtió en los galpones de Rosario del Tala, recibe una invitación que cambiará su vida para siempre. ¿Tiene Latinoamérica la garra necesaria para coronarse como el continente más fuerte, o caerá ante la técnica europea? ​Solo puños, orgullo y honor. La guerra ha comenzado.

Genre
Action
Author
Joaquin
Status
Ongoing
Chapters
143
Rating
n/a
Age Rating
18+

Los monstruos ya empezaron a rugir

🥊 CAPÍTULO 1: EL MUCHACHO DEL GALPÓNRosario del Tala, Entre Ríos.Un galpón viejo iluminado por focos colgando del techo. Las paredes están gastadas y el aire huele a polvo, sudor y dinero. Alrededor de un ring improvisado hay gente gritando y apostando.—¡Todo a Fernando! —gritaba uno entre la multitud.—¡Ese chico no tiene oportunidad! —respondía otro— ¡El viejo todavía tiene fuerza!En un rincón del galpón, un joven se ajusta la cinta de las manos: Tobías Almada. Grande, musculoso, con cicatrices en el cuerpo que cuentan su historia. Se estira el cuello.CRACK.Hace crujir los huesos de los dedos. La puerta del galpón se abre y un hombre asoma la cabeza:—Te toca, muchacho.Tobías se levanta y camina hacia el centro con paso firme. Del otro lado del ring aparece su rival: Fernando. Un luchador retirado que ahora trabaja como camionero, pero que años atrás fue uno de los más duros en estas peleas clandestinas.La gente sigue apostando. Casi todos ponen su dinero en Fernando. Pero en un rincón oscuro, un solo hombre levanta un fajo de billetes.—Apuesto por el muchacho —dijo el hombre con voz tranquila.Los demás se ríen, pero el hombre cruza los brazos, imperturbable:—Voy a disfrutar esta pelea.Tobías y Fernando quedan frente a frente. Fernando sonríe con desprecio, golpeándose el pecho con fuerza.—Mocoso… ¿qué te creés? —le gruñó Fernando— Estás en mi arena.