Capítulo 1.- Armageddon Estelar.
Parte I.-Fuego en Kalypso.

Durante dos semanas, cerca del sistema solar de Kalypso, las dos flotas habían estado danzando en la oscuridad del espacio como depredadores cautelosos.
La flota thra-ka perseguía a la terrestre.
El Grupo de Combate Atlas, de la 3ª Flota Estelar de la Federación Terrestre, respondía con maniobras evasivas, saltos cortos y ataques puntuales que mantenían a sus perseguidores siempre a distancia.
La reorganización de la 3ª Flota Estelar en agrupaciones de combate flexibles, en lugar de la tradicional estructura rígida de flota clásica, había sido una iniciativa del almirante Dupont. Estas formaciones podían adaptarse a cada campaña, modificando su composición y número de naves según las necesidades tácticas. Los resultados fueron tan eficaces que las otras dos flotas de la Federación Terrestre acabaron copiando el modelo.
Ahora las dos flotas enemigas estaban más cercanas que nunca.
Había sido una competición de paciencia.
Un torneo de desgaste.
Pero aquella vez... el juego terminó.
Los sensores de largo alcance del acorazado Europa, nave insignia de la agrupación Atlas, captaron el momento exacto en que la flota alienígena decidió cerrar la trampa.
Las señales de energía enemigas comenzaron a multiplicarse en las pantallas tácticas.
La flota thra-ka avanzaba en formación de punta de lanza.
Dos acorazados abrían la formación como gigantes blindados. Tras ellos, dos cruceros pesados, un destructor de escolta y tres fragatas rápidas se desplegaban en abanico para bloquear cualquier posible ruta de escape.
Un adversario formidable.
En comparación, el Grupo de Combate Atlas parecía pequeño.
Estaba compuesta por:
El acorazado Europa, clase Megadolón, el crucero pesado Amanecer, clase Orca, el portaaeronaves Destino, clase Leviatán, y las fragatas gemelas Diestra y Siniestra, clase Delfín.
Todas ellas pertenecían a la Generación Océano, lo último salido de los astilleros de la Federación Terrestre.
Pero los números no lo eran todo.
No cuando la tecnología bélica terrestre estaba varios pasos por delante de cualquier civilización alienígena conocida.
En el puente de mando del Europa, las luces de combate bañaban la sala de mando con un tono rojo profundo.
Pantallas holográficas flotaban sobre las consolas mostrando la evolución del combate antes incluso de que comenzara.
-Contacto confirmado. Distancia: sesenta unidades astronómicas -informó la oficial táctica Nováková.
El almirante Dupont no dudó.
-Que se acerquen un poco más.
A lo largo del casco del acorazado, gigantescas baterías de pulso electromagnético comenzaron a cargar sus pesados cañones, que los artilleros estaban orientando hacia las naves thra-ka.
Decenas de compuertas blindadas se abrieron lentamente.
Debajo de cada una dormían en sus tubos de lanzamiento torpedos de plasma y misiles antimateria.
El silencio del espacio terminó en ese instante.
El primer disparo llegó de los thra-ka.
Una enorme salva de misiles de largo alcance brotó de los dos acorazados enemigos como una nube de chispas ardientes. En las pantallas tácticas aparecieron decenas de vectores de ataque avanzando a velocidad brutal.
La estrategia alienígena era evidente.
Destruir la nave más poderosa de la Federación Terrestre.
El acorazado Europa.
-¡Misiles entrantes! -gritó Nováková.
-Fragatas Diestra y Siniestra, defensa antiaérea -ordenó Dupont.-Capitán Nalvany. Maniobra de evasión y contramedidas.
El veterano capitán impartió las órdenes pertinentes a sus oficiales.
Cañones antiaéreos y señuelos defensivos entraron en acción.
Las fragatas Siniestra y Diestra se adelantaron como perros guardianes protegiendo al acorazado.
Sus cañones automáticos de pulso comenzaron a disparar sin descanso sus proyectiles contra los misiles thra-ka para interceptarlos.
Rayos azules atravesaron el vacío.
Misiles explotaron en silencio.
Decenas de detonaciones iluminaron la oscuridad como flores de fuego.
Aun así, varios misiles lograron atravesar la cortina defensiva.
-Impacto en cinco segundos.- Dijo el Capitán Nalvany.
El Europa respondió.
Sus baterías antiaéreas de pulso electromagnético continuaron disparando interceptando todos los misiles thra-ka mientras los sistemas ofensivos entraban en acción.
-Todos los misiles interceptados.-Informó el Capitán Nalvany visiblemente aliviado.
Las escotillas de combate del inmenso acorazado se abrieron.
Seis torpedos de plasma y seis misiles antimateria salieron despedidos con un destello azul.
Aceleraron brutalmente.
Las computadoras de guiado calcularon la trayectoria perfecta en milésimas de segundo.
Los misiles antimateria impactaron contra los dos acorazados de vanguardia.
El más adelantado recibió el golpe más duro.
Sus escudos deflectores se ondularon violentamente.
Los torpedos, más lentos que los misiles, penetraron la formación enemiga...
Y detonaron en proximidad.
Las explosiones fueron descomunales.
Uno de los cruceros thra-ka quedó envuelto en una esfera blanca de energía. Su escudo colapsó instantáneamente y parte del casco se desgarró como si fuera de papel.
Pero la batalla apenas comenzaba.
A ocho unidades astronómicas, en la retaguardia de la formación terrestre, el portaaeronaves Destino abrió sus gigantescos hangares.
Treinta y dos cazabombarderos Piraña salieron disparados al vacío como un hambriento enjambre metálico .
-Escuadrones Alfa, Bravo, Charlie y Delta, en vector de ataque -ordenó el control de vuelo del Destino.
-Recibido.
Los Piraña activaron sus motores de impulso.
En segundos se convirtieron en flechas de luz atravesando el campo de batalla.
Los sensores enemigos reaccionaron inmediatamente.
Las tres fragatas thra-ka se desplegaron para interceptarlos.
El espacio se llenó de fuego. Las Pirañas eran naves ligeras, cuyas mejores armas era la velocidad y la maniobrabilidad.
Armadas con misiles ligeros de antimateria y cañones de pulso, estaban especializadas al combate cercano con naves especiales de pequeña y mediana envergadura.
Un Piraña explotó cuando un rayo enemigo lo atravesó de lado a lado.
Otro fue alcanzado por un misil que lo convirtió en una bola de fuego.
Pero el líder de los escuadrones, el comandante Ragnarsson consiguió colarse entre las defensas.
-Objetivos fijados. Destructor y tres fragatas enemigas. Dejar a los acorazados y a los cruceros para el resto del Atlas.
Liberó su carga.
Dos torpedos de plasma perforantes salieron disparados.
Impactaron contra el casco del destructor thra-ka.
Otros Piraña imitaron el ataque.
Las detonaciones arrancaron media sección de la nave.
El destructor comenzó a girar lentamente, fuera de control.
Las Piraña hacían agresivas maniobras de ataque y evasión centrándose ahora sobre las fragatas thra-ka descargando sus cañones de pulsos y misiles sobre sus sistemas de comunicación, propulsión y artillería.
Otro Piraña fue alcanzado.
Tras vaciar su carga de armamento, los cazabombarderos regresaron hacia el Destino.
Un último Piraña fue alcanzado en la retirada.
Cuatro pilotos no volverían a casa, penso el comandante Ragnarsson.
Pese a la amargura del pensamiento de perder a varios de sus pilotos, el lider de los escuadrones estaba satisfecho.
Un destructor aniquilado y las tres fragatas seriamente dañadas eran un gran balance para una primera oleada.
Ahora era cuestión de recargar munición y combustible y ver si el almirante Dupont les necesitaba para una segunda oleada.
Mientras tanto, en el corazón del combate, el crucero pesado Amanecer entró en acción.
En segundo plano tras el acorazado Europa, esperaba su turno.
Su capitán Von Winterfeld arengó a su tripulación que había estado expectante en la batalla.
-¡Artilleros! ¡Pegar duro con todo!¡No dejemos que el Europa haga todo el trabajo sucio!
De sus escotillas salieron tres misiles antimateria y tres torpedos de plasma que se lanzaron contra los acorazados enemigos.
Sus cañones principales de pulso dispararon una andana de proyectiles que atravesaron el campo de batalla como relámpagos.
Uno de los acorazados thra-ka intentó maniobrar.
Demasiado tarde.
Tres impactos directos.
Un misil y dos proyectiles de pulso consiguieron atravesar las defensas thra-ka.
Su escudo colapsó en una cascada de energía azul.
El cuarto proyectil , un torpedo de plasma, atravesó el casco y detonó en proximidad.
El gigantesco acorazado alienígena quedó gravemente dañado.
La balanza comenzaba a inclinarse.
Pero los thra-ka no eran enemigos fáciles.
El segundo acorazado respondió con toda su potencia de fuego.
Una salva masiva de misiles de antimateria se lanzó directamente contra el Europa.
-¡Impacto inminente!-Exclamó Nováková.
Las defensas del acorazado terrestre dispararon sin descanso.
Las fragatas Siniestra y Diestra apoyaron con su artillería antiaérea.
Explosiones.
Señuelos.
Destellos.
Maniobras evasivas.
Fragmentos incandescentes atravesando el vacío.
Aun así...
Dos misiles lograron pasar.
Golpearon el casco del Europa.
La nave tembló como si un titán la hubiera golpeado con un martillo.
-Escudos deflectores al noventa por ciento.- Informó Nováková
-Daños moderados en cubierta siete. Brigadas de extinción en camino.-Anunció el Capitán Nalvany.
El almirante Dupont observó el mapa táctico. Su figura imponente descataba en el puente de mando.
Alto, bien proporcionado, con su pelo blanco cortado al estilo militar y su recortada barba cana, transmitía una seguridad absoluta.
El no pedía lo imposible, simplemente lo hacía realidad.
Invicto en toda su trayectoria militar, era un héroe para toda la Federación Terrestre.
La 3ª Flota Estelar lo seguía con ferrea lealtad.
Enfundado en su armadura táctica espacial de color blanco y destellos dorados, hacía justicia a su alias: “El Señor de la Guerra”.
Los thra-ka estaban perdiendo.
Y lo sabían.
Durante varios minutos más ambas flotas intercambiaron disparos de cañones de pulso, torpedos y misiles.
La superioridad de la artillería terrestre se estaba imponiendo a un ritmo creciente.
Entonces ocurrió lo inevitable.
Las naves alienígenas comenzaron a retirarse.
El acorazado menos dañado, los dos cruceros supervivientes y las tres fragatas maltrechas que aún podían moverse encendieron sus motores de salto.
El destructor destrozado y el acorazado gravemente dañado quedaron atrás, flotando a la deriva.
La formación thra-ka se rompió mientras sus naves huían hacia la oscuridad, alejándose del sistema solar de Kalypso y desapareciendo en el hiperespacio.
Atrás quedaban restos incandescentes.
Fragmentos de metal.
Y silenciosas tumbas de pilotos y tripulantes.
La victoria era terrestre.
Pero el precio se sentía en cada cubierta del Europa.
Y todos sabían algo más.
Aquella batalla...
Solo había sido el comienzo.
Parte II.- El Abordaje.

Pasaron varias horas antes de que la flota terrestre se acercara con prudencia al acorazado thra-ka que flotaba a la deriva.
El almirante Dupont, fiel a su carácter metódico, no quiso arriesgarse. Antes de enviar ingenieros o equipos técnicos decidió mandar una unidad de reconocimiento de Marines Espaciales.
La misión recayó sobre la escuadra Charlie, del 1.er Pelotón, 3.ª Compañía, Batallón Atlas.
Dupont confiaba en su teniente y su sargento pues ya les había requerido en varias misiones y estaba satisfecho por el criterio y buen hacer de ambos.
En palabras poco elegantes de la infantería espacial, les había tocado bailar con la más fea.
La lanzadera de combate Sacramento, clase Raptor, cruzó con desesperante lentitud la distancia que separaba la flota de la Federación del gigantesco acorazado alienígena.
El hecho de que estuvieran cubiertos por dos fragatas, un crucero pesado, un portaaeronaves y el inmenso acorazado Europa, capaz de arrasar un planeta con su artillería, no tranquilizaba demasiado al sargento Torres.
El espacio siempre encontraba formas imaginativas de matar.
Torres observó a los componentes de su escuadra. Todos iban enfundados en sus armaduras tácticas espaciales de plastic-acero, de color azul marino, con las viseras de sus cascos especiales levantadas.
Era una vieja costumbre de los Marines.
Antes de entrar en combate les gustaba ver el rostro de los compañeros.
La lanzadera vibraba suavemente mientras se aproximaba al objetivo.
El sargento Torres, nacido en las costas mediterráneas del sur de la Península Ibérica de la Tierra, en un pueblecito de casas bajas blancas, playas de arena dorada y mar azulado, recorrió con la mirada a los componentes de la escuadra Charlie.
Los delicados rasgos asiáticos de Kobayashi destacaban entre tanto hombre. Al notar que la observaban, sonrió con descaro y le guiñó un ojo al sargento.
La joven marine tenía debilidad por su sargento y no lo disimulaba. La armadura ajustada resaltaba su silueta atlética, dándole un aire peligrosamente atractivo incluso en medio de aquella atmósfera cargada de tensión.
Frente a ellos, el teniente Dellas terminaba de dar las últimas instrucciones. Rubio, ojos azules y mandíbula dura, hablaba con voz firme mientras el mapa táctico del acorazado enemigo flotaba proyectado en el aire.
-Entraremos por aquí -dijo señalando una zona destrozada del casco-. Cubierta inferior. Desde ahí avanzaremos hacia el núcleo de energía.
Un poco más allá, el cabo Moretti, un larguilucho napolitano que mascaba una barrita energética con la concentración de un depredador.
Siempre tenía hambre.
Siempre estaba comiendo.
Y aun así seguía delgado como una anguila.
A su lado estaba su inseparable binomio, Stavros, moreno de pelo rizado y original de una isla del mar Egeo. Revisaba el equipo de comunicaciones del pelotón comprobando frecuencias y canales con precisión casi obsesiva.
Cerca de la compuerta de desembarco se alzaba la enorme mole de Volkov. De ascendencia eslava, era corpulento como un oso. Su larga barba negra sobresalía bajo el casco mientras comprobaba el cargador de su lanzagranadas automático.
En el asiento contiguo, Andersson desmontaba su ametralladora ligera con gesto distraído.
-Andersson... -dijo Dellas al neoyorquino sin levantar la voz.
El marine levantó la mirada.
-¿Sí, señor?
-¿Se puede saber por qué llevas todavía esa gorra?
Andersson sonrió con calma.
Era una vieja gorra de béisbol de los New York Yankees, su amuleto.
Se la quitó tranquilamente, la dobló y la guardó en el traje antes de ponerse el casco con la visera abierta.
Un poco más allá, Chevalier, parisino hasta le médula, tamborileaba los dedos sobre su fusil de asalto intentando disimular el nerviosismo.
Torres conocía ese síntoma.
Era su primer abordaje contra los Thra-Ka.
No sería el último.
El sanitario Lin Wei, solo armado con una pistola en su funda de pernera, comprobaba por tercera vez el contenido de su módulo médico. Delgado, sereno y preciso en cada gesto, transmitía la calma de quien sabe que su trabajo consiste en mantener vivos a los demás.
Sentado frente a él estaba Hassan Al-Rashid, el árabe con una oscura perilla perfectamente recortada, de piel tostada y mirada intensa. Ajustaba el cargador de su fusil mientras murmuraba algo que parecía una vieja oración familiar.
Descendía de los jinetes nómadas que forjaron un imperio en el norte de áfrica y la península ibérica por su religión y su profeta.
A su derecha, el gigante relajado de la escuadra era Mateus Silva, mulato procedente de la megápolis brasileña de Rio de Janeiro. Sonreía casi constantemente.
-Cuando bajemos -dijo golpeando rítmicamente su rifle con los nudillos- Prometo no romper nada importante.
Nadie le creyó.
El último de los fusileros era Inti Quishpe, descendiente de los antiguos pueblos andinos. Su rostro cobrizo estaba completamente sereno mientras afilaba su bayoneta. Tatuajes tribales andinos cubrian su cuerpo y parte de su rostro
Observaba todo.
Hablaba poco.
Pero cuando lo hacía, todos escuchaban.
Le llamaban “El Chamán”.
Torres recorrió a su escuadra una última vez.
Humanos de todos los rincones del viejo planeta.
Ahora unidos bajo un solo estandarte.
La Federación.
La luz roja se encendió.
-Treinta segundos para el acople.
Torres cerró su casco.
-Muy bien, Charlie... -dijo Dellas por el intercomunicador-. Vamos a trabajar.
La Sacramento se acopló con un golpe seco al casco del acorazado enemigo.
Por toda la superficie de la nave thra-ka se veían cicatrices de los impactos de artillería terrestre.
Pero Torres esperaba más destrucción.
Eso no le gustaba.
La compuerta se abrió.
El interior de la nave alienígena estaba oscuro y herido. Chispas eléctricas caían de los paneles destrozados y el aire olía a ozono y metal quemado.
-Atmósfera respirable -informó Stavros mirando su sensor.
-Charlie, avanzamos -ordenó Dellas.
Torres fue el primero en entrar.
Sus botas gravitacionales se afianzaron en el suelo metálico mientras el resto de la escuadra cubría el pasillo con precisión de manual.
Volkov apuntaba el lanzagranadas hacia los corredores laterales.
Andersson cubría retaguardia con la ametralladora.
Kobayashi avanzaba con su fusil listo.
Silva y Al-Rashid aseguraban los flancos.
Lin Wei se mantenía en el centro del grupo.
Chevalier y Quishpe en la vanguardia, revisaban cada intersección.
La nave estaba en silencio.
Demasiado silencio.
Mientras avanzaban, comenzaron a aparecer cadáveres thra-ka.
Criaturas reptiloides bípedas, enfundadas en armaduras tácticas alienígenas.
Todos presentaban heridas de combate.
Pero otros...
No.
Eso lo descubrieron más adelante.
Continuaron avanzando.
Llegaron al puente de mando.
-Sargento -dijo Kobayashi señalando uno de los cuerpos.
Torres se agachó.
El alienígena tenía un agujero limpio en la cabeza. Parecía más un técnico que un combatiente.
-Se ha disparado él mismo -murmuró.
Allí encontraron al que parecía ser el capitán thra-ka.
Sentado en su puesto.
También muerto por su propia mano.
-Esto no tiene sentido -gruñó Dellas-. ¿Por qué abandonar un acorazado todavía operativo?¿Por qué suicidarse y no evacuar como el resto de la tripulación?
Torres estaba revisando una consola abierta.
-Porque no lo abandonaron... -dijo lentamente.
Las lecturas térmicas aparecieron en su visor.
-Instalaron algo.
-¿Algo?
-Algo que no pertenece a esta nave.
Se volvió al cadáver del presunto técnico thra-ka.
Quizás fuera el responsable de esa consola abierta.
En ese momento sonó la voz de Moretti por radio.
-Aquí Charlie-Dos. Hemos terminado de asegurar la sección de propulsión.
Hubo un silencio.
-Señor... hemos encontrado algo.
-¿Qué clase de algo? -preguntó Dellas.
La voz de Moretti sonó menos segura de lo habitual.
-Un artefacto.
-¿Alienígena?
-Evidentemente teniente, lo que no lo sé es que de clase es.
Pausa.
-Pero emite más energía que todo el reactor de la nave.
En el canal de comunicaciones se hizo un silencio pesado.
Torres levantó la mirada hacia el teniente.
-Creo que acabamos de encontrar la razón por la que abandonaron el acorazado.
Torres y Dellas se dirigieron al encuentro del resto de la escuadra Charlie.
Parte III.- El Artefacto.

La sala donde se encontraba el artefacto parecía más una capilla profana que un cuarto técnico. Cables colgaban como lianas, pulsando con una luz azul fantasmal.
En el centro reposaba el artefacto: una esfera de blindaje negro mate, recorrida por pulsos internos de energía, sostenida por un trípode magnético. Pequeñas pantallas holográficas giraban a su alrededor como ángeles oscuros.
Torres se aproximó lentamente.
El resto de la escuadra cubría cada ángulo de la sala con sus armas de combate. Los marines tenían los nervios a flor de piel.
El sargento comenzó a estudiar el enorme artefacto sin tocar la luminiscente estructura metálica. Escaneó y tomó todas las lecturas posibles con el equipo de técnico en explosivos que llevaba integrado en la armadura.
Entonces frunció el ceño.
La idea que se estaba formando en su mente era tan absurda que durante unos segundos se negó a aceptarla.
En teoría, ese artefacto no debería existir.
-Confirmado -murmuró por el intercomunicador-. Es un dispositivo de colapso gravitacional. No es una bomba al uso... es un iniciador de agujero negro. Si esto se activa, devora la nave... devora a toda nuestra flota... y al sistema solar de Kalypso de paso.
-¿Puede desactivarse? -preguntó Dellas.
Torres tragó saliva.
-Teóricamente... sí. O eso supongo. Este artefacto no aparece en ningún manual.
Desde el Grupo de Combate Atlas resonó la voz grave del almirante.
-Le habla el almirante Dupont desde el acorazado Europa. Hágame un informe breve pero exhaustivo de la situación, sargento.
Torres respiró hondo un segundo antes de contestar.
-Se trata de un artefacto gravito-exotérmico, aparentemente diseñado por la especie enemiga una civilización tecnológicamente muy avanzada y, a la vista de esto, completamente desquiciada.-
Se pasó la lengua por los labios resecos y continuó.
-Como pueden ver a través de la cámara de mi armadura, lo compone un cilindro de unos ochenta centímetros de largo, reforzado con un núcleo de aleación desconocida. Tiene incrustaciones de cristales oscuros que vibran en patrones no euclidianos. Lo rodea una ligera perturbación electromagnética.
Señaló la consola.
-En el centro hay una consola idéntica a la que encontramos en el puente de mando. Donde encontramos a los cadáveres suicidados del capitán y un técnico. De esta salen dos cables visibles: uno azul y uno verde, conectados al cilindro principal.
La pantalla mostraba símbolos alienígenas que parpadeaban entre azul y púrpura.
Torres tomó aire y continuó.
-En realidad es una batería de implosión gravitacional. Almacena antimateria y energía exótica comprimida en un campo cuántico inestable. Su detonación provocaría el colapso instantáneo de un punto del espacio-tiempo... creando un agujero negro del tamaño de una ciudad mediana colonial estandar con una masa de 3 a 5 soles.
Hizo una pausa.
-Suficiente para devorar el sistema planetario de Kalypso... y a nuestra flota.
Silencio en el canal.
-El sistema de activación es por temporizador y no veo ningún conmutador de parada. Después de estudiar todas las opciones, creo que la única forma de detener esto es interrumpir el circuito iniciador.
Señaló los cables.
-Es decir... cortar el cable verde o el azul.
El sargento Torres, curtido marine pero novato como artificiero, se encontraba frente al artefacto más jodido que podía tocarle... mientras la nave crujía, ardía y perdía gravedad en algunos pasillos.
Sabía que si elegía mal, alguien que conocía muy bien acabaría repartido en partículas microscópicas entre varias galaxias.
Entonces recordó algo que le dijo su instructor de la academia de artificieros de broma:
“Si alguna vez te encuentras con un artefacto con dos cables y no tienes ni idea... tira una moneda, corta uno y corre si puedes.”
En ese momento, el dispositivo emitió una voz metálica en un idioma irreconocible.
Pero los números eran universales.
En el aire flotaban los dígitos: 19:45.
La cuenta atrás.
Torres respiró hondo.
-¡Sargento Torres a Grupo de Combate Atlas¡!Como responsable artificiero de esta misión y siguiendo el protocolo de amenazas a nivel Armageddon, ordeno evacuación inmediata del cuadrante!
La radio crepitó.
-¡Aquí la lanzadera Sacramento para el primer pelotón! Confirmamos amenaza clase Armageddon. ¡Evacuación inmediata! ¡Escuadra Charlie regrese a la lanzadera!
Dellas miró a Torres.
-Solo tú puedes desactivarlo.
El sargento asintió.
-Teniente... saque a toda la escuadra de aquí.
-¿Solo? ¿Te vas a quedar solo?
-Sí.
Dellas dudó un instante.
-Torres...
-Es una orden, ahora el que manda soy yo.-Argumentó Torres con una firmeza que en su interior no sentía.
El teniente sostuvo su mirada unos segundos.
Luego asintió.
-Escuadra Charlie... ¡retirada!
Kobayashi dio un paso adelante.
-¡Ni hablar! ¡No vamos a dejarlo aquí!
-Marine, es una orden -dijo Dellas.
-¡Con todos mis respetos, señor, el sargento no puede...-contra argumentaba la marine.
Volkov apareció detrás de ella.
-Perdón, Kobayashi.
La levantó literalmente en vilo como si fuera una niña malcriada.
-¡Volkov, suéltame ahora mismo!
-Orden del teniente, Kobayashi.
El gigante ruso se la cargó al hombro mientras caminaba tranquilamente hacia la salida.
-¡¡La escuadra Charlie nunca abandona a sus compañeros!!-gritó Kobayashi.
Toda la escuadra se paró en seco como si se hubieran chocado con un muro.
Abandonar a un camarada era una línea roja que ningún marine cruzaría.
El sargento Torres, de espaldas a los componentes de su escuadra hizo de tripas corazón y con voz imperiosa les ordenó.
-¡Todos fuera de esta nave de mierda!¡Luego nos vemos amigos, lo prometo!
-¡Torres! -gritó Kobayashi pataleando sobre el hombro de Volkov -¡Más te vale salir vivo de aquí o te juro que yo misma iré al infierno a matarte con mis propias manos!
Torres sonrió sin girarse.
-Intentaré no decepcionarte, Sakura.
Torres sintió la mano de su teniente y amigo sobre su hombro izquierdo.
-Nos vemos luego, Rubén.
El ruido de botas de combate se alejó por el pasillo.
Y entonces...
Silencio.
El sargento dejó el fusil, la munición y las granadas en el suelo.
Aquella batalla no se ganaba con armas.
Sacó su kit de desactivación.
Alicates. Conectores de pulso electromagnético. Calibradores.
Mientras trabajaba, empezó a canturrear.
Cada artificiero tenía su método para concentrarse en su trabajo.
Lo había comprobado en la Academia de Técnicos en Explosivos del Cuerpo de Marines Espaciales.
Conocío a compañeros que rezaban según sus creencias, otros que contaban chistes, otros silvaban melodías...todos buscando la máxima concentración y dejar atrás a los nervios.
La verdad que había tantos métodos como artificieros.
Si el método funcionaba, el artificiero vivía, si no funcionaba...¡¡¡Buuumm!!! Y se acabó.
El suyo era cantar.
Torres empezó a canturrear por lo bajo mientras inspeccionada minuciosamente la sala del artefacto explosivo.
“En la sombra de metal, un eco late.
Nave enemiga arde, destino combate.
Sudor en la frente, latidos que rugen.
La cuenta atrás avanza... los números huyen.”
El sudor le corría por la nuca dentro de la armadura, se quitó el casco y lo dejo a su lado.
Abrió la consola.
Dentro: un caos de cristales, plasma y microtubos.
Y los dos cables.
Verde.
Azul.
Canturreó.
“¿Cable verde o cable azul?
La duda corta como un bisturí cruel”.
Una explosión sacudió la nave.
-¡Aquí el acorazado “Europa”! ¡La nave thra-ka se desestabiliza!
Torres siguió trabajando indiferente.
Cinco minutos y restando.
Cantó otra vez.
“¿Cable verde o cable azul?
El futuro del cosmos en tu mano está“.
Se arrodilló.
Pensó en su madre, esperándole sentada en la puerta de su casa en el pueblecito de la costa mediterránea en que vivía.
En su bonita novia, funcionaria diplomática de la Federación Terrestre con la que había hecho planes de futuro.
Pensó en sus amigos de la escuadra Charlie.
Entonces tuvo una idea.
Recordó su primer día de academia y el chiste del instructor.
-Sargento Torres al acorazado “Europa”. Almirante Dupont... ¿me recibe?
Silencio.
Luego la voz volvió.
-Aquí Dupont. Vamos a saltar. ¿Qué necesita?
Torres respiró hondo.
-Necesito que averigüe si los thra-ka son daltónicos.
Silencio absoluto.
Los segundos pasan lentamente esperando la respuesta.
-...Efectivamente, sargento -respondió el almirante finalmente-. Son daltónicos. Pero ¿cómo se le ha ocurri...-
La comunicación se cortó.
La flota había saltado.
Ahora sí.
Estaba solo.
Torres miró los cables.
Y rió nerviosamente.
Una risa hueca.
Siguió cantando, esta vez a pleno pulmón.
“¡¡¡Cable verde o cable azul!!!
¡¡¡El futuro del cosmos en tu mano está. Decide ya!!!“.
Apretó los alicates sobre el cable.
CLICK
Silencio.
El contador se detuvo en 00:02.
La esfera tembló.
Una luz negra apareció en el centro...
Y se apagó.
Como si el universo hubiese respirado... y se arrepintiera.
Torres cayó de espaldas.
Respiraba como si acabara de salir del vacío espacial.
El artefacto estaba desactivado.
Horas después, el primer pelotón Charlie regresó a la nave.
El teniente Dellas entró el primero a la sala del artefacto, seguido por toda la escuadra.
-¡Torres!
Lo encontraron en posición fetal junto al artefacto inerte.
Abrazando los alicates.
Kobayashi se arrodilló a su lado acariciándole dulcemente el rostro.
-Sargento...Rubén.
Torres parpadeó lentamente.
Dellas lo abrazó con fuerza.
-Sabía que lo conseguirías, Rubén.
La escuadra al completo rodeó al sargento y todos sus miembros le felicitaron efusivamente.
El sargento tardó unos segundos en reaccionar.
Y finalmente murmuró:
-Era el cable verde.
Y empezó a reír.
Una risa larga.
Viva.
Incontenible.
-¡¡¡JAJAJAJAJA!!!
Los thra-ka habían jugado al viejo chiste de artificiero del cable rojo o cable azul.
En la academia habían visionado como alumnos, una vieja película de acción policíaca del siglo XX llamada “Arma Letal”, en la que dos policías, uno llamado Riggs y el otro Murtaugh están en la misma tesitura de cortar el cable correcto y acaban desactivando el artefacto explosivo. Del gran éxito comercial de esta película se había popularizado el chiste de cable rojo o cable azul para la desactivación de explosivos, que había perdurado tanto en el tiempo.
Como había llegado a oídos de los thra-ka era un misterio, pero habían montado su artefacto explosivo con ese esquema de desactivación.
Pero al ser daltónicos...
Los thra-ka habían usado verde y azul.
Y esa pequeña ironía había salvado un sistema planetario entero con más de cuarenta millones de vidas.
Torres apostó al rojo, como en la película, y ganó.
Canción.- Armageddon Estelar.
https://youtube.com/shorts/p9WaJlN5mZk?is=dS9aV3TDh33_5mRN
Vigilante Nocturno.








